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14 de dic. de 2007

Sobre el cuidado de los libros

Una especialista de la UCA afirma que conservar los libros en buen estado no sólo tiene un sentido utilitario, sino que ellos comunican a través del tiempo. Consejos para su cuidado y preservación.

La preservación y conservación de libros tiene un sentido mucho más profundo que el meramente utilitario. Cuidamos nuestros libros para que su uso rinda más, pero sobre todo br / porque nuestro devenir cultural es inseparable de ellos: nos comunican a través del tiempo.

¿Cuáles son sus enemigos y de qué manera podemos conservarlos? Soledad Lago, Coordinadora de Bibliotecas de la Universidad Católica Argentina (UCA), ofrece respuestas, consejos y soluciones.
"Cada vez que se daña un disquete, un CD o un disco rígido, y se pierden masivamente datos, reflexiono sobre la precariedad de los soportes tecnológicos actuales y no puedo evitar la comparación con el papiro Derveni, que data del siglo cuarto antes de Cristo y se conserva en el Museo Arqueológico de Tesalonia. ¡Qué noble y perdurable soporte ha sido y es el papel en la historia humana!
El libro es una cápsula de tiempo que enviamos al futuro como legado cultural y testimonio de nuestro paso por el mundo. Quienes estudien nuestros libros dentro de unos siglos descubrirán en ellos mucho más que su mero contenido. Los materiales y las técnicas con los que fueron producidos, las evidencias de su manipulación y traslados, serán información preciada para los arqueólogos del futuro. Por eso es el deber de nuestras bibliotecas cuidarlos y preservarlos de la mejor manera posible.

A veces, los lectores que más aman los libros cometen agresiones involuntarias. El uso de cinta adhesiva para reparar un libro, por ejemplo, es fatal por el contenido de ácido de tales adhesivos.
Uno de los más poderosos enemigos del libro es la acidez, que los consume lenta pero inexorablemente. Desgraciadamente, la elaboración de papel en los últimos dos siglos hizo uso intensivo de ácidos.

Por eso, los conservadores echan mano de envoltorios químicamente estables, cartulinas neutras, e interfoliados antiácidos para su preservación. Las restauraciones hechas sin criterio, por otro lado, pueden pecar de intrusivas y destruir aspectos de la confección original del libro que constituyen datos valiosos para el historiador del futuro.

Los elementos y técnicas del moderno experto conservador pueden llegar a ser fascinantes. Para reparar y conservar las colecciones especiales de nuestra Universidad, por ejemplo, se emplea papel completamente transparente y flexible, fabricado en Japón, y se acondicionan salas exclusivas con temperatura y humedad controladas y sin luz excesiva se establecen cuarentenas y se realizan laboriosas limpiezas artesanales. Estos cuidados deben ser acompañados por rutinas de mantenimiento del edificio y de la colección. Aspiradoras, desinfectantes y cepillos diseñados para la tarea completan el instrumental del equipo de conservación.

Otro aspecto para tener muy en cuenta a la hora de cuidar nuestros libros es la colocación en los estantes. El libro debe estar en posición perfectamente vertical, y si requiere sostenes adicionales para lograrlo, se lo debe apuntalar con sujetadores. Un libro que pierde su posición vertical sufre una paulatina torsión que daña la encuadernación y produce finalmente roturas. Las bibliotecas más serias ponen especial cuidado también en la elección de los anaqueles donde reposan los libros: su material, solidez y pintura deben pasar todos los tests.

A la hora de sentarnos a leer, es recomendable evitar las situaciones que entrañen riesgos para el libro, como el beber y el comer, y las posiciones insólitas de lectura. Hay que recordar que un libro no debería abrirse nunca en un ángulo cercano a los 180°. Dejarlo abierto boca abajo, para recordar por donde íbamos, es una pésima idea (¡y no hablemos de las fotocopiadoras!), porque sus costuras y adhesivos se tensan o aflojan acelerando el desprendimiento de sus tapas y hojas.
Es bueno tener siempre presente la potencial perdurabilidad del objeto que tenemos en nuestras manos recordar, por ejemplo, los dos mil cuatrocientos años que ha durado el papiro Derveni. Eso nos ayudará a no maltratarlo y -sobre todo cuando es un libro de la biblioteca de la Universidad, que debemos compartir con otros- a no rayarlo, ni incorporarle marcas personales.

Para una institución como la Universidad Católica Argentina (UCA), sensible a la continuidad de su historia cultural, la tarea de cuidar el patrimonio bibliográfico es vital. La identidad de la Universidad como fuente y reservorio de conocimiento está cifrada en su colección de libros. Quien visite las bibliotecas de la UCA con espíritu nostálgico, podrá reconstruir el periplo intelectual de la institución y consustanciarse con la continuidad de su identidad y sus principios.

Examinar la biblioteca es contemplarnos a nosotros mismos como institución a través de la Historia. La colección Lamarca, por ejemplo, que dio origen a la primitiva Biblioteca, nos recuerda los inicios de la Universidad. Un recorrido por sus títulos nos proporcionará datos sobre cuáles eran los temas que preocupaban a los hombres que fundaron la institución.
Las importantes donaciones recibidas a lo largo del tiempo hablan elocuentemente de nuestra historia intelectual. La del doctor Battistessa, que abunda en manuscritos de sus traducciones, nos devuelve a una época de rica vida literaria. La del doctor De Marco, en cambio, ilustra la laboriosa y dedicada recopilación de documentos referidos a la historia argentina y americana. La donación de Mignacco nos muestra el valor del libro como objeto a través de sus propias encuadernaciones artísticas. Todos estos libros merecen un cuidado especial que va más allá de la preservación de sus contenidos. Muy particularmente aquellos que han sido concebidos y editados en el ámbito de la Universidad y que constituyen uno de sus frutos más valiosos.

Es evidente que la producción propia de la institución debe recibir un tratamiento que garantice su transmisión a las generaciones futuras. Esto implica por un lado la digitalización y, por el otro, la conservación de los originales. La Biblioteca Central ha asumido la responsabilidad de ambas tareas, en consonancia con el rol que cumplen actualmente las bibliotecas de las universidades más prestigiosas del mundo.

Es por eso que la preservación y conservación de libros tiene un sentido mucho más profundo que el meramente utilitario. Cuidamos nuestros libros para que su uso rinda más, pero sobre todo los cuidamos porque nuestro devenir cultural es inseparable de ellos. En los libros estamos nosotros, nuestros mayores y quienes nos continúen, comunicándonos a través del tiempo.

Fuente: Revista UCActualidad - Número 97

3 comentarios:

Anónimo dijo...

ES EXCELENTE SU INFORMACION. AUN QUE MEGUSTARIA SABER COMO PUEDES CURAR ALGUN LIBRO QUE NYA ESTA ENFERMO.

Beatriz dijo...

La información que aqui se presenta es interesante, y formativo, la mayoria de los usuarios no tienen conciencia sobre el cuidado de los libros y desgraciadamente, hacen caso omiso a las recomendaciones que se les proporcionan. Creo que es debido a la falta de cultura.

Anónimo dijo...

Excelente información suministrada y que de alguna manera está concientizando a quienes visitan la página... Los libros son la esencia del conocimiento, es la herramienta que permite nutrirnos día a día con las enseñanzas que nos ofrece en sus escritos. Es necesario difundir la importancia que tienen los libros como el más grande tesoro y legado... El objetivo es hacer su correcto uso, cuidarlos y preservarlos...

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