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14 sept 2015

Cómo cuidar un libro de biblioteca



Sacar un libro de tu biblioteca local es una forma genial y nada costosa de leer sin ningún cargo. Desafortunadamente, no todos saben cómo cuidar libros correctamente. Este artículo te explicará cómo mantener un libro de biblioteca en buenas condiciones desde el momento en que lo tomas del estante hasta que es tiempo de regresarlo.


Pasos

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    Una vez que encuentres el libro, examínalo primero. Aunque lo más probable es que tenga algunas marcas de desgaste o que esté un poco roto, hojéalo para buscar páginas rotas o perdidas, manchas grandes, cosas escritas en lápiz o tinta, dibujos, etc. También revisa las cubiertas/portadas para buscar partes dañadas. Si encuentras cualquiera de estas cosas, repórtalo al bibliotecario, para que no asuman que eres responsable por el daño.
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    Si está lloviendo, pon el libro en una bolsa a prueba de agua antes de que lo saques de la biblioteca. Si no tienes una bolsa, pide una al bibliotecario. La mayoría de las bibliotecas tienen bolsas de plástico disponibles.
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    Tan pronto como llegues a tu casa, pon el libro en una repisa fuerte o en una mesa. No lo pongas en un sofá, silla, o cama, ya que alguien puede accidentalmente sentarse sobre el libro y dañar la portada o las páginas si lo dejas abierto. También no dejes el libro en un lugar donde pueda mojarse, como el lavabo del baño.
  4. Care for a Library Book Step 4.jpg
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    Ten un calendario. Marca la fecha en la que tienes que regresar el libro tan pronto como lo saques. Muchas bibliotecas pueden notificarte cuando se acerca la fecha por correo electrónico o por teléfono de forma gratuita. Pide este servicio si te ayuda.
    • Conoce tus opciones para renovar el tiempo por teléfono o Internet. Si eres elegible para renovar un artículo, puede que tengas la posibilidad de hacerlo sin salir de tu casa.
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    No escribas en un libro de biblioteca, ni siquiera con lápiz. Las marcas pueden quedarse ahí por un largo tiempo. Si quieres marcar secciones para usarlas como referencia más tarde, usa pedazos de papel como separador o post-its (pero asegúrate de quitarlas cuando lo regreses). Si el libro incluye una hoja de trabajo o un cuestionario, especialmente en ayudos de auto ayuda, para llenarlo saca una copia de la página y escribe en la copia.
    • Piensa a la última vez que sacaste un libro de la biblioteca y tenia muchas cosas subrayadas, con marca textos u otras marcas excesivas. Ahora, sé cortés con lo demás. No es agradable leer un libro que ha sido "personalizado" por otra persona.
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    Si vas a leer al aire libre, recuerda al terminar poner el libro dentro. Si llueve o se pierde el libro, tendrás que pagar para reemplazarlo.
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    Usa un separador.. No dobles las esquinas de las hojas para separar el lugar, y no uses un lápiz y otro objeto grande; puede doblar la pasta o las páginas y perder su forma. También evita dejar el libro abierto boca abajo para separar el lugar, ni tampoco lo dejes abierto pues podría ser aplastado. Cualquier pedazo de papel (recibos, sobres) servirán como separador, o puedes hacer tu propio separador con muchos diferentes tipos de materiales.
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    No pierdas el libro. Déjalo en tu casa o en tu mochila. Si te preocupa perder los libros de la biblioteca, elige ligares específicos para dejarlo y hazlo constantemente.
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    Lee y disfruta el libro.
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    Regresa el libro a la biblioteca a tiempo. Si lo dejas antes o en la fecha de vencimiento, puedes evitar el pago de multas por regreso tardío u otros cargos.
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Consejos

  • Siempre recuerda que la biblioteca te presta los libros de forma gratuita. Tienes que ser recíproco cuidándolos.
  • Si tienes libros sin regresar o se te hace difícil cuidarlos, puedes mejor intentar leer eBooks (libros digitales). Puedes descargar muchos clásicos de dominio público de forma gratuita, y muchas bibliotecas te prestan el libro en su forma digital.
  • Si el libro está dañado, intenta no resolver el problema por ti mismo. Regrésalo a la biblioteca tan pronto como puedas, explicando amablemente lo que pasó y ellos se encargarán del libro.
  • Ten mucho cuidado sobre prestar el libro a tus amigos o incluso a tu familia. porque si lo pierden o lo destruyen de alguna forma, tú tendrás que pagar por ello. Puedes decirles que ellos son responsables de los costos en caso de que algo pase.
  • No leas libros de la biblioteca u otros libros prestados en la bañera o la alberca. No sólo puede caer al agua y quedar completamente arruinado, recuerda que el libro no es tuyo y tendrás que pagarle a la biblioteca (normalmente es el precio completo de venta, algunas veces a demás de gastos adicionales) para reemplazarlo.
  • Si te sientes atraído a leer en o cerca del agua, elige una revista o un libro que sea de tu propiedad.
  • No comas ni tomes nada mientras lees libros de biblioteca. Las manchas y derrames son difíciles de quitar, y pueden pedirte que pagues para reemplazar el libro.
  • Evita dejar el libro abierto cerca de una ventana, puerta de vidrio, etc. Esto es porque el texto o las imágenes pueden empezar a desvanecerse si se dejan directamente bajo la luz solar durante un período largo de tiempo.
  • Deja el libro fuera del alcance de mascotas o niños pequeños (a menos que estén bajo supervisión). Algunas mascotas pueden masticarlos, los niños pequeños podrían dibujar en él o romper las páginas si no los estás viendo.
  • Si llevarás el libro de biblioteca fuera de tu casa, incluso en una bolsa o mochila, ponlo dentro de una bolsa de plástico para evitar que se desgaste y se rompa por el roce con las otras cosas que puedas llevar dentro, o que se moje accidentalmente con la lluvia o la nieve.
  • Ten cuidado cuando saques copias a las páginas de un libro de biblioteca. No dobles o presiones el centro del libro y ten cuidado de no doblar las hojas.
  • Regresa los libros aún y que ya se haya pasado la fecha limite. Las bibliotecas suelen usan las multas por regreso tardío para evitar que las personas regresen los libros después de la fecha límite, no tanto por el dinero. Por otra parte, los materiales perdidos que quieren reponerse son costosos. Tu biblioteca preferiría tener su libro de regreso tarde en lugar de nunca.
  • Piensa dos veces antes de llevarte el libro de viaje. ¿Podrás garantizar que regrese a tiempo y en buenas condiciones? Si no estás seguro, encuentra otro libro barato que puedas llevar.
  • Reporta materiales dañados cuando los regreses, ya sea que tu hayas causado el daño o no. No todo daño es obvio por fuera, y reportar esto ayudará a la biblioteca a mantener la colección de libros en buenas condiciones.
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Advertencias

  • Si por alguna razón tu libro está perdido o dañado, pueden pedirte que pagues una multa por reemplazo. Sin embargo, las bibliotecas entienden que los libros sólo pueden ser leídos una cantidad de veces antes de que tengan que ser retirados, así que disfruta el libro, paga por cualquier daño por negligencia que hayas causado, y señala los problemas al bibliotecario cuando regreses el libro.
  • No intentes reparar el daño de un libro por ti mismo. Por ejemplo, si encuentras una página rota, repórtalo. No la pegues tú mismo. Las bibliotecas pueden reparar libros con mejores materiales y métodos que tú. No estás haciéndole un favor a la biblioteca intentando hacerlo por tu cuenta.
  • Cuida lo más que puedas de no mojar el libro. Incluso si se seca, desarrollará moho, que se pasará a los otros libros. La biblioteca sabe que esto pasará y no aceptan por lo tanto libros mojados. En su lugar, tendrás que pagar una multa.

14 jul 2015

¿Por qué sí deberías escribir en los libros que lees?

Por: Alejandro Gamero

Don DeLillo anotado por David Foster Wallace
Don DeLillo anotado por David Foster Wallace
  
Desde hace años tengo la costumbre de reseñar todos los libros que voy leyendo. Una costumbre que me obliga a hacer una lectura más activa y crítica. A veces, con un solo libro, puedo llenar un buen puñado de cuartillas en las que recojo casi todo lo que se me pasa por la cabeza durante la lectura, desde impresiones de toda clase a citas literales o fragmentos que me llaman la atención.

Ahora bien, a pesar de seguir este método de lectura a rajatabla con cada libro que pasa por mis manos, no soy muy amigo de escribir en los propios libros. Alguna vez lo he hecho, y aunque no es fácil encontrar en mi biblioteca libros anotados los hay, sobre todo con poesía. Pero que yo no lo haga no significa que opine que aquellos que sí lo hacen estropean los libros

Para muchos lectores, sin embargo, escribir en un libro es poco menos que una ofensa. Como hace unos días que vengo planteando el debate sobre el respeto a los libros ‒a raíz del Bookfighting y de un dominó de libros‒ me ha parecido interesante tratar este tema y, aunque yo no lo hago, ofrecer dos puntos de vista que defienden el hecho de escribir en los libros no ya como algo lícito sino como una manifestación del amor y del respeto hacia esos libros.

Uno de ellos es de Robert Bruce, autor del blog 101 books. Robert, que es un gran defensor de la escritura en los libros, dice que le gusta que cuando termina una novela se vea cómo la ha leído. Al anotar sus pensamientos en los márgenes, añade, se practica una lectura más activa y participativa. Además, como argumento extra, incluye un fragmento de un texto que Time ha publicado hace poco en el que Mortimer Adler, autor del libro Cómo leer un libro, explica por qué nadie debería avergonzarse por escribir en sus libros. Traduzco libremente el texto.

«Cuando compras un libro se establece un derecho de propiedad con él, como pasa con la ropa o los muebles cuando se compran. Pero el acto de compra es en realidad solo el preludio de la posesión en el caso de un libro. La plena propiedad de un libro solo viene cuando se ha convertido en parte de uno mismo, y la mejor manera de hacerte a ti mismo parte de él ‒que viene a ser lo mismo‒ es escribiendo en él».

¿Por qué escribir en un libro indispensable cuando se lee? En primer lugar, te mantiene despierto ‒no meramente consciente, sino despierto de verdad‒. En segundo lugar, la lectura, si es activa, implica pensar, y el pensamiento tiende a expresarse en palabras, habladas o escritas. La persona que dice que sabe lo que piensa, pero no puede expresarlo en general no sabe lo que piensa. En tercer lugar, escribir tus reacciones ayuda a recordar los pensamientos del autor.

   »La lectura de un libro debe ser una conversación entre el lector y el autor. Es de suponer que él sabe más sobre el tema que tú; si no, probablemente no deberías molestarte en leer su libro. Pero la comprensión es una operación de dos vías; el aprendiz tiene que interrogarse e interrogar al maestro. Incluso tiene que estar dispuesto a discutir con él, una vez que entiende lo que le está diciendo. Marcar un libro es, literalmente, una expresión de tus diferencias o tus acuerdos con el autor. Es el mayor respeto con que se le puede pagar».


Después de leer esto, ¿sigues pensando que escribir que se leen los estropea y es una falta de respeto?
Fuente bibliográfica
GAMERO, ALEJANDRO [sin fecha]. ¿Por qué sí deberías escribir en los libros que lees? La piedra de Sísifo [en línea]. [Consulta: 14 julio 2015]. Disponible en: http://lapiedradesisifo.com/2015/07/07/por-que-si-deberias-escribir-en-los-libros-que-lees/. 

8 sept 2014

¿Cuál es la huella que deja el paso del lector por un libro?

Por: Constanza Bertolini

Pliegues, subrayados, pegatinas y hasta formas impensadas de intervención integran una muestra de fotografías que explica la relación física de 99 escritores y sus fetiches de papel


La tasa de lectura en nuestro país es de las más altas de América latina. Hay muchos lectores, en casi todos los formatos. Si el lector de esta página es -como más de la mitad de los argentinos declara- lector de libros, entonces le propongo un ejercicio: tome tres ejemplares de su biblioteca; en lo posible, de diferentes estantes. Estírese un poco más por el tercero, vamos. Y (h)ojéelos como buscando alguna huella suya en esas páginas. Si le ocurre como a mí, se sorprenderá: en el Muchacha Punk de Fogwill encontré una tira de papel con la lista de electrodomésticos que imaginaba necesarios para mi primera casa, pegada por el simple efecto del paso del tiempo sobre la dedicatoria en tinta azul que me escribió un amigo muy especial. En Sobre el dibujo, de John Berger, me esforcé en vano por reconocer unos trazos en lápiz negro que pronto me hicieron recordar que debo devolver ya este ejemplar a una colega: su verdadera dueña. Y finalmente, de todas las líneas subrayadas en Nadie acabará con los libros (una apasionante conversación entre Umberto Eco y Jean-Claude Carrière) me quedo con ésta, que me resulta tan oportuna: La tecnología no es en absoluto una ventaja. Es una exigencia.
¿Cuál es la relación física que tenemos con los libros? ¿Qué marcas concretas dejamos en ellos? ¿Por qué, para qué, les plegamos orejas, ponemos ganchitos o papeles adhesivos, anotamos en los márgenes, dibujamos círculos, ajustamos con gomitas, tachamos y volvemos a tachar? ¿En qué se convierte esa obra (primero literaria) intervenida? ¿En una nueva obra (ahora visual)? ConLeídos, una investigación que devendrá en muestra de fotografías durante julio y agosto en la Biblioteca Nacional, se responden varias de estas preguntas sobre las consecuencias físicas que puede dejar en el libro el acto íntimo de la lectura. Tras este proyecto, durante un año completo, el poeta, actor y periodista Esteban Feune de Colombi contactó, visitó y conversó apasionadamente con 99 escritores que estuvieron dispuestos a exhibir novelas, cuentos, ensayos, títulos de todo tipo intervenidos y atesorados en sus bibliotecas. Ejemplos que ilustran el vínculo con el ejemplar de papel.
Así, en una galería que rápidamente se vuelve colorida, graciosa, emotiva, se advierte el afán por los dobleces de Selva Almada y Silvio Mattoni, el dibujo incontenido de Miguel Brascó y Luis Chitarroni, las anotaciones que parecen campos de batalla llevados hasta los márgenes por Jorge Dubatti, una madeja de colores tejida metódicamente sobre los párrafos en el caso de Hugo Mujica o de Teresa Arijón. Por nombrar sólo tres, Beatriz Sarlo, Mariano Dupont y Mercedes Halfon militan entre los fans de los Post-it. Y llaman la atención muy curiosas formas de engordar los tomos: con papeles diversos guardados entre las páginas (Federico Andahazi), con semillas, hojas de eucaliptos, espigas de trigo y hasta plumas blancas (Inés Acevedo).

AL PRINCIPIO, FUE GIRONDO

"Hace unos años heredé las Obras completas de Oliverio Girondo con anotaciones hechas en lápiz por mi abuelo materno, a quien no conocí. La débil, mística, titilante grafía de Karol, moribundo en su cama, daba la impresión de que desaparecería a cada vuelta de página. Él, amigo del poeta, había escrito en los márgenes de algunas páginas cosas como «en cualquier momento nos encontramos allá arriba». Ante la posibilidad de que esas apostillas se perdieran, las fotografié por instinto." En este primer párrafo de la nota que Feune de Colombi escribe para el catálogo de la exposición está descripta la génesis de Leídos. Un proyecto inicialmente de formato incierto que salió a cotejar con hechos aquella presunción sobre que "después del paso de un lector activo el libro ya no es el mismo".
Entonces, pensó una lista de nombres de escritores. En la mayoría de los casos, no había tenido contacto previo con ellos. Pero los llamó, les contó su interés, los invitó a reunirse para charlar y les pidió que le prepararan algún libro que tuviera "representaciones corpóreas de su lectura" para fotografiarlos, como objetos. Casi sin preguntar más, le fueron abriendo la puerta de sus casas -los menos, los más celosos, sugirieron la cita en el bar de la esquina-, y lo esperaban con uno, diez, hasta cincuenta ejemplares sobre la mesa. Hasta se atrevían a sugerir la participación de un colega, pasando el dato de un fetiche conocido en el ambiente, o entregaban inesperadas colaboraciones que tomaron forma de "ofrendas": piezas intervenidas por autores que ya no están y que algunos entrevistados eligieron sacar de sus bibliotecas para darles voz propia. Por caso, Sarlo -personaje bisagra de toda historia, hacia la mitad del proyecto opinó: tenés que hacer una muestra en la Biblioteca, y sin saberlo formateó la experiencia- le acercó un ejemplar de El arte de narrar, de Juan José Saer, con la dedicatoria tachada con perseverancia y vuelto a dedicar para ella. Y Miguel Brascó, primer editor del Esteban Feune de Colombi periodista, le dio otra perlita: The Devil's Dictionary, de Ambrose Bierce, en cuya tapa se lee en cursiva: Ojo: Este libro es propiedad de R. Walsh. Devolver.
Que el subrayado es para muchos autores la primera instancia de intervención lo supo pronto. Señaladores caseros, muy personales, encontró a montones: una orquídea seca, un boarding passBuenos Aires-París, un insecto con una pata chueca. Y empezó a ver otras marcas involuntarias que los escritores (en definitiva, curadores de su propio aporte) consideraban parte del asunto: obras inundadas, mordidas, con manchas de humedad. Aunque lo más valioso del recorrido está en el aspecto personal de los casi cien casos, Feune de Colombi podría ya enunciar algunas máximas del tema. Como que los libros de trabajo se ven diferentes de los de lectura placentera: profesores, traductores, correctores de estilo llegaban a la toma con libros cascados, destartalados de tanto uso tanto tiempo. Otra máxima: cuanto mayor es la edad de su dueño más "tocable" resulta el ejemplar, mientras que para los que hoy leen repartidamente con las pantallas, no.
A propósito de intocables, tal vez el único pesar al final del camino sea no haber sumado alguna pieza impoluta. "No concibo la idea de leer con un lápiz en la mano", dice que contestó Leila Guerriero a la convocatoria. Mientras que César Aira le aseguró que nadie sospecharía que leyó los ejemplares de su biblioteca porque están como en una librería.
Dispuestos en la sala en catorce paneles en forma de doble página, quien visite la muestra no sabrá de quién es cada una de las obras-libro intervenidas. El catálogo (de entrega gratuita e indispensable para jugar el juego completo) devela la correspondencia y, además, entrega una breve crónica al pie de cada foto que pone la nota de emotividad que subyace a todo esto. "Frente a sus bibliotecas, conmigo, su único espectador, los escritores se convertían en histriones. Contaban historias de libros perdidos y recuperados. La imagen de ellos hurgando entre los anaqueles es muy poética, muy fuerte. En cinco libros te contaban sus vidas", describe Feune de Colombi una experiencia que ya piensa capitalizar como trama dramatúrgica para su próxima experiencia teatral.

EJEMPLOS DE UNA RELACIÓN PARTICULAR

Tras el paso de un lector "activo" la obra literaria se convierte en una pieza muy visual
 
Autobiografía II. El imperio insular, de Victoria Ocampo, propiedad de Beatriz Sarlo, quien además ofrendó El arte de narrar. 
 
de Juan José Saer. 
 
La lista del súper que Oliverio Coelho hizo en un blanco de La novela luminosa, de Mario Levrero. 
 
Daniel Link sostiene las páginas de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, con bandas elásticas multicolores. 
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http://www.lanacion.com.ar/1705521-cual-es-la-huella-que-deja-el-paso-del-lector-por-un-libro
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