28 oct. 2009

Antes te quemaban vivo


José Saramago: 'Las cuentas con Dios no son definitivas'

El escritor José Saramago vuelve a ocuparse de la religión en 'Caín', su nueva novela, que se publicará en octubre, en la que redime a su protagonista del asesinato de Abel y señala a Dios "como el autor intelectual al despreciar el sacrificio que Caín le había ofrecido".

Será en Lisboa, en su presentación mundial, donde el Nobel hable por primera vez de su nuevo libro. Pero desde su casa de Lanzarote, donde pasa el verano aunque ya prepara las maletas para volver a Lisboa, ha explicado a Efe a través del correo electrónico que lo que ha querido decir con 'Caín' es que "Dios no es de fiar. ¿Qué diablos de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín?"

Casi veinte años después de su discutido 'El evangelio según Jesucristo', que fue vetado por el Gobierno portugués para competir por el Premio Europeo de Literatura, el Nobel luso hace un irreverente, irónico y mordaz recorrido por diversos pasajes de la Biblia pero no teme que vuelvan a crucificarle.

"Algunos tal vez lo harán -explica Saramago-, pero el espectáculo será menos interesante. El Dios de los cristianos no es ese Jehová. Es más, los católicos no leen el Antiguo Testamento. Si los judíos reaccionan no me sorprenderé. Ya estoy habituado. Pero me resulta difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro".

José Saramago no considera este libro su particular y definitivo ajuste de cuentas con Dios -"las cuentas con Dios no son definitivas", dice-, pero sí con los hombres que lo inventaron.

"Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él", explica el autor.

El dramaturgo niega que la cercanía de la muerte, hace ahora un año debido a su enfermedad, le hiciera pensar más en Dios. "Tengo asumido que Dios no existe, por tanto, no tuve que llamarlo en la gravísima situación en que me encontraba. Y si lo llamara, si de pronto él apareciera, ¿qué tendría que decirle o pedirle, que me prolongase la vida?"

Y continúa Saramago: "Moriremos cuando tengamos que morir. A mí me salvaron los médicos, me salvó Pilar (su esposa y traductora), me salvó el excelente corazón que tengo, a pesar de la edad. Lo demás es literatura, y de la peor".

Fuente:http://www.elmundo.es/elmundo/2009/08/27/cultura/1251370865.html

"Te condenamos a ti, Miguel Servet, a ser atado a una estaca y quemado con todos tus libros hasta reducirte a cenizas"

El 27 de octubre de 1553 murió Miguel Servet en la hoguera, condenado por el gobierno Calvinista de Ginebra. La condena se produjo en estos términos:

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.
Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

Servet, aterrado, suplicó uan muerte menos feroz.
Ardió a fuego lento. (Calvino dijo luego haber intentado que lo decapitasen)

De entonces data una hermoasa frase de Sebastien Castellionsobre este episodio. Desengañado de Calvino -que lo llamó "intrumento escogido de satán"- escribió bajo pseudónimo “De haereticis”, que es el primer tratado conocido contra la persecución religiosa.

Allí dice:

"Matar a un hombre -dijo sobre servet y Calvino- no es defender una doctrina. Es matar a un hombre (...) No se prueba la fe quemando a un hombre, sino haciéndose quemar por ella".


Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, la figura de Miguel Servet se distingue como mártir de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas, cualesquiera que éstas fuesen, en abierto desafío a cualquiera que quisiese coartarla.


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