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11 nov 2018

Tu pareja te espía en redes sociales: por qué lo hace y qué puede encontrar

Por: Ada Nuño

Foto: Foto: iStock.

¿Hemos sido siempre infieles y las nuevas tecnologías solo lo ponen de manifiesto o por el contrario han aumentado los engaños por su culpa?



Hace poco la modelo Kendall Jenner admitió que crea cuentas de Instagramfalsas para espiar a sus exnovios. Quizá llame la atención que un personaje de la esfera pública, de los que parecen estar por encima del bien y del mal, lleve a cabo conductas que relacionamos más con personas con bajos niveles de autoestima y con comportamientos tóxicos, pero, realmente, en el mundo de las redes sociales (que nadie puede negar a estas alturas que han venido para quedarse), ¿es tan raro este 'modus operandi'?

Hay una teoría de Michel Foucault, conocida como 'El panóptico', que se basa en la instauración de una estructura circular en el centro de una cárcel. Desde ahí alguien podrá espiar continuamente a los presos, para observar sus patrones de comportamiento. Ellos saben que están siendo espiados, pero no cuándo exactamente. Eso demuestra que sus comportamientos cambian mucho, intentan portarse bien. Extrapolado a muchas otras cuestiones, esta teoría también nos enseña cómo han evolucionado los tiempos. Los presos antes temían ser espiados. Ahora nos gusta ser observados continuamente.

Quizá usted conozca a alguien que no utiliza de una manera moral o ética las redes sociales. Hay anécdotas de lo más curiosas. La que se creó un perfil de empresa en Facebook (por el que hay que pagar) para poder espiar a alguien, o la pareja que se intercambió todas las contraseñas de sus cuentas con el consabido peligro que eso conlleva. Probablemente usted, si está en alguna red social (y si no está sus amigos le reprocharán que no se las haga, porque si no subes tus stories a Instagram es como si no existieras) alguna vez ha 'stalkeado' (acosar o espiar de toda la vida de Dios) a alguien.
La teoría de la cárcel de Michel Foucault, 'El panóptico', se ha extrapolado a las redes sociales

Pero, ¿dónde está el límite? ¿Cuándo comprendemos que nos hemos convertido en 'voyeurs' 2.0 y que lo que estamos haciendo no estaría realmente admitido en ninguna sociedad si no tuviéramos una pantalla delante para protegernos?

Se ha hablado mucho de las redes sociales, que producen depresión, que son fuente de ansiedad, que cuando subimos una foto y nos dan un 'like' segregamos dopaminas que producen felicidad, que tener demasiados 'selfies' en tu perfil de Instagram es un claro indicador de tu personalidad narcisista y egocéntrica... y lo que queda.

El "¿tú de quién eres?" propio del pueblo ha pasado a ser "¿cómo te llamas en Instagram?", y juzgamos instantáneamente a una persona en cuanto le damos a seguir a su perfil, basándonos en sus fotos (ese cachito de su vida que quiere compartir con nosotros) aun sin conocerla de nada.

Foto: iStock.
 Foto: iStock.

Pero más allá de las consabidas fotos de sushi, festivales, gatos y playas de Tailandia están los problemas que pueden producir. En la era de las redes sociales es mucho más fácil tener problemas con tu pareja. Porque no ha respondido a mis mensajes aunque estaba en línea y aun así se atrevió a subir algo a Instagram. Porque no quiero ver las fotos que tiene con su ex o con su nueva pareja en Facebook. Porque ha agregado a alguien que no conozco. Porque.

En este artículo hemos seleccionado algunas historias, contadas por personas reales (que el lector quizá conozca, quizá se encuentre cada día en el metro o por la calle, quizá incluso se vea reflejado en alguna de ellas) que se han atrevido a confesar haber realizado alguna de estas conductas poco éticas, que pocos se atreven a contar. A veces son los causantes, en otras ocasiones han sufrido situaciones que han cambiado sus vidas y sus relaciones. Todas ellas tienen algo en común: han sido de una honestidad que alarma. Algo remarcable en los tiempos del wifi.

La historia de N.P es, sin duda, digna de contar. Comienza con una anécdota aparentemente sencilla y común: sospechaba que su novio le era infiel con una compañera de la carrera. En las ocasiones en que podía "coger prestado" su teléfono no obtenía suficiente información como para llegar a una verdadera conclusión, por lo que fue un paso más allá: acababa de surgir WhatsApp web, que por aquel entonces aún no requería de ninguna identificación, y decidió instalar la cuenta de su novio en el ordenador. Así podía ver las conversaciones de su pareja sin miedo a ser descubierta y tirar un poco del hilo, como una araña, leyendo lo que se había escrito con sus amigos meses y meses atrás.

Poco a poco fue encajando todas las piezas. Se enteró no solo de que, en palabras textuales: "desde hacía dos veranos tenía una cornamenta como la del padre de Bambi", sino que los amigos de su pareja solían quedar para frecuentar prostíbulos, lo que la dejó en una situación muy delicada de cara a las amigas de N.P que salían con ellos. Era como saber que en algún lugar hay una bomba que puede explotar en cualquier momento y no poder decírselo a nadie. El novio, por su parte, jamás se enteró de lo que ella hacía, aunque, claro, se sorprendía de que ella "conociera todos sus secretos".

¿Y la legalidad?
¿Hasta que punto es legal espiar a tu pareja en redes? Dejando la moralidad a un lado, en España está prohibido -sin el previo consentimiento de la persona espiada, lógicamente-, según el artículo 198 del código penal. Y aun así existen en la actualidad varias aplicaciones que permiten a los celosos rastrear el teléfono móvil de otra persona. Pero, ¿qué es lo que nos hace saltarnos incluso la legalidad para espiar a nuestra media naranja?

¿Quieren decir algo este tipo de comportamientos de la persona en cuestión? Según E.H, que sufrió en sus carnes justamente lo contrario, rotundamente sí. Su pareja le obligaba a que le enseñase todos los 'retuits' que hacía a otras personas. Si alguien le daba a "favorito" (para los que no estén familiarizados con el lenguaje de Twitter sería algo así como demostrarle a la persona que ha escrito un comentario que te encanta eso que ha puesto) su pareja le obligaba a borrarlo. De juzgado de guardia. Hasta que finalmente fue el propio E.H el que descubrió que era su novio (ahora ex) el que le estaba engañando. Y también lo hizo a través de las redes sociales.

Aunque la obsesión por controlar la vida de los demás puede ser peligrosa, en ocasiones es mejor el remedio que la enfermedad. A.N se enteró de que la persona que había conocido en Grindr (red social para la comunidad homosexual), y que, hasta donde él sabía era su pareja desde hacía dos meses, realizaba "orgías" -en palabras textuales- con otras personas que seguía conociendo gracias a la aplicación.

Foto: iStock.
Foto: iStock.


Pero a veces las razones por las que se realizan estas acciones no son tan claras como podría parecer. Es interesante también el caso de R.N, que podría protagonizar perfectamente un episodio de 'Catfish'. Llevaba dos años con su pareja, con la que vivía, cuando comenzó a vislumbrar comportamientos extraños en ella. Todas las noches se quedaba despierta, frente al ordenador, cuando R.N. ya se había acostado. En una ocasión en la que no podía dormir, R. se acercó y esta cerró con rapidez las páginas web en las que se encontraba inmersa. Con el tiempo descubrió que se había hecho un perfil falso en Facebook, con una foto que no era la suya, y agregaba gente que conocía en 'Chat Roulette' para hablar con ellos. ¿La razón? "Falta de confianza y autoestima", alegó. Necesitaba "sentirse querida". R. la perdonó, a pesar de todo, y estuvieron juntos otros cinco años más.

A veces esta clase de comportamientos esconden falta de autoestima y seguridad

¿Nos hemos acostumbrado a estas maneras de comportamiento y las estamos comenzando a aceptar? No hace mucho tiempo nos parecía una locura quedar con alguien que habíamos conocido a través de internet. A día de hoy dar 'match' por 'Tinder' comienza a ser la regla y lo que nos parece extraño es acercarnos a alguien en un bar -muy a la vieja usanza- y pedirle el teléfono. Comenzamos a ser más lo que nuestro perfil en la red social dice de nosotros que nosotros mismos.

¿Por qué?
Según M.S, psicóloga, hay varios factores que causan por un lado el engaño sistemático entre las parejas mediante las redes sociales y el posterior seguimiento y espionaje que proviene del mismo. Se encuentran al alcance de cualquiera, y gracias a ellas nos es muy fácil conocer nuevas personas y establecer lazos con ellas. Empezamos a vernos unos a otros más como medios (conquistas fáciles) que como fines. Nadie quiere comprometerse. Igual que sucede con la comida rápida o con la obsolescencia programada las personas también somos de usar y tirar. Puro consumismo. Y por otro lado comienza a ser más importante lo que aparentes, lo que pareces en redes sociales (exitoso, feliz, con una relación que va viento en popa) que lo que eres.Ha llegado la era del postureo (como pasa con ‘stalkear’ esta palabra ya tiene vida propia) y del narcisismo.

En un mundo donde es mucho más fácil engañar también lo es espiar. Las dos caras de una misma moneda. Y en lugar de afrontar los problemas cara a cara la cobardía nos obliga a hacerlo través de una pantalla.

¿Será siempre así? Y, aún más importante, ¿era antes así también solo que no teníamos oportunidad de saberlo? Quizá somos infieles por naturaleza y las redes sociales, aunque tratan de mostrar la mejor cara de nosotros, también se convierten en un espejo donde volcamos lo peor. Quién sabe. Lo único que está claro es que no es irremediable. Basta con atreverse y pulsar el botón 'desactivar'...


Fuente bibliográfica
NUÑO, ADA, [sin fecha]. Redes Sociales: Tu pareja te espía en redes sociales: por qué lo hace y qué puede encontrar. [en línea]. [Consulta: 11 noviembre 2018]. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-11-05/espiar-en-redes-sociales_1632386/

17 mar 2016

Facebook sabe lo que haces… aunque no tengas cuenta





Por: Yurisander Guevara 

La mayor red social del mundo utiliza una cookie para seguir la actividad de todos los internautas que interactúen con cualquier sitio web con un trozo de su código

Harto conocido es que la red social Facebook realiza un seguimiento de la actividad de sus usuarios. Este va dirigido a conocer, mediante complicados algoritmos, patrones de comportamiento que permitan mostrar en la página de inicio la actividad de las personas con las que más se interactúa, las páginas más visitadas y la publicidad que podría interesar a alguien según sus «Me gusta». Al menos eso es lo que explica Facebook en su Política de datos.

Tiene sentido este seguimiento, si tomamos en cuenta que con más de mil millones de usuarios activos diariamente, de alguna forma este gigante digital debe automatizar y refinar procesos que garanticen una satisfacción a sus clientes.

En este caso, el consejo a los «facebuqueros» es que se abstengan de compartir información demasiado sensible, refuercen sus configuraciones de privacidad y piensen bien lo que van a «subir» a esta red social.

Sucede que Facebook nunca borra los datos de sus usuarios, aunque ellos crean que sí. En 2011 un escándalo se destapó en Europa, cuando el joven austriaco Max Schrems pidió a ese sitio que le entregasen su información personal, amparado en una ley europea que garantiza a los ciudadanos acceder a sus datos en sitios de Internet.

Su sorpresa fue grande cuando le entregaron 1200 documentos en formato PDF que contenían todo lo que había hecho desde que se inscribió en Facebook. Incluso, aparecían fotos y chats que Schrems creía haber borrado.

Desde 2011 hasta la actualidad, Facebook ha cambiado su Política de datos en varias ocasiones, motivado por protestas de no pocos usuarios y hasta gobiernos.

Actualmente, el uso que hace de la información de cada persona se fundamenta de la siguiente manera: «Almacenamos los datos durante el tiempo necesario para facilitarte productos y servicios, a ti y a otros usuarios, incluidos los descritos anteriormente. La información asociada a tu cuenta se conservará hasta que la cuenta se elimine, a menos que ya no necesitemos los datos para ofrecer los productos y servicios».
Pero, Facebook omite algo que no tiene justificación: la red social sigue a todos los que se conectan a Internet, incluso fuera de su dominio y aunque no tengan un perfil registrado.

Ello lo ha dado a conocer la Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL), de Francia, la cual ordenó a Facebook la pasada semana que en un plazo de tres meses deje de recopilar información de los internautas de ese país que no formen parte de la red social. Al mismo tiempo, reveló este organismo unos cuantos hechos interesantes.

Todos bajo el mismo prisma
¿Cómo es que Facebook puede seguir a los internautas, incluso cuando no tienen un perfil creado? Sencillo: Internet hoy está inundada de «trozos» de esta red social.

Se trata de los conocidos widgets o pedazos de código que Facebook brinda públicamente para ser insertados en sitios de terceros. Estos widgets se popularizaron con la explosión de las redes sociales, en aras de lograr una mayor comunicación entre empresas o medios y sus visitantes virtuales.

Este enlace a Facebook aparece también en sitios que permiten a los usuarios registrarse con la cuenta que tienen en la red social. También está presente en las aplicaciones móviles que se conectan a la red azul, especialmente en videojuegos como Farmville, Candy Crush, entre otras decenas de miles que hoy existen.

Dicho esto, la CNIL francesa ha revelado que cualquier usuario de Internet que visite un sitio web que contenga un widget de Facebook, recibirá la instalación de una cookie llamada «datr».

Una cookie es un pequeño archivo de texto que se almacena en el directorio del navegador de tu ordenador o en las subcarpetas de datos de programas. Seguramente has visto que no pocos sitios web, como parte de la política de transparencia, advierten que usan cookies una vez que los abres.

Estas se utilizan para conocer cuándo un usuario introduce sus credenciales, o conseguir información sobre los hábitos de navegación. Si usted visita un sitio que le advierte que instalará cookies y lo acepta, tácitamente le permite que recopile sus datos. Pero Facebook no advierte de ello jamás.

La CNIL francesa, en una investigación conjunta con Alemania, Bélgica, España y Holanda, asegura que además de instalar una cookie sin previo aviso, Facebook recoge datos sensibles de quienes usen los ordenadores con «datr», como sus creencias religiosas, orientación sexual y preferencias políticas.

Además, no permite que los usuarios puedan rechazar la  publicidad personalizada y transmiten la información a los servidores de la compañía en Estados Unidos, algo que no pueden hacer en Europa desde que se anuló el pacto de Safe Harbor.

Ese pacto entró en vigor en el año 2000 y fue firmado por la Comisión Europea y Estados Unidos. Permitía que se transmitieran datos personales de ciudadanos europeos hacia la nación norteña. El acuerdo se revocó en octubre de 2015 por las filtraciones del excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés), Edward Snowden, quien demostró que Facebook no hizo nada por evitar la vigilancia masiva.

Así, la CNIL francesa ha dado el paso al frente para evitar que Face-book continúe con la recopilación de datos, aunque no fue la primera en hacerlo. A finales de 2015 un tribunal belga ordenó a esta red social lo mismo que pide ahora la CNIL, relata The Guardian, o de lo contrario, tendría que pagar una multa diaria de 250 000 dólares si no dejaba de usar la cookie «datr», que permanece dos años en los ordenadores.


Una publicación de Bloomberg a finales de la pasada semana afirmó que Facebook apeló la decisión de la CNIL, ya que usan las cookies «por motivos de seguridad». Con ella, explicaron voceros de la red social, son capaces de verificar que un usuario es real. Argumentaron que la cookie se asocia a un ordenador y no a una persona. La pregunta que surge es: ¿por qué recogen entonces información de la navegación?

Fuente: http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/informatica/2016-02-17/facebook-sabe-lo-que-haces-aunque-no-tengas-cuenta/
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