30 sept. 2011

Libros subrayados



Por: Ignacio Echevarría 


Hubo un tiempo en que resultaba difícil, a la vista de cualquier libro de mi biblioteca, saber si lo había leído o no; tanto era el cuidado que, al hacerlo, ponía yo en no estropear las cubiertas, en no agrietar los lomos, en evitar que los pliegos se despegaran, en no marcar las páginas. Confieso, abochornado, que en ocasiones llegaba a forrar el libro en cuestión. Conste en mi descargo que hablo de un tiempo en el que preservar según qué libros de la ruina a que los condenaba una lectura corriente era tarea de expertos como yo mismo, capaces de completar dicha lectura sin nunca abrir el libro más de cuarenta y cinco grados. Recuerdo en especial -por haberlos atesorado- los libros de bolsillo de Alianza, que era toda una hazaña terminar sin verlos transformados en un puñado de fascículos. 


Todo eso quedó atrás cuando me aficioné a subrayar los libros; un hábito que en mi caso vino dado por la práctica de la crítica. Siempre he pensado que el buen crítico es un lector que sabe subrayar adecuadamente, y que, por virtud de ello, sabe construir una lectura representativa del texto, basada en citas oportunas. Me viene ahora al recuerdo lo que escribía Walter Benjamin en una de sus trece tesis sobre la técnica del crítico: “Polémica significa destruir un libro citando unas cuantas de sus frases”. Aunque no siempre se trata de eso, por supuesto. 


El caso es que comencé a subrayar los libros y ya no he dejado de hacerlo. Al principio me conformaba con tímidas, casi imperceptibles señales en los márgenes, y con discretos corchetes; pero enseguida empecé a subrayar -literalmente- líneas, primero, y luego párrafos enteros, con el añadido ocasional de signos de todo tipo y, a menudo, anotaciones que por lo común ni yo mismo soy capaz de descifrar pasado un tiempo. Siempre hechas a lápiz, eso sí, nada de tintas ni de fosforitos. Una vez perdido el respeto a la integridad de la página, pronto se lo perdí a la del volumen en su conjunto, y ya no me anduve con aquellos cuidados de antaño. Pero si antes sufría al prestar un libro por temor al estado calamitoso en que muy probablemente iba a serme devuelto (en el caso de que me fuera devuelto, pues ya se sabe), me ocurre ahora que no puedo prestar mis libros por el pudor que me produce que vean qué es lo que subrayo de ellos. 


Y es que subrayar un libro viene a ser, según cómo, un acto íntimo, que puede llegar a delatar bastante cosas, algunas muy pintorescas, de quien lo ha cometido. Y que, más frecuentemente, da lugar a toda suerte de extrañezas. 


Todos hemos leído en alguna ocasión un libro con los subrayados de otro, ya se trate de un conocido, ya de un lector anónimo que lo tuvo antes que nosotros (en el caso de un libro de segunda mano, o cedido en préstamo por una biblioteca). Y a muchos nos ha intrigado el criterio a veces tan extravagante con que aparecían destacados determinados pasajes a los que no terminábamos de encontrar ningún mérito o atractivo particular


Una extrañeza de naturaleza semejante ha podido invadirnos al releer un libro subrayado tiempo atrás por nosotros mismos, con énfasis e intenciones que en el presente se nos escapan. ¿Cómo entonces exponer a los ojos de quien sea un libro subrayado bajo vaya uno a saber qué influjos o intenciones? 


Y sin embargo, la lectura verdaderamente compartida sería aquella en la que uno subraya en sintonía con el otro, en un grado de complicidad semejante al que supone compartir el sabor de una manzana. No una manzana cualquiera -tú la tuya, yo la mía-, sino esa misma manzana. “Si es cierto que no puedes contarle a alguien algo que no has experimentado, el acto de leer es aquel en el que uno lee con alguien.” 


Es el poeta Robert Creeley quien dice esto en la entrevista que concedió a The Paris Review en los años sesenta, recogida hace poco, junto a su esencialAutobiografía y un puñado de poemas memorables, en un precioso volumen editado por la Universidad Diego Portales de Chile (Robert Creeley, Autobiografía y otros textos, 2010). 


Apuro me daría prestar a quien fuese este libro, que tengo subrayado de un modo indecoroso, pues casi no queda renglón sin marcar. Pero es que hay libros de los que bastaría subrayar la portada. Son aquellos que estamos obligados a releer. 


Fuente: http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/29214/Libros_subrayados

6 comentarios :

Laura Granada dijo...

Hola!
Pues..yo no suelo subrayar los libros (los del colegio, los subrayaba obligada, y con lápiz!!); pero hay alguno, de estos que lees en momentos bajos, que sí que he subrayado.
Aún así, para tener guardados párrafos que me gustan o frases, suelo leer con un cuaderno y un boli al lado.
Saludos,

Whisper dijo...

Yo jamas habria pensado siquiera en cometer la osadia de subrayar un libro hasta que empece a leer quizas con mas consiencia de lo que venia a mis manos, empece a leer cosas que marcas no solo en el libro pero tambien en tu vida, admito que subraye despiadadamente un libro que no era mio y si no mal recuerdo ese dia empece a hacerlo aunque sigo con las timidas lineas estas ya evolucionaron pues ya son con lapicero no mas a lapiz, saludos

Esteban Blanco dijo...

Este artículo me parece una apología del subrayado toda vez que no discrimina entre libros propios y de la comunidad. Si se trata de tus libros pues subráyalos todo lo que quieras. Si se trata de libros ajenos, no tienes por qué hacerlo. Si hablamos de libros de una comunidad, sea en la biblioteca pública, escolar, universitaria o popular, esos libros no se deben subrayar porque son de todos y no propios. El subrayado condicionará la lectura del próximo lector y hará que se deteriore la calidad del libro... siempre que sea subrayado con lápiz cuando se puede borrar, ni hablar si se hace con marcadores, con fluorescentes o con lapiceras. ¿Por qué no mejor tener un libro de anotaciones?

bibliotranstornado dijo...

Soy anti subrayados a muerte, pero recuerdo que en mis lejanos tiempos de estudiante compré un libro de segunda mano sobre campos eléctricos que estaba muy bien subrayado.

Creo que aprobé gracias a aquel subrayado.

La condesa sangrienta dijo...

Me siento muy representada en este texto que expresa también mi forma de leer, narrada allá por 2007.
Saludos.

Flor dijo...

Es cierto lo de los subrayados antiguos que puede delatarnos...hace poco mi novio agarró el libro "Carta abierta a mi futura ex mujer" de Dalmiro Saenz y miró los subrayados que había hecho yo hace mil años y me dijo: ¿Vos pensas así? (cuestiones sobre fidelidad, pareja, etc.) y qué se yo, le respondí, tendría que leerlo de nuevo para acordarme de por qué me llamaaron la atención esas frases, no me jodas!

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