7 jul. 2008

¿Jactarse por lo escrito o enorgullecerse por lo leído?


Julio Bernal Alcívar

Un libro abierto es una cerebro que habla; cerrado... es un amigo que espera; olvidado... un alma que perdona; y, destruido... es entonces, un corazón que llora de compasión para quien se olvida de leer aún sabiendo que la lectura es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo.


La biblioteca es el último refugio de un hombre desposeído de todo lo material pero no del conocimiento, no del espíritu humano, no de las victorias ganadas cuando se lee libros en ese tradicional espacio llamado biblioteca que a la final es la verdadera universidad del hombre.


Ahora bien, seguimos en la biblioteca, buscando un libro para leer, o pedir leer un libro, que son dos cosas distintas, aunque no existe libro tan malo que no tenga algo bueno, tanto que jamás el hombre estará solo si tiene a su lado un libro para MATAR EL TIEMPO.


Sin embargo, preocupa mucho al leer, cuando se advierte que la verdad no es publicable como en el caso de las biografías que generalmente se las acomoda bonito para no “herir susceptibilidades”.


Suena serio pensar que cuando una persona lee un libro, lo que intenta es escapar de sí mismo, intenta, además, evadir su propio YO, o simplemente busca estar cerca de almas distintas a su propia alma.


La nobleza de San Agustín, le permite asegurar que cuando el hombre reza habla con Dios; más cuando el hombre lee, es Dios quien habla con él.


Vale la pena traer a esta nota lo que opina al respecto el filósofo alemán F. Nietzsche: “Toda lectura forma parte de mis recreos; por consiguiente forma parte de lo que me separa de mí mismo, de lo que permite ir a pasear por las ciencias y las almas ajenas, de lo que yo no tomo ya en serio. Las paradojas de que el lector se sorprende, no están a menudo en el libro, sino en la cabeza del que lee”.


Casi como si fuese un “mano a mano”, consignamos la opinión de Carl Sagan: “Cuando ya no pudimos almacenar información en el ADN entonces apareció el cerebro; y cuando no pudimos almacenar información en el cerebro, entonces almacenamos la información en los libros. La escritura es, tal vez, el invento más grande de la humanidad... los libros rompen los grilletes del tiempo; un libro es la prueba de que los humanos son capaces de hacer magia. Los libros y su lectura nos permiten viajar a través del tiempo, aprovechar la sabiduría de nuestros antepasados; una biblioteca nos conecta con las intuiciones y el conocimiento de las más grandes mentes y los mejores maestros del planeta y de toda nuestra historia, para instruirnos sin cansarnos e inspirarnos para hacer nuestras propias contribuciones al conocimiento de la especie humana”.

Fuente: http://www.mercuriomanta.com/sistema.php?name=noticias&file=article&sid=48943

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