9 sept. 2008

Acercar la lectura a los niños


DESPERTAR EN LA INFANCIA EL INTERÉS POR LOS LIBROS ES UN DEBER DE LA SOCIEDAD, PERO, SOBRE TODO, DE LOS PADRES

TEXTO: JOAN PORTELL RIFÀ

La gran casa de la lectura tiene la voluntad de acoger a todo el mundo, pese a que año tras año las estadísticas se empecinen en desmentirlo: solo el 67,7% de los niños de 10 a 13 años son lectores habituales, entendiendo como lector habitual a aquel que lee una o dos veces por semana (cifras que descienden al 58% en el caso de los adultos). Pero que no nos embauquen, que no estamos tan mal. Porque si hay algo cierto en todo esto, es que jamás en la historia de la humanidad se había leído tanto como ahora.
A tenor de los artículos, ensayos, libros y demás, son muchos los escritores, pedagogos e intelectuales varios que han investigado cómo conseguir el elixir de la lectura; cómo descubrir una esencia que, administrada en dosis adecuadas, logre que todo niño se sienta prendado por la belleza de la letra impresa de manera que, desde el momento en que la pruebe, no pueda vivir sin ella. Por citar a algunos, recordemos a Harold Bloom y a su Cómo leer y por qué, o a Daniel Pennac y su decálogo, que está incluido en el ensayo Como una novela, o a Emili Teixidor y su artículo Estrategias del deseo o trucos para leer o, más recientemente, a Doris Lessing, que en su discurso de agradecimiento por el premio Nobel de literatura del 2007, Cómo no ganar el premio Nobel, subrayó la importancia de la lectura.

MONOPOLIO DE LA ESCUELA

Pero para desdicha de todos, actualmente el camino de la lectura está preso por el mundo educativo casi en exclusividad, con la excepción del trabajo titánico y constante de los bibliotecarios. Cabe decir, en defensa de los maestros y profesores, que quizá esto sea una respuesta a tantas familias que se han dado de baja en educar a sus hijos. Este exceso de didactismo ha supuesto un lastre demasiado pesado para muchos lectores en formación que, hartos de rellenar fichas, se han borrado del club. Y es mucho más difícil que un lector desengañado vuelva a la senda de la lectura que iniciar a un no lector. "¿Por qué leer, si no me gusta?", se preguntan.
Es entonces cuando uno se plantea qué será lo primero que marque el cruce donde se divide el camino del lector: por un lado, está la ruta de la formación del lector literario, monopolio de la escuela y del instituto y, por el otro, está la senda del placer lector, en la que debe estar implicada toda la sociedad. En este sentido, la familia debe ayudar al acercamiento a la lectura, encontrando los llamados momentos lectores: los ratos en los que la lectura es la argolla que une emocionalmente a padres e hijos, momentos de gozo que permanecerán en la retina del prelector, convirtiendo el placer de la lectura en un proceso de ósmosis.

Y, estando así las cosas, ¿por qué no hay nadie que se atreva a desarrollar una didáctica del placer lector? ¿Por qué no devolvemos la responsabilidad que les pertoca a los progenitores y, de paso, descargamos a la escuela de la difícil tarea de intentar desarrollar el placer lector de los niños en un espacio y horario obligatorios? Y es que, como bien dice el escritor francés Daniel Pennac, la lectura, como el amor, no acepta el imperativo.

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=538742&idseccio_PK=1021

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