31 may. 2009

¿Necesitamos un nuevo Internet?


UN NÚMERO SIGNIFICATIVO de especialistas estadounidenses, así como el Gobierno, parecen convencidos de que Internet está roto o, para ser más preciso, que evidencia enormes problemas, imposibles de solucionar con la actual arquitectura. La mayoría de sus colegas europeos discrepa.

Trátese de su uso con fines bélicos o criminales o del acceso mediante telefonía móvil, la Red de redes no ha sido concebida para llevar a cabo lo que se hace con ella hoy en día. Se ha ido adaptando gracias a parches, pero este análisis crítico revela que no se puede seguir así de manera indefinida, como lo explicó recientemente John Markoff en un artículo publicado por el New York Times.

La gran preocupación proviene de los problemas vinculados con la seguridad y protección de la privacidad de los usuarios. Al spam (70% del tráfico de correo electrónico) debemos agregar los virus y los ciberataques de los que han sido víctimas Estonia (2007) y Georgia (2008), por ejemplo, y las tentativas de penetración en los sistemas informáticos de muchos países, incluyendo Estados Unidos (EE UU). No puede existir seguridad si hay anonimato, y buena parte del problema radica en que el anonimato reside en el corazón del sistema y de la protección de la vida privada. Algo difícil de cuestionar, y, sin embargo, la tendencia en EE UU desde 2001 consiste en privilegiar todo aquello relacionado con seguridad.

Las inquietudes meramente técnicas no faltan. Una de las más conocidas es el agujero en el Domain Name System (DNS), recientemente descubierta por Dan Kaminsky, el sistema que organiza los nombres de dominio de Internet.

Para enfrentarse a esta situación el Gobierno de EE UU ha lanzado varias iniciativas, en particular el proyecto GENI, bajo la responsabilidad del Massachusetts Institute of Technology y Clean Slate en la Universidad de Stanford.

Los europeos, por su parte, insisten en que la dimensión del problema proviene de las actividades no previstas en el proyecto original.

Dentro de los ejemplos abordados durante una conferencia sobre el futuro de la Internet, reunida por la Comisión Europea en Praga el 11 de mayo, se destacaron: los "rich media" como el vídeo y muy pronto el 3D, el contenido generado por los internautas, base de la Web 2.0; las redes sociales en las que pasamos cada vez más tiempo y, sobre todo, el acceso móvil a la red que multiplica las conexiones y plantea problemas técnicos propios que requieren tecnologías diferentes.

La acumulación de esos ejemplos muestra claramente que Internet padece problemas creados por su propio crecimiento y éxito. Pero, insisten los europeos: "los cambios necesarios son de tipo evolucionario. No hace falta ninguna revolución", me dijo João da Silva, director de la Sociedad de la Información en la comisión europea. Se trata de "rediseñarlo".

Las diferencias entre europeos y estadounidenses pueden ser muy concretas. Bernard Benhamou, encargado en Francia de los usos de Internet, explicó que "más que destruir Internet para crear una red de alta seguridad, podríamos imaginar desarrollar nuevas redes con un enfoque overlay (en las capas superiores).

Director científico de Telefónica, Pablo Rodríguez asume una actitud similar aunque un tanto más suave, cuando explica: "Nadie puede decir que está rota, porque funciona todos los días de maravilla; pero la podríamos mejorar". Tiende a ver esta problemática como un excelente "ejercicio intelectual", antes de concluir con una fórmula que parece resumir el pensamiento europeo: "No hay nada que no se pueda hacer a nivel de las capas superiores". No hace falta cambiar de máquinas ni de tubos para resolver los problemas de crecimiento de Internet.


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