25 nov. 2010

La tecnología es su primera lengua

Por: Natalia Estefanía Botero


Manuel Saldarriaga | Tomás Arango tiene un TV y una consola de videojuego en su cuarto y juega con su papá. Le encantan los juegos de Mario Bros, su personaje predilecto, a pesar de que este popular plomero tiene más de 25 años de existir en el mundo del entretenimiento. Su hermana, María Antonia es un poco más tímida y aún no toma el control pero le encanta ver jugar a su hermano.


LOS NATIVOS digitales no necesitan de manual de instrucciones. Ellos construyen su propio conocimiento. Un reto para la educación.


Ellos vienen con el chip incorporado, suele decirse. Y desde ese punto de vista, parece coherente que Tomás Arango Gallego, un pequeño de apenas cuatro años, coja el control del Wii y encuentre la lógica del juego, con naturalidad.

O que le pida el iPhone a su mamá, Patricia, para encontrar el juego de carros. "Yo no los dejo chocar", dice mientras no despega su pulgar de la pantalla.

Lo que sí resulta sorprendente es que, con propiedad y absoluta convicción, le diga a sus padres e invitados, "así no es", cuando ve a un adulto hacer alguna torpeza con un control, a quienes un par de botones los vuelven locos.

"Ellos usan la tecnología como su primera lengua", dice Wally Sabria, director creativo de la agencia Shandwick, quien participó en el encuentro de Ciudades Digitales que culminó el viernes.

Ellos, los llamados nativos digitales, acuden a Google como su biblioteca, añade, y andan con un dispositivo como su interfaz natural para acceder al mundo.

Venden su "marca personal" en redes sociales y por ello no hay que censurarles la posibilidad de portar un gadget o acceder a internet. "Hay que abrirse (de mente) y darles el poder".

Así son
Georgia Kalkanis, directora de Desarrollo Educativo para la región de Promethean, dice que ellos aprenden distinto. "Son más intuitivos". No tienen el miedo que tienen los adultos de romper, rajar o experimentar y explorar. "Construyen su propio conocimiento". Así, cuando quieren saber algo, solo entran a internet.

Por ello requieren herramientas diferentes como son, entre otras, las pizarras digitales, que les permiten acceder a la web y conectarse con otras aulas en el mundo.

Esta particular manera de aprender se debe a que ellos "no son lineales ni secuenciales; son atomizados" agrega el sicólogo y especialista en neuromarketing, Ricardo Franco. Lo que sucede es que la explosión mediática les pone múltiples retos: hablar con varias personas a la vez, leer solo lo que les llame la atención o hacer muchas cosas al mismo tiempo. Sí, son multitarea.

Con ello, no solo el modelo educativo tiene que cambiar. Sino, quizá, los lugares donde trabajen, pues cuando ingresen a una compañía, tal vez "no estarán diseñados para sentarse de 8:00 a.m. a 6:00 p.m.", agrega Ricardo. Tendrán horarios nocturnos o trabajarán desde casa. Y quizá, no soporten quedarse por mucho tiempo. Responden a múltiples estímulos.

Y aunque parece que no ponen atención a nada, todo lo resumen en emoticones y viven a una velocidad mayor, en realidad siguen siendo tan singulares como humanos solo que tamizan su experiencia por un filtro muy digital.

Más allá de los nativos, están los inmigrantes
Erika Jaillier, autora del libro Internet: ¿alternativa de socialización para los jóvenes en Colombia?, dice que son nativos "no solo los que nacen con cierto tipo de tecnología, sino quienes además la usan y tienen unas competencias para hacerlo". Convendría hablar mejor de screenagers, como se le conoce a los "chicos de las pantallas", que incluyen las generaciones que crecieron con la TV o el PC. Ellos podrían ser nativos de una tecnología y nómadas de otra. Incluso, pueden "convertirse en colonos digitales, acogiendo el término del teórico Alejandro Piscitelli (aunque él no lo explica en estos términos)". Lo que significa que adquieren las capacidades para vivir en cada era.

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