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16 ene 2018

El bibliotecario que salvo las joyas de la corona británica cayeran en manos de los nazis

Por: Miriam Elies


Tiene 91 años y en un mes cumplirá su 66 aniversario como jefa de Estado británica. En sus más de seis décadas de mandato, la reina Isabel II ha concedido contadas entrevistas, así que no es de extrañar la expectación que está generando el próximo documental de la BBC sobre las joyas de la corona. Se emitirá el próximo domingo y en él se revelan algunos de los secretos mejor guardados de la familia real.

La anécdota más curiosa que recoge el documental es el escondite en el que se ocultaron los bienes más preciados de la realeza para que no cayeran en manos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Las preciosas gemas de la Corona Imperial fueron ocultadas bajo tierra, en una lata de galletas de la marca Bath Oliver en el Castillo de Windsor. La operación fue ordenada por el padre de Isabel II, el rey Jorge VI.

Las gemas más valiosas de la Corona Imperial fueron ocultadas bajo tierra, en una lata de galletas

Hasta ahora se había rumoreado que las gemas se habían ocultado en una cueva en Gales o en una bóveda en Canadá. Según The Times , el misterio se ha podido resolver gracias a la investigación de Alastair Bruce, un experto en las Joyas de la Corona que descubrió las cartas del bibliotecario real Sir Owen Morshead a la reina María, la madre de Jorge VI.

Bruce explica en declaraciones al rotativo británico que se cavó una profunda caverna debajo de una de las entradas de seguridad al Castillo de Windsor y se construyeron dos cámaras. Para acceder a su interior se construyó una trampilla que todavía existe hoy en día.

El bibliotecario de la Corona fue el encargado de retirar las piezas más valiosas de la Corona Imperial, el zafiro St Edwards y el rubí Black Princess, y ponerlas en la lata de galletas. El objetivo era garantizar que estuvieran a salvo en caso de emergencia.

La reina Isabel, que en aquel momento tenía 14 años, desconocía la anécdota de las gemas de su corona hasta la realización del documental de la BBC, según ha detallado Bruce.

La corona cuenta con 2.868 diamantes, 17 zafiros, 11 esmeraldas y cientos de perlas, así como un gran rubí.


La corona, llamada Imperial de Estado, fue realizada para la coronación de su padre en 1937 y cuenta con 2.868 diamantes, 17 zafiros, 11 esmeraldas y cientos de perlas, así como un gran rubí. La soberana detalla en el documental algunos de los detalles de esta joya, como su peso. “No puedes mirar hacia abajo para leer el discurso, tienes que levantarlo. Si lo hicieras, tu cuello se rompería”, revela la Reina sobre esta corona que lleva en la apertura formal del Parlamento británico, donde debe leer el programa del Gobierno.





Fuente bibliográfica
ELIES, MIRIAM, 2018. El insólito escondite en el que la familia real británica ocultó sus joyas de los nazis. La Vanguardia [en línea]. [Consulta: 17 enero 2018]. Disponible en: http://www.lavanguardia.com/internacional/20180112/434242926057/escondite-familia-real-britanica-joyas-nazis.html. 

2 ene 2016

Anécdotas bibliotecarias: El libro debe circular, siempre circular

Por: James Campbell




¡No se es buen usuario de biblioteca si no se roba un libro! Máxima de un historiador. Un gran amigo.

¡De qué sirve el sello de propiedad en un libro, si no evita que se lo roben?!

Mi respuesta, sin pensarla, pero tan elocuente como suena: ¡No, no evita el robo, pero el ladrón jamás olvidará a quién se lo robó! Diálogo con el Director de una institución.

Era sábado y yo estaba, como solía hacerlo, trabajando en la preparación de mis clases de la semana siguiente en la oficina de la Escuela de Bibliotecología donde daba clases, cuando un alumno (al menos sigo creyendo eso) del que nunca supe de qué carrera, se acercó hasta mí y me pidió prestado un diccionario para estudiar con sus compañeros, a los que me señaló sentados en el pabellón de enfrente. Como también suelo hacerlo, le espeté un reproche sarcástico ¡quejoden, ni en sábado me dejan trabajar en paz!, pero no me opuse al préstamo.

Tenía que salir de la oficina y trasladarme hasta donde estaba la biblioteca que también era mi responsabilidad. Le mostré dos: el de español y el bilingüe español-inglés. Escogió uno de ellos –no recuerdo cual- y se fue. Desde el aula donde estaba con sus compañeros me saludó como dándome confianza. Más tarde regresó. Sabía mi reacción y con cara sonriente, me dijo algo como ¡sé que mucho jodemos pero préstenos el otro! En efecto lo hice (le solté otra arenga sarcástica), me levanté e inicié el recorrido de nuevo. Le presté el segundo diccionario, el que no había seleccionado la primera vez. Han transcurrido 25 años desde entonces y sigo esperando que los devuelvan, ahora ya sin la mínima esperanza.

Esta anécdota suelo contarla en los cursos que imparto sobre la organización de bibliotecas como conclusión de un contrato. Pero también lo hago cuando quiero ilustrar que a pesar de todo sigo teniendo confianza en la gente. Y es que la misma tiene, al menos para mí, un significado especial.

Como ya se ha reconocido, el libro, al menos en Nicaragua, no es parte de la canasta básica. ¿Comprar comida o comprar un libro? es el dilema de muchos padres de familia. En muchos casos este dilema es más dramático y se traduce en comer o enviar a las y los hijos a la escuela.

Por eso la biblioteca adquiere una importancia especial. Entre otras funciones, nos ayuda a vencer el obstáculo económico para acceder al libro o en general, para acceder a la información. Con ello cumple una función social. En ella encontramos muchos libros que no estamos en posibilidad económica de comprar, pero que podemos leerlos o estudiarlos. Sin embargo, la tendencia de la biblioteca es al cuidado extremo, evitando en lo posible el daño y el robo. Esto no es malo, porque el libro en la biblioteca es un bien social que debe de cuidarse para la comunidad. Lo malo es cuando esta tendencia adquiere patente de misión que desestimula su uso y hasta la concurrencia a la biblioteca. Su verdadera misión es lograr el mayor número de usuarios para cada libro.

Lo que se necesita es ponderar la forma de lograr que el libro circule entre la población. Una biblioteca con estantes vacíos porque sus ocupantes gozan de permiso entre la población (amantes ávidos) es una mejor biblioteca que aquella con estantes llenos de libros (amantes presos) en la que sus cubiertas y hojas continúan teniendo el aspecto de cuando se compraron. En algunas, la diferencia es el polvo, que resulta, a veces, el único usuario de muchos de ellos.

¡¿Y qué haría ahora?! se me pregunta cuando cuento esta anécdota. La respuesta que doy siempre es: ¡los seguiría prestando, incluso a ese mismo usuario! Los míos, los que he logrado comprar y los que me han regalado siempre han circulado entre amigos, colegas, vecinos, alumnos y, estoy seguro que a través de ellos, entre desconocidos también.

Sé que mi amigo, el historiador, no bromeaba con su máxima. Lo que no sé es si es “su” máxima o lo es de la profesión. Y sé que uno o múltiples sellos en un libro no evita su sustracción al dueño. Pero sé también que esto es parte del costo por la educación de la población.

¿No es mejor arriesgarse a perder un libro que nunca haberlo prestado? Después de 25 años sigo esperanzado en que esos diccionarios hayan circulado entre tantas manos como les haya sido posible.

* Bibliotecólogo-consultor



1Anécdotas bibliotecarias 1) El libro debe circular, siempre

8 abr 2015

Porqué ser bibliotecario no mola tanto como parece


mostrador biblioteca Porqué ser bibliotecario no mola tanto como parece

No hace mucho leí que, según una encuesta, uno de cada dos británicos desea ser bibliotecario y que esta profesión es la segunda más deseada, solo por detrás de la de escritor. 

Como bibliotecaria me hice esa pregunta que tantas veces me hicieron cuando trabajé en Pekín y decía a qué me dedicaba: Really?

Nunca llegué a entender el tono de esa pregunta y, definitivamente, no sé cómo tomarme los datos arrojados por esa encuesta. Lo que sí puedo decir es que el trabajo de bibliotecario no mola tanto como se piensa.

Alguno pensará tras leer esta entradilla que me he levantado con espíritu de grinch, pero ver la orla con mis compañeros de promoción me lleva a pensar en qué se nos estaría pasando por la cabeza a todos los de esa foto el día que nos matriculamos en Documentación.

Ser bibliotecario es ejercer una profesión que fue definida por los mesopotámicos, así que solera tenemos un rato, siendo esto motivo de orgullo. Claro que este dato lo desconocíamos cuando empezamos.

Pero vayamos al cogollo del asunto que, como siempre, me voy por las ramas. Hay dos razones por las que una persona dice querer ser bibliotecario: a) es un trabajo tranquilo; b) se trabaja con libros.

Es un trabajo tranquilo

Bueno, es tranquilo relativamente. Si lo comparas con un médico de urgencias, por supuesto. Pero si alguno espera quedarse en el mostrador tranquilamente leyendo (imagen más que extendida del bibliotecario) sin que nadie le moleste, levantándose de vez en cuando para ordenar unos libricos, pues se equivoca.
En el mostrador se está al pie del cañón y llegan los usuarios, queridos y temidos según su naturaleza. Así que, sean como sean estos, el bibliotecario no se queda tranquilamente sentado leyendo y vigilando, tiene que desplegar sus habilidades sociales y de gestión para atenderles.

Se puede encontrar con usuarios que piden cosas fáciles, que además son agradables y simpáticos. Pero también los hay insoportables y pedantes que amargan la jornada laboral al más paciente de los profesionales.

Un caso real para ilustrar esto último: un usuario llega al mostrador y le dice al bibliotecario: “El rey Alfonso XIII ofreció una cena en Sevilla para una compañía de actores en 1928. Quiero saber el menú de la cena”.No recuerdo si esa era la fecha, pero la petición era esa. El menú de esa cena. La bibliotecaria a la que le ocurrió esto buscó, hasta que finalmente le pidió amablemente que se dirigiera a un archivo donde, si no se habían perdido, tendrían datos de ese evento.El usuario no penséis que fue amable, la llamó incompetente entre otras muchas cosas.

Se trabaja con libros

Y con libros pensamos en literatura y obras del pensamiento: Historia, Filosofía, Filología… y es aquí cuando los que pasamos por el trance de estudiar Biblioteconomía (un palabro feo que ya no se usa), sonreímos con cierta soberbia a los filólogos, historiadores o filósofos que deciden saltar a nuestro terreno.

En una biblioteca hay de todo y ante ciertas consultas de nada te vale conocer hasta el autor más desconocido de la Generación del 50 o saber la secuencia interminable de guerras y revoluciones en la España del siglo XIX.

Para ilustrar esto os pongo otro caso real: en mi pueblo hay un empleada que, tras cerrar la institución municipal donde él trabajaba, le recolocaron en la biblioteca porque el hombre escribe muy bien y sabe mucho de literatura. 

Actualmente es la persona más desmotivada que alguien se puede encontrar en un puesto de trabajo y se pasa la mitad del año de baja por depresión.

El trabajo de un bibliotecario es gestionar una institución que tiene que velar por el acceso de los ciudadanos al conocimiento y la cultura, desde literatura, pasando por las matemáticas, la ingeniería, la filosofía o el derecho.

Así que el trabajo de bibliotecario, para los que quieren ejercerlo porque piensan de alguna de estas maneras, no, no mola tanto.

Fuente bibliográfica
Porqué ser bibliotecario no mola tanto como parece. Actualidad Literatura [en línea] 2015. [Consulta: 8 abril 2015]. Disponible en: http://www.actualidadliteratura.com/porque-ser-bibliotecario-no-mola-tanto-como-parece/. 

29 may 2014

Las miserias de los bibliotecarios


Por: Por Roberto Rodríguez

Trabajamos en el Proyecto de Proceso Técnico de Monografías Modernas, como personal externo de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Somos una plantilla altamente cualificada, con más de 10 años de experiencia, abocados al paro porque el concurso público para la adjudicación del presente proyecto ha evaluado, ante todo, la parte económica, menoscabando la labor profesional bibliotecaria que veníamos desempeñando hasta ahora y que sí se había tenido en cuenta en anteriores concursos públicos.
La Biblioteca Nacional de España, en Madrid. (WIKIPEDIA)
La Biblioteca Nacional de España, en Madrid. (WIKIPEDIA)
La BNE es el referente bibliográfico hispanoamericano y cabecera del sistema bibliotecario nacional. Muchos la tienen como referencia catalográfica y sin embargo gran parte de los que realizamos esa labor sorda somos ninguneados e ignorados por el contratante, por lo cual nos veremos abocados a un ERE de cierre para la totalidad de la plantilla (51 personas) por parte de nuestra empresa.
Este ninguneo llega a tal extremo que la nueva empresa adjudicataria del proyecto, en su afán de recortar, intenta contratarnos a precios irrisorios. Como ejemplo, decir que la propia BNE ha convocado unas becas de formación en las que los becarios cobrarán mucho más que el personal externo del que se está desentendiendo. Son muy malos tiempos para los bibliotecarios… quizás por eso Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, la semana pasada presentaba una edición de El Quijote… comestible. Quizás pretendan que sea parte del sustento de los bibliotecarios, tan desprestigiados por el mundo cultural institucional.
Fuente: http://blogs.20minutos.es/tu-blog/2014/04/22/las-miserias-de-los-bibliotecarios/

20 feb 2014

¿Y si atamos de pies y manos al bibliotecario? [Opinión]

Por: Julian Marquina

Parece descabellada la idea… incluso un poco sadomasoquista, para algunos. 

Pero así es como se siente muchos de los profesionales que trabajan en las bibliotecas y que ven como avanzan otros compañeros de profesión según lo hace la sociedad o las nuevas tecnologías mientras ellos no pueden porque “los de arriba” no les dan el OK para hacer nada o prefieren que no se hable de ellos por ningún medio. Lo que viene siendo el “no destacar por si acaso la cagamos”.

A eso se le llama miedo. Miedo por innovar, miedo por imaginar y miedo por emprender desde dentro de la biblioteca. Y ese miedo es el que hace que los bibliotecarios prefieran no salirse de sus labores diarias y se queden sentados viendo pasar un tren al cual les da pereza subir, por no decir miedo. En otro lado estarían los bibliotecarios que ven pasar ese tren y NO sienten ese miedo o esa necesidad por innovar, imaginar un nuevo futuro o emprender porque ven que con las labores diarias de la biblioteca ya tienen más que suficiente, y que piensan que están más cerca de la antigua biblioteca de Alejandría que de todos los avances futuristas aplicados a las bibliotecas. En este caso no hablo de ellos, sino de los que quieren y no pueden.
Lo que está claro es que hace falta contagiar la actitud, energía y positividad para afrontar el futuro. Para cuando pase ese tren del que os hablaba no le coja desprevenido a ese bibliotecario. Hay que empezar por esos pilares básicos para poder construir una biblioteca con unos pilares fuertes que resistan toda la carga del futuro.
No hay que tener miedo al fracaso. El fracaso es lo que nos va a enseñar cómo es la vida, más que los éxitos. Las bibliotecas no pueden vivir en el mundo de la perfección continuamente. Tampoco estoy proclamando a saltarse las reglas escritas de lo que es una biblioteca, lo que quiero decir es que a esas reglas se les pueden ir sumando nuevas reglas y caminos a andar y explorar.
En muchas ocasiones no hace falta tener un gran conocimiento sobre cómo hacerlo o cómo llegar a lo quiero conseguir. Lo principal es tener la idea de lo que se quiere hacer e ir andando poco a poco, y sin miedo, por ese camino. En ocasiones son caminos con baches y trampas, pero creo que estando la idea se pueden buscar caminos alternativos para llegar al objetivo final.
Luego existe la soledad del bibliotecario en su trabajo, cuando desde un principio (por no decir de los orígenes) es una actitud corregible. La actitud del bibliotecario debe basarse en el apoyo y en la colaboración interna y externa con sus usuarios u otras entidades. Lo que viene siendo trabajo en equipo e indistintamente de quien forme ese equipo. Necesita compañía para emprender todo lo que quiere hacer y saber si lo que va a hacer va a tener algún resultado, ya sea negativo o positivo.
El bibliotecario tiene que ser el perfecto anfitrión de la biblioteca, un perfecto relaciones públicas en todos los escenarios donde esté la biblioteca presente. Un bibliotecario que escucha a sus usuarios y asimila los cambios sociales. Un bibliotecario que incentiva la colaboración y que tiene un alto grado de compromiso con la biblioteca. Un bibliotecario que lucha porque crezca la biblioteca y que experimenta sin miedo al fracaso.
En definitiva, un bibliotecario sin ataduras ni miedos. Un bibliotecario que contagia su actitud, energía y positividad a quien haga falta con tal de poder innovar, imaginar y emprender dentro de la biblioteca. Un bibliotecario por y para su biblioteca, por y para sus usuarios y sin la necesidad de colgarse medallas.
Texto inspirado en el ThinkEPI El bibliotecario desactivado tras su lectura.
Fuente: http://www.julianmarquina.es/y-si-atamos-de-pies-y-manos-al-bibliotecario-opinion/

17 feb 2014

La biblioteca ante los nuevos retos de la comunicación: el bibliotecario desorientado

Por:  Fernando Juárez Urquijo


Nokia, la empresa que lideró la llegada de la telefonía móvil a nuestros bolsillos, ha sido comprada por uno de los grandes, Microsoft, escenificando algo que muchos colegas no quieren asumir: la comunicación ha cambiado. La próxima vez que vayamos a comprar un móvil ya no habrá “teléfonos”; seguirá habiendo un lugar para la voz pero dentro de un engranaje multimedia en el que tendremos que decidir cómo usar las posibilidades.
El otro día, en un curso de formación, un bibliotecario se jactaba de no tener uno de esos smartphones que están tan de moda y al que él personalmente no veía beneficio alguno; tenía más que suficiente con un simple móvil. Era su reacción a mi comentario sobre que lo primero en lo que me fijo cuando conozco a algún colega es en su móvil y en cómo lo usa. Sin entrar a valorar los tópicos que manejamos para justificar nuestra renuncia a su uso (son una intromisión de lo laboral en lo personal, alienan a las personas, son cacharros para jóvenes que ya no leen por su culpa y lindezas similares) considero que una persona que no esté familiarizada con estos dispositivos no podrá entender ni interiorizar las nuevas formas de comunicación. No afirmo que mi dispositivo sea mejor ni mi opción la correcta, pero sí que el uso de estos dispositivos es un buen entrenamiento para entender cómo se produce la comunicación en la sociedad de la información. Y ese conocimiento, a diferencia de períodos anteriores, se adquiere y perfecciona en el ámbito personal.
Consolidar los canales de comunicación es clave para fomentar una implicación emocional que fortalezca las relaciones interpersonales. En las bibliotecas la comunicación con el usuario, que tradicionalmente hemos vehiculado desde nuestros mostradores, está siendo modificada por las nuevas reglas de la sociedad en red. Entre los nuevos factores a tener en cuenta destacan la pérdida del monopolio de la información, la desmaterialización del libro y la importancia de la tecnología en la relación no presencial. Con internet y los buscadores se desvanece la posición privilegiada a la hora de contactar (el usuario no necesita venir a nosotros), las nuevas formas de intermediación y acceso a la lectura derivan a los posibles lectores hacia otros intermediarios y en la relación no presencial, cada vez más importante si tenemos en cuenta los factores anteriores, se interpone entre nosotros y el usuario una tecnología que tenemos que aprender a utilizar y, sobre todo, entender.
Ahora que el subidón 2.0 está finalizando descubrimos que asociar internet con cierta facilidad para hacer funcionar rápidamente cualquier iniciativa es un espejismo. Comentaba Natalia Arroyo que estar en las redes sociales no garantiza establecer un vínculo que se traduzca en una mayor utilización de nuestros servicios1. La comunicación, que antes estaba muy mediatizada a nuestro favor por la posesión de la colección, depende ahora de nuestra destreza con herramientas y dispositivos con los que hay que familiarizarse en un entorno personal, cotidiano y no laboral.
Las bibliotecas estamos en las redes (como todo el mundo) pero el feeling con nuestros usuarios no mejora como esperábamos. ¿Por qué no tenemos éxito en la relación no presencial? Habrá muchas causas pero en mi opinión influyen el entorno laboral (nos estamos centrando en utilizar unas nuevas herramientas desde una organización que mantiene una mentalidad excesivamente analógica) y nuestra actitud personal. El mismo profesional que tiene que alimentar Facebooknecesita que le den permiso para poder hacerlo, recela del smartphone al que considera una intromisión de lo laboral en lo privado y no sabe muy bien qué quiere conseguir. Hemos actualizado las herramientas pero no el contexto…no me extraña que no demos con la tecla.
Cuando la informática llegó a las bibliotecas no había PCs en los hogares ni habíamos oído hablar de internet; las máquinas eran para trabajar y existía una división nítida entre lo laboral y lo personal. Aquel primer contacto con las nuevas herramientas digitales propició un mejor rendimiento analógico; podíamos seguir haciendo lo mismo de siempre en menos tiempo: comprar libros, describirlos, almacenarlos y prestarlos. No parecía necesario un cambio de mentalidad para usar el ordenador: teníamos el control sobre los soportes, marcábamos el ritmo de implantación tecnológica y dominábamos el tempo de una comunicación que se mantenía jerárquica, vertical y unidireccional.
A diferencia de lo sucedido con los PCs, la biblioteca se acerca sin ventaja al smartphone y parece haber llegado con recelo y precipitadamente a lo digital. El uso social de la tecnología nos ha sobrepasado y nuestros usuarios se mueven por unos terrenos a los que podemos acceder fácilmente desde casa pero no desde el trabajo. En los nuevos canales de comunicación el yo personal adquiere ventaja sobre el yo profesional. Viendo nuestros móviles parece que nos cuesta asumir la necesaria “persoprofesionalización” de nuestra profesión…
Fuente http://www.thinkepi.net/la-biblioteca-ante-los-nuevos-retos-de-la-comunicacion-el-bibliotecario-desorientado#sthash.vY42E9Df.dpuf

22 sept 2013

El pez soluble: Los lectores

Por:EL ÁNGEL EXTERMINADOR
El verdadero bibliotecario, según Bayard, no es aquel que ha leído muchos de los libros de su biblioteca, sino el que, sin necesidad de leerlos, es capaz de orientarse en ese universo de libros para, a su vez, orientar al lector.


“Jamás leo los libros que debo criticar, para no sufrir su influencia”, decía Oscar Wilde. Esta sentencia parece un chiste, la línea irónica que dedica un escritor a los críticos literarios, pero en el fondo, si miramos con objetividad el acto de leer, tiene un buen porcentaje de verdad. Por ejemplo, el libro que escribe un escritor será leído de forma distinta por el editor, por el corrector y por cada uno de sus decenas de lectores, nadie será capaz de leer exactamente lo que quiso decir el escritor, probablemente ni siquiera el escritor mismo. 

En cada libro, en cada novela o ensayo, hay un margen de error entre lo que el lector lee y lo que el escritor quiso decir, o pensó que dijo. Desde este punto de vista ¿qué significa leer un libro? Pierre Bayard, profesor de literatura y psicoanalista, que además es un exitoso ensayista francés, escribió su muy particular visión sobre el acto de leer, en un desconcertante, y casi majadero, librito titulado Cómo hablar de los libros que no se han leído, que está publicado en español por la editorial Anagrama. El profesor Bayard clasifica las lecturas que ha tenido a lo largo de su vida, que deben ser muchas a juzgar por su quehacer, en cuatro grandes campos: libro desconocido, libro hojeado, libro evocado y libro olvidado. El libro leído, como puede verse, queda fuera de su consideración.
Veamos el caso de un lector experto, un bibliotecario, que es una persona que, se supone, pasa su vida leyendo un libro tras otro, con una intensidad tal que ha dado origen al insulto “eres un ratón de biblioteca”, que se aplica a aquellos que en lugar de vivir la vida se dedican a leerla en los libros, generalmente a través de unas gafas muy voluminosas. Pero resulta que el bibliotecario, de acuerdo con la teoría de este profesor francés, no debe leer los libros que están a su cargo porque pierde la visión de conjunto; si se entrega a la lectura de un solo volumen, desatiende los otros miles de volúmenes sobre los que, en algún momento, tendrá que orientar a algún lector. El verdadero bibliotecario, según Bayard, no es aquel que ha leído muchos de los libros de su biblioteca, sino el que, sin necesidad de leerlos, es capaz de orientarse en ese universo de libros para, a su vez, orientar al lector. 
El poeta Paul Valéry, otro francés por supuesto, decía: “Ser cultivado consiste en ser capaz de orientarse rápidamente en un libro, y esa orientación no implica leerlo en su integridad, más bien al contrario. Sería incluso posible sostener que cuanto mayor sea esa capacidad, menos necesario será leer tal libro en particular”.
El bibliotecario de Bayard me recuerda, y perdone usted la excentricidad del caso que voy a plantear a continuación, al cocinero de un restaurante mexicano en Toronto, Canadá (Milagro, 183 Queen St. West, por si anda usted por ahí), que hace la mejor cochinita pibil que he probado en mi vida. Las dos o tres veces que he estado en esa ciudad he ido a ese restaurante y, la última vez, pedí que me presentaran ante el artífice de esa maravilla que es, lo juro, un cocinero de India rigurosamente vegetariano y que, consecuentemente, nunca ha probado la cochinita pibil, y esto le permite no extraviarse en los detalles y aplicar, en cambio, una visión de conjunto sobre el platillo.
El porcentaje de verdad, que tiene la sentencia de Wilde con la que comenzaron estas líneas, está precisamente ahí, en la visión de conjunto que perdería si se metiera a leer la obra a fondo, un principio que respetan también los editores, que más que leer las obras de los autores que van a publicar, las hojean, las pajarean, se orientan dentro de ellas pero, generalmente, no las leen, porque si lo hicieran no podrían publicar esa cantidad de libros que necesita la industria editorial para seguir caminando.
Nosotros mismos, como lectores, poseemos un arsenal de lecturas en la memoria que hemos ido conociendo porque nos han contado de ellas, por alusiones, por evocaciones o por citas muchas veces repetidas, por ese eco que se produce entre lectores y que hace que alguien cite “la magdalena de Proust”, sin haber abierto nunca Por el camino de Swann o que, sin necesidad de haberse asomado a Ana Karenina, nos suelte aquello de que “todas las familias felices se parecen”. 

Pero incluso con los libros que si hemos leído, sucede que después solo recordamos una mínima parte, una línea o una idea de todos esos volúmenes que nos hemos leído de pe a pá. Apenas vamos terminando de leer una página cuando ya empezamos a olvidarla y, siendo rigurosos, recordamos muy poco de los libros que hemos leído, por ejemplo, en los últimos seis meses, con frecuencia parece que ni nos hubiéramos acercado a ellos. 

Viendo este asunto con la suficiente seriedad, no nos queda más que aceptar que es mucho más lo que olvidamos que lo que recordamos de los libros que hemos leído, y que la mayor parte de nuestro historial como lectores está constituido por esas miles y miles de páginas que algún día leímos y que hoy somos incapaces de recordar. Y si leemos y después no recordamos, ¿hemos leído?
@jsolerescritor

19 ago 2013

Bibliotecario sin espacios

Por: Daniel Gil

El espacio bibliotecario se ha transformado y se continuará transformando. Es quizás el edificio urbano que más ha cambiado, pero me pregunto si los mismos bibliotecarios han cambiado tanto y están siendo capaces de transformarse al mismo ritmo. Quizás los bibliotecarios nos estemos quedando sin nuestro espacio icónico y mental, sin nuestra seguridad hecha a base de siglos de estanterías llenas de libros. Hemos ya dejado de ser bibliotecarios de papel para convertirnos en bibliotecarios de…
No sé en qué nos convertiremos. Lo que si que sé es que la relación entre profesión y espacio, espacio y profesión, es en el caso de los bibliotecarios, muy intensa y con una identificación casi total. Y esta identificación se está resquebrajando, se está rompiendo, y provocando quizás una nueva crisis de identidad en grandes sectores de nuestra profesión. Si mi espacio cambia, si el lugar que me envuelve y dónde hacía una serie de acciones ya no es el mismo, se ha transformado y se ha perdido el vínculo entre trabajo y espacio, también se pierde en consecuencia la relación entre profesión y espacio. Entonces, la profesión pierde parte del sentido que la definía y le daba contenido. ¿Qué queda cuando el entorno que nos identifica se transforma de forma tan radical? ¿Perdemos los bibliotecarios sentido de ser?
Puede que perdamos sentido de ser en un sentido tradicional, pero ganaremos un nuevo sentido de ser transformador, innovador, colaborativo y social. Los nuevos espacios bibliotecarios probablemente no ayudarán a que seamos más bibliotecarios, haciendo que el centro de atención continúe en la profesión en si misma, detrás del mostrador. No. Los nuevos espacios bibliotecarios, seguro, permitirán y facilitarán un nuevo sentido de hacer, ya que en las bibliotecas se desarrollarán, se harán cosas, se hará comunidad, se harán personas… se hará la vida. Y no tendremos que ser todo aquello que hemos sido; tendremos que saber hacer todo aquello que aún queda por hacer.

6 mar 2013

Cómo pueden las bibliotecas facilitar un acceso mayor (y mejor) a la investigación


El periódico británico The Guardian publicó recientemente un artículo titulado: How librarians can help access to research

En él diversas personas expertas de diferentes ámbitos dan su opinión de cómo los bibliotecarios y bibliotecarias pueden influir en una mejor difusión de la actividad investigadora, por ejemplo, en cuanto a visibilizar a los  usuarios la gran cantidad de información depositada en los repositorios institucionales.



A continuación, destaco algunos de los puntos más importantes comentados:

* Colaboración con la comunidad investigadora para gestionar de forma eficiente los costes de suscripción y cargos por la gestión de los artículos. El objetivo es evitar pagar dos veces por lo mismo.

* La biblioteca necesita apoyo. Si la comunidad y otras unidades de la universidad valoran lo que una biblioteca les puede aportar y hacer, verán que su trabajo también mejora.

* Los repositorios de las instituciones permiten a los investigadores familiarizarse con el proceso investigador y ver a las bibliotecas como un organismo diseminador y facilitador del acceso a la información. Además, jugarían un papel importante a la hora de apoyar a los investigadores no sólo como consumidores sino también como generadores de información (prosumer)

* Los repositorios permiten a las instituciones tener su propio archivo de investigación y, al mismo tiempo, permite a las bibliotecas realizar análisis bibliométricos del impacto de esos repositorios y de otros recursos.

* Las bibliotecas tienen que aprender a promocionarse y hacerse necesarias en sus instituciones, participar en las conversaciones que se generen y aportar su granito de arena a la investigación.

* Se plantea el dilema de las licencias de uso. ¿Debe ser todo gratuito? ¿Qué ocurre con las licencias Creative Commons? Sería aconsejable formar para que la gente supiera qué está disponible y de qué manera, y qué no.Tengamos en cuenta que compartir es más fácil si sabes cómo.

* El papel de las bibliotecas está cambiando. Aún no está del todo definido pero se trata de un agente a tener en cuenta en el proceso y difusión de la investigación.

* La existencia de repositorios ayuda a la actividad investigadora. Colaborar con la comunidad se hace indispensable tanto para gestionar los datos como para ser un punto de apoyo en el fomento de la carrera del investigador/a y su visibilización.

* Los bibliotecarios/as pueden colaborar en el desarrollo de las revistas de Acceso Abierto, facilitando el diseño y acceso del interfaz y la tecnología necesaria para crear un repositorio institucional y dejando la edición de contenidos a los investigadores. Por otro lado, pueden ser de gran ayuda a la hora de dar formación en temas como los factores de impacto, las citas, etc.

* Otro de los papeles de los bibliotecarios serán ser capaces de ofrecer nuevos servicios de acuerdo a las también nuevas necesidades que vayan surgiendo en el ámbito investigador.

En resumen, de las opiniones realizadas  por bibliotecarias/investigadoras en el artículo podemos decir que el acceso a los resultados de investigación son imprescindibles, ya que sin ello, las instituciones no progresan, pero tampoco la sociedad.

¿Qué opináis del Open Access? ¿Pensáis que es necesaria la colaboración bibliotecarios-comunidad investigadora? ¿Qué papel juegan los repositorios abiertos?

Fuente: http://noeliaalvarez20.wordpress.com/2013/02/27/bibliotecarias_acceso_investigacion/

28 feb 2013

¿HAY BIBLIOTECAS SIN BIBLIOTECARIOS?








Con anterioridad he escrito que nuestra formación profesional parece estar diseñada para atarnos a una institución: La biblioteca. No obstante, hace unas horas estuve en una reunión en la Asociación Mexicana de Bibliotecarios y fue sorprendente la respuesta negativa que recibí de parte de mis colegas cuando afirmé que no hay bibliotecas sin bibliotecarios, o sea, que la biblioteca la hace el bibliotecario, y que si no hay bibliotecario entonces tenemos una colección de recursos, pero no una biblioteca.

En estos momentos, y luego de que han pasado algunas horas que me han permitido reflexionar sobre lo ocurrido, me doy cuenta de que mi estupor por la vehemencia con que mis colegas se manifestaron contra mis aseveraciones -sin permitirme continuar tratando este asunto- se debe a que se ha cosificado al bibliotecario. La impresión es parecida a la que me causó descubrir la imposibilidad de los bibliotecarios para definir la biblioteca, lo cual ocurrió durante una reunión que tuvimos hace unos años en San Luis Potosí para revisar la situación de la normativa biliotecaria en México.
Por este motivo, me parece muy pertinente problematizar este asunto y pensar un poco sobre la posibilidad de que haya bibliotecas sin bibliotecarios. Para ello, debemos preguntarnos quién es el bibliotecario y qué lo caracteriza como bibliotecario.

Al respecto, la historia nos muestra que mucho antes de que hubiera estudios profesionales para formar bibliotecarios se gestó en algunos pueblos la práctica de acumular soportes con información en sitios determinados, como un rasgo cultural diferenciador de esas sociedades y sobre todo de determinadas personas que ostentaban cierto poder. En este sentido, y como resultado de ese desarrollo cultural, llegaron a conformarse las bibliotecas, que vinieron a ser los repositorios de diversos objetos que se conjuntaban para adquirir una ventaja competitiva, esto es, que conferían determinado estatus y poder a sus poseedores, no por la sapiencia de los mismos, sino por el conocimiento que podían tener y recuperar, directa o indirectamente, para su propio beneficio.

La organización y administración de esos acervos antiguos generalmente se asignó a los estudiosos, quienes establecidos como bibliotecarios debieron ser capaces de atender sus responsabilidades, de responder a las consultas que les hacían sus patrones -los legítimos dueños de esas bibliotecas- y de asesorarlos. Esos bibliotecarios sabían muy bien que la reunión de los documentos podía aportar nuevos conocimientos, y por ello siempre estaban buscando adquirir otros materiales para incrementar sus colecciones, además de que impulsaron la realización de varios productos bibliotecarios para estar en posibilidad de brindar sus servicios y de eficientar el uso del acervo.
Con la proliferación y diversificación de las bibliotecas institucionales -varias de ellas más tarde destinadas a servir para la educación de las masas trabajadoras- los gobiernos nacionales buscaron ampliar de manera controlada la capacidad productiva y la calidad en sus economías. De este modo, se conformó una estratificación de las bibliotecas correspondiente a las jerarquías sociales establecidas:
  • Las bibliotecas públicas para las masas.
  • Las bibliotecas escolares para formar la masa trabajadora (en la escuela pública) y los cuadros sucesores de las élites (en la educación privada).
  • Las bibliotecas universitarias públicas para formar los cuadros profesionales con una marcada ideología de movilidad social, siempre queriendo imitar a las élites para no traicionarlas nunca, así como para sostener y continuar su legado.
  • Las bibliotecas universitarias privadas para continuar formando los cuadros sucesores de las élites.
  • Las bibliotecas especializadas, instaladas en los núcleos del desarrollo económico y por lo mismo dedicadas a servir a las élites de la economía.
  • La biblioteca nacional, destinada en un inicio a imitar el modelo francés en un intento de adquirir alta cultura y prestigio por simulación, pero que con el tiempo se ha convertido en un señalado anacronismo. En casi todos los países, la intelectualidad orgánica -en su ramal humanística- tiene presa esta biblioteca para justificar su razón de ser académica y porque ha descubierto el poder que encierra su acervo al investirlo como patrimonio de la nación.
Algunos ilusos piensan que los bibliotecarios son los que egresan de las escuelas de biblioteconomía. Otros, creen que los bibliotecarios son los que acuden a los congresos de bibliotecarios; o sea, si van a esos congresos es porque lo son, ¿no?

Unos más, saben que los bibliotecarios dedican varias horas de cada día hábil a estar en las bibliotecas, aunque no saben bien qué hacen. Aventuremos entonces que el bibliotecario es ese sujeto que está en la biblioteca y que puede sólo estar vigilando, o haciendo faenas de organización o cuidado del acervo, o brindando servicios a los usuarios.

Procedamos ahora en negativo y sustraigamos al bibliotecario de la biblioteca. ¿Qué queda? Va a continuación un escenario hipotético y no demasiado trágico.

Las autoridades deciden que ya no necesitan que haya un bibliotecario en su biblioteca.
El personal que hace el aseo abre la biblioteca cada día por órdenes de las autoridades, quienes mandan que vigilen la biblioteca. Sin embargo, este personal se niega a hacerlo porque esas son funciones del bibliotecario.
Los usuarios comienzan a llegar y preguntan por el bibliotecario, a lo que les responden que ya no habrá nadie para atenderlos y que la biblioteca será de autoservicio. Cuestionan cómo sacarán los libros en préstamo a domicilio, por lo que les presentan una máquina de autopréstamo. Asimismo, les informan que todos los libros tienen el sistema RFID, por lo que si alguien se llevara un libro sin registrarlo en el autopréstamo las autoridades se darían cuenta y lo sancionarían.

A los dos días, hay tal cantidad de libros acumulados en las mesas y el mostrador, además de una revoltura en los estantes, que las autoridades deciden enviar a algunas secretarias para acomodarlos en los libreros. Sin embargo, ellas se quejan y detienen el trabajo, pues no entienden la clasificación.

Las autoridades deciden hablar con su proveedor de los equipos y proponerle que les ayude a que su biblioteca funcione sin un bibliotecario. El proveedor hace un plan en el que cancela el uso del sistema de clasificación e instala un sistema automatizado desde el catálogo electrónico, donde al elegir el registro de un libro se activa una pistola de búsqueda tipo GPS que conduce al usuario al libro que busca.

Varios usuarios se quejan con las autoridades porque ya no hay nadie que les ayude con las búsquedas en bases de datos, para la elaboración de bibliografias, con la recuperación de los documentos y en el servicio de referencia y orientación. Las autoridades deciden que esos problemas se deben a la falta de un programa de alfabetización informacional efectiva, por lo que emprenden una reforma institucional e incorporan cursos en los diversos temas que deben dominar los sujetos para ser autosuficientes en la biblioteca.

Se compran más computadoras para el recinto y se amplía el acceso a la red. Para ello, se decide liberar espacio a través de un descarte de la colección de referencia y de la hemeroteca, pues según las autoridades únicamente son colecciones caras, voluminosas e inútiles, ya que todo lo que contienen debe estar en la Internet.

Los libros continúan acumulándose en las mesas, el mostrador y el piso, los estantes están semivacíos, pero no importa, pues se les puede encontrar con el sistema que instaló el proveedor. El mobiliario y el equipo muestran huellas de vandalismo, por lo que se decide instalar cámaras de seguridad y se estipulan sanciones para los infractores en el reglamento. Los usuarios aprenden a identificar los puntos ciegos del sistema de seguridad y siguen los actos ilícitos en la biblioteca.

Seis meses después, la biblioteca da muestras de gran deterioro y abandono. Los usuarios ya no van. Aunque se ha cuidado que los libros no se queden en las mesas, y menos aún en el piso, exhiben claras muestras de mutilación y abuso, manchas de alimentos, quemaduras de cigarro y otros daños. Desde tres meses antes, los usuarios se quejaban de que los libros que buscaban ya no se hallaban en la biblioteca, que nunca encontraban nada, que nadie estaba para ayudarlos, y que la biblioteca era un desastre.

Las autoridades descubrieron que había ocurrido un saqueo de un número indeterminado de libros, por lo que mandaron hacer un inventario que corroboró el delito y aportó una alarmante cantidad de pérdidas. Entonces, decidieron deshacerse de la biblioteca y utilizar su espacio para poner una sala de Internet con un responsable al frente. Su perfil debía ser de bibliotecario para asegurar el éxito en las búsquedas que hicieran los usuarios y para darles clases de alfabetización informacional.

Aunque pensemos que este relato es improbable que ocurra en la vida real, seguramente estaremos de acuerdo en que la realidad muchas veces supera la ficción. Empero, la duda permanece y por tal motivo le daremos cabida a este problema: El que los propios bibliotecarios crean que puede haber bibliotecas sin bibliotecarios. Es un problema tan espinoso que seguramente lo volveré a tratar más adelante.

21 feb 2013

Incrustados e integrados en la investigación: los ‘embedded librarians’



1. Introducción
LAS BIBLIOTECAS UNIVERSITARIAS, entendidas en el sentido tradicional de un espacio físico bien delimitado e identificado que acoge y centraliza los diversos servicios que se ofrecen a la comunidad investigadora, han sido víctimas de una enorme pérdida de protagonismo en la última década.
Si hablamos de investigación y dejamos al margen el gran segmento de los alumnos, podemos decir que el investigador se ha independizado del bibliotecario, al menos físicamente. Las causas de todo esto son evidentes y conocidas: el consumo en exclusividad de información electrónica por parte de los investigadores, la facilidad para acceder a ella y el contar con usuarios cada vez más avezados los ha alejado de nuestro lecho.
Una de las primeras consecuencias que ha traído consigo este nuevo escenario es la pérdida de contacto directo con los investigadores, lo que ha provocado un asilamiento cada vez más mayor que, finalmente, ha acabado desembocando en un menor conocimiento de sus necesidades. Comenzamos por tanto esta nueva década en un momento interesante en el que tal vez tengamos que repensar cuáles son nuestras funciones y como debemos orientar los servicios de las bibliotecas destinadas a la investigación.
Recientemente, y en el contexto que hemos descrito en diversas bibliotecas universitarias, he ido impartiendo una serie de charlas sobre las posibles nuevas tareas y roles que podían ir asumiendo los bibliotecarios para la puesta en marcha de nuevos servicios de asesoramiento y apoyo en la investigación. Durante la preparación de los materiales cada vez tenía más claro la necesidad y la razón de ser un profesional de la información, bibliotecario, documentalista o como queramos llamarlo, que trabajara más apegado al investigador; una persona integrada en las propias estructuras de la investigación que fuera juez y parte de los procesos de producción y generación del conocimiento científico en cualquiera de sus fases.
Como no sabía muy bien cómo denominar a esta nueva raza de bibliotecarios consulté la bibliografía anglosajona y, efectivamente, ya habían reflexionado sobre el tema, llamándolos “embedded librarian”, y ese era justo el concepto que tenía en mente y que necesitaba.
La traducción al castellano responde a algo así como bibliotecario integrado (Torres-Salinas, 2009) o bien, como tradujo Nicolás Robinson, a bibliotecario incrustado (Robinson, 2010), cualquiera de las dos traducciones me parece correcta y nos sirve para acercarnos a esta nueva forma de entender la bibliotecaria universitaria.
2. El concepto de embedded librarian
Pero antes de nada veamos de donde procede esta denominación, ya que nos puede aclarar bastante a qué nos referimos cuando hablamos de “embedded”.
Una de las primeras noticias bibliográficas que tenemos sobre el término “embedded librarian” la podemos localizar en Dewey (2005). Este autor nos dice que se utilizó esa terminología para establecer una clara analogía con el trabajo realizado por aquellos periodistas que acompañaron al ejército norteamericano durante la guerra de Iraq. Éstos fueron denominados como “embedding journalists” ya que se basaban en el principio de que asociándose y mezclándose con el ejército iban a conseguir mejores historias. Por tanto se trataba de una inmersión, de una integración en el día a día de un grupo profesional, en este caso los militares, totalmente distinto para intentar comprenderlo con mayor nitidez al poder compartir experiencias comunes y poder observarlos directamente.
Esta forma de entender la labor periodística fomentaba la cooperación y generaba una mayor empatía. En nuestro caso, si donde pone periodista ponemos bibliotecario y donde pone militar ponemos investigador, está clara cuál es la filosofía de un “embedded librarian”.
Según la perspectiva de Shumaker y Talley (2009), el trabajo de este nuevo bibliotecario se desarrolla en entornos físicos alejados de sus despachos, se caracteriza por trabajar para pequeños grupos muy específicos y especializados de usuarios donde las relaciones con sus miembros son fundamentales y además están involucrados en su temas de investigación y dinámicas de trabajo por lo que se comparten todo tipo de responsabilidades y actividades. Se intentaría de este modo superar el modelo de pregunta-respuesta que sigue predominando en la biblioteca universitaria española.
Por tanto uno de los mantras esenciales del embedded es el “just be there” (Covone yLamm, 2010), ya que se trata más de formar parte de la comunidad investigadora que de un servicio que se ofrece a la misma. Este nuevo modelo está en la actualidad en pleno desarrollo y para que nos hagamos una idea de su calado sólo remito a los dos números monográficos dedicados a los “embedded librarians” que se acaban de publicar en las revistas Information outlook (2010) y Public services quarterly (2010). Es, por tanto, un tema emergente y al que tenemos que estar atentos.
Pero si dejamos el terreno de las ideas y nos preguntamos más específicamente qué puede hacer un “bibliotecario incrustado” en el ámbito de la investigación, creo que en nuestros centros la solución pasa por trabajar en el marco de los grupos y proyectos de investigación; allí sí tiene sentido una persona integrada ya que son unidades abarcables. Se me ocurre por ejemplo el siguiente conjunto de labores esenciales que se podría desempeñar y que, por supuesto, están estrechamente relacionadas con el mundo de la información/documentación:
1) Intervención activa en todo el proceso de publicación de artículos y trabajos científicos (gestión de borradores, preparación de preprints/postprints, envío de manuscritos, traducción, etc…).

2) Difusión y diseminación de las publicaciones, resultados y objetos digitales del grupo a través de internet (difusión en la web 2.0, puesta en acceso abierto de los trabajos, gestiónwebsite, etc…).

3) Organización y conservación efectiva de los discos duros de los investigadores y otros materiales del grupo (data sharing y curation, políticas de conservación de los datos, creación de wikis, etc…).

4) Conocimiento y gestión de las múltiples plataformas que manejan los investigadores (de revistas online, de agencias evaluadoras, de sistemas de gestión curricular, de solicitud de proyectos, etc.…).

5) Gestión de la visibilidad y el impacto del grupo (informes bibliométricos, asesoramiento para sexenios o acreditaciones, políticas de publicación).

Además de incrustarnos, de ahorrarles tiempo en tareas que no son puramente investigación y de ser parte efectiva del sistema, el objetivo final al que se debería tender sería, como apuntan Kesselman y Watstein (2009), la creación desde un punto de vista bibliotecario de un nuevo modelo de publicación/comunicación científica basado en la co-creación, con un papel más activo que el que se juega ahora.
3. Reflexión final
Cuando hablamos de “embedded librarian” hablamos por tanto de un bibliotecario al que se le añaden nuevas competencias, que goza de una mayor especialización temática y científica pero que, sobre todo, se mimetiza con sus grupos específicos de trabajo, que sale fuera de sus fronteras desarrollando su labor en diversos despachos satélite y que se hace cargo de tareas que anteriormente sólo llevaba a cabo el investigador. Es un por tanto un profesional híbrido investigador/bibliotecario que no trata de alfabetizar informacionalmente a nadie a base de guías sino que sabe hacer y resolver las cosas directamente.
Probablemente muchos bibliotecarios y profesionales de la información ya lleven a cabo estas labores, como refieren Drewes y Hofman (2010), la “embedded librarianship” es un término nuevo pero un viejo concepto en las bibliotecas universitarias, pero dudo que sea la práctica común ya que el perfil de un bibliotecario universitario actual es el de proveer información pero no el de ayudar activamente a crearla.
Por ello, tal vez ni siquiera esté claro que deba ser la biblioteca universitaria la encargada de desempeñar estas tareas, lo que sí es evidente es que se trata un nicho de trabajo por explotar. No se trata por tanto de dinamitar las labores actuales, tan válidas como hace un siglo, sino de plantear nuevas formas y actitudes a la hora de desempeñar nuestro trabajo.
4. Referencias Bibliográficas
Covone, N.; Lamm, M.I. “Just Be There: Campus, Department, Classroom and Kitchen”. Public Service Quarterly, 2010, v. 6, n. 2, pp. 198-207.
Dewey, B.I. “The Embedded Librarian: Strategic Campus Collaborations”. Resource Sharing & Information Networks, 2005, n. 1/2, pp. 5-17.
Information Outlook. Embedded librarianship issue, 2010, v. 14, n.1. [Número monográfico]
Kesselman, M.; Watstein, S.B. “Creating Opportunities: Embedded Librarians”.Journal of library administration, 2009, v. 49, n. 4, pp. 383-400.
Public Services Quarterly. Embedded Librarianship. 2010, v. 6, n. 2/3. [Número monográfico].
Robinson, Nicolás. “El bibliotecario ‘incrustrado’”. Docu ¿qué?: entre olas de información, marzo 2010.
Shumaker, David; Talley, Mary. Models of embedded librarianship final report. Special Libraries Association Research Grant, 2009.
Cómo citar este artículo:
Torres-Salinas, Daniel. “Incrustados e integrados en la investigación: los ‘embedded librarians’”. Anuario ThinkEPI, 2011, v. 5, pp. ¿¿-??


Fuente: http://www.thinkepi.net/incrustados-e-integrados-en-la-investigacion-los-embedded-librarians
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