13 may. 2008

Bibliotecas destruidas, una página negra en la historia.

Sonia Sierra
El Universal
Domingo 11 de mayo de 2008


ssierra@eluniversal.com.mx

Si crear una biblioteca supone una quimera, ¿qué indica su destrucción, incendio, bombardeo, eliminación o que ésta sea arrojada a un río, cubierta de excremento de palomas o desaparecida?

La historia (y sus cómplices: las bibliotecas) “conserva” muchos y significativos pasajes sobre la pérdida de estos patrimonios: desde la mítica Alejandría hasta las recientemente desaparecidas en Sarajevo o Bagdad.

Más allá de esos ejemplos hay miles de casos sobre cómo la censura, el odio, el colonialismo, los totalitarismos y fundamentalismos, las purgas o el menosprecio por los libros, acabó con colecciones cuya formación era de por sí una historia de gran valía.

Lucien X. Polastron publica en México la historia de esas bibliotecas. En el volumen Libros en llamas. Historia de la interminable destrucción de bibliotecas, se propone la revisión de la que califica como “aterradora y frecuente” práctica de destrucción de títulos que en muchos casos lo que busca es aniquilar a sus autores.

Polastron hace un repaso que testimonia el desprecio de los regímenes totalitarios por la creación. De la mano del autor se conoce lo que ocurrió con las bibliotecas faraónicas, los relatos sobre Alejandría, la pérdida de los escritos de la Grecia clásica (de sus autores se conoce la décima parte de lo que produjeron), el caso de la desaparición de “tablillas” en Roma, el incendio de la biblioteca imperial de Bizancio. De tiempos más recientes está el caso de los libros que acabó la Inquisición o la pérdida de gran parte de la biblioteca de los Médicis, sin que falte el exterminio de los archivos del Nuevo Mundo, historia que por ser colonial impide que se conozcan muchos de sus detalles.

Libros en llamas se publica en la colección Libros sobre Libros, editada por el FCE —este volumen se editó con el apoyo de la Embajada de Francia en México—. La colección busca —explica su director Tomás Granados— ofrecer reflexiones sobre los alcances y limitaciones en el quehacer de los profesionales del libro.

Fuente: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/56038.html

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