1 abr. 2008

“Se ha perdido el valor y el placer del libro como objeto de uso”


A LA CAZA DE LA PIRATERIA


La falta de conciencia respecto a la reprografía ilegal (reproducción de documentos) y la pérdida millonaria que significa para todos los eslabones que participan de la industria editorial (desde el autor y la empresa editorial hasta los distribuidores y comerciantes) tiene, además de causas vinculadas al bajo costo de las fotocopias y la crisis económica, un motivo cultural: “no hay una real valoración del libro y del autor”, sostienen desde la Cámara Argentina del Libro.


La profesora en Letras, escritora y editora, Alba Omil, coincide con este concepto. “Además de la calidad superior de una impresión, no se tiene en cuenta el valor y el placer del libro como objeto, con buen papel, bien encuadernado, legible…”, sostiene. No obstante, la autora y editora de decenas de textos reconoce que no hay una lucha firme contra la reproducción total de libros por medio de fotocopias. “Sé que mis libros se fotocopian… pero si no se recurre a la Justicia es por indolencia o porque uno no quiere meterse con abogados y deja pasar la situación. En esos casos, la Cámara del Libro -que se encarga del registro de la propiedad intelectual- recibe las denuncias y se llevan a cabo las demandas. Pero en este país la función administrativa del Estado es elefantina… se requieren años ”.


El escritor santafesino radicado desde hace décadas en la provincia, Ivo Marrochi considera que el autor no tiene recursos suficientes para defenderse: “La ley de propiedad intelectual no pone límite a la fotocopia ni frena los usos indebidos que maestros puedan hacer. Debería haber un ente que controle la reprografìa, porque el autor no puede pasarse la vida siguiéndo la pista a cada uno de los ejemplares para ver qué se hace con él”.


En otros países la situación es diferente. Por ejemplo en España se impulsaron en la década del 90 políticas específicas: cuentan con una entidad recaudadora de derechos (que recauda el dinero que deben pagar los usuarios de fotocopias) y se implementó un gravamen a la venta de máquinas de fotocopiado.


En la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos sólo se autoriza fotocopiar un 20% de la obra. “Está prohibida la reproducción total. En Francia, en la Biblioteca François Mitterrand por ejemplo, son muy exigentes: del material que está reservado exclusivamente para investigadores no permiten sacar más de cinco páginas”, cuenta la profesora en Letras, Mercedes Borkosky.


Otro diferencia es el bajo costo de los libros. “Aunque las fotocopias cuestan 5 centavos de euro, una edición estándar de 180 páginas puede costar 11 euros. Les conviene comprar y lo hacen porque tienen arraigada la cultura del libro”, detalla Borkosky.

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/264606/Actualidad/Se_ha_perdido_valor_placer_libro_como_objeto_uso.html

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