30 dic. 2010

El futuro de las bibliotecas

Por: Juan Ramón Giner   


Durante unos días, se ha reunido en Santiago de Compostela un grupo de especialistas para hablar sobre las bibliotecas del futuro. La aparición del libro digital ha inaugurado un periodo de inquietud en estas instituciones. 


¿Cómo serán las bibliotecas del futuro? Cincuenta años atrás, estas predicciones podían hacerse con relativa seguridad, a poco que uno estuviera impuesto en el asunto. Las cosas avanzaban con lentitud, y cualquier cambio de rumbo podía preverse con antelación. El mundo marcha hoy deprisa y los vaticinios se han vuelto difíciles; no resulta fácil encontrar un lugar donde apoyarnos para atisbar el porvenir. Quien más, quien menos, todos nos sentimos desbordados por la tecnología; lo que anteayer pensábamos que era eterno, ha quedado arrinconado en el desván. A muchas personas, esta situación les produce desasosiego.


La primera vez que entré en una biblioteca tendría quince años y el lugar me produjo una cierta impresión, por su severidad. El vestíbulo estaba decorado con madera oscura, como era corriente en los edificios públicos de la época, y las paredes aparecían cubiertas por armarios que contenían las fichas de los libros dispuestas en orden alfabético. Algunas de ellas todavía estaban escritas a mano, con una caligrafía muy clara, excelente. La sala de lectura, amueblada con unas largas mesas de roble teñido, permanecía casi siempre vacía. Los sillones, de un falso estilo inglés, resultaban incómodos y ruidosos. De tanto en tanto, aparecía el bibliotecario y daba una vuelta por la sala, chistando, con aire severo, a quienes hablaban.

Aunque el mobiliario y la funcionalidad han mejorado, como ha sucedido con tantas otras cosas del país, las bibliotecas han cambiado poco. Resultan más amables porque la sociedad actual no es tan rigurosa como la de ayer, pero su función continúa siendo prácticamente la misma de entonces, con muy ligeros cambios. Al igual que en el comercio, también aquí se ha impuesto el autoservicio, de modo que ahora es el usuario quien debe buscar el libro en las estanterías, para llevarlo después a un mostrador de préstamos. Hemos ganado tiempo a cambio de cargar sobre el visitante el trabajo que antes realizaban los auxiliares de biblioteca. A esto, los economistas le llaman mejora de la productividad.

Las personas reunidas en Santiago querían saber cómo serán las bibliotecas del futuro ante el mundo que ha abierto la digitalización. 


Los más extremos afirman que las bibliotecas desaparecerán porque dispondremos de ellas en el salón de casa, con sólo conectar el ordenador. Hay gente que disfruta con clase de predicciones, porque sabe que nadie les pedirá cuentas si no se cumplen. Más sentido tiene pensar que las bibliotecas se transformarán, como ha ocurrido con tantas otras cosas


Yo soy partidario de ver lo que hacen los países más adelantados que el nuestro y tratar de imitarles, si fuera posible. Cuando uno no es capaz de inventar, debe copiar de los mejores. La transformación de las bibliotecas danesas ha sido, por lo visto, espectacular, y se han convertido en centros de servicio para la comunidad. De la biblioteca de Landstrom se cuentan auténticas maravillas. 


Fuente: http://www.diarioinformacion.com/opinion/2010/12/30/futuro-bibliotecas/1080053.html

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