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30 de nov. de 2009

El valor de enseñar a los niños el poder de los libros


Distintas son las competencias a las que ha sobrevivido el libro, la más fuerte fue la televisión y ahora lo es Internet. Pero todavía se apuesta a la escritura como fuente de conocimiento.

Por los tiempos que corren fuimos perdiendo distintas costumbres con respecto a sociedades anteriores. En nuestros días conformamos una sociedad que ha dejado el hábito de la lectura un poco de lado, no en desuso, pero ya no nos tomamos el tiempo que requiere un libro para ser leído. Así puede ser que los conocimientos nos lleguen mediante otro soporte, como puede ser Internet, mediante las imágenes u otros medios. Afirman diversas teorías que las personas ahora prefieren ser informadas mediante las imágenes y no mediante la palabra escrita.

A continuación brindamos un escrito confeccionado por las señoritas María Teresa Gola, Silvia Leanza, y Karina Martínez, quienes se desempeñan como profesoras del nivel inicial de nuestra educación y trabajan activamente para recuperar en los más pequeños este tipo de valor (la lectura), pero hacerlo desde la misma educación.

Leer en el jardín de infantes

La biblioteca infantil es muchas veces el primer contacto que el niño tiene con los libros y este contacto es fundamental dado que deberá formar en el hábito de buen lector. Este acercamiento favorecerá plenamente el tránsito en el etapa de alfabetización.

Hablar de biblioteca, especialmente de biblioteca infantil, es hablar de un lugar para compartir de un ambiente en el cual todos los chicos puedan concurrir y en el que deseen permanecer.

Resulta necesario construir una nueva mirada acerca de las bibliotecas escolares. Así es que se trabaja con el concepto que ésta es un centro activo de aprendizaje con una participación directa con todos los aspectos del programa de educación, en donde los niños viajan por un nuevo mundo descubriéndolo mediante la exploración de la palabra escrita.

Hablando estrictamente de lo que es la educación, a partir del nivel inicial se trabaja como el primer nexo con las familias, así es que como maestras tenemos la responsabilidad de acercar a nuestros niños y crearles conciencia de que la biblioteca es de todos y para todos.

OBJETIVOS
Debemos pensar que el objetivo que cumple la biblioteca es privilegiar el uso del libro, sobre todo como mensajero, como intercambio de conocimiento y saberes y también como objeto.

Indicamos que también es de suma importancia tener el espacio apropiado para tal fin, ubicado en la institución escolar de fácil acceso a toda la comunidad, contar con el mobiliario conveniente, además de contar con trabajadores profesionales adecuados, atención durante todo el horario escolar y el material bibliográfico adecuado para el nivel en cuestión.

Así es que afirmamos, desde el rol que ejecutamos, que la biblioteca infantil es sin duda un lugar de aprendizajes que brindará a los niños la posibilidad de informarse, divertirse, comprender y hasta soñar.

Mientras se lee con un propósito auténtico, se aprende a leer, porque los textos auténticos (aquellos que perduran en la memoria por muchos años y nos dejan enseñanzas a lo largo de nuestras vidas) permiten a los chicos emplear sus saberes acerca del mundo y de los textos para así obtener significados. De esta manera se transforma en una práctica social.

Existen distintas evidencias para demostrar que las familias que le dan importancia a la lectura, escritura y a la forma de hablar, ofreciendo amplia y calurosas oportunidades para la lectura de cuentos, tienden a crear hijos que desde muy pequeños son niños muy competentes en la lectura. Es fácil imaginar y pensar el deber que tenemos como padres y maestros de acercar a los niños al maravilloso mundo de la imaginación que nos aportan los textos escritos, así los libros nos muestran nuevos horizontes e incentivan a tomar la palabra para participar y construir una sociedad mas justa.

La conclusión a la que llegamos es que el jardín de infantes debe orientar esas prácticas sociales de lectura y escritura con un propósito comunicativo, en la que los niños encuentren razones significativas para continuar transitando en el maravilloso e interminable mundo de la lectura y la palabra escrita. Es por ello que cada biblioteca es necesaria, para que cada libro encuentre su lector.

Fuente:
http://www.tiemposur.com.ar/nota/8421-el-valor-de-enseñar-a-los-niños-el-poder-de-los-libros.html

¿Còmo localizar un libro en la Biblioteca?

Biblioteca Publica

Opiniones sobre el futuro de las bibliotecas

Antonella Broglia y Alfons Cornella, de la consultora Infonomia estuvieron en el Perú entre los días 13 y 23 de noviembre para participar de la Conferencia Anual de Ejecutivos – Cade 2009 y el evento Tendencias 2009 Universidades, organizado por Universia.

Ambos especialistas en el estudio de las innovaciones y el impacto de las nuevas tecnologías en la vida, en la investigación, los negocios y las marcas, accedieron gentilmente a conversar con nosotros sobre el futuro de las bibliotecas, marketing de servicios de información en la economía de lo gratuito, la viabilidad del proyecto de digitalización de libros de Google y la necesidad de reinventar a las bibliotecas.

La entrevista fue pactada por la revista electrónica Biblios y realizada por Cirio el día lunes 23 de noviembre en las instalaciones del Centro Cultural Ccori Wasi de la Universidad Ricardo Palma.





Fuente: http://blog.cirio.info/?p=812

28 de nov. de 2009

Libros del futuro

10 posibles palos en la rueda de los eReaders


Diversos dispositivos de lectura electrónica (e-readers) están llegando o llegarán muy pronto al mercado. Aunque la lectura digital tiene un historial de fracasos, diversas compañías pugnan así por colocar sus ofertas de e-readers en un mercado en el que, según la revista Computerworld, se enfrentan principalmente a ocho obstáculos. Entre ellos, los precios poco competitivos o la competencia de los smartphones. Por todo, a pesar de las ventajas de los e-readers, como poder albergar miles de páginas en su haber, a estos aparatos aún les espera un futuro incierto. Por Yaiza Martínez.

1. El precio de los eReaders: el eReader más barato cuesta actualmente unos 135 euros, aunque se espera que este precio baje hasta los 100 dólares (67 euros) para las navidades del año que viene, y que incluso se quede en 50 dólares (unos 35 euros) en 2015. Lógicamente, esta rebaja, junto con otras mejoras técnicas de los aparatos, provocaría el aumento de las ventas.

Si es cierto que en 2015 un eReader costará 35 euros, ¿dónde se supone que está el problema? Será más caro llevar una tarde a la familia al cine que comprarse un dispositivo de lectura.

2. El precio de los libros digitales. Según Computerworld, muchos libros electrónicos cuestan en su lanzamiento alrededor de 10 dólares (6,73 euros).

Y los hay mucho más caros. No vamos a entrar aquí en el tema del precio, porque da para muchos posts, pero posiblemente el valor añadido que aporten los editores a los libros digitales justifique un sobre precio. Otra cosa es que pretendan vendernos libros digitales sólo un 10% más baratos que en la versión en papel.

3. Los smartphones, teléfonos inteligentes, cuya tecnología de presentación de textos podría llegar a mejorar hasta el punto de que los usuarios no necesiten comprar un dispositivo específico de lectura electrónica.

Por ejemplo, la compañía Verizon ha lanzado recientemente el Droid smartphone, con una pantalla de 10 centímetros con alta resolución que podría competir con los e-readers. Por otro lado, actualmente ya la tienda de aplicaciones Apple suministra libros para descarga y lectura a través del iPhone, de manera gratuita.

En este punto estamos totalmente de acuerdo: los smartphones sí pueden llegar a ser una seria amenaza para los eReaders. De hecho, los libros son la aplicación más descargada en la Apple Store, y las cifras de lectura a través de Stanza son impresionantes.

4. La tablet computer de Apple, un ordenador a medio camino entre ordenador portátil y PDA que podría llegar al mercado a principios de 2010. En ella se podrá escribir a través de una pantalla táctil, pero también leer textos de libros, periódicos y revistas, posiblemente todo en color. Aunque no será de bolsillo, esta computadora ligera permitiría una lectura cómoda que podría hacer olvidar la posibilidad de un eReader.

A pesar de no utilizar tinta electrónica, es cierto que la tablet de Apple se presenta como un serio competidor para todos los eReaders, y eso que su existencia no ha pasado de ser un rumor. Si las previsiones se cumplen, y la rumorología acierta, antes de seis meses la tablet saldrá al mercado, y son muchos los adictos a mac que están deseosos de adquirirla.

5. Los escritores más conocidos. El autor de best-sellers John Grisham, así como J.K. Rowling, autora de las novelas de Harry Potter, ya han prohibido que sus obras aparezcan en versiones digitales, a pesar del éxito obtenido por Dan Brown con la versión digital de su novela El símbolo perdido (Planeta, 2009).

Si los usuarios de la tecnología e-reader no pueden acceder a todos los libros más populares con ella, sin duda el mercado de esta tecnología decaerá, afirman los expertos.

Así es. Sin embargo, tenemos seria dudas de que los autores se mantengan mucho tiempo en su negativa a la digitalización. Dos serán las razones que les harán cambiar de opinión: por una parte, que al estar fuera de catálogo digital, sus libros serán pirateados por aquellos que no desean la versión en papel; por otra, que sus editores se ocuparán de convencerlos cuando vean la porción del pastel que están perdiendo (Money makes the World go arround)

6. Los derechos digitales. Cuanto más crezca el mercado de libros electrónicos, esta cuestión se volverá cada vez más importante, y pueden surgir problemas relacionados con el derecho de copyright de sus autores.

Ya están surgiendo problemas con los derechos de autor. Sin embargo, también es cierto que los editores ya han espabilado y están incorporando la digitalización a todos los nuevos contratos.
Otra historia es la de los derechos por países, un problema para las librerías online, que no pueden vender todos los libros en todas partes. La única solución sería que la contratación de los derechos sea global, es decir, deslocalizada geográficamente.

7. Los contenidos abiertos: si los libros electrónicos están protegidos por diversas leyes de copyright y formatos de publicación electrónica, resulta obvio que los lectores de libros digitales no podrán sustituir su librería física por una digital, al menos de momento.

El problema de los formatos está prácticamente solucionado gracias a dispositivos que lo leen prácticamente todo y a que se aprecia cierta ventaja del ePub frente a MobiPocket.
Lo que puede suponer un problema grave, lejos de ser apreciado por los editores y los autores, es la protección del texto a través de DRM (digital rights management). No se puede poner puertas al campo, señores.

8. Bibliotecas y pequeñas librerías: aunque se cree que el e-reader y los libros digitales pueden potenciar la lectura, también son percibidos por muchos bibliotecarios y libreros con reticencia, por considerar esta tecnología como una amenaza para lo que ellos ofrecen.

Esta afirmación es válida para los libreros, que en su mayoría ven el libro digital como una enorme amenaza, pero no para los bibliotecarios, que llevan años trabajando con catálogos digitales (libros científicos y académicos) y conocen la situación. De hecho, a través de la Fundación Sánchez Ruipérez se ha lanzado el proyecto Territorio e-book, que estudia una fórmula de préstamos bibliotecario de libros digitales.


Por nuestra parte, añadiríamos:

9. La imposibilidad de reproducir color es uno de los problemas más graves que por el momento tienen los eReaders. La tecnología de tinta electrónica que usan los actuales modelos es en blanco y negro, lo que la hace válida únicamente para la lectura de libros basados sólo en el texto.

Probablemente este problema quede subsanado en poco tiempo, pero mientras tanto hará que dispositivos multifunción como la tablet de Apple ganen terreno.

10. La conectividad wi-fi. Aquí queda un largo camino por recorrer, al menos mientras las empresas de telefonía y los fabricantes de dispositivos no lleguen a un acuerdo. Y si hay que echar la culpa a alguien del retraso que supone el no poder hipervincular los textos ni sincronizar lecturas ni bajar libros sin conexión al pc, nosotros la cargamos contra las empresas de telefonía móvil, que no ven negocio suficiente para justificar las tarifas planas y demás medidas necesarias. Así que, de momento, habrá que conformare con la ventaja ofrecida por Kindle.


Algunas ventajas

A pesar de todos estos obstáculos, a los que habría que añadir el amor al papel de aquellas personas a las que les encanta leer, lo cierto es que los e-readers tienen sus ventajas.

La más notable es que en ellos se pueden guardar miles de páginas. Además, no resulta difícil encontrar obras literarias gratuitas en Internet.

Hasta hace muy poco, las pantallas TFT y LCD cansaban los ojos, dificultando la lectura de textos en formato digital. Pero la creación de la eink (tinta electrónica) ha permitido visualizar caracteres en una pantalla con la misma calidad que en papel y resolver el problema de los reflejos y de la inestabilidad de la imagen, lo que ha potenciado el desarrollo de estos dispositivos, cuyo futuro aún está por ver.

Fuente: http://blog.ediciona.com/


Organización del espacio de la biblioteca escolar

ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO DE LA BIBLIOTECA ESCOLAR

26 de nov. de 2009

Más cosas sobre ese soporte en peligro de extinción

Por: Enrique Gallud Jardiel


La vieja biblioteca
La biblioteca más antigua de la que hemos llegado a tener noticia estaba emplazada en la ciudad babilónica de Nippur. En ella, en un templo que data del tercer milenio a. de C., se conservaba gran cantidad obras de letras, escritas en tablillas de arcilla.


El escritor empedernido
La imperiosidad de escribir es algo contra lo que algunas personas no pueden luchar. Hay ejemplos múltiples de autores que han dedicado su vida a su obra, pero muchos de ellos lo han hecho en situaciones favorables, con medios, ayuda y apoyo. Otros, sin embargo, han carecido de los útiles y las condiciones precisos para la creación artística, pese a lo cual no han cejado en su actividad. Tal es el caso de Cesare Cantù (1804-1985), quien escribió su primera novela,Margherita Pusterla, hallándose recluido en una prisión austriaca y sin poseer los elementos necesarios, puesto que los carceleros no le procuraron papel ni pluma. La totalidad del libro está escrita en retazos sueltos de papel de distintos tamaños y calidades. Cantù empleó palillos de dientes para escribir y, como tinta, utilizó una mezcla de agua con hollín que él mismo fabricaba a escondidas.


El fabricante de autores
Entre los casos curiosos de falsificaciones literarias está el del autor italiano Giovanni Annio de Viterbo (1432-1502) quien, por motivos que no son conocidos, escribió una colección de historias de Roma y de comentarios, atribuyéndolos a historiadores desconocidos, cuyos nombres eran reales y figuraban mencionados en otros libros, pero de los que no quedaba en realidad ningún escrito. Tenía tan buena reputación que todo el mundo creyó sus falsificaciones y se citó generalizadamente a los autores que Annio se había inventado.


Libros heréticos
Comúnmente se cree que el aragonés Miguel Servet (1511-1553) fue quemado en la hoguera por defender su teoría de la circulación pulmonar de la sangre, pero esto es totalmente falso. De hecho, esa teoría ya la había expuesto Ibn al-Nafis en el siglo XIII. Lo que provocó el proceso y la condena a Servet fueron sus obras De Trinitatis erroribus [El error de la Trinidad] y Dialogorum de Trinitate [Diálogos de la Trinidad], que atacaban al dogma ortodoxo de la Trinidad y que desagradaron por igual a católicos, protestantes y calvinistas, que le acusaron de hereje.


Lecturas excesivas
La facilidad actual para leer –abundancia de libros, asequibilidad de los mismos, bibliotecas– hace que se lea demasiado, dijo el pensador José Ortega y Gasset (1883-1955). La comodidad de poder leer muchos libros ha acostumbrado al hombre medio a no pensar por su cuenta y a no reconsiderar lo que lee. Según el creador del raciovitalismo, gran cantidad de los problemas actuales radican en que las cabezas medias estás saturadas de ideas automáticamente recibidas desde los libros, entendidas a medias y desvirtuadas. Para luchar de alguna forma contra esta tendencia recalcó la necesidad de que el oficio de bibliotecario no consistiera meramente en la tarea de conservación y clasificación de los libros, sino que ayudara también al lector a encontrar las lecturas que por su formación, profesión o inclinaciones pudiera necesitar y debiera conocer.


La inspiración infalible
El poeta islandés Egill Skallagrimsson (910-980) fue hecho prisionero por su enemigo, el gobernador de York, quien, conociendo su calidad, le exigió que escribiera un magnífico poema en su honor. Le impuso la condición de que, de no completar la obra en el plazo de una noche, a la mañana siguiente sería decapitado. El poeta, ante la muerte inminente, se sintió intensamente motivado e inspirado, por lo que compuso esa noche una gran obra titulada Haefudlansn [El rescate de la cabeza], que efectivamente le salvó la vida.


El santoral de la cultura
Partiendo de la premisa de que las gestas intelectuales tenían un valor muy superior a las de la fe y la religiosidad, varios filósofos positivistas ingleses redactaron en 1892 el llamado The New Calendar of Great Men [Nuevo calendario de los grandes hombres], basándose en las ideas de Auguste Comte (1798-1857). Este libro no era sino un diario santoral, en el que se reemplazaban los nombres de los santos por el de aquellos científicos o artistas que hubieran contribuido al avance de la civilización. De esta manera, Gutemberg, Newton, Leonardo, Mozart o Shakespeare pasaron a ser los patrones protectores de algunos días concretos del año.


El lector adecuado
Es interesante mencionar que los cuentos del danés Hans Christian Andersen (1805-1875) fueron en su día recibidos con críticas muy desfavorables. Sus obras –hoy consideradas clásicas en el mundo de la cuentística mundial– fueron censuradas y criticadas, por considerárselas muy perjudiciales para la mente y, sobre todo, de una temática muy inadecuada para los niños.

La libreria mas linda de Europa o del mundo

25 de nov. de 2009

Cómo encuadernar libros

Me encontre con este video que me pareció muy interesante porque a veces como que no apreciamos el trabajo que hay detras de un objeto cualquiera que sea y si de por si respeto a los libros con este video me enamoro más de ellos, ojalá también les guste.

3000 fotografías para realizar este video, se tardaron dos meses en hacer 35 libros.

El video muestra de principio a fin todo el proceso, desde que se hacen lasilustraciones, se imprimen textos, portadas, cubiertas.

Pero lo que a mi más me gustó es la técnica que tienen para encuadernar los libros, muy buen trabaja son 5:25 minutos que valen la pena ver.





Fuentehttp://colectivomecate.blogspot.com/2009/11/encuadernacion-de-un-libro.html

El señor de la nube


VIDA 3.0 // JUAN VARELA

Autor del blog Periodistas21

Rapidez, simplicidad y seguridad. Es la última gran promesa de Google. Su receta: olvida tu ordenador, los programas, lo que te separa del acceso inmediato a lo que más quieres y usas. El correo electrónico, tus contactos, tus redes sociales, todo está en la web. Por esoofrece Chrome OS, un sistema operativo pensado para internet y diseñado para acabar con la era del PC. Todo está en la nube –cloud computing- y Google ofrece herramientas y espacio. Ahora también te ofrecerá las pestañas para acceder instantáneamente, sin esperas.

Los hiperconectados no tienen paciencia. Quieren todo al instante, son hiperconsumidores. En la vida líquida la velocidad es imprescindible. ¿Cuántos tuiteospierdes mientras el ordenador arranca? ¿Cuántos comentarios sin hacer? Y el ordenadordalequetedale. Tranquilo, aquí está Chrome OS: abre inmediatamente como un navegador y ya estás conectado. No necesitas programas ni actualizaciones. Te olvidas de los aparatos. Accedes a todo lo que quieres y tienes desde cualquier ordenador, móvil… con sólo una conexión a internet. El sueño de los hiperconectados visto por Sergey Brin: un sistema operativo para vivir en la Red. Adiós a la era del PC. Bienvenidos a la era móvil y a la identidad portátil.

¿Podrá Chrome OS con Windows? Muchos creen que no porque hay cosas que no se pueden hacer desde internet. Otros que su base Linux no es robusta. Hay quien duda de la interfaz de la web, siente no disponer de DVD o teme la escasa flexibilidad de un sistema operativo enganchado a internet. Pero Google atisba un nuevo ecosistema donde las aplicaciones –como las que triunfan en los móviles- y el acceso a internet es suficiente. Al menos para muchos en la vida cotidiana. Ordenadores baratos para acceder a la Red y no preocuparse por ellos. Ultraportátiles y los nuevos smartbooks, híbridos de móvil y PC.

Google ha abierto el código de su sistema operativo para atraer a los desarrolladores. Más aplicaciones, más usos = más éxito. Google tiene tus datos y tus contenidos: lo que vale. Su estrategia es convertirse en el señor de la nube –los contenidos alojados en internet- y el streaming –audiovisual sin descargas. Por mantenerse como la puerta de internet lucha con los nuevos aspirantes: las redes sociales. Quien logre más usuarios, más contenidos, retenidos más tiempo, será el ganador de la nueva web. “Un anillo para gobernarlos a todos” o la tormenta perfecta de la convergencia en la vida móvil. El aparato será uncommodity de escaso valor. El valor está en el sistema operativo, que algunos luchan por convertir en personal.

Fuente: http://blogs.publico.es/ciencias/839/el-senor-de-la-nube/

23 de nov. de 2009

Bibliotecas escolares, a capa y espada

Son el verdadero corazón de las escuelas. Ojalá todas estuvieran nutridas y bien equipadas. Para la mayoría de los chicos son la vía privilegiada de apropiarse de las posibles lecturas del mundo. Se impone por eso defender su existencia y calidad.

Por: Angela Pradelli ESCRITORA Y DOCENTE, PREMIO CLARIN DE NOVELA

Muchas veces me he preguntado por una definición posible de biblioteca escolar. Una definición que, como nos enseñó el filósofo Gastón Bachelard, pudiéramos abordar desde una poética del espacio. Cuáles serían las notas para esa definición si la pensáramos como signo; cuál es la intervención de su "cuerpo" en la vida de las escuelas, su articulación con los edificios dentro de los cuales funciona.

Sabemos que Borges se figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca, pero ¿qué imagen construimos de las bibliotecas escolares los alumnos, los docentes, los padres, los escritores, los directores? Cómo observamos a ese organismo que algunos definen como el verdadero corazón de una escuela.

En varios de sus trabajos, el escritor y profesor George Steiner ensaya una hipótesis que resignifica el mito de Babel. Dice Steiner que, lejos de lo que siempre se afirma, la multiplicidad mil veces mayor de lenguas recíprocamente incomprensibles que antaño se hablaron en esta tierra no es una maldición. Steiner afirma que Babel es, por el contrario, una bendición. Y un júbilo. Y que todas y cada una de las lenguas son ventanas abiertas al ser y a la creación.

Tomemos esta idea de Steiner para poder pensar en espejo el concepto de biblioteca. Me refiero a las lenguas no sólo como los idiomas sino sobre todo como la multiplicidad de voces. A los múltiples lenguajes que hay incluso dentro de cada lengua. La biblioteca, que reúne varias lenguas y concentra muchos lenguajes, ¿no es una Babel bendita que nos permiten ver otros mundos a través de las lenguas?

La construcción lingüística dibuja en cada escuela una cartografía que une lenguas. "Llegué de Italia a los 12 años, cuenta el escritor Antonio Dal Masetto, y aprendí el idioma leyendo en una biblioteca de Salto, el pueblo donde habíamos ido a vivir con mis padres. Iba a la biblioteca porque me interesaban los libros. Había leído a Salgari, a Verne. Frente a la circunstancia de cambiar de idioma los libros sirvieron para incursionar en esta nueva lengua. No sé cómo habrán llegado los libros ahí, había de todo. Yo entraba y miraba los estantes y por ahí un título me sonaba, y a lo mejor era un título ilegible para mí, porque era filosofía. Pero me lo llevaba, intentaba, lo devolvía, volvía por otro".

Un chico de 12 años aprendiendo un idioma en el espacio de una biblioteca. Se trata del aprendizaje de una lengua, así que no son sólo palabras sino también matices, música, tonos, silencios. Dal Masetto, que luego será una de los más grandes escritores y hará de la lengua un oficio, aprende a hablar en una biblioteca. Ya no es una madre y un padre los que acercan las palabras sino que son los autores a través de sus libros y ese reemplazo resignifica la escritura.

Por otra parte, ¿alguien puede enseñar a hablar a otro si no lo ama? Si en la transmisión de una lengua siempre está presente el amor como vehículo, habría que pensar que en este relato de Dal Masetto el aporte quizás más importante sea la presencia del amor en quienes dan su palabra a los otros. Tendríamos entonces que pensar la biblioteca en términos de discurso, o mejor, de "fragmentos de un discurso amoroso".

Somos muchos los que, cada vez que entramos en una biblioteca, experimentamos una sensación física. Nada más poner un pie adentro para sentir en el cuerpo una perturbación leve. Aun en el silencio más absoluto se percibe una densidad en la atmósfera y llega a conmovernos. Allí, sobre sus estantes, en una espera que pudo haber sido infinita y jamás cesará, están las historias, las geografías, las religiones, los líderes, los dioses, los mártires, los santos, los dictadores. Cómo no sentir entonces al entrar cierta pesadez en la densidad de la atmósfera. El lenguaje que allí habita supo darle un valor a las palabras. Entrar en una biblioteca es como dar un paso a un vacío insondable, pero allí adentro somos sujetos que se desplazan para internarse siempre en la oscuridad remota y más propia.

Las palabras que allí habitan construyeron subjetividad y seguirán haciéndolo cada vez que alguien las pronuncie. Por eso cada uno de los discursos que habitan las bibliotecas intenta ordenar un cierto caos y espesan el pensamiento. Cómo no perturbarnos al entrar si en definitiva es nuestra interioridad lo que está en juego al contacto con el vigor de esas palabras.

Sobre la fusión de palabra y silencio amalgamados se instala la biblioteca en la escuela y desarrolla su vida en la que, como en un aleph exquisito, se superponen las presencias simultáneas de los escritores de todos los siglos.

Por eso, tal vez, una biblioteca puede ser una oscuridad insondable que al mismo tiempo nos ilumina.

Nos vigilan




Ahí fuera hay un 'Gran Hermano' que lo sabe todo sobre nosotros. Quizá George Orwell tuviera razón.

Nos adentramos en un mundo vigilado y medido. Varios miles de ingenieros, matemáticos e informáticos rastrean y manejan la información que generamos a cada instante. Una llamada con el móvil, un pago con tarjeta de crédito, un 'click' en Internet... datos valiosísimos para un imperio de recopiladores que trabajan para empresas, Gobiernos y partidos políticos. Cientos de miles de ojos pueden adivinar nuestros gustos, nuestras aficiones y hasta nuestras pasiones.

No estamos tan solos como pensamos frente al ordenador. ¿Dónde se encuentra el límite de la privacidad? ¿Hasta qué punto es lícito tener acceso a determinada información? ¿Es posible que hoy alguien no sepa absolutamente nada sobre usted? Stephen Baker, autor del libro 'numerati', publicado en España por Seix Barral, narra en este texto exclusivo para 'El País Semanal' las entrañas de un universo opaco formado por misteriosos personajes que ponen en jaque a legisladores de ambos lados del Atlántico. Los llamados 'numerati' controlan hasta nuestros pasos. Y están dispuestos a escribir el guión de nuestras vidas.

El actor norteamericano Michael J Fox padece de Parkinson. Cuando los investigadores clínicos repasan ahora sus programas de televisión de los noventa, mucho antes de que se le diagnosticase la enfermedad, pueden detectar cambios sutiles en su voz y su forma de andar. El actor, sin quererlo, nos presenta el caso perfecto para poder estudiar su comportamiento, ya que ha pasado gran parte de su vida delante de las cámaras. Pero hoy en día no resulta tan distinto del resto de los mortales. Imprevisiblemente, nos adentramos todos en un mundo vigilado y medido.

Tus datos íntimos son una mina

Ingenieros, matemáticos e informáticos criban la información que producimos en casi todas las situaciones de la vida

Yahoo! captura una media mensual de 2.500 datos sobre sus 250 millones de usuarios

Mientras la economía global flaquea, las posibilidades de los numerati aumentan

Correos electrónicos. documentos digitales. dejamos pistas sobre nuestro desarrollo cognitivo y su declive

En Portland, la ciudad más poblada del Estado de Oregón, tenemos ya una muestra de lo que se nos puede venir encima. Allí, centenares de personas mayores han invitado a Intel Corp, el fabricante de semiconductores, a colocar sensores en sus hogares.

Esta maquinaria realiza mapas de sus movimientos en sus casas y calcula la media de sus pasos. Registra el tono de sus voces y el tiempo que tardan en reconocer a un amigo o pariente al teléfono. Los sensores debajo de sus colchones no sólo toman nota del peso y de sus vueltas en la cama, también de sus paseos al baño. El cepillado de dientes, las visitas a la nevera a medianoche... Todo queda registrado, y todo viaja a través de Internet a los ordenadores de Intel.

Con este acopio de información, los científicos de Intel están desarrollando lo que ellos llaman los puntos de partida de comportamiento de cada hogar. Cualquier desviación de las normas es señal de que algo puede estar fallando. La investigación está en sus albores. Pero, con el tiempo, esperan programar los ordenadores para que sean capaces de reconocer los patrones de las enfermedades desde los primeros estadios de Parkinson o Alzheimer. Confían en que eventualmente se podrán reemplazar enfermeras bien retribuidas mediante artilugios de vigilancia cada vez más baratos -sin mermar la calidad de vida de los pacientes-.

Mientras se desarrolla ese escenario, una nueva casta de profesionales despunta. Éstos no son médicos ni enfermeras, pero sí especialistas en encontrar patrones significativos entre las cada vez mayores montañas de datos digitales. Les llamo los numerati. Son ingenieros, matemáticos, o informáticos, y están cribando toda la información que producimos en casi todas las situaciones de nuestras vidas. Los numerati estudian las páginas web que visitamos, los alimentos que compramos, nuestros desplazamientos con nuestros teléfonos móviles. Para ellos, nuestros registros digitales crean un enorme y complejo laboratorio del comportamiento humano. Tienen las claves para pronosticar los productos o servicios que podríamos comprar, los anuncios de la web en que haremos click, qué enfermedades nos amenazarán en el futuro y hasta si tendremos inclinaciones -basadas puramente en análisis estadísticos- a colocarnos una bomba bajo el abrigo y subir a un autobús. El publicista Dave Morgan es uno de ellos. Desde su empresa Tacoda, ubicada en Nueva York, ha contratado a estadísticos para rastrear nuestras correrías por la Red y predecir nuestros pasos. La misma tarde que conversé con él vendió su empresa por más de 200 millones de dólares.

No es fácil determinar el número total de numerati, pero a un alto nivel existen varios miles de personas que realizan estas tareas. Y están orgullosos de lo que hacen. Creen que sirve para curarnos, para encontrar amigos, para conocer amantes. Muchos de ellos trabajan en universidades y empresas privadas. Intercambian información en congresos y conferencias. Si bien no puede hablarse estrictamente de una especie de mafia matemática, una parte importante de ellos lleva a cabo estas actividades de manera coordinada. Estados Unidos es su tierra prometida. En Europa, en cambio, regulaciones más estrictas dificultan su tarea, sobre todo en países como Alemania y Francia.

Quiero dejar muy claro desde el principio que esta ciencia, basada en la estadística, determina solamente la probabilidad. No puede predecir con certeza el comportamiento de un individuo. Por eso, los numerati empiezan a proliferar en sectores en los que se pueden cometer errores de forma regular sin causarse (o causarnos) problemas. La publicidad y el marketing son sus campos de pruebas, y Google, una compañía que resuelve nuestras búsquedas con escalofriante aproximación en nanosegundos, es el primer emperador del reino.

Llevo meses dando conferencias sobre los numerati por Norteamérica y, cuando describo sus averiguaciones sobre lo que llevamos en nuestros carritos de compra o lo que tenemos en los botiquines de casa, observo que la gente empieza a menearse en sus asientos y a hablar en voz baja con los de al lado. Les preocupa el asalto a la privacidad y les alarma saber que Yahoo! captura una media mensual de 2.500 datos sobre cada uno de sus 250 millones de usuarios. Al final de las conferencias, alguien suele preguntar si podemos hacer algo para protegernos de los inquisitivos numerati.

Esta creciente preocupación está empujando a políticos y legisladores a ambos lados del Atlántico para poner freno a una forma de marketing por Internet conocida como targeting del comportamiento. Están implicadas compañías como Yahoo! y Google y cientos de pequeñas empresas de publicidad. Llegan a acuerdos con editores, incluyendo los principales periódicos y revistas, para colocar a cada visitante un código informático identificador conocido como una cookie (galleta). Esto les permite seguir muchos de nuestros movimientos por la web. La mayoría de estas compañías ni siquiera se molestan en conseguir nuestros nombres y direcciones (seguramente eso les daría problemas con las autoridades de protección de datos). Nuestros patrones de navegación les son suficientes. Un madrileño que lee un artículo sobre París y consulta los precios sobre un tinto de Burdeos tendrá más probabilidades que los demás usuarios, según decide un programa automatizado, de hacer click en un anuncio de Air France. Así que le colocan uno mientras navega por la Red.

Aquellos preocupados con la privacidad pueden borrar las cookies de forma periódica, o incluso dar instrucciones a su ordenador de que no las acepte. Al hacer esto, están optando a no ser tratados como una persona conocida, sino como un punto negro intercambiable. Eso es lo que millones de nosotros hemos sido durante décadas en centros comerciales y supermercados y en las aceras de las grandes ciudades: virtualmente indistinguibles de los demás. Muchos lo asociamos con la privacidad.

Sin embargo, no todo el mundo comparte la misma opinión. Ni de lejos. Sentados uno al lado del otro entre el público, algunos están tan preocupados con la privacidad, que juran "salirse de la pantalla". Pero hay muchos otros que publican los detalles más íntimos de sus vidas en Facebook, MySpace, Tuenti y en las ráfagas de 140 caracteres de Twitter. Mucha de esta gente no tiene inconveniente en contestar encuestas en sitios web de libros, cine o citas. Quieren sistemas automatizados que les conozcan mejor para poder recibir un servicio personalizado o ampliar sus conocimientos de obras de creadores que les son desconocidos.

Hay un foso divisorio entre aquellos que quieren que las máquinas estén informadas y sean inteligentes y los que prefieren que se queden en la oscuridad. Así que la línea divisoria sobre privacidad no es entre los numerati y el resto de la humanidad; existe (y se hace cada vez más ancha) entre las personas que tienen diferente opinión sobre ese tratamiento de la acumulación de datos personales. Como sociedades, no tenemos claro todavía qué papel deben tener las máquinas que cada vez más van a ayudar a gestionar nuestras vidas.

También hay algo evidente. Las cantidades de datos digitales que producimos continuarán creciendo exponencialmente. Y si está usted preocupado con la publicidad que estudia su conducta cuando navega por la Red, ya está viviendo un adelanto de lo que se nos viene encima. Veamos Sense Networks. Es una pequeña y joven compañía startup en Nueva York que estudia los senderos que vamos dibujando mientras nos movemos con nuestros teléfonos móviles. En los ordenadores de Sense, cada uno de los millones de personas que rastrean no es más que un puntito parpadeante en un mapa.

Pero los científicos de Sense pueden estudiar esos puntos y sacar toda clase de información sobre esas personas. Si el punto se pasa muchas noches en el mismo barrio, Sense puede (cruzando datos del censo) calcular sus ingresos o el valor medio de su vivienda. Los puntos que pausan en paradas regulares camino del trabajo son usuarios de trenes de cercanías. Es fácil ver los que van de copas por la noche. Los que juegan al golf, los que van a la iglesia, los que duermen en distintos sitios, todos están fichados por los datos.

Esto es sólo el comienzo. Mientras el sistema de Sense sigue los movimientos de los puntos, empieza a reconocer patrones similares. Asigna a cada grupo o tribu su propio tono de color. No es posible siempre definir estas tribus, porque los patrones son seleccionados por el ordenador, no por personas. Pero ahora las tribus trascienden los tradicionales segmentos demográficos con los que se han guiado los profesionales del marketing durante décadas. En el esquema de Sense, dos gemelos idénticos podrían tener puntos de colores distintos. Después de todo, conductas similares pueden ser más determinantes que las mismas edades o el color de piel.

¿Por qué centrarse en todos estos puntos? Supongamos que un cervecero monta una promoción exitosa en los barrios madrileños de Moncloa y Argüelles. Mirando uno de los mapas de Sense, la compañía podría rápidamente ampliar la campaña a otros barrios que estén parpadeando con los mismos puntos. O podría anunciar la promoción en líneas de autobuses que llevan viajeros del mismo colorín. Los políticos, que empiezan a usar técnicas de análisis complejos de datos para llegar a los votantes potenciales, podrían estudiar los sombreados de los puntos en sus mítines. Luego podrían buscar grupúsculos de esas mismas tribus en otro pueblo o ciudad. Un partido centrista podría encontrar que personas en barrios que habían descartado como socialistas o nacionalistas podrían mostrarse receptivas a su mensaje.

El estudio de los movimientos de las personas a través de sus teléfonos móviles es sólo el principio. Con terminales cada vez más sofisticados, entregamos más y más información sobre nuestro comportamiento a los numerati. A través de nuestras búsquedas en el móvil, los anunciantes, por ejemplo, pueden empezar a estudiar cuándo y dónde nos entran el estímulo para ir de compras o las ganas de cenar en un buen restaurante. Nokia contempla analizar a la gente a través de los sitios desde los que envían fotos. ¿Qué puede inferir una compañía sobre los que hacen fotos del palacio de Buckingham o del puente de Londres? No lo sabrán hasta que no estrujen los datos.

Al mismo tiempo que muchos se rebotan por la noción de ser seguidos a través de un punto coloreado, a otros les gusta. En febrero, Google lanzó su programa Latitude en 27 países. La aplicación permite que la gente con terminales de gama alta comparta datos de localización con sus amigos -y con Google-. En pocos meses, más de 25 millones de personas se han bajado la aplicación móvil de Facebook. Ésta permite que la compañía de redes sociales, que ya almacena un inmenso tesoro de información personal, estudie los movimientos y patrones de comportamiento de una comunidad grande y creciente.

Mientras la economía global flaquea, las posibilidades de los numerati aumentan. Sus esfuerzos para ser capaces de refinar las búsquedas de los consumidores potenciales conllevan la promesa de eficiencia y menores costes. En ningún sitio es esto más evidente que en el lugar de trabajo, donde las empresas pueden escudriñar los patrones de tecleos y de búsquedas en la web. En San Francisco, Cataphora ha desarrollado un método para evaluar a los trabajadores basándose en sus correos electrónicos. Aquellos cuyas frases son reenviadas más a menudo a los demás son valorados como "generadores de ideas". Y aquellos que transmiten estas perlas reciben buena nota como "trabajadores sociables".

En un diagrama que Cataphora preparó para una compañía de Internet, cada trabajador es representado por un disco de color. Los discos grandes y de colores oscuros son considerados activos y eficaces. ¿Y los pequeños y claritos? Puede que sean los primeros que se tengan en cuenta para un ERE.

El sistema de Cataphora es primitivo, y los directivos que se guíen a ciegas por él sin duda merecen sus propios pequeños discos claros. Al fin y al cabo, los mensajes más reenviados podrían ser chistes verdes o chascarrillos de la oficina. Estoy convencido de que la cuantificación del trabajador en su puesto está a la vuelta de la esquina. Los gerentes cada vez tendrán más en cuenta sus conclusiones. Y las técnicas se harán cada vez más sofisticadas.

Los investigadores del Massachusetts Institute of Technology e IBM, un referente en análisis del lugar de trabajo, estudiaron recientemente las redes sociales de varios miles de consultores de tecnología de IBM. Se dieron cuenta de que los trabajadores que mantenían mucha actividad de correo electrónico con uno solo de sus superiores traían alrededor de 1.000 dólares más de ingresos al mes que la media; aquellos con una actividad menor, pero mantenida con más de un superior, tenían peores resultados, 88 dólares menos al mes de media. Estas conclusiones no sorprenden. Pero mientras nosotros los trabajadores producimos más datos, las máquinas van a desarrollar unos análisis cada vez más precisos.

No es que los numerati no tengan que asumir grandes retos. Gran parte de los estudios sobre los empleados de IBM están basados en los mismos algoritmos que la compañía usa para mejorar las cadenas de suministro de componentes para sus clientes industriales. Pero los humanos somos distintos de las piezas de maquinaria en cosas importantes. Aprendemos, cambiamos y conspiramos cuando están en riesgo nuestros intereses. Y somos expertos en manipular los mismos sistemas diseñados para vigilarnos y controlarnos.

Para enfrentarse a esta complejidad, los numerati en IBM trabajan con equipos de antropólogos, psicólogos y lingüistas. Su objetivo es colocar a cada trabajador en la función correcta en el momento justo, con sólo el mínimo entrenamiento necesario y rodeado de colegas que lo apoyen para ser tan productivo como sea humanamente posible. Aunque suena un poco tétrico, tiene su lado positivo. Los estudios no dejan lugar a dudas de que los trabajadores de la información más felices son más productivos y se les ocurren mejores ideas. Así que algunas de las premisas para mejorar la satisfacción en el empleo tendrán que encontrar sitio en estos algoritmos de productividad.

Mientras estudiaba los distintos laboratorios de los numerati, llegué a la conclusión de que en algunas áreas, su metodología nos viene impuesta. En la oficina, claramente, muchos de nosotros vamos a ser humildes siervos de los datos. Pero en otros apartados, como citas online, mantendremos el control. Podemos decidir si queremos mandarles nuestros datos (e incluso calibrar cómo de ciertos queremos que sean).

Para un experimento, mi esposa y yo nos apuntamos a un servicio de citas online llamado Chemistry.com. Queríamos ver si podríamos dar el uno con el otro a través de los algoritmos supuestamente avanzados de la compañía. Contestamos a docenas de preguntas íntimas e intrusivas porque teníamos interés en que la máquina tuviese información veraz nuestra y que nos conociese mejor. Al final, la ruta para encontrarnos nos hizo vivir algunas aventuras incómodas (y admito que no me gustaron nada algunos pretendientes que las matemáticas seleccionaron para mi mujer). No obstante, durante todo el proceso, dimos detalles para nuestros propios fines. Nosotros éramos los dueños de los datos.

Pero me gustaría añadir otra nota inquietante sobre aquellos hogares vigilados de Portland. Casi todo lo que hacemos -si se estudia con minuciosidad- da pistas sobre lo que ocurre en nuestras mentes. Me lo cuentan muchos investigadores. Cuando analizan los cambios en la rutina de las pisadas sobre el suelo de la cocina o el grado de seguimiento de un tratamiento médico añaden: "Esto también nos da una buena lectura cognitiva". Es una especie de dos por uno. Analiza cualquier conducta y obtienes lo que pasa en el cerebro de propina.

Y a mí, hay algo que me da verdadero miedo: se pueden sacar las mismas conclusiones analizando las palabras que escribimos.

La novelista británica Iris Murdoch padeció Alzheimer hasta su muerte en 1999. Años después, los investigadores vieron que el vocabulario de sus escritos empezó a perder su riqueza y complejidad más de una década antes de que se le diagnosticase la enfermedad. Supongo que ya pueden ir comparando estas palabras que están leyendo ahora mismo con mis escritos de los ochenta y noventa y, quizá, llegar a conclusiones parecidas sobre mí. Semana tras semana, todos nosotros agregamos correos electrónicos y otros documentos a nuestros archivos digitales; estamos dejando pistas para que se pueda investigar nuestro desarrollo cognitivo. O su declive.

Tal vez algunos quieran estar informados (tengo claro que yo, desde luego, no). Pero pongamos que le llega una oferta en el correo. ¿Permitiría que le colocasen monitores en casa por, digamos, una reducción de 100 euros al mes en el seguro de salud o en sus impuestos? ¿Y si fueran 500? Con mayor frecuencia vamos a tener que enfrentarnos a estas preguntas. Apuesto a que inicialmente muchos aceptaremos un ojo electrónico para "supervisar" a aquellos de los que nos sentimos responsables. Sí, un sensor para que nos diga cuándo la abuela de 90 años se pasa el día en la cama puede tener sentido... Y las cajas negras que las aseguradoras están probando para medir patrones de tráfico y bloquear el encendido si detectan alcohol o drogas podrán hacer que un conductor novel de 18 años siga vivo (o cuando menos, bajar el coste del seguro).

Por tanto, si la vigilancia tiene sentido para jóvenes y mayores, no pasará mucho tiempo hasta que nos encontremos rodeados de sensores. Nos espiaremos a nosotros mismos y mandaremos informes digitales. De hecho, el proceso ya está bastante avanzado. Mire todas esas cámaras de seguridad que llevan años en nuestras calles y edificios. Para los numerati, ya estamos entregando las películas de nuestras mundanas vidas en sus laboratorios, cada día con mayor detalle.

Traducción de Antonio Sanz Domingo. 'Numerati', el libro de Stephen Baker, está publicado en España por Seix Barral.
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22 de nov. de 2009

Yo soy lector digital

Ebook.
E-book. Los lectores de libros electrónicos desmontan los prejuicios nostálgicos y sentimentales de quienes todavía defienden el papel frente a esta nueva tecnología


Por: PAULA CORROTO

Papá, prefiero el e-book al libro en papel. Es más cómodo, porque no tengo que pasar las páginas. Eso es un rollo". La hija de ocho años de Peter Brantley, fundador de la organización Open Book Alliance, estaba muy segura de lo que decía cuando su padre le dio a elegir entre el formato electrónico y el convencional. Para ella, el sentimentalismo del olor, del acto de pasar las páginas o de leer en papel no tenía ningún sentido.

Sin embargo, no hay que echar la mirada a la generación más joven para encontrarse con usuarios de e-books. En España, cada vez más adultos que podrían encuadrarse en esageneración papel nostálgica de unos determinados olores, cubiertas y formas, se han lanzado a la lectura de e-books. Las cifras de ventas, según portales como Dosdoce.com, están ya entre 3.000 y 5.000 soportes al mes (a junio de 2009).

Es cierto que la gran mayoría de estos lectores pertenecen a sectores profesionales ligados al mundo de las letras, tales como editores, escritores y profesores. También es cierto que los contenidos en castellano aún son de dominio público El Quijote, La Celestina y que no hay novedades. Los soportes siguen siendo caros y aún hay mucho por mejorar, como el color. Pero estos lectores son los primeros conejillos de Indias en nuestro país. Y nos han contado su experiencia.

Evolución natural

Laura Borràs es profesora de Lengua y Literatura Comparada en la Universitat de Barcelona. Lee e-books desde el año 2000, cuando montó un grupo de investigación en la facultad. Ya va por su tercer libro electrónico, un Iliad en el que puede subrayar y escribir, y donde tiene guardados 585 títulos. Cree que la llegada del e-book es un proceso tan natural como el que supuso el paso de la transmisión oral al papel, del pergamino al papiro y del rollo al códice.

"No hay diferencia, en e-book, El Quijote sigue siendo El Quijote"

"En realidad, el libro en papel como lo conocemos no llegó hasta la Ilustración. Los párrafos, los puntos y las comas nos parecen de toda la vida, pero tampoco es así", asegura Borràs. Además, hay un factor esencial que no se debe olvidar: "Es cierto que el e-reader no te permite pasar las páginas como en el libro de papel, pero El Quijote sigue siendo El Quijote".

El fotógrafo navarro Jesús Caso, de 47 años, lleva casi un año con su Iliad, donde guarda 20 títulos. Es un lector habitual. Lee entre 20 y 30 libros al año. Su llegada al e-book fue "por curiosidad", y desde entonces dice que no ha tenido ningún problema con la adaptación al nuevo formato. "Es lo mismo que ocurrió con las cámaras de fotos. Recuerdo que en 2002 los fotógrafos trabajábamos con carrete y todo el mundo anteponía la calidad del carrete al digital. Hoy prácticamente todos trabajamos con cámaras digitales", señala.

Sin daño a la vista

"Los ensayos y libros técnicos tienen mayor aceptación"

Neus Arqués, escritora y experta en marketing por Internet, tiene un Kindle desde agosto de 2008. Lo compró en EEUU, ya que en España no estaba a la venta en esas fechas. Tiene 12 títulos. Para ella, "la lectura de un e-book todavía se parece mucho a la que se hace en la pantalla de un ordenador".

Arqués cree que eso cambiará cuando lleguen al mercado, y a precios más bajos, los e-readers en los que "se pueda subrayar y que tengan otras aplicaciones como la música". Eso sí, reconoce sus aciertos: el lector puede cambiar el cuerpo de la letra y hacerlo más grande o más pequeño. De cualquier forma, para Arqués, el formato no tendrá un uso generalizado por un tiempo: "Los ensayos y libros técnicos tienen una mayor aceptación en el e-book, pero la novela se seguirá leyendo bastante en papel".

¿Molestias, efectos secundarios? La profesora Laura Borràs sostiene que la tinta electrónica de los e-readers no daña la vista. "Te molesta igual que si llevas horas leyendo un libro en papel". También ella corta por lo sano la nostalgia de pasar la página. "Cuando es en papel biblia tampoco es muy cómodo", apostilla. Borràs, que en 1996 defendió una tesis sobre la locura en la Edad Media, cuenta cómo se pasó meses de biblioteca en biblioteca revisando manuscritos. "El papel se degrada, se estropea y huele mal. Evidentemente falta una familiarización, pero creo que se están exagerando los discursos con el tema del tacto o del olor".

Cambio en la lectura

Para Neus Arqués, la lectura del e-book es diferente a la que se hace en papel: "Los ojos escanean y vas buscando la información que te interesa". Laura Borràs también cree que son dos formatos distintos. Según ella, la pantalla todavía provoca un cambio en la percepción de los textos. "Por eso, los documentos largos de los ordenadores se imprimen", mantiene. Sin embargo, insiste en que "un e-book no es un ordenador. Es un libro. Otra cosa es la literatura digital con hipertextos y enlaces, con música y ruidos. Eso es algo que se está dando en la Red, pero todavía no en los e-books".

De aquí para allá

Uno de los fallos es que no se aprecia cuánto queda para el final del libro

Pero la gran ventaja es, sin duda, poder llevarlo de aquí para allá. El soporte permite transportar una buena cantidad de libros sin doblarse la espalda. Para los editores Angel María Herrera, de Bubok.com, y Claudio López Lamadrid, de Mondadori, ha supuesto todo un alivio. "Antes llevaba carpetas con 500 folios y ahora en un dispositivo que pesa entre 200 y 300 gramos llevo unos 70 manuscritos. Creo que para mi trabajo es una herramienta fundamental", comenta López Lamadrid, que trabaja con su Sony Reader desde hace año y medio.

Entre el sol y el agua

Laura Borràs destrona el prejuicio de no leer un e-book en lugares como la playa. Durante sus vacaciones de este verano en Mallorca leyó toda la saga de Millenniun sin cargar los tres tomos. Más de dos mil páginas en un minúsculo aparato entre arena, sol y agua. El fotógrafo Jesús Caso también cuenta que lleva sus e-books a todas partes. Ha perdido la vergüenza del principio: "Creo que estamos como cuando apareció el móvil a finales de los noventa. Muchos renegábamos de él y nos daba vergüenza tenerlo, pero ahora no podemos vivir sin él. No hago un viaje sin mis e-book".

La última página

Sin embargo, no todo son ventajas. Los lectores de e-books todavía ven algunos fallos como la apreciación global de todo el contenido del libro. "Cuando te estás leyendo una novela policiaca y estás llegando al final, sabes que la resolución está cerca. Sin embargo, con el e-book, aunque haya una señalización numérica, no aprecias tanto por dónde vas", reconoce el editor López Lamadrid.

El librero sobrevive

Todos estos lectores aseguran que no van a dejar de acudir a las librerías. La escritora Neus Arqués cree que, ante la "gran oferta que va a haber ahora de contenidos digitales, los consejos van a ser muy necesarios. Y habrá muchos usuarios que quieran imprimirse en la librería el libro que se han descargado".

Laura Borràs asegura, por su parte, que "la bibliomanía no va a desaparecer, aunque quizá la relación con el papel sea más fetichista", asegura Laura Borràs. Eso sí, de momento no lo han dejado. Jesús Caso lo tiene claro: "Ahora estoy leyendo El símbolo perdido, de Dan Brown en papel".

Fuente: http://www.publico.es/ciencias/269777/lector/digital

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