19 ago. 2008

Más dispersos, menos eficientes


Los docentes critican que internet no mejora la capacidad de trabajo de sus alumnos ni fomenta su curiosidad.

La tecnología ofrece a los adolescentes L infinitas posibilidades para buscar información en la red, pero la mayoría sólo persigue un atajo para hacer sus deberes y ganar tiempo para dedicarse a otra cosa. Por lo menos así lo ven docentes consultados por La Vanguardia,quienes observan más inconvenientes que ventajas en la dependencia de los jóvenes de los gadgets tecnológicos. "Han nacido en una sociedad en la que le das a un botón y lo tienes todo. No están acostumbrados a esforzarse para conseguir lo que quieren", comenta Laura Moreno, profesora de tecnología en un colegio concertado de Madrid. "Tienen un sentido de la eficacia diferente. Quieren acabar rápido y dedicarse a otras cosas: el messenger, la PlayStation, pasarse vídeos... Están como narcotizados por la tecnología", asegura.

Belén Cid imparte lengua y literatura en un instituto de Oropesa (Toledo), admite que ahora tienen acceso a muchas más fuentes de información, pero opina que los que consultan con una segunda o tercera entrada son los pocos que habrían acudido a otros libros de no existir internet. "No creo que mejore su capacidad de trabajo; pienso que los profesores nos estamos acostumbrando a pedirles menos y que se está perdiendo mucho la memoria", reflexiona.

Astrid tiene 15 años y acaba de terminar cuarto de ESO en un colegio de Reus. Solía hacer los deberes enchufada al messenger, mensajeándose con el móvil y escuchando la tele, pero esta primavera se dio cuenta de que tardaba mucho más de lo razonable en terminar sus tareas escolares. "Me concentraba a ratitos y me daban las tantas sin terminar", admite. Un día decidió cerrar el messenger y apagar el móvil mientras estudiaba. Sólo quedó la tele de fondo. Esta decisión le ha permitido obtener unas extraordinarias calificaciones este curso.

Laura Moreno cree que los niños más enganchados al ordenador suelen ser los que pasan más horas solos en casa y los que obtienen resultados académicos más mediocres.

Belén Cid se ha tomado su tiempo en comparar la materia que ahora se imparte en 4. º de ESO y la que se daba en 2. º del antiguo BUP y estima que se ha reducido a la mitad. "Es verdad que los alumnos son mucho más rápidos que los adultos buscando información, cosas anecdóticas, pero en cuestión escolar eso sirve de poco", considera. Malena vive en la periferia de Madrid y tiene 11 años. Sus padres acaban de instalar un ordenador en su habitación y le permiten acceder al messenger con cierta mesura.

Camino, su madre, explica que pasa algunas horas de la tarde charlando a través de la web con sus compañeras, pero que a cierta hora se apaga el ordenador. "Quiero que lo maneje bien. Ya se baja vídeos de las series que le gustan y juega en red con algunas amigas, pero sé que hay que estar muy atento a lo que hace ahí dentro y poner límites, porque ella estaría todo el día", explica. Y anticipa que a partir de septiembre, cuando empiece el curso escolar, habrá que tasar de forma muy clara cuándo se puede y cuándo no encender esa ventana al mundo cibernético.

"Veo a las chicas más capaces de estar pendientes de todas esas cosas y de atender satisfactoriamente a sus obligaciones escolares. Los chicos suelen conformarse con peores notas, están más enganchados a la consola", opina Laura Moreno.

"La red tiene muchas cosas buenas, pero también muchas malas. Ya se pueden encontrar los resúmenes de cualquier libro, por lo que obligarles a leer y luego pedirles un trabajo y nada más no sirve para nada. Se nota que muchos alumnos copian y pegan frases sin más, pero les da lo mismo", se lamenta Belén Cid. Se ve en la obligación de encargar a sus alumnos cosas que no estén en internet. No lo tiene fácil, la red contiene millones de documentos y los adolescentes son especialistas en navegar.

Una escuela de impaciencia

La navegación por internet se desarrolla hoy a una velocidad que hace sólo cinco años nos parecía un sueño. Y, sin embargo, lejos de satisfacer a los internautas, no ha hecho más que incrementar su ansia de navegar sobre las páginas cada vez más rápido. Así lo confirma un estudio realizado por un equipo del University College London sobre las necesidades futuras de los investigadores en internet, donde se expone que, independientemente de la edad, los usuarios de este medio tecnológico son cada vez más impacientes en la navegación y no muestran ninguna tolerancia cuando las páginas tardan mucho en descargarse.

La mayor frustración se produce cuando se pierde la conexión, momento en que el usuario se siente perdido. Como si internet fuese un servicio tan esencial como la electricidad, el agua o el gas. Lo más común es que el internauta pase los minutos y hasta las horas siguientes tratando de averiguar de forma obsesiva el origen de la desconexión, algo que probablemente no haría si no saliera agua por el grifo.

Fuente: http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080817/53522283419.html

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