3 dic. 2007

Letras que paran balas


Bogotá fue nombrada capital mundial del libro este año. Colombia se pobló de bibliotecas públicas y gratuitas. ¿La lógica? Leer puede impedir matar, robar, violar...

ENVIADO EN GUADALAJARA, MÉXICO Óscar Martínez
cultura@laprensa.com.sv

¿Por qué un libro anula una pistola?
“Es por dos cosas, creo por la experiencia que estamos viendo”, contesta Hernán Bravo, el viceministro de Cultura de Colombia, “ser una persona ilustrada permite ser una persona crítica ante la situación del país y la alternativa de las armas, y por otro lado, hay una razón más práctica, que la lectura permite distraer a la población de los planes que incentivan la violencia”.


“La lectura es un acto íntimo que te saca del mundo, te hace escapar”, había dicho el martes pasado el escritor español Antonio Muñoz Molina.


Poniéndose práctico, vale preguntarse: “Pero si dicen que es un resultado silencioso, poco a poco, que no da votos de inmediato, ¿para qué lo hacen?” Esa fue la respuesta con la que empezó Bravo, y que vale repetir: “Es que en realidad, en este proyecto, el tema político no es para nada lo central”.




“En este proyecto el tema político no es lo central”, explica Hernán Bravo, el viceministro de Cultura de Colombia. Esta es la lógica con la que han poblado con 750 bibliotecas públicas los barrios más pobres de Colombia. “Y todavía faltan más”, remata Catalina Ramírez, directora del Plan Nacional de Lectura colombiano y de la biblioteca nacional de aquel país, y no afiliada a ningún partido político. Algo habrá de cierto en la frase con la que el viceministro empezó.

Hasta los escritores de la delegación colombiana han hablado maravillas de lo que Ramírez y Bravo explicaron a LA PRENSA GRÁFICA, y que se puede resumir en una frase de la directora de la biblioteca: “Fíjese que sí, que creemos que enseñar a leer salva vidas y desaparece armas”.

El plan comenzó hace un año y medio, y consiste en instalar bibliotecas públicas completamente gratuitas en zonas con altos niveles de marginación. Y no se refieren a bibliotecas con un ejemplar de diccionario empolvado y bajo llave. Tres megabibliotecas instaladas en la capital Bogotá y 30 bibliotecas barriales le valieron este año a esa ciudad el reconocimiento de capital mundial del libro, otorgado por Naciones Unidas. Bogotá, la capital del único país latinoamericano donde aún hay conflicto armado, le pudo ganar a ciudades como Ámsterdam (Holanda), Viena (Austria) y Rosario (Argentina) en el podio de quién se esmera más porque la gente lea. ¿Cómo se logra una conspiración por la lectura de ese tamaño? “Tiene que ver con que todos quieran, con una idea que surgió primero de algunos alcaldes, no necesariamente del partido en el poder, y de una cooperación entre varios ministerios, incluidos el del Interior y de Educación”, contesta Ramírez.

Así, habrá que hacerse la idea de un ministro de Seguridad hablando sobre problemas en los barrios marginales con su colega de Cultura, y no exclusivamente con un jefe policial, y otro jefe policial... Y otro.

Para quien quiera escuchar, la funcionaria sigue explicando la fórmula. ¿Entonces, poner bibliotecas empieza a solucionar el problema de violencia? “No es solo eso, es todo un proyecto urbanístico e integral. No puedes poner la biblioteca e irte del barrio, tienes que tener proyectos, programas internos, una agenda variada, gente capacitada en las bibliotecas y muchas actividades. Nosotros invitamos a charlas con los escritores, actividades para niños y clubes de debate literario todos los días”.

Bibliotecas con al menos 3,000 libros cada una, con internet y una programación para llenar el tiempo libre de quien con libros lo quiera llenar. Creen que mientras más se lee, como dijo Bravo, “más se está en igualdad con los demás”, y están preocupados: “Es que el índice de lectura en Colombia es de 2.5 libros que un habitante lee por año en promedio”. El promedio mexicano es de 1.7, y el centroamericano está debajo del de México.

Los libros van allá donde las cifras dicen. Esa política pública de cultura, que ha sido tomada como modelo por países como Venezuela, implica que allá donde más se comete crimen, más se mandan libros. “El Ministerio del Interior nos comparte las cifras de las zonas más problemáticas, y a esas les damos prioridad”, revela el viceministro el contubernio. Tú mandas policías; yo, libros.

Tanto Bravo como Ramírez coinciden en que ese trabajo es una labor que da resultados silenciosos: “Sus frutos se ven poco a poco, no puedes esperar que todos lean de un día para otro y que todos ocupen su tiempo libre en ir a las bibliotecas”.

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