Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecas populares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecas populares. Mostrar todas las entradas
19 jun 2017
Los futuros próximos de las bibliotecas públicas
Por: Mariano
Vespa
Oráculo
y depositario del saber y desarrollo humanos, las bibliotecas se encuentran
sometidas a una transformación que reconfigura su rol no sólo en relación con
los nuevos paradigmas digitales sino en sus visiones y alcances. Un
relevamiento del estado de la cuestión con tres de los principales
especialistas en el mundo: Hannelore
Vogt, Gillian Daly y Alberto Manguel.
En el
libro Historia de las bibliotecas (Ediciones Ampersand, 2015), Frédéric Barbier
establece un recorrido sobre las evoluciones de las bibliotecas en Occidente.
En relación con el presente, un contexto donde convergen nuevos modos de
socialización, redes sociales y un mayor individualismo, la función de la
biblioteca en tanto institución y representación tiende a desplazarse. Como
institución, “deberá representar el ideal de una sociedad fundada en el
derecho natural, la cual plantea el imperativo de la igualdad”. Ese
objetivo impulsa un compromiso mayor en la funcionalidad de la biblioteca: ya
no sólo se trata de transferencia de contenidos o de preservación y apropiación
del patrimonio colectivo, sino que se posiciona como un espacio de interacción.
Razón de ser
Gillian
Daly, una de las responsables de la red que asesora y promueve a más de
quinientas bibliotecas en Escocia (SLIC), estuvo de visita en Buenos Aires en
marzo, invitada por la Fundación Filba y el British Council. En distintas
capacitaciones a bibliotecarios y en una conferencia magistral, trasladó la
experiencia de gestión en SLIC, sobre todo en relación con la manera de pensar
las bibliotecas públicas en un presente proclive a la evanescencia:
—Creo
que el propósito fundamental de las bibliotecas no ha cambiado. La gente dice
que, debido a que vivimos en una era digital, no necesitamos bibliotecas,
tenemos Google para encontrar información, tenemos Wikipedia, que sabe todo,
pero en realidad en la era digital se ha vuelto más importante entender en qué
información se puede confiar. Creo que hay más demanda de servicios de
biblioteca y de ese ambiente, sobre todo para el tipo de apoyo que una
biblioteca puede ofrecer: el acceso a información confiable, pero también sobre
las habilidades del personal de la biblioteca y las comunidades de apoyo.
En
sintonía, Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional (BN), considera
que las bibliotecas superviven, en tanto su función no es monógama.
—Una
biblioteca almacena todo tipo de documentos y textos, cualquiera sea su
soporte: papel o pantalla, material o virtual. Desde los principios del
lenguaje escrito hemos preservado nuestras palabras en soportes tan diversos
como la arcilla, el caparazón de la tortuga, el bambú, el papiro, la piedra,
los nudos de los quipus, el pergamino y el papel. Y una biblioteca debe
preservar todo esto en la medida en que logre conseguirlo. Los textos virtuales
son tan sólo una parte de nuestro acervo y la tecnología electrónica no es la
última de las tecnologías que inventaremos para comunicarnos. Vendrán otras que
no imaginamos ahora y a ésas también la biblioteca les reserva un lugar.
La
Biblioteca Pública de Colonia (CPL) es pionera, no sólo por sus tempranas
innovaciones en relación con el paradigma digital, sino por apostar al
fortalecimiento de participación. No sólo ofrece un vasto catálogo, impreso y
en e-book, sino que también proporciona asistencia en materia de educación y
recreación a la población vernácula –cerca de un millón de habitantes– y a
regiones cercanas, entre las que se incluyen otros países, como Luxemburgo o
Bélgica. En 2015 fue galardonada como la mejor biblioteca del año. Hannelore
Vogt, directora desde 2008, es una referente ineludible en la materia: ha
escrito varios textos que aportan una nueva mirada sobre el alcance de las
bibliotecas y es consultora en la materia en distintos puntos del planeta.
—La
educación en el siglo XXI incluye la alfabetización digital, ya que el uso de
nuevas tecnologías y redes sociales es esencial para la plena participación
social. Las bibliotecas no son sólo lugares llenos de libros, sino que son
vibrantes espacios de experiencia. No son sólo salas de lectura y lugares de
silencio, sino lugares para conocer y aprender. Estimulan la acción y el hacer,
pero también permiten que uno se tranquilice y se inspire. Un ejemplo
interesante de esto proviene de Dinamarca. Se basa en las “Four rooms of
change” [teoría del psicólogo sueco Claes F. Janssen]. Las bibliotecas deben
seguir las tendencias tecnológicas y sociales y ajustar sus ofertas en
consecuencia. La gente ya no quiere ser mera consumidora. Ellos quieren crear,
ser activos y probar cosas nuevas. Quieren compartir sus ideas y conocimientos
con otros.
Daly
coincide en la importancia de las bibliotecas en la construcción de la
ciudadanía, sobre todo en relación con las coyunturas político-mediáticas:
—Creo
que son importantes para la democracia y creo que muchas de las cuestiones que
estamos viendo a nivel mundial, en este momento, apuntan a que las personas
están mal informadas sobre las decisiones políticas que están tomando. No sé si
sucede lo mismo en Argentina, pero los medios están influyendo negativamente.
El presidente Trump sigue tuiteando noticias falsas. Cualquiera puede publicar
en un blog, sin antecedentes ni investigación, y puede ser considerado un
hecho. Todas las librerías de la red son diferentes, pero estamos tratando de
estandarizar los procesos, queremos que sea una experiencia mucho más
igualitaria para que todos nuestros ciudadanos tengan acceso a los mismos
apoyos para la educación, para el aprendizaje y para todas las otras
necesidades a través de la vida.
Uno de
los proyectos que desarrolla SLIC es “Every child a member”, que fomenta
la membresía desde niño, ya sea desde el nacimiento mismo o en la escuela.
También sucede lo mismo en Colonia, a través del programa Bookbabys:
VOGT: Es
importante comenzar con los niños tan pronto como sea posible. Por un lado para
inspirarlos a leer, por otro lado las sinapsis para el lenguaje en nuestro
cerebro se están desarrollando mejor en los primeros seis años de nuestra vida.
Bookbabys es un programa especial para niños pequeños que es perfecto para
comenzar el aprendizaje permanente y crea una relación especial con las
bibliotecas desde muy temprana edad. Este es un tipo de terapia de biblioteca
donde madres con niños de 0-2 años visitan la biblioteca una vez por semana
para cantar canciones, decir rimas, bailar y divertirse mucho.
Manguel
considera que se trata de una experiencia potencial para llevarse a cabo en la
BN:
—Es una
divisa excelente que a cada niño, junto al certificado de nacimiento, se le dé
una tarjeta de lector para que la noción de identidad no sea sólo la de
pertenecer a una determinada nación sino a la comunidad universal de lectores.
De la transacción a la interacción
Capacitaciones
para el desarrollo de habilidades, asesoramiento en la confección de
currículos, clases de comunicación, sesiones de información sobre salud,
inclusiones a personas desprotegidas [ver recuadro], eventos culturales. El
listado de las iniciativas que apuntan a la igualdad de oportunidades puede ser
exhaustivo.
Según el
sitio web de Mep Library, que reúne a miembros parlamentarios de la Unión
Europea, en Europa más de cuatro millones y medio de personas acceden por
primera vez a internet en una biblioteca pública y cerca de dos millones de
usuarios lo hacen usualmente porque es el único espacio que tiene acceso
gratuito. En un contexto donde la cifra de analfabetismo en la UE es del 20%,
alrededor de un millón y medio de personas se acercan a las bibliotecas para
capacitarse y luego aplicar a determinados trabajos. Aunque quizá no tenga el
mismo grado de privaciones que otros países, en Escocia un 20% de la población
no tiene acceso, fundamentalmente en las comunidades alejadas.
DALLY:
queremos asegurarnos de que todo el mundo, sin importar de dónde procedan,
tengan la oportunidad, y eso es muy difícil porque los dispositivos digitales
suelen ser caros y todo se mueve tan rápidamente. Eso significa que es muy
difícil para las personas mantenerse al día, lo mismo para las bibliotecas. Así
que estamos muy enfocados en la capacitación de nuestro personal para que
podamos estar al día con todas estas nuevas tecnologías.
En
Argentina, gran parte de las bibliotecas populares nucleadas en Conabip permite
el uso de computadoras en red y tiene clases de apoyo escolar o encuentros con
artistas. Para SLIC, uno de los grandes desafíos para llevar adelante una
biblioteca es concientizar a aquellos que por pudor –que no sepan leer o
necesiten algún tipo de apoyo– no se acercan a la biblioteca.
V: En
una era de comunicación digital y redes, se necesitan espacios para que las
personas se reúnan y se comuniquen en persona. Junto a la casa y el trabajo,
las bibliotecas se están convirtiendo cada vez más en un “tercer lugar” donde
esto es posible. La importancia de las bibliotecas como lugares de encuentro es
cada vez mayor. Otra distinción es que las bibliotecas, además de ser
extremadamente democráticas, son una de las pocas plazas libres del comercio.
La
concepción de Vogt puede tomarse como un reverso o reescritura de
la frase de Nietzsche; en este caso, donde termina la biblioteca,
empieza el mercado. Desde 2013, CPL fomenta la participación interactiva del
público mediante el Makerspace, laboratorios de creación y espacios de
intercambio donde, por ejemplo, se digitalizan discos o se desarrollan
podcasts. La biblioteca se convierte en catalizadora de experiencias creativas.
En sintonía, SLIC ha realizado, en los últimos años, el hackatón Future
Libraries, en el que distintos equipos de estudiantes, graduados o
entrepeneurs, desarrollan innovaciones de productos o servicios para las
bibliotecas. Tanto CPL como SLIC ofrecen, como un modo de vincular la
participación y el ecosistema digital, infraestructura que va desde
iPads, impresoras 3D, anteojos de realidad virtual o cúteres láser.
Las
bibliotecas se pliegan a los entornos digitales con una activa participación en
las redes sociales. En Escocia, gran parte de las bibliotecas se comunica con
sus usuarios a través de Facebook. Daly cuenta que la biblioteca de Orkney, una
de las islas del norte, ha recibido varios premios en todo el Reino Unido por
la forma en que utilizan Twitter. El perfil @OrkneyLibrary tiene más seguidores
que habitantes de la isla. Hace un año, cuando postearon sobre una actividad de
su club de lectura, invitaron a J.K. Rowling a que participase del evento. La
creadora de Harry Potter dudó, entonces la biblioteca le ofreció que si ella
efectivamente los visitaba, llevarían lemon pie. Rowling no suele participar en
eventos públicos, pero una ingeniosa conversación en Twitter posibilitó su visita.
La BN también tiene una activa participación en @BNMMArgentina, no sólo en
relación con la promoción de sus actividades y sus fondos, sino que también
visibiliza archivos de otras bibliotecas y los cronogramas de distintas
instituciones culturales argentinas. Manguel considera que cada nueva
tecnología tiene influencia sobre la literatura:
—Toda
tecnología, todo medio que usa las palabras –escritas, orales, iconográficas–,
y por lo tanto todos los medios electrónicos, tienen su lugar en la biblioteca.
Por ejemplo, a partir de Twitter, no sólo nacen las “verdades alternativas” de
Trump sino también la forma poética similar al haiku japonés, determinada por
la extensión de un tuit (140 caracteres) que usan varios escritores hoy, por
ejemplo Margaret Atwood.
La nube de Babel
Uno de
los tópicos relevantes a la hora de pensar las bibliotecas del futuro es cómo
llevan a cabo sus políticas de digitalización. Los tres entrevistados coinciden
en que desarrollar un plan masivo requiere una cantidad de recursos impensada,
incluso podría demorar una centuria
V: Para
una biblioteca pública, es importante ofrecer acceso móvil a los datos del
catálogo, también a través del teléfono móvil, pero no tanto para ofrecer todo
el contenido en línea. En Alemania tenemos un proveedor de servicios donde las
bibliotecas pueden adquirir libros electrónicos y ofrecerlos a sus clientes. En
Colonia, los usuarios de la biblioteca tienen acceso a 40 mil libros
electrónicos. El proveedor de servicios está tratando con las editoriales sobre
cuestiones de derechos de copia, por lo que no todas las bibliotecas tienen que
hacerlo.
No bien
asumió, Manguel declaró en algunas entrevistas la necesidad de actualizar el
catálogo y llevar adelante un plan de digitalización del acervo. La BN tiene
prevista una campaña para pedir donaciones con el fin de adquirir maquinaria
para aumentar el ritmo de digitalización.
—Por el
momento, estamos digitalizando obras de dominio público, sobre todo los
documentos más frágiles, para permitir su consulta. Y el plan incluye, por
supuesto, el acceso público. También estamos colaborando con otras bibliotecas
nacionales para negociar cuestiones de derechos de autor, para poder proponer a
los usuarios un acceso limitado a obras aún en derechos, lo que en casi todo el
mundo se llama “fair use” (“uso legítimo o razonable”) de un texto para
consulta, investigación, cita, etc.
La
figura del uso legítimo no está tipificada en la ley de propiedad intelectual
argentina, algo que en otros países está reconocido. Eso habla de la
obsolescencia de la legislación local, pero también suscita discusiones a nivel
internacional. El programa holandés de desarrollo Public Libraries 2020 ha
impulsado una reforma de la ley de copyright, con la necesidad de ciertas excepciones
para las bibliotecas que permitan mayor accesibilidad y una circulación
transfronteriza de contenidos.
En
varias de sus conferencias y apariciones públicas, Robert Darton –historiador
del libro y la lectura– se preocupa porque Google lleva digitalizados alrededor
de 30 millones de libros, un acervo de treinta bibliotecas, sobre todo porque
detrás de eso hay una lógica comercial. Daly cree que Google es un asistente
que aún no conocemos, imprevisibile e inmanejable como sus algoritmos.
—La
gente necesita ser consciente de que, si bien el servicio es gratuito, su
organización es comercial. De todas formas, creo que hay un montón de ejemplos
de Google y otras organizaciones que trabajan bien con las bibliotecas, que
tratan de apoyar nuestro trabajo y pueden tener un impacto positivo. En las
bibliotecas de Glasgow, tenemos una iniciativa llamada Garaje Google. Google
estableció un espacio masivo en la biblioteca y ofrece capacitación en
habilidades digitales a los usuarios de la biblioteca.
Construir
un horizonte colaborativo, accesible e inclusivo es una de las piedras
filosofales de las bibliotecas públicas, que piensan a largo plazo, sin perder
de vista las activaciones y alcances del presente. Acaso una de las mayores
dificultades que atraviesan es la demanda de recursos técnicos y económicos
pero, como señala Vogt, a veces puede suplirse con una estrategia creativa que
genere pequeños logros.
Dos ejemplos de inclusión
Una de
las apuestas que lleva adelante SLIC es el apoyo a las personas que viven con
demencia. Por ejemplo, usan distintas colecciones de fotografías antiguas del
vecindario para activar distintos recuerdos y que los usuarios gocen de cierto
bienestar, dentro de sus posibilidades. También cuentan con accesibilidad para
personas ciegas y disminuidas, a través de una cantidad superlativa de
audiobooks. En Escocia –según cuenta Daly–, las bibliotecas fueron fundadas
bajo el principio de igualdad y oportunidades para todos, entonces su propósito
está en la adaptación de la infraestructura a las distintas necesidades. CPL,
en cooperación con grupos de voluntarios, ha participado en actividades que
integran a los refugiados que tienen el derecho a residencia, desde ofrecerles
el lugar para aprender alemán u otros conocimientos hasta generar visitas
guiadas a la biblioteca o apoyar proyectos de voluntarios locales. También
incluye la posibilidad de apoyo escolar o lecturas multilingües de cuentos para
los niños. Fue tal la demanda, que en 2015 inauguraron The Sprachraum, un piso
cercano a la biblioteca, con más de cincuenta voluntarios, algunos de ellos
también refugiados.
Digitalizar a largo plazo
“Será
que el instituto tiene una fuerte influencia prusiana, porque pensamos de acá a
cien años”, dice Peter Altekrüger, director de la biblioteca y subdirector del
Instituto Ibero-Americano de Berlín. Una vez por año, Altekrüger visita
Argentina para comprar distintos materiales e investigar en distintos stands de
las provincias en la Feria del Libro: tiene que ver con las extensas
colecciones que posee el instituto, que incluyen el archivo del antropólogo
Robert Lehmann-Nitsche. Gran conocedor de las librerías porteñas, desde las más
conocidas hasta las de los parques, Altekrüger ha puesto el énfasis en la
digitalización de la colección completa de la mítica revista Radiolandia y de
Tía Vicenta. La motivación es encontrar material relacionado con la cultura
popular que no esté disponible online, y que implique una recuperación. Como
sucede en muchas instituciones, las ansias por digitalizar se topan con un
límite monetario finito. Por lo pronto, la biblioteca del instituto está por
inaugurar una nueva locación, especialmente diseñada para la preservación de
documentos originales, con las temperaturas y niveles de humedad adecuados para
su preservación. El catálogo puede consultarse en www.iaidigital.de.
Fuente bibliográfica
VESPA, MARIANO, [sin fecha]. Los futuros próximos de las bibliotecas públicas | perfil. [en línea]. [Consulta: 20 junio 2017]. Disponible en: http://www.perfil.com/cultura/los-futuros-proximos-de-las-bibliotecas-publicas.phtml.
5 dic 2016
Preocupación por el futuro de las bibliotecas populares
Los integrantes del Núcleo Santa Fe Capital de las Bibliotecas Populares se reúnen con frecuencia. En el último encuentro, analizaron la delicada situación que atraviesan y las alternativas. Foto: Pablo Aguirre
Referentes de bibliotecas populares de la ciudad de Santa Fe expresaron su preocupación ante la insuficiencia de los fondos anuales que reciben, para asumir los gastos de funcionamiento. Alicia Ribera, de la Biblioteca Mitre, que funciona en instalaciones cedidas por Rotary Club Santa Fe, dialogó con El Litoral sobre la problemática.
—¿Hay preocupación por el futuro de las bibliotecas populares?
—Indudablemente sí. Porque no contamos con los medios suficientes como para mantener abierta la biblioteca popular. La biblioteca popular es un ente autárquico, que se mantiene por sí mismo, recibe subsidios de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) y de la provincia, a través de la Ley 10.572. Son partidas anuales que no alcanzan para mantener toda la infraestructura que implica tener abierta una biblioteca popular, con los servicios que brinda.
—¿Cuánto dinero reciben, en subsidios, las bibliotecas populares?
—Este año recibimos 60.000 pesos de la Conabip y unos 40.000 de la provincia. Serían 100.000 pesos en el año para todo el manejo de la biblioteca. De todo eso, se puede usar solamente una parte para sueldos, el resto es para gastos operativos. Porque tenemos que comprar resmas, tenemos servicio de fotocopiadora, de impresiones, tenemos que pagar Internet y todos los insumos necesarios necesarios para que la institución pueda permanecer abierta.
Acciones
En la ciudad de Santa Fe, las entidades netamente populares (es decir, aquellas que sólo cuentan con los subsidios antes mencionados y no otros para el pago de sueldos) son alrededor de una docena. Pero en toda la provincia, hay más de 200. En estas instituciones, el dinero que les falta para asumir gastos operativos, surge de distintas acciones. En la Biblioteca Mitre, por ejemplo, realizan té bingos y venta de pollos. “Ahora estamos haciendo un bono contribución con una obra que nos donó un artista plástico santafesino, Hugo Lazzarini. Y así nos vamos manteniendo, porque no alcanza con la cuota societaria, que es muy chiquita, en el caso nuestro de 30 pesos por mes”, contó Alicia Ribera.
Cabe señalar que la Conabip también brinda un subsidio anual para que las instituciones puedan asistir a la Feria del Libro y adquirir volúmenes al 50 por ciento de su valor. Pero tampoco alcanza. “El año pasado fueron 21 mil pesos para todo, libros y viáticos. No se pueden traer más de cien libros”, apuntó la referente de la Biblioteca Mitre.
Alternativas
En la ciudad, se formó y se reúne periódicamente el Núcleo Santa Fe Capital de las Bibliotecas Populares. Allí, se hicieron eco de proyectos legislativos que planean posibles soluciones a la situación que atraviesan las instituciones de este tipo. Así, se reunieron con los diputados provinciales Claudia Giaccone (quien proyecta modificaciones a la Ley 10.572) y Jorge Henn, entre otras personas.
Sin embargo, como planteó Ribera, por el momento son sólo proyectos. “Por eso, estamos luchando, para ver si hacemos un poco de esfuerzo entre todas las bibliotecas y podemos lograr que esto salga. Y que la gente nos conozca también, porque insume muchos gastos mantener abierta una biblioteca”.
“Nosotros venimos luchando hace años por esto. Ahora, formamos un núcleo, pero esta lucha, en la Biblioteca Mitre, lleva más de quince años. Lo que pasa es que cuando se lucha en soledad es difícil, sobre todo porque el trabajo del bibliotecario es de bajo perfil. Ahora, con el núcleo somos más y es más fácil exponer el problema y que te presten atención.
Fuente bibliográfica
ELLITORAL.COM, [sin fecha]. Preocupación por el futuro de las bibliotecas populares. [en línea]. [Consulta: 6 diciembre 2016]. Disponible en: http://www.ellitoral.com/index.php/id_um/139639-preocupacion-por-el-futuro-de-las-bibliotecas-populares-advierten-que-el-presupuesto-no-les-alcanza.
12 jun 2016
La realidad de las Bibliotecas Populares
La Asociación de Bibliotecas Populares
Tandilia muestra “La realidad que nos agobia”
Aprisionadas
por una verdadera situación asfixiante, las bibliotecas populares de la
provincia sufren el apriete de una verdadera pinza; el atraso, desde principios
de este año, en la remisión de las subvenciones provinciales y la suba de
servicios públicos en sus instituciones.
Al respecto conversamos con María
Graciela Vignale, de la Biblioteca Popular Hugo Nario y presidente de la
Asociación de Bibliotecas Populares de Tandilia (ABPT). "Es verdad, estamos
atravesando tal vez el momento más delicado en nuestra vida institucional".
A
pesar que todos los periodos estivales sufrimos cierto atraso en la recepción
de las subvenciones, muchas veces dado por las vacaciones administrativas,
nunca hubo un atraso tan considerable como en este año. El monto de las
subvenciones provinciales llega a $6.600,00 mensuales que deben aplicarse,
primariamente, al pago del sueldo del personal bibliotecario. La “frazada es
muy corta”, y ante ese panorama tan delicado, la ABPT dispuso medidas en
reuniones de emergencia procurando unirse al resto de voces colegas de la
provincia. “Días pasados nos hemos dirigido al Ministerio de Economía, a la
Secretaria de Cultura y a la Dirección de Bibliotecas Populares de la Provincia
conminando una repuesta rápida y oficial. Como contestación nos comunicaron que
en un término de 10 días se regularizarían los envíos respectivos”.
No es la
respuesta esperada pero habrá que tener nervios templados y paciencia infinita.
“Veremos que nos espera y actuaremos en consecuencia. No sólo está en riesgo
nuestro trabajo social-cultural sino la enorme conexión que hemos obtenido, al
cabo de los años, con la comunidad que nos rodeo todos los días”, finaliza
Cielito Vignale.
MULTIPLES VOCES DESESPERADAS
“…….
suponemos que esta administración provincial no querrá ser causante del
lamentable cierre de las bibliotecas populares después de años de recibir la subvención
y dejar sin trabajo a las bibliotecarias/ros” (Luis Zurueta, Presidente de la.
Federación de Bibliotecas de la Provincia de Buenos Aires).
“ …..el
único ingreso nuestro son las cuotas societarias que en general son de $ 10,00
o 20,00 que no alcanzan para achicar los gastos. Jamás hemos pasado por un
momento tan delicado” (Graciela Solari, presidente de Biblioteca de
Gonnet)
“ pasan
los gobiernos, algunos reconociéndonos, otro ignorándonos pero las bibliotecas
seguimos y seguiremos sin prisa pero sin pausa. No aflojemos!!” (Ana Alòs, de
la Biblioteca José Ingenieros- Don Torcuato - Tigre).
“Sin las
subvenciones provinciales no podemos pagarles a nuestro personal que está
trabajando sin cobrar desde principios de año” (María Elena Guinde, presidenta
de la Biblioteca de Villa Elisa).
Fuente: "LA VOZ DE TANDIL".
4 jun 2015
Buscar y pedir libros, un hábito que no afloja
Pese a internet y las nuevas tecnologías, los centros de lectura reciben cada día más personas interesadas en leer en papel.

Muchos tal vez crean que el avance de internet haya decretado poco a poco la muerte de la bibliotecas. La idea no parece tan exagerada, pero si alguien la tuvo o la tiene debería saber que está muy pero muy equivocado: a pesar de lo que se pueda suponer, en plena era digital las bibliotecas públicas de la Ciudad gozan de buena salud y, lejos de perder protagonismo, atraen cada vez a más lectores.
Desde los centros populares más modestos que se expanden por los barrios hasta la imponente biblioteca de la UNLP con sus más de medio millón de títulos, en casi todas se pinta el mismo panorama: buscar y pedir libros sigue siendo un hábito vigente, muy vigente. Y el diagnóstico incluye no sólo al pedido tradicional para consultar de libros, sino también a un público creciente que responde a un calendario cada día más nutrido de actividades culturales y encuentros recreativos.
Muchos tal vez crean que el avance de internet haya decretado poco a poco la muerte de la bibliotecas. La idea no parece tan exagerada, pero si alguien la tuvo o la tiene debería saber que está muy pero muy equivocado: a pesar de lo que se pueda suponer, en plena era digital las bibliotecas públicas de la Ciudad gozan de buena salud y, lejos de perder protagonismo, atraen cada vez a más lectores.
Desde los centros populares más modestos que se expanden por los barrios hasta la imponente biblioteca de la UNLP con sus más de medio millón de títulos, en casi todas se pinta el mismo panorama: buscar y pedir libros sigue siendo un hábito vigente, muy vigente. Y el diagnóstico incluye no sólo al pedido tradicional para consultar de libros, sino también a un público creciente que responde a un calendario cada día más nutrido de actividades culturales y encuentros recreativos.
“En estos momentos la cantidad de usuarios está en aumento, y si tengo que buscar alguna razón del crecimiento creo que se debe al precio de los libros. Por 30 pesos bimestrales, que es lo que sale la cuota societaria, los usuarios retiran libros de 400 pesos o más”. Quien lo dice es Vanesa Ramírez Caruso, directora de la biblioteca popular Euforión, creada en 1927 y, con su acervo de 52 mil libros, una de las más tradicionales de la Ciudad. Actualmente tiene unos 600 usuarios, quienes pueden retirar hasta 6 libros por vez con préstamos de 15 días.
“En estos momentos la cantidad de usuarios está en aumento, y si tengo que buscar alguna razón creo que se debe al precio de los libros”
“Los libros online tienen éxito pero no desplazan al libro en papel -asegura Vanesa-. Algunos lectores prefieren leer del papel por una cuestión de comodidad, y otros porque no tienen acceso a una computadora. En mi opinión, creo que los libros en papel y las bibliotecas no desaparecerán porque, gracias a las herramientas 2.0, precisamente, la difusión sigue creciendo en los ámbitos donde se encuentra la gente, como por ejemplo las redes sociales”.
No tan distinto es lo que opina Lorena Possidente, bibliotecaria del centro Florentino Ameghino y para quien “la lectura en papel resiste sencillamente porque aún hay muchos lectores que la siguen eligiendo”. Allí, los casi 2300 socios del lugar tienen a su disposición algo más de 32 mil ejemplares.
“Las nuevas tecnologías no son enemigas de las bibliotecas -sostiene por su parte Norma Mangiaterra, directora de la Biblioteca Pública de la UNLP-. Más bien lo contrario: son complementarias y ayudan para que el número de lectores vaya en franco aumento” (ver “Una multitud”).
Alumnos de escuela, universitarios que buscan libros sobre historia o derecho o simples lectores de ficción que andan detrás de la novela de moda o de aquella historia que alguien alguna vez le contó. Los perfiles, se coincide desde los distintos centros, son muy variados y van desde los más grandes a los más chicos. Algunos por obligación, porque los profesores piden que se busque la información en los libros y no en internet. Otros, como dice Vanesa desde la biblioteca Euforión, porque la ecuación económica siempre vuelve más barata a una biblioteca. Y otros, muchos otros, sólo porque les gusta pasearse entre los estantes plagados de libros y perderse en la silenciosa pasividad que ofrece la sala de lectura de cualquier biblioteca.
“Nuestros usuarios son en mayor medida universitarios y docentes -apunta Mangiaterra-, pero vemos una presencia notable de lectores particulares que hacen uso del fondo documental y retiran obras en préstamos, consultan publicaciones de la hemeroteca o hacen uso de las salas por el sólo placer de disfrutar de un lugar silencioso y bello como el que dispone la Universidad”.
Según la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (Conabip), organismo encargado de financiar y promulgar este tipo de instituciones, en el país hay algo más de 2 mil bibliotecas populares. En La Plata funcionan cerca de medio centenar. Complejos como el de la Universidad, como se dijo, reciben un promedio de algo más de 200 lectores al día en sus salas de lectura, pero tal vez el verdadero fenómeno se observe en las bibliotecas de barrio, esos centros populares que se mantienen gracias al aporte de los vecinos y que, en muchos casos, realizan una tarea que excede por mucho el simple hábito de prestar un libro.
La historia de estos lugares se remonta a los viejos ateneos y círculos obreros, aquellos en los que los militantes socialistas se reunían para difundir ideas positivistas y humanistas. Muchas de estas bibliotecas también fueron fundadas a instancias de Domingo Faustino Sarmiento, quien en 1870 creó precisamente la Conabip con la idea de fomentar la creación y el desarrollo de estas instituciones.
La magnitud del fenómeno y su permanencia en el tiempo, hace que convivan en un mismo movimiento bibliotecas con importantes infraestructuras con otras que funcionan apenas en una habitación, a la vez que las centenarias conviven con otras bibliotecas fundadas recientemente. Mientras algunas se levantan como centros culturales, otras son el único lugar de reunión vecinal; algunas cierran y vuelven a abrir gracias al rescate de sus vecinos, otras son centenarias sarmientinas y no hay quien las mueva, y todavía hay más como aquellas motivadas por difundir sólo la lectura: sea como sea, las bibliotecas populares son bien diversas y eso parece convertirlas en un espacio casi indispensables en el tiempo.
“Las nuevas tecnologías no son enemigas. Son complementarias y ayudan para que el número de lectores cada día aumente más”
Así las cosas, ya sea desde las salas de lectura de la UNLP o desde las habitaciones que tiene para ofrecer una modesta biblioteca de barrio, quienes timonean el rumbo de estos centros coinciden en que, contra cualquier cosa que se pueda suponer, el avance tecnológico de los últimos años favoreció la función de las bibliotecas, sean los complejos con gran volumen de ejemplares o los que crecieron como punta de lanza de las necesidades barriales, y que precisamente parte del boom de lectores y socios que se experimenta tiene su origen en el uso de las nuevas herramientas digitales, las cuales facilitan el acceso al libro buscado y ayudan, al fin y al cabo, a la organización de los catálogos que tienen para ofrecer.
Fuente bibliográfica
Fuente bibliográfica
Buscar y pedir libros, un hábito que no afloja Diario El Día - La Plata, Buenos Aires, Argentina. www.eldia.com [en línea] 2015. [Consulta: 4 junio 2015]. Disponible en: http://www.eldia.com/informacion-general/buscar-y-pedir-libros-un-habito-que-no-afloja-60036.
8 sept 2014
Bibliotecas populares: un fenómeno que se abre paso en todo el país
El reciente reconocimiento público por parte de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a la biblioteca popular que se negó a aceptar un subsidio de una fundación vinculada a los fondos buitre, volvió a visibilizar este creciente fenómeno educativo que se muestra único en toda la región.
Las bibliotecas populares (BP) son quizás una de las experiencias de educación popular más importantes de Latinoamérica, y se calcula que en todo el país ya existen más de 2.000.
Esto la transforma en una red única y al mismo tiempo plural, ya que surgen de la propia iniciativa comunitaria en las que más de 25.000 personas prestan tarea de manera voluntaria.
Su historia se remonta a los viejos ateneos y círculos obreros, en los que los militantes socialistas se reunían para difundir ideas positivistas y humanistas.
Muchas de las BP también fueron fundadas a instancias de Domingo Faustino Sarmiento, quien en 1870 creó la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares (Conabip), con el propósito de fomentar la creación y el desarrollo de estas instituciones.
Aunque, en rigor, la existencia de estas instituciones era previa al organismo, como lo testifica la Biblioteca Popular Franklin de la ciudad de San Juan, la más antigua del continente, que este año celebra su 148° aniversario.
La magnitud del fenómeno y su permanencia en el tiempo, hace que convivan en un mismo movimiento bibliotecas con importantes infraestructuras con otras que funcionan apenas en una habitación, a la vez que las centenarias conviven con otras bibliotecas fundadas recientemente.
Entre estos últimos casos está la Biblioteca Popular Leopoldo Lugones, de la localidad cordobesa de Villa Giardino, que, fundada en el 1997, desbordó el rol de institución educativa y se convirtió en un verdadero centro comunitario de la localidad.
Emilia Gómez, una de las fundadoras, recuerda que el proyecto “surgió a partir de la vieja biblioteca municipal, que tenía poco funcionamiento y tomando sus fondos bibliográficos, impulsamos que se convierta en una biblioteca popular”.
Hoy la casa donde funciona “la Lugones”, como la conocen sus vecinos, es un verdadero centro cultural para la localidad en el que colaboran entre 30 o 40 personas con el trabajo de la biblioteca, la sala para espectáculos “La Nogalera” y los distintos talleres educativos y culturales que se dictan allí.
El trabajo de todos los colaboradores es voluntario. “Es una elección de vida”, señala Emilia, y destaca que “el trabajo comunitario y la construcción colectiva nos permiten mayores logros como comunidad”.
“Más que apostar a potenciar las capacidades individuales, tratamos de ir resolviendo las necesidades de los vecinos, junto con los vecinos”, señala y riendo dice que “acá lo de 'La patria es el otro' es así”.
Tiempo atrás, decidieron impulsar un Banco de Buena Fe, a través del cual los vecinos acceden a pequeños créditos para microemprendimientos, que financia el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
En 2011 también respondieron a la convocatoria de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) para acceder a la licencia de radio y consiguieron una frecuencia para fundar la radio La Minga, que desde entonces funciona allí.
Por tratarse de organismos no gubernamentales, las formas de financiación varían según la realidad de cada biblioteca y de cada localidad.
Los integrantes de la Biblioteca Popular “Palabras del alma”, institución que el miércoles pasado recibió el reconocimiento de la Presidenta por haberse negado a recibir un subsidio de una empresa vinculada a un fondo buitres, agudizan el ingenio para financiarse.
Hernán Nemi, presidente de esta biblioteca del barrio Peruzzotti de Pilar, explica que se financian a través de donaciones personales o de empresas de la zona y una vez al año realizan una cena benéfica para juntar fondos destinados a la ampliación de la casa en la que funcionan.
Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201409/77232-bibliotecas-populares.html
19 may 2014
Argentina, ejemplo de bibliotecas populares
Por: Yanet Aguilar Sosa
El alto índice de lectura en esa nación se debe en gran parte a un proyecto del Estado. Coordinadores compran con dinero público los libros que necesita su comunidad.
En las Bibliotecas Populares son los propios coordinadores de los 2 mil recintos los que deciden qué comprar, cuántos ejemplares de cada título adquirir y qué estrategias van mejor para cada grupo social que atienden, a diferencia de México, donde el acervo de cada sala de lectura es seleccionado desde el centro del país. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina
En Argentina, considerada la nación más culta del continente, se leen 4.6 libros al año por habitante. Ello, gracias al programa pionero en América Latina de Bibliotecas Populares, fundado en 1870. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina
El país sudamericano se mantiene como el país con mayor trabajo en el ámbito del fomento a la lectura y el libro con 2 mil 56 librerías, más de 740 editoriales y más de 128 ferias de libro anuales. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina
A las 150 bibliotecas generales, nacionales, estatales, o provinciales, se suman los 2 mil espacios registrados en la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), organismo dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina
Nadie como el bibliotecario sabe qué requieren sus usuarios. Ese es el punto de arranque de los acervos que conforma cada una de las 2 mil Bibliotecas Populares que existen en Argentina, en un programa pionero en América Latina que fue fundado en 1870 y tiene 144 años de historia.
En esa nación que todavía es considerada la más culta de América Latina, se leen 4.6 libros al año por habitante según datos del más reciente estudio del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, CERLALC-UNESCO. Frente a los 2.9 libros al año que leemos los mexicanos, según la Encuesta Nacional de Lectura 2012.
Aun cuando en el estudio realizado en 2012 por el CERLALC-UNESCO, Chile se sitúa como el país en el que se leen 5.4 libros al año por habitante, Argentina se mantiene como el país con mayor trabajo en el ámbito del fomento a la lectura y el libro. Se trata de un país con más de 2 mil 56 librerías —aunque buena parte se concentran en Buenos Aires—, con más de 740 editoriales, con más de 128 ferias de libro que se hacen año con año en todo el país; y el mayor número de bibliotecas en su territorio.
A las 150 bibliotecas generales, nacionales, estatales, o provinciales, se suman los 2 mil espacios registrados en la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), organismo dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación que fomenta el fortalecimiento de las bibliotecas populares en tanto organizaciones de la sociedad civil e impulsa su valor como espacios físicos y sociales relevantes para el desarrollo comunitario y la construcción de ciudadanía.
El proyecto de Bibliotecas Públicas podría ser semejante al Programa Nacional de Salas de Lectura que existe en México, sin embargo las diferencias son tremendas y muy notables. Mientras que en nuestro país el acervo de cada sala de lectura es seleccionado desde el centro del país y se envía igual a una biblioteca rural en Oaxaca o Chiapas, que a una urbana en Iztapalapa o Toluca; en las Bibliotecas Populares son los propios coordinadores de los 2 mil recintos los que deciden qué comprar, cuántos ejemplares de cada título adquirir y qué estrategias van mejor para cada grupo social que atienden.
La estrategia de adquisición no es nada complicada. Todos los años, CONABIP lleva adelante un proyecto llamado Libro por ciento, que consiste en que todos los coordinadores de las bibliotecas populares de todo el país, a través de un subsidio, de fondos que provienen del Estado, llegan a la Feria del Libro de Buenos Aires y eligen los libros propios que su comunidad les demanda, los compran a 50% de su valor y regresan a sus comunidades con cajas repletas de su nuevo acervo.
Así lo hacen desde hace nueve años y así lo harán entre hoy y el domingo, durante los últimos tres días de la 40 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Gabriela Adamo, directora de la Feria del Libro y directora de la Fundación El Libro, asociación civil que colabora con el fomento del libro y la lectura en Argentina, asegura que en el país hay una gran tradición de librerías y un gusto muy importante por los libros.
“Libro por ciento es un programa indisoluble de la feria y único en el mundo en el cual el gobierno se hace cargo de invitar a todos los bibliotecarios de todas las bibliotecas populares que son miles, los trae a Buenos Aires, les paga el viaje, el hotel y les da un subsidio para que puedan comprar ellos los libros que sus lectores quieren; nosotros tenemos montado el correo que les manda los libros que compran directo a sus pueblos, a veces muy chiquitos; es muy emocionante cuando uno los ve llegar, no es que alguien desde la capital les seleccionó qué es lo que se debe leer en Santa Cruz sino que el bibliotecario elige qué compra y se va feliz”, señaló la promotora.
Un país que fomenta la lectura
El ministro de Educación de Argentina, Alberto Sileoni, aseguró que se trata de un proyecto mayor que se engloba en el Plan Nacional de Lectura en Argentina: encuentros con escritores, capacitación de promotores y bibliotecarios, formación de docentes, estudios de investigación, estrategias de fomento a la lectura, colecciones de libros que se reparten en las escuelas públicas y proyectos bibliotecarios escolares y de aula.
“Más libros en el aula, más libros en la educación suman democracia a la democracia y garantizan igualdades de oportunidades” aseguró el ministro, quien reconoció que han capacitado a mil 400 docentes y que este año capacitarán a 300 mil más. Alberto Sileoni también dijo que han repartido más de 67 millones de libros.
“Este año vamos a distribuir 3 millones de libros de texto más; vamos a seguir trabajando en las 130 mil bibliotecas de aula, un proyecto que arrancó el año pasado y que sigue el modelo mexicano que arrancó en 2002. La biblioteca de aula genera autonomía de lectura, es una estrategia novedosa porque es tener el libro al alcance de la mano, en escuelas rurales, en escuelas urbanas, en escuela en contexto de encierro”, dijo el ministro.
Este año, Argentina destinó 10 millones de pesos para la compra de libros en las 2 mil Bibliotecas Populares de todo el país, desde la más chiquita que se encuentra en Florida hasta la de mayor tamaña ño que está en la capital. Además son espacios que aunque reciben recursos del gobierno trabajan de manera independiente; deben cumplir reglas para mantener el registro y el subsidio, pero también cualquier grupo de la sociedad de cualquier provincia puede organizarse como sociedad civil y solicitar la instalación de una Biblioteca Popular.
Es un proyecto tan noble que entre los “Amigos de las Bibliotecas Populares” se encuentran personalidades como Roberto Fontanarrosa, Mercedes Sosa, Norberto Galasso y Quino, que apoyan el fomento del libro y la lectura.
Fuente:http://www.eluniversal.com.mx/cultura/2014/impreso/argentina-ejemplo-de-bibliotecas-populares-74193.html
31 may 2013
Se ofrecen bibliotecas gratis
Señor director:
Tengo el agrado de dirigirme a usted, en mi carácter de presidente de Bibliotecas Rurales Argentinas (www.biblioteca.org.ar) , a fin de solicitarle quiera tener a bien difundir que la Entidad, con motivo de haber cumplido 50 años de vida, ofrece la fundación de nuevas bibliotecas populares donde no existan otras. La Institución ya lleva creadas 1070 bibliotecas, en los lugares más necesitados del país y ha sido declarada de interés cultural por el Senado de la Nación, por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y por varias provincias, con las cuales mantiene convenio. Los pedidos puedan realizarse mediante un formulario existente en dicha página web o por mensaje a brar@arnet.com.ar y reibra@arnet.com.ar
Agradezco su atención y lo saludo muy atentamente
Raúl Eduardo Irigoyen
3 may 2013
Las bibliotecas, ¿condenadas?
En apoyo a las Bibliotecas
Populares no solo de Gualeguaychú sino de todo el país transcribo el presente
artículo publicado en el diario El Argentino de la ciudad de Gualeguaychú,
Entre Ríos
A pesar de ser populares, la
situación que atraviesan las bibliotecas, al menos en Gualeguaychú, es por
demás preocupante.
Por eso sus directivos apelan a
la comunidad en un intento de no tener que cerrar las puertas.
Las puertas de un tesoro, aún a
riesgo de que alguien piense por allí que lo que afirmamos es propio de una
mente bucólica.
Porque vaya paradoja: cada una
es un tesoro que a diferencia de lo que ocurre con los que conocemos -de la
vida real o la ficcional- lejos de agotare con el uso, se multiplica por
cientos cada día.
En cada persona que lleva un
libro, ese tesoro hecha raíces y crece algo nuevo.
En cada respuesta que dan, un
interrogante deja de serlo para volverse conocimiento.
Con las actividades que se
organizan dentro de ellas, hay regocijo, aprendizaje y esparcimiento.
Por eso vale afirmar lo dicho
hasta este punto.
También por esto no se entiende
la razón por la que deban mantenerse al límite de sus posibilidades.
¿Alguien podrá creer que no son
necesarias?
La respuesta es simple: más que
necesarias, son imprescindibles para la educación y el crecimiento de una
comunidad.
Y si bien ésta contribuye mes a
mes, está vigente la Ley
provincial por la que es obligación el aporte estatal.
Menos palabras entonces, de las que se
dicen por obligación y más hechos concretos en coherencia con lo que se afirma.
Ese será sin dudas, el mejor discurso.
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)



.jpg)
