27 feb. 2016

El oficio bibliotecario


A Jone Lajos

En un época de austeridad preguntarse para qué sirve un bibliotecario tiene inevitablemente aires de amenaza. El mero hecho de plantear esa pregunta parece el preámbulo de algún recorte. Pienso, por el contrario, que la mejor defensa que puede hacerse del propio oficio, cuando la aceleración de las cosas amenaza con volverle a uno completamente inútil, consiste en descubrir qué puede hacerlo necesario en las nuevas circunstancias.

Por lo demás, tratándose de un oficio tan antiguo, no tiene nada de extraño que quienes trabajan como bibliotecarios y bibliotecarias se vean asediados por una perplejidad paralela a las transformaciones que han ido experimentando las propias bibliotecas: han sido sacerdotes, soldados, funcionarios, almacenistas, virtuosos de las nuevas tecnologías... Los bibliotecarios han tenido que ir reinventado su oficio en múltiples ocasiones. El creador de la biblioteconomía como ciencia moderna en el siglo XIX fue un trabajador reconvertido, Martin Schrettinger, un ex monje benedictino que pasó del convento a la Bayerische Staatsbibliothek (una biblioteca en las que, por cierto, tantas horas pasé siendo estudiante). El problema al que tuvo que enfrentarse era algo más serio que un cambio de hábitos y destino personal; se trataba de que el tamaño de las bibliotecas las estaba convirtiendo en algo inútil. A él se debe la invención del catálogo, la idea de que un libro debía poderse encontrar en el menor tiempo posible lo que, en última instancia, posibilitaba la transformación de un museo en una verdadera biblioteca.

Hace unos años Anne-Marie Chaintreau y Renée Lemaître estudiaron el modo como las bibliotecas y sus profesionales eran reflejados en la literatura y el cine modernos. Un repertorio estable de palabras, imágenes, juicios, comparaciones parece surgir automáticamente en cuanto se muestra una biblioteca o se pone en escena un bibliotecario, ciertos rasgos elementales que funcionan como signos de identificación y reconocimiento.

Los novelistas tienen una cierta tendencia a exagerar los defectos más que las cualidades en figuras como los médicos, los juristas, los curas o los funcionarios. Los bibliotecarios no son una excepción. Pues bien, la mayor parte de los relatos agudizan el estereotipo que hace de las bibliotecas lugares aburridos y a sus empleados personajes secundarios, con moño o calva (según el sexo), casi siempre con gafas, solitarios y de simpatía más bien escasa. Los hay expertos en clasificación que se transforman en obsesos del orden, catalogadores que se hacen maníacos de la ficha, otros cuya memoria prodigiosa les hace parecer locos cuando recitan de memoria lugares complejos, hay quien es acusado de no hacer nada útil porque se limita a leer... El justo medio no ha sido nunca ni pintoresco ni novelable y a las exageraciones se les saca un mayor partido narrativo.

Los relatos que tienen lugar en las bibliotecas han experimentado una cierta evolución: en muchos de ellos las bibliotecas dejan de ser lugares oscuros y cerrados, destinados únicamente a la meditación, y se convierten en lugares propicios a la aventura y la intriga. El amor y el crimen penetran en las salas de lectura y perturban la atmósfera rancia de la erudición; de lugares que remiten al pasado pasan a ser puntos de partida de sueños extraordinarios y futuristas; los bibliotecarios timoratos y pusilánimes terminan convirtiéndose en detectives... Pero no deberíamos dejarnos engañar, porque si el cine los ha convertido en escenarios de trepidantes acciones es porque habitualmente no lo son y están destinados a todo lo contrario, a fomentar tan sólo la aventura de la reflexión, que a la mayor parte de la humanidad le dice más bien poco. El fenómeno literario de hacerlas lugares emocionantes no hace otra cosa que subrayar su carácter habitualmente aburrido, como espacio donde no se crea sino que se recoge la creación de otros, donde no pasa nada ni se decide nada importante.

Pero el rasgo que más destacaría del actual oficio bibliotecario es que sean capaces de sobrevivir en medio de una concentración tan grande de estímulos que invitan a leer. Si cedieran a la tentación de leer, no harían lo que deben hacer. Los usuarios de bibliotecas miramos a los bibliotecarios como los golosos a los pasteleros, preguntándonos cómo estos últimos pueden mantener esa indiferencia respecto de los dulces para no sucumbir ante ellos. Si no les corresponde leer, menos aún están obligados a opinar sobre la verdad o el error que los libros puedan contener. Anatole France, que fue un gran escritor y un gran bibliotecario, consideraba que el bibliotecario sólo puede mantenerse cuerdo entre tantos libros que se contradicen si no piensa, si es capaz de "vivre catalogalement”.

Esa indiferencia no ha sido siempre bien entendida y a veces puede ser vista como si en el fondo de la profesión bibliotecaria hubiera una cierta hostilidad, hacia los libros y hacia los lectores. Probablemente este sea el origen del tópico que considera al bibliotecario como un ser maniático que crea voluntariamente sistemas complejos para hacer inaccesibles los volúmenes o para acreditar su poder sobre los lectores y sobre los libros.

Cuando yo era estudiante circulaba entre nosotros el reproche de que las bibliotecarias y los bibliotecarios estaban ahí para dificultar el acceso a los libros y por eso resultaban casi siempre personas gruñonas. En aquella maledicencia había un punto de verdad. Que facilitaban el acceso era una evidencia, pero que nos lo impidieran ocasionalmente parecía una rareza o un abuso de autoridad. Con el paso del tiempo he ido comprendiendo que interponer esas dificultades para hacerse con un libro formaba parte de la nobleza de su oficio; dificultaban el robo, las pérdidas, el préstamo ilimitado o el maltrato de los libros, pero su escasa generosidad también podía entenderse como una estrategia para protegernos del exceso de libros.

Hay una contradicción en el oficio bibliotecario, un equilibrio inestable que siempre me ha parecido digno de admiración: conseguir que los libros sean asequibles y protegerlos del daño que pueden causarles sus lectores. Pero hay otra aparente contradición que todavía resulta más extraña, seducidos como estamos por la posibilidad de que el mundo se organice sin mediaciones: están al servicio de la accesibilidad, pero para hacerla real tienen que reducir su alcance. Cuando un bibliotecario o una bibliotecaria alejan o esconden ciertos libros para que otros nos resulten más accesibles, cuando seleccionan, destacan o recomiendan, formalmente están haciendo algo muy parecido a lo que pretendieron los enemigos de los libros, pero así consiguen lo contrario que aquellos fanáticos: protegen el libro de los saquedores y nos protegen a nosotros de su excesiva cantidad.


 Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/23/babelia/1445594014_418825.html

Frases para recordar la mordaz lucidez de Umberto Eco





*Sobre los libros: Los libros no están hechos para que uno crea en ellos, sino para ser sometidos a investigación. Cuando consideramos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué significa". 

*Sobre los padres: "Creo que aquello en lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en pequeños momentos, cuando no están intentando enseñarnos. Estamos hechos de pequeños fragmentos de sabiduría".

*Sobre Dios: "Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo".

*Sobre el amor: "El amor es más sabio que la sabiduría".  

*Sobre los héroes: "El verdadero héroe es héroe por error. Sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo".

*Sobre los villanos: "Los monstruos existen porque son parte de un plan divino y en las horribles características de esos mismos monstruos se revela el poder del creador".

*Sobre la poesía:"Todos los poetas escriben mala poesía. Los malos poetas la publican, los buenos poetas la queman".

*Sobre el periodismo: "No son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia". 

*Sobre internet: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles". 

*Sobre la corrupción: "Hoy, cuando afloran los nombres de corruptos o defraudadores y se sabe más, a la gente no le importa nada y solo van a la cárcel los ladrones de pollos albaneses".


Fuente: http://diariolaopinion.com.ar/noticia/85248/10-frases-para-recordar

Por qué es tan importante que sigamos escribiendo a mano



 ¿Cuándo fue la última vez que escribiste a mano? Y no me refiero a hacer una lista de la compra o a garabatear unas palabras en un Post-it. Me refiero a escribir a mano de verdad. ¿Cuándo fue la última vez que cogiste papel y lápiz ?o bolígrafo? y escribiste un texto largo? Es muy difícil cuantificar hasta qué punto se está perdiendo esta tradición cultural, que se remonta al inicio de la civilización y que marcó el comienzo de la historia, pero de lo que no cabe duda es de que los hábitos de escritura están cambiando. En junio de 2014 una encuesta realizada a 2.000 personas arrojaba algunas cifras: uno de cada tres encuestados no había escrito nada a mano en los seis meses anteriores. De media no habían escrito nada a mano desde hacía 41 días.

   ¿Qué importancia tiene la escritura a mano en el sistema educativo, que es donde se aprende y desarrolla esta técnica? Pues en principio parece que no mucha. Después de enseñar y desarrollar mínimamente la escritura a mano, el énfasis recae en el teclado. Los centros educativos se van llenando de ordenadores y se centran en la competencia digital, dejando a un lado un actividad que parece ya anticuada. En las escuelas finlandesas se ha llegado incluso a plantear eliminar el primer paso y abandonará la enseñanza de la caligrafía cursiva a partir de agosto de 2016. Un panorama que al llegar a estudios superiores parece agravarse. Cada vez es más común ver a estudiantes tomando apuntes en sus portátiles.

   Sin embargo, estudios psicológicos y neurocientíficos llevados a cabo en la última década demuestran los peligros de considerar la escritura a mano como una reliquia del pasado, ya que todo parece indicar que el vínculo entre esta actividad y el desarrollo cognitivo es más profundo y complejo de lo que se pensaba en un principio, y eliminarla del sistema educativo puede afectar al desarrollo del cerebro, sobre todo en los niños que están aprendiendo a leer. Según declaró al New York Times el psicólogo cognitivo francés Stanislas Dehaene, escribir a mano activa de forma automática un circuito neuronal único y hace que sea más fácil aprender las cosas. «Hay un reconocimiento esencial en el gesto de la palabra escrita, una suerte de reconocimiento de la estimulación en tu cerebro», dice Dehaene.

 Y no es la primera vez que la ciencia defiende el valor de la escritura a mano. En 2012 Karin James, psicólogo de la Universidad de Indiana, llevó a cabo un estudio con niños que todavía no habían aprendido a leer y escribir. Se les presentó una letra o una forma en una tarjeta y se les pidió que la reprodujeran de tres maneras distintas: trazar la imagen en una página siguiendo una línea de puntos, dibujarla en una hoja completamente en blanco o escribirla en un ordenador. Al monitorizarlos con un escáner celebral la información parecía clara: el modo en que se copiaba el dibujo era determinante. Cuando los niños dibujaban a mano alzada se ponían en funcionamiento partes del cerebro que se activan en los adultos cuando leen y escriben: el giro fusiforme izquierdo, el giro frontal inferior y la corteza parietal posterior. Por el contrario, en los niños que seguían la línea de puntos o que usaban el teclado la actividad cerebral era muy débil o prácticamente nula. Para James la clave de de esas diferencias está en la libertad inherente a la escritura a mano, que exige una planificación previa que no se produce en los otros dos métodos de escritura, que siguen un patrón predeterminado.

   Un estudio realizado por Virginia Berninger, psicóloga de la Universidad de Washington, se centraba en las diferencias no solo entre la escritura a mano y la escritura a ordenador sino entre una escritura a mano normal y en cursiva. Determinados problemas de escritura ?disgrafía? o de lectura ?alexia?, demuestran que ambos sistemas de escritura están asociado con patrones cerebrales distintos y separados. Así mismo, un estudio del 2012 sugiere que la letra cursiva puede ser particularmente eficaz para las personas con dificultades de disgrafía.

   Todo parece indicar que la escritura a mano permite a los niños producir de forma consciente más palabras en el mismo tiempo y expresar así más ideas. Un estudio de 2014, con el pegadizo título de «La pluma es más poderosa que el teclado», llevado a cabo por los psicólogos Pam A. Mueller de Princeton y Daniel M. Oppenheimer, de la Universidad de California en Los Ángeles, apuntan a que en el mundo de la educación los estudiantes aprenden mejor cuando toman notas a mano que cuando escriben en un teclado, porque el sistema tradicional de escritura implica un proceso de reflexión y manipulación que puede conducir a una mejor comprensión y memoria.


   Escribir a mano, en fin, no solo sirve para aprenderse las letras mejor o para ayudar a niños en su etapa escolar. Es un método de escritura que también tiene importantes beneficios para adultos, que hace que la memoria y la capacidad de aprendizaje mejore. Y es una forma única de individualizarnos como seres humanos. La escritura a mano puede revelar mucho sobre nuestra personalidad e incluso, según algunos grafólogos, puede servir para diagnosticar el grado de salud o enfermedad física y mental. Quizá no haya que llegar al extremo de médicos y detectives de finales del siglo XIX y principios del XX, que buscaban en la escritura a mano signos de desviación que les permitieran descubrir a locos y delincuentes, pero de cualquier manera esta actividad forma parte de nosotros mismos. Somos, también, la letra que escribimos. Solo por eso ya merece la pena mantenerla viva.

Fuente bibliográfica
Por qué es tan importante que sigamos escribiendo a mano. La piedra de Sísifo [en línea], 2016. [Consulta: 28 febrero 2016]. Disponible en: http://lapiedradesisifo.com/2016/02/24/por-que-es-tan-importante-que-sigamos-escribiendo-a-mano/. 

18 feb. 2016

El curioso mundo de las bibliotecas

 Por: Gonzalo Santos



Desde los nichos subterráneos de la Mesopotamia hasta los monasterios medievales; desde las galerías de los albores del Renacimiento hasta las bibliotecas modernas y Google Books: los objetos más preciados siempre han tenido su casa. Hablan Alberto Manguel y Horacio González.

Durante los últimos cincuenta años, es probable que la biblioteca se haya utilizado más como repositorio de metáforas para pensar el mundo, o incluso el universo, como en el caso de Borges, que para consultar libros.

Más como concepto que como institución. Semiológicamente, digamos que ha sido –y sigue siendo– un significante con una vasta red de connotaciones.

Para la aristocracia, durante mucho tiempo la acumulación de códices fue un signo de distinción, y sobre todo si se carecía de poder territorial. Para los reyes y príncipes, sobre todo a partir de Carlos III de Francia, además de distinción, se trató de un signo de poder: una forma de inscribirse, a través del capital bibliográfico, en la tradición de los antiguos soberanos, o de esos romanos notables que vivían en las villae disfrutando su otium productivo con apolíneos volumina de papiro, y otros vicios un poco más dionisíacos, y espirituosos.

Para los escritores posmodernos, la cosa es un poco más simple: todo indica que sólo se trata de un mueble delante del cual hay que sacarse fotos, o selfies. Acaso la foto para el carnet de escritor del que habla Aira.

De todo esto, pero desde una postura más historiográfica que semiológica, habla el francés Frédéric Barbier en un libro que acaba de salir por Ampersand: Historia de las bibliotecas. Una investigación que recorre las peripecias del libro y de los distintos dispositivos en los que se los fue almacenando: desde los nichos subterráneos de la Mesopotamia, hasta esos monasterios medievales con libros encadenados a los pupitres, o las amplias galerías que fueron surgiendo en los albores del Renacimiento.

De todas las cosas que se pueden concluir de la lectura, hay una que es inquietante, y es que la historia de las bibliotecas parecer ser, en realidad, la historia de distintas confiscaciones, saqueos, incendios y, por supuesto, destrucciones producto de fanatismos religiosos –basta recordar lo que acarreó el famoso Index Librorum Prohibitorum de la Inquisición católica, o la destrucción que llevaron a cabo los protestantes, luego de la Reforma, sobre los códices de los monasterios–, pero también de fanatismos políticos: es conocida, por ejemplo, la impericia de los revolucionarios franceses de fines del siglo XVIII, que no sabían qué hacer con los libros que confiscaban y, en consecuencia, una gran cantidad de ellos se terminó deteriorando hasta la inutilidad.

Desde luego, tampoco hay que olvidar las típicas listas negras de las dictaduras, que hicieron que muchos escritores se terminasen exiliando y vendiendo su biblioteca, o sencillamente quemándola, como es el caso de María Teresa Andruetto, o del abuelo del escritor Federico Andahazi, que a los 13 años presenció la escena desde un balcón y, desde entonces, cuenta, “mi biblioteca tiene doble fondo: a la vista están los libros políticamente inocuos y, en la segunda línea, ocultos, guardo los títulos que pude recuperar de la biblioteca familiar. Aunque no parece posible una nueva Inquisición, jamás los sometería a un nuevo sacrificio”.

Ciertamente, hoy las bibliotecas corren otro tipo de peligros: en ocasiones no están a salvo, por ejemplo, de las rencillas domésticas. Ante esas eventualidades, es bueno recordar el consejo que da Tomás Abraham en Historia de una biblioteca (Sudamericana): “Cuando los avatares de la conyugalidad amenazan nuestro lugar en el mundo con una interrupción, es decir, con el fin de nuestra permanencia en una casa, lo primero que hay que hacer antes de que un conflicto se dirima en un desalojo es mudar los libros. Luego todo es más fácil”.

Clasificación. Una de las cuestiones que más han preocupado a los bibliotecarios y bibliotecólogos ha sido la de la clasificación, o indexación. El primer intento de introducción de metadatos se dio en el Museo de Alejandría, donde llegó a haber casi setecientos mil volúmenes de papiro. Allí el filósofo Calímaco elaboró sus Pinakes –tablas–, a partir de un orden alfabético, y según determinados grupos: retórica, epopeya, comedia.

Durante la Edad Media, que fue un período –Frédéric Barbier dixit– que vio “la desaparición de las más grandes bibliotecas, colecciones de libros y, junto con ellas, de una gran parte de la cultura de la antigüedad clásica”, no hubo grandes avances en esta dirección, ni tampoco los hubo durante el Renacimiento. El pergamino era muy costoso y los armarium de los monasterios rara vez superaban los dos mil o tres mil códices. La biblioteca de Petrarca, que no estaba mal para la época, tenía doscientos volúmenes.

Con la revolución de la imprenta, cuando los libros se multiplicaron, hubo que establecer sistemas taxonómicos mucho más precisos, como el de Gabriel Naudé, que elaboró un tratado de biblioteconomía –el primero en el rubro– en el que establecen valiosas innovaciones en lo que respecta a la distribución espacial o los mecanismos de indexación; o el sistema decimal de Melvil Dewey –el CDD–, que aún hoy se sigue utilizando en buena parte de las bibliotecas públicas.

En cuanto a las bibliotecas privadas, se sabe que, desde hace un tiempo, las formas más usuales de poner orden son por género, por colección o por autor, en cuyo caso se sigue, por lo general, un orden alfabético.

Pero los escritores, que son animales extraños, suelen buscar formas más personales o excéntricas, y en el orden bibliográfico con frecuencia es posible advertir pistas –en ocasiones, más reveladoras que las que uno puede encontrar en las obras– de la visión de mundo que los atraviesa. O sea: el tópico de la biblioteca como speculum mundi sufre un giro subjetivista: lo que se refleja, en todo caso, es el mundo de cada cual.
Samanta Schweblin, que en un tiempo sólo guardaba los libros que había leído, porque le parecía una ofensa depositar “objetos desconocidos” en un estante, cuenta una anécdota muy curiosa. “Una vez, mirando la biblioteca de Vicente Battista, me di cuenta de que no tenía ninguna autora: todos los lomos ostentaban nombres masculinos. Me sorprendió tanto que me puse adrede a buscar un nombre femenino: en toda la biblioteca, que ocupaba toda la pared de su estudio, no había una sola mujer. ‘¿Dónde están las mujeres?’, le pregunté. Me hizo una seña para que lo siguiera. ‘En el pasillo, frente al baño’, dijo con una sonrisa entre pícara y camorrera, y me señaló cinco estanterías pequeñas y oscuras”.

También está el caso del abogado y escritor Ricardo Strafacce, que en algún momento ordenó sus libros según la fecha de nacimiento de los autores, dado que eso le permitía pararse frente a la biblioteca y “pensar en generaciones”; o el caso mucho más incomprensible de Hernán Vanoli, que los ordenaba por color; o el de Alberto Laiseca, que los tiene todos forrados en papel blanco para que nadie sepa cuál es cuál en caso de eventuales hurtos; aunque quizás haya también un poco de esoterismo. O el de Jorge Consiglio, que se quejaba tanto de que no encontraba los libros que su familia, harta de sus berrinches, terminó por contratarle un bibliotecólogo.

Pero la forma más singular de ordenar una biblioteca parece ser la de Pola Oloixarac, que la tiene organizada de manera geoespacial, siguiendo un mapamundi Mercator. “A la derecha arriba, Japón. Y dentro de los países, por siglo”, dice. Además cuenta que tiene un estante dedicado a Nabokov, “decorado con ardillitas con pins soviéticos”, y que también pone libros sobre arañas, mariposas y pulpos. “Los pulpos son el inverso perfecto del hombre”, dice, y de paso recomienda leer el Vampyroteuthis infernalis, de Vilem Flusser.

Bibliotecas digitales: el proyecto de Google. Todos los soportes –las tablillas, el papiro, el pergamino, el papel– implicaron determinadas formas de organización de las bibliotecas –y desde luego también de la lectura–, y el paso de uno a otro siempre produjo vastas pérdidas. Si bien todavía no está claro que lo digital reemplace al papel –y la discusión, con el vértigo de los acontecimientos, se volvió prematuramente bizantina–, lo cierto es que la mayor parte de las bibliotecas del mundo ya no funcionan a partir de una lógica de almacenamiento, sino, como dice Frédéric Barbier, a partir de una lógica de flujo, y en general dedican sus mayores esfuerzos a la digitalización de sus catálogos.

Los nuevos soportes digitales permiten reunir textos de forma casi ilimitada, y eso por cierto parece haber reflotado esa pretensión de universalidad que ha tentado a varios personajes históricos: la de construir una suerte de “biblioteca total” con todo, o casi todo, lo que se ha publicado a lo largo de los siglos. Tal fue el deseo, por ejemplo, de los Ptolomeos de Alejandría, o la fantasía de personajes célebres como Hernando Colón, el hijo de Cristóbal; o Felipe II, de España. O más recientemente de una empresa monopólica: Google, cuyo proyecto contribuye a tornar proféticas las palabras de Borges (ya era hora de citarlo) en La Biblioteca de Babel: “Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es casi una milagrosa excepción”.

Básicamente, el programa Google Books, que empezó en 2004, es un programa de digitalización cuyo objetivo es la creación de una base bibliográfica colosal –en un principio se hablaba de quince millones de libros, pero hoy esa cifra se ha superado–, a partir, entre otras cosas, de polémicos acuerdos con las distintas bibliotecas nacionales.



Sigue en: http://www.perfil.com/cultura/El-curioso-mundo-de-las-bibliotecas-20160123-0074.html

Fuente bibliográfica
SANTOS, GONZALO, [sin fecha]. El curioso mundo de las bibliotecas. Perfil.com [en línea]. [Consulta: 18 febrero 2016]. Disponible en: http://www.perfil.com/cultura/El-curioso-mundo-de-las-bibliotecas-20160123-0074.html. 

Sé bueno contigo: ¿En qué consiste eso?





Sé bueno contigo: ¿En qué consiste eso?
¿En qué se concreta la propuesta: Sé bueno contigo?
En acciones como éstas, que vamos a recordar para tenerlas siempre a mano. A continuación, siete muy descriptivas.

1. Cuida de lo básico
Está muy repetido lo de cultivar buenos hábitos que todos conocemos (dormir lo necesario, comer equilibrado, hacer ejercicio, buscar cauce para el exceso de estrés, arreglarse para estar presentable, etc.).

Pero vale la pena recordarlo, en tanto que persiste la confusión de que “cuidar de ti” es hacer lo que te más te apetece en ese momento. Y no.Cuidar de ti es hacer lo que más te conviene, que puede que no sea la opción más fácil o placentera de las que hay disponibles.

2. Reserva un pequeño espacio para ti
¿Cualquier día? No, hoy mismo. Regálate un ratito en el que hagas una actividad con la que te sientas bien.

De un lado está lo básico (del punto 1) y, del otro, estos detalles que te regalas exclusivamente para disfrutarlos: una breve siesta después de comer, unos minutos de lectura, un paseo…

La finalidad es relajarte y sentirte a gusto. Otro buen regalo, ¿no? Y no necesitas de nadie más para dártelo.

3. Date el reconocimiento que mereces
Lo mismo que agradeces las buenas acciones que otros realizan, agradece las tuyas.

Reconoce y alégrate de lo que hoy has hecho (o estás haciendo) bien. Los demás podrán (o no) darse cuenta o celebrar tus buenas acciones.

Eso es independiente de que tú, que has sido testigo de tu buen hacer, te dediques aunque sea una sonrisa de satisfacción. Y es un pequeño gestode ésos que sirven para mantener una buena relación contigo mismo.

4. Demuestra respeto por ti mismo
Todos estos regalos de los que estamos hablando (y los que vas a leer) están relacionados con el respeto. Para ser bueno contigo, has de partir de ahí: de tratarte con la consideración que te mereces.

¿Qué implica esto en un día cualquiera?
Implica apreciar la persona que eres sin compararte con otros. Implicapensar por ti mismo y darle valor a tu propio criterio. Implica tomar decisiones y responsabilizarte de las mismas. Implica cumplir con la palabra que te das a ti mismo. Etc.

Es decir, todos esos actos que sabes que son una muestra de respeto hacia los demás, dirigidos hacia ti mismo (que mereces el mismo respeto).

5. Haz las paces contigo
Todos cometemos errores. En nuestro haber hay acciones (u omisiones) de las que no nos sentimos orgullosos. Algunas de ellas NO se pueden enmendar.

En tu lote, como en el de todos, habrá errores, oportunidades que dejaste ir, fracasos variados de lo que ya aprendiste lo necesario.

¿Qué es lo que sigue? El perdón. El mismo perdón que concedes a una persona que se arrepintió del mal que hizo y tú se lo otorgaste para quedar en paz.
Ése es el mismo perdón que tú te mereces por lo que ya no se puede cambiar. No más culpas. No más reproches. No más autoflagelaciones.Date la paz y la libertad necesarias para seguir adelante.

¿Y lo que sí se puede cambiar? Eso abre otras posibilidades: Piensa en qué puedes hacer al respecto y ponte manos a la obra.

6. Olvídate de la perfección
La perfección es un ideal. Por tanto, poco realista y poco saludable, si vives pendiente de lo que te falta para llegar a ser perfecto.

El humano tiene fortalezas y debilidades. El humano acierta y se equivoca. Así es y ha de aceptarse como es. Lo cual no es obstáculo para que cambie y/o mejore lo que crea oportuno.

Así que, si eres humano, sé bueno contigo liberándote de la presión de ser perfecto.

7. Construye la vida que quieres
Utiliza todo lo tuyo en darle forma a la vida que tú quieres. Comienza por el día de hoy. Usa tus cualidades, tus aciertos, lo que has aprendido de tus errores…

Celebra el conjunto de recursos de los que dispones y ponlos a funcionar. Date la enorme satisfacción de convertir en realidades tus aspiraciones.

Acciones como éstas siete que hemos recordado van implícitas en la propuesta: “Sé bueno contigo”. Como ves, son la mar de enjundiosas. Por eso las vamos desgranando en las prácticas cotidianas que lees por aquí.



Fuente bibliográfica
Sé bueno contigo: ¿En qué consiste eso? Tus Buenos Momentos [en línea], 2016. [Consulta: 18 febrero 2016]. Disponible en: http://tusbuenosmomentos.com/2016/02/se-bueno-contigo/. 

Un profesor de Stanford asegura que si eliminas dos frases de tu vocabulario puedes tener más éxito





La forma de hablar no solo afecta la manera en que los demás te perciben sino que también tiene el potencial para incidir en tu comportamiento.

Cambiar una palabra por otra podría ayudarte a lograr tus objetivos.
Así lo asegura Bernard Roth, profesor de ingeniería de la Universidad Stanford y director académico del Instituto de Diseño Hasso Plattner de Stanford, el d.school.

En su nuevo libro, The Achievement Habit, Roth sugiere algunos cambios lingüísticos que pueden ayudarte a tener más éxito. He aquí los dos más sencillos:

1. Cambia ‘pero’ por ‘y’
Es probable que en alguna ocasión te sientas tentado a decir: “quiero ir al cine, pero tengo que trabajar”.

En su lugar, Roth sugiere que digas: “quiero ir al cine, y tengo que trabajar”.

Escribió: “Cuando utilizas la palabra pero creas un conflicto, a veces una razón, que en realidad no existe”. En otras palabras, es posible ir al cine y también hacer tu trabajo, solo tienes que encontrar una solución.

En cambio, cuando utilizas la palabra y, “estás obligando a tu cerebro a procesar ambas partes de la frase”, explicó Roth. Quizá veas una película más corta o tal vez delegues parte de tu trabajo.

2. Cambia ‘tengo que hacer’ por ‘quiero hacer’
Roth recomienda un ejercicio sencillo: la próxima vez que pienses ‘tengo que’, cambia tengo por quiero.

“Este ejercicio es muy efectivo para que las personas tomen consciencia de que lo que hacen en su vida, incluso las cosas que encuentran desagradables, es porque lo han elegido”, comentó.

Por ejemplo, uno de los estudiantes de Roth sintió que tenía que matricularse en los cursos de matemáticas que requería su programa de posgrado, a pesar de que los odiaba. Después de terminar el ejercicio, se percató que realmente quería tomar las clases ya que el beneficio de completar los cursos era mayor que la incomodidad de asistir a las clases que no disfrutaba.

Ambos cambios se basan en un componente clave de la estrategia de resolución de problemas llamada pensamiento de diseño. Cuando utilizas esta estrategia, desafías a tu forma automática de pensar y puedes percibir las cosas como realmente son.

Cuando utilizas un lenguaje diferente puedes percatarte de que un problema no es tan difícil de resolver como parece y que tienes más control sobre tu vida de lo que realmente crees.

Business InsiderPor Shana Lebowitz



Fuente bibliográfica

LEBOWITZ, SHANA, [sin fecha]. Un profesor de Stanford asegura que si eliminas dos frases de tu vocabulario puedes tener más éxito. Yahoo Finanzas [en línea]. [Consulta: 12 febrero 2016]. Disponible en: https://es-us.finanzas.yahoo.com/noticias/profesor-stanford-asegura-eliminas-frases-203924667.html. 

12 feb. 2016

Cinco frases de desamor sacadas de libros

Por: María Martínez


Los libros marcan nuestra vida, nuestra personalidad, nuestra existencia y las relaciones con nuestros seres queridos. Por esto te traemos cinco grandes frases de amor sacadas de libros, porque no hay nada más romántico que puedas decirle a tu pareja que unas líneas de Shakespeare, para dejarla impactada y hacer que el amor romántico despierte mariposas en su estómago.


Frases dramáticas para un amor literario

1'Las heridas que no se ven son las más profundas'. William Shakespeare, dramaturgo inglés. No podemos comenzar este artículo con otro escritor que no sea el más romántico de todos los tiempos, el que alguna vez como mínimo ha hecho soñar a cada persona, pensando en el amor.

2'El amor jamás se pierde. Si no es correspondido, retornará, suavizará y purificará el corazón'. Washington Irving, escritor estadounidense. Los amores, aunque sean sufridos, no sol baldíos, algo siempre puede aprenderse de sus experiencias, por eso siempre hay que amar sin temor.

3-'¿Sabe lo mejor de los corazones rotos? Que solo pueden romperse de verdad una vez. Lo demás son rasguños'. Carlos Ruiz Zafón, escritor español. No podemos dejar a uno de los mejores escritores actuales de España, que advierte de las consecuencias del amor.

4-'Amar duele. Es como entregarse a ser desollado y saber que en cualquier momento la otra persona podría irse llevándose tu piel'. Susan Sontag, ensayista y novelista estadounidense.  El amor es un riesgo que hay que asumir, puede salir mal o puede salir bien, pero nunca sabrás la respuesta si no apuestas por él.

5-'Si no se rompe, ¿cómo logrará abrirse tu corazón?”' Khalil Gibran, escritor libanés. Entregarse al amor sin condiciones es un acto de valentía muy honorable, porque es así como debe amarse: sin pedir a cambio, sin negociar ni exigir. Solo así podrá saberse si el amor es verdadero.


10 frases más:
“El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males” Leonard Cohen

“¿Un beso? Un truco encantado para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas” Ingrid Bergman

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener” Gabriel García Márquez

“Vení a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará” Julio Cortázar

“En el amor hay siempre algo de locura, pero también hay siempre en la locura algo de razón” Friedrich Nietzsche

“Ámame sin preguntas, que yo te amaré sin respuestas” Anónimo

”Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta” Sam Keen

“En un beso, sabrás todo lo que he callado” Pablo Neruda

“El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada” Gustavo Adolfo Bécquer

“Pensando en mi felicidad, me acordé de ti”



 Fuente bibliográfica
MARTÍNEZ, MARÍA, [sin fecha]. Cinco frases de desamor sacadas de libros. diariofemenino.com [en línea]. [Consulta: 12 febrero 2016]. Disponible en: http://www.diariofemenino.com/articulos/amor/frases-de-amor/cinco-frases-de-desamor-sacadas-de-libros/.

Las 5 claves indispensables para leer un libro por semana

Las técnicas de lectura veloz son cada vez más solicitadas. Hay personas que llegan a leer hasta cuatro libros cada siete días. Pero, ¿cómo hacerlo?


 La biblioteca del Vaticano, una de las más nutridas del mundo. ¿Cuánto tiempo le llevaría leer todos estos libros con la técnica de Michael Jiménez?"

Leo despacio". "Cuando leo estoy tan cansado que me quedo dormido". "Leo y abandono el libro de inmediato". "Me asusta un libro de más de 400 páginas".

Éstas son sólo algunas de las excusas que los lectores anteponen cuando se les pregunta cuántos ejemplares han leído en un año. Y muchos de ellos son ciertos. El tema es cómo saltar esas barreras y convertirse en un "devorador" de obras.

Y en esa línea se dirige un artículo publicado en Harvard Business Review, en el cual su autor recuerda sus años de estudiante cuando un profesor de historia de América Latina lo inspiró y le enseñó a leer de manera compulsiva para poder ser parte de conversaciones en reuniones en las que jamás hubiera encajado.

El artículo, escrito por Peter Bregman -un norteamericano reconocido por ser formador de líderes en diferentes disciplinas-, rememora su paso por la Universidad de Princeton, en la época en la que el académico Michael Jiménez le enumeró los secretos para poder leer -al menos- un libro por semana.


Las técnicas de lectura veloz son cada vez más solicitadas. Hay personas que llegan a leer hasta cuatro libros cada siete días. Pero, ¿cómo hacerlo?


  


 Ulysses, de James Joyce. Una obra monumental que no debería ser leída con la técnica propuesta en esta nota


"Espero que no estés leyendo los libros palabra por palabra", le dijo Jiménez a su alumno cuando éste le consultó al respecto. Y fue allí cuando lo "iluminó". La respuesta, obviamente, fue positiva, a lo que el sabio profesor le aconsejó: "Escucha, tú no necesitas leer esos libros. Tú necesitas entenderlos". Por supuesto que Jiménez se refiere a títulos de no ficción, donde el lector no se sumerge en un mundo inventado por el escritor.

Fue en ese momento en que le enumeró las cinco claves para ser un lector rápido y voraz:

1 - Empezar con el autor. Leer una breve biografía sobre el escritor facilitará saber a quién se enfrenta uno. Una buena entrevista hecha al autor podría ser un buen comienzo para conocer respecto a sus ideas y sus creencias.

2 - Leer el título, el subtítulo, las solapas y el índice de contenidos. ¿Cuál es el argumento central del libro? ¿Cuál es el planteo que propone el autor? En ese momento, seguramente uno ya esté capacitado para describir la idea principal del libro y decírsela a alguien que no sepa nada sobre él.

3 - Leer la introducción y la conclusión. Los autores plantean los casos en el inicio y en el final de sus libros. Por lo general en los prólogos y los epílogos. Leer estos dos capítulos palabra por palabra, pero de manera rápida. Así uno tendrá una verdadera noción de hacia dónde se dirige el escritor. Así se podrá saber cómo es el planteo (introducción) y cómo fue resuelto (conclusión).

4 - Leer/esquematizar cada capítulo. Leer el título y los primeros párrafos de las primeras páginas para resolver cómo el autor encajó el capítulo dentro de su argumento. Después esquematizar los títulos y subtítulos (si los tuviera) para saber cómo es el flujo de información. Leer la primera oración y la última de cada párrafo. Si entendió la idea, continúe. Caso contrario, léalo completo.


5 - Terminar con el índice de contenidos nuevamente. Cuando los cuatro puntos anteriores se hayan completado vuelva al mapa de contenidos. Realice un sumario mental y complételo con la información que fue sacando a lo largo de todo el libro, sumándole lo que sabe del autor.


Fuentes bibliográficas
Las 5 claves indispensables para leer un libro por semana | lectura, libros - América. [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 12 febrero 2016]. Disponible en: http://www.infobae.com/2016/02/10/1788931-las-5-claves-indispensables-leer-un-libro-semana. 

La publicación más temida

Por: Diego Faraone



Mein Kampf (Mi lucha) debe de haber sido el libro más resistido del último siglo, y al mismo tiempo, por su carácter maldito, de los que despiertan más interés. Mitad autobiografía, mitad ensayo, en él el futuro dictador Adolf Hitler sentaba las bases –durante un período de cárcel en la década del 20, luego de un fallido golpe de Estado– de lo que sería la ideología (o la anti-ideología, mejor dicho) del nacionalsocialismo. Tras liberarse los derechos de autor 90 años después de su publicación y 70 después de la muerte del Führer, su publicación a diestra y siniestra ha suscitado más de una inquietud.


Uno de los primeros países en editarlo fue India, con versiones en inglés y en media docena de idiomas locales, siendo un éxito de ventas prácticamente inmediato que lo colocó en reiteradas ocasiones entre los diez libros más vendidos del país. Según relataba el corresponsal de La Vanguardia Jordi Joan Baños, en setiembre del año pasado el libro se vendía a apenas uno o dos euros y era constantemente repuesto en escaparates y tiendas callejeras de Nueva Delhi.

Su demanda surgía principalmente de estudiantes de secundaria o universitarios, aunque con un perfil poco intelectual: “La fascinación por Hitler es fuerte entre ciertos jóvenes de escasa cultura humanística, que ven en él un ejemplo de fuerza de voluntad que les ayudará en sus carreras de administración de empresas o similares”. El periodista también señalaba cómo la cultura local, con su propia y consolidada industria cinematográfica, “brindó” a la población de la tradición antinazi característica de la producción hollywoodense.

El libro también ha sido exitoso en Brasil, Turquía, Egipto y Bangladesh. Ahora una versión crítica ha sido editada por historiadores alemanes. El director del Instituto de Historia Contemporánea de Munich, Christian Hartmann, señaló a la prensa que no podían “dejar el texto vagando por ahí sin oponerle un comentario crítico”, por lo que en esta edición puede leerse en las páginas impares el texto original y en las pares los comentarios analíticos que cuestionan y cotejan la información manejada por el autor. Hartmann señala que “Hitler era el típico demagogo que no sencillamente mentía, sino que mezclaba la verdad con mentiras y verdades a medias”, y resalta la pertinencia de una edición nutrida de cuestionamientos que dejen en evidencia hasta qué punto Hitler falsificó su propia vida. En España el libro fue editado por la editorial Crítica, con un espíritu similar.

Pero si la existencia de la publicación ya de por sí suscitó polémicas, éstas aumentaron con los dichos de la socialdemócrata Jahanna Wanka, ministra de Cultura de Alemania, quien declaró en una entrevista al diario Passauer Neue Presse que “Los estudiantes también tendrán dudas y es bueno que éstas salgan en clase y se pueda hablar sobre el tema”, proponiendo que el texto sea analizado en las escuelas. El presidente de la Asociación Alemana de Profesores, Josef Kraus, declaró a la Deutsche Welle que “Sería más peligroso si este libro simplemente se dejara morir o se prohibiera, porque en la actualidad tenemos acceso a todo por Internet. Por eso creo que es tan importante que esto se converse en la escuela, bajo el manto de una mirada crítica y diferenciada”.

Consultado al respecto, el historiador español Jesús Hernández, especializado en la Segunda Guerra Mundial, señaló: “Me parece que en su día se cometió un grave error al prohibir la publicación de este libro.Mein Kampf es una obra aburrida, farragosa, desestructurada (…). Pero el libro ha contado con el atractivo de lo que está prohibido”.


De todos modos, tampoco pueden desestimarse los temores de los detractores, considerando el ascenso de la extrema derecha y la creciente ola de xenofobia, nacionalismo y eurocentrismo en el viejo continente. Es que, lamentablemente, para muchas personas las “ideas” de Hitler tienen aún hoy una alarmante vigencia.



Fuente bibliográfica
Faraone, Diego, 2016. La publicación más temida. Brecha [en línea]. [Consulta: 12 febrero 2016]. Disponible en: http://brecha.com.uy/la-publicacion-mas-temida/. 

6 feb. 2016

Agatha Christie 40 años sin la reina del misterio



La escritora británica especializada en género policial dejó un legado de 66 novelas policiales, seis novelas rosas bajo el seudónimo de Mary Westmacott, 14 historias cortas y varias obras de teatro, sigue más viva que nunca.


Los misteriosos casos del detective Hércules Poirot, Miss Marple, y Tommy y Tuppence Beresford sumergieron en la lectura a decenas de generaciones.

La escritora británica especializada en género policial, Agatha Christie, que dejó un legado de 66 novelas policiales, seis novelas rosas bajo el seudónimo de Mary Westmacott, 14 historias cortas y varias obras de teatro, sigue más viva que nunca.

Justo cuando el 12 de enero se celebran 40 años de su desaparición física, sus fanáticos disfrutan de “Diez negritos”, una novela escrita en 1939 por Christie y convertida por ella misma en obra de teatro en 1943.
La obra se presenta en el Auditorio El Batel, de Cartagena, bajo la dirección de Ricard Reguant y un amplio elenco de actores.

La autora sitúa la historia en la Isla del Negro, pero podría estar ubicada en cualquier lugar donde destaque un ambiente solitario en medio de la inmensidad del mar, esta vez a más de 50 kilómetros de cualquier puerto marítimo.

La idea de reestrenar la obra es “para tratar de complacer a los miles de aficionados a este género y seguidores de Agatha Christie, porque es un teatro de evasión muy bien escrito y de intriga constante, que permite un acto de ocio social para familias y todo tipo de espectadores”, detalla la producción.

“Diez negritos” cuenta con más de 100 millones de copias vendidas, siendo la novela de misterio más vendida de la historia y situándose entre los 10 libros más vendidos de todos los tiempos.

Agatha Christie es una de las autoras más leídas del siglo XX. Se dio a conocer en 1920 con “El misterioso caso de Styles”. En este primer relato, escrito mientras trabajaba como enfermera durante la Primera Guerra Mundial, aparece el famoso investigador Hércules Poirot, al que pronto combinó en otras obras con Miss Marple, una perspicaz solterona.

Un difícil inicio
En 1914 se casó con Archibald Christie, de quien se divorció en 1928, un hecho que la llevó a una larga y terrible depresión, que la llevó a desaparecer una noche de diciembre de 1937. Su auto apareció abandonado cerca de la carretera, sin rastros de la escritora. Once días más tarde se registró en un hotel con el nombre de una amante de su marido.

Fue encontrada por su familia y se recuperó tras un tratamiento psiquiátrico. Dos años después se casó con el arqueólogo Max Mallowan, a quien acompañó en todos sus viajes a Irak y Siria. Las largas temporadas en estos países, inspiraron varias de novelas posteriores, como “Asesinato en la Mesopotamia” (1930), “Muerte en el Nilo” (1936) y “Cita con la muerte” (1938).

La estructura de sus novelas se basa en la tradición del enigma por descubrir, es siempre similar, y su desarrollo está en función de la observación psicológica.

Amada y odiada
Algunos críticos consideran “El asesinato de Roger Ackroyd” (1926), en el que la autora se sirvió del relato en primera persona para ocultar y al mismo tiempo revelar la identidad del asesino, como su mejor obra. Pero, sin duda la serie del detective Hércules Poirot es su sello.

Agatha Christie ha tenido admiradores y detractores entre escritores y críticos. Se le acusa de conservadurismo y de exaltación patriótica de la superioridad británica. Pero se reconoce también su habilidad para la recreación de ambientes rurales y urbanos de la primera mitad del siglo XX de la isla inglesa, su oído para el diálogo, la verosimilitud de las motivaciones psicológicas de sus asesinos, e incluso su radical escepticismo respecto de la naturaleza humana.

Y por si fuera poco, de las cerca de 300 víctimas que aparecen en sus más de 60 novelas, la mayoría parte hacia el más allá por obra y arte de alguna sustancia tóxica.

Para los amantes de las novelas de la llamada “reina del crimen” esto no es ningún misterio. Pero lo que quizás no todos sepan es que a la hora de usar veneno para matar, Christie no recurría a la ficción sino a la realidad.
“Christie usaba el veneno con una precisión asombrosa”, dijo a BBC Mundo, Kathryn Harkup, autora del libro “A, de arsénico: los venenos de Agatha Christie”.

Los detalles del veneno elegido eran fieles, así como los síntomas que provocaba una sobredosis, la facilidad para conseguirlos en el mercado, la dificultad para ser detectados y la eficacia de los antídotos.

El conocimiento de Christie en esta área comenzó a forjarse durante la I Guerra Mundial, cuando fue enfermera y continuó en la II, trabajó como voluntaria en la farmacia.

Fuente bibliográfica
Agatha Christie 40 años sin la reina del misterio. Diario El Heraldo [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 7 febrero 2016]. Disponible en: http://www.elheraldo.hn/revistas/crimenes/916107-466/agatha-christie-40-años-sin-la-reina-del-misterio. 
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