7 may. 2009

Desenroscando la información


Por Mela Bosch y Carlos Rojas *

Dos enfoques sobre Internet. Uno acerca de la labor periodística, el acceso a las fuentes de información y los resguardos que deben tomarse en tal sentido. Otro sobre los peligros que la Web encierra para los niños y niñas y las medidas para prevenirlos. Ambos hablan de aperturas y posibilidades. También de nuevas preguntas, desafíos y riesgos.

Periodismo es transmitir amenamente información basada en hechos ocurridos o a través de inferencia de datos, acontecimientos no acaecidos. Producida por seres humanos, la información siempre tendrá el sesgo subjetivo del informador que, a su vez, debe “encajar” dentro de una línea editorial y es incontrolable un atisbo de autocensura.

La aparición de la Web ha impuesto cambios en el hacer periodístico y en la actitud de los lectores ahora más activos. Los estereotipos de las fuentes de información cambiaron. Antes requerían un trabajo de campo riesgoso, a veces infructuoso. Los periodistas de ayer como los de hoy escriben contenidos y organizan información amena y legible, pero al interactuar en un medio tecnológico deben dejar en manos de diagramadores la parte visual específica. El público en la Web exige implementar aspectos de software y de comunicación visual: contraste, tipografía, colores y optimización de recursos Web como navegabilidad, accesibilidad, usabilidad.

También el seguimiento informativo cambió: para confirmar datos era necesario consultar con especialistas. Hoy el experto sigue siendo una fuente, pero no única. Es más sencillo entender y acceder a sitios que muestran datos estadísticos importantísimos. Lo que se definía como fuentes primarias cambió, una conversación en un chat, un foro, un blog, es una fuente de primera mano o la guía para saber dónde encontrar información fiel.

Ahora la duda es no sólo para los periodistas, sino para los lectores: ¿A quién creer en la jungla de la información?

En el clima electoral en EE.UU. de 2008, Brooks Jackson, con experiencia como enviado de Associated Press, Wall Street Journal y CNN, y Kathleen Hall Jamieson, docente de Comunicación y directora de la Annenberg Public Policy Center de la Universidad de Pennsylvania, publicaron un libro aún no traducido en español titulado Unspun. Algo así como desenroscar o destapar. El subtítulo es sugestivo: encontrando los hechos en el mundo de la desinformación.

Este trabajo que reúne la experiencia de un periodista y el enfoque teórico de una académica fue definido como manual para orientarse en el mundo de la información, pero para otros es un panfleto. Lo “panfletístico” está en la pasión del texto, la variedad de ejemplos cotidianos y, sobre todo, en la denuncia sin piedad de las manipulaciones realizadas, ya sea por las empresas de publicidad, los políticos y hasta a los críticos del sistema como Michael Moore.

El trabajo tiene la organización propia de un manual: una lista de señales que nos deben alertar respecto de la fidelidad de una información, sea periodística o publicidad, indica con ejemplos un repertorio de los trucos que se usan para manipular y concluye con una lista de reglas de oro para moverse en el mundo “desinformado”.

Los autores aplican estas reglas en su organización Fact check,http://www.factcheck.org, donde realizan seguimientos, cruces y denuncias en forma constante.

Las ocho reglas para informarse correctamente son, según Jackson y Hall:

1. No se puede estar nunca completamente seguro de lo que se lee.

2. Pero se puede estar bastante seguro, si se toman los recaudos suficientes.

3. Busque siempre la opinión compartida por los expertos.

4. Controle siempre las fuentes primarias.

5. Aprenda qué cosa cuenta realmente y aprenda a leer los datos.

6. Preste atención a quien habla y por qué habla.

7. Ver no quiere decir siempre creer (desconfíe de las imágenes).

8. Realice siempre controles cruzados para valorar la credibilidad de las fuentes.

La regla más uno: sea escéptico, no cínico.

Poseer instantaneidad y diversidad de información choca con el hecho de que puede provocar el derrumbe –ya sea del trabajo del periodista o de la sincera voluntad de saber del lector– si no somos críticos y metódicos. Lo que antes era el elixir periodístico –la abundancia de fuentes de información–, ahora requiere precaución.

La construcción de sentido en el periodismo siempre fue discursivo. Hoy una nota podría tener congruencia simplemente enlazando “links” en Internet, con algunos párrafos o frases encadenantes, y haciendo hincapié en lo visual. Las noticias podrían interpretarse, como hicieron los antiguos astrónomos con las galaxias, a través de su forma, color y contenido y este universo es un espacio inexplorado por muchos lectores y manipulado por tantos medios.

* Mela Bosch es lingüista y consultora en Milán. Carlos Rojas es periodista. Ambos son docentes de la Cátedra Tecnologías en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-122433-2009-04-01.html

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