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28 ago 2010

Sociedad digital


«Dejemos ya de lado el funesto “que inventen ellos” e inventemos el futuro entrando todos con paso firme en la sociedad digital»

Día 21/08/2010
La irrupción de las tecnologías en nuestras vidas es ya imparable. Todo empezó con la virtualización del dinero y las tarjetas de crédito, pero el desarrollo de novedosas aplicaciones para la defensa fue el factor desencadenante. No es de extrañar. Una vez más, los grandes adelantos vinieron de la mano del capital y de la inteligencia militar. Pronto aquella Arpanet castrense gestó la Internet civil, imprescindible en menos de dos décadas para cualquier ciudadano y universo por derecho propio para los más jóvenes. Del correo electrónico, instantáneo y gratuito, pasamos a la web, ese gigantesco escaparate de contenidos de toda laya que crece exponencialmente sin respetar fronteras geográficas ni temporales. Internet era en sus inicios un misterioso arcano solo para iniciados, con un lenguaje propio y reglas de buena educación —la Netiquette— que todos respetábamos para ser respetados. Internet fue creciendo y no dábamos abasto para anotar los sitios interesantes que descubríamos navegando al azar por el proceloso ciberespacio a partir de las pocas direcciones URL que cuidadosamente anotábamos en una libreta como si fuesen tesoros. Navegar era emocionante, pero pronto se reveló inmanejable. El cambio radical llegó de la mano de Google cuyo famoso algoritmo de búsqueda y exitoso modelo de negocio arrasaron con todo lo anterior.
Tan genial y rentable idea pronto animó a sus jóvenes fundadores a ensayar nuevas e improbables aventuras. Su primer gran sueño, al que seguirían muchos más, fue la construcción de la gran biblioteca mundial en la que todos los libros, debidamente digitalizados, estarían disponibles gratuitamente. La digitalización ya había invadido las fotos, el vídeo, la música y el cine, que los internautas intercambiaban a partir de los muchos sitios especializados en enlaces P2P, ese revolucionario negocio inventado por Napster que pronto se convirtió en la pesadilla de los titulares de derechos de autor.
Los bibliotecarios comprendieron enseguida el inmenso potencial que la tecnología digital ponía a su alcance y han sido la primera profesión de la cultura que hizo sus deberes a tiempo, familiarizados como estaban con la automatización de los catálogos. La reacción europea a la osadía de Google cristalizó políticamente en el sueño de Europeana. Sin la previa estandardización de los formatos digitales y la adopción del OAI, ese gran invento que permite la recolección remota de objetos digitales, Europeana hubiera sido inimaginable. Pero la digitalización es cara, la vida útil de los objetos digitales, bastante más efímera que la de los manuscritos medievales y su preservación, no menos costosa. La sostenibilidad de la financiación y la ausencia de un marco jurídico apropiado para la protección del derecho de autor en el ámbito digital constituyen todavía los dos grandes frenos de las bibliotecas digitales, incluyendo Europeana. Google se enfrenta a muchas reticencias y también choca con la rigidez del marco jurídico analógico. Acabarán convergiendo.
Hasta hace poco, el sector del libro ha vivido alejado de la era digital. La vieja tecnología del libro es casi perfecta para la lectura, los dispositivos electrónicos eran caros y poco prácticos, y la preocupante experiencia del P2P desanimaba a cualquiera. Además, el nuevo protagonismo de autores y lectores en la oferta digital trastoca la tradicional cadena de valor del sector. En España, siempre rezagada en innovación tecnológica, la experiencia Enclave, iniciativa conjunta de la Biblioteca Nacional y los editores, habrá servido como ceremonia iniciática para muchos. Ahora dispositivos, tabletas y teléfonos móviles de última generación abren nuevas expectativas al negocio del e-book, al menos en los países equipados con banda ancha. Sin embargo, como también sucede con la Prensa, la búsqueda del modelo ideal de negocio e-editorial continúa en fase de experimentación y es demasiado pronto para avanzar hipótesis acerca del devenir de las librerías en el desarrollo del futuro negocio de la lectura. Como ya entreviera Prensky, nada de cuanto hoy afirmemos nosotros, los «migrantes digitales», constituye fundamento válido para escrutar los comportamientos sociales y culturales de los «nativos digitales» en cuyas manos está el futuro.
Todavía en los albores de la sociedad digital, este breve repaso de la corta historia de Internet, ahora propulsada por el creciente poder de las redes sociales (web 2.0) permite observar las consecuencias de un terremoto que ha abierto un sinfín de posibilidades, sacudiendo a todos los sectores y, lógicamente, a sus profesionales: bancos, defensa, correos, ministerios de Hacienda, autores, artistas, empresas discográficas, industria del cine, videoclubes, bibliotecas y otros muchos que ya siguen: educación, sanidad, servicios públicos, edición, librería y tantos otros. Unos han sabido aprovechar mejor que otros las ventajas de la era digital, pero todos se ven obligados a reinventarse como profesionales, como empresarios, como administraciones. La crisis económica bien pudiera acabar sirviendo de catalizador al diseño de nuevos modelos económicos globales basados en creatividad, innovación, competitividad y productividad que todos los países se aprestan a potenciar.

24 may 2010

Nativos digitales: mentes jóvenes en tiempos acelerados


Future is already here, it’s just badly distributed.
(“El futuro ya está aquí, aunque mal distribuido.”),
William Gibson

A continuación y con autorización de los editores, les dejo el texto completo de un artículo que recientemente publiqué en España, en la Revista Crítica de Septiembre – Octubre 2009 (Número 963). El tema: Los nativos digitales. Obviamente, las referencias a Ale Piscitelli y Marc Prensky no podían estar ausentes. Lo escrito no es muy largo, unos 5 minutos de lectura, así que espero les agrade. Comentarios, opiniones, dudas y (por supuesto) críticas, son (siempre) bienvenidas.

Mucho se ha hablado de la influencia que los nuevos medios manados de la Red tienen sobre los más jóvenes. Con frecuencia, los medios masivos como la televisión alertan a los padres demonizando sobre los peligrosos riesgos que entraña, para sus hijos, la inmersión en el ciberespacio: contados casos de pedofilia y pornografía son chivos expiatorios que, con banalidad, sobrecargan el discurso de quienes ven horrorizados, desde el furgón de cola, un cambio cultural del que no participan. Cuando algo cambia siempre surgen aquellos que, como tapones evolutivos, defienden y lastran lo viejo, negando la apertura a la novedad ya que tienen la tendencia a temer lo que se desconocen.

Porque cuando se trata de comprender hoy, en este momento epocal, qué está sucediendo con los jóvenes no basta con reducir las brechas del cambio generacional en ciernes a un abanico de amenazas, metáfora de lo incomprendido o a adornos superficiales de lo externo (lenguajes vulnerados, ropa e indumentaria, marcas, tatuajes, piercings ó tribalismo urbano desencadenado). En una actualidad tan colmada de rupturas y discontinuidades es necesario recurrir a nuevas definiciones, nuevas taxonomías sociales que nos permitan identificar cómo éstas acontecen y cuáles son las diferencias resultantes con lo que va quedando a lo largo del camino.

Decir que vivimos un verdadero cambio de época pareciera que ya no es ninguna novedad. Sin embargo, afirmar que hoy estamos viviendo una discontinuidad gnoseológica esencial, puede resultar ser una afirmación un tanto osada. Para todos los que somos entusiastas del cambio y nos fascina intentar comprender el ritmo y la evolución de los tiempos actuales, esta aseveración puede sonar ya demasiado venturosa.

Los jóvenes de hoy son las generaciones conectadas que crecieron con un mouse en una mano y un teléfono celular en la otra. Son losnativos digitales. La definición fue acuñada por vez primera por Marc Prensky (2004) quien, en un sugestivo artículo cuyo título traducido es: “La muerte del comando y control”, distinguió la presencia de dos mundos: el de los nativos digitales, de aquel que habitamos nosotros, los inmigrantes digitales.

La noción de nativos digitales se ha venido instalando en los más conspicuos discursos y, muy probablemente, si la penetración de la red lo permite, termine reemplazando al de brecha digital. Los videojuegos, los sistemas de mensajería instantánea, los mensajes por celulares SMS, MMS, las redes sociales, los blogs, fotoblogs, videologs, twitter, podcast, etc. han pasado a convertirse en una parte sustancial de nuestras vidas conformando el humus cultural del que se alimentan las nuevas generaciones de bárbaros digitales, quienes se caracterizan por tener otra actitud frente a la información y la comunicación, muy distinta de la de sus predecesores, nosotros, los inmigrantes digitales, que viajamos en el furgón de cola del tren de los cambios de hoy.

Los nativos digitales son jóvenes que no soportan estar desconectados y no conciben la vida sin Internet, una arquitectura que elude toda forma lineal y secuencial de organización de la información y, por ello, reconfigura las funciones cognitivas de quienes nacieron junto a ella de maneras que pueden resultar incomprensibles para los que nos enculturizamos en la época de la tiza y el pizarrón.

A diferencia de los inmigrantes digitales que solemos tener un enfoque defensivo y determinista en relación a la información, estos nuevos bárbaros digitalesasumen una actitud proactiva, participativa y ven a la información como ventana posibilitadora. Más que pensar qué es lo que la tecnología puede hacer por ellos, piensan qué pueden ellos hacer con esta, cómo la pueden moldear y diseñar para alcanzar metas deseadas. La centralidad tecnológica se plantea como medio: no se trata de indagar en el “con qué” sino que el énfasis está puesto en el “para qué” y en el “con quién”. Se trata de jóvenes autodidactas formados alrededor de un universo de aplicaciones computacionales en línea que demandaron de sus intervenciones y por lo tanto, más que consumidores pasivos se muestran como creadores de los contenidos que consumen como colectivo. Arman y editan videos, retocan fotos, remezclan todo tipo de información y la distribuyen con la misma facilidad con que la crearon, son los cultores de la intercreatividad.

Se les suele atribuir una supuesta irreverencia ya que son capaces de interactuar simultáneamente en una multiplicidad de entornos, conversaciones y configuraciones mediáticas. Ello, los faculta moldear una identidad digital a partir de la cual desarrollan su participación interactiva y les permite optar colaborativamente, a la velocidad de la inmediatez, por lo que quieren comunicar, conversar, ver, navegar, pensar, compartir, sentir, crear y creer, es decir: ser en línea.

Construir una identidad es contrastar el orden disciplinario y la normalización lo que supone un supuesto conflicto con las instituciones establecidas: los padres, la escuela, las jerarquías, los derechos de propiedad; por eso, al internalizar que la Red subvierte las jerarquías informacionales, han puesto en jaque al sistema educativo al menoscabar la autoridad sapiencial y la lentitud de profesores y clases magistrales. El cuestionamiento está a un click de distancia y confían más en la Wikipedia que en cualquier verdad revelada en forma presencial. Alejandro Piscitelli (2009)plantea entonces un doble desafío: “es necesario aprender cosas nuevas y enseñar cosas viejas de una nueva manera, con lo complicado que implica enseñar lo viejo con ojos nuevos”.

Las escuelas de hoy siguen pobladas de profesores y maestros analógicos que intentan enseñarle a los alumnos digitales de hoy. Por eso para él, la educación, si quiere ser industria del conocimiento, debería convertirse en una “industria del deseo” en la que el docente debería devenir en maestro en el “arte de la seducción” tornándose éste, en creador y mediador de conflictos antes que un mero repetidor y transmisor de conocimientos encapsulados y predigeridos (Piscitelli, 2009). Ello se debe a que los nativos digitales prefieren el universo de lo gráfico, contextual y simbólico al de lo textual, establecido y conceptual. El mundo que les ha tocado vivir se caracteriza por la aleatoriedad, la complejidad, la diversidad globalizada, la multiperspectividad de los sentidos y el posibilismo.

Se suele pensar que cuando un joven está frente a la computadora permanece aislado por lo que parece inconcebible, desde la perspectiva de un inmigrante, que los nativos digitales son partícipes de un nivel de comunicación como nunca antes había sido posible. Se puede decir que los nativos digitales han sido los responsables de gestar una nueva forma de cognición participativa. Sabiduría de las masas, inteligencia colectiva, alquimia de las multitudes son losleitmotif de una época signada por la colaboración hipervinculada en la que ellos, los bárbaros digitales de hoy, participan desde la propia centralidad del concepto. Es por eso que tienen una actitud frente a la información que nosotros (los inmigrantes digitales) tal vez no comprendamos. Saben que la información es poder cuando se la comparte. Para ellos, compartir y distribuir contenidos es fuente de conocimiento y reputación. Frente a la maraña de la Red sienten la responsabilidad de actuar como infomediarios para evitar la infoxificación de otros, ya que saben que otros actúan con igual reciprocidad y les recomiendan contenidos. Comprenden las limitaciones de los buscadores y por eso prefieren buscar la información a partir de las comunidades (redes sociales y blogs) con las que interactúan.

En otro artículo Marc Presky (2004) identifica 18 áreas en las que los nativos digitales son diferentes. A modo de resumen vale decir que:

  • (i) Comunican diferente (prefieren medios asincrónicos, mutan e inventan su propio lenguaje, lo adaptan para la velocidad del teclado y teléfono celular, no necesitan conocer a sus interlocutores que se identifican con nicknames);
  • (ii) Comparten de manera diferente (ya que saben explorar y explotar al máximo las posibilidades de los medios que facilitan la Web 2.0 y los sistemas de par-a-par o p2p);
  • (iii) Compran (y venden) de manera diferente (para ellos la red es el mercado y están habituados a comprar y vender a través de sistemas de subasta como www.ebay.com o de anuncios en línea como www.olx.com o www.craiglist.com, por ejemplo);
  • (iv) Intercambian de manera diferente (particularmente volcados al intercambio de contenidos de todo tipo),
  • (v) Crean de manera diferente (habituados a la cultura del remix y el copy/pasteado no dudan de usar, mezclar, fusionar todo tipo de formato y contenido);
  • (vi) Se encuentran de manera diferente (empleando los medios sociales y la red celular a disposición para autoconvocarse en forma novedosa, son los mentores de los flashmobs),
  • (vii) Coleccionan de manera diferente (no juntan estampillas, latas de cerveza o cajetillas de cigarrillos, objetos estos baladíes, utilizan los medios a disposición para etiquetar, juntar, clasificar y compartir en la inmediatez, todo tipo de hipervínculo);
  • (viii) Se coordinan de manera diferente,
  • (ix) Evalúan de manera diferente (y le dan muchísima importancia a la construcción de la reputación en línea),
  • (x) Juegan de manera diferente (a través de los videojuegos en línea que utilizan suelen jugar partidos que pueden durar cientos de horas, participando en equipos formados por numerosos jugadores desconocidos entre sí);
  • (xi) Aprenden de manera diferente (ya que sus referentes están en la red),
  • (xii) Buscan de manera diferente;
  • (xiii) Analizan de manera diferente,
  • (xiv) Reportan de manera diferente (usando sistemas de microblogging como Twitter o redes sociales),
  • (xv) Programan de manera diferente,
  • (xvi) Socializan de manera diferente (siendo la Red el punto de encuentro con su entorno social),
  • (xvii) Evolucionan de manera diferente,
  • (xviii) Crecen de manera diferente (explorando, buscando, probando, remezclando y transgrediendo).

Derrick de Kerckhove (1999) decía que “cualquier tecnología que afecte significativamente nuestro lenguaje debe también afectar nuestro comportamiento a nivel físico, emocional y mental”. Efectivamente, los nativos digitales, comunican y piensan diferente. Alejandro Piscitelli(2009), plantea que los nativos digitales, los jóvenes de hoy, son una nueva clase cognitiva que ha revelado la necesidad de diseñar competencias digitales en un pie de igualdad con las analógicas tradicionales, en las que las estrategias de alfabetización digital forman parte de la nueva infraestructura del conocimiento. Los nativos digitales son los escribas de esta nueva época, son los nuevos disruptores de la mediamorfosis social en ciernes, que a diario nos muestran el poder y el impacto que tiene la socialización de los medios de producción simbólica cuando se los utiliza y apropia. Al resto, a nosotros, nos queda a lo sumo el potencial de ser mediadores intergeneracionales, puentes de esa brecha tal vez invisible que suscitó el avance de la gente por sobre las plataformas informacionales verticales y que dio lugar a la irrupción de arquitecturas de participación cuyo uso hoy, se ve amplificado por la presencia de ellos: los nuevos bárbaros digitales.

Referencias bibliográficas:
Derrick de Kerckhove (1999), La piel de la cultura: Investigando la nueva realidad electrónica, Editorial Gedisa, Barcelona.

Marc Prensky (2004), The death of Command and Control, SNS Special Letters.

Marc Presky (2004), The Emerging Online life of the Digital Native: What they do differently because of technology, and how they do it

Alejandro Piscitelli (2009), Nativos Digitales: Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de participación, Colección Aula XXI, Editorial Santillana, Buenos Aires.

Fuente: http://humanismoyconectividad.wordpress.com/2009/11/03/nativos-digitales/


3 sept 2009

Las sociedades del futuro


“El futuro deja de ser la prolongación de las tendencias pasadas”

André Gorz

“Las sociedades libres permiten el futuro, limitando el pasado”

Lawrence Lessig

Las sociedades del conocimiento El futuro debe ser inventado. Un mundo termina y otro apenas se asoma entre nebulosas. Deberemos elegir partiendo de la base que los tiempos críticos traen consigo una libertad de escogencia que no puede ser lanzado al cesto por quienes llaman a mantener la “cabeza fría” o se complacen en la modosidad propia del pasado que se muere.

No se trata de recurrir a la novela especulativa o distraerse con las insólitas proyecciones de la ciencia-ficción. Es necesario recurrir a la profundización socio-política y estudiar la reversión de las tendencias asomadas por algunos “proyectistas del futuro” de megacorporaciones dominando al mundo, de una crisis ecológica irreversible, de una pérdida de la libertad en una sociedad molecular o de una pobreza incontrolable.

Como alguien ha observado no sólo hay divisiones étnicas, nacionales o ideológicas, sino de posición en el tiempo. Sólo una muy pequeña parte de la población mundial está ya viviendo en el futuro, son ya el asomo de una nación global. Millones de hombres viven en el pasado, sin que sobre ellos se lance un requerimiento de preparación para el futuro. Muchos de ellos están organizados en sociedades que viven de antiguos paradigmas y de normas obsoletas. En el campo de la organización política se aferran a principios que sólo pueden ser dados como obvios, mientras una clase dirigente periclitada sigue utilizándolos para mantener en el único sitio que pueden vivir: en el ayer. Son las que bien podemos llamar las sociedades del pasado, como la venezolana.

El único objetivo posible de las instituciones políticas es el logro de la mayor dosis de felicidad posible para los ciudadanos. En la tranquila mediocridad de las pequeñas almas no cabe la apertura hacia nuevas formas de organización social y de formas políticas. En el campo de la evolución sociopolítica son como pequeñas tribus detenidas en el tiempo. Para estas tribus que impiden el acceso al futuro, la máxima felicidad posible es el mantenimiento de las estructuras obsoletas y del pensamiento decaído.

No voy a retomar a Deleuze con las diferencias entre sociedades disciplinarias y las de control, tema que ya he abordado en libros anteriores ni las muy estimables precisiones de Foucault sobre el tema. Tampoco voy a abordar el nihilismo o el cinismo del hombre contemporáneo también tratado con anterioridad. No voy a inmiscuirme en la manipulación genética, en la mutación antropotécnica o en la crisis de la cultura, que seguramente merecerá un espacio aparte.

Están cambiando la forma en que las personas se comunican, interactúan e intercambian información. Cambiará la economía, cambiarán los gobiernos, pero sobre todo cambiarán las sociedades. Es evidente que habrá competencia entre los mercados locales, regionales y globales, lo que paralelamente traerá una interdependencia económica, social y ambiental que producirá efectos notables. Los cambios se sentirán en el lugar en que trabajamos, en que producimos, donde aprendemos y como delineamos las diferentes fases de nuestras vidas. Podemos definir los cambios como el de transición hacia unas sociedades del conocimiento.

Ello implica que en el contexto de las negociaciones por el futuro entra de pleno un nuevo participante: la sociedad, porque la sustitución de una sociedad informada por una sociedad comunicada implica necesariamente –sin obviar los peligros totalitarios- la persecución de objetivos democráticos, de desarrollo sostenible y de igualdad de género. Para lograrlo, las sociedades irán construyendo lo que se ha denominado “un entorno habilitador”, uno que permita su ascenso. Es por ello que el brote totalitario paralelo trata de cortar de raíz la posibilidad de la comunicación. El “entorno habilitador” pasa por crear condiciones culturales, económicas, sociales y políticas que permitan el pleno desarrollo de la persona humana.

Por ello, el conocimiento se alza como el factor determinante de movilización de los procesos. Esto es, la construcción del conocimiento se inserta en la concepción misma del desarrollo, lo que conlleva a la redefinición de visión, paradigmas, capacidades técnicas, metodológicas y financieras. Para ello se debe recurrir a la lógica y al pensamiento lateral, a la concepción espacial y a un incremento de la inteligencia intrapersonal relacional. Un poco más allá, la información básica es la que se genera, no tanto la que se recibe. Esto es lo que se ha dado en denominar las sociedades del conocimiento, la definición que aceptaremos para referirnos a la organización social del futuro.

Se trata de unas de aplicación intensiva del saber, una donde el saber pasará a ser el principal valor. La complejidad del mundo que emerge implica la tarea esencial de preparación de lo humano. Einstein, con su habitual capacidad anticipativa, ya lo afirmaba en la década de los 40, al asegurar que “los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento”. El físico utilizaba todavía la palabra “imperio”, pero es comprensible para la fecha en que lo dijo. Hoy los conceptos han sufrido serias modificaciones, como por ejemplo la desaparición de la sociedad de la información donde se reclamaba que los massmedias emitieran, para pasar a una sociedad horizontal de comunicación. Queda claro, entonces, que información y conocimiento son cosas muy distintas, dado que el conocimiento es la interpretación de los hechos.

Está claro, también, que la sociedad del conocimiento está directamente relacionada con la tecnología, léase Internet con sus web, su correo electrónico o sus blogs, lo que algunos llaman era tecnotrónica. Debemos admitir que inicialmente fue definida como “sociedad de información” la que se asoma, pero el término fue rápidamente rechazado porque evidentemente se presta a confusiones conceptuales de fondo, sobre todo porque se fue identificando con un planteamiento ideológico concreto, cuando la verdad es que el conocimiento se alza también por encima de las ideologías. Hay, pues, una razón fundamental para definir al futuro como sociedad de conocimiento: se alza por encima de lo meramente económico, para llegar a las transformaciones sociales, culturales, políticas e institucionales. Y una última corrección: la palabra sociedad en singular implica uniformidad, de manera que adoptamos en plural, sociedades del conocimiento. Por lo demás, Antonio Pasquali hace tiempo dejó claro que información implica unidireccionalidad, mientras que la comunicación implica el intercambio de mensajes entre interlocutores habilitados. La UNESCO ha tomado el tema con la seriedad que se merece y ha publicado diversos documentos, como el informe “Hacia las sociedades del conocimiento”, presentado en París por el Director General Koichiro Matsuura, documento que puede encontrarse, y ser bajado, en Google y cuya lectura recomiendo.

En “Gestión de redes para el desarrollo sustentable” Hugo Dutan señala los elementos que marcan el cambio: Visión del mundo y paradigma internacional de desarrollo en crisis, cuestionamiento de la naturaleza, rumbo y prioridades del desarrollo, premisa externa para el cambio y revolución tecnológica. En resumen, no se acepta ya la visión mecánica para el desarrollo, los efectos negativos para la población humana han sido graves (pobreza, desigualdad, brechas económicas y tecnológicas) lo que es rechazado, el entorno cambia aceleradamente y hay que establecer nuevos modelos de gestión.

Algunos autores han hablado de “consumo de saber” como característica de la nueva organización social. Los países ricos generan conocimiento y esa es su mayor distancia con los pobres, una mucho más grande que la existente en los niveles de ingreso. El tema no es fácil, pues implica desde problemas de transferencia y ruptura de monopolios sobre la propiedad intelectual hasta el cuestionamiento de la ciencia fundada en la razón, pasando por los llamados saberes locales como fundamentación del conocimiento emergente.

Dutan nos recuerda el llamado “triángulo de la sustentabilidad”, esto es, “la fundamentación u orientación del desarrollo, las capacidades y la credibilidad como aportes a la sustentabilidad de las organizaciones e instituciones desde la perspectiva de la conformación de redes, en donde la construcción de conocimiento se convierta en el ordenador de relevancia”.

Es evidente que el nuevo paradigma es la reflexividad como opuesto al viejo paradigma de la objetividad, a la complejidad como sustituta de la simplificación, de los simples diagnósticos a toda posibilidad de creación en todos los sentidos posibles. Para ello es necesario hacer sensible a la conciencia a lo latente y profundo.

Genios siempre habrá, pero hoy, en este proceso indetenible hacia las sociedades del conocimiento, la inteligencia deja de ser un asunto individual para pasar a ser un punto colectivo. Por eso ya no cabe el líder mesiánico. El líder de estos tiempos es el que suministra insumos en procura de la decisión de la multitud. En el mundo que llega la inteligencia que prevalecerá es la colectiva y la sabiduría será posesión de la multitud. Tratemos de hacer de Venezuela una sociedad del conocimiento.

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