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28 ago 2018

5 motivos por los que el desorden está perjudicando tu salud


5 motivos por los que el desorden está perjudicando tu salud


Vivir en una desorganización continua es uno de los agentes que más menoscaban el bienestar y es una fuente de estrés.

De manera lenta pero inexorable, el estrés puede provocar un amplio abanico de dolencias físicas y psíquicas, desde dolores musculares, cansancio, problemas gastrointestinales, cardiacos, dermatológicos, sexuales…

Los estresores más comentados son los relacionados con las altas exigencias de la vida laboral y social, mientras que el entorno físico del individuo suele pasar inadvertido a la hora de valorar cuáles son los factores más estresantes.

Pero los estímulos externos, como el frío, el calor o el ruido constituyen una fuente importante de estrés. Y, por supuesto, también la desorganización. El desorden obstaculiza el equilibrio emocional y psicológico, y es un desencadenante de otras situaciones que también generan estrés por sí mismas. ¿Puede el desorden y la disposición de tu hogar estar causándote más problemas de los que imaginas?

Mantener el orden, la armonía en los espacios, incluso en los colores, y la comodidad en el hogar son antídotos eficaces frente al estrés. En cambio, estas son las consecuencias negativas de vivir en una desorganización continua:

5 motivos por los que el desorden está perjudicando tu salud
Mantener el orden y la armonía en los espacios e incluso en los colores son antídotos eficaces frente al estrés. 

1. Provoca cansancio
La desorganización es una fuente de agotamiento de energía de la que no solemos percatarnos. El desorden implica un cansancio extra cuando llegue el final del día, ya que el cerebro permanecerá en un estado de incertidumbre todo el tiempo. Por eso, es recomendable mantener el hogar limpio y ordenado para que todo fluya.

2. Te roba tiempo
El caos de tu hogar te obligará a invertir un tiempo precioso buscando aquello que deseas localizar. Además, hará que emplees más recursos en tareas que podrían estar fácilmente bajo control con un sistema organizado, y te quitará tiempo y energías para destinar a otras ocupaciones, como el cuidado de la familia, el tiempo de ocio, el deporte…

Pero, ¡que no cunda el pánico! Si eres de las personas que necesitan tener todo a mano, te recomendamos que instales en tu salón u oficina un mueble cajonera con compartimentos. De esta forma podrás colocar tus objetos de uso cotidiano en algún lugar y hacer que, al menos a la vista, tu casa parezca más ordenada. Prueba con alguna de las estanterías modulares, que puedes combinar con cajones, baldas y otros accesorios. 

5 motivos por los que el desorden está perjudicando tu salud
Crear un hogar agradable puede aliviar gran parte del malestar emocional.

3. Causa sentimiento de culpa
Vivir en un caos constante provoca un sentimiento de culpa creciente, que a la larga puede causar un daño emocional. Cuanto más prolonguemos la situación de desorden, más nos costará organizar el entorno, y más culpabilidad sentiremos al no poder mantener nuestras cosas bajo control.

Uno de los objetos cotidianos que más caos causan en nuestros hogares es el calzado. ¿Estás cansado de ver los zapatos tirados por cualquier parte? Pues ponle remedio y búscales un hueco para dejarlos de tener a la vista recordándote que tienes que ordenar de una vez. Existen zapateros muy compactos y bonitos que te pueden ayudar a organizar el calzado de forma muy sencilla. 

4. Es fuente de preocupaciones
Los objetos que poseemos y nos rodean, y con los que nos relacionamos, configuran nuestra realidad diaria. La sensación de no tener el manejo de estos elementos puede llegar a ser también una fuente de preocupación, y derivar en estrés.

5. Retrasa las tareas
El desorden retrasa tareas y las obstaculiza. Emplear un tiempo a organizar tu hogar y convertirlo en un entorno agradable es una buena inversión, dado que reducirá el tiempo diario que luego necesitarás para desenvolverte en tu entorno desorganizado.

5 motivos por los que el desorden está perjudicando tu salud
En un hogar armónico, mejorarás tu estado de ánimo, subirá tu autoestima, y podrás dedicar tu tiempo a las tareas que tú elijas.

Según el “Estudio entorno a las actitudes de la población española ante la decoración del hogar”, tener una casa ordenada permite ahorrar tiempo, en opinión del 93% de los encuestados. Además, El 79% cree que la decoración es calidad de vida y no solo estética, y un 92% piensa que una casa bien decorada te hace sentirte más cómodo.

Aplicando un sistema sencillo de organización, y dando forma a un hogar armónico, podrás aliviar gran parte del malestar emocional, e incluso acabar con algunas dolencias físicas. Además, mejorarás tu estado de ánimo, subirá tu autoestima, y dispondrás de tiempo extra para dedicar a las tareas que tú elijas.

Fuente bibliogràfica

5 motivos por los que el desorden está perjudicando tu salud. (2018). MuyInteresante.es. Retrieved 28 August 2018, from https://www.muyinteresante.es/salud/articulo/5-motivos-por-los-que-el-desorden-esta-perjudicando-tu-salud-591532423137?utm_source=Cheetah&utm_mediu=emailMUY&utm_campaign=180815_Newsletter



25 abr 2018

'Tu trabajo y tú: ¿Quién domina a quién?'


Por: Lorena Martín Montilla

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“Aquel que no dispone de dos tercios de su día es un esclavo”, Friedrich Nietzsche.

Esa sensación de que no le dedicamos suficiente tiempo al trabajo; esa perturbación de las tareas inacabadas y de querer ir solucionando problemas laborales durante todo el día; o simplemente adorar en demasía nuestra dedicación profesional hasta el punto de dedicarle más tiempo que a nosotros mismos nos convierte en personas dependientes, incompletas y, a veces, muy cobardes… cuando buscamos refugio en nuestro trabajo para no afrontar otras facetas de nuestra vida.

La mejor manera de gestionar el estrés laboral es evitarlo. Una de las clave del éxito personal y profesional es saber compartimentar el tiempo, dedicarle nuestra atención a cada parcela de nuestro día a día de forma directamente proporcional a la importancia que le hemos otorgado en nuestro Plan Personal de visión y misión de vida. Al margen de los valores y objetivos personales que cada uno de nosotros definimos y que nos llevan a regalar nuestro tiempo a unos temas y a otros no, a unas personas y otras no, hay una pauta que debe ser común para todos y es tan sencilla de entender como fácil de incumplir: controla tu trabajo, que él no te controle a ti. Gestiona tus emociones y aplica tu inteligencia en el ámbito laboral para no caer en el estrés y convertirte en un esclavo de la agenda.

Delimita tus parcelas de ocupación
Un error común es pensar que nuestra agenda está en blanco, abierta a recibir todas aquellas citaciones que nos lleguen. Nuestra semana nunca debe estar vacía; debemos dibujarla con pequeñas parcelas en las que el trabajo es una más junto a “mi familia”, “tiempo de ocio” y “ratos para mí”. Cada una de ellas tiene un medidor que discurre entre el 0 y el 10. Cada uno de nosotros decidiremos cuál es el límite en cada una de las parcelas de nuestra vida y, dentro de esos márgenes, aplicar la coherencia para ir equilibrando las balanzas e intentar no sacrificar ninguna de ellas dejándola en niveles mínimos.
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No se trata de hacer una tabla con horarios estrictos sino un mapa de vivencias, de tiempo dedicado, de aprendizaje y emociones. Es necesario ponernos límites en el trabajo, aprender a decir NO, valorar las invitaciones y propuestas para discriminar aquellas que sean prescindibles, respetar nuestra intimidad, nuestro tiempo de comida (las comidas de trabajo se han convertido en deporte nacional) y fijarnos una hora máxima para parar, sin excusas. Si no somos capaces de definir estos límites entramos en un bucle del que es difícil salir si no eres consciente de que te estás dejado llevar y tu tiempo ha dejado de pertenecerte. Es tan sencillo como hacer menos cosas o distribuirlas de forma más eficiente.

Localiza los focos de estrés
Revisa tu tiempo, tus actividades, las personas con las que trabajas y convives, y detecta aquellos focos que te generan estrés. Desactiva esos puntos aligerando la carga; deja de hacer algunas de esas cosas que te provocan inquietud. Hoy, quizás, puedas aguantarlo; mañana y dentro de un mes… pero al cabo de un tiempo pasa factura, y si no eres capaz de ser consciente de ello también habrá provocado fracturas en tu vida.

Vida solo hay una; se trata de vivirla plenamente, siendo dueños de nuestros días. Piensa que vivir estresado sólo te resta; piensa en el bienestar de tomar distancia, desintoxicarte, y afrontar el trabajo desde la tranquilidad.

Vive en colores
Una persona feliz es una persona que tendrá éxito, seguro. Pero una persona que tiene éxito no necesariamente tiene que ser feliz. Esa es la diferencia. Y para ser feliz hay que tener un objetivo de vida rico en vivencias y, sobre todo, equilibrado. Siempre habrá cosas que hacer; tendremos temas abiertos que no quedaron cerrados cuando era la hora de irse a casa; eso no lo podemos cambiar y tampoco vamos a ser mejores por el hecho de dedicarle más horas a pensar en lo que no hemos terminado, en lo que nos queda por hacer.

Hay que fijar prioridades; organizar el tiempo, ser eficientes y hacer listas (sí, lo de hacer listas ayuda en muchas facetas de la vida). Mejor si creamos un código de color según la importancia; vivamos la vida en colores, visualicémoslos y de esta forma los integramos para saber de qué color ha sido cada uno de nuestros días. Tenemos que procurar que nuestra línea de vida tenga el mayor número de tonalidades posible…

También crearemos un timing con las fechas de “expiración” de los proyectos para poder tener consciencia de aquello que es prioritario. Organizarse mentalmente y planificarse es clave para dedicarle el tiempo adecuado y necesario al trabajo. No es más productivo quien más horas le dedica sino quien mejor se organiza y sabe definir objetivos.

Deja libre tu mente
[Img #197378]Cuando el tiempo laboral se acaba es el momento de la desconexión. No es sano estar pendientes de esa idea que de repente te aborda (anótala y reflexiónala mañana). No seas tan autoexigente. Hay que aprender a vivir con esas tareas inacabadas y soltarlas hasta el día siguiente. Si no eres capaz de centrar en tu atención en otras facetas de tu vida, debes entrenarte para aprender a focalizar y concentrar el interés en esas otras parcelas maravillosas que te rodean. Nunca un trabajo, por emocionante que sea, es más importante que uno mismo y su proyecto de vida donde el plano laboral es una parte, pero no un todo. Eso se traduce en un desgaste por exceso en una parcela y en un desgaste por defecto en las otras.

Comparte y reparte
El arte de delegar se entrena, se aprende. No es fácil dejar de asumir una responsabilidad pero, a veces, es necesario. Quien más abarca no es quien más trabaja; a menudo es quien más veces se perderá en el camino porque ha perdido el centro. La mejor manera de saber si puedes confiar en los demás es confiando. Y esa confianza será directamente proporcional a la seguridad que tú transmitas o que te transmitan las personas que trabajan contigo.

Delegar es, al mismo tiempo, transmitir conocimientos e ideas para que tus compañeros lo hagan lo mejor posible. De nada sirve asignar tareas y de forma constante estar supervisando el trabajo y controlando cada paso que dan los demás. Los avances, los mejores resultados, siempre llegan de la mano de un equipo.

Genera soluciones, no alimentes conflictos
Para evitar el estrés laboral debemos aplicar una máxima que es extrapolable a cualquier parcela de nuestra vida: si llegan problemas no vamos a hacerlos más grandes. Los conflictos en el trabajo son una de las principales fuentes de estrés y debemos aprender a gestionarlos:

1.- No es un problema, es un reto.
2.- Ese reto, por complicado que sea, vamos a afrontarlo de la mejor manera posible aplicando coherencia y sensatez a las fuentes de conflicto. La ira, el nervio y la tensión no son buenos aliados.
[Img #197377]3.- Vamos a buscar en él el máximo aprendizaje posible para convertirlo en una experiencia positiva.
4.- No vamos a alimentar las dificultades; quejarnos y pensar más allá de lo que tenemos en ese momento sólo incrementará el malestar. Vamos a relativizar y a sacar lo mejor de nosotros para resolver la situación. Será, así, un nuevo proceso de crecimiento profesional y personal.
5.- Los retos del trabajo se quedan en el trabajo.

No olvides que el estrés termina manifestándose en todas las parcelas de tu vida y genera un desequilibrio interior que te impide ver más allá de ese círculo y disfrutar plenamente. Sin querer, llevas esa inquietud y ese malestar de forma permanente en tu mochila cargando con ella durante todo el día, durante toda la noche… Y cuando no lo solucionas en el trabajo, se manifiesta en tu faceta personal. Lo que no hablas con tu compañero se lo terminarás diciendo a tu pareja. Lo que no afrontas, crece en tu interior y te genera malestar y frustración permanente. El tiempo que dedicas en exceso al trabajo no vuelve; no se recupera. No pienses que tienes todo el tiempo del mundo (no sabes qué te va a deparar la vida mañana). No caigas en el error de autoconvencerte diciéndote que es sólo una racha (suelen encadenarse unas con otras). Nada de eso merece la pena… Contrólalo; actúa; no dejes que te controle a ti. Míralo de frente, conócelo y dile que TÚ ERES QUIEN DECIDE. Aquel que no dispone de dos tercios de su día es un esclavo…


Fuente bibliográfica
MONTILLA, LORENA MARTÍN, 2018. «Tu trabajo y tú: ¿Quién domina a quién?» Huelva24 [en línea]. [Consulta: 25 abril 2018]. Disponible en: http://huelva24.com/not/110526/-tu-trabajo-y-tu-quien-domina-a-quien-/. 

6 jul 2017

¿Cómo relajarte cuando estás a punto de estallar?




El enojo es una emoción que en ocasiones puede ser buena, ya que nos permite liberar sentimientos guardados y nos estimula a enfrentar situaciones. En muchos momentos, el enojo puede más que nosotros y nos hace reaccionar de muchas maneras ante un escenario delicado o no.

Las reacciones violentas que conllevan el enojo, se deben principalmente por acumular emociones durante mucho tiempo y por el estrés. Si eres de esas personas que parecen un volcán en erupción y quieres trabajar en la canalización de tus energías, sigue los consejos de este artículo para lograr una vida positiva.

7 Consejos para controlar la sensación de estallido

1.Exprésate a tiempo
Cuando tengas un problema o no te sientas bien, no te lo guardes. Háblalo con alguien y así drenarás energía. A veces es difícil hablar sobre lo que nos agobia y preferimos quedarnos callados, pero vivir acumulando todo constantemente puede traernos muchos problemas.

Un momento de estallido puede hacernos decir cosas hirientes y no ver las cosas de manera objetiva. La verdad, es bastante desagradable ver a una persona tan alterada, incluso da miedo.

2. Respira
La respiración es un acto que está directamente ligado a nuestras emociones, ¿has notado que cuando te enojas o estás preocupado, respiras más rápido?

En momentos de enojo y estrés practica la respiración controlada. Cuenta hasta 10, inhala y exhala profundamente hasta que el enojo y la ansiedad desaparezcan y comiences a entrar en un estado de bienestar.

3. Canta
Si sientes ganas de gritar, sustitúyelas por cantar a todo volumen tus canciones favoritas.

Está comprobado científicamente que cantar aporta múltiples beneficios al organismo, entre ellos se encuentra la gestión del estrés y la segregación de endorfinas. Es importante resaltar que esta hormona favorece el bienestar de las personas y las hace sentir más felices.
¡No importa que cantes bien o mal, canta para sentirte bien!

4. Toma un baño
Tomar un baño de agua tibia es verdaderamente relajante. Además de que nos permite pensar mejor las cosas, es un tiempo íntimo y de reflexión.

Una de las mejores maneras de calmar la tormenta emocional, es tomar el baño mientras suena en el fondo nuestra música favorita ¡imagínate la cantidad de endorfinas que puedes segregar!

5. Come algo rico
¡Olvídate de la dieta! Otras de las cosas que más placer y satisfacción pueden provocarnos es comer algo que nos encante.

Cualquier excusa es válida si necesitas relajarte. Así que come todo lo que quieras sin ningún remordimiento. Corre al súper y cómprate esos chocolates que tanto te gustan, al llegar a casa prende tu televisor y pon tu serie favorita.

6. Corre
En definitiva, el ejercicio nos permite concentrarnos y drenar energía, al mismo tiempo que nos hace segregar endorfinas, serotonina y oxitocina.
Lo peor que puedes hacer en un momento de enojo es quedarte paralizado, apenas sientas que algo comienza a estar mal en ti, prepara tu ropa deportiva y sal a correr.

Los efectos positivos de correr pueden desarrollarse mejor si en vez de correr en la pista, te vas a la montaña; el contacto con la naturaleza es ideal para estos momentos.

7. Medita
La meditación activa el sistema nervioso, reduce el estrés, la ansiedad y la tensión.

No es una actividad que debas practicar solo en momentos de enojo y agobio, sino que debes hacerla parte de tu día a día. De esta manera, aprenderás a controlar tus emociones y evitar cualquier tipo de episodio impulsivo o de estrés.

Lo bueno de esta práctica es que no necesitas dinero ni salir de tu casa. En la web existen millones de videos donde te enseñan cómo hacerla, e incluso muchas son meditaciones guiadas.

Controlar las emociones
Aprender a controlar las emociones es vital para tener una vida sana y relaciones estables. Cuando sientas que las cosas están a punto de salirse de tus manos, siéntate  a  pensar. ¿Es esta la manera correcta de actuar? ¿Existe otra forma de manejar esto?


Aplica estos consejos y busca también tus propias maneras de relajarte. Tu eres el único que puede ejercer total control sobre tu vida, no busques culpables ni motivos externos para justificar tu comportamiento. ¡Habla, no te guardes todo!


Fuente bibliográfica
GÓMEZ BENÍTEZ, EDITH, [sin fecha]. ¿Cómo relajarte cuando estás a punto de estallar? | MasScience. [en línea]. [Consulta: 6 julio 2017]. Disponible en: http://www.masscience.com/2017/04/28/como-relajarte-cuando-estas-a-punto-de-estallar/. 

16 mar 2017

El estrés docente: un hecho al que casi nadie parece importar


Desgraciadamente, cada vez más docentes sienten en su trabajo ese malestar personal, esa sensación de no servir para nada, de que su esfuerzo no es reconocido como debería serlo, y que en muchas ocasiones se le exige hacer cosas que no son ni mucho menos de su competencia.

Me parece a mí, que todavía se cree en el rol de los maestros de las civilizaciones clásicas: ese rol que definía al docente como un “semidios”, que todo lo sabía, que sabía darle explicaciones a casi todas las cosas, y uno de los seres más sabios e inteligentes del lugar.

Así pues, se defendía que los profesores podían con todo y que en ningún momento podrían necesitar ayuda de vez en cuando. Esa creencia era absurda hace décadas y lo sigue siendo ahora. Los docentes son personas de carne hueso (oh, qué gran sorpresa), que sienten y padecen. Y que en más casos de los que les gustarían, sufren un malestar que posiblemente no sepan explicar. Ese malestar, no provoca únicamente estrés (que ya es suficiente), sino que puede desembocar en fatigas, excesivo cansancio, dolores musculares, dolor de huesos, de cabeza, problemas al conciliar el sueño, en la alimentación, en sus relaciones personales e incluso en una depresión laboral.

¿Quién se encarga del bienestar docente?
Estas situaciones, como os podéis imaginar no han suscitado demasiada importancia en los medios. Ni siquiera en los centros educativos. Son muy pocos colegios o institutos los que hacen algo para evitar lo anteriormente citado. La mayoría de programas, de actividades, de reuniones son en referencia a los alumnos, y eso está bien. ¿Pero quién “cuida” a los docentes? ¿Quién se encarga de su bienestar en el trabajo? Sí, la respuesta más sencilla es que ellos mismos. Pero es que ellos mismos, en muchas ocasiones se sienten tan agotados y menospreciados que no tienen ni ánimos para motivarse por sí solos.
Muchos, por ejemplo, no han desarrollado habilidades para enfrentarse a estos conflictos, o no están preparados para una situación concreta. Algunos, se implican demasiado con los alumnos y les termina afectando también a ellos.

Desgraciadamente, más personas de las que me gustaría, se estarán preguntando: “estrés docente, ¿es eso posible?. Parece ser que algún sector de la sociedad, todavía no se ha dado cuenta que el personal educativo es uno de los peores reconocidos y tratadas desde hace algunos años. ¿Qué puede provocar entonces ese malestar en los docentes? A mí se me ocurren un montón de cosas a exponer.


Muchos alumnos para un único profesor:
Pues sí, en muchas ocasiones, hay aulas compuestas por 30 alumnos para un único docente. ¿Es eso normal? No, por supuesto que no. Habitualmente, el maestro o profesor se encuentra sólo en clase. Tiene que enfrentarse a estudiantes diferentes, con distintas habilidades y capacidades, con ritmos de aprendizaje muy dispares, y con un sin fin de intereses. Cada día, tiene que adaptar sus clases, tiene que centrarse en todos los alumnos y dejar a un lado esa atención personalizada e individualizada que muchos centros dicen tener y muchos padres quieren que se de. ¿Pero cómo se va a llevar a cabo ese deseo? Para llegar a esa cumbre, haría falta por lo menos tener a tres docentes por aula todos y cada uno de los días. ¿Estarían dispuestas las autoridades a eso? No, me temo que no.

Lo que se aprende en la universidad, está lejos de ser práctico:
Es cierto, los que estudian magisterio no aprenden a tratar las dificultades de aprendizaje, por ejemplo. Y tampoco las necesidades específicas de los alumnos. En muchos casos, los docentes se encuentran con estudiantes de altas capacidades y no saben qué hacer. No por falta de capacidad ni de habilidades, sino simplemente porque no les han enseñado. Pueden tener apuntes, pueden saberse la teoría de memoria. ¿Pero qué pasa en la práctica? Y se sienten perdidos.

Seamos sinceros; no todos los alumnos tienen ganas de aprender:
Pues sí, es de sobra conocido, que muchos alumnos presentan falta de interés y poca motivación. Que se sienten desanimados y que no tienen ganas de aprender cosas nuevas. El docente, se esforzará en crear un innovador y atractivo proceso de enseñanza-aprendizaje, para llamar la atención de los estudiantes, pero hay veces que las expectativas no se cumplen y no se ha generado el clima ni la actitud que ellos esperaban.

Sí, hay familias que insultan a los docentes. Y no sólo en una ocasión:
Desgraciadamente, hay familias que culpan a los maestros de todo lo que le pase a sus hijos. Se crea un escenario de críticas, de malas palabras, de acusaciones y de ofensas hacia el profesor. Hay padres, que están lejos de ser personas civilidades y con buena comunicación. Y algunos de ellos, pueden llegar a insultos e incluso a acosar al profesor.

Los futbolistas son más importantes que los docentes:
Ya se puede dar el caso de que un profesor haya hecho algún logro importante, que seguramente no será reconocido por las demás personas ni por los medios de educación. Hay muchos docentes que cada día se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismos para los alumnos. Pero claro, da más audiencia que Cristiano Ronaldo haya dejado a su novia.

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¿Los docentes pueden hacer algo para no sufrir de estrés?
¿Hay algo que se puede hacer al respecto? Evidentemente, sí. Los expertos dicen, que practicar deporte en cualquier situación de estrés es beneficioso, ya que reduce el riesgo de ansiedad. Evidentemente, los docentes necesitan tiempo para ellos mismos, y en muchas ocasiones, ese tiempo de ocio o de estar con sus familias y amigos, lo dedican a corregir exámenes, trabajos, actividades o a preparar las clases, y eso les genera más sensación de malestar.

No se debería dar casos en que los maestros dejaran de hacer cosas que les gustan por exceso de trabajo (ojo, ni los maestros ni ningún trabajador).   También, es muy importante que el docente fomente su autoestima y que potencie las actitudes positivas que tenga a lo largo del día. Que sea consciente de los obstáculos que ha superado y de que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que por supuesto, en situaciones límites que no sepa cómo actuar (porque… ¡oh, madre mía!, el docente no lo sabe todo), pida ayuda a los pedagogos, directores y demás personal educativo del centro.

Dar más importancia a la formación del profesorado
Como es obvio, desde el propio centro también se pueden plantear diversas actividades para reducir el estrés docente en las aulas, como por ejemplo diferentes cursos de formación, reuniones mensuales para que los maestros hablen de sus experiencias, de sus dudas, de sus inquietudes, fomentar la comunicación y la relación entre el personal educativo creando grupos de trabajo y de colaboración entre ellos, apoyándose en las situaciones y casos en las que sean posible. Quizás, empezando por eso, los docentes se sentirían valorados por el lugar del trabajo, y estarían más motivados en las clases. Pero, ya sabemos que en gran parte de los colegios, institutos y universidades, realizar esos programas, les parece una pérdida de tiempo, y en muchas ocasiones, los propios docentes se ven obligados a buscar ayuda externa para no verse superados.

En cuanto a la sociedad
Aunque a la gente le cueste creerlo, la docencia es una de profesionales que más estrés produce. Muchos psicólogos dicen que el número de maestros que pasan por sus consultas está ascendiendo a un ritmo vertiginoso.

Algunos de ellos, afirman haber pasado por depresiones provocadas por el exceso de trabajo y el poco reconocimiento y estima que se les tiene. Lo que es cierto, es que como la mayor parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de lo que realmente llegan a hacer los profesores, como no son conscientes de su implicación con los alumnos, me temo que este problema tardará en solucionarse y que estará presente durante varios años más.

Además, como viene siendo habitual, estas situaciones pasarán desapercibidas por la mayor parte de las personas. Pero, ¿no son los docentes superhéroes camuflados? Pues no, señores míos, está claro que no lo son.



Este contenido ha sido publicado originalmente por Nunca Jamas y Yo en la siguiente dirección: nuncajamasyyo.com | Autor: Mel Elices

Fuente bibliográfica
EL ESTRÉS DOCENTE: UN HECHO AL QUE CASI NADIE PARECE IMPORTAR. WEB DEL MAESTRO CMF [en línea], 2016. [Consulta: 16 marzo 2017]. Disponible en: http://webdelmaestrocmf.com/portal/el-estres-docente-un-hecho-al-que-casi-nadie-parece-importar/. 

22 oct 2016

El estrés bueno: cómo usarlo como aliado

Por: Raquel Beer



Nuevos estudios muestran que la tensión puede ser convertida en un agente motivador.


“No es el estrés lo que nos mata, sino la forma en la que reaccionamos a él”, escribió hace sesenta años el endocrinólogo húngaro Hans Selye en el libro “Estrés, la tensión de la vida”. La máxima de hoy día puede provocar extrañeza si tenemos en cuenta, por ejemplo, que de acuerdo con la Asociación Americana de Psicología, el estrés crónico se relaciona con las seis mayores causas de muerte: trastornos cardíacos, cáncer, enfermedades pulmonares, accidentes, cirrosis y suicidio. Además, una encuesta hecha por la Asociación Internacional de Manejo del Estrés indica que el 72% de las personas laboralmente activas sufre de estrés crónico.

Pero frente a esta catarata de malas novedades vale prestar atención a los estudios que, en lugar de centrarse en los efectos negativos de la presión extrema, fijan su lupa investigativa en las consecuencias beneficiosas para la salud que el estrés puede aportar.

El libro lanzado recientemente “El test del estrés”, escrito por el neurocientífico irlandés Ian Robertson, fundador del Trinity College Institute of Neuroscience, se refiere a eso: a cómo caminar sobre las piedras de la tensión no solo sobreviviendo a ella, sino también aprovechándola.

Historia de presiones
El consenso dentro de la comunidad científica es, desde los años ´50 del siglo pasado, que el estrés perjudica a la salud, tanto física como mental. En un estadio crónico, puede afectar el funcionamiento del cerebro, suprimir la actividad de la tiroides, disminuir la densidad ósea, aumentar la presión sanguínea, debilitar la capacidad de defensa del sistema inmune, y provocar desbalances en el nivel de la glucosa.

Estudios llevados a cabo por Hans Selye, sin embargo, muestran que hay dos tipos de estrés: uno al que podría denominarse como malo (el distrés), que tiene un efecto paralizador y depresivo, y otro, el estrés bueno o eustrés, que puede actuar como un agente motivador y energizante.

Luego de pasadas décadas de los trabajos realizados por el endocrinólogo húngaro (en los años ´80), surgieron las primeras evidencias de que el cerebro no es un órgano inmutable sino que, por el contrario, se transforma a partir de las experiencias que tienen las personas a lo largo de su vida.

Más recientemente, ensayos hechos en el área de la epigenética confirmaron que lo mismo sucede con los genes: ellos pueden alterar su actividad como una forma de reacción a estímulos externos (por ejemplo, los que provocan estrés). Basándose en esas comprobaciones científicas es que Ian Robertson decidió investigar si, controlando las emociones y pensamientos, cualquier personas podría transformar al estrés villano en un aliado.

Para avanzar en su tesis, Robertson tuvo que estudiar de manera unificada el cerebro, clasificado por él como “hardware”, y la mente, que correspondería, en su definición, al “software”. Según el neurocientífico cognitivo (que trabajó como psicólogo durante años) fue justamente el foco exclusivo en el software el responsable de que se esté consumiendo una cantidad tan elevada de antidepresivos en los últimos años.

“Las personas recurren a esos medicamentos cuando no se sienten en control de sus propias emociones y pensamientos”, explica Robertson. “Es necesario entender que nosotros somos los pilotos de esa máquina increíble que es el cerebro y, con la práctica, podemos aprender a controlarla, como así también podemos controlar a nuestras emociones”.

La explicación científica acerca de por qué el estrés puede ser procesado a veces como algo positivo y a veces como un elemento negativo está en la parte del cerebro que es activada en una situación de tensión, puesto que cada una de ellas responde por ciertas funciones.

Entre otras actividades, el lóbulo frontal regula esas acciones. Él es el que logra que las personas actúen dentro de las normas sociales, sin importar lo que estén sintiendo. El lado izquierdo está ligado a la iniciativa, y su principal neurotransmisor es la dopamina, hormona del bienestar. Mientras, el lado derecho se vincula a la inhibición de acciones y una de sus principales hormonas es la noradrenalina, relacionada con el sistema de alerta.

Lo que los investigadores verificaron es que, cuando el lado izquierdo del cerebro se activa, el nivel de cortisol (la denominada hormona del estrés) es menor que cuando se da la situación contraria. Según Robertson, hay técnicas capaces de activar el lado izquierdo del cerebro aún en momentos de alta presión, lo que logra que el estrés asuma, entonces, un carácter positivo.

Consejos. Entre otros, en “El test del estrés”), de Robertson, hay algunas acciones muy simples que ayudan a soportar el estrés, o mejor dicho a canalizarse de un modo menos negativo, y que cada persona puede poner en marcha a diario.

Uno de ellos es, simplemente, apretar una pelota de goma dura con la mano derecha por algunos minutos. ¿Por qué eso es bueno y no un mito? Porque activa el lado izquierdo del lóbulo frontal liberando dopamina, la hormona del bienestar.

Algo fundamental para esquivar el distrés es establecer objetivos pequeños y alcanzables para cumplir una meta más exigente. Y esto hace bien porque cuando una persona se atiene a un propósito el lado izquierdo del cerebro, que se inclina a satisfacerse con recompensas, entra en actividad.

También corporalmente es importante luchar contra el estrés. Algo simple es adoptar lo que los especialistas denominan “pose de poder”: cabeza levantada, postura erguida y relajada, brazos a lo largo del cuerpo, sin tensiones. Algo tan simple como colocar el cuerpo de ese modo hace que el lado izquierdo del cerebro se active y, así, influye para que la persona se sienta confiada.

Un punto fundamental en la lucha contidiana contra el estrés “malo” es concentrarse en lo que uno está haciendo cada vez. Con esto se evita que la mente se sumerja en recuerdos o pensamientos negativos.

Es fundamental, además de estos pocos puntos, interpretar los sentimientos de manera positiva. Por ejemplo: en lugar de llegar a la conclusión de que uno está nervioso, es factible suponer que lo que uno está sintiendo es un gran caudal de energía. Esto es beneficioso porque quien encara una actividad como un desafío y no como un problema seguirá animado y con eso estará activando el lóbulo izquierdo del cerebro, y con eso el área de recompensa y buen ánimo.

Polémica
Considerar el funcionamiento del cerebro y de la mente de ese modo, y analizar los efectos del estrés sobre el ser humano de ese modo, pueden sonar como argumentos y herramientas reduccionistas. El mismo Robertson concuerda en que sus ideas no representan la totalidad de la explicación del problema, y aún así enfatiza que ellas son una parte fundamental del problema.
“Está claro que para escribir mi libro fue preciso simplificar las cosas, como el rol de los lóbulos frontales en nuestra reacción frente al estrés y el hecho de que haya un menor índice de cortisol cuando el lado izquierdo es activado son puntos que están comprobados de manera científica”, asegura el neurocientífico irlandés.


Aún cuando los hallazgos y la propuesta de Robertson sea apenas una fracción de lo que implica manejar el estrés, sus estudios revelan algunos de los caminos capaces de tornar verdadera otra máxima, esta vez establecida por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en “El crepúsculo de los ídolos”, escrito en 1889: “Lo que no me mata me fortalece”.

Fuente bibliográfica
BEER, RAQUEL, [sin fecha]. El estrés bueno | Revista Noticias. [en línea]. [Consulta: 22 octubre 2016]. Disponible en: http://noticias.perfil.com/2016/10/16/el-estres-bueno-como-usarlo-como-aliado/00_ciencia-4/. 

16 jul 2016

¿Por qué se están quemando los profesores?

Por: Pilar Berrios Martos



La docencia está considerada como uno de los trabajos más estresantes. De hecho, en 1993 la Organización Internacional del Trabajo señaló que el estrés es una de las principales causas de abandono en esta profesión.

Desde entonces las cifras no han hecho nada más que empeorar, y los datos más recientes indican que la prevalencia del estrés laboral en estos profesionales es alarmate. Según la Encuesta Nacional de Salud (2012) realizada en España, el 26,9% de los docentes consideran que el estrés laboral es frecuente en sus lugares de trabajo; y según el Informe de Enfermedades Profesionales por Ocupación de 2014, también de ese país, se han registrado entre los profesionales de las enseñanza 812 casos de estrés laboral: 423 con baja laboral y 389 sin baja laboral.

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¿A qué nos referimos cuando hablamos de estrés laboral? El estrés es el resultado del desequilibrio entre las exigencias y presiones a las que se enfrenta el individuo, por un lado, y sus conocimientos y capacidades, por otro. Aplicado al ámbito laboral, no solo incluye situaciones en las que la presión laboral excede a la capacidad del trabajador para hacer frente a la misma, sino que también incluye los casos en que no se utilizan suficientemente sus conocimientos y capacidades (Leka, Griffiths y Cox, 2004). 
Todo ello puede dar lugar a comportamientos disfuncionales y no habituales en el trabajo, contribuir a la mala salud física y mental del individuo, y propiciar el desarrollo del síndrome de burnout(o quemarse en el trabajo), cuyas principales características son: estar cada vez más agotado emocionalmente, perder el interés por el trabajo y no resolver con eficacia los problemas que surjan en el mismo (Salanova y Schaufeli, 2000).

¿Por qué se están quemando los profesores? Actualmente el rol del profesor es retador y estresante ya que desarrolla un trabajo con altas responsabilidades y exigencias. En las escuelas del siglo XX, el éxito del profesor estaba vinculado esencialmente a los logros académicos de sus alumnos, esto es, al rendimiento escolar. Sin embargo, en la sociedad actual aparecen nuevas demandas y retos.

Ahora no es suficiente conseguir un buen rendimiento académico del alumnado, sino que además los profesores tienen la responsabilidad de facilitar y potenciar el desarrollo integral del individuo, su talento y creatividad (Cabello, Ruiz-Aranda y Fernández-Berrocal, 2010). Para hacer frente a estos objetivos el docente no solamente debe prepararse en nuevas materias, sino que además ha de trabajar en equipo, coordinarse por niveles, ciclos y materias, asumir en algunos casos cargos de gestión (Director, Jefe de Estudios, Secretario, etc.), y pertenecer a órganos colegiados (Claustro de profesores, Consejo Escolar, Comisiones, etc.).

Estas responsabilidades, junto con las elevadas demandas por parte de los alumnos y padres, y las continuas reformas de los planes de estudio, están convirtiendo la docencia en una profesión de alto riesgo psicosocial (Salanova, Llorens y García-Renedo, 2003).

La investigación sobre los riesgos psicosociales en el trabajo ha proporcionado resultados interesantes que nos permiten comprender mejor la realidad laboral de las organizaciones modernas. En relación con la profesión docente, los estudios realizados en el ámbito educativo han permitido identificar los principales obstáculos y demandas del profesor, y también sus principales recursos y facilitadores.

Entre los obstáculos se incluyen dificultades sociales (indisciplina, desinterés y falta de motivación de los alumnos, y actitudes negativas de los padres hacia el aprendizaje), y problemas técnicos (problemas con los recursos tecnológicos del centro, problemas con el material didáctico, y fallos o averías en la infraestructura o instalaciones). Las demandas hacen referencia la sobrecarga mental y emocional que a menudo supone la actividad docente.

Los facilitadores incluyen aspectos relativos al esfuerzo personal, así como a conductas de supervisión y políticas de recursos humanos dirigidas a la eliminación de obstáculos (por ejemplo llevarse bien con los alumnos, y que éstos participen en clase, gestión eficaz de las reuniones, y fácil acceso a la información y materiales.

Por último, los recursos incluyen los aspectos laborales e individuales (competencias) que nos ayudan a superar situaciones difíciles, citándose como más relevantes la autonomía, el apoyo social de los compañeros, la autoeficacia, los conocimientos didácticos, la inteligencia emocional y el sentido del humor (Lorente, Salanova, Martínez y Schaufeli, 2008; Salanova, Grau y Martínez, 2005; Salanova, Martínez y Lorente, 2005). Para evitar las consecuencias negativas y potenciar las positivas relativas al trabajo docente, sería interesante formar a los docentes y entrenarlos en el desarrollo de recursos personales que les ayuden a prevenir y/o amortiguar los riesgos psicosociales de su trabajo, a potenciar su bienestar psicosocial, y a mejorar los resultados de su trabajo. Ejemplos de esta aproximación es la aplicación reciente de programas de entrenamiento en inteligencia emocional (IE) en profesores de diferentes niveles educativos, lo cual está aportando grandes beneficios y reduciendo el estrés laboral.
La inteligencia emocional es una capacidad en la que se incluyen 4 habilidades específicas (Mayer y Salovey, 1997): 1)habilidad para identificar y expresar emociones, 2) para usar las emociones en la toma de decisiones, 3) para comprender las emociones, y 4) para regularlas, tanto en uno mismo como en los demás.

En la literatura científica sobre los beneficios de la IE en la actividad docente contamos con estudios que se han centrado en el análisis de la relación entre la IE y los riesgos psicosociales del docente, comprobando que los profesores con más IE experimentan menos burnout (Augusto, López-Zafra, Berrios y Pulido-Martos, 2012), y utilizan estrategias de afrontamiento más positivas y adaptativas ante las situaciones de estrés (Augusto, López-Zafra y Pulido-Martos, 2011).

Asimismo, la IE no solo amortigua los efectos de estrés, sino que también facilita elengagement (Pena y Extremera, 2010), la satisfacción laboral (Taliadorou y Pashiardis, 2015) y el bienestar psicosocial del docente (Fernández-Berrocal y Ruiz-Aranda, 2008).

En cuanto al efecto que tienen los profesores emocionalmente inteligentes en sus estudiantes y en los resultados de clase, se ha constatado que la IE de los profesores es crucial para el desarrollo de las habilidades socio-emocionales de sus alumnos, para establecer relaciones positivas con ellos (lo que ayuda a conseguir alumnos más motivados y menos indisciplinados), y mejorar su ajuste psicológico, engagement y rendimiento académico (Fernández-Berrocal y Extremera, 2003).

Por lo tanto, la capacidad para identificar, usar, comprender y regular las emociones, tanto positivas como negativas, se hace imprescindible en esta profesión, ya que estas capacidades no sólo son importantes para prevenir desajustes en la salud mental del profesor y desarrollar dichas competencias en los estudiantes, sino también para crear entornos favorecedores del aprendizaje.


13 ene 2016

Memoria: El cerebro no toma vacaciones

Por: Silvina Peralta



Ejercitar nuestro cerebro contribuye a mejorar las funciones cognitivas.

Nuestro cerebro, el más evolucionado de la creación, está en constante actividad, y necesita ser cuidado y estimulado para cumplir su función de la mejor manera.

¿Cómo?

A través de:
·        Dieta saludable.
·        Buen descanso.
·  Vida social dinámica y variada (mantener una amplia gama de actividades y hobbies, intercambiar opiniones y encuentros con gente de distinta edad).
·        Control de problemas de salud.
·        Control de hábitos (No abusar del alcohol, tabaco, etc.).
·        Realizar actividad física.
·     Controlar el estrés mediante la expresión de las emociones y efectuando cambios, que nos alejen del él.
·        Además, múltiples estudios científicos evidencian que, al igual que el ejercicio físico mejora la función motora y produce cambios en los músculos, el ejercitar nuestro cerebro contribuye a optimizar las funciones cognitivas.

¿De qué modo?

Manteniendo la mente activa y exponiéndola a situaciones novedosas, apartándola de la rutina.

Hay multiplicidad de actividades que posibilitan llevar a cabo esta activación. Estas no se limitan a juegos de ingenio, crucigramas o sopa de letras. Muchos de estos juegos hace años que los hacemos a la perfección y no constituyen ningún desafío.

El secreto se encuentra en realizar actividades que habitualmente no realizamos: escuchar un tipo de música que no estamos acostumbrados, visitar y conocer lugares nuevos, probar nuevos caminos para llegar a un determinado lugar, afrontar nuevos aprendizajes (idioma, computación, y/o taller literario), acudir a reuniones o cursos en donde compartamos un espacio de encuentro con personas que no son de nuestro entorno habitual y que nos plantean miradas distintas con respecto a temas diversos que se abordan.

La clave se encuentra en afrontar situaciones nuevas y actividades variadas porque cuando las mismas no ofrecen cierto grado de dificultad, no aportan demasiado. 

También existen programas específicos de estimulación cognitiva, consistentes en ejercicios que no sólo estimulan  la memoria sino otras funciones que se encuentran íntimamente relacionadas y que interactúan con ella,   como por ejemplo distintos tipos de atención, función ejecutiva (capacidad para planificar, abstraer, y secuenciar), lenguaje, y habilidades visuoespaciales.

Estas son algunas de las múltiples alternativas que pueden poner a nuestras neuronas en acción y no darles vacaciones.

No hay límites de edad para ejercitar el cerebro. En efecto aquéllas personas que  continúan estimulados social, física y mentalmente en todas las etapas de su vida,  evidencian un mejor rendimiento cognitivo, a partir de un cerebro que parece aún más joven que lo que indican sus años. 

La clave  se encuentra en no jubilar a nuestro cerebro, sino  ofrecerle Júbilo …!!!!

Lic. Silvina Peralta, especialista en Trastornos de la memoria, Centro de Neurociencias Los Manantiales


www. grupogamma.com

Fuente: https://profesionales.lacapital.com.ar/Neurociencias/8/Neurologia/18/163_Memoria_El_cerebro_no_toma_vacaciones
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