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27 oct 2018

Cuándo abandonar un libro sin culpa

Por: Daniel Pasik




Los best sellers, los más dejados

A veces aburre, pero ¿lo mejor vendrá después? Aquí, qué es lo que más se deja y las estrategias de varios escritores.


¿Por qué dejar un libro da tanta culpa? Sin embargo, sucede. O si no, en muchos casos debería suceder. Hay que hacerlo. Se hace. La red social Goodreads es la mayor comunidad de reseñas: allí los lectores son quienes recomiendan y comparten experiencias de lectura. Uno de los ítems más importantes a completar, y que más se consulta al buscar qué leer, es si llegaron o no al final. Porque sí, hasta los lectores más devotos dejan lo que no les interesa.

Sin embargo, abandonar un libro no es tan fácil como se supone. Aunque cueste, aburra o no termine de agradar muchos sienten esa especie de pulsión que los hace seguir hasta el final aunque no la pasen bien. ¿Es la culpa por no terminar algo o la bronca por haber gastado dinero en vano? Sí, esos son dos de los motivos, que pueden combinarse. 

Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.
 Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.

Los más abandonados
Curiosamente, entre las lecturas más abandonadas de Goodreads figuran varios best sellers, como Una vacante inesperada, de J.K. Rowling, 50 sombras de Grey, de E.L. James, o Comer, rezar, amar, de Elizabeth Gilbert. Entre los motivos, se destaca la poca congruencia entre expectativa y realidad.

Otros en la lista son algunos clásicos, como Moby Dick, de Herman Melville; el Ulises, de James Joyce, o hasta El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, y la saga de Harry Potter, también de la autora británica que encabeza la lista este año con su primera novela para adultos.

La vida alcanza para cierta cantidad de lecturas, y tiene poco sentido desperdiciar ese tiempo con algo que no funciona. Además, empecinarse en un libro que no interesa lo suficiente termina agotando al punto de que al final, se lee menos. La gran duda, entonces, es ¿hasta dónde se debería forzar la lectura? ¿Cómo saber cuándo es necesario abandonar? Según los testimonios de los usuarios de Goodreads, casi la mitad de los lectores le dan entre 50 y 100 páginas a un libro antes de decirle adiós.

Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas"                                    Betina González. Escritora

Dejar un libro puede ser síntoma de madurez “Para escribir, en cierto momento, hay que obligarse a ciertas lecturas. El lector ‘común’ por supuesto tiene todo el derecho de leer sólo lo que le gusta. Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas. Ya le llegará, si cabe, el año en que un libro que dejó de joven lo llame y lo atrape”, dice Betina González, que acaba de publicar la antología de relatos El amor es una catástrofe natural (Tusquets, 2018).

“En mis veintes me obligaba a terminar un libro aunque no me gustara y estuvo bien haber sido una lectora disciplinada, porque se aprende en el insistir y en la dificultad. Incluso si te aburre, aprenderás algo de ese aburrimiento”, cuenta González, autora de novelas como Arte menor(Alfaguara, 2006) y Las poseídas (Tusquets, 2013). “Ahora soy una lectora mucho más hedonista. Un libro tiene que captarme ya sea desde la historia, desde el lenguaje o desde la voz que cuenta. Lo ideal, claro, es que capte desde los tres”.

Si dejo un libro es muy rápido"
                                                                      Ricardo Romero. Escritor

A Ricardo Romero, autor de, entre otras novelas, El conserje y la eternidad (Alfaguara, 2017), le pasa algo similar que a González. Ahora solo leo y releo con gula. Si dejo un libro es muy rápido y, en general con el instinto ya afinado a mis gustos, casi que ni lo empiezo. Ahora soy capaz de leer con mayor intensidad. Leo más despacio que antes, pero con mayor compromiso”, dice.

La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel". Foto de NORA MAZZINI
La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel".                         Foto de NORA MAZZINI

 Gabriela Cabezón Cámara, autora de La virgen Cabeza (Eterna Cadencia, 2009) y Las aventuras de la China Iron (Random House, 2017), entre otros hits, va a lo concreto y práctico: “No me genera ninguna culpa dejar un libro. Algunos, los pospongo para otro momento. Otros, para nunca jamás. Hay demasiado placer esperándome en la lista de libros por leer, que es una lista orgánica, en constante crecimiento, una especie de serpiente infinita”.

Con Hamlet, el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí"
                                                  Julián López. Escritor

Julián López, autor de la celebrada Una muchacha muy bella (Eterna Cadencia, 2013), dice que deja libros sin problemas: “porque no me hablan, porque mis competencias son exiguas y me hundo, porque me distraigo, por vago. Pero también porque a veces me hablan muy directamente, me complican muy directamente”.

James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".
James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".

López, autor de la reciente La ilusión de los mamíferos (Random House), cuenta algo que le pasó con Hamlet, que tuvo que abandonarlo un tiempo hasta que llegó su momento. “Creo que tenía 18 cuando empecé a leerlo, en un momento estaba tan manija que el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí. A veces sostener el fuego no es posible y creo que en mi escritura siempre aparece esa marca: vengar a los muertos o tener vida propia. Tardé bastante en volver, en poder terminarlo”, recuerda.
Intenté entrarle a "El Código Da Vinci"  pero era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página"
                                                                               Gabriela Cabezón Cámara. Escritora

“Me costó mucho empezar a abandonar libros. Soy optimista y tiendo a creer que la página siguiente puede tener algo que me guste o sorprenda. Cuando empecé a abandonar lecturas no fue por haber perdido el optimismo, sino porque se trasladó al siguiente al libro que tenía en mi lista”, explica Romero, que recomienda: “señora, señor, suelte el diario, deje de pavear y lea ese libro que tiene en la mesa de luz hace cinco meses".

Cabezón Cámara dice que a veces ella es la que deja los libros, pero otras son los libros los que la abandonan a ella. “Recuerdo que cuando era un boom mundial intenté entrarle a El Código Da Vinci para ver qué le gustaba tanto a tanta gente. Era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página. En el extremo opuesto, me pasó con el Ulises de Joyce que casi me desmayo de embole con algunos fragmentos”.

Tres claves
Betina González, con ánimo de servicio y por si “a alguien le sirve de consejo”, detalla tres “casos fijos” en los que abandona un libro. 

“Uno es cuando en la página dos ya sé todo lo que va a pasar. Otro, si en el primer párrafo descubro tres errores de concordancia verbal o adjetivos que sobran y otros clichés al punto que quiero ir a agarrar un lápiz para corregir. Y, finalmente, cuando el escritor o escritora juega a la ‘falsa dificultad’ porque no ha encontrado el mejor modo -el más simple y elegante que la lengua le permite- para contar lo que quiere y entonces se escuda en un tono pretencioso, en una falsa experimentación”.


Fuente bibliográfica 
PASIK, DANIEL, [sin fecha]. Cuándo abandonar un libro sin culpa - 09/10/2018 - Clarín.com. [en línea]. [Consulta: 28 octubre 2018]. Disponible en: https://www.clarin.com/cultura/hora-dejar-libro-culpa_0_iTyE45k6A.html

17 sept 2018

¿A dónde van los libros que no venden?: entre la guillotina, el saldo y los regalos

Por: Silvina Premat

Pasado un tiempo, las editoriales grandes no quieren seguir pagando los costos del depósito; las estrategias de los autores para salvar su obra y que sus títulos sean leídos
¿A dónde van los libros que no venden?: entre la guillotina, el saldo y los regalos


"Recibí un mail de la editorial informándome que tenían 1500 ejemplares en un estado en el que no se podían vender. Me comunicaban que iban a destruirlos y me ofrecían que, si quería algunos, podía retirarlos del depósito. Fue un shock porque creía que el libro se vendía muy bien". La anécdota es de Laura Ramos en referencia a Corazones en llamas, la reedición de su libro en coautoría con Cynthia Lejbowicz, pero evoca una situación por la que atraviesan muchos autores en virtud de un hecho poco difundido y sobre lo que algunos prefieren no hablar: la guillotina como destino final de los libros.

Una práctica común en las grandes editoriales del mundo, y también en nuestro país, la destrucción de libros es impulsada no ya por razones ideológicas como en los regímenes autoritarios, sino por la dinámica del mercado editorial. La necesidad de hacer lugar en los depósitos, propios o alquilados, en los que se almacenan los ejemplares no vendidos y reducir los costos pone en marcha todos los años para esta fecha, en previsión del cierre de los balances, un procedimiento similar en las diferentes empresas.

"Antes de llegar a esa instancia se evalúan donaciones, venta interna en la editorial y venta al autor", cuenta a LA NACION la gerenta de Marketing y Comunicación de Penguin Random House, Valeria Fernández Naya, quien para hablar de la eliminación de libros recurre a un eufemismo. "No se destruyen, se reciclan y se utilizan para otros libros", afirma e insiste en que la destrucción "es el último recurso" y en que en siete años de trabajo supo solo de tres libros que fueron al picadero de papel. Agrega que "es un tema muy delicado porque según cómo se aborde" puede generar conflictos "por lo que representa en la Argentina la destrucción de libros". Tal precaución lleva a la multinacional con la que PRH comparte la representación de la mitad del mercado editorial argentino, el Grupo Planeta, a no atender a la prensa. "No se podrán brindar los datos requeridos ya que es información confidencial de la empresa a nivel global", fue la respuesta de ese grupo editorial a la solicitud de LA NACION. No obstante, se sabe que también Planeta destina a la guillotina buena parte de los ejemplares que tienen al menos dos años de publicación y son devueltos por las librerías por falta de venta o por estar fallados.

La eliminación de libros llegó al país con el crecimiento de la industria y de la mano de los grupos empresariales que hoy tienen una treintena de sellos y que publican un promedio de 40 nuevos títulos cada mes -entre 500 y 700 por año- con tiradas de entre 2000 y 50.000 ejemplares o más. Errores en los cálculos de ventas al decidir la tirada o imponderables del mercado se traducen en cientos de miles, y hasta millones, de ejemplares que se van acumulando en los depósitos.
La falta de información precisa alimenta mitos que no llegan a desmentirse.

"Cuando fui a buscar algunos ejemplares estaba compungido por lo que percibía como un cierto fracaso. Un empleado de la editorial que me ayudó a llevarlos hasta el auto intentó consolarme; me dijo que estaba contactando a otros escritores por lo mismo y que me quedara tranquilo que no serían como los nazis que destruían libros, sino que ellos los reciclaban y con eso hacían maples para huevos...", comenta otro autor que, por la seriedad de su interlocutor, se fue convencido de haber salvado al menos dos centenares de libros de esa suerte.

Fernando Fagnani, editor de Edhasa que, por política editorial, no destruye ni salda libros, llama a "desacralizar la cuestión". Considera que "es importante dejar de ver al que destruye un libro como un delincuente porque eso es un disparate”. Publicar 500 novedades en un año es muy meritorio y tener que destruir algunos es un efecto colateral y una práctica legítima. Me parece que hay un purismo con los libros que lo entiendo como lector, pero desde el lado de la editorial es totalmente lógico. “Hacer un culto por el libro en sí no tiene mucho sentido".
Como otras editoriales medianas o pequeñas, Edhasa publica un promedio anual de treinta títulos y con tiradas de entre 1500 y 3000 ejemplares. "Son apuestas editoriales diferentes. Los más grandes apuestan por el público y si el lector no está tienen que hacer algo porque no pueden tener en el balance y en los depósitos cientos de miles de ejemplares, que son un costo importante, en honor a nada porque se sabe que la ruleta no vuelve a pasar por ahí", explica Fagnani al referirse a libros que "difícilmente tengan una sobrevida" porque, por ejemplo, tratan temas coyunturales. "Cuando la apuesta es más a la literatura o los ensayos no se acumula tanto stock y los riesgos son menores. Puede pasar que apostás por autores que a lo mejor no venden mucho en el primer libro, sino con el segundo o tercero unos años después", continúa Fagnani, para quien "las gestiones chicas son más intensivas, con pocos libros publicados; aunque esto no quiere decir que salga bien".

María Teresa Carbano, directora de la editorial Imaginador, agrega otro factor. "Hay una flexibilidad que tiene la pequeña que no la tiene la grande. Hasta ahora, no sé qué pasará con los cambios del dólar, muchas editoriales chicas venían imprimiendo bajo demanda tiradas, por ejemplo, de 300 ejemplares. No tendemos a destruir; nos cuesta tomar esa decisión y hacemos una oferta especial, buscamos exportar o saldar". En este contexto, la opción de abaratar los precios y ofrecerlos a los "salderos" o librerías "de viejo" es elegida por algunos sellos y escritores y rechazada por otros que incluyen en los contratos la prohibición de "saldar" los ejemplares no vendidos para no poner en evidencia lo que entienden como un fracaso personal.

"No hay nada vergonzoso en que los ejemplares de una tirada común vayan a una librería de saldos. El comprador de saldos no necesariamente lleva novedades, y viceversa. Son segmentos distintos. Yo me crié leyendo libros de saldos de la calle Corrientes", dice Daniel Guebel, otro de los escritores que "salvó" de la guillotina dos de sus libros, La carne de Evita y Ella. "Con la publicación de nuevos libros la vida útil de un título se agota mas rápido; si se venden poco, no significa que mis libros son peores que otros. Es una cuestión de mercado", dice el escritor y cuenta que se hizo cargo de los ejemplares que le dio la editorial, donó algunos a Filba, que a su vez los dieron a bibliotecas y al resto lo está obsequiando a los clientes de Tanizaki, su restaurante de sushi en Palermo. "Con la cuenta, el mozo les lleva un ejemplar de regalo. Tenemos la idea de hacer lo mismo con libros de otros autores que estén en la misma situación".

Laura Ramos también encontró una forma de regalar los ejemplares de Corazones en llamas, cuya primera edición en los años 80 había vendido 50.000 ejemplares. Los ofreció a través de su muro de Facebook y a las pocas horas tenía más de mil pedidos. Había pensado responder uno a uno, pero fueron tantos que directamente puso la dirección donde debían retirarse, la del periódico Mundo Villa, cuyos directivos habían aceptado su propuesta de distribuirlos gratis en las barriadas donde circula esa publicación. "Se repartieron unos 600 ejemplares. Me quedé con la idea de que la gente interesada en Corazones en llamas no se había enterado de la reedición, porque los mensajes eran de sorpresa en general", admite la escritora. Y suma: "El shock que provoca en un autor el hecho de que se destruyan sus libros es tan poderoso que no se suele quedar con energía para convertir esa tristeza en acción. Es demoledor y vergonzante, pero a mí me dio mucho entusiasmo poder obsequiarlos".

También a las redes sociales recurrió Germán Beder para ofrecer La vez que casi me muero y otros relatos y en una hora y media "volaron" doscientos libros. "Lo hice creyendo que no iba a tener ningún tipo de repercusión. Lo que pasó marca que la gente sigue leyendo, pero que los libros son muy caros y supongo también que, en este escenario del país, lo gratuito llama más la atención. De otra forma es inexplicable tanto interés", bromea Beder, para quien la destrucción "es una situación un poco traumática". Al momento de recibir la comunicación de la editorial se sintió disgustado y dolido. "Después recapacité y valoré que me hayan regalado los libros antes de tirarlos", recuerda.

Donar no siempre es fácil
¿Por qué no los regalan las mismas editoriales? Las donaciones a instituciones no están incluidas como política permanente de los grandes grupos aunque hagan algunas en ocasiones especiales. Planeta, por ejemplo, donó ejemplares para el último Festival BAN y en una acción conjunta con Disney, por los 90 años de Mickey, al Hospital Durand. PRH suele regalar libros al Hospital Garrahan y a la Fundación Leer. "Hay libros que no te queda otra porque no se pueden rescatar, pueden estar deteriorados, rotos, con humedad, amarillos o picados por insectos. Y otros que, por la temática que tratan, tampoco se pueden donar como los de contenido erótico, por ejemplo", dijo Fernández Haya.

Edhasa acostumbra enviar a bibliotecas y cárceles ejemplares con la tapa rota u hoja doblada, e Imaginador, como otros sellos pequeños, dona a la Fundación El Libro y a las cámaras del Libro y de Publicaciones y estas los distribuyen.

¿Y las bibliotecas? "La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) no acepta donaciones de las editoriales, salvo alguna que otra excepción, porque las bibliotecas son asociaciones civiles independientes que manejan su dinámica bibliográfica como se les da la gana. No podemos aceptar una donación y mandársela a una biblioteca porque esta puede quererla o no y porque tampoco tenemos recursos para enviarlas al interior", dijo a LA NACION Leandro De Sagastizábal, titular de la Conabip. Para evidenciar la diversidad de intereses de las bibliotecas recordó que en la última edición de la Feria del Libro, 1054 bibliotecas populares de todo el país compraron 37.000 títulos distintos. Y agregó: "Por otro lado, no queremos llenar las bibliotecas de los rezagos buenos o malos de gente que decide mudarse y le sobró la mitad de libros, o las editoriales que en vez de destruir lo quieren mandar a la biblioteca; queremos la biblioteca llena de los mejores libros, los nuevos, los que atraen lectores". No obstante, De Sagastizábal aclaró que la destrucción, con la que él personalmente no está de acuerdo "nunca", muchas veces "no tiene que ver con la calidad del material sino con un error en la tirada inicial" o con ciclos económicos complejos, y que las editoriales o los autores se contactan directamente con las bibliotecas.

Donde reciben gustosos algunas donaciones es en la Fundación Leer, a la que llegan pedidos de libros desde escuelas y bibliotecas del interior.

"Tenemos una fluida relación con las editoriales porque saben que las donaciones que hacen llegan a destinatarios que los necesitan, pero somos muy cuidadosos del tipo de libros que aceptamos", comparte Patricia Mejalelaty, su presidenta. En cada reunión que ella mantiene con editores repite un mismo pedido: que la posibilidad de donar a instituciones los ejemplares que no logran un canal de venta efectivo sea establecida por una cláusula de los contratos con los autores. "Esto facilitaría las cosas y evitaría que las donaciones sean acciones esporádicas", augura.


Fuente bibliográfica
PREMAT, SILVINA, 2018. ¿A dónde van los libros que no venden?: entre la guillotina, el saldo y los regalos. [en línea]. [Consulta: 18 septiembre 2018]. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/2172443-a-donde-van-libros-no-venden-entre


30 jul 2018

El libro, el mayor enemigo del poder

Por: Manuel Carmona Curtido


Prohibir un libro, cualquier libro, es síntoma de tutela por parte del Estado, que toma a sus ciudadanos como personas inmaduras incapaces de discernir lo que está bien de lo que está mal, le impide crear una mentalidad crítica y por lo tanto dificulta el avance de un país, cualquier país.

Hace unos meses, calló en mis manos un pequeño libro, editado en agosto de 1939 por la Junta Provincial Primera Enseñanza, titulado “Cursillo de orientación y perfeccionamiento”, como tengo la costumbre de hacerme con todos los libros relacionados con Educación, editados antes de 1950, para mí es una pequeña joya.

En él se percibe a primera vista que se trata de una normativa que regula la enseñanza primaria una vez concluida la guerra civil y se encuentra dividido en las siguientes secciones: Orientaciones Oficiales, Instrucciones de la Inspección de Primera Enseñanza para las Escuelas de la Provincia de Madrid, Cantos Religiosos, Patrióticos y Educativos.

La Enseñanza Primaria vuelve a manos de la Iglesia, donde cobra una especial importancia la exaltación de los símbolos patrióticos pero, sobre todo, lo que sin duda más me llamó la atención, fue lo siguiente: en la página 25 dice textualmente: “Los Maestros se abstendrán de hacer uso de las Bibliotecas escolares, hasta tanto que sean depuradas.” Con esta simple frase, caía en desgracia la Pedagogía de Giner de los Ríos y su Escuela Nueva, que intentaba acercar la educación primaria en España a la del resto de Europa.

Prohibir un libro, cualquier libro, es síntoma de tutela por parte del Estado, que toma a sus ciudadanos como personas inmaduras incapaces de discernir lo que está bien de lo que está mal, le impide crear una mentalidad crítica y por lo tanto dificulta el avance de un país, cualquier país.

Ningún libro es peligroso por sí mismo, lo peligroso es leer únicamente un libro, o una simple idea repetida en muchos libros, porque al no poder contrastar las tesis que se exponen se corre el riesgo de caer en el dogmatismo, eliminando la oportunidad a cualquier persona de sacar sus propias conclusiones.

La mayoría de los libros que han sido prohibidos en los distintos países, con distintos regímenes políticos, han sido porque estos libros han cuestionado: la moral, la religión o el sistema político. Pero ¿Por qué estos temas no pueden ser cuestionados? Sencillamente porque son los pilares en los que se sustenta cualquier sistema de poder.

Una persona capaz de pensar por sí mismo, es capaz de poner en entredicho los pilares del sistema hegemónico.

“Cada vez que enseñes, enseña a dudar de aquello que has enseñado”
José Ortega y Gasset




Fuente bibliográfica
CARMONA CURTIDO, MANUEL, [sin fecha]. El libro, el mayor enemigo del poder. [en línea]. [Consulta: 31 julio 2018]. Disponible en: http://kaosenlared.net/el-libro-el-mayor-enemigo-del-poder/, http://kaosenlared.net/el-libro-el-mayor-enemigo-del-poder/

25 jul 2018

Adiós a las bibliotecas


Por: Marta García Aller


Un artículo en la revista Forbes proponía hace unos días reemplazar todas las bibliotecas públicas con la librería de Amazon, que tiene más surtido, llega a todas partes y no le cuesta un duro a los contribuyentes.

En tiempos de Google han desaparecido muchas cosas de nuestra vida cotidiana. En el móvil llevamos la calculadora, los mapas y la cámara de fotos. Ya ni siquiera hace falta acercarse a la biblioteca para leer el periódico gratis porque también lo llevamos en el teléfono, igual que este resuelve las dudas para las que antes necesitábamos consultar una enciclopedia. ¿Desaparecerán también las bibliotecas en la era digital?

La tecnología ha convertido los libros físicos en artículos de colección, lo que elimina la necesidad de servicios de préstamo de la biblioteca”, asegura en su polémico artículo Panos Mourdoukoutas, profesor de Long Island University. De no ser instituciones públicas, a las bibliotecas ya les habría pasado lo mismo que a los videoclubs, según este economista.

Los bibliotecarios han reaccionado rápidamente en redes contra del artículo, haciendo una enfervorecida defensa de las bibliotecas. Dicen que una compañía privada como Amazon no podría igualar su labor tanto en el fomento de la lectura, la vida de la comunidad y la buena conversación. Reivindican también que la asesoría personal que da un bibliotecario supera con creces la del algoritmo con fines comerciales que impulsa recomendaciones interesadas.

También podrían los bibliotecarios esgrimir ventajas económicas en defensa de las bibliotecas. Según un estudio realizado en Navarra por el consejo de Cooperación Bibliotecaria, cada euro que se invierte en bibliotecas se multiplica por cuatro. Porque las bibliotecas son también un indicador de desarrollo social.

Sin embargo, puede que a Mourdoukoutas no le falte razón en que las bibliotecas no pueden seguir ignorando que el mundo ha cambiado con Amazon. En Estados Unidos se están convirtiendo en lugares de encuentro donde además de ir a tomar libros prestados se pueden aprender a utilizar impresoras 3D, asistir a encuentros con escritores y hacer vida de barrio disfrutando de encuentros culturales. También en España las hay que combinan cuentacuentos y otras actividades, además de ofrecer wifi gratis y acceso a ordenadores.


Las bibliotecas tendrán mucho futuro si reivindican su valor como lugar de encuentro con la cultura. En un mundo donde cada vez más objetos se convierten en bits y más amistades dependen de mensajes con doble check, el valor del tiempo compartido en el mundo físico irá aumentando. Ojalá nuestras bibliotecas estén a la altura del reto, porque vamos a necesitar más vida y menos pantallas.

No hay tantos sitios donde se puede ir a estudiar estando fresquito en verano que sean totalmente gratuitos. Mourdoukoutas sugiere que esa tranquilidad también se tiene en el Starbucks, pero a cuatro euros el café le saldría por un pico a los estudiantes que tienen que echar allí 300 tardes al año.

Las bibliotecas tienen además algo con lo que Amazon solo puede soñar: el placer del azar. Entrar en una biblioteca y pasear el dedo por sus estanterías buscando el próximo título tiene un cariz imprevisible que el algoritmo nos niega. Elegimos un libro y no otro porque sobresalía un poco más, porque lo encontramos en el carrito de los que estaban recién devueltos o porque el color del lomo nos llamó sin querer la atención. Encontramos en las bibliotecas cosas que no sabíamos que buscábamos y que ningún algoritmo hubiera sabido anticiparnos. Es más, si somos afortunados en las bibliotecas hasta podemos encontrar libros de los que ni siquiera Amazon conozca su existencia.

Ojalá las bibliotecas sigan existiendo. Para saber si sobrevivirán o no pregúntate cuando visitaste una por última vez. Si no nos acordamos de lo importantes que son para vertebrar nuestra cultura salvo cuando un economista escribe un artículo provocador en Forbes pidiendo su cierre podría pasar con ellas lo mismo que cuando anuncian el cierre de un bar que nos encantaba pero que hace diez años que ni nos asomamos. Y eso que en España hay 21 bares por cada biblioteca.



Fuente bibliográfica
GARCÍA ALLER, MARTA, 2018. Adiós a las bibliotecas. El Independiente [en línea]. [Consulta: 26 julio 2018]. Disponible en: https://www.elindependiente.com/opinion/2018/07/24/adios-a-las-bibliotecas/

29 may 2018

10 libros feministas que no puedes dejar de leer


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1
Libros feministas
Mi vida en la carretera, de Gloria Steinem. Puede parecer un libro de viajes, pero trata más bien sobre el activismo político-social llevado a cabo por las mujeres estadounidenses en los últimos cincuenta años. La autora es una activista comprometida desde los años 60 con el feminismo y diversos movimientos sociales.

2
Libros feministas
El cuento de la criada, de Margaret Atwood. Es una de las obras más importantes de la escritora canadiense. En ella da una mirada crítica a la posición social e individual que ostenta la mujer. Es una distopía en la que aborda temas relacionados a la sexualidad femenina, a la política internacional y a la estructura patriarcal en la que vivimos. (Foto: Difusión)


3 

Libros feministas
La mitad del cielo, de Nicholas D. Kristof y Sheryl WuDunn. Este libro reúne los testimonios de mujeres que se han convertido en agentes de cambio, esperanza y optimismo frente a situaciones adversas. El periodista norteamericano Nicholas Kristof y su esposa, la periodista chino-americana Sheryl WuDum, relatan, a su modo, la lucha por los derechos de las mujeres en el mundo. (Foto: Difusión)


4

Libro feminista
Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin. Este libro representa el redescubrimiento de la escritora norteamericana. Se trata de un conjunto de 77 relatos que reflejan la vida misma de Lucia, una vida atiborrada de trabajo, momentos duros y poca compasión. Sin embargo, bajo la pluma de Lucia Berlin parece haber siempre alegría en sus relatos, transportando al lector con una suerte de mezcla entre el intelecto y el corazón. (Foto: Difusión)

5

Libros feministas
Mujer, poder y alimentación en el antiguo Perú. Se trata de una investigación de Maritza Villavicencio, que nos demuestra que las mujeres en el antiguo Perú ejercieron el poder en diversos ámbitos. Editorial: Fondo de la Universidad San Martín de Porres. (Foto: Difusión)



6
Libros feministas
Las orillas del aire. La escritora cusqueña Karina Pacheco revela en esta publicación la desaparición de una mujer que deja un hogar deshecho. Después de siete décadas, a través del ejercicio de la memoria, los protagonistas intentarán esclarecer que sucedió con ella. (Foto: Difusión)


7

Libros feministas
Esta mística de relatar cosas sucias, ensayos en torno a la obra de Carmen Ollé. Las escritoras peruanas Maryela Dreyfus, Bethsabé Huamán y Rocío Silva exponen este ensayo sobre la obra de Carmen Ollé, donde tratan temas como la maternidad y el erotismo. Editorial: CELACP. (Foto: Difusión)



8
Libro feminista
Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie. En esta historia la novelista retrata la vida de una joven nigeriana que abandona su país en búsqueda de una vida más próspera en los Estados Unidos. Para Chimamanda, esto es algo que vivió en su propia piel. Ella señala que "una sola historia puede robar la dignidad de los pueblos", por lo que se dispuso a escribir un libro limpio de los prejuicios a los que está sujeta la comunidad africana, contando la historia de su mundo desde su propia experiencia de vida. (Foto: Difusión)


9

Libros feministas
Puñales escondidos. Pilar Dughi es la autora de este libro, quien relata la historia de Fina Artadi, una administradora bancaria que luego de ver interrumpida su vida por una enfermedad incurable, decide tomar las riendas de su existencia. Esta obra fue ganadora del Premio del Banco Central de Reserva del Perú y vuelve a ser publicada por la editorial Cocodrilo Editores, después de 20 años de su única edición y publicación. (Foto: Difusión)



10
Libro feminista
Los monólogos de la vagina, de Eve Ensler. Es un libro imprescindible para las mujeres de nuestros días. Es un texto que la autora escribió luego de entrevistar a 200 mujeres, quienes les contaron algunos de sus más íntimos secretos de pareja, de alcoba y de maternidad. La obra se convirtió en un éxito teatral en todo el mundo. (Foto: Difusión)



Fuente bibliográfica
EC, R., 21-04-2018. 10 libros feministas que no puedes dejar de leer. El Comercio [en línea]. [Consulta: 30 mayo 2018]. Disponible en: https://elcomercio.pe/viu/10-libros-feministas-puedes-dejar-leer-noticia-513360

10 may 2018

Comerse el libro

Por: Manu Hurtas




En castellano hay numerosas palabras formadas con la partícula biblio-, evidentemente todas relacionadas con el libro: biblioteca, bibliografía, bibliófilo, etc. Algunas sorprenden por su significado, es el caso de bibliofagia. En este término el sufijo -fagia indica un comportamiento alimenticio. Por tanto, bibliofagia viene a designar cierta conducta nutricional con propensión hacia los libros. Es decir, coger un libro y comértelo como un solomillo. Y aunque los casos son de clínica, lo cierto es que se recogen hasta en la Biblia.

Capítulo X del Apocalipsis de San Juan. Un ángel se le aparece al profeta. Un pie en tierra y otro en el mar, y en sus manos un libro abierto. Una voz retumba desde el firmamento como relámpago caído: "Ve y toma el librito". Juan se acerca, toma el libro y el ser alado habla: "Toma y trágalo; y el te hará amargar tu vientre, pero tu boca será dulce como la miel". Las frases impositivas provocan dolor de barriga, pero no se trata de un simple "calla y traga", advierte que el libro está endulzado como un mal café que te lleva al baño. Así es la palabra del Señor que recoge el libro que le entrega, gustosa y dolorosa como un purgante. La verborrea divina gusta, pero ponerla en práctica ya es otro cantar, y su paralelo lo encontramos en la política como reflejo de la sociedad.

No es el primer caso de digestión retórica. A la palabra divina se le ha comparado como un alimento más que se engulle como el pan (Mateo 4.2), la leche (1 Pedro 2:2) o la carne (1 Corintios 3:1-2), pero en este caso alimenta al alma. En otro libro de la Biblia, y siguiendo en la misma línea figurativa a la que estamos acostumbrados desde que se inventó el latín, encontramos otro caso de bibliofagia. Ezequiel 2:8ª:6: "Hijo de hombre, como lo que hallas, come este rollo y ve y habla a la casa de Israel". Y abrió la boca y se comió aquel rollo, menos pesado que los libros porque no estaba hecho de piel de cabra, sino de papiro y es bien sabido que el cuerpo no digiere la celulosa. Dioscórides (40-90 d.C.) incluso lo recomienda en su Materia médica: "El papiro quemado hasta hacerlo ceniza tiene virtud de atajar las úlceras corruptivas, las de la boca y las de cualquier parte, el papel de papiro, quemado, obra lo mismo pero con más fuerza".



Devoradores de Biblias
Resultado de imagen para comer librosComo se aprecia el uso figurativo de comerse el libro llega a materializarse en acto nutricional con fines terapéuticos, y ya no sólo haciéndolos cenizas como buenos biblioclastas, hay quién le gustaba crudo. Melenik II, emperador de Etiopía entre los años 1889-1913, y recordado por encargar tres sillas eléctricas cuando en sus dominios aún carecían de red eléctrica, curaba sus males tragando Biblias. Como buen creyente guardaba cierta fe en la curación divina, pero es que además no solo era tonto para los recados que también lo era para los libros. Interpretaba al pie de la letra los pasajes de Ezequiel y San Juan y cada vez que le dolía algo, se tomaba sus dosis de papel de Biblia. Se desconocen sus resultados, y si para cada mal echaba mano de un texto en concreto. Por ejemplo, para el estado anímico, el Génesis; para la impotencia, el Cantar de los Cantares, y para el estreñimiento el Apocalipsis. No obstante, se dice que el emperador copto falleció en 1913 de fallo cardíaco tras meterse entre pecho y espalda el Libro de los Reyes.

No hombre, no se puede interpretar las Escrituras al pie de la letra. Unamuno, una de las veces que releyó el texto apocalíptico de San Juan, comprendió cómo su bibliofagia es teofagia* y cómo al comerse los libros se comía a Dios.

*Teofagia


La teofagia es un ritual religioso consistente en consumir un alimento considerado divino, basado en una identificación simbólica con la misma deidad, y está presente especialmente en algunas religiones primitivas.


Fuente bibliográfica
HUERTAS, MANU, 25.01.2018. Bibliofagia sorprendente en la historia: Comerse el libro. [en línea]. [Consulta: 10 mayo 2018]. Disponible en: https://cronicaglobal.elespanol.com/letra-global/cronicas/comerse-libro_116204_102.html


27 abr 2018

VIDEO: El rap del policía peruano que se hizo viral por hablar de libros


VIDEO: El rap del policía peruano que se hizo viral por hablar de libros

El joven agente hace un recorrido por la literatura universal a través de su canción.

Un rap hecho por un policía peruano en una biblioteca ha sorprendido a los internautas.

El agente durante el clip, que dura unos tres minutos, no habla de procesos de seguridad ni prevención, sino de obras de autores clásicos de la literatura universal.

La grabación fue publicada por la Policía Nacional de Perú en su página de Facebook con el mensaje: "Celebra con nosotros el Día del Libro, escuchando este pegajoso rap, junto a la etiqueta #ConocimientoEsPoder".

El agente es un joven que porta su uniforme, se desplaza dentro de una biblioteca y rapea: "Por eso ahora te canto entre/páginas de libros es que te vengo rimando"

En esta canción, que ha recibido 1.600 'Me gusta', el policía hace un recorrido por los libros más conocidos de autores mundiales como Julio Verne, Alejandro Dumas, Jane Austen, Oscar Wilde, Franz Kafka, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, entre otros.



El funcionario también hace referencia a obras de autores peruanos en su rap: "Lo dijo Ciro Alegría: 'el mundo es ancho y ajeno' y aprendí a sobreponerme ante 'La ciudad y los perros'", escrito por Vargas Llosa.
"Con la lectura mi alma es libre y no hay opresor/el conocimiento es infinito y liberador/por eso le digo a todo el pueblo hermano: 'vamos a leer un libro, respeto pa' mis peruanos'".


Fuente bibliográfica
VIDEO: El rap del policía peruano que se hizo viral por hablar de libros. RT en Español [en línea], 26 abr 2018. [Consulta: 27 abril 2018]. Disponible en: https://actualidad.rt.com/viral/269664-rap-policia-peruano-hizo-viral. 

30 mar 2018

El curioso origen de los libros de bolsillo


Por: Alfred López


El origen de los libros de bolsillo fue en 1935 a raíz del viaje que efectuó Allen Lane con motivo de la visita que realizó a Agatha Christie en su casa de verano en Greenway, en el condado de Devon (sudoeste de Inglaterra).

Lane era, por aquel entonces, director de la editorial The Bodley Head y estando en la estación de tren decidió comprar algo para leer durante el viaje. Se encontró con que solo vendía periódicos, revistas y algún pesado y grueso libro victoriano, muy incómodo de transportar.

De regreso de su viaje comenzó a idear un tipo de libro que fuese tan fácil de adquirir y transportar como una cajetilla de tabaco… Ahí nació Penguin Books [libros pingüinos], una pequeña división dentro de la editorial The Bodley Head que se encargaría de la edición de libros de bolsillo.

Los lugares de venta de estos libros no solo serían las típicas librerías, sino que abarcaría también a los comercios situados en estaciones ferroviarias, estancos y cadenas de tiendas.

El verano de 1935 salieron a la venta los primeros ejemplares de libros de bolsillo de la editorial Penguin Books. Los autores elegidos fueron Ernest Hemingway, André Maurois y Agatha Christie.

 

Los libros iban catalogados por colores (naranja para la ficción, azul para los biográficos y verde para el suspenso) y el precio de cada ejemplar era solo de seis peniques, el mismo precio que tenía un paquete de cigarrillos.

Rápidamente los libros de bolsillo se popularizaron y en 1936 Penguin Books se independizó como editorial. Al año ya había vendido más de tres millones de ejemplares.


Curiosidad que forma parte del libro “Ya está el listo que todo lo sabe” (Una curiosidad para cada día del año) de Alfred López
Compra el libro a través de los siguientes enlaces: https://www.amazon.es/dp/841558914X (para España) | https://www.amazon.com/dp/841558914X/ ohttps://www.createspace.com/7085947 (desde fuera de España)


Fuente bibliográfica
LÓPEZ, ALFRED, [sin fecha]. El curioso origen de los libros de bolsillo. [en línea]. [Consulta: 30 marzo 2018]. Disponible en: https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/el-curioso-origen-de-los-libros-de-bolsillo/. 

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