13 oct. 2014

El 70% de los argentinos siente que no le alcanza el tiempo

Por: Gisele Sousa Dias


Sacrifican el desayuno o duermen menos para ser más “productivos”. El síndrome de los “impacientes permanentes”.

INFOGRAFIA. Así se divide un día promedio para los argentinos que trabajan jornada completa. (Clarín)


El trabajo, y ni hablar si necesitás tener más de un trabajo. Los chicos, y sus tareas, sus peloteros. Terapia, el gimnasio. Y la casa, y comprar comida para no morir de inanición, y limpiar porque la mugre no deja ver a través de los vidrios y cocinar, después de todo eso, cuando ya no das más. Hacemos tantas cosas que sentimos que el día no alcanza, no usamos los “ratos muertos” para descansar sino para adelantar más tareas y creemos que algunas escenas de la vida cotidiana –una web que se cuelga, un embotellamiento, una fila para un trámite– se complotan para robarnos más tiempo. ¿Qué sacrificamos? El desayuno, horas de sueño y la actividad física, entre otras cosas. Ahora bien, ¿nos queda corto el día o sólo nos sentimos bien cuando nos sentimos productivos?
Una encuesta hecha por D’Alessio IROL mostró que 7 de cada 10 argentinos sienten que les quedan tareas pendientes al finalizar el día, y que sólo un 16% dice que “le sobra el tiempo para el ocio”. “La manera dominante que tenemos de vivenciar el tiempo es la que se conoce como ‘tiempo lineal’. Esa idea tiene consecuencias valorativas: si el tiempo es lineal tiene que ser productivo, porque a lo largo de esa línea se va desplegando nuestra realización en el mundo y todo lo que vamos haciendo es una inversión a largo plazo”, introduce el filósofo Darío Sztajnszrajber, protagonista de la obra “Desencajados”.
“Otra de las características de este tiempo lineal –continúa– es que el tiempo es cuantitativo, que lo podemos medir. Pero lo cierto es que eso lo lleva más cerca de la esfera de la economía que de la humanista, y así el tiempo se parece más a una cadena de montaje donde se supone que nos estamos produciendo a nosotros mismos. Lo que creo es que tenemos que dar una pelea y conectarnos con el tiempo cualitativamente: así, perder el tiempo no sería algo negativo sino una manera de emanciparse de esa obsesión productivista de que el tiempo debe producir resultados”.
Es que el concepto de “tiempo muerto” como ese rato para parar y almorzar, dormitarse en una sala de espera o leer en un colectivo también cambió: el 94% de los encuestados usa esos ratos entre una actividad y otra para recuperar “tiempo perdido” (planifica el resto del día o contesta mails de trabajo, por ejemplo). “Hay quienes están todo el tiempo en acción y se llenan de actividades y eso puede ser un modo de escapar de sí mismos o de no contactar con aspectos depresivos propios. Los ‘tiempos muertos’ podrían ser, por el contrario, tiempos muy vitales, momentos de vacío donde uno puede pensar sobre uno mismo, interrogarse y tener resultados muy fecundos”, opina Juan Tesone, médico psiquiatra, integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Vivir a mil no es gratis: cuando las horas no alcanzan lo primero que se sacrifica son actividades que afectan directamente a la salud. “Para muchos, dormir, desayunar, comer sentados, hacer una cola, esperar que bajen los mails o dormir una siesta puede vivirse como una terrible infracción, un absurdo, una pérdida inadmisible de tiempo”, dice Enzo Cascardo, director del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad. Se termina el día agotado y en la búsqueda desesperada por dejar de perder minutos se pierde el eje: hacer una fila para hacer un trámite y que justo se caiga el sistema, esperar mucho en un consultorio, en un embotellamiento o a que nos atiendan en un call center puede sacar lo peor de nosotros.
Es que cuando no se sabe delegar, poner prioridades o preguntarse ‘¿qué quiero hacer hoy?’ y sólo aparece la satisfacción en el mandato de completar a tiempo la lista de objetivos diarios, perdemos la capacidad de esperar y nos convertimos en impacientes permanentes: “Esa impaciencia genera mucha irritabilidad en las relaciones interpersonales, porque cuando llegás a tu casa y las cosas no están como querés en el momento en que querés, tirás la bronca. Quienes se vuelven tan impacientes bajan mucho la tolerancia a la frustración”, dice Cascardo. “Vivir a mil, la sobreinformación que tenemos en la cabeza, la necesidad de estar en todos lados a la vez son todas situaciones que se oponen al ocio, y el ocio es imprescindible para reparar ese gasto de energía que significa estar conectados a todo. Yo no los llamo ratos para ‘no hacer nada’ sino al revés: ratos ‘para hacer nada”.
Rogamos, finalmente, porque llegue el fin de semana y ¿qué hacemos cuando llega? La mitad de los encuestados o se llena el día de tareas pendientes o siente que si lo usa para descansar “está desperdiciando el tiempo”. Dice Sztajnszrajber: “Recordar todo el tiempo que nos vamos a morir no debería ser algo negativo sino liberador, porque podemos romper con ese tiempo lineal y recuperar la idea del momento, del instante”. Este fin de semana debería ser al menos eso: un instante para parar la línea de producción.


Fuente:http://www.clarin.com/sociedad/argentinos-siente-alcanza-tiempo_0_1228077310.html
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