3 oct. 2009

De la biblioteca que tenemos a la biblioteca que queremos o fases para su transformación en centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje

Por José García Guerrero

Coordinador del Plan para el Desarrollo de las Bibliotecas, Escolares de la Delegación Provincial de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía en Málaga

La biblioteca no es una institución, ni un servicio complementario, ni un departamento, ni trabaja al margen del centro escolar; es un recurso educativo del que todos los centros han de disponer para poder desarrollar el currículo y el proyecto educativo. Por tanto, los servicios y programas que la biblioteca ofrece y articula están vinculados al desarrollo curricular y al plan de trabajo del centro. La naturaleza de la biblioteca es fundamentalmente de índole pedagógica ya que su uso ha de hacerse en el tiempo lectivo para beneficio de todos y como consecuencia de una actividad y una necesidad que emana del proceso de enseñanza/aprendizaje.

Toda la acción de la biblioteca escolar como centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje está encaminada a apoyar, favorecer y enriquecer el desarrollo de la programación docente. En consecuencia, la biblioteca es un recurso subsidiario de la institución educativa. Esto es vital para entender las peculiaridades de las bibliotecas de los centros docentes

La utilización de la biblioteca escolar concierne a todas las áreas, a todas las actividades escolares, a todos los programas en los que está implicado el centro para poder desarrollar su proyecto educativo.

Cuando hablamos de la transformación de las bibliotecas escolares en centros de recursos para la enseñanza y el aprendizaje, nos referimos a un instrumento que apoya la labor docente y el plan de estudios del centro, hablamos de un recurso para la mejora de la intervención en los procesos de enseñanza/aprendizaje que gestiona de manera centralizada la información curricular y cultural y que puede articular y apoyar programas de actuación que atañen al centro en su conjunto y con proyección en la comunidad escolar (programas referidos al conocimiento por alumnos y profesores de los servicios y recursos que la biblioteca ofrece, a la enseñanza de habilidades de información e investigación, al desarrollo de las prácticas lectoras, a la extensión cultural, a la prevención de la exclusión social, a la formación del profesorado...).

La transformación de las bibliotecas escolares tal y como aquí vamos a plantear demanda un cambio en los estilos docentes. También hay que significar que una parte importante de las intervenciones ha de llevarse a efecto fuera del centro educativo. Nos referimos a aquellas intervenciones generadoras de cambios conceptuales y actitudinales que conciernen no solo al profesorado, sino también al cuerpo de inspectores, a los asesores de formación, al personal de la administración educativa en general, a las autoridades locales, a los profesionales de las bibliotecas públicas, etc.

Los centros educativos reciben diariamente una enorme cantidad de material informativo, difícil de asimilar si no se utilizan herramientas y estrategias adecuadas para su tratamiento y difusión en beneficio de la comunidad escolar. Para ello, se hace necesaria la mejora de la red de comunicación entre los miembros de la comunidad educativa, entre los distintos departamentos, ciclos y órganos del centro. Así, el papel de la biblioteca como gestora de la red interna es primordial.

La organización escolar por tanto, necesita que el tratamiento de esta ingente información externa e interna se vea garantizado a través de la biblioteca, que se responsabilizará de su recepción, sistematización y correcta difusión.

Consecuentemente, será la responsable de difundir con claridad la información al alumnado y al profesorado. Y éstos han de habituarse a acceder a la biblioteca como el centro de información por excelencia de la escuela, del instituto. Hay necesidad, y ha de ser una política fundamental del centro, de organizar y distribuir la información sobre los materiales educativos que continuamente

se adquieren o son remitidos por las Consejerías de Educación y múltiples entidades, organismos y organizaciones.

Esta realidad nos impele a que, tanto el profesorado como el alumnado, deban adquirir una cultura de acceso a la información del centro y, por tanto, rutinas de uso de las fuentes del centro donde hallarla (fundamentalmente, en la biblioteca en el caso que nos ocupa); cultura de dominio de acceso y conocimiento de los recursos existentes en el centro para desarrollar el trabajo (consulta de catálogo en línea, de la guía de recursos del centro...) y planificar en función de la disponibilidad

de los materiales; en definitiva, cultura de optimización de los recursos por parte de la comunidad educativa.

La utilización de la biblioteca en un programa sistematizado conlleva una intervención pedagógica basada en recursos que utiliza diversos soportes de la información, focalizando la acción en el

aprendizaje autónomo a través, fundamentalmente, de métodos de proyectos, de proyectos documentales integrados y de proporcionar habilidades informacionales al alumnado.

En la biblioteca el alumnado encontrará diversidad de información actualizada, trabajará con criterios de interdisciplinariedad y con ritmos de aprendizaje diferentes. Pero, es ardua tarea completar el camino de la información a la construcción del conocimiento, ya que este cometido

exige, si cabe, una excelente competencia del profesorado, cuya función estriba fundamentalmente en la de modelar y vehicular el proceso de enseñanza/aprendizaje.

En la biblioteca el profesorado encontrará material, bibliografía y recursos que apoyen su labor en las distintas áreas, en la acción tutorial, en la atención a la diversidad, en su papel de promotor de la lectura, en definitiva, en su autoformación. Por tanto, propiciaría la concreción curricular de las distintas unidades didácticas a través de la selección y la producción de materiales curriculares y procuraría el adecuado uso tanto de los de elaboración propia como de los ajenos. Al utilizarla

adecuadamente el alumnado podrá encontrar una variada oferta de lecturas y de documentos de apoyo para el aprendizaje, que complementen los contenidos del currículo.

Con la biblioteca operativa el alumnado tendrá la posibilidad de acceder libremente a su colección, optar al repertorio de actividades ofertado y beneficiarse de todos sus servicios, tanto en horario lectivo como extraescolar. Entre ellos, los servicios de préstamo, reprografía, edición, lectura en sala, estudio y consulta de materiales en diferentes soportes (informáticos, audiovisuales...), de información y orientación bibliográfica, de información general (música, cultura...), actuando en este caso como punto de información para la comunidad educativa.

Con el fin de completar la intervención del profesorado en el aula desde la biblioteca se pueden articular programas globales de formación del alumnado en habilidades para usar la información presente en distintas fuentes, no sólo electrónicas (diarios, revistas, libros...)

y convertirla en conocimiento relevante.

La articulación de dichos programas contemplarían acciones relativas a:

_ El conocimiento de los recursos bibliotecarios y las posibilidades que ofrecen.

_ El aprendizaje de habilidades y estrategias para investigar e informarse.

_ Las actividades para el complemento y enriquecimiento del trabajo del aula, de área.

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