7 sept. 2009

Los libros han ganado más guerras que las armas

Los libros han ganado más guerras que las armas
–nos lo repiten los clásicos

biblio

En el año 2005, cuando todavía era senador demócrata, el Presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama, pronunció un discurso ante la Amercian Library Association, Bound to the word, “vinculado a la palabra”, que supone uno de los alegatos políticos más concluyentes y comprometidos en favor de la lectura, la educación pública y las bibliotecas, un análisis perentorio que aboga por una acción concertada y decidida de los poderes públicos para aminorar mediante la educación en la escuela pública, los programas de alfabetización y la promoción de la lectura y el contacto con los libros las desigualdades sociales que están en la base del fracaso o del éxito escolar, del fracaso o el éxito personal y profesional.

El discurso, pronunciado ahora hace algo más de tres años, gira en torno a tres grandes ideas: la promoción de la lectura como eje básico en torno al cual gira el desarrollo integral del ser humano; el papel que las bibliotecas, las escuelas, las familias y el Estado tienen en la consecución de ese objetivo; la caracterización de la biblioteca como espacio de conocimientos y libertades donde debe fraguarse el intelecto crítico de cada lector.

“En los albores del siglo XXI, en el que el conocimiento es, literalmente, poder, en el que abre las puertas a las oportunidades y el éxito, todos tenemos responsabilidades como padres, como bibliotecarios, como educadores, como políticos y como ciudadanos para inculcar en nuestro hijos el amor a la lectura, de manera que podamos darles la oportunidad de cumplir sus sueños. Porque creo que si deseamos proporcionar a nuestros hijos las mejores posibilidades en la vida, si queremos abrirles las puertas a diversas oportunidades mientras son jóvenes y enseñarles las competencias que necesitarán para tener éxito más adelante. La alfabetización es la divisa más fundamental en la economía del conocimiento en la que hoy vivimos. La lectura es la competencia fundamental que hace el resto del aprendizaje posible, desde los problemas complejos con palabras y el significado de nuestra historia hasta los descubrimientos científicos y la excelencia tecnológica. Y, a propósito, es lo que se requiere para hacernos verdaderos ciudadanos, porque es cierto que hay que añadir la dimensión política de la lectura a su dimensión instrumental.”

Un gran momento, decisivo, para los bibliotecarios y las bibliotecas, para los usuarios de las tecnologías digitales, tutores y preceptores informacionales.

En octubre de 2007 se hizo público el acuerdo que la Unesco ha firmado con la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para hacer realidad el proyecto de la Biblioteca Digital Mundial.

El proyecto está concebido bajo los parámetros del libre acceso y su divisa principal, tal como puede visualizarse en los video que ofrecen desde su sitio web, es que ese descomunal repositorio digital que es parte del proyecto La memoria del mundo, sirva para unir a los pueblos, para unir las culturas, el conocimiento y las lenguas.

El suplemento Cultura/s de La Vanguardia del 9 de mayo de 2007, estuvo en parte dedicado a las bibliotecas como espacios para el saber que adquieren formas adaptadas a cada tiempo y cómo su importancia hoy crece porque conecta el conocimiento local con el universal.

Dentro del grupo de artículos, el primero, de Manuel Guerrero, se titulaba “Felicidad en la biblioteca”. El mismo se introducía con estas palabras… “Los retos de la sociedad de la información han situado a las bibliotecas públicas en el centro del debate social… La biblioteca en la era de Internet se renueva como un centro indispensable de saber y de memoria”. Guerrero comentaba que en un contexto donde el soporte papel y el digital van a coexistir de forma pacífica aunque no sin problemas, las cifras hablan a favor de un proceso de crecimiento constante del papel de las bibliotecas como centros relevantes de socialización e integración.

Es interesante considerar de forma paralela, teniendo esto en cuenta, cómo la Nueva Edición o la Edición XXI, va a jugar un papel importante actuando sobre esas redes de redes cada vez más exhaustivas (con tendencia a infinito)… ¿Brindando servicios, bienes y productos? ¿Aportando valor al déficit de atención que afecta a las personas, los profesionales, las organizaciones y las empresas (finito)?

A continuación, otro artículo titulado “La cultura sin Gutenberg”, de Àlex Barnet, en el que se destaca que pasar del modelo papel al modelo digital va a requerir ajustes, pero que en ningún caso son problemas insalvables. En este caso, nos habla de las bibliotecas en línea, de proyectos de digitalización de libros en masa a cargo de Google o de la Biblioteca Europea. Y ha llovido desde mayo de 2007 en ese sentido: Google ha triunfado con su solución y Europeana… bueno, baste señalar que España contribuye –con contenidos en español– con el 1%.

De lo que no hay duda, como afirma Joaquín Rodríguez en su blog Los futuros del libro, es que no ha existido antes en la historia de la humanidad la posibilidad de acceder a la memoria histórica de la humanidad de una manera tan integral. Mediante una nueva aleación hecha de profundo conocimiento de las nuevas tecnologías y plena conciencia de la trascendencia de la cultura escrita tradicional el bibliotecario del siglo XXI debe procurar utilizar tecnologías de código libre, que aseguren la interoperabilidad de todos los sistemas y, por tanto, la localización y recuperación de la información, que debería circular sin cortapisas, al margen de los servicios que los buscadores comerciales puedan proporcionar, porque ninguna dependencia tecnológica ha sido nunca buena. Además, su papel como formadores informacionales y precursores digitales de los jóvenes de la generación google, es indispensable, porque como ponen de manifiesto los estudios más conspicuos sobre el asunto el uso de las nuevas tecnologías no es en absoluto sinónimo de alfabetización informacional suficiente. Por otro lado, los bibliotecarios deberán ser temerosos y cautos conservadores de la cultura escrita impresa en papel, no por mero afán arqueológico, sino porque la lectura en ese soporte genera un tipo de significado enteramente distinto al que se engendra en un soporte digital que favorece una lectura horizontal y fragmentaria muy distinta. Es decir: deberán conservar todos los testimonios de la cultura escrita, allí donde se encuentren, sea cual sea la forma que hayan adoptado, sea cual fuere el soporte en el que se hayan encarnado, porque cada uno de ellos generará un tipo distinto de racionalidad.

Barnet, nos traslada un ideal de mesura que alerta de las “apologías del cambio tecnológico” pero tambén de los “romanticismos excesivos” y que en esta situación podemos pensar que los contenidos culturales, educativos y científicos tendrán una óptima difusión en la red.

Después, Josep Maria Montaner en su artículo titulado “Bibliotecas para estrenar”, se centra en las bibliotecas como espacios arquitectónicos y de su influencia en la vida (sociocultural) de las personas. Nos habla de bibliotecas amplias y estáticas, de las bibliotecas vivas, orgánicas…

Y por último, un artículo de Ferran Mascarell, Ex-Conceller de Cultura del Govern de la Generalitat, que ha sido una persona muy comprometida con la cosa pública de las ciudades a lo largo de los años en que actuó como responsable de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, a quien atribuye precisamente la arquitectura del panorama cultural en general en Catalunya hoy, en la línea que ha venido pensando últimamente, nos habla de las ciudades y sus flujos, y como tales, de la información y el conocimiento y del papel importante que juegan las bibliotecas como meganodos para las ciudades y sus ciudadanos: como a él le gusta llamarlas ”auténticos equipamientos culturales”.

Mascarell apunta que las nuevas bibliootecas materializarán nuevas demandas individuales de expresividad y creatividad y cómo en las próxima décadas se perderá el tradicional sentido del límite que ha caracterizado a las ciudades y se afirmarán las ambivalencias en la construcción de una ciudadanía compartida en un contexto de diversidad cultural creciente. La biblioteca local gestionará en red el conocimiento universal y tendrá el reto de transformar este conocimiento global en sabiduría local (y al revés que los saberes locales formen parte del conocimiento universal)..

…Dentro del movimiento que se conoce como web social (aplicaciones Web que permiten expandir el alcance de las relaciones entre personas), hay sitios generales que permiten también compartir opiniones sobre libros, como Listal y MySpace… Pero también han empezado a surgir sitios dedicados específicamente a las comunicaciones entre lectores. Entre ellos están Goodreads, LibraryThing y Shelfari. Todos estos sitios, gratuitos, basan su modelo de negocio en servir de pasarela para la venta de libros en Amazon o Barnes and Noble

También Ferran Mascarell, en su tiempo como concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, publicó en el diario El País, edición Cataluña, el 7 de noviembre de 2004 “Bibliotecas, creadoras de lectores con opinión”.

Decía… “Los usuarios de bibliotecas no tienen vidas aisladas: sus preferencias y gustos reflejan las preferencias y los gustos que tienen los lectores en este país. Preocupación por el bajo índice de lectura. No es una opinión personal, es el legítimo sentimiento, no sólo patrimonio del sector editorial, que muchos tienen al ver las cifras y los porcentajes de lectores en este país; cifras que, año tras año, constatan una realidad que parece haberse enquistado.

Pese a ser una preocupación lícita, como encomiable es la búsqueda de soluciones, quienes tenemos alguna responsabilidad en la promoción de la lectura -sin duda, un bien de primera necesidad- hemos de poder dejar atrás un escenario, el actual, dominado por un cierto derrotismo y ennegrecido con la tinta de titulares que siempre que se refieren al binomio libros-lectores lo hacen en un tono apocalíptico. ¿Cómo hacerlo? Hablando de los otros, de los miles de personas que sí leen. Sumemos las porciones de felicidad que éstos encuentran en los libros y veamos que la literatura, la palabra escrita, sigue siendo vital para muchos de nosotros.

Hurgar bajo las estadísticas de lectura, materia prima de unos titulares que suelen fijar su atención en el pasotismo lector de adolescentes y jóvenes, permite encontrar curiosidades y realidades que, creo, deben conocerse. Si nos fijamos en la lista de libros más leídos en estas bibliotecas, verdaderas creadoras de opinión, veremos cómo se parece a la lista de libros más vendidos que podemos encontrar en cualquier periódico. Constatamos que las bibliotecas, los usuarios, no tienen vidas aisladas: sus preferencias, sus gustos, reflejan con total claridad las preferencias y los gustos que tienen los lectores en este país. Es más, un libro leído que guste a un usuario es un libro recomendado que se lee o se regala, o ambas cosas.

Una convivencia avanzada se construye y se asegura con la cultura. Son palabras del presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, con las que no puedo estar más de acuerdo. La mejor política cultural es la que construye y fundamenta modos de vivir y de convivir más libres, más democráticos, más creativos, más justos, más inclusivos y más solidarios. Las bibliotecas tienen, en este sentido, un papel decisivo, papel que se ve correspondido con unos equipamientos que poco o nada tienen que ver con la libresca concepción que algunos todavía tienen de ellos; se trata de centros modernos y acogedores que no dejan de sorprender a quien los visita; con personal preparado, fondo actualizado, conexión informática y programas de fomento de la lectura.

Fuente:http://tokland.com/blog/index.php/2009/09/los-libros-han-ganado-mas-guerras-que-las-armas/

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