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6 de sept. de 2012

Imagen del bibliotecario


Por: Celia Mª Portaneri Grippo

El carácter monástico, silencioso y taciturno del Bibliotecario, que es considerado como una “Herencia”, tomada desde los Siglos XV, en que las Bibliotecas ostentaban estas condiciones, y por lo tanto quienes “custodiaban” aquellas valiosos reliquias, tenían consecuentemente las similares características, es hoy una rémora que aún condiciona muchos aspectos de nuestra profesión.
No es como consecuencia solamente de esta circunstancia histórica, tiene mucho de cierto tambien hoy, ya que en la tarea cotidiana, generalmente el profesional se encuentra muchas veces como personal único, sin posibilidades de compartir con un colega, ni su tarea, ni sus dudas, ante la función intelectual, tal por caso, y tomo como ejemplo alguna de ellas, como es la Clasificación o mas aún el análisis del contenido documental.
Si revisamos las tres cuestiones que hacen a la organización básica de esa masa de información documental, sin tomar en cuenta su soporte, tal el caso de los documentos en la Web, tendríamos que, para la Catalogación, las Reglas y Formatos preestablecidos, cualquiera de ellos, son una guía y nos dan muchas soluciones a las dudas que puedan aparecer en el momento de la ejecución de esta tarea.
Para la Clasificación, igualmente, cualquiera de las clasificaciones mas desarrolladas o conocidas tambien nos asisten con bastante exactitud en esta tarea, generalmente sus índices, tablas o reglas auxiliares, abundan en ejemplos y diferentes soluciones según casos específicos.
El Análisis, que es la mas importante tarea para poder representar ese contenido informativo, en una síntesis de cuatro a diez o veinte términos, que serán el lazo entre el “verdadero contenido”, el que supuestamente esta “representando en esa síntesis” y el Usuario o interesado en conocerlo, es la tarea que se realiza en la mas completa soledad.
Cuando nos enfrentamos a ese contenido, nos preguntamos sobre su autor, necesitamos “conectarnos con su pensamiento”, no existen ni reglas, ni código alguno que nos guíen, excepcionalmente la sintaxis de la lengua en que este escrito el documento, siempre que se trate de un documento escrito, no planteamos esto mismo frente a imágenes, porque entonces el problema se vuelve mas complejo y comprometido.
En ese momento, que llamaría “mágico”, porque el autor deja de ser un personaje “irreal” para convertirse en una persona, pero ¿Cuál, como es, que sentimientos lo impulsan? ¿Cuánto conoce de esto que nos muestra?
En ese momento, digo que nuestro sentimiento es de soledad, de introspección y de dudas de nosotros mismos.
Estas dudas no devienen por carecer de conocimientos apropiados, sino porque en la duda y en la respuesta a esa duda, se encontrará el verdadero camino hacia la solución del enigma planteado, “quien es el autor, que es lo que quiere representar con lo que ha escrito”.
Es esto a lo que llamo INTROSPECCIÓN , o bien REFLEXIÓN, cuando en la necesidad de “interpretar lo que el autor quiere transmitir”, buscaremos en nosotros aquellos conocimientos que puedan darnos esta respuesta.
¿Qué o quién nos prestará ayuda para ello? Solamente nuestra “conciencia” de cuanto conocemos sobre el autor, sobre el tema que nos ocupa, e incluso sobre la futura o inmediata validez de su contenido. ¿Es o no una actitud “monástica”, “solitaria”, la que en ese momento nos invade?
Aunque inmediatamente podamos buscar la ayuda necesaria, siempre esto aparecerá a continuación, devendrá seguidamente del instante en que buscamos en nuestro interior la respuesta adecuada.
En esta tarea del análisis, los propios conocimientos se unirán con el contenido analizado, constituyendo esa síntesis de palabras o términos, que lo representarán.
Si bien tenemos en los TESAUROS, herramientas adecuadas para ello, el hecho de asignarle el término, no es por sí solo ayuda para darle solución a estas dudas sobre la mejor forma de representar el contenido.
La consulta a los diferentes índices que un buen tesauro debe brindar, tambien se establece después de esta reflexión primera, en la que nuestro SABER, alternará con aquél del autor, para conjugar un pensamiento único con que se representará el contenido documental.
Este pensamiento en relación con nuestra tarea intelectual, y otros que tambien merecen reflexión, es lo que puede producir un cambio en la imagen involuntariamente solitaria, que se instala en la sociedad, con respecto a la personalidad del profesional bibliotecario documentalista.




Fuente: http://www.documentalistas.org/articulo-imagen-del-bibliotecario/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=articulo-imagen-del-bibliotecario

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bueno profe Celia, felicidades para mañana la mejor de las profesoras de la UNL idola total.
besos Patricia Cura

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