20 jul. 2011

Signatura 400


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Por: Chochi Jímenez


Se pasa el día clasificando, catalogando y ordenando. Su meta no era ser bibliotecaria pero por amor y por azar terminó en una biblioteca de provincias. Allí da rienda suelta a sus manías, sus gustos y sus angustias aprovechándose del anonimato, de la invisibilidad ante la mayoría de los usuarios…
He aquí algunos fragmentos de este libro breve pero con mucho contenido y con el que cualquier bibliotecario o bibliotecaria se puede sentir identificado.
A menudo hacen tonterías. Es inevitable. Roban, molestan, desordenan los libros, doblan las puntas de las páginas. Algunos hasta las arrancan. Arrancar las páginas, cada vez que lo pienso, ¡cuando una fotocopia solo cuesta siete céntimos de euro!
¿Qué bibliotecario o bibliotecaria no ha sufrido, igual que la protagonista de este libro, al ver un libro deteriorado solo porque para muchos la biblioteca es un servicio público donde “todo” está permitido? ¿O será que lo gratis no se valora?
Hicieron falta siglos para que se abriera una biblioteca en esta pequeña ciudad de provincias. Y el señor alcalde no está mucho por ella. Lo cierto es que nunca se le ve por aquí ni a él ni a su familia.
La biblioteca, uno de los servicios municipales más visitados a diario pero, a veces, también uno de los más olvidados por las autoridades municipales. ¿Será porque la biblioteca es un servicio productivo culturalmente y no económicamente hablando?
Me estresa un poco tener que ordenar todos esos libros, pero al mismo tiempo estar aquí me calma.
¿Quién no se ha sentido a gusto, sosegado, relajado en la biblioteca, nuestra segunda casa?
Aquí es donde selecciono, clasifico, marco, pongo signaturas, escucho y, algunas veces, como decía antes, aconsejo.
Para ser bibliotecario o bibliotecaria no es suficiente tener conocimientos técnicos para organizar los fondos de manera perfecta sino saber escuchar, hacer un poco de psicólogos con los usuarios para convertir la biblioteca en un lugar vivo, dinámico, atrayente y donde no solo se acuda para cambiar un carné por un libro ¿o no?
Divry, Sophie. Signatura 400. Barcelona: Blackie Books, 2011.
Fuente: http://www.observatorio-lectura.info/extremadura/blog/

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