24 dic. 2013

21 dic. 2013

¿Te vas de vacaciones? Cómo cuidar la información personal

El 52% de los argentinos se preocupa por la seguridad informática almacenada pero pocos realizan una copia en casa.




Con la llegada de las vacaciones muchas vceces dejamos pasar por alto una preocupacion que está a lo largo del año; la seguridad de los dispositivos moviles y objetos informaticos personales.

Un estudio difundido por la empresa de seguridad informática F-Secure, informa que el 52% de los argentinos está preocupado por la seguridad y privacidad de su información y un 67% valora más la información almacenada en sus dispositivos que el propio equipo.

Con estos datos, deberían sugerir que la misma mayoría hace una copia de los datos (fotos, contactos, documentos) que tiene en el disco rígido o en la memoria del equipo antes de partir de viaje, sin embargo es un hábito poco probado aún entre los "heavy users" (fanáticos) de la tecnología.

Con las salidas fueras de casa se debe tener en cuenta que:
• Antes de guardar en la mochila los teléfonos, tabletas, cámaras, notebooks o el dispositivo móvil que elijamos para las vacaciones, se recomienda hacer las copias que quedarán en casa hasta el regreso.

Sin ser paranoicos es importante entender que nuestra información está en línea, y que hay cientos de delincuentes ávidos por detectar los datos que les permitan realizar un robo de identidad o directamente una transferencia bancaria desde nuestras cuentas a las suyas.

Además en caso de mantener información personal en el dispositivo, se recomienda la implementación de alguna de las aplicaciones de bloqueo y localización, para evitar que un robo del equipo ponga en manos ajenas los datos almacenados.

En términos generales diferentes compañías coinciden en la importancia de utilizar redes seguras ya sea para mandar un mail o compartir un rato en las redes sociales.

Aeropuertos, bares, plazas tienen coberturas de redes wifi para acceder a internet, pero se trata de redes públicas, lo que significa que personas desconocidas también la están utilizando y entre ellos puede hallarse alguien que introduzca un código malicioso para espiar a los otros usuarios.

"Quizás se puede creer que la privacidad está garantizada porque se está usando el dispositivo personal, pero esto es incorrecto", agrega el experto en seguridad, Sean Sullivan.

Por esto, se recomienda no utilizar ningún programa o aplicación que contenga información confidencial e incluso se promueve el uso durante las vacaciones de cuentas nuevas para evitar que extraños detecten información privada como contraseñas o cuentas bancarias.

Lo mismo se aplica cuando se utilizan computadoras públicas, ya sea en un locutorio o un en cyber cafe.

El especialista propone usar estas computadoras públicas solo para actividades que no requieran la contraseña, como la lectura de noticias; ya que el equipo puede estar infectado con un spyware diseñado para el robo de contraseñas.

Los expertos sugieren evitar que el dispositivo personal se conecte de forma automática a la red pública, y eliminar los datos de la cuenta de acceso una vez que abandonamos esa ciudad.

Una técnica común de quienes roban información a través de la informática es crear una conexión falsa, por lo cual es recomendable asegurarse que la red inalámbrica del establecimiento es real.

Otra buena recomendación es deshabilitar el uso compartido de archivos y activar el firewall para bloquear conexiones entrantes al dispositivo.

Otras recomendaciones, generales para el uso seguro de internet, son observar el candado y lo forma "https" en la barra de dicciones para cualquier sitio que requiera poner información personal, como los de banca en línea, o las redes sociales.(Télam)

Secuestraron 100.000 libros pirateados

POR:  BRBARA ALVAREZ PLÁ



La investigación empezó cuando Viviana Canosa advirtió que estaba firmando libros falsos en la Feria del Libro.



Imagine que usted, escritor, está en la Feria del Libro de Buenos Aires firmando ejemplares de su última novela y de pronto, ¡zas!, se da cuenta de que algunos de los ejemplares que le acercan sus lectores resultan ser falsos. Ahora ya puede dejar de imaginar, esto no es ficción, todos sabemos que se falsifican libros, pero en esta ocasión, hay 100.000 ejemplares falsos incautados tras 14 allanamientos y seis detenidos a manos del Area de Investigaciones Criminales de la Policía Metropolitana que, por orden del Juez Daniel Rafecas y con su autorización para actuar afuera de la Capital, puso en marcha el dispositivo. Ahora, vayamos al principio.
Todo comenzó en el año 2012, cuando la conductora de televisión, periodista, locutora y escritora Viviana Canosa, firmaba en la Feria ejemplares de su libro ¡Basta de miedos!
(Planeta). De pronto ni su flamante manual le sirvió para ahuyentar el temor: ¡Seis de los ejemplares que iba a firmar eran falsificaciones!

“Le pedimos a la gente que nos dejase esos libros y los reemplazamos por ejemplares verdaderos”, cuenta a Clarín Pablo Slonimsqui, abogado de la Editorial Planeta. “Además les preguntamos dónde los habían comprado”.
Dice el abogado que con la escritora hicieron la denuncia que llevó a la Policía Metropolitana a investigar durante un año hasta que ayer el trabajo dio sus frutos y, a pedido de Rafecas, comenzaron los allanamientos.
El jefe de Comunicación de la Policía Metropolitana, Eduardo Allen, explica que “durante un año hicimos seguimientos de personas y escuchas hasta que se descubrió una organización que se dedicaba al negocio de la piratería de libros ”. Y tras las investigaciones, llegó el momento de ir a la escena del crimen: “Ferias de libros, imprentas, encuadernadoras, laminadoras, depósitos y hasta una librería, 14 lugares en total”, aclara Allen, que indica que tras el allanamiento de los locales, llegaron a las casas donde vivían las seis personas que fueron detenidas ayer, “entre los que se encuentra el jefe de la organización delictiva”, explica.
“Encontramos 60 mil libros terminados y 40 mil en proceso de elaboración”, dice. “La mayoría de los lugares donde se elaboraban los libros están en provincia, en San Martín, y luego se distribuían sobre todo en el Interior, pero también había lugares de Capital Federal”, y cuenta que esos lugares de la ciudad eran tres puestos de Plaza Italia y dos de Parque Rivadavia “que serán clausurados, porque nadie es inocente, todos sabían lo que estaban vendiendo”, dice. Slonimsqui matiza la información al agregar que “había también una imprenta en Valentín Alsina, una encuadernadora en Pompeya y dos en Boedo”.
Se encontraron libros falsos para todos los gustos, “desde El Señor de los Anillos hasta filosofía clásica”, cuenta Allen, “y de editoriales como Planeta o Santillana, hasta Margen Izquierdo. Y continúa: “Aunque todavía no se puede cuantificar la estafa, podemos decir que los libros eran vendidos a un promedio de 100 pesos cada uno”. Llegados a este punto, el abogado de Planeta aporta otro interesante (y preocupante) dato: “Había más de 1.000 ejemplares de Mi lucha, el libro que escribió Hitler”.
Allen afirma que, en principio, todas las imprentas allanadas eran legales y que “realizaban otros trabajos y esto lo hacían en paralelo”, y añade: “Se hacía por partes, cada imprenta llevaba a cabo uno de los diferentes pasos del proceso de elaboración del libro”. Además, añade un dato a tener en cuenta y es que estos “piratas de los libros” aprovechaban los vacíos editoriales, entre que se agota una tirada y llega la siguiente, para “colar” sus libros falsos.
“Lo cierto es que se encontraron libros de todo tipo”, asegura Slonimsqui, y va más allá al asegurar que “todo lo que se vende se falsifica”.
Aunque en lo que se refiere a los libros Allen asegura que la labor de la Metropolitana ya está terminada, el vocero policial cuenta que durante los allanamientos se encontraron también troqueles de medicamentos, que también serían “piratas”.

«Los padres no se dan cuenta de que su hijo es acosado»


Joaquín Mora-Merchán • Profesor y experto en ciberbullying

R.L. / MIRANDA

Doctor en Psicología y profesor de la Universidad de Sevilla, lleva dos décadas estudiando la violencia entre escolares. Los últimos cinco años de su vida los ha dedicado a estudiar el ciberbulling; es decir, el acoso psicológico que se ejerce sobre una persona utilizando las nuevas tecnologías, como internet y el teléfono móvil.


La violencia entre niños y adolescentes ha dado un paso más con la irrupción de las redes sociales, como Facebook o Tuenti. Llamadas agresivas, ataques a través del Messenger y la grabación de vídeos ridiculizando a una persona para después subirlo a internet son sólo algunos ejemplos de ciberbullying. Ayer, Joaquín Mora- Merchán ofreció una serie de consejos para aprender a actuar en estos casos.


¿Cómo se comportan las víctimas? ¿Lo denuncian o se lo callan?

En la mayoría de los casos no se lo dicen a nadie. Hay una mezcla de vergüenza y de intentar solucionarlo por ellos mismos. También suelen creer que tienen la situación controlada y no es así. Esa confluencia y la poca eficacia de las respuestas que les damos los adultos cuando nos lo cuentan hacen que los alumnos prefieran no contarlo.


¿Los padres se dan cuenta de que algo pasa?

El problema es que en la mayoría de las ocasiones los padres no se dan cuenta. Los síntomas tienen que ver con una conducta huidiza del ordenador y evitan que los padres vean lo que están haciendo. Otras veces los niños nos quieren participar en actividades escolares porque los agresores están ahí. 

¿Y los profesores qué pueden hacer?


Se tienen que aplicar las mismas iniciativas que en los casos de violencia escolar. Los profesores solemos ir por detrás de los alumnos en las nuevas tecnologías y tenemos que hacer un esfuerzo por conocer el medio, los riesgos y también las ventajas, que son muchas.

Se suele recomendar a los padres que controlen las páginas web que visitan sus hijos, pero a veces no es fácil.

Hay que actuar con sentido común. Nos tenemos que preocupar por las páginas en Internet que visitan nuestros hijos de la misma manera que nos preocupamos por saber con quién salen, a qué colegio van... Tenemos que asegurarnos que la vida en la red que hacen nuestros hijos es segura y confortable. También se recomienda situar el ordenador en los sitios comunes de la casa.


¿A qué edad puede empezar el ciberbullying?

Hay casos en niños de Primaria, pero la mayoría se concentra en Secundaria. Una vez que los alumnos acceden a las nuevas tecnologías, pueden ser objetivo de este tipo de ataque.


¿Cómo denunciarlo?

Si hay algún acto que sea constitutivo de delito hay que acudir a la comisaría, sin que eso signifique que no se vaya también a la escuela. Hay que contar con la opinión y la información que da la víctima, porque muchas veces sabe quién está detrás del acoso. No hay que tomárselo a la ligera ni pensar que ya se arreglará solo.


¿Y la justicia lo castiga?

Depende de la problemática, porque no es lo mismo un acoso continuado con usurpación de identidad, que es constitutivo de delito, a situaciones más de falta, donde la justicia no tiene un criterio claro sobre cómo actuar. Desgraciadamente, algunos jueces terminan diciendo que es problema de niños mientras que otros toman cartas en el asunto y actúan en consecuencia. 


¿Existen lagunas legales?

Sí. Si alguien bromea o ridiculiza a otro en las redes sociales sin llegar a injurias puede hacer que otra persona termine por decidir no ir al colegio. Lo probable es que esta situación no llegue a un juzgado y si llega que no prospere. Esto es algo común y está en el límite entre lo que está legalmente establecido y lo que no.   



16 dic. 2013

¿Qué regalamos esta Navidad?




Una excelente alternativa de regalo son los libros. Hoy les mostramos los libros más vendidos y recomendados en las mayores librerías del país para este diciembre. 

 Y las montañas hablaron. Autor: Khaled Hosseini. Reseña: La decisión de una humilde familia campesina de dar una hija en adopción a un matrimonio adinerado es el fundamento sobre el que Khaled Hosseini ?autor de las inolvidables "Cometas en el cielo" y "Mil soles espléndidos"? ha tejido este formidable tapiz en el que se entrelazan los destinos de varias generaciones y se exploran las infinitas formas en que el amor, el valor, la traición y el sacrificio desempeñan un papel determinante en las vidas de las personas.

Sonríe. Dios nunca llega tarde. Autor: Juanita Jara. Reseña: Sonríe es un libro que te empujará y te motivará a la conquista de tus sueños. A través de sus páginas y con poderosas anécdotas a lo largo de su historia la autora demuestra no solo que con voluntad, coraje y perseverancia se puede traspasar cada una de las circunstancias difíciles que nos toca vivir, sino comparte además el secreto que se necesita para alcanzar el éxito y la felicidad.

El poder de escuchar. Autor: Ismael Cala. Reseña: El célebre periodista y presentador de Cala, de CNN en Español, enseña a escuchar para evolucionar y mejorar la calidad de vida. Tras conversar con presidentes, intelectuales y celebridades de todos los campos, Cala confía la clave de su éxito como entrevistador: saber escuchar a los demás, para que compartan con nosotros cómo son y cómo piensan. Esta es también la clave para nuestro éxito en los negocios, el amor y las relaciones con todos los que nos rodean.

Ni rey ni dios. Lionel Messi: La verdadera historia del mejor. Autor: Sebastián Fest y Alexandre Julliard. Reseña: Sebastián Fest y Alexandre Julliard ofrecen una biografía única, completa y reveladora, con aspectos desconocidos e intimidades inesperadas del crack que no deja de sorprender al fútbol mundial, y se prepara para hacerlo como nunca en Brasil.

Bajo la misma estrella. Autor: John Green. Reseña: Hazel acaba de cumplir 16 años. Y tiene cáncer. A pesar de que un tratamiento ha conseguido reducir su tumor de forma casi milagrosa, es una enferma terminal. Los médicos no pueden decirle cuánto tiempo le queda; sólo sabe que debe vivir pegada a un tanque de oxígeno y sometida a continuos tratamientos. Pero su vida da un verdadero vuelco cuando conoce a Gus Waters... Y se preguntaran: ¿cómo puede cambiar una sola persona la historia de otra"

La vela de Navidad. Autor: Max Lucado. Reseña: Viaje de regreso a una época más simple, a una villa inglesa pequeña donde nunca pasa nada fuera de lo común y corriente. Excepto en la época de Navidad. Cuando un ángel misterioso aparece repentinamente en la humilde tienda de un fabricante de velas, lo santo y lo humano colisionan como sólo Dios podría imaginar. Resplandeciendo con un mensaje eterno, La vela de Navidad llenará su corazón de ternura con un sorprendente recordatorio del abundante amor de Dios.

*Información cortesía de Quijote Música y Libros y Reflexión Música y Libros. 


Fuente: http://www.entornointeligente.com/articulo/1700954/PARAGUAY-Que-regalamos-esta-Navidad-12122013

Internet no sabe cómo guardar un secreto

"En un mundo donde los datos son la moneda de curso legal, y donde no tenemos mejores centinelas que el código escrito por el hombre y dispositivos vulnerables, no existe tal cosa como un secreto." Esta frase pertenece a la novela de ciencia ficción de 1998 This Alien Shore, de Celia Friedman. Algo más de 140 caracteres que retratan con incisiva precisión nuestro mundo interconectado de hoy.
Intercambié varios mails con Celia para llegar a la traducción más fiel y menos forzada; luego le seguí dando vueltas y vueltas hasta llegar a la versión de arriba. Pero, por supuesto, sigue resultando más rica en su forma original: "In a world where data is the coin of the realm, and transmissions are guarded by no better sentinels than man-made codes and corruptible devices, there is no such thing as a secret."
Un amigo solía poner esta frase, debajo de su firma, en todos sus mails. Es un resumen perfecto de lo que sigue.
***
Aparte de los aspectos técnicos, que traté en la primera entrega de esta serie sobre la vigilancia de la NSA , y los que conciernen a nuestros derechos civiles, que analicé la semana última , queda por ver qué puede hacerse para mantener un mínimo aceptable de privacidad en los tiempos de Internet. A primera vista, el escenario no es para nada alentador.
Excepto que hayas vivido los últimos 18 años en una isla desierta (digamos, desde la JenniCam para acá), habrás visto cientos de encendidas advertencias y oscuros presagios respecto de la privacidad, una garantía -constitucional, en el caso de la Argentina- universalmente reconocida por todas las democracias occidentales.
Lamentablemente, no alcanza con instalar un software de seguridad para mantener a raya a los fisgones. Sería fantástico poder decirte que de ahora en más uses siempre una red privada virtual (o VPN), navegues exclusivamente mediante Tor o cifres hasta los contenidos del freezer y, con una tranquilizadora palmada en la espalda, asegurarte que de esta forma tus comunicaciones van a ser 100% privadas. Pero no, ninguna de estas maniobras, pese a que tienen sentido (bueno, salvo lo del freezer, ya sé), va a dar resultado sin hacer un cambio más profundo, un cambio de mentalidad.

NO SOS VOS, SON LOS NÚMEROS

El fenómeno que hace posible y subyace debajo de la vigilancia masiva de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos -y, para el caso, de las demás agencias de inteligencia de las naciones poderosas- es, en realidad, muy sencillo. Hasta hace unos 30 años la información estaba anclada a medios físicos bastante fáciles de proteger: papel, vinilo, acetato, cinta magnética. Los datos no existían fuera de estos materiales, salvo en la memoria de los eruditos. El Principio de Fahrenheit 451.
No había, pues, ninguna posibilidad de que un gobierno espiara tu caja de fotos. O tu biblioteca. Excepto que te allanaran la casa.
La correspondencia podía inspeccionarse, pero era muy complicado. Mecánicamente complicado.
Las líneas de teléfono eran cables que había que intervenir físicamente para averiguar de qué estaban hablando dos personas. Si ese espionaje intentaba hacerse en el extranjero, había que trasladarse a ese país, con los riesgos que esto suponía para el espía y para las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
En las calles no proliferaban las cámaras de seguridad, no se podía escrutar la Tierra con satélites de alta resolución ni se habían inventado los micrófonos láser capaces de grabar una conversación dentro de una habitación cerrada desde la vereda de enfrente.
Bueno, ese mundo ha desaparecido por completo. Hoy confiamos nuestra información a medios digitales, es decir, numéricos e independientes del sustrato. A los JPG de tu boda no les preocupa si están en una tarjeta de memoria, un disco duro, un CD, un DVD o en la nube de Internet. De hecho, tus fotos ya no poseen pigmentos; están compuestas exclusivamente de números.
La información ha perdido toda encarnadura. Esto es bueno en muchos sentidos. Por ejemplo, ya no tenemos que esperar 15 días para encontrarnos con nuestras tomas. Las vemos un segundo después de disparar. Es también más económico y, por eso, nos damos el lujo de sacar miles (literalmente, miles) de fotos.
Estas ventajas tienen sus inconvenientes, sin embargo. El más obvio es que la información se ha vuelto muy lábil. Mientras que el papel y el plástico eran bastante resistentes a los daños, los métodos usados por los dispositivos de almacenamiento digital para registrar datos todavía son muy delicados y sensibles. De ahí que hagamos backup de nuestros JPG y no, por ejemplo, de nuestras fotos en papel. Cuando yo era chico se hacía una copia de cada foto y nada más. Sabíamos que durarían para siempre.
(Paradójicamente, los datos grabados en dispositivos digitales tienen una resistencia notable a desaparecer por completo. Si el disco duro de tu PC falla, ya no podrá accederse, cierto. Pero una empresa de recuperación de datos y, obvio, las agencias de inteligencia poseen herramientas para extraer información de medios aparentemente desahuciados.)
Una de las principales ventajas de los datos digitales, el que ocupen muy poco espacio, constituye una de las mayores desventajas en términos de privacidad. Por ejemplo, un pendrive de 8 gigabytes equivale, en términos de información, a 2000 Biblias. Dos mil Biblias en papel pesan más o menos una tonelada. Un pendrive, 5 gramos.
Traducido: uno podría llevarse 160.000 documentos clasificados de 50.000 caracteres cada uno en el bolsillo. ¿Te suena?
Extraer esa misma documentación, 30 años atrás, hubiera sido, como mínimo, llamativo. "Usted perdone, pero tengo que sacar esta tonelada de carpetas de los archivos. Sí, sí, dicen CLASIFICADO., con permiso."
Y luego está el tema de las telecomunicaciones. No sólo la información es liviana como el ectoplasma y tan pequeña como las bacterias, sino que además puede copiarse en segundos de una punta a otra del mundo mediante redes digitales que no tienen -y sería complicadísimo imponerles- fronteras.
Estas copias son la contracara de la fragilidad del dato guardado en tu disco duro; lo que subís a Internet puede replicarse millones de veces y quedar dando vueltas por ahí para siempre. La pretensión de algunas celebridades -comprensible, justificada, legítima- de eliminar videos o fotos personales que se han filtrado a Internet es, técnicamente, una fantasía. Lo que se sube a Internet queda en Internet. Y si está online, podría haber sido descargado a cientos de miles de computadoras, tablets y smartphones, desde donde alguien podría volver a subirlo en el futuro. Etcétera.
Otro tanto ocurre, dicho sea de paso, con un tipo de información que dejamos por todas partes sin darnos cuenta: registros de navegación (los sitios que visitamos), archivos que bajamos y subimos, avisos a los que les damos clic, búsquedas en Google, nuestros contactos, las relaciones que establecemos en Facebook y Twitter, y sigue la lista.
Como si esto no fuera bastante, la información digital sufre un inexplicable desamparo legal en muchas jurisdicciones. Estuve un rato largo hablando por teléfono con Pablo Palazzi, abogado especialista en protección de datos personales, y el asunto es tan extenso que sería imposible abarcarlo aquí. Se supone, razoné, que si nuestras comunicaciones son más vulnerables ahora que antes, entonces el correo electrónico debería tener al menos tantas garantías como el postal. Pero no siempre es así.
En Estados Unidos, me explica Palazzi, luego de 180 días de enviados, los mails pueden ser leídos por la fuerza pública mediante una simple citación; es decir, sin que medie la orden de un juez. Y, al revés que en la Argentina, el correo electrónico, en ese país, no se encuentra protegido mientras viaja por las redes. Los metadatos (remitente, destinatario, fecha, hora) no son tenidos por la ley como datos privados en ese país.
Pese a que en la Argentina el mail está más amparado por la legislación, hay algo que no debemos olvidar: los mensajes de correo electrónico, salvo que hagas algo al respecto, no viajan encriptados, así que son fáciles de interceptar (por la naturaleza de Internet) y de inspeccionar (no hay sobre ni cifrado, es como una carta abierta). Dicho sea de paso, Google fue pionero en el cifrado del correo, pero esto no es una solución mágica tampoco; lo analizaré en la próxima columna.
En total, y para no marearte: no existe el equivalente de la caja fuerte en el mundo virtual. Tratar de replicar ese nivel de seguridad en Internet es imposible.
Ha habido un cambio tecnológico que alteró una serie de reglas de juego básicas de la civilización. Aunque no haya autos voladores ni hayamos colonizado Marte, el siglo XXI es, en términos informáticos, tan diferente del mundo en el que crecí como aquel mundo lo era de la Londres del siglo XVII.
Sin embargo, y como suele ocurrir, el problema no está en que las nuevas reglas de juego sean complejas. La dificultad está en aceptar esas reglas. Nos equivocamos más por nostalgia que por no entender de computadoras.
Nos gustaría que el mundo siguiera siendo tan sencillo como hace 30 años, de la misma forma en que mi abuelo Manuel añoraba las condiciones de realidad de principios del siglo XX. Todo tiempo pasado fue mejor, decía Séneca, ¿no?
Bueno, podemos quedarnos con eso, pero en mi opinión es mucho más saludable dar vuelta la página y tratar de ver cómo se mueven las piezas en este nuevo ajedrez. Acordate, las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más resistentes. Son las que mejor saben adaptarse.
En este sentido, la regla de oro en la Red es: no intentes ocultar cosas online, no se puede. Internet no sabe guardar secretos. O, para ser más precisos, el costo de asegurar las comunicaciones es tan alto que excede el presupuesto de la mayoría de nosotros.
En otras palabras, tu vida en línea debe ser idéntica -o, al menos, muy semejante- a tu vida en la vía pública. No veas a Facebook como una reunión de amigos o a Twitter como una charla de café. No lo son. Tu intimidad más sensible debe quedar entre los tuyos y en el mundo real. Así comienza tu privacidad en línea en el siglo XXI.
En la próxima y última entrega de esta serie sobre la vigilancia masiva de la NSA, un texto dedicado a las herramientas para cifrar y anonimizar, todo aderezado con un buen puñado de sentido común. Porque esa regla de oro es también una ley de hierro, y ni algoritmos ni dispositivos, como previó Friedman, son por completo inviolables.

Indignación por un libro que aconseja azotar a los niños





La "formación" debe empezar pronto y anticiparse a la necesidad de un castigo. Pero si el niño ya es rebelde, se les dice a los padres que "utilicen la fuerza necesaria para mantenerlo a raya". "Si Ud. se tiene que sentar sobre él y darle unos azotes, no lo dude. Y manténgalo así hasta que se rinda. derrótelo completamente", analiza el libro.

Hannah (nombre figurado) creció en una comunidad de Bautistas Fundamentales Independientes en el noroeste del estado de Florida, Estados Unidos. Sus padres obtuvieron copias de obras de los Pearl cuando ella tenía alrededor de nueve años y su hermana, siete.

Las nalgadas empezaron poco después y continuaron durante al menos ocho años. En los primeros cinco años, solía ocurrir varias veces al día. Una vez, cuando la joven tenía 14 ó 15 años, su padre oyó que Hannah se había involucrado en una pelea con un niño en la iglesia.

"Honestamente, todavía no estoy segura de cuál era la acusación, pero mi padre se puso como loco porque, sea lo que sea que oyó, era atroz", le cuenta a la BBC. El hombre utilizó reglas o varas de madera del jardín para golpearla rompiendo como unas cinco durante la golpiza. Su madre tenía decenas de ellas en casa porque se rompían muy a menudo.

"Al ver que un par de días después no podía sentarme, me dijo: 'Deja de ser tan melodramática, ¿qué pasa contigo?' Entonces le pidió a mi madre que mirara y mi coxis estaba increíblemente amoratado e inflamado".

Hannah, que ahora tiene veintitantos años, dice que su padre quedó "horrorizado" y nunca más la golpeó. Pero su madre continuó, usando un mango de persiana de plástico que pensaba dejaría menos marcas en la piel de los niños.

Al igual que otras personas que han sido testigos de la puesta en práctica de los consejos de Michael Pearl, Hannah dice que sus padres fueron seducidos por la idea de una fórmula simple para que sus hijos fueran obedientes. "El problema es que Pearl te dice que tienes que quebrar a tus hijos", dice. "Y para conseguirlo, tienes que ser completamente despiadado".

Casos trágicos

En 2010, Lydia Schatz falleció tras haber sido golpeada, tres años después de su llegada a California procedente de Liberia. El siguiente año, otra niña adoptada, Hana Williams, de 13 años, murió por hipotermia y malnutrición después de haber sido abandonada en el patio trasero en una pequeña comunidad del estado de Washington.


Los padres de Schatz cumplen largas condenas de prisión después de declararse culpables de cargos que incluyen homicidio de segundo grado, tortura, homicidio emocional y castigo corporal ilegal.

Los padres de Williams fueron condenados en octubre a décadas en prisión por homicidio. Los investigadores dijeron que las dos parejas habían seguido los consejos de "Cómo educar a tu hijo", y se encontró una copia del libro en ambas casas.

Michael Ramsey, fiscal de distrito que procesó a los Schatz, dijo que tenía pensado mencionar el libro como un factor que contribuyó al triste desenlace si el caso hubiera llegado a la corte.

Si bien no quería restar la responsabilidad de los padres en la muerte de Lydia, Ramsey dijo que las ideas del libro eran "acogidas por completo por los Schatz" y que "la filosofía del libro conduce a las personas por esa pendiente".
En un tercer caso, Sean Paddock, un niño de cuatro años cuya madre adoptiva en Carolina del Norte recurrió a las enseñanzas de Pearl, murió por asfixia después de haber sido envuelto de forma apretada en una manta. Los tres menores fallecidos fueron, al parecer, golpeados con un tubo de plástico de plomería similar al que Michael Pearl mencionó como posible herramienta para las golpizas.

Pearl rechaza que el libro pueda desencadenar abusos y señala que advierte contra la "brutalidad" y el uso de los azotes como una forma de desfogar la ira. "Ningún tribunal, juez, policía o servicio de protección infantil nos ha acusado nunca de hacer nada que pusiera en peligro a los niños", asegura.
"No hay ninguna manera en que una persona que lea el libro pueda ser dirigida hacia la violencia. Quizá no evite la violencia si eso es parte de su naturaleza, pero el libro no lo va a llevar a hacer algo que sea contrario a su propio sistema de valores".

Los críticos del libro, entre los que se encuentran grupos cristianos, ateos, activistas en temas de crianza y académicos, no están de acuerdo.
"Cómo educar a tu hijo" es "bastante singular en su orientación hacia el castigo a los niños en general y también a los infantes", opina George Holden, profesor de psicología en la Universidad Metodista del Sur en Dallas. "Sugiere una serie de visiones muy peligrosas, que fácilmente pueden acabar en abuso físico infantil si uno sigue lo que predica", le dice a la BBC .

"Retirar el libro de la venta"

Holden ha respaldado una de las tres principales peticiones que exigen que Amazon y otras librerías dejen de vender "Cómo educar a tu hijo". Han recopilado más de 200.000 firmas en total, aunque algunas personas pueden haber firmado en más de una de las campañas.





Foto: Archivo 
La tienda de libros británica Waterstones dice que no tiene el libro en su inventario y Foyles, también radicada en Reino Unido, informó que lo ha eliminado de su sitio de internet.


Amazon, sin embargo, no ha dado señales de querer cambiar su política. La empresa dijo en un comunicado: "Este libro ha sido ampliamente debatido en los medios, y en Amazon, durante muchos años, y cualquiera que desee expresar su punto de vista sobre la obra es libre de hacerlo en la página del producto en nuestro sitio web".

Las personas involucradas en la campaña dicen que no buscan que se prohíba el libro. Cualquier desafío legal tendría pocas posibilidades de salir adelante, al menos en Estados Unidos, donde la Primera Enmienda de la Constitución les ofrece a los autores un nivel muy alto de protección.

Pero señalan que un creciente número de familias cristianas le está dando la espalda a las enseñanzas de Pearl, en parte como reacción a las tres muertes.
Un concepto llamado "crianza amable", que se opone a los azotes, ha ido ganando terreno poco a poco, dice una bloguera estadounidense que escribe con el nombre Hermana Linda. Otros ven una tendencia similar en todo el mundo.

"Estudios nacionales muestran una paulatina disminución del apoyo al castigo físico por parte de los padres", asegura Robert Fathman, psicólogo clínico y activista contra este tipo de métodos de crianza. "Estados Unidos tiene un largo camino que recorrer, pero avanzamos en la dirección correcta"..

12 dic. 2013

Prohibir un libro es invitar a leerlo

Por: Juan Cruz

Amazon y otras grandes librerías retiran de su catálogo libros pornográficos autoeditados

La decisión despierta recelos

La historia está plagada de textos que fueron acusados de obscenos

'Madame Bovary' y 'Las Flores del mal' se tacharon de inmorales. / SANTI BURGOS
Estupor en la Red y en las librerías masivas del mundo anglosajón. Escritores de ficción se han quitado de encima los intermediarios tradicionales del libro y editan por su cuenta obras entre las cuales ahora se cuelan textos considerados obscenos o pornográficos. ¿Es obscenidad? ¿Resulta eficaz prohibir su circulación? La historia está llena de libros que en su momento fueron acusados de obscenos, para convertirse en obras de arte ensalzadas.
Tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, donde tradicionalmente se han producido los mayores ataques de pánico popular ante los avances de la pornografía, las compuertas han empezado a cerrarse.
Grandes librerías como Amazon o la cadena WH Smith han decidido prohibir muchos de esos títulos, acusados de estimular el incesto, la pedofilia, la violencia sexual o el bestialismo. Algunas cadenas tardaron en reaccionar ante el clamor de las organizaciones que persiguen la pornografía. Pero finalmente Amazon, Barnes & Noble, Waterstones…, todas han puesto en marcha mecanismos para llevar a efecto una policía general contra la pornografía.

Algunos títulos apelan abiertamente al incesto y al abuso sexual de menores
El temor en la sociedad anglosajona, expresado desde distintos medios, es que pueda producirse una ola de puritanismo que evite, también, la publicación de obras que no contengan las gruesas ofensas que se han puesto de manifiesto en los libros denunciados ahora. Porque lo que más ha alarmado a las asociaciones de consumidores y a esos libreros es la sustancia de los títulos, que apelan a violentos y, quizá, a pedófilos. Libreros de larga historia, como Waterstones, han señalado que ellos nunca vendieron títulos así en el pasado, y que seguirán cerrándose a su almacenaje y a su venta. Y estarán atentos.
La historia está llena de libros que fueron prohibidos y que resultaron materia de la mejor historia de la literatura. He aquí un ejemplo, Lolita. Es imposible saber si Vladimir Nabokov utilizaría hoy las facilidades de la Red para escapar, con sus editores, de la vigilancia con que la sociedad anglosajona de posguerra convirtió Lolita en un peligro público.
Ahora —y entonces— Lolita es una obra de arte, pero en aquel momento, cuando el editor Lord Weidenfeld la quiso publicar en Inglaterra, las voces más conservadoras lucharon para impedir que circulara la historia de aquella muchacha que tenía amores con un hombre que simulaba ser su padre. Era, decían, pornografía.
Weidenfeld, un hombre conservador conectado con lo más importante de la sociedad mundial, desde De Gaulle a Juan Pablo II, se tomó muchísimo trabajo para arrancar ese libro mítico de las garras de los censores. Lord Weidenfeld me explicó en Londres su estrategia para conseguir que aquella maravilla literaria llegara sin más contratiempos al gran público.

La sociedad anglosajona teme los efectos de una ola de puritanismo
Él se arriesgaba, publicando Lolita en Inglaterra, a ir a la cárcel, porque a la novela ya se la había calificado de pornografía peligrosa; ya había aparecido en París, “como un sofisticado libro erótico”. Había sido considerado para publicación en EE UU, “pero nadie se atrevía a hacerlo”.
“Pero el libro era tan apasionante y me parecía tan bueno...”. Weidenfeld estaba empeñado en publicarlo en Inglaterra, con el propio aval de su gusto y también con el apoyo de otras opiniones. Weidenfeld se reunió con Nabokov, desarrollaron una buena amistad y el novelista estuvo de acuerdo en una estrategia para convencer a la sociedad británica de que aquello no era pornografía sino literatura. Noel Annan, que era rector del King’s College de Cambridge, “dio una lujosa cena en su residencia en honor de Nabokov, con una lista de invitados trufada de estrellas”. El novelista dio una conferencia cuyo título era Los grandes novelistas rusos del XIX y la Policía. Acabó así: “¿Quién en esta sala no ha oído hablar de Pushkin, Lermontov y Chéjov? ¿Quién sabe el nombre de alguien en la prefectura de policía de Petersburgo?”.
La policía era el Gobierno británico. La decisión que debía tomar el Gobierno de Su Majestad, según Weidenfeld, era “si procesarme o permitir que publicase Lolita”. Ganó Weidenfeld, es decir, Nabokov, es decir Lolita, por tres votos a dos y todos brindaron con champán. No hubo proceso y la novela se abrió paso, por la mínima, como una obra de arte. Pero por un pelo no fue sepultada bajo la etiqueta de pornografía.
Hubo otro suceso famoso en el siglo XX, la oposición a considerar elUlises de James Joyce una obra de arte y no un libro obsceno. EE UU, en este caso, se cerró ante una de las novelas más famosas de la historia; sus autoridades se escudaron en la obscenidad como el factor que le impediría su acceso a las librerías y solo la destreza de un editor tan voluntarioso y tan arriesgado como Weidenfeld, Bennett Cerf, fue capaz de vencer la censura. Cerf lo cuenta en sus memorias (Llamémosla Random, Trama).

Sergio Ramírez: "Hay una tensión constante entre el poder y la libertad"
Y es que la historia de la literatura ha distinguido, a la postre, la pornografía del erotismo, la literatura de la basura. Y el público ha ido eligiendo. ¿Se ha de prohibir lo que se produce? ¿La moralidad es un freno, y siempre ha de serlo? Depende de los cauces que alcance el libro. El cineasta y escritor José Luis Cuerda es escueto: “El que tenga reparos morales para leer un libro lo mejor que puede hacer es no leerlo. Ni siquiera para prohibirlo. A la libertad de publicación puede oponerse siempre la libertad de no verlo…”. Él disfrutó lo prohibido (en España) “viendo películas en Biarritz” y recuerda esta escena en Madrid, durante el franquismo: “En la piscina de la obra sindical de Educación y Descanso las mujeres y los hombres tomaban el sol en solariums distintos y un cartel con el dibujo de una pareja de espaldas, paseando enlazados por la cintura anunciaba: ‘Prohibido sentirse eufóricos”.
Sergio Ramírez, el autor nicaragüense, recuerda casos célebres:Madame Bovary, de Flaubert, Las flores del mal, de Baudelaire, el citado Ulises, “los tres acusados de inmoralidad y disolución de costumbres... Hay una tensión constante entre el poder y la libertad, y el poder extremo busca pretextos para imponerse, alegando valores tradicionales que se basan en la defensa de la moral, las buenas costumbres, la patria, la religión. Antes fue el espacio de la letra impresa, hoy es el espacio de la Red, que llena de susto al poder porque es el espacio más libérrimo que ha existido nunca. Entonces comienza a ser restringido bajo los mismos alegatos con criterios de abuelitas asustadas o de tías solteronas púdicas, calzadas con botas militares”.
“Apagar un libro en la Red”, añade Ramírez, “es lo mismo que mandar a quemarlo. Uno de los monumentos más impresionantes que he visto nunca, erigido en contra de la intolerancia, está en la plaza de Ópera, en Berlín, allí mismo donde los nazis quemaron miles de libros. Uno se asoma a una ventana que se abre en el pavimento, y lo que mira en el fondo son estantes vacíos. El vacío es lo único que satisface a la represión contra la libertad. Y está allí inscrita una frase de Heinrich Heine que nunca debemos olvidar: ‘Donde se queman libros se acaba quemando personas”.

  De Moura solo impuso un límite en ‘La sonrisa vertical’: “La pederastia”
Beatriz de Moura, directora de Tusquets, puso en marcha en 1977 la más importante colección de literatura erótica de la lengua española, La sonrisa vertical. ¿Qué límite se impuso? “El único límite que Luis García Berlanga y nosotros nos impusimos desde el inicio de esta colección fue el de la pederastia”. Fue una decisión editorial, el control tradicional que durante años ha sido la guía de los autores, los distribuidores y los lectores. ¿Tendría sentido establecer límites a la publicación de libros en virtud de razones morales o de otro tipo? “A mi juicio, no, siempre y cuando no invada el terreno de la infancia, y esto por razones tan evidentes como que los niños aún están indefensos ante las inquietudes, cualesquiera que sean, de los adultos”.
Ramón Buenaventura acaba de publicar en Alianza Editorial su novelaNwty, en la que las mentes más precavidas podrían ver elementos que en el pasado desataron las ansias censoras. Recuerda: “La historia es interminable. Por razones que nadie ha acabado nunca de explicar, pero que hallan expresión fulminante en Freud y su demostración de que el ser humano solo puede alcanzar sus máximos de civilización si reprime o sublima los impulsos sexuales, las autoridades siempre han mirado de soslayo la actividad venérea, incurriendo incluso en normativas dañinas para la especie: el cristianismo primitivo, casto y misógino, aún vigente en muchas cuevas mentales eclesiásticas, parecía preconizar la rápida extinción de la especie, para que llegasen cuanto antes la parusía y el juicio final”.
Pero, ¿y cómo llegó el auge de la censura del sexo en los libros? “La censura de los libros con contenido sexual no alcanzó su pleno funcionamiento hasta que los escritores optaron por la libertad y, en lugar de escribir cochinadas a escondidas y repartírselas solo a los amigos (como nuestro buen fabulista Samaniego, por poner un ejemplo entre miles), decidieron publicarlas por medios profesionales y ofrecerlas al público en general. Tras las primeras escaramuzas del siglo XIX, las grandes batallas se plantean en el XX y aún no han terminado”. Ya Ulises “no es un libro prohibido en el mundo occidental, ciertamente; pero Ulysses Seen (Ulises visto), una estupenda versión para iPad en formato cómic, con desnudos, acaba de tener gruesos problemas con Apple (enemigo máximo de la carne expuesta, junto a Facebook)”.

Los conservadores intentaron impedir la circulación de ‘Lolita’, de Nabokov
Por la vía de las prohibiciones y de la censura de los libros entra una mayor obstrucción de la cultura. Por decirlo así, se sabe cómo empieza la censura, y por qué, pero no se sabe dónde se detiene. El historiador venezolano Fernando Báez, autor de Historia universal de la destrucción de los libros (Siruela), que ahora acaba de publicar en Fórcola Los primeros libros de la humanidad, explica que “la bibliocastia es la fase más radical de la cultura”, cuando se le pregunta si hay alguna razón extrema que permita la censura de libros. “Quienes censuran”, dice, “saben lo que hacen, y hacen lo que saben. Su objetivo ha sido intimidar, desmotivar, desmoralizar, propiciar el olvido histórico, disminuir la resistencia, estigmatizar el pensamiento irreverente, proclamar la ortodoxia del sectarismo político, religioso y moral”. Y la historia es larga, añade. Comienza en los romanos, que la llamaban damnatio memoriae, y desemboca en la Inquisición, que no nace “porque no bastaba con prohibir la lectura de ciertos libros sino investigar cuáles habían sido escritos o leídos por herejes… La obra de cualquier autor o pensador interesante que recordemos en general ha sido prohibida: Servet, Voltaire, Rousseau, Darwin, Wilde, Steinbeck, Russell, Salman Rushdie…”.
“Lo peor”, explica Báez haciendo historia actual de la censura en el mundo, desde Eritrea a Estados Unidos pasando por China y Rusia, es que los poderes “no vacilan en aplicar la prohibición ante códigos morales, comerciales o ideológicos. Por eso decía Orwell en 1984 que lo peor es la Policía del Pensamiento; y vivimos en un mundo pre-orwelliano”.
El editor Jordi Herralde lo tiene claro: se prohíbe “por las razones de siempre: un intento de blindar el poder”. Su editorial, Anagrama, conoció en el franquismo la exigencia censora. “Durante tres años (1968-1969-1971) presentamos los manuscritos o libros extranjeros sin traducir, como era habitual, a la llamada ‘consulta voluntaria’ que podía aprobar la publicación, hacer una lista de supresiones en el texto o bien desaconsejar la publicación. La palabra ‘desaconsejar’ equivalía a ‘prohibir’. Nos desconsejaron 43 títulos, la mayoría de carácter político, aunque también hubo algunos literarios que consideraron subversivos, como Cantos de Maldoror de Isidore Ducasse, Diario del ladrón, de Jean Genet, El bravo soldado Schweik, de Jaroslav Hasek, La revolución del Edicto de Nantes, de Pierre Klossowski... Ante tanta prohibición decidí optar por otra vía posible, pero muy poco transitada y más peligrosa. Enviar los libros ya editados y esperar un día por cada cincuenta páginas y luego proceder a su distribución a menos que fuera secuestrado en la editorial, cosa que nos sucedió en nueve ocasiones... Logramos colar libros impensables, algunos de los cuales nos constaban que habían sido ‘desaconsejados’ a otros editores de la consulta voluntaria”.

Cuerda: “El que tenga reparos morales con un libro, que no lo lea”
Una sombra de censura alienta ahora en el mundo; asoma sobre los libros que escandalizan, pero se manifiesta en otros terrenos. Román Gubern, historiador del cine, comenta la actualidad: “En el Festival de Cannes ha escandalizado la historia de amor lesbiano de dos muchachas de 17 y 19 años en La Vie d‘Adèle… Mientras en Barcelona y Madrid se ha prohibido la publicidad en espacios abiertos de Yo soy ninfómana, basada en la novela de Valèrie Tasso”. Aún más cerca: “El nuevo Código Penal de Gallardón ha subido la edad para el primer coito a los 16 años (en el del Vaticano el límite es doce años: la edad de la primera menstruación y, en El mono desnudo, Desmond Morris afirma que la edad de máxima potencia sexual de los chicos es a los trece años. Nuestro modelo moral lo exhibe TVE enIsabel, apodada la Católica. Vamos a contracorriente de la naturaleza”. El también crítico Diego Galán recuerda la censura más paradójica de la reciente historia del cine: “Fue la de El crimen de Cuenca en 1980 sobre hechos reales de 70 años atrás”.
Cuenta De Moura que el libro prohibido con el que disfrutó más fue La vida secreta de las hormigas, de Maeterlink. “Según mi padre, estaba en el Index de Libros Prohibidos de la Iglesia Católica. Nunca entendí —ni mi padre me supo explicar— exactamente el porqué de esa prohibición, pero fue uno de los libros prohibidos con los que más he disfrutado intentando saber exactamente en qué y por qué estaba prohibido”.
En los libros y en la vida lo prohibido desata la pulsión del conocimiento. El remedio no es, dice Cuerda, cerrarle las puertas al campo: “El que tenga reparos para leer un libro lo mejor que puede hacer es no leerlo. Ni siquiera para prohibirlo”. Prohibirlo es una manera de darlo a leer. Aunque lo quemen en la Red.

Leer a oscuras: ¿es dañino para la vista?

La creencia de que leer con poca luz daña la vista está altamente expandida, especialmente en las generaciones mayores. Pero, ¿qué hay de cierto en esta afirmación?

La exposición a los rayos UV y HEV dura todo el año, especialmente entre las 10 y las 16 horas Fuente: Universia
Cuando forzamos los ojos para leer con poca luz, nuestras pupilas se dilatan para adaptarse a las condiciones necesarias del lugar donde nos encontramos


Si alguna vez te han encontrado leyendo un libro a oscuras o con poca luz, seguramente hayas sido advertido de que este hábito puede causar daños irreversibles a tu visión. Sin embargo, contrariamente a lo que se cree, no hay evidencia empírica de que leer con poca luz haga daño a la vista.
 
Lo que sí sabemos es que el ojo es una maquinaria tan compleja y sofisticada que se adapta a las condiciones externas del ambiente. Cuando los forzamos para leer con poca luz, nuestras pupilas se dilatan para adaptarse a las condiciones necesarias del lugar donde nos encontramos.

En la anatomía de nuestros ojos, se encuentran unas estructuras conocidas comoconos y bastones que se encargan de regular la cantidad de luz que debe pasar para iluminar. De esta forma, el cerebro mediante unos componentes oculares específicos dentro de un área conocida como cámara vítrea, en la parte gelatinosa del globo ocular, extiende los músculos entre la retina y la lente para optimizar la visión.

Hasta el momento, los estudios que se centraron en responder a la pregunta si leer con poca luz daña los ojos, se enfocaron en el desarrollo de la miopía temprana, más que en los daños que podría producir este hábito. No obstante, es un hecho probado que factores como la influencia genética o el hábito de las madres de fumar durante el embarazo, pueden incidir en el desarrollo de esta dolencia ocular.

Consejos para proteger tu visión

A continuación, te presentamos algunos consejos básicos para cuidar tu visión. 

Pestañea con frecuencia

El pestañeo es el mecanismo que tiene el ojo para generar lágrimas y mantener lubricado el globo ocular. También puede ayudar la aplicación de lágrimas artificiales con un gotero.

Reduce el tiempo de exposición a pantallas

Si tienes la obligación por motivos laborales de pasar muchas horas frente a la computadora, evita la televisión durante tus tiempos de ocio.

Descansa la vista con frecuencia

Si realizas tareas que requieran focalizar la mirada durante períodos largos, haz una pausa cada dos horas cerrando los ojos durante 60 segundos.

Usa lentes de sol todo el año

La exposición a los rayos UV y HEV dura todo el año, especialmente entre las 10 y las 16 horas.

Protege tus párpados del sol

Utiliza bloqueador solar en los párpados para ayudar a proteger el globo ocular tanto en verano como en el resto del año.

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