6 oct. 2014

La memoria, el sueño y hasta la caligrafía cambian por las nuevas tecnologías

Por: Victoria De Masi

Se escribe menos a mano. Si falla el GPS, surgen problemas de ubicación que antes no existían. La ciencia, en alerta.



¿Cuándo fue la última vez que escribió a mano? ¿Falló su GPS y se sintió perdido? ¿Cómo fue que un acontecimiento reciente se volvió difuso? Está cambiando la forma de escribir a mano, recordar, ubicarse, dormir, reflexionar. Para los científicos, se debe al avance tecnológico, que es capaz de producir para nosotros, pero también en nosotros. Ya podemos manejar nuestra casa sin estar en ella, con chips que apagan las luces cuando detectan que no hay gente en la habitación o sensores que permiten mover una silla a distancia. Un runner sabe cuánto corrió y cómo trabajó su corazón gracias a zapatillas que almacenan datos. 
El perfil en Facebook se ocupa de retener fechas, nombres y antecedentes. El celular conserva números y fotos, y el GPS calcula la mejor ruta de regreso. Pero, ¿qué pasa con el cerebro y con el cuerpo? ¿Cuál es lado B de tantos beneficios? Diferentes estudios y especialistas consultados porClarín confirman que hay cambios en funciones esenciales, pero también advierten que esta era no es apocalíptica y que el cerebro seguirá siendo un órgano noble, con una capacidad de adaptación suprema.
Menos textos “de puño y letra”. La imprenta no mató a la escritura y el teclado no terminará con la tinta. Sin embargo, hace dos años el periódico alemán Bild reveló en una encuesta que “1 de cada 3 adultos no había escrito nada a mano en seis meses”. Denunciaba el “fin de la caligrafía” tal como nos enseñaron en la escuela y remarcaba que la gente sólo escribe mensajes de texto virtuales. “Es probable que con el tiempo la escritura disminuya y sea reemplazada por otras tecnologías. Un tarea para los educadores es ver cuándo recurrir al ‘lápiz y papel’ y cuándo al dispositivo electrónico”, explica Gisela Schwartzman, coordinadora pedagógica del Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías de Flacso. Aún es difícil definir si es mejor tomar apuntes en la notebook. Pero sí está probado que la escritura es fundamental para fomentar la coordinación, las habilidades manuales y la actividad cerebral.


La brújula interna, de vacaciones. Investigadores de la Universidad McGill, en Canadá, estudiaron a personas que usaban habitualmente el GPS y a otro grupo que no. Así demostraron que la dependencia a ese dispositivo tiene un efecto negativo en el cerebro. “Especialmente en el hipocampo, área del cerebro involucrada en los procesos de memoria y espacio, es decir, cómo llego y cómo vuelvo de un lugar. Los que usaban GPS tenían menos actividad en esa zona cerebral. A veces los sentidos no alcanzan y por eso desarrollamos herramientas. Lo que no habría que hacer es reemplazar los sentidos por esas herramientas”, observa el biólogo Diego Golombek, investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y de Conicet.

El sueño: poco y de mala calidad. Según la National Sleep Foundation, los adolescentes usan 4 dispositivos electrónicos al mismo tiempo: televisión, reproductor de música o video, celular, computadora. Esa exposición excesiva al ruido y a la luz hace que las hormonas inductoras del sueño no sepan cuando “salir a trabajar”. Analiza Eduardo Borsini, especialista en Medicina del Sueño del Hospital Británico: “En los últimos 80 años el avance tecnológico supuso una irónica reducción de la ‘necesidad’ de dormir. Hoy dormimos menos, desordenado y mal. La sugerencia no es restrictiva sino de uso responsable, útil y efectivo de lo electrónico”.

Adiós a la memoria de elefante. En 2010 el británico Nicholas Carr escribió el libro “Superficiales” y fue best seller. Allí considera que el uso cotidiano y excesivo de la tecnología limita la memoria y el desarrollo del cerebro. El debate que disparó sigue abierto. Para Pablo Richly,   jefe de la Clínica de Memoria INECO y subdirector del Instituto Alzheimer, no es que hayamos perdido memoria sino que la usamos diferente. Sigue: “Si sabemos que la información que nos dan podemos buscarla de manera fácil y volver cuando queramos –como en Internet– somos más eficientes en recordar cómo o dónde buscarla que de recordar la información en sí misma. Si la usamos juiciosamente, la tecnología nos presenta recursos y desafíos que permiten ampliar nuestro horizonte”.

No hay tiempo para tanto contenido. “Cuando uno está exageradamente bombardeado por estímulos externos que son muy adictivos, como series de tevé que no podés dejar de ver o navegar por la Red saltando de una página a la otra sin pausa, puede que haya menos tiempo para procesar la información internamente”, entiende Mariano Sigman, director del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella. Así como Hal Pashler, profesor de Psicología y Neurociencias en la Universidad de California, “midió” qué tiempos son efectivos para incorporar conocimiento entre los estudiantes, Sigman observa que abrumar con información “impide un tiempo natural que tiene el cerebro humano para asimilarla”. La fórmula sería que si no hay tiempo, no se incorpora y, por ende, no se recuerda. “Lo que pasa con muchas tecnologías nuevas es que son muy compulsivas y uno entra en un
loop que no es efectivo para la consolidación de la información”, cierra.

Fuente:http://www.clarin.com/sociedad/memoria-caligrafia-cambian-nuevas-tecnologias_0_1224477628.html

2 comentarios :

Anónimo dijo...

ES UN POCO LARGO PERO ESTE BLOG DEBERIA LLAMARSE. EL RINCON DEL BIBLIOTECARIO QUE NO SABER REDACTAR UNA REFERENCIA BIBLIOGRAFICA

María Rosa Petinari dijo...

Sr.encargado del blog le agradezco por el aporte que realiza y a vos anónimo anda a molestar a otro lado o crea tu propio blog.

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