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20 sept 2017

7 pasos para evitar que el 'interruptor' de la demencia se active

Por: Mónica De Haro




Mantener el cerebro sano hasta la vejez es un reto difícil. Por ello, las Asociaciones Americanas del Corazón y de Ictus nos proponen siete sencillos pasos para prevenir el ataque al corazón y el accidente cerebrovascular

Un estilo de vida saludable beneficia al cerebro tanto como al resto del cuerpo y puede disminuir el riesgo de deterioro cognitivo a medida que se envejece.

El cerebro es muy dependiente de un corazón y un sistema circulatorio sanos para funcionar bien, así que tiene sentido que una vida saludable para el corazón resulte en un cerebro más sano.

Y tanto el corazón como el cerebro necesitan un flujo sanguíneo adecuado, pero en muchas personas, los vasos sanguíneos lentamente se estrechan o se bloquean a lo largo de la vida, un proceso de enfermedad conocido como aterosclerosis, el estrechamiento de las arterias que causa muchos ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares.

Sin embargo, un estilo de vida saludable beneficia al cerebro tanto como al resto del cuerpo y puede disminuir el riesgo de deterioro cognitivo a medida que se envejece según algunas de las recomendaciones ofrecidas por las Asociaciones Americanas del Corazón y de Ictus.

De hecho, muchos factores de riesgo para la aterosclerosis pueden modificarse siguiendo una dieta saludable, realizando suficiente actividad física, evitando el consumo de productos de tabaco y otras estrategias.


Seguir las recomendaciones sobre el estilo de vida cuando se es un adulto joven da sus frutos más tarde

“Los mismos factores de riesgo que causan aterosclerosis son también los principales contribuyentes al deterioro cognitivo en la vida tardía y la enfermedad de Alzheimer. Al seguir siete sencillos pasos -‘Life’s Simple 7’–, no sólo podemos prevenir el ataque al corazón y el accidente cerebrovascular, sino que también podemos ser capaces de prevenir el deterioro cognitivo”, afirma el neurólogo vascular Philip Gorelick, presidente del grupo de recomendaciones y director médico ejecutivo de ‘Mercy Health Hauenstein Neurosciences’, en Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos.

El programa ‘Life’s Simple 7’ nos anima a:
1. Controlar la presión arterial,
2. Controlar el colesterol,
3. Mantener el azúcar en la sangre normal,
4. Ser físicamente activo,
5. Ingerir una dieta saludable,
6. Perder peso extra y
7. No empezar a fumar o dejar de fumar.

Tener un cerebro sano se define como alguien que puede prestar atención, recibir y reconocer información de nuestros sentidos; aprender y recordar; comunicar; resolver problemas y tomar decisiones; mantener la movilidad y regular las emociones. El deterioro cognitivo puede afectar a cualquiera o todas esas funciones.

La recomendación, que se publica en la revista de la Asociación Americana del Corazón‘Stroke’, destaca la importancia de tomar medidas para mantener el cerebro sano tan pronto como sea posible, porque la aterosclerosis puede comenzar en la infancia.


Si la gente es obesa pero se mantiene sana -de otra manera-, no fumando ni bebiendo, todavía sigue teniendo un alto riesgo de sufrir un ataque del corazón.

“Hay estudios en curso para aprender cómo las estrategias saludables para el corazón pueden afectar a la salud del cerebro, incluso a una temprana edad”, dice Gorelick, quien tras reconocer que se necesita más investigación, califica la perspectiva de“prometedora”.

Factores que influyen

El incremento de la presión arterial, el colesterol y azúcar en la sangre pueden causar deterioro de los vasos sanguíneos grandes y pequeños, activando una cascada de complicaciones que reducen el flujo sanguíneo cerebral.

Por ejemplo, la presión arterial alta –que afecta a aproximadamente uno de cada tres adultos estadounidenses- es famosa por dañar los vasos sanguíneos que suministran oxígeno y nutrientes al corazón y al cerebro, destaca Gorelick.

El daño puede llevar a una acumulación de depósitos grasos, o aterosclerosis, así como la coagulación asociada. Esto estrecha los vasos, puede reducir el flujo sanguíneo al cerebro, y puede causar accidente cerebrovascular o “mini-accidentes cerebrovasculares”. El declive mental resultante se denomina deterioro cognitivo vascular, o demencia vascular.

Anteriormente, los expertos creían que los problemas con el pensamiento causados por la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades similares eran totalmente independientes del accidente cerebrovascular, pero con el tiempo los investigadores han aprendido que los mismos factores de riesgo para el accidente cerebrovascular que se mencionan en ‘Life’s Simple 7’ son también factores de riesgo para Alzheimer enfermedad y, posiblemente, para algunos de los otros trastornos neurodegenerativos.


La recomendación también reconoce que es importante seguir las directrices publicadas anteriormente por la Asociación Americana del Corazón, el Instituto de Medicina y la Asociación de Alzheimer, que incluyen el control de los riesgos cardiovasculares y sugieren el compromiso social y otras estrategias relacionadas para mantener la salud del cerebro.

Los puntos de acción de ‘Life’s Simple 7’, que se basan en hallazgos de múltiples estudios científicos, cumplen tres reglas prácticas que el panel desarrolló para identificar maneras de mejorar la salud del cerebro, que podrían ser medidas, modificadas y monitorizadas, señala Gorelick.

Estos tres criterios permiten traducir el conocimiento en acción, ya que los proveedores de atención médica pueden evaluar fácilmente los elementos simples de la vida, como la presión arterial; pueden fomentar medidas probadas que promueven la salud y pueden medir los cambios con el tiempo.

El asesoramiento de la AHA proporciona una base sobre la cual construir una definición más amplia de la salud del cerebro que incluye otros factores influyentes, dice Gorelick, como la presencia de fibrilación auricular, un tipo de latido cardiaco irregular que se ha relacionado con problemas cognitivos; educación y alfabetización; estatus social y económico; la región geográfica donde vive una persona; otras enfermedades cerebrales y daños en el corazón.

“En algún momento de nuestras vidas, un ‘interruptor’ puede estar preparándose para ‘girarse’ o activarse, lo que nos sitúa en una dirección de riesgo de deterioro cognitivo y demencia”, explica.

La demencia es costosa de tratar. Los gastos de atención directa son más altos que para el cáncer y casi lo mismo para las enfermedades del corazón, según estimaciones. Además, el valor de los cuidados no pagados para los pacientes con demencia puede superar los 200.000 millones de dólares al año. A medida que las vidas se alargan más en Estados Unidos y otros lugares, alrededor de 75 millones de personas en todo el mundo podrían tener demencia en 2030.


Los autores de estas recomendaciones revisaron 182 estudios científicos publicados para formular sus conclusiones de que seguir ‘Life’s Simple 7’ tiene el potencial de ayudar a las personas a mantener un cerebro saludable a lo largo de la vida.


Fuente bibliográfica
DE HARO, MÓNICA, [sin fecha]. 7 pasos para evitar que el «interruptor» de la demencia se active. [en línea]. [Consulta: 15 septiembre 2017]. Disponible en: https://es-us.vida-estilo.yahoo.com/7-pasos-para-evitar-que-el-interruptor-de-la-demencia-se-active-085609179.html. 


18 oct 2015

"La clave de la salud está en el cerebro, no en el corazón"




Salud
Lo dijo Valentín Fuster, uno de los cardiólogos más importantes del mundo. ¿La receta? Optar por hábitos saludables que mantengan a raya los factores de riesgo que afectan a ambos órganos.


El cerebro está de moda. En su afán por develar los secretos que guarda, el boom de las neurociencias le da un protagonismo estelar. "La clave para prolongar la salud está en el cerebro, no en el corazón", afirmó en la conferencia inaugural Valentín Fuster, considerado como uno de los cardiólogos más importantes a nivel mundial. 

"Si uno decide cuidarse, esa decisión viene de la cabeza, no del corazón", insistió el español Fuster, quien es director del Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinai de Nueva York y ex presidente de la Asociación Americana del Corazón. El médico abogó por un "cambio en el estilo de vida de nuestra sociedad, que a menudo se cree invulnerable a padecer alguna enfermedad" y para eso instó a promocionar la salud en lugar de llamar a prevenir patologías ya que "la gente es más receptiva a promocionar algo positivo que a prevenir algo negativo".

“Ya desde hace tiempo que sabemos que las cosas que hacen bien al corazón impactan sobre el cerebro y a la inversa. Pero estudios recientes demostraron cómo quienes presentan enfermedad cardiovascular poseen microlesiones cerebrales que impactan en su nivel cognitivo”, sostuvo Fuster, y añadió que aquellos pacientes que reducen sus factores de riesgo coronario también manifiestan mejoras en su aspecto cognitivo.

El incorporar buenos hábitos, entonces, rinde y redunda en beneficios para todo el organismo. En palabras de Fuster: “Los factores de riesgo para la enfermedad cardiovascular, infarto de miocardio o infarto cerebral, son los mismos que participan en el desarrollo de un sinnúmero de enfermedades, como la degeneración senil e incluso ciertos tipos de cáncer, y debemos insistir para que la gente haga todo lo posible para mantenerlos bajo control”. 

Fuster enumeró 6 factores de riesgo a tener en cuenta: obesidad, presión arterial alta, diabetes, colesterol elevado, tabaquismo y sedentarismo (contra el que indicó actividad física al menos cinco días a la semana). No obstante, consideró que el "principal factor de riesgo es la conducta humana, la sociedad de consumo en la que estamos inmersos nos lleva todo el tiempo al cigarrillo, al alcohol, a las comidas con grasas trans, a las bebidas extra azucaradas" y enfatizó que en eso es sobre lo que hay que trabajar.

“Así como uno conoce su número de celular, su documento, la patente de su auto, etc., también debe conocer y tratar los números de sus factores de riesgo cardiovascular”, dijo al respecto el Guillermo Fábregues, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, quien aconsejó consultar al médico para que le dé estrategias que permitan mantenerlos bajo control.

Los valores recomendados para los distintos factores de riesgo, en líneas generales, son los siguientes: colesterol total menor a 200 mg/dl; presión arterial, igual o inferior a 80 / 120; diabetes: glucosa en ayunas menor a 100 mg/dl o menos; obesidad, un perímetro de cintura de máximo de 102 centímetros en el hombre y 88 enla mujer.

Pero para hacer un cambio hay que reconocer primero que algo no anda bien y actuar para modificarlo. "Pensamos que estamos bien y queremos que todos nos digan que estamos bien. Sin embargo, es equivocado creerse invulnerable, ya que por ejemplo gracias a los avances en la tecnología de la imagen, se ha podido demostrar que el 40 por ciento de las personas que se creían sanas tenían alguna enfermedad cardiovascular preexistente. No podemos predecir si esto implicará un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular, pero sí sabemos que es muy probable que tenga alguno de estos eventos”, apuntó Fuster haciendo referencia a estudios realizados en Madrid (España) y Chicago (Estados Unidos).

El prestigioso médico español llamó a los cardiólogos a prestarle más atención al medio ambiente ("la polución ambiental tiene un fuerte impacto en la enfermedad cardiovascular"); a formarse más en la vinculación entre el cerebro y el corazón; y destacó la importancia de la educación para el desarrollo de conductas saludables desde la infancia.
  
El estrés es otro de los factores de riesgo para el corazón y el cerebro. "Genera una actitud de alerta por un estímulo físico, emocional o del medio ambiente. Cuando una persona está estresada, su organismo genera sustancias que pueden ser dañinas como las catecolaminas y la adrenalina, lo que aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial", precisó Carlos Ingino, jefe de Cardiología de la clínica La Sagrada Familia, institución que en el marco del congreso brindará un simposio sobre neurocardiología. 

Estudios recientes revelaron que 1 de cada 3 ataques cerebrales son causados por enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular (FA), que es la arritmia más frecuente. En ese sentido, los especialistas remarcan la importancia que tiene la prevención con ecocardiogramas, monitoreo electrocardiográfico y el control del pulso arterial para detectar la FA.


"En la medida en que nuevos mecanismos de la interacción del eje cerebro-corazón sean reconocidos, mayor será la aplicación de dicho conocimiento en la práctica clínica", consideró el neurocirujano Pedro Lylyk, director de ENERI y La Sagrada Familia.


Fuente bibliográfica
La clave de la salud está en el cerebro, no en el corazón. Clarin.com [en línea] [sin fecha]. [Consulta: 16 octubre 2015]. Disponible en: http://www.clarin.com/buena-vida/salud/clave-salud-cerebro-corazon_0_1449455334.html. 
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