17 feb. 2011

¿Quién se acuerda de los libros en papel?

Por: Ángel Borrego

 

Report of the Collection Development Executive Committee Task Force on Print Collection Usage Cornell University Library.http://staffweb.library.cornell.edu/system/files/CollectionUsageTF_ReportFinal11-22-10.pdf

En un momento en el que el interés por las monografías en las bibliotecas universitarias se centra en la incorporación de los libros electrónicos a la colección, nadie parece acordarse de los libros en papel. Sin embargo, la Cornell University encargó recientemente a un grupo de trabajo que estudiara el uso de las monografías impresas en la biblioteca. El objetivo era saber cómo circulan los libros para mejorar la gestión de la colección, intentando responder a preguntas como las siguientes: ¿hasta qué punto es justificable la existencia de un porcentaje de libros en la colección que nunca salen en préstamo?, ¿debe considerarse la adquisición, gestión y conservación de estos libros un gasto superfluo o una inversión en una colección de reserva estratégica?
El informe resultante de aquel encargo analiza el uso de los libros utilizando tres medidas: el préstamo entre 1990 y 2010 de los libros publicados durante ese mismo periodo; el préstamo de los libros adquiridos en 2001; y el préstamo en un día cualquiera de abril de 2010.
Posiblemente el hallazgo más llamativo del informe es que el 55% de las monografías publicadas desde 1990 no han salido nunca en préstamo de la biblioteca. Pero ¿cómo interpretar este dato?, ¿es mucho?, ¿es poco? A lo largo del trabajo son varias las ocasiones en las que los autores alertan del peligro de extraer conclusiones precipitadas de los datos y, en este caso, la respuesta tampoco es sencilla. Factores como la lengua limitan el número de lectores potenciales de una obra y la Cornell University tiene libros en muchos idiomas. Entre 1990 y 2010 la biblioteca compró libros en 337 lenguas y las adquisiciones en inglés representaron el 55% del total. En este grupo la tasa de préstamo fue más elevada: el 61% de las monografías salió en préstamo en comparación con el 45% del conjunto de la colección. Y un dato llamativo: analizando el porcentaje de documentos que salieron en préstamo en relación a la dimensión del fondo, el catalán es la cuarta lengua con mayor circulación, por detrás del inglés, el turco y el griego clásico.
Debido a la falta de datos completos para la década de 1990 a 2000, el siguiente paso consistió en llevar a cabo un análisis longitudinal del préstamo de los libros adquiridos en 2001. El resultado es que el 20% de los libros adquiridos en 2001 había circulado al final de 2002, el 30% al final de 2005 y el 35,5% al final de 2009. Uno de los resultados más interesantes de este análisis es que, si bien el préstamo de los libros tiende a crecer a medida que pasa el tiempo, parece estancarse 12 años después de la fecha de publicación. No obstante, habrá que esperar algunos años para cerrar un ciclo completo y verificar esta hipótesis que podría tener repercusiones en la política de conservación y preservación de documentos de bajo uso.
Desde el punto de vista metodológico, llama la atención la estrategia de tomar “instantáneas” del préstamo en un día concreto. Así, el 19 de abril de 2010, el 34% de los libros en préstamo estaban en manos de estudiantes de posgrado (una media de 8 libros por alumno), el 24% los tenían profesores (13 libros por profesor), mientras que los estudiantes de grado sólo habían tomado en préstamo el 11% de las obras que estaban fuera de la biblioteca (una media de un libro por alumno). Nuevamente hay que ser cautos en la interpretación de estos datos, pues el análisis a largo plazo muestra que la diferencia no reside tanto en el número de libros en préstamo como en el tiempo medio de duración de cada préstamo, muy inferior entre los alumnos de grado como consecuencia de necesidades diferentes.
Obviamente, se observan muchas diferencias por disciplinas, destacando un uso muy intenso en filosofía. En el informe se analizan con detalle no sólo las cifras de uso de los departamentos, sino también las materias que se consultan desde cada uno de ellos.
El informe, un ejemplo de rigor y gusto por el detalle, finaliza con 5 recomendaciones relativas a la necesidad de recoger sistemáticamente datos de uso de las monografías, la integración de estos datos en la toma de decisiones de gestión de la colección y su puesta a disposición de las personas encargadas de la selección.

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