9 abr. 2008

Lectura: castigo o premio.

JOSEP MARIA Espinàs

Turquía ha condenado a dos ladrones a una pena original: mientras estén en la cárcel, deberán leer tres horas cada día y hacer resúmenes de los libros. Son unos ladrones poco peligrosos, que no han matado a nadie. Tendrán que permanecer en prisión cinco meses.
Lo que me sorprende es que el juez ha decidido que el libro que tienen que leer, para empezar, es Crimen y castigo, de Dostoievski. Yo no acabo de tener muy claro que la elección haya sido buena. Quizá habría sido mejor una novela menos dramática, más pacificadora. Pero ignoro qué se desea lograr con la lectura. ¿Quieren un libro que sacuda? ¿Un libro que introduzca en el placer de compartir con el autor una complicidad agradable?

Si ya no se sabe cuál debe ser el papel de la lectura en los lectores libres de distinta condición, no me imagino los criterios con los que deben programarse los libros para los prisioneros. Me asustaría que en la lista de libros elegidos tuvieran que figurar los que en ese momento estén bien vistos por una élite que está muy contenta de hacer de juez.

Una cárcel no es una cátedra de literatura. Hay que ofrecer a los presos varios modelos literarios. Un crítico que había dedicado gran parte de su trabajo a analizar las obras de Dante, y que llegó a ser una autoridad en la materia, hizo la siguiente confesión poco antes de morir a los estudiosos que le acompañaban en esa última hora: "Me carga Dante".

Pronto hará siete años, Vázquez Montalbán publicó un artículo muy duro contra Bloom, el canonista que dictaba sentencias sobre qué obras merecían la clasificación de "excelencia". Bloom había dicho: "¿Qué puede escribirse después de Proust, Joyce o Beckett?". Afortunadamente, decía Vázquez Montalbán, los escritores siguieron escribiendo, y así hemos podido leer a Kafka, Camus, García Márquez, Faulkner, etcétera.

La literatura y la lectura son territorios de libertad. Y pienso que a los prisioneros de Turquía se les debería informar sobre distintos libros y consultar sus preferencias. Aunque, de todas maneras, en el fondo no deja de haber un problema: que la imposición de la lectura se entienda como un castigo.

Unos amigos, padres lectores, me explicaron que un día descubrieron que era muy eficaz actuar al revés. A un niño que no se había portado bien le dijeron: "Hoy no te dejaremos leer". Vio que no podía hacer lo que les gustaba a los padres. La prohibición de leer como estímulo de la lectura.

Fuente:http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=493092&idseccio_PK=1006

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