3 abr. 2008

La construcción de la riqueza a través del conocimiento


Milton José Narváez Sandino

milton.narvaez@udb.edu.sv


Desde que el término “sociedad del conocimiento” se comenzó a utilizar por un grupo de académicos europeos, en 1992, aunado al auge de las computadoras y las telecomunicaciones, la percepción y contextualización del siglo XXI marcó su inicio. Por su parte la globalización vino a plantear nuevos paradigmas en la forma de interrelación de los pueblos. Esta realidad no se circunscribe únicamente a los grandes países desarrollados, sino que va más allá, sugiriendo nuevos retos, principalmente a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo.

Esta nueva filosofía de “sociedad del conocimiento” plantea la generación, difusión y utilización del conocimiento para el beneficio de la humanidad. Esto será posible si los Gobiernos, a través de una política de nación incentivan a la población por medio de algunos agentes económicos como la competitividad, la innovación y una mejora continua de la calidad de vida.

Sin embargo, para alcanzar este nivel de desarrollo es necesario implementar un proceso cíclico que va desde la generación de empleos, hasta el impulso de políticas de educación y salud. Para ello, necesariamente hace falta ser visionarios y mostrar apertura al cambio, tanto de parte de los políticos como la sociedad civil.

Invertir en educación ha sido la apuesta en otros países

Muchos países en Latinoamérica, tales como Chile, Brasil y Costa Rica, están apostando al conocimiento como forma de construcción de la riqueza, con resultados muy significativos. Asimismo, países con niveles de pobrezas hasta hace poco tiempo más acentuados que en nuestro país, actualmente lideran dentro de la economía mundial gracias al uso e implementación del conocimiento como principal pilar para la construcción de la riqueza. Entre los países en auge podemos citar India y Singapur, los cuales dentro de su política de nación han concentrado esfuerzo y aumentado su inversión en educación.

Es necesario que desde la academia, la empresa privada y el gobierno, al unísono, abramos los ojos y asumamos los retos que la modernidad nos impone, para dejar de figurar en la lista de los países más pobres del continente. Los primeros pasos están orientados a tomar conciencia de la necesidad del dominio de una segunda lengua y el uso de las tecnologías de información y comunicación (TIC), implementándolo tanto en la educación primaria como en la educación secundaria y terciaria.

En esta era digital el inglés y la computación van de la mano y debe incentivarse su uso desde la misma educación parvularia, básica, media y superior. Esto requiere del planteamiento, discusión, modificación y posterior aprobación de reformas de la actual Ley de Educación, implementando un nuevo enfoque moderno, que minimice a su máxima expresión no solamente el analfabetismo tradicional (no saber leer y escribir), sino también el analfabetismo tecnológico (brecha digital).

Un reto para avanzar hacia el desarrollo

Por otra parte, la gestión de calidad y la normalización y estandarización de proceso se ponen de manifiesto en esta economía global; tanto para la industria como para la producción y el comercio. Es necesario estar concientes que las exigencia laborales cada día aumentan más y únicamente los técnicos y profesionales mejor capacitados podrán ocupar los mejores puestos laborales; por otra parte los tratados de libre comercio requieren de empresarios, comerciantes y productores cualificados y competitivos (tanto técnica como profesionalmente).

Es necesario que estemos concientes de nuestra realidad: existe una internacionalización de la educación, una regionalización y transnacionalización de la economía y una globalización sin retorno. Las consecuencias de esto implican que si el sistema educativo nacional (incluye a la educación superior) no se moderniza, quedaremos relegados como una “tribu en extinción”, no únicamente en la región centroamericana, sino en el mundo.

Finalmente, para construir la riqueza debemos estar claros que la única forma de agregar valor económico a lo que producimos es a través del conocimiento (esto es la “economía del conocimiento”). Estos retos le corresponden impulsarlos a las universidades, la empresa privada, el gobierno y la sociedad misma.

Profesor de la Universidad Don Bosco y Director de la Asociación Salvadoreña de Profesionales en Computación (ASPROC).

Fuente: http://www.libros.com.sv/

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