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9 may 2016
6 trastornos provocados por el mal uso de la tecnología
El avance de la tecnología, especialmente la aparición de los teléfonos móviles, supuso una revolución en el modo y la forma de comunicarnos. Si embargo, un uso incorrecto de losordenadores o smartphones puede traer consigo trastornos que nos perjudiquen en nuestro día a día.
Para que esto no ocurra, es necesario aprender a “desconectar” del móvil o las redes sociales, al menos, durante un par de horas, o puedes correr el riesgo de engancharte, tal y como recomiendan los profesionales. La Psicología ya ha diagnosticado como enfermedades algunos trastornos relacionados con el mal uso del móvil. A continuación, presentamos los más comunes ¿reconoces alguno?
La Nomofobia es el miedo irracional a quedarte sin móvil. Se diagnostica cuando una persona entra en un estado de ansiedad tan elevado que no es capaz de vivir tranquilo si no tiene a su móvil cerca. Los síntomas físicos que produce este trastorno son taquicardias, sudoración e incluso dolor de cabeza y estómago. Suele ser más habitual en adolescentes y jóvenes y su afectación es tal, que existen terapias adecuadas para tratarse.
Se calcula que el 34% de la población en España tiene una dependencia desmesurada por sumóvil, pero ello no significa necesariamente padecer nomofobia. Según los psiquiatras el trastorno se diagnostica cuando se alcanzan los síntomas físicos descritos. Olvidarte el móvil en casa puede provocar una situación de inseguridad, pero de ahí a sentir sensación real de ahogo está el paso a la Nomofobia.
El Phubbing es uno de los trastornos relacionados con el smartphone de más reciente creación. Se acuñó en Estados Unidos y consiste en prestar más atención al móvil en lugar de a la personacon la que deberíamos tener conversación. Es una adicción que comenzó a documentarse en 2007 y, actualmente, su afectación en el país americano es tal que existen plataformas virtuales que proporcionan consejos antiphubbing. Si estás con tus amigos o pareja y no puedes dejar de mirar el móvil, quizá padezcas Phubbing.
Algunos usuarios sienten una adicción o dependencia tan grande por su móvil que piensan que le están sonando en todo momento, aunque la llamada no sea real. Esto se conoce como Ringxiety y es una de las afecciones diagnosticadas más actuales.
Investigadores de la Universidades de Stanford y Nueva York se percataron de que existían usuarios que sentían la vibración del móvil en su cuerpo sin ni siquiera llevarlo encima. Según los científicos la sensación de este trastorno sería similar a la que percibe la gente con el denominado “miembro fantasma”, una sensación de dolor que sienten personas que han sufrido alguna amputación, a pesar de que el miembro de su cuerpo ya no existe.
La Fomofobia es una adicción relacionada con las redes sociales. Se trata del miedo desmesurado a perderse cualquier tema, acontecimiento social o comentario en Facebook o Twitter. La persona que padece Fomofobia no es capaz de estar ni una hora sin consultar las redes. Según un estudio de la agencia J. Walter Thompson, 3 de cada 10 jóvenes han sufrido alguna vez o sufren esta adicción a las redes sociales.
Si eres un adicto a Internet hasta tal punto que te condiciona tu vida laboral y familiar, es posible que tengas una Ciberadicción. En este caso el trastorno se produce cuando tu vida gira en torno a Internet y Google. Eres capaz de dejar de lado una tarea laboral urgente o un compromiso familiar para estar chateando con el ordenador o, simplemente, estás ‘enganchado’ al buscador. Según el psiquiatra Juan Enrique Berner, una persona con Ciberadicción ve perjudicadas sus relaciones sociales gravemente.
¿Sientes una gran ansiedad si no contestas los 200 mensajes de WhatsApp? Si te estresa estar pendiente del móvil todo el día para no perderte nada, especialmente al WhatsApp, puede que estés totalmente enganchado a este programa de mensajería. Es una adicción nueva pero que, al igual que la Ciberadicción, puede perjudicar gravemente el desarrollo normal del día a día de un usuario. El excesivo uso de WhatsApp puede provocar ansiedad o, incluso, estados depresivos agudos.
En definitiva, el uso adecuado de las nuevas tecnologías facilita nuestro día a día siempre y cuando seamos capaces de desconectar a su debido tiempo.
Fuente bibliográfica
LORENZO, I., 2016. 6 trastornos provocados por el mal uso de la tecnología. MediaTrends [en línea]. [Consulta: 9 mayo 2016]. Disponible en: http://www.mediatrends.es/a/63147/trastornos-provocados-mal-uso-tecnologia/.
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21 oct 2013
Estado actual ¡ausente!
Por: Mariano Petrucci
El ejercicio es simple, no presenta ninguna complejidad. Solo le pedimos un requisito: abra muy bien los ojos. La escenografía la elige usted: puede ser la parada de colectivo, el bar de la universidad o el restaurante al que suele ir. Escenario: reunión de amigos, conocidos, lo mismo da. Silencio absoluto. ¿Alguien deslizó algún comentario incómodo? No. Es que cada uno de los integrantes del meeting están con la cabeza gacha, chequeando incesantemente su dispositivo electrónico: que el mensaje de texto, que el WhatsApp, que el Twitter, que el Facebook, que la foto que se sube para que lo seguidores hagan clic en “Me gusta”, que la aplicación que acabamos de descargar. En síntesis, cada uno en la suya.
Por supuesto, hay otras frases de ocasión: “Los encuentros ya no son lo que eran” o “¿A dónde fue a parar la sociabilización?”. Lo paradójico de este siglo XXI y sus novedades a cuestas es que lo que parece una broma se puede terminar transformando en un problema. No gravísimo, claro, pero inconveniente al fin. Esta situación que planteamos y que, seguramente, le es tan familiar tiene un nombre: phubbing, que proviene de la unión de dos vocablos en inglés (phone = “teléfono” y snubbing = “desaire”, “desprecio”, “rechazo”). “Se trata del acto de ignorar al otro en un contexto social mientras se presta atención al teléfono. Es una práctica muy descortés: preferimos contestar los mensajes y los avisos del celular o la tableta en vez de dialogar con quien nos acompaña. La masividad en cuanto al uso de los smartphones empezó en 2007 y, hasta nuestros días, su marcha prosigue sin prisa ni pausa.
Hay que darse cuenta de que es mucho mejor mantener una conversación en el mundo real que disfrutar de la fría compañía de un objeto inanimado”, declaró Haigh. La fascinación por estar on-line todo el tiempo se produce por el hecho de que este tipo de experiencias son sumamente accesibles, cada vez más atractivas y, como si fuera poco, proponen actualizaciones de manera incesante. Pero tiene su costado psíquico también. “Al tratarse de una conducta casi obsesiva, el sujeto no puede dejar de verificar los mensajes: siente una atracción por el celular que supera hasta su propia voluntad”, diagnostica el psicólogo Santiago Gómez, director de “Decidir Vivir Mejor” y del Centro de Psicología Cognitiva.
En la misma línea, Isacovich agrega: “Tenemos la ilusión de estar conectados con todos aquí y ahora, en tiempo real. Lo insólito es que eso cumple la fantasía de entrar en el universo del otro y ser parte de él, de traspasar el límite de la intimidad y de la privacidad, algo tan difundido en este presente. Tenemos la imperiosa necesidad de no perdernos absolutamente de nada, de controlar –una y otra vez– cuánto nos reconocen, cuánto nos aprecian, cuán relevantes somos para los demás, cuánto nos consideran, si nos incluyen, si nos descartan…”.
Vida on-line vs off-line
La comunicación es más directa y se amplió el repertorio de intercambio social. Nos volvemos a ver hasta con aquellos que habíamos dejado de frecuentar por años. No obstante, manías como el phubbing vuelven a poner la polémica en boga: ¿los adelantos tecnológicos llegaron para enriquecernos o para complicarnos? “La tecnología no es ni buena ni mala: como todo, depende de cada uno. Cuando uno se aboca a ella de forma desmedida y reemplaza con eso los vínculos interpersonales, pasa a ser una piedra que sortear”, explica Gómez. Isacovich coincide y profundiza sobre esto: “La tecnología tiene la facultad tanto de contribuir a la comunicación como de bloquearla. Hay barreras e inhibiciones que son más sencillas de vencer en el mundo virtual.
Charlar personalmente exige un gesto mucho más ‘jugado’ que entablar un chat por Facebook. Pero, aunque parezca irónico, si nos quedamos con este nivel de comunicación, se torna limitante, ya que, en rigor, el obstáculo para aproximarse al otro sigue latente y no se echa mano a la conectividad para solucionar ello. Todo lo contrario”. Si bien los especialistas concuerdan en que una no tiene que ser excluyente respecto de la otra, la vida on-line pareciera haber puesto en jaque a la off-line. “Es evidente que las generaciones modernas hacen abuso de este soporte virtual, mucho más que los mayores, que conservan sus espacios y lugares públicos –subraya Isacovich–. Estos aparatitos sacan a relucir temores ancestrales, ahora renovados por la posibilidad de portar conexión permanente. Es decir que al tener la opción, antes inexistente, de estar todo el tiempo en contacto con los otros, la necesidad se instala las veinticuatro horas.
Eso trae aparejadas fobias de portabilidad del dispositivo: pavor a ser olvidado, a desencontrarse con los otros, y a todo lo que implica estar aislado, incluso la presunción de riesgo de muerte”. Es que en consonancia con el phubbing, aparecen otros fenómenos, como el de la nomofobia (abreviatura de la expresión inglesa no-mobile-phone phobia), que es el miedo irracional que invade a un individuo cuando sale a la calle sin su teléfono. Para la OM Latam Academy, más del 70% de los hombres y mujeres de Latinoamérica no tolera irse de su hogar sin él. Según un estudio realizado por la Oficina de Correos del Reino Unido, más del 50% de los encuestados aceptó que sintió ansiedad excesiva, compulsión, estrés y malestar físico cuando notó que no llevaba consigo su celular, cuando no tenía cobertura de red, y cuando se le había agotado la batería o el crédito.
Creer o reventar
“Uno podría afirmar que los avances de las nuevas tecnologías, por sí mismos, no tendrían que representar una amenaza para la población. Tal vez, lo que esté sucediendo, hoy por hoy, es una reactivación de los mismos ‘viejos debates’ que se suscitaron hace cincuenta años con el advenimiento de los medios masivos de comunicación”, sostiene, como trazando una comparación, el licenciado Guillermo Ribon, profesor de Psicología en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Por su lado, Isacovich es contundente: “Deberíamos preguntarnos de qué nos preserva el teléfono, qué garantías nos da, qué nos falta si no lo tenemos encima. ¿Extraviamos las coordenadas? ¿Tenemos pánico de no poder recurrir a nadie, de no enterarnos de algo que acaba de ocurrir?
¿O será que nos cuesta sostener la presencia cuando estamos con otros, y nos escondemos en el celular? No sabemos qué decir o qué hacer en tal o cual reunión, nos aburre, queremos irnos… Estos son todos interrogantes que nos orientan hacia nuestro mundo de referencias”. Y concluye: “Si conseguimos respondernos algunos al menos, tal vez podamos minimizar la importancia de estar pendiente del móvil, y pasemos de la inmediatez a un tiempo más mediato, donde logremos estar en paz con nosotros mismos, concentrados en lo que estamos haciendo, y con una perspectiva de mayor alcance en cuanto a nuestra proyección. Quizá descubramos la chance de reflexionar, de tomarnos los minutos necesarios para la elaboración de nuestras ideas y, así, sorprendernos de lo distendido y armonioso que puede convertirse ese rato que nos brindamos a nosotros mismos o con quien compartimos ese momento”. A apretar el off y a probar.
Cómo evitar ser víctima y/o victimario del phubbing*
•Aceptar que la vida social es tanto on-line como off-line.
•Regular de manera consciente el tiempo que uno dedica al uso de los dispositivos para que nuestras interacciones sean más satisfactorias.
•Cuando estemos con otros, hacer acuerdos respecto de los momentos en los que vamos a actualizar nuestro estado en las redes sociales, enviar mensajes o chequear nuestra casilla de correo.
•Frente a la ruptura de esos acuerdos, y a modo de amortiguar el impacto de su incumplimiento, aprovechar la interrupción para volver a pactar las condiciones. Podría ser: “¿Querés que nos tomemos unos minutos para revisar nuestros teléfonos y después seguimos con lo nuestro?”.
*Por el licenciado Guillermo Ribon, profesor de Psicología en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Consejos
•Medir la cantidad de veces que chequeamos el celular cuando estamos acompañados.
•No tener vergüenza de pedirle a nuestro interlocutor si es tan amable de desactivar su teléfono mientras mantiene una charla con uno.
•Identificar las situaciones en las que es atinado desconectarse de Internet para no recibir, constantemente, actualizaciones, mensajes de las distintas redes sociales, etcétera.
•En lo posible, mantener el teléfono en vibrador o con el sonido bajo.
Tendencia contra tendencia
Así como se impuso el phubbing, también hacen lo propio las estra-tegias para combatirlo. En bares y restaurantes, por ejemplo, ya ofrecen la posibilidad de dejar los celulares en un apartado para retirarlos al finalizar el meeting. Son lugares Digital Free. El licenciado Guillermo Ribon propone ideas: “En una reunión de trabajo, uno podría invitar a los participantes de la siguiente manera: ‘¿Les parece bien que nos tomemos unos minutos antes de comenzar para chequear nuestros móviles y a la hora hagamos un break para volver a hacerlo, así aprovechamos el tiempo sin interrupciones? En una cena con amigos, no hace falta ser tan formales: ‘Preparé un lugar para que todos dejemos nuestros teléfonos, así nos relajamos y conversamos sin distracciones’”.En un artículo de The New York Times se narra la anécdota de Michael Carl, de la revista Vanity Fair, quien, cuando sale a comer con sus amigos, arma una montaña de celulares en el centro de la mesa: el primero que lo pispea antes de terminar el cónclave, paga la cuenta. ¿Por qué no ponerlo en práctica?
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