29 jun. 2008

La fiebre del espionaje on line




Arrasan las páginas detective. Internet se ha convertido en el paraíso de los cotillas. Cada vez más páginas te ayudan a hurgar en la vida de tus conocidos.

Gozalo Suárez - Madrid

Que tire el primer ratón quien jamás haya usado Google para husmear en la vida de sus conocidos. Pero no se sienta culpable: es probable que alguno de ellos esté usando armas mucho más poderosas para espiarle. Porque esa es la última fiebre de internet: páginas que le ayudan a hurgar en las intimidades de sus amantes, amigos o compañeros de trabajo. Pocos datos se les resisten: desde el valor de sus casas hasta su historial delictivo, pasando por sus movimientos en el ciberespacio. Y lo más alarmante: se trata de servicios legales y, en muchos casos, completamente gratuitos.

Imaginemos un cotilla virtual que conoce a alguien en un bar. Al llegar a casa, comienza sus pesquisas en redes sociales como Facebook o MySpace. Con sólo teclear su nombre, accede a su perfil, repleto de jugosos datos personales. A continuación introduce esta información en webs como Spokeo o FriendFeed. Y, si su objetivo es usuario de estas páginas, a partir de ese momento seguirá en tiempo real sus actividades en decenas de webs: qué fotos cuelga, qué comentarios escribe o con quién chatea más frecuentemente.

Tecnófobos vulnerables
Por supuesto, cuanto más navegue uno, más vulnerable resulta a los fisgones «on-line». Pero incluso el tecnófobo más recalcitrante puede sufrir invasiones en su intimidad. Una simple búsqueda en un directorio telefónico descubre el número y la dirección del objetivo. Luego se puede visitar Google Maps para ver una foto de la fachada y una imagen cenital del edificio. O introducir los datos en Zillow o Trulia para obtener el valor estimado de su vivienda. «La gente no es consciente de la cantidad de información que fluye por internet: si lo supiera, se montaría un escándalo», asegura Chris Soghoian, experto en privacidad electrónica de la Universidad de Indiana.

Jirones de identidad
Cada semana aparecen nuevos negocios que se dedican a «rescatar» datos sepultados en las profundidades del ciberespacio. Con sus potentísimos ordenadores, estas empresas rastrean documentos públicos a la caza de datos que luego ponen a la venta. Sus fuentes son variadas: sentencias judiciales, páginas gubernamentales, foros de internet, boletines oficiales... Es definitiva, cualquier rincón en el que los ciudadanos se dejen un jirones de su identidad, sean conscientes de ello o no.

Las páginas más «piratas» trapichean con información privilegiada. Sin embargo, la mayoría no desvela datos secretos: simplemente facilitan el trabajo a los fisgones. Así, ya no hace falta acudir al juzgado o al ayuntamiento y hurgar en montañas de papeles amarillentos para encontrar información sobre alguien. Con un clic sobra para completar un trabajo que hace años habría requerido días de esfuerzo: el sueño de todo cotilla vocacional.

De momento, muchas de estas páginas sólo funcionan en EE UU. Sin embargo, se están adentrando en Europa a toda prisa. Por ejemplo, Spock, un buscador especializado en redes sociales, ya tiene 80.000 usuarios únicos al mes en España. Por ello, la Agencia Española de Protección de Datos ya ha mostrado su preocupación por la vulnerabilidad de nuestra privacidad en la era de internet. «Los ciudadanos siguen viendo la red como algo virtual», denuncia su director, Artemi Rallo. «Se creen que deja de tener consecuencias cuando te desconectas. Pero no esa así: la información se queda ahí y puede afectarte».

Los responsables de estas páginas niegan que estén acosando a los internautas. En su opinión, se limitan a ofecer un servicio tan útil como divertido: cómo lo usen sus clientes no es su responsabilidad. «En el siglo XXI, la diseminación de la información resulta inevitable», explica Robert Zakari, presidente de ZabaSearch, uno de los buscadores más potentes de la red, que incluso ofrece enlaces al historial delictivo de millones de personas. «La gente tiene que entender que la privacidad real nunca ha existido, internet sólo acelera el acceso a una información que siempre ha estado ahí».

Para dar peso a sus palabras, Zakari suelta una ristra de casos de clientes que se han beneficiado de su buscador. Así, recuerda a la pareja que destapó los antecedentes penales de su niñera. O el bibliotecario que se enteró de que su novio tenía 43 años y no 35. O el ejecutivo que descubrió que un futuro socio jamás había estudiado en Yale y abortó la operación. «Antes, tenías que contratar un investigador privado para enterarte de estas cosas», dice. «Nuestro servicio democratiza el acceso a esta información. ¿Acaso un detective o un abogado es mejor persona que tú?».

«Googleo» permanente
Sea cual sea la respuesta, algo parece inevitable: internet ha revolucionado para siempre nuestro concepto de intimidad. Según un informe de Goldman Sachs, lo primero que hace el 75 por ciento de las multinacionales al examinar un currículo es «googlear» el nombre del candidato. Y cada vez más profesores utilizan Facebook y MySpace para controlar las actividades extraescolares de sus alumnos. «La regla es sencilla: si no quieres que lo vean, no lo cuelgues», asegura Jay Bhatti, cofundador de Spock. «Por eso, no es muy inteligente llenar tu perfil de Facebook de fotos de juergas si quieres tener un trabajo serio».

En la era «puntocom», todos nos hemos vuelto «microfamosos». Cualquier desliz se queda grabado en la Red como si tuviéramos un ejército de «papparazzi» pegado a la chepa. De ahí que, como todo famosete, tengamos que mimar nuestra imagen pública. «Cualquiera que se preocupe por su futuro profesional tiene que diseñar una estrategia de comunicación para internet», recalca Antonio Ortiz, coordinador de Error 500, un influyente «blog» tecnológico.

Porque ese es el reverso luminoso la época que nos ha tocado vivir: igual que la red nos hace más vulnerables a las intromisiones ajenas, también nos permite controlar cómo nos ven los demás. Eso sí, tenemos que digerir la transición y trasladar al mundo digital el sentido común con el que nos comportamos en el mundo real. «Cuando vas a una entrevista de trabajo, no sabes si tienes que ponerte un traje o una camiseta», afirma Ícaro Moyano, responsable de comunicación de la red social Tuenti, una de las más preocupadas por la intimidad de sus usuarios. «También sabes qué datos personales debes aportar y cuáles debes callarte. El reto es cómo trasladar nuestra identidad a la red para sacarle el máximo provecho sin que se aprovechen de nosotros».

CÓMO PROTEGERSE
- Use direcciones de email distintas para el trabajo, para los amigos y para registrarse en páginas sospechosas.

- No rellene cualquier formulario con el que se tope: sólo los imprescindibles. Y compruebe siempre la política de privacidad de la empresa responsable.

- Elimine sus datos del listín telefónico y, si puede, reciba su correo en un apartado postal.

- Antes de subir cualquier contenido a la Red, hágase esta pregunta: ¿le importaría que todo el mundo accediese a él, ahora o en el futuro?

- No tire ningún documento a la basura sin antes destruirlo.

- Si compra algo por internet, que sea en páginas conocidas. O, si es posible, opte por el teléfono.

- Búsquese regularmente en la red. Y si encuentra algo que le moleste, haga una reclamación.

Fuente: http://www.larazon.es/50624/noticia/Vivir%20el%20d%C3%ADa/La_fiebre_del_espionaje_on_line



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