22 sept. 2010

Diez consejos para desarrollar las bibliotecas escolares, en la voz de una experta


La mexicana Claudia Gabriela Nájera, que trabaja desde hace 25 años en el área de bibliotecas, plantea claves para poner en marcha ese espacio de lectura.


Claudia Gabriela Nájera era coordinadora estatal del Programa Nacional de Lectura en su país, México, cuando decidió irse a crear la biblioteca de una escuela oficial de 300 alumnos en una zona de bajos recursos en Chihuahua.

Quería saber de primera mano si lo que se recomendaba desde arriba, desde los programas estatales, podía ponerse en práctica en un sitio de esas características, considerado, además, como problemático. Era un reto que le interesaba, después de veinticinco años de experiencia en el sector educativo.

Al tiempo que daba vida a la biblioteca, Claudia llevó un diario detallado de este proceso que luego publicó en un libro titulado '... pero no imposible. Bitácora de la transformación de una biblioteca escolar y su entorno', publicado por la Editorial Océano.

La experta estuvo la semana pasada en Colombia, dictando charlas en Bogotá y Medellín. En sus primeras palabras aclara que no es bibliotecaria de profesión, sino maestra. Pero lo es de corazón.
¿Cuáles considera ella que son los pasos por seguir si se pretende dar vida a una biblioteca escolar? Esto es lo que recomienda:

1. Ofrecer un espacio. Gestionar un lugar, si la escuela no lo tiene. Por lo general, en las escuelas no existe un espacio de lectura libre y voluntaria, que sea diferente a las aulas. Ese lugar hay que crearlo.

2. Lo siguiente es dar de leer. Tener libros y darles a conocer a los estudiantes y profesores lo que hay. No tiene que empezarse con muchos textos (eso depende de los recursos de la biblioteca), pero algunos libros no pueden faltar, entre ellos, diccionarios, libros de historia del país, de salud y de literatura clásica.

3. Organizar el material con el que se cuenta. Hay sistemas universales de clasificación de libros. El sistema escolar los divide en informativos y literarios, pero es bueno abrirse a otras opciones, como clasificarlos según los intereses de los lectores. Lo importante es que tanto estudiantes como bibliotecario sepan cómo están organizados, de manera que puedan encontrarlos y que el acceso al material no dependa solo de la persona encargada. "En mi caso, la biblioteca es de estantería abierta y cada niño puede tomar el libro que le interese".

4. Entablar un diálogo con los profesores y convencerlos de la importancia que tiene la lectura en la formación de sus alumnos. "Un profesor lector genera alumnos lectores". Es un proceso lento y difícil.

"Los profesores tienen la creencia de que la biblioteca escolar cumple una función similar a una clase de música o deportes y descansan su responsabilidad del tema de la lectura sobre el bibliotecario -dice Nájera-. Pero la biblioteca es un centro de recursos y el bibliotecario no es otro profesor que dé clases".

El asunto es crear proyectos y actividades en conjunto y que el profesor sienta la biblioteca realmente como un apoyo.

5. Que todos los días haya al menos un acto de lectura emanado de la biblioteca. Mejor si es lectura en voz alta. "Es muy económica, porque no requiere más que un libro, y puede tocar a muchas personas al mismo tiempo".

Además, tiene la ventaja de que libera al lector inexperto (en los años de aprendizaje de lectura, por ejemplo) de ese deletreo que puede hacer más demorada la conexión con una historia entretenida.
"Uno presta la voz para que el niño no se enrede en el proceso de descifrar y genera un vínculo afectivo, porque uno lee en voz alta lo que le gusta. Es como un regalo", dice la experta.

6. Aprovechar el recreo. "Ese tiempo es increíble. Es en el que los muchachos realmente tienen la posibilidad de ir y leer lo que quieren y como quieren. No es algo obligatorio, claro. Pero ya verán cómo corren a terminar su comida para entrar". Durante esos minutos, ella programa actividades diferentes de lectura, música y video.

7. Las nuevas tecnologías son aliadas y no hay que poner a rivalizar a los libros con los computadores y la Internet. Es clave contar con recursos digitales, pero una vez que se tienen, no dejarlos a la deriva, sino acompañar a los lectores a que aprendan a leer en la red. "Contrario a lo que muchos opinan, leer en Internet también es leer", afirma.

8. Los padres de familia son parte importante y es conveniente involucrarlos con la biblioteca. Nájera lleva a cabo con ellos un programa que se llama "lectura en el hogar" con gran acogida. Los papás van a la biblioteca y llevan libros en préstamo a sus casas.

9. Crear un vínculo entre la biblioteca y los lectores. Que sea un lugar donde convivan todos, sin diferencias de edad, sexo o nivel social.
"La biblioteca escolar es un ejercicio de convivencia tranquila -dice Claudia-. Allá me olvido de que soy profesora y establezco con los estudiantes una relación de confianza, obviamente dentro del respeto mutuo".

10. Bibliotecario y la escuela deben gestionar lo que necesiten en particular, libros, mobiliario, lugar. Si requieren libros, puede ser por medio de donaciones de editoriales o ayuda de fundaciones, por ejemplo. Funciona tener un comité de biblioteca -director o directora, profesores, padres de familia y el bibliotecario- que decidan sobre la búsqueda de fondos y los temas urgentes por tratar.

Y un bono: la biblioteca escolar no es un proyecto personal del bibliotecario, sino el proyecto de la escuela. Y que la responsabilidad es con todos los alumnos.


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