26 abr. 2008

El ocaso del libro y las bibliotecas




El ocaso del libro y las bibliotecas


Los bibliotecólogos, libreros, periodistas, archivistas, comunicadores, tenemos que ir preparando nuestras mentes para estas enormes transformaciones que se avecinan.

Al libro como lo conocemos hoy, elaborado en papel, le quedan muy pocas décadas. Quienes lo defienden en su presentación actual tendrán que dar su brazo a torcer y aceptar resignadamente que para bien de la humanidad y de los ecosistemas, el futuro del libro debe vislumbrarse en los formatos electrónicos o en otras presentaciones, por descubrir, que no afecten el devenir de la raza.

Y es que el alto consumo de papel en el mundo (cerca de 320 toneladas según la Federación de Industrias Forestales Finlandesas) ha implicado una despiadada tala de bosques primarios que han llevado al Planeta a sufrir el nefasto calentamiento global que nos está dejando sin glaciares y terminando con la fotosíntesis, el más elaborado e inimitable proceso de producción de hidrógeno y oxígeno de la naturaleza y con la evapo-transpiración de volúmenes enormes de agua a través de sus hojas, vapor que asciende y se condensa para formar las nubes y posteriormente, la precipitación de lluvias que permiten el crecimiento de los árboles y de sus raíces.

Esta incontrolada tala nos está dejando sin las reservas de agua dulce necesarias para nuestra subsistencia. Al acabar con los bosques estamos eliminando los sumideros o filtros del dióxido de carbono, lo que termina produciendo el tristemente célebre Efecto Invernadero, agravando con ello el problema del calentamiento global. Con ello también se está terminando con el equilibrio ecológico y con la diversidad.

Los más hermosos bosques del planeta, los Boreales de Canadá, los primarios de Finlandia, Noruega, Suecia, Indonesia y la Rusia Europea y los de Brasil, Chile y Uruguay han sido diezmados en forma despiadada y con ellos su flora y fauna naturales. Lo más grave es que en nuestro continente suramericano se está talando la Selva Amazónica, de la que nos hemos ufanado siempre por ser el mayor pulmón del mundo.

La historia nos ha mostrado que los formatos perjudiciales al desarrollo del hombre han sido erradicados. Así desapareció el papiro, el pergamino y la vitela (hecha de piel de becerro), como medios de transmisión de saberes y con ellos el buril, el cálamo y los encabadores con que se grababan.

Quienes dicen que el libro jamás morirá están muy equivocados. Nos acercamos a su ocaso. Porque en algún momento tenemos que definirnos: o el papel (y con él los libros, revistas y periódicos) o nuestra supervivencia. Y no creo que haya duda o vacilación para la escogencia. Y entre los sustitutos del papel no se vislumbra alguno que no atente contra la naturaleza.

Seguramente habrá quienes nos tilden de fatalistas, apocalípticos o cataclísmicos, pero la realidad nos muestra que las deforestaciones y las talas indiscriminadas de bosques (primarios, o gestionados con criterio ecológico sostenible), autorizadas o no por el Forest Stewardship Council (FSC), producen sequías, deslizamientos de tierra, erosión del suelo, reducción en los embalses y la consiguiente disminución de fuentes de generación de energía y provisión de agua potable en los acueductos que llevan el preciado liquido a nuestros hogares. ¿Por qué se están “quedando calvos los nevados”, como dice Gardeazábal?

Y no podemos decir que los libros ecológicos sean la solución o el reemplazo del libro que conocemos. Fundaciones como las de Isabel Allende “Libros Amigos de los Bosques” son paños de agua tibia en el amargo devenir que le espera al libro, pues el reciclaje proviene del mismo papel que no deberíamos estar usando.

“Algunos de los mejores escritores del Reino Unido -Charlotte Bingham, Ben Elton, Helen Fielding, Anne Fine, John King, Andy McNab, John O'Farrell, Maggie O'Farrell, Philip Pullman, Ian Rankin, J.K. Rowling, William Sutcliffe y Penny Vincenzi- han acordado trabajar con Greenpeace para asegurarse de que sus próximos libros se impriman en papel respetuoso con los bosques primarios”.

Pero este “papel respetuoso” no deja de ser papel y estar inmerso en la cadena de destrucción del planeta.

Sabemos que la lucha que se avecina no es contra las editoriales, autores, escritores, productores, libreros, bibliotecarios y menos aun contra los vendedores de libros. Nuestra diferencia es contra los grandes consorcios madereros del mundo causantes de la más oprobiosa y aterradora masacre ecológica de la humanidad y quienes nos están llevando a la hecatombe.

Quienes trabajamos con la información nos asombramos por la súper explosión de información que en forma de papel escrito atiborra nuestros escritorios y por la maravillosa presentación que de ésta hacen las casas editoriales. Pero no estamos mirando que esa explosión está obligando a las productoras de papel a ser más eficientes con la demanda, lo que las lleva a acelerar los procesos de corte de árboles para producir el papel, materia prima del libro. Árboles que en su mayoría han tardado para crecer 50 ó 150 años (pino y roble para solo citar estos dos) y que volver a resembrar les tomaría igual período de tiempo para llegar a su madurez.

Con la desaparición del libro, tendrán que desaparecer los estantes o anaqueles, y los libros actuales convertirse en piezas de museo o en simples muestras de la evolución del pensamiento humano. Las bibliotecas cambiarán sus sitios de consulta por conexiones a una única, y generalizada (porque cubre todas las áreas del conocimiento), base de datos mundial cuya información provendrá de todos los confines del planeta. La información estará disponible en toda su extensión en formato holográfico (imagen y voz programable) y proyectada desde distintos medios: relojes, linternas, apuntadores. Esa será la verdadera biblioteca virtual que nos conecte con el conocimiento en tiempo real. Los edificios de bibliotecas trasformarán sus espacios para dar cabida a pequeñas salas para trabajo en grupo o estudio individual en donde estarán disponibles los proyectores conectados a la red internacional de datos, que también podrá accederse desde los hogares, sitios de trabajo, trenes, aviones, cafeterías, restaurantes, estadios, etc.

El conocimiento, el saber patrimonio de la humanidad, no tendrá ningún costo. Será obligación de todos los gobiernos, imperios y naciones poner al alcance de todos los logros y avances de la ciencia, el arte, la técnica y la cultura y quienes acaparen la información y no la compartan castigados rigurosamente.

Los bibliotecólogos, libreros, periodistas, archivistas, comunicadores, tenemos que ir preparando nuestras mentes para estas enormes transformaciones que se avecinan y para vencer la “resistencia al cambio” y adaptarnos a las nuevas tecnologías de la información que tenemos que aceptar en formato electrónico, y empezar a librar una feroz batalla contra los libros impresos elaborados con papel proveniente de los bosques primarios y los cuales debemos desterrar de nuestros sitiales de trabajo, cotizaciones, proyectos o planes de compra.

Saúl Sánchez Toro ssanchezt@une.net.co


Fuente: http://www.lapatria.com/Noticias/ver_noticiaOpinion.aspx?CODNOT=36836&CODSEC=13




No hay comentarios :

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...