Mostrando entradas con la etiqueta Bibliotecas públicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bibliotecas públicas. Mostrar todas las entradas

19 jun 2017

Los futuros próximos de las bibliotecas públicas

Por: Mariano Vespa



Oráculo y depositario del saber y desarrollo humanos, las bibliotecas se encuentran sometidas a una transformación que reconfigura su rol no sólo en relación con los nuevos paradigmas digitales sino en sus visiones y alcances. Un relevamiento del estado de la cuestión con tres de los principales especialistas en el mundo: Hannelore Vogt, Gillian Daly y Alberto Manguel.

En el libro Historia de las bibliotecas (Ediciones Ampersand, 2015), Frédéric Barbier establece un recorrido sobre las evoluciones de las bibliotecas en Occidente. En relación con el presente, un contexto donde convergen nuevos modos de socialización, redes sociales y un mayor individualismo, la función de la biblioteca en tanto institución y representación tiende a desplazarse. Como institución,  “deberá representar el ideal de una sociedad fundada en el derecho natural, la cual plantea el imperativo de la igualdad”. Ese objetivo impulsa un compromiso mayor en la funcionalidad de la biblioteca: ya no sólo se trata de transferencia de contenidos o de preservación y apropiación del patrimonio colectivo, sino que se posiciona como un espacio de interacción.

Razón de ser
Gillian Daly, una de las responsables de la red que asesora y promueve a más de quinientas bibliotecas en Escocia (SLIC), estuvo de visita en Buenos Aires en marzo, invitada por la Fundación Filba y el British Council. En distintas capacitaciones a bibliotecarios y en una conferencia magistral, trasladó la experiencia de gestión en SLIC, sobre todo en relación con la manera de pensar las bibliotecas públicas en un presente proclive a la evanescencia:
—Creo que el propósito fundamental de las bibliotecas no ha cambiado. La gente dice que, debido a que vivimos en una era digital, no necesitamos bibliotecas, tenemos Google para encontrar información, tenemos Wikipedia, que sabe todo, pero en realidad en la era digital se ha vuelto más importante entender en qué información se puede confiar. Creo que hay más demanda de servicios de biblioteca y de ese ambiente, sobre todo para el tipo de apoyo que una biblioteca puede ofrecer: el acceso a información confiable, pero también sobre las habilidades del personal de la biblioteca y las comunidades de apoyo.

En sintonía, Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional (BN), considera que las bibliotecas superviven, en tanto su función no es monógama.
—Una biblioteca almacena todo tipo de documentos y textos, cualquiera sea su soporte: papel o pantalla, material o virtual. Desde los principios del lenguaje escrito hemos preservado nuestras palabras en soportes tan diversos como la arcilla, el caparazón de la tortuga, el bambú, el papiro, la piedra, los nudos de los quipus, el pergamino y el papel. Y una biblioteca debe preservar todo esto en la medida en que logre conseguirlo. Los textos virtuales son tan sólo una parte de nuestro acervo y la tecnología electrónica no es la última de las tecnologías que inventaremos para comunicarnos. Vendrán otras que no imaginamos ahora y a ésas también la biblioteca les reserva un lugar.

La Biblioteca Pública de Colonia (CPL) es pionera, no sólo por sus tempranas innovaciones en relación con el paradigma digital, sino por apostar al fortalecimiento de participación. No sólo ofrece un vasto catálogo, impreso y en e-book, sino que también proporciona asistencia en materia de educación y recreación a la población vernácula –cerca de un millón de habitantes– y a regiones cercanas, entre las que se incluyen otros países, como Luxemburgo o Bélgica. En 2015 fue galardonada como la mejor biblioteca del año. Hannelore Vogt, directora desde 2008, es una referente ineludible en la materia: ha escrito varios textos que aportan una nueva mirada sobre el alcance de las bibliotecas y es consultora en la materia en distintos puntos del planeta.

—La educación en el siglo XXI incluye la alfabetización digital, ya que el uso de nuevas tecnologías y redes sociales es esencial para la plena participación social. Las bibliotecas no son sólo lugares llenos de libros, sino que son vibrantes espacios de experiencia. No son sólo salas de lectura y lugares de silencio, sino lugares para conocer y aprender. Estimulan la acción y el hacer, pero también permiten que uno se tranquilice y se inspire. Un ejemplo interesante de esto proviene de Dinamarca. Se basa en las “Four rooms of change” [teoría del psicólogo sueco Claes F. Janssen]. Las bibliotecas deben seguir las tendencias tecnológicas y sociales y ajustar sus ofertas en consecuencia. La gente ya no quiere ser mera consumidora. Ellos quieren crear, ser activos y probar cosas nuevas. Quieren compartir sus ideas y conocimientos con otros.

Daly coincide en la importancia de las bibliotecas en la construcción de la ciudadanía, sobre todo en relación con las coyunturas político-mediáticas:
—Creo que son importantes para la democracia y creo que muchas de las cuestiones que estamos viendo a nivel mundial, en este momento, apuntan a que las personas están mal informadas sobre las decisiones políticas que están tomando. No sé si sucede lo mismo en Argentina, pero los medios están influyendo negativamente. El presidente Trump sigue tuiteando noticias falsas. Cualquiera puede publicar en un blog, sin antecedentes ni investigación, y puede ser considerado un hecho. Todas las librerías de la red son diferentes, pero estamos tratando de estandarizar los procesos, queremos que sea una experiencia mucho más igualitaria para que todos nuestros ciudadanos tengan acceso a los mismos apoyos para la educación, para el aprendizaje y para todas las otras necesidades a través de la vida.

Uno de los proyectos que desarrolla SLIC es “Every child a member”,  que fomenta la membresía desde niño, ya sea desde el nacimiento mismo o en la escuela. También sucede lo mismo en Colonia, a través del programa Bookbabys:
VOGT: Es importante comenzar con los niños tan pronto como sea posible. Por un lado para inspirarlos a leer, por otro lado las sinapsis para el lenguaje en nuestro cerebro se están desarrollando mejor en los primeros seis años de nuestra vida. Bookbabys es un programa especial para niños pequeños que es perfecto para comenzar el aprendizaje permanente y crea una relación especial con las bibliotecas desde muy temprana edad. Este es un tipo de terapia de biblioteca donde madres con niños de 0-2 años visitan la biblioteca una vez por semana para cantar canciones, decir rimas, bailar y divertirse mucho.

Manguel considera que se trata de una experiencia potencial para llevarse a cabo en la BN:
—Es una divisa excelente que a cada niño, junto al certificado de nacimiento, se le dé una tarjeta de lector para que la noción de identidad no sea sólo la de pertenecer a una determinada nación sino a la comunidad universal de lectores.

De la transacción a la interacción
Capacitaciones para el desarrollo de habilidades, asesoramiento en la confección de currículos, clases de comunicación, sesiones de información sobre salud, inclusiones a personas desprotegidas [ver recuadro], eventos culturales. El listado de las iniciativas que apuntan a la igualdad de oportunidades puede ser exhaustivo.

Según el sitio web de Mep Library, que reúne a miembros parlamentarios de la Unión Europea, en Europa más de cuatro millones y medio de personas acceden por primera vez a internet en una biblioteca pública y cerca de dos millones de usuarios lo hacen usualmente porque es el único espacio que tiene acceso gratuito. En un contexto donde la cifra de analfabetismo en la UE es del 20%, alrededor de un millón y medio de personas se acercan a las bibliotecas para capacitarse y luego aplicar a determinados trabajos. Aunque quizá no tenga el mismo grado de privaciones que otros países, en Escocia un 20% de la población no tiene acceso, fundamentalmente en las comunidades alejadas.
DALLY: queremos asegurarnos de que todo el mundo, sin importar de dónde procedan, tengan la oportunidad, y eso es muy difícil porque los dispositivos digitales suelen ser caros y todo se mueve tan rápidamente. Eso significa que es muy difícil para las personas mantenerse al día, lo mismo para las bibliotecas. Así que estamos muy enfocados en la capacitación de nuestro personal para que podamos estar al día con todas estas nuevas tecnologías.

En Argentina, gran parte de las bibliotecas populares nucleadas en Conabip permite el uso de computadoras en red y tiene clases de apoyo escolar o encuentros con artistas. Para SLIC, uno de los grandes desafíos para llevar adelante una biblioteca es concientizar a aquellos que por pudor –que no sepan leer o necesiten algún tipo de apoyo– no se acercan a la biblioteca.

V: En una era de comunicación digital y redes, se necesitan espacios para que las personas se reúnan y se comuniquen en persona. Junto a la casa y el trabajo, las bibliotecas se están convirtiendo cada vez más en un “tercer lugar” donde esto es posible. La importancia de las bibliotecas como lugares de encuentro es cada vez mayor. Otra distinción es que las bibliotecas, además de ser extremadamente democráticas, son una de las pocas plazas libres del comercio.

La concepción  de Vogt puede tomarse como un reverso o reescritura de  la frase de Nietzsche; en este caso,  donde termina la biblioteca, empieza el mercado. Desde 2013, CPL fomenta la participación interactiva del público mediante el Makerspace, laboratorios de creación y espacios de intercambio donde, por ejemplo, se digitalizan discos o se desarrollan podcasts. La biblioteca se convierte en catalizadora de experiencias creativas. En sintonía, SLIC ha realizado, en los últimos años, el hackatón Future Libraries, en el que distintos equipos de estudiantes, graduados o entrepeneurs, desarrollan innovaciones de productos o servicios para las bibliotecas. Tanto CPL como SLIC ofrecen, como un modo de vincular la participación y el ecosistema digital, infraestructura que va desde iPads, impresoras 3D, anteojos de realidad virtual o cúteres láser.

Las bibliotecas se pliegan a los entornos digitales con una activa participación en las redes sociales. En Escocia, gran parte de las bibliotecas se comunica con sus usuarios a través de Facebook. Daly cuenta que la biblioteca de Orkney, una de las islas del norte, ha recibido varios premios en todo el Reino Unido por la forma en que utilizan Twitter. El perfil @OrkneyLibrary tiene más seguidores que habitantes de la isla. Hace un año, cuando postearon sobre una actividad de su club de lectura, invitaron a J.K. Rowling a que participase del evento. La creadora de Harry Potter dudó, entonces la biblioteca le ofreció que si ella efectivamente los visitaba, llevarían lemon pie. Rowling no suele participar en eventos públicos, pero una ingeniosa conversación en Twitter posibilitó su visita. La BN también tiene una activa participación en @BNMMArgentina, no sólo en relación con la promoción de sus actividades y sus fondos, sino que también visibiliza archivos de otras bibliotecas y los cronogramas de distintas instituciones culturales argentinas. Manguel considera que cada nueva tecnología tiene influencia sobre la literatura:
—Toda tecnología, todo medio que usa las palabras –escritas, orales, iconográficas–, y por lo tanto todos los medios electrónicos, tienen su lugar en la biblioteca. Por ejemplo, a partir de Twitter, no sólo nacen las “verdades alternativas” de Trump sino también la forma poética similar al haiku japonés, determinada por la extensión de un tuit (140 caracteres) que usan varios escritores hoy, por ejemplo Margaret Atwood.

La nube de Babel
Uno de los tópicos relevantes a la hora de pensar las bibliotecas del futuro es cómo llevan a cabo sus políticas de digitalización. Los tres entrevistados coinciden en que desarrollar un plan masivo requiere una cantidad de recursos impensada, incluso podría demorar una centuria

V: Para una biblioteca pública, es importante ofrecer acceso móvil a los datos del catálogo, también a través del teléfono móvil, pero no tanto para ofrecer todo el contenido en línea. En Alemania tenemos un proveedor de servicios donde las bibliotecas pueden adquirir libros electrónicos y ofrecerlos a sus clientes. En Colonia, los usuarios de la biblioteca tienen acceso a 40 mil libros electrónicos. El proveedor de servicios está tratando con las editoriales sobre cuestiones de derechos de copia, por lo que no todas las bibliotecas tienen que hacerlo.

No bien asumió, Manguel declaró en algunas entrevistas la necesidad de actualizar el catálogo y llevar adelante un plan de digitalización del acervo. La BN tiene prevista una campaña para pedir donaciones con el fin de adquirir maquinaria para aumentar el ritmo de digitalización.

—Por el momento, estamos digitalizando obras de dominio público, sobre todo los documentos más frágiles, para permitir su consulta. Y el plan incluye, por supuesto, el acceso público. También estamos colaborando con otras bibliotecas nacionales para negociar cuestiones de derechos de autor, para poder proponer a los usuarios un acceso limitado a obras aún en derechos, lo que en casi todo el mundo se llama “fair use” (“uso legítimo o razonable”) de un texto para consulta, investigación, cita, etc.

La figura del uso legítimo no está tipificada en la ley de propiedad intelectual argentina, algo que en otros países está reconocido. Eso habla de la obsolescencia de la legislación local, pero también suscita discusiones a nivel internacional. El programa holandés de desarrollo Public Libraries 2020 ha impulsado una reforma de la ley de copyright, con la necesidad de ciertas excepciones para las bibliotecas que permitan mayor accesibilidad y una circulación transfronteriza de contenidos.

En varias de sus conferencias y apariciones públicas, Robert Darton –historiador del libro y la lectura– se preocupa porque Google lleva digitalizados alrededor de 30 millones de libros, un acervo de treinta bibliotecas, sobre todo porque detrás de eso hay una lógica comercial. Daly cree que Google es un asistente que aún no conocemos, imprevisibile e inmanejable como sus algoritmos.

—La gente necesita ser consciente de que, si bien el servicio es gratuito, su organización es comercial. De todas formas, creo que hay un montón de ejemplos de Google y otras organizaciones que trabajan bien con las bibliotecas, que tratan de apoyar nuestro trabajo y pueden tener un impacto positivo. En las bibliotecas de Glasgow, tenemos una iniciativa llamada Garaje Google. Google estableció un espacio masivo en la biblioteca y ofrece capacitación en habilidades digitales a los usuarios de la biblioteca.

Construir un horizonte colaborativo, accesible e inclusivo es una de las piedras filosofales de las bibliotecas públicas, que piensan a largo plazo, sin perder de vista las activaciones y alcances del presente. Acaso una de las mayores dificultades que atraviesan es la demanda de recursos técnicos y económicos pero, como señala Vogt, a veces puede suplirse con una estrategia creativa que genere pequeños logros.

Dos ejemplos de inclusión
Una de las apuestas que lleva adelante SLIC es el apoyo a las personas que viven con demencia. Por ejemplo, usan distintas colecciones de fotografías antiguas del vecindario para activar distintos recuerdos y que los usuarios gocen de cierto bienestar, dentro de sus posibilidades. También cuentan con accesibilidad para personas ciegas y disminuidas, a través de una cantidad superlativa de audiobooks. En Escocia –según cuenta Daly–, las bibliotecas fueron fundadas bajo el principio de igualdad y oportunidades para todos, entonces su propósito está en la adaptación de la infraestructura a las distintas necesidades. CPL, en cooperación con grupos de voluntarios, ha participado en actividades que integran a los refugiados que tienen el derecho a residencia, desde ofrecerles el lugar para aprender alemán u otros conocimientos hasta generar visitas guiadas a la biblioteca o apoyar proyectos de voluntarios locales. También incluye la posibilidad de apoyo escolar o lecturas multilingües de cuentos para los niños. Fue tal la demanda, que en 2015 inauguraron The Sprachraum, un piso cercano a la biblioteca, con más de cincuenta voluntarios, algunos de ellos también refugiados.

Digitalizar a largo plazo
“Será que el instituto tiene una fuerte influencia prusiana, porque pensamos de acá a cien años”, dice Peter Altekrüger, director de la biblioteca y subdirector del Instituto Ibero-Americano de Berlín. Una vez por año, Altekrüger visita Argentina para comprar distintos materiales e investigar en distintos stands de las provincias en la Feria del Libro: tiene que ver con las extensas colecciones que posee el instituto, que incluyen el archivo del antropólogo Robert Lehmann-Nitsche. Gran conocedor de las librerías porteñas, desde las más conocidas hasta las de los parques, Altekrüger ha puesto el énfasis en la digitalización de la colección completa de la mítica revista Radiolandia y de Tía Vicenta. La motivación es encontrar material relacionado con la cultura popular que no esté disponible online, y que implique una recuperación. Como sucede en muchas instituciones, las ansias por digitalizar se topan con un límite monetario finito. Por lo pronto, la biblioteca del instituto está por inaugurar una nueva locación, especialmente diseñada para la preservación de documentos originales, con las temperaturas y niveles de humedad adecuados para su preservación. El catálogo puede consultarse en www.iaidigital.de.


Fuente bibliográfica
VESPA, MARIANO, [sin fecha]. Los futuros próximos de las bibliotecas públicas | perfil. [en línea]. [Consulta: 20 junio 2017]. Disponible en: http://www.perfil.com/cultura/los-futuros-proximos-de-las-bibliotecas-publicas.phtml. 

22 may 2015

La delgada línea entre bibliotecas públicas y el uso compartido de archivos

Por: Rick Falkvinge


El propósito de las bibliotecas públicas es el mismo que el efecto que tiene el uso compartido de archivos. No se puede defender uno y atacar el otro.





Las bibliotecas públicas comenzaron a aparecer a mediados de 1800. En ese momento, las editoriales enfurecieron, pues llevaban un tiempo haciendo lobby para que el préstamo de libros fuera ilegal porque, en su opinión, leer un libro sin haber pagado antes era “robar”. Como consecuencia, consideraban que las bibliotecas públicas del momento eran un hervidero de criminales y robos (aquellas instituciones eran llamadas “bibliotecas por suscripción”, así que se les tildaba como organizaciones con ánimo de lucro, además).

En ese momento, el Parlamento británico, a diferencia de los políticos de hoy, estuvo en sabio desacuerdo con el lobby de la industria editorial. Los legisladores vieron el valor económico de tener un público educado y culto e introdujeron una ley que permitía la existencia de bibliotecas públicas gratuitas en 1850.

En otras palabras, hicieron excepciones explícitas al monopolio del derecho de autor para beneficiar el acceso a la cultura y el conocimiento. En buena parte de la legislación sobre derecho de autor actual dice explícitamente que los dueños de los derechos no pueden objetar la lectura y préstamo de sus trabajos en el contexto de las bibliotecas públicas. Este hecho puede ser rastreado hasta las discusiones de 1850.

¿Esto como difiere de la práctica de compartir archivos de hoy, de la manufactura de una copia propia del conocimiento y la cultura derivada de otras fuentes? ¿Hay alguna diferencia?

Sí, son diferentes. Son diferentes en cuanto a la eficiencia. Allí en donde las bibliotecas públicas pueden educar a un ciudadano a la vez por cada libro original, el uso compartido de archivos tiene el potencial de hacerlo con millones a la vez, todo con el mismo esfuerzo que ya se invierte.  
Las bibliotecas y el uso compartido de archivos no son diferentes en términos de pagos ante los titulares de derechos de autor (ante los dueños del monopolio). Es muy común escuchar que los autores reciben regalías cuando sus libros son prestados en una biblioteca. Esto no es cierto. Los autores reciben una porción de dinero muy diluida en la mayoría de países europeos, que está basada en las estadísticas de lectura de estas instituciones, pero no es una forma de compensación por la actividad en esa biblioteca en particular. La diferencia es crucial.

En cambio, ese dinero “proveniente de las bibliotecas” es una especie de subvención que se otorga de forma unilateral cuando se utilizan los datos estadísticos de las bibliotecas. No es cierto que los autores reciban dinero cuando sus libros son prestados. En algunos casos sí sucede, pero esto es apenas una coincidencia. Cuando un libro de Harry Potter es pedido en préstamo en una biblioteca pública en Suecia, por ejemplo, J.K. Rowling (la autora) no recibe un solo centavo por esto. Cosa que sí pasa con el traductor, como parte de un apoyo para promover la disponibilidad de la cultura en el idioma local, no para compensar al autor. La conexión entre préstamos y compensaciones puede ser derrotada con ejemplos triviales.

Las bibliotecas y el uso compartido de archivos no son diferentes en  el fin que persiguen. El propósito de estas instituciones es poner la cultura y el conocimiento gratuitamente a disposición de tantas personas como sea posible, tan sólo por los grandes beneficios socioeconómicos de tener una población educada y culta. ¿En qué difiere esto de lo que sucede cuando se comparten archivos?

Uno simplemente no puede defender las bibliotecas públicas y oponerse al uso compartido de archivos. Ambas cosas hacen parte del mismo fenómeno, sólo que uno es vastamente más eficiente que el otro. 

Durante la discusión de 1850, un editor argumentaba que, parafraseándolo, “no se puede permitir que la gente simplemente lea libros gratuitamente. Si hay una ley que avale esto, entonces ningún autor va a volver a recibir un centavo por sus libros de nuevo. No se van a escribir más libros si esta legislación es aprobada”. Tristemente, he perdido la fuente original de esta cita, que llegó a mí en febrero de 2009.

En efecto, ningún libro ha sido escrito desde 1850. Y ninguna película o pieza musical ha sido creada desde que, alrededor de 1999, se comenzaron a compartir archivos a gran escala a través de internet. La cosa ha sido así o, más bien, estos argumentos son falaces.

Hemos construido la biblioteca pública más grande de todos los tiempos. Toda la humanidad puede acceder al conocimiento colectivo de la especie 24 horas al día, siete días a la semana, y además contribuir a este repositorio comunitario. Todas las herramientas y la infraestructura necesarias están listas. No hay que invertir un solo centavo en dinero de los contribuyentes para lograrlo. Lo único que se necesita es remover las restricciones que hay para acceder a estos servicios. 

¿Por qué permitimos que una industria se interponga en el camino?


FALKVINGE, RICK 2015. La delgada línea entre bibliotecas públicas y el uso compartido de archivos. ElEspectador [en línea]. [Consulta: 22 mayo 2015]. Disponible en: http://www.elespectador.com/tecnologia/delgada-linea-entre-bibliotecas-publicas-y-el-uso-compa-articulo-560194. 

20 ago 2014

El principio del fin de las bibliotecas españolas

Por: Alfredo Álamo

Bibliotecas
La batalla a tumba abierta, cuchillo en mano, por arañar hasta el último céntimo de todo lo que huela a derechos de autor ha llegado, finalmente, a las bibliotecas públicas. El día 1 de agosto de publicó en el BOE el pistoletazo de salida al pago por préstamo en las bibliotecas, lo que supondrá, si nada lo cambia, el inicio de la desaparición y privatización de estos servicios.
La nueva ley, bueno, para ser exactos un Real Decreto, impone un pago por parte de los centros públicos en localidades de más de 5.000 habitantes por cada libro prestado y cada usuario de la biblioteca. Esto no quiere decir que como usuario vayas a pagar algo cada vez que saques un libro, sino que este pago vendrá a cargo de los presupuestos de la biblioteca. ¿Qué quiere decir esto? Que cuantos más libros se presten, menos dinero habrá para comprar nuevos libros, mejorar los sistemas informáticos o realizar actividades de promoción de la lectura. Hay que decir que esto viene de lejos, de una directiva europea que, según se dijo, no afectaría directamente a los centros ya que el estado iba a destinar una partida presupuestara aparte. Claro.
Este atraco a la cultura pública, denominado derecho de remuneración a los autores por los préstamos de sus obras realizado en determinados establecimientos accesibles al público, supone la culminación de una constante persecución a las bibliotecas públicasque lleva años en marcha, primero con constantes reducciones de presupuesto y últimamente tratando de sustituir a bibliotecarios con parados de larga duración, siempre con la idea final, aunque no lo digan, de privatizar estos servicios y desentenderse de la gestión y desarrollo de las bibliotecas públicas.
Por si fuera poco, este pago que se realizará por cada préstamo será gestionado por empresas privadas gestoras de derechos de autor. No hace falta que diga aquí cómo suele ser el reparto que se hace de este dinero, sobre todo teniendo en cuenta que no importa si los libros prestados están sujetos a derechos o no en la actualidad: todo préstamo generará un pago, que luego será repartido quién sabe cómo, a quién o dónde.
Hasta ahora, a muchos autores se les llenaba la boca acusando a los llamados piratas de libros, mandándolos a las bibliotecas públicas, diciendo que ahí podían encontrar sus libros «gratis». Espero que salgan todos a defender estas entidades y dejando claro que la cultura pública y las bibliotecas son un bien fundamental de nuestra sociedad.

19 may 2014

Argentina, ejemplo de bibliotecas populares

Por: Yanet Aguilar Sosa
El alto índice de lectura en esa nación se debe en gran parte a un proyecto del Estado. Coordinadores compran con dinero público los libros que necesita su comunidad.
En las Bibliotecas Populares son los propios coordinadores de los 2 mil recintos los que deciden qué comprar, cuántos ejemplares de cada título adquirir y qué estrategias van mejor para cada grupo social que atienden, a diferencia de México, donde el acervo de cada sala de lectura es seleccionado desde el centro del país. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina
En Argentina, considerada la nación más culta del continente, se leen 4.6 libros al año por habitante. Ello, gracias al programa pionero en América Latina de Bibliotecas Populares, fundado en 1870. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina

El país sudamericano se mantiene como el país con mayor trabajo en el ámbito del fomento a la lectura y el libro con 2 mil 56 librerías, más de 740 editoriales y más de 128 ferias de libro anuales. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina

A las 150 bibliotecas generales, nacionales, estatales, o provinciales, se suman los 2 mil espacios registrados en la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), organismo dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación. Cortesía Comisión Nacional de Bibliotecas Populares de Argentina

Nadie como el bibliotecario sabe qué requieren sus usuarios. Ese es el punto de arranque de los acervos que conforma cada una de las 2 mil Bibliotecas Populares que existen en Argentina, en un programa pionero en América Latina que fue fundado en 1870 y tiene 144 años de historia.
En esa nación que todavía es considerada la más culta de América Latina, se leen 4.6 libros al año por habitante según datos del más reciente estudio del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, CERLALC-UNESCO. Frente a los 2.9 libros al año que leemos los mexicanos, según la Encuesta Nacional de Lectura 2012.
Aun cuando en el estudio realizado en 2012 por el CERLALC-UNESCO, Chile se sitúa como el país en el que se leen 5.4 libros al año por habitante, Argentina se mantiene como el país con mayor trabajo en el ámbito del fomento a la lectura y el libro. Se trata de un país con más de 2 mil 56 librerías —aunque buena parte se concentran en Buenos Aires—, con más de 740 editoriales, con más de 128 ferias de libro que se hacen año con año en todo el país; y el mayor número de bibliotecas en su territorio.
A las 150 bibliotecas generales, nacionales, estatales, o provinciales, se suman los 2 mil espacios registrados en la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), organismo dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación que fomenta el fortalecimiento de las bibliotecas populares en tanto organizaciones de la sociedad civil e impulsa su valor como espacios físicos y sociales relevantes para el desarrollo comunitario y la construcción de ciudadanía.
El proyecto de Bibliotecas Públicas podría ser semejante al Programa Nacional de Salas de Lectura que existe en México, sin embargo las diferencias son tremendas y muy notables. Mientras que en nuestro país el acervo de cada sala de lectura es seleccionado desde el centro del país y se envía igual a una biblioteca rural en Oaxaca o Chiapas, que a una urbana en Iztapalapa o Toluca; en las Bibliotecas Populares son los propios coordinadores de los 2 mil recintos los que deciden qué comprar, cuántos ejemplares de cada título adquirir y qué estrategias van mejor para cada grupo social que atienden.
La estrategia de adquisición no es nada complicada. Todos los años, CONABIP lleva adelante un proyecto llamado Libro por ciento, que consiste en que todos los coordinadores de las bibliotecas populares de todo el país, a través de un subsidio, de fondos que provienen del Estado, llegan a la Feria del Libro de Buenos Aires y eligen los libros propios que su comunidad les demanda, los compran a 50% de su valor y regresan a sus comunidades con cajas repletas de su nuevo acervo.
Así lo hacen desde hace nueve años y así lo harán entre hoy y el domingo, durante los últimos tres días de la 40 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Gabriela Adamo, directora de la Feria del Libro y directora de la Fundación El Libro, asociación civil que colabora con el fomento del libro y la lectura en Argentina, asegura que en el país hay una gran tradición de librerías y un gusto muy importante por los libros.
“Libro por ciento es un programa indisoluble de la feria y único en el mundo en el cual el gobierno se hace cargo de invitar a todos los bibliotecarios de todas las bibliotecas populares que son miles, los trae a Buenos Aires, les paga el viaje, el hotel y les da un subsidio para que puedan comprar ellos los libros que sus lectores quieren; nosotros tenemos montado el correo que les manda los libros que compran directo a sus pueblos, a veces muy chiquitos; es muy emocionante cuando uno los ve llegar, no es que alguien desde la capital les seleccionó qué es lo que se debe leer en Santa Cruz sino que el bibliotecario elige qué compra y se va feliz”, señaló la promotora.
Un país que fomenta la lectura
El ministro de Educación de Argentina, Alberto Sileoni, aseguró que se trata de un proyecto mayor que se engloba en el Plan Nacional de Lectura en Argentina: encuentros con escritores, capacitación de promotores y bibliotecarios, formación de docentes, estudios de investigación, estrategias de fomento a la lectura, colecciones de libros que se reparten en las escuelas públicas y proyectos bibliotecarios escolares y de aula.
“Más libros en el aula, más libros en la educación suman democracia a la democracia y garantizan igualdades de oportunidades” aseguró el ministro, quien reconoció que han capacitado a mil 400 docentes y que este año capacitarán a 300 mil más. Alberto Sileoni también dijo que han repartido más de 67 millones de libros.
“Este año vamos a distribuir 3 millones de libros de texto más; vamos a seguir trabajando en las 130 mil bibliotecas de aula, un proyecto que arrancó el año pasado y que sigue el modelo mexicano que arrancó en 2002. La biblioteca de aula genera autonomía de lectura, es una estrategia novedosa porque es tener el libro al alcance de la mano, en escuelas rurales, en escuelas urbanas, en escuela en contexto de encierro”, dijo el ministro.
Este año, Argentina destinó 10 millones de pesos para la compra de libros en las 2 mil Bibliotecas Populares de todo el país, desde la más chiquita que se encuentra en Florida hasta la de mayor tamaña ño que está en la capital. Además son espacios que aunque reciben recursos del gobierno trabajan de manera independiente; deben cumplir reglas para mantener el registro y el subsidio, pero también cualquier grupo de la sociedad de cualquier provincia puede organizarse como sociedad civil y solicitar la instalación de una Biblioteca Popular.
Es un proyecto tan noble que entre los “Amigos de las Bibliotecas Populares” se encuentran personalidades como Roberto Fontanarrosa, Mercedes Sosa, Norberto Galasso y Quino, que apoyan el fomento del libro y la lectura.
Fuente:http://www.eluniversal.com.mx/cultura/2014/impreso/argentina-ejemplo-de-bibliotecas-populares-74193.html

14 mar 2014

Las bibliotecas como redes de conocimiento

Por: Joaquín Rodríguez 
En el estupendo Library: an unquiet historyMatthew Battles escribía que el origen de las bibliotecas públicas -más allá de las bibliotecas clásicas y restringidas de la antigüedad- tenía mucho que ver con las revueltas obreras de mediados del siglo XIX y principios del XX, con la desestabilización social que la confrantación de clases provocó y con el reconocimiento contiguo, por parte de las élites intelectuales y económicas, de la necesidad de proporcionar a las masas obreras de formación básica universal y de acceso a los contenidos tenidos indispensables. Una apertura que tenía menos que ver, seguramente, con el altruismo puro de las clases ilustradas que con la creacion de un “espacio de civilización” y domesticación “del niño obrero” tal como aseguraran hace ya tiempo Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría en ese libro olvidado titulado Arqueología de la escuela.
Sea como fuere, la cuestión es que en las bibliotecas públicas se proporcionaba acceso a determinados contenidos en la forma y manera que la tecnología del momento determinaba: esto es, en el formato del libro en papel encuadernado y ordenado según las materias de los Thesaurus que se hubieran utilizado. Esa misma tecnología demandaba un consumo individual y silencioso del contenido prestado, y el espacio mismo de las bibliotecas se diseñó con el propósito de preservar tanto el supuesto orden del conocimiento como el de la privacidad de la lectura. El tiempo fue evolucionando y con él los soportes y las necesidades de los lectores, y las bibliotecas públicas fueron añadiendo nuevos recursos (Microfilms, CDs, DVDs, videos, terminales de ordenadores) y diseñando nuevos espacios para acoger las demandas de un público que demandaba algo más que la mera consulta callada de los contenidos que prestaba.
En el documento Plan estratégico del Consejo de Cooperación Bibliotecaria 2013-2015 y en el aún más reciente e interesante Prospectiva 2020, Estudio de Prospectiva sobre la biblioteca en el entorno informacional y social, se apuntan ya algunas de las ineludibles líneas de desarrollo de la futura biblioteca pública. Destacaré tres de ellas, las que a mi juicio más tienen que ver con uno de sus desarrollos más prometedores, las de convertirse en nodos de una red de generación de conocimiento:
  • la creación de comunidades activas de usuarios y lectores dentro de las bibliotecas, usuarios a las que debería invitarse a cogestionar parte del conocimiento que la biblioteca posee y genera;
  • la concepción de la biblioteca pública como un Agora o un espacio social de desarrollo del conocimiento y de la participación ciudadana, espacio en el que se oferten herramientas y recursos para su empoderamiento y capacitación, lugar que incorpore físicamente a su diseño esos nuevos lugares en los que hacer, pensar, dialogar e intercambiar sean tan indisolubles como factibles;
  • la conceptualización de la biblioteca como un espacio híbrido, flexible y acogedor al servicio de la sociedad, adaptado a los nuevos servicios comunitarios que oferte;
No es quizás casualidad que en el próximo Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, que tiene como lema “Conectamos contigos”, una de sus tres líneas fundamentales de trabajo sea, precisamente, la “participación ciudadana: Cooperación ciudadana, ante la situación de incertidumbre que atraviesan las bibliotecas; supervivencia de las bibliotecas; cómo los ciudadanos intervienen para perfilar las actividades de las bibliotecas y cómo colaborar con ellas; posible gestión participativa de las bibliotecas; experiencias de inclusión social; multiculturalidad, accesibilidad en el sentido más amplio; Asociaciones de Amigos de Bibliotecas”.
Las bibliotecas escandinavas, más atrevidas aún, se atrevieron a vislumbrar hace algunos años cuál sería el aspecto de las bibliotecas públicas en 2040. En todo caso, poco tiene que ver el aspecto de estas nuevas bibliotecas con las que muchos de nosotros conocimos, y en esto la prospectiva hasta el 2020 es igualmente valiosa.
Las bibliotecas serán, en consecuencia, algo más parecido a un centro de recursos en el que la información se consulte pero, también, se genere, se difunda y se comparta, de manera que cada una de ellas se convierta en una plataforma que muestre lo que sus bibliotecarios y sus usuarios saben o necesitan saber. Herramientas de software libre como Gnowledge (Gstudio), que podrían integrarse en la gestión de la biblioteca, sirven para crear y comentar nodos, para añadir etiquetas y genear taxonomías sociales, para crear colecciones a partir de los intereses de los usuarios poniendo de manifiesto las relaciones que vinculan a distintos recursos, para crear grupos de trabajo de personas que comparten intereses afines. Si se habla de cogestión y participación y se pretende abrir a los usuarios el espacio de la biblioteca, necesitamos dotarnos de herramientas que nos permitan hacerlo. No hace falta, o al menos no es estrictamente necesario, que los bibliotecarios echen manos de colecciones prefabricadas, como las que ofrece BiblioBoard, porque los propios usuarios podrían asumir la tarea de generar colecciones o agrupaciones significativas de contenidos.
La gestión de fuentes y colecciones digitales híbridas y su eventual préstamo, constituye otro de los quebradores de cabeza de las nuevas bibliotecas, y ahí pueden echar mano de ofertas comerciales para contenidos sometidos a derechos (ODILO es, quizás, la que mejor comprende las necesidades de compra en firme y custodia que demandan los bibliotecarios y la que solicita márgenes comerciales más razonables a los editores) o de proyectos de software libre y abierto, como el de LibraryBox 2.0., que permiten la distribución de contenidos de libre acceso de una manera autónoma, sencilla y económica.
Las bibliotecas tenderán a convertirse en redes de conocimiento en las que los usuarios aporten activamente el fruto de sus pesquisas, de sus indagaciones y sus investigaciones, de sus proyectos y sus quehaceres, dentro de un espacio que deberá acomodarse a esas nuevas dinámicas y necesidades.

Fuente: http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2014/03/13/136376

8 sept 2013

Biblioteca en extinción

Por: Diego Aristizábal



En este país con muchísima frecuencia se abre una nueva sede de un banco, un nuevo centro comercial y dentro del centro comercial una marca que se repite sin dejar de ser rentable. Pero resulta que cuando se abre una nueva biblioteca pública en un sector, siempre aparece la amenaza de cierre de la biblioteca que durante años había construido un patrimonio interesante; por lo visto tener más de dos bibliotecas en una zona, para algunos, es un capricho que no quieren sostener. 


Una vez más se comprueba cómo muchos ven con tremenda indiferencia lo que representa una biblioteca para las personas y algunos gobernantes apenas se aferran a una escueta ley (1379) que obliga a los municipios a tener una biblioteca pública. ¡Una… Como si entonces el asunto fuera cumplir con la tarea y ya está. Como si una cancha de fútbol o una sala de cine fueran suficientes, como si apenas estos personajes creyeran que esto de abrir bibliotecas fuera una obligación, no un plan serio de desarrollo en la sociedad. 

A mí esta miopía me da tristeza, y por eso me resulta un poco aterrador que sólo hasta el 15 de diciembre la Alcaldía de Envigado ayude a mantener la Biblioteca José Félix de Restrepo y luego ellos verán qué hacen, porque después de esa fecha el 50 % de los aportes que les daban deberá destinarse al sostenimiento de la nueva biblioteca Débora Arango.

A lo largo de la historia las bibliotecas públicas han formado miles de lectores, es el caso de Ray Bradbury, quien alguna vez le dijo al New York Times que estaba indignado por la medida del Estado de California de cerrar una biblioteca pública; por eso manifestó su apoyo en una colecta pública para recaudar fondos y salvar la biblioteca H.P. Wright. Bradbury, como muchos otros escritores, fue criado en las bibliotecas al no tener dinero para ingresar a la universidad.

En Argentina, cuando se desató el "corralito financiero", se llegó a pensar que la gente dejaría de leer al no tener dinero, pero lo que pasó fue todo lo contrario, en las bibliotecas públicas aumentaron considerablemente los usuarios. 

Cuando las alcaldías optan por destinar apenas lo "justo", lo "indicado" a la cultura, los habitantes, los usuarios deben resaltar la importancia que tiene una biblioteca y no pueden resignarse a ver cómo se cierran las puertas. En Estados Unidos, por ejemplo, aparte de que existe una red maravillosa de bibliotecas públicas (muchas en una misma zona), también hay bibliotecas que los mismos habitantes decidieron construir y mantener a través de donaciones, de bazares, etc. Ellos saben que las bibliotecas les sirven y por eso no quieren que se cierren nunca ni que todo dependa de un Gobierno. Creo que es el momento de que los habitantes de Envigado muestren su filantropía, su bibliofilia, se organicen y hagan todo lo posible para que este espacio que ha estado abierto por más de 60 años siga así por muchísimos libros más.

26 jun 2013

Manifiesto de la UNESCO en favor de las Bibliotecas Públicas

Una puerta abierta al conocimiento

La libertad, la prosperidad y el desarrollo de la sociedad y de la persona son valores humanos fundamentales que sólo podrán alcanzarse si ciudadanos bien informados pueden ejercer sus derechos democráticos y desempeñar un papel activo dentro de la sociedad. La participación constructiva y la consolidación de la democracia dependen de una buena educación y de un acceso libre e ilimitado al conocimiento, el pensamiento, la cultura y la información.

La biblioteca pública, paso obligado del conocimiento, constituye un requisito básico de la educación permanente, las decisiones autónomas y el progreso cultural de la persona y los grupos sociales.

Este Manifiesto proclama la fe de la UNESCO en la biblioteca pública como fuerza viva de educación, cultura e información y como agente esencial de fomento de la paz y los valores espirituales en la mente del ser humano.
Así pues, la UNESCO alienta a las autoridades nacionales y locales a que apoyen las bibliotecas públicas y participen activamente en su desarrollo.


La biblioteca pública

La biblioteca pública es un centro de información que facilita a los usuarios todo tipo de datos y conocimientos.

La biblioteca pública presta sus servicios sobre la base de igualdad de acceso de todas las personas, independientemente de su edad, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma o condición social. Debe contar además con servicios específicos para quienes por una u otra razón no puedan valerse de los servicios y materiales ordinarios, por ejemplo, minorías lingüísticas, deficientes físicos y mentales, enfermos o reclusos.

Es menester que todos los grupos de edad puedan contar con materiales que correspondan a sus necesidades. Los fondos y servicios bibliotecológicos deben incluir todos los tipos de medios y tecnologías modernas, así como materiales tradicionales. Son fundamentales su buena calidad y su adecuación a las necesidades y condiciones locales. Los materiales deben reflejar las tendencias actuales y la evolución de la sociedad, así como la memoria del esfuerzo e imaginación del ser humano.

Ni los fondos ni los servicios estarán sujetos a forma alguna de censura ideológica, política o religiosa, ni a presiones comerciales.

Finalidad de la biblioteca pública
Los servicios que presta la biblioteca pública se articularán en torno a los siguientes objetivos relacionados con la información, la educación y la cultura:
  1. crear y consolidar el hábito de la lectura en los niños desde los primeros años;
  2. prestar apoyo a la autoeducación y la educación formal de todos los niveles;
  3. brindar posibilidades para un desarrollo personal creativo;
  4. estimular la imaginación y creatividad de niños y jóvenes;
  5. sensibilizar respecto del patrimonio cultural y el aprecio de las artes y las innovaciones y logros científicos;
  6. facilitar el acceso a la expresión cultural de todas las artes del espectáculo;
  7. fomentar el diálogo intercultural y favorecer la diversidad cultural;
  8. prestar apoyo a la tradición oral;
  9. garantizar a todos los ciudadanos el acceso a la información comunitaria;
  10. prestar servicios adecuados de información a empresas, asociaciones y agrupaciones;
  11. contribuir al mejoramiento de la capacidad de información y de las nociones básicas de informática;
  12. prestar apoyo a las actividades y programas de alfabetización destinadas a todos los grupos de edad, participar en ellas y, de ser necesario, iniciarlas.
Financiación, legislación y redes

La biblioteca pública será en principio gratuita.
La biblioteca pública estará bajo la responsabilidad de las autoridades locales y nacionales. Deberá estar regida por una legislación específica y financiada por las autoridades nacionales y locales.

Deberá ser componente esencial de toda estrategia a largo plazo de cultura, información, alfabetización y educación.

Para lograr una coordinación y colaboración nacional, la legislación y los planes estratégicos deberán definir y promover una red nacional de bibliotecas, basada en normas aceptadas de servicios.

La red de bibliotecas públicas deberá concebirse en relación con las bibliotecas nacionales, regionales, especiales y de investigación, así como con las bibliotecas escolares y universitarias.

Funcionamiento y administración
Deberá formularse una política clara que defina objetivos, prioridades y servicios en relación con las necesidades de la comunidad local. La biblioteca pública deberá organizarse eficazmente y deberán mantenerse parámetros profesionales de funcionamiento.

Deberá establecerse una cooperación con los interlocutores pertinentes, por ejemplo, grupos de usuarios y demás profesionales a nivel local, regional, nacional e internacional.

Los servicios deberán ser accesibles a todos los miembros de la comunidad, lo que supone edificios bien situados, buenas salas de lectura y estudio, tecnologías adecuadas y un horario suficiente y apropiado. Supone asimismo servicios de extensión para quienes no pueden acudir a la biblioteca.

Los servicios bibliotecológicos deberán estar adaptados a las necesidades de las distintas comunidades rurales y urbanas.

El bibliotecario es un intermediario activo entre los usuarios y los recursos. Es indispensable su formación permanente para que pueda ofrecer servicios adecuados. Habrán de establecerse programas de extensión y de formación del usuario con objeto de ayudarles a sacar provecho de todos los recursos.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...