22 jun. 2009

Los libros de texto se examinan frente a las nuevas tecnologías


Por Rosario Fernández.


El libro de texto seguirá siendo, como hasta ahora, la columna vertebral de la planificación docente, a pesar de su no sólo inevitable, sino necesaria, convivencia con las TIC, según un estudio.


Las nuevas tecnologías parecen haberse erigido en los nuevos estandartes de la educación del siglo XXI, un lugar tradicionalmente reservado a los libros de texto. Si el papel de las primeras sigue creciendo en las aulas de nuestro país, entonces, ¿qué futuro le deparará a los segundos? ¿El pez grande se comerá al chico o ambos sistemas podrán convivir juntos pero con roles diferentes?


La respuesta a estas cuestiones, según el informe El libro de texto ante la incorporación de las TIC a la enseñanza, elaborado por la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario de la Universidad de Santiago de Compostela y presentado la semana pasada, es que el libro de texto en su tradicional soporte papel es –y probablemente seguirá siéndolo durante muchos años– la base de la planificación docente, a pesar de su no sólo inevitable, sino necesaria convivencia con las nuevas tecnologías.


Detractores

El estudio, que toma como base una encuesta a 1.062 profesionales, pone de manifiesto que en la actualidad, asistimos a un momento en el que muchos detractores del libro de texto en el tradicional soporte papel se aferran a las nuevas tecnologías para anunciar la muerte prematura de esta herramienta y de paso, asociarlo a aspectos como el triunfo de la libertad metodológica y hasta curricular del profesor.


Para muchos, las TIC han hecho que se tambalee un mundo cuyo único soporte para la transmisión de la información, conocimientos y cultura, durante siglos, ha sido el libro, pero después de años de incertidumbre sobre su porvenir, se confirma que ni todo el futuro es para los nuevos soportes, ni todo el presente es para el libro. Según el presidente de la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (Anele), José Moyano, el libro de texto es “una propuesta de planificación y de estructuración de los contenidos de clase”.


El coordinador del informe, Eduardo Picón, cree posible que el libro pierda su hegemonía en el futuro, si bien, mantendrá “su papel de columna vertebral del conocimiento del alumnado”. Sin embargo, el libro deberá ir adaptando su formato y contenidos a estas nuevas corrientes y necesidades educativas fomentadas o producidas por la irrupción de las TIC en el aula.


Esta coyuntura debe servir a las empresas para tomar decisiones acertadas acerca del cambio que supone la innovación tecnológica y afrontar una progresiva reconversión del sector tal y como han tenido que hacer antes sectores como el cine o la industria discográfica. Sólo de esta forma, las posibles amenazas que representan en el panorama actual podrán transformarse en oportunidades.


El director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila, asegura que el sector editorial “no tengo miedo a las nuevas tecnologías, nunca he planteado las TIC como una alternativa. Hay libros de papel y soportes digitales”. Ávila pone como ejemplo la gran producción manualística de países como Estados Unidos donde, en su opinión, para estudiar “de verdad se utilizan libros de texto, mientras que el material complementario al estudio se genera en entornos digitales”.


Una relación un tanto dudosa

Un estudio elaborado por la Universidad de Navarra pone de manifiesto que cuanto mayor es el tiempo que emplean los jóvenes a los videojuegos, Internet y ver la televisión, su rendimiento en el estudio es menor y, por tanto, obtienen peores notas.El informe mide algo que los profesores ya percibían: el uso de las nuevas tecnologías en casa afectan de forma negativa en las calificaciones escolares de los alumnos.

Los autores han encontrado una relación creciente entre el número de suspensos y las horas que dedica un adolescente al día (entre semana) a las nuevas tecnologías.


Sin embargo, parece que el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, piensa lo contrario y ha apostado por la enseñanza online en detrimento de los libros de texto. El próximo curso, los estudiantes de ciencias y matemáticas en los institutos de California tendrán acceso a textos online. La principal razón por esta apuesta digital es el dinero. El ex actor pretende reducir el gasto anual en mil millones de dólares.


Menos peso en las mochilas

El próximo curso escolar, 33.000 niños de quinto y sexto de Primaria tendrán sus manuales de Lengua, Matemáticas y Conocimiento del Medio fraccionados por trimestres. De esta manera, sólo llevarán a clase el tomo que corresponda. El contenido de los textos será el mismo –al igual que el precio– y su formato no variará.


El objetivo de esta iniciativa es que la espalda de los niños esté más relajada y que el peso no afecte al crecimiento de los alumnos, que podrían llevar hasta dos kilos menos. Los estudios indican que los estudiantes llevan una media de 7,5 kilos en sus carteras, es decir, el 35% de su peso total en lugar del 10% como sería recomendable.


La consejería de Educación de Murcia ha sido la impulsora de esta idea, que ya se ha extendido por el resto de las comunidades. Se cumple así con una de las peticiones que los padres llevaban pidiendo desde hace tiempo. De momento, las editoriales están a la espera de los colegios que los soliciten.


Conclusiones

· Seis de cada diez profesores opinan que la aplicación de las TIC mejorará la calidad de la enseñanza, aunque en ningún caso las consideran como herramientas imprescindibles para realizar su trabajo.


· El 30% del profesorado considera que las nuevas tecnologías son una distracción para el alumnado. El uso de estas herramientas en las aulas ralentiza el ritmo de las clases si se producen fallos técnicos e Internet no siempre ofrece contenidos adecuados.


· Sólo el 10% del profesorado se queja de la poca flexibilidad que les deja el libro de texto, mientras que el 24% reconoce su utilidad a la hora de planificar las clases.


· Más de la mitad de las aulas españolas no tienen ordenadores, sólo el 15% disponen de proyectores y menos del 1% cuenta con los denominados ‘tablet PCs’.


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