25 dic. 2007

«Nuestro sistema digestivo también anhela paz por Navidad»


Lourdes Carrillo conjuga su actividad asistencial como médico de familia con un destacado currículum en investigación nutricional y promoción de una alimentación saludable. Su receta para una alimentación sana resulta simple, aunque no siempre fácil de llevar a cabo. Se trata de realizar, como mínimo, entre cuatro y cinco comidas diarias, masticar despacio, beber abundante líquido y practicar diariamente actividad física. Añade que los buenos hábitos alimentarios ayudan a prevenir enfermedades, y que deben evitarse los remedios y dietas no recomendados por profesionales sanitarios.

Autor: JORDI MONTANER | Fecha de publicación: 14 de diciembre de 2007 Durante las fiestas navideñas, los centros de salud viven un cierto ajetreo como consecuencia de una ingesta excesiva.

Son muy frecuentes las consultas relacionadas con excesos en la alimentación y sus consecuencias nefastas sobre la salud. Un cuadro casi tradicional son los problemas agudos relacionados con un consumo excesivo de alcohol en los días clave, el de Navidad y el de fin de año. Pero también abundan los casos de gastritis e hiperacidez o, incluso, lesiones causadas por traumatismos, accidentes o desmayos, que están relacionados con una intoxicación aguda.

¿Qué hacemos mal?
En estas fechas modificamos nuestros hábitos alimentarios habituales. Nos decantamos casi exclusivamente por los alimentos más calóricos y con mayor contenido graso, y recurrimos a formas culinarias más elaboradas y con elementos poco usuales en la cocina diaria. Además, consumimos alimentos en mayor cantidad que durante el resto del año y sin respetar los horarios habituales de comidas o cenas. Sólo la dieta, caracterizada por una excesiva densidad nutricional y una carga calórica tremenda, supone una agresión a nuestro sistema digestivo que, como es lógico, ve truncada la paz que necesita para funcionar y pasa factura en forma de malestar gástrico, aerofagia, hiperacidez, distensión abdominal, dolor, vómitos y diarreas.

¿Qué ocurre con aquellas personas que siguen dietas especiales?

Navidad también propicia un cierto abandono en las dietas terapéuticas asignadas por el médico o dietista. Este abandono es especialmente grave en aquellos con un compromiso metabólico como pueda ser la diabetes. Estas personas pueden presentar descompensaciones agudas importantes, y por su mala digestión acaban muchas veces en los servicios de urgencias. Hay que tener en cuenta que las intoxicaciones afectan en mayor medida a aquellos individuos más frágiles, las personas mayores y los niños. La explicación es que ellos tienen una alimentación más regulada a lo largo del año y son más sensibles al desorden y al caos de estas fiestas.

Tras la tempestad, sin embargo, viene la calma.

No exactamente. Justo después de las fiestas aparecen las secuelas de las transgresiones llevadas a cabo. Aumento de peso, dificultades para conseguir los objetivos terapéuticos en el paciente diabético, aumento de la cifra de lípidos sanguíneos [colesterol, triglicéridos] o complicaciones digestivas del tipo de gastritis y úlceras son algunas de las manifestaciones.

¿Qué le ocurre a nuestro organismo cuando nos empachamos?

El empacho se traduce en una sobrecarga para todo el organismo, empezando por el sistema digestivo, que debe realizar un esfuerzo no habitual para cumplir su función de digerir y absorber los nutrientes. Esto se traduce en un proceso más lento e incluso en el "fracaso" de la digestión. Además, los nutrientes necesarios no llegan al conjunto del organismo de forma adecuada, por lo que se produce un cierto decaimiento, sensación de fatiga y cansancio. El tono vital disminuye hasta que se recuperan de nuevo las funciones digestivas y se garantiza la correcta nutrición de los tejidos.

El nuevo año suele ser punto de partida de buenos propósitos. ¿Los médicos de familia sacan partido a la motivación de muchos durante estos días para mejorar en aspectos de salud?

Si, por supuesto, o al menos lo intentamos. Es cierto que pasadas las fiestas todos ansiamos una vuelta adecuada y saludable a la normalidad, e incluso buscamos mejorar nuestra situación de salud. El propósito es bueno, que no fácil. Abandonarse a los placeres de la mesa es mucho más sencillo, así como ganar kilos siempre es más cómodo que perderlos. Además de motivación, los médicos inculcamos a los pacientes una cierta disciplina, constancia y el asesoramiento de que las medidas tomadas vayan a ser las correctas y las seguras. El médico de familia se sitúa en un lugar óptimo para favorecer, impulsar y ayudar en estos propósitos.

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