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15 ago 2015

El maltrato laboral ya no se silencia y puede tener graves consecuencias

Por: Sebastían Hadida

El hostigamiento de jefes a subordinados o entre pares es tomado en serio por la Justicia; puede llevar a un despido con causa o a la compañía a juicio.


Al reintegrarse a su puesto de trabajo como asesora de ventas en la sucursal central de compañía de telecomunicaciones en Tucumán, luego de haberse tomado licencia por maternidad, una joven mujer denunció, después de unos meses, que comenzó a padecer todo tipo de represalias y tratos denigrantes por parte de su jefa directa. Como resultado, cayó en una espiral de angustia, a tal punto que debió dejar de trabajar por prescripción médica. El 7 de julio, cansada de reclamar y no obtener respuestas por parte de las autoridades de la empresa, la joven empleada se animó a presentar una queja formal ante la Secretaría de Trabajo de Tucumán.

En los ambientes de trabajo, estos juegos perversos de abuso de poder son más frecuentes de lo que muchos imaginan. El problema es muchas veces las agresiones y los malos modos son naturalizados, silenciados, y pasan a formar parte de las reglas tácitas aceptadas como parte del contrato laboral. Pero hay un cambio, y las empresas deben tomar conciencia de que el maltrato puede traer consecuencias graves para la compañía.

A diferencia de otros países como Suecia, que fue pionera al establecer en 1992 una ley contra el hostigamiento en los sitios de trabajo, la Argentina recién se atuvo a darle un marco normativo a la problemática en 2013 a través de la ley 1125 contra la violencia laboral.

Comenzaron a surgir entonces iniciativas gubernamentales para concientizar sobre el fenómeno, y el 30 de junio pasado el Ministerio de Trabajo presentó un manual para empresas que alerta sobre cómo proceder ante la detección de un problema de este tipo. Algunas de sus recomendaciones son: averiguar si el problema se extiende a otros trabajadores de la organización; adoptar las medidas para que cese esta situación; cuidar y proveer un espacio de escucha para los trabajadores; fomentar la conciencia sobre los riesgos y consecuencias de la violencia laboral, y elaborar políticas y planes para combatir este problema, entre ellas, la capacitación de los mandos superiores y medios.

El ministro Carlos Tomada, además, firmó un acta de compromiso hace pocos días con 17 nuevos sindicatos por "trabajo digno sin violencia laboral", quienes se sumaron a las 112 organizaciones laborales que ya habían suscripto previamente.

Mobbing es un anglicismo que refiere al acoso psicológico reiterado y sostenido en el tiempo que produce daños agudos en la salud física, psíquica y emocional de la víctima. Es la manifestación más habitual de la "violencia laboral", según Patricia Sáenz, titular de la Oficina de Asesoramiento de Violencia Laboral (OAVL) del Ministerio de Trabajo".

Hay hostigamiento psicológico cuando una persona le ordena a otra tareas humillantes, cuando la ningunea y actúa como si no existiera, cuando no le otorga responsabilidades, cuando la descalifica delante de otros, cuando difunde rumores agraviantes acerca de su intimidad, cuando le echa la culpa de cosas que no hizo, cuando la somete a todo de tipo de burlas o le propina gritos desmesurados.

"Se produce un cuadro similar al del estrés, pero éste va in crescendo a medida que avanza el proceso de violencia que se padezca", afirma la abogada laboralista y experta en violencia laboral, Susana Treviño Ghioldi.

A la larga, los trastornos psicofísicos no tardan en llamar a la puerta de su organismo. Estrés, depresión, insomnio, aislamiento, dolores posturales y cervicales, cefaleas, dolores gastrointestinales y todo tipo de manifestaciones psicosomáticas son los visitantes no deseados que se meten sin pedir permiso en el cuerpo de la víctima.

"El bossing se presenta cuando la conducta disvaliosa es ejercida por el jefe hacia sus subordinados", argumenta la doctora en Derecho y profesora universitaria Miriam Ivanega. "También puede darse entre pares porque el poder circunda más allá del cargo", acota Sáenz.

La división jerárquica de los roles en una oficina son el caldo de cultivo perfecto para que personas con inclinaciones déspotas no tarden en ponerle la bolilla negra a su nueva víctima, con quien se obsesionan. "Toda forma pasiva implica en definitiva complicidad y permisividad. La falta de solidaridad, desafortunadamente, puede generar una cultura de la violencia institucionalizada, que en consecuencia produce un ambiente laboral envenenado", apunta Treviño Ghioldi.

¿QUÉ HACER?
De acuerdo con las estadísticas de la OAVL, a partir de una muestra aleatoria de 300 consultas recibidas en 2014, el 69% de los consultantes eran de sexo femenino y apenas el 31% masculino. El mismo sondeo da cuenta que el 61% de los acosadores denunciados son hombres y 39% mujeres.

Cuando la víctima de mobbing se asume como tal lo normal es que salga a pedir ayuda. Lo primero que debe hacer el acosado "es informarle a su empleador de la situación a los efectos de que adopte las medidas internas y o judiciales que correspondan", asevera Ivanega. "De no arbitrar estos mecanismos es solidariamente responsable con el victimario por las consecuencias del acoso", advierte la especialista.

Simultáneamente, la víctima puede realizar gestiones para recibir asesoramiento en asociaciones sindicales o en oficinas públicas. La OALV (4310-5525, violencialaboral@trabajo.gob.ar) se encarga particularmente del abordaje de casos de violencia laboral. Allí, un equipo interdisciplinario compuesto principalmente por psicólogos y abogados se ocupa de escuchar cada caso, y de mediar confidencialmente entre las partes para resolver la situación.

"Nuestro procedimiento es diferente porque lo que lo que hacemos es comunicarnos con el empleador, nunca con el acosado. Hacemos una audiencia de acercamiento de partes donde le comentamos al empleador la situación del empleado, le pedimos una protección para que siga trabajando y le solicitamos una resolución que incluya qué hacer con el acosador", describe Sáenz.

Un caso de mediación exitosa por parte de la OAVL es el de Jorge, un empleado bancario de 38 años que luego de diez años de trabajo ininterrumpido en el mismo banco privado tuvo que atravesar una dura situación de violencia laboral. "Cuando cambiaron los gerentes de la sucursal, comenzaron a restringirme tareas y me sacaron a los clientes más grandes", relata Jorge, que como corolario comenzó a experimentar dolores de estómago, contracturas fuertes y mareos, que lo llevaron a pedir licencias con bastante frecuencia. 

"Eso empeoró las cosas porque a raíz de mis ausencias se justificaba el continuar desplazándome. No me convocaban a reuniones, ni me incluían en proyectos. Sentí que mis compañeros comenzaban a evitarme", evoca. Tras la intervención de la Oficina, sus superiores le ofrecieron cambiar de sucursal conservando su cartera de clientes.

"Se tomaron medidas que mejoraron mi situación y el ambiente de trabajo. A partir de dicho cambio mejoró mi salud", señala.


De acuerdo con una encuesta desarrollada en el primer semestre de 2014, el 73% de los casos con intervención de la OALV obtienen una respuesta positiva para la víctima, mientras que un 23% son desvinculadas, ya sea por renuncia, acuerdo de desvinculación o despido. El expediente que elabora la OALV les sirve a las empresas para despedir con causa justa al agresor, y a la víctima como prueba en caso de que decida ir a juicio.

Fuente bibliográfica
HADIDA, SEBASTIÁN 2015. El maltrato laboral ya no se silencia y puede tener graves consecuencias. [en línea]. [Consulta: 14 agosto 2015]. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1817609-el-maltrato-laboral-ya-no-se-silencia-y-puede-tener-graves-consecuencias. 

19 may 2014

Cómo trabajar cuando su jefe es un psicópata

Por: Lauren Comiteau

Jefe psicópata en la oficina
Los tiranos corporativos pueden ser protagonistas de películas atrapantes durante un par de horas: piense por ejemplo en el Gordon Gekko de Michael Douglas en "Wall Street" o en Leonardo DiCaprio en "El Lobo de Wall Street". Pero en la vida real, los jefes de esta clase tienen efectos devastadores sobre trabajadores y empresas.
Miranda -periodista de una agencia de noticias holandesa por más de 20 años, que pide no publicar su apellido por temor a perjudicar sus relaciones profesionales- cuenta que una vez le tocó trabajar para un gerente tiránico y manipulador.
"Solía echarle la culpa a todos los demás si las cosas salían mal", relata. "Durante la noche se mandaban correos electrónicos a toda la oficina en los que se humillaba a una persona determinada, sólo porque sí".
Sus actos socavaban la estabilidad y la confianza.
"Los jefes intermedios y los editores luchaban entre sí para llegar a convertirse en el favorito de este directivo. Y él era muy maquiavélico y jugaba a enfrentar a unos con otros".

Psicopatía corporativa

A pesar de que estos monstruos oficinescos se suelen retratar en la pantalla como antihéroes más bien inofensivos, en el mundo empresarial se está generando una ola de preocupación por las cada vez más extendidas conductas abusivas en los espacios de trabajo, lo que los académicos han dado en llamar "psicopatía corporativa".
"Los psicópatas saquean corporaciones enteras. Juegan con nuestro dinero y luego acuden al Estado para que los rescaten"
Oliver James, autor de "Dinero y política de oficina"
Tras la crisis financiera mundial, se ha desarrollado un corpus de investigación cada vez mayor sobre las conductas inadecuadas delbully (matón) corporativo, que parecen darse en particular en el sector bancario y financiero.
La investigación está empezando a identificar rasgos que ya no se consideran simplemente desagradables y perjudiciales, sino que tienen carácter psicopático, según sugieren los expertos.
La lista clínica de rasgos psicopáticos comunes -que incluyen la falta de remordimiento, la amabilidad que puede aparecer y desaparecer sin previo aviso, el egocentrismo, la mentira, la capacidad de manipulación, la impulsividad y la pobreza emocional- predominan entre las personas que se sienten atraídas por puestos de poder.
Es importante distinguir entre el comportamiento psicopático y el psicótico. La psicosis es un síntoma de una enfermedad mental que, en un lenguaje llano, se da cuando alguien pierde contacto con la realidad. Cuando los psicólogos hablan sobre los psicópatas, sin embargo, se refieren a personas con un trastorno de la personalidad con características distintivas como la crueldad, el encanto y la extrema frialdad que pueden mostrar aun estando bajo presión, así como la carencia de empatía y conciencia.
Estos rasgos -dicen los expertos- suelen aflorar entre personas que persiguen la riqueza, la gloria y la necesidad de controlar a los demás.

Saqueo

Empleado atemorizado
El daño en la salud mental de los empleados es materia de estudio de quienes observan el crecimiento de la "psicopatía corporativa".
No son sólo sus subordinados inmediatos de la oficina los que deberían estar temblando.
"Los psicópatas saquean corporaciones enteras. Juegan con nuestro dinero y luego acuden al Estado para que los rescaten", dice el psicólogo y locutor Oliver James, autor del texto "Dinero y política de oficina: Cómo prosperar en un mundo de mentiras, puñaladas traperas y trucos sucios".
"Casi todos los recientes cataclismos (financieros)" pueden atribuirse a personas que muestran un comportamiento psicopático, indica James.
El húngaro Elie Wiesel, a quien se le concedió el Premio Nobel de la Paz en 1986 y fue víctima de la estafa piramidal Ponzi de Bernard Madoff, ha dicho que "psicópata" es "un calificativo demasiado amable" para describir a Madoff, que ahora está encarcelado por encabezar el que se considera el mayor fraude financiero de la historia de Estados Unidos.
El académico británico Clive Boddy va incluso más lejos y culpa del derrumbe financiero mundial de 2009 a los líderes empresariales que muestran conductas psicopáticas.
"Creo que ellos han ejercido gran influencia en toda la ética de las organizaciones, precipitándola en una espiral descendente", señala.

¿Cuántos y quiénes?

Es difícil decir qué porcentaje de las personas en un espacio de trabajo muestran conductas psicopáticas.
"Los denominados "psicópatas altamente funcionales", que no suelen representar una amenaza física para sus compañeros, pueden ser muy eficaces en algunos entornos corporativos, ya que no sienten ningún remordimiento por despedir al personal ni por atribuirse los méritos que corresponden a otros"
El psicólogo Robert Hare, cuya Escala Revisada de Evaluación de Psicopatías (conocida como "PCL-R") de 20 puntos se ha convertido en la principal herramienta de diagnóstico para este trastorno, estima que estos sujetos representan alrededor de 1% de la población general.
Algunos estudios menos científicos, realizados principalmente por internet, sugieren que el número puede ser mayor en los consejos de administración de las empresas.
En 2011, el psicólogo Kevin Dutton, de la Universidad de Oxford, lanzó la Great British Psychopath Survey ("Gran encuesta del psicópata británico").
Dutton utilizó una prueba psicométrica para encuestar a 5.500 personas en la que se les pedía a los participantes que evaluaran en qué medida estaban de acuerdo con una serie de afirmaciones que iban desde "En mundo actual, siento que puedo estar justificado para hacer cualquier cosa con tal de tener éxito" hasta la afirmación "El amor está sobrevalorado."
Aunque no es un relevamiento estrictamente científico, el resultado fue indicador de las profesiones por las que se sienten más atraídas las personas con tendencias psicópatas.
Los puestos ejecutivos encabezan la lista, seguidos de abogados, profesionales de los medios de comunicación, personal de ventas y cirujanos. Los periodistas, policías y miembros del clero también ocupan un lugar al tope de la lista.
Michael Douglas
Como Michael Douglas en "Wall Street", los psicópatas son personajes interesantes para una película. En la vida real, la cuestión es más seria.
¿Y cuáles son los profesionales que menos probabilidades tienen de exhibir rasgos psicopáticos? Asistentes sociales, enfermeros, terapeutas, artistas y profesores.

También tiene sus ventajas

Existe, sin embargo, algún aspecto de la crueldad en la oficina que puede tener algunos beneficios.
Aunque estos líderes causan miseria y destrucción, "aquellos que pueden frenar sus tendencias a ignorar las reglas de la sociedad cuentan con una gran ventaja -señala James-. Si uno no se preocupa por los demás, como sí hace la mayoría de las personas, es más libre y puede pensar de manera innovadora".
Los denominados "psicópatas altamente funcionales", que no suelen representar una amenaza física para sus compañeros, pueden ser muy eficaces en algunos entornos corporativos, ya que no sienten ningún remordimiento por despedir al personal ni por atribuirse los méritos que corresponden a otros, al mismo tiempo que son capaces de achacar sus propios fracasos a errores inventados y ajenos.
"La codicia es conveniente en una economía globalizada, donde se necesitan personas en las altas esferas que sean despiadadamente crueles", dice James, sobre todo cuando se trata de tomar decisiones de negocios cruciales como los recortes de personal.
Pero esa misma crueldad, si no se controla, conlleva un alto riesgo: podría causar "que la empresa sufra una debacle".

Dosis justa

James trabaja actualmente con ejecutivos de alto rango para ayudarlos a ser lo "suficientemente psicopáticos".
Solamente se puede trabajar con algunos jefes que muestran rasgos narcisistas o maquiavélicos, dijo James.
Jefe psicópata
A los jefes psicópatas las cosas se les pueden salir de las manos.
¿Y qué hacen mientras tanto los empleados? Pueden probar poner en práctica la adulación para los primeros, mientras que a los segundos deben demostrarles que les pueden ser útiles, sugiere el experto.
Aunque, para muchos, la situación puede ser simplemente insoportable.
"Es como trabajar para un niño de 6 años", explica el psicoterapeuta Audrey Kraft, que vive y trabaja en Amsterdam, Holanda.
El estudioso británico Boddy, quien ha escrito extensamente sobre ética empresarial, ofrece algunas sugerencias para los trabajadores hostigados: conoce a tu enemigo familiarizándote con la literatura sobre psicópatas corporativos para que puedas anticipar sus acciones.
Luego, documenta todos los casos de abuso; no lo tomes como algo personal; procura contar con testigos durante los enfrentamientos para evitar cualquier posible reacción violenta y, lo más importante, prepárate para enfrentarte a que los jefes de tus jefes no crean nada de lo que dices y padeces.

"Si ese es tu jefe, estás metido en un gran problema. No vas a poder cambiarlo y no aprenderá de sus errores", sentencia Kraft.

Fuente:http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/03/140327_economia_empresa_jefe_psicopata_vp.shtml

20 feb 2014

¿Y si atamos de pies y manos al bibliotecario? [Opinión]

Por: Julian Marquina

Parece descabellada la idea… incluso un poco sadomasoquista, para algunos. 

Pero así es como se siente muchos de los profesionales que trabajan en las bibliotecas y que ven como avanzan otros compañeros de profesión según lo hace la sociedad o las nuevas tecnologías mientras ellos no pueden porque “los de arriba” no les dan el OK para hacer nada o prefieren que no se hable de ellos por ningún medio. Lo que viene siendo el “no destacar por si acaso la cagamos”.

A eso se le llama miedo. Miedo por innovar, miedo por imaginar y miedo por emprender desde dentro de la biblioteca. Y ese miedo es el que hace que los bibliotecarios prefieran no salirse de sus labores diarias y se queden sentados viendo pasar un tren al cual les da pereza subir, por no decir miedo. En otro lado estarían los bibliotecarios que ven pasar ese tren y NO sienten ese miedo o esa necesidad por innovar, imaginar un nuevo futuro o emprender porque ven que con las labores diarias de la biblioteca ya tienen más que suficiente, y que piensan que están más cerca de la antigua biblioteca de Alejandría que de todos los avances futuristas aplicados a las bibliotecas. En este caso no hablo de ellos, sino de los que quieren y no pueden.
Lo que está claro es que hace falta contagiar la actitud, energía y positividad para afrontar el futuro. Para cuando pase ese tren del que os hablaba no le coja desprevenido a ese bibliotecario. Hay que empezar por esos pilares básicos para poder construir una biblioteca con unos pilares fuertes que resistan toda la carga del futuro.
No hay que tener miedo al fracaso. El fracaso es lo que nos va a enseñar cómo es la vida, más que los éxitos. Las bibliotecas no pueden vivir en el mundo de la perfección continuamente. Tampoco estoy proclamando a saltarse las reglas escritas de lo que es una biblioteca, lo que quiero decir es que a esas reglas se les pueden ir sumando nuevas reglas y caminos a andar y explorar.
En muchas ocasiones no hace falta tener un gran conocimiento sobre cómo hacerlo o cómo llegar a lo quiero conseguir. Lo principal es tener la idea de lo que se quiere hacer e ir andando poco a poco, y sin miedo, por ese camino. En ocasiones son caminos con baches y trampas, pero creo que estando la idea se pueden buscar caminos alternativos para llegar al objetivo final.
Luego existe la soledad del bibliotecario en su trabajo, cuando desde un principio (por no decir de los orígenes) es una actitud corregible. La actitud del bibliotecario debe basarse en el apoyo y en la colaboración interna y externa con sus usuarios u otras entidades. Lo que viene siendo trabajo en equipo e indistintamente de quien forme ese equipo. Necesita compañía para emprender todo lo que quiere hacer y saber si lo que va a hacer va a tener algún resultado, ya sea negativo o positivo.
El bibliotecario tiene que ser el perfecto anfitrión de la biblioteca, un perfecto relaciones públicas en todos los escenarios donde esté la biblioteca presente. Un bibliotecario que escucha a sus usuarios y asimila los cambios sociales. Un bibliotecario que incentiva la colaboración y que tiene un alto grado de compromiso con la biblioteca. Un bibliotecario que lucha porque crezca la biblioteca y que experimenta sin miedo al fracaso.
En definitiva, un bibliotecario sin ataduras ni miedos. Un bibliotecario que contagia su actitud, energía y positividad a quien haga falta con tal de poder innovar, imaginar y emprender dentro de la biblioteca. Un bibliotecario por y para su biblioteca, por y para sus usuarios y sin la necesidad de colgarse medallas.
Texto inspirado en el ThinkEPI El bibliotecario desactivado tras su lectura.
Fuente: http://www.julianmarquina.es/y-si-atamos-de-pies-y-manos-al-bibliotecario-opinion/

28 nov 2013

Cómo lidiar con la jefa de la oficina

Por: Mariana Israel


Todas las sufrimos alguna vez: esas arpías de la oficina que convierten tu vida laboral en un infierno. Son tan miserables que esperan que todos sean tan desgraciados como ellas. Son inseguras en el fondo, pero por fuera son fieras que no titubean al gritarte órdenes, que te respiran en la nuca mientras trabajas y que no dejarán pasar la oportunidad de agigantar tus errores. ¿Te resulta familiar la escena?


Mujeres malas
Luz padece a su jefa de trabajo desde hace tiempo. En cuanto algo va mal, le echa la culpa automáticamente. “Es insufrible. Nunca se hace cargo cuando se equivoca; siempre termina acusándome a mí por sus problemas”, se lamenta Luz, que acabó renunciando.

Guillermina tiene una jefa arpía-controladora. De esas que siempre le encontrarán el mínimo defecto a tu trabajo. Una obsesiva de la perfección, que nunca está conforme con los resultados y que sostiene que para tener la tarea bien hecha, debe hacerla ella misma.
Hay otros tipos de arpías: la “indiferente” y la “gritona”. La primera es la que directamente te aniquila con la indiferencia. Es la Miranda Priestly del filme El Diablo Viste a la Moda, que te habla sin mirarte y que ignora que existes. La segunda es la que está perpetuamente de mal humor y monta una batalla ante el mínimo debate. Es un volcán siempre a punto de entrar en erupción. #Miedo.


Convivir con ellas
Meredith Fuller, autora del libro Working with Bitches, exploró las condiciones de trabajo de muchísimas mujeres acosadas por sus colegas y llegó a varias conclusiones:
-Nos quedamos calladas. “Es vergonzoso reconocer que estamos dejando que alguien nos ofenda o que no encontramos el modo de resolverlo”, explica en la revista Psychology Today. Fuller apunta que tal vez estamos preocupadas por conservar nuestro empleo y nos aguantamos el mal trago.
-Comenzamos a dudar de nosotras mismas. La autora señala que llegamos a preguntarnos si somos débiles o demasiado sensibles. O cuestionamos nuestra falta de habilidad política o estratégica.


¿Las soluciones?
Fuller propone varias formas de convivir con estas arpías en el sitio de la revista Psychology Today.
1. Nunca estés sola cuando debas hablar algo importante con ella. Puede decir luego que “se olvidó” de lo que decidieron.
2. Defiéndete con hechos. Prepárate para las reuniones y, si llegara a acusarte de algo, extrae la evidencia. Cuando intercambien mails, haz copias ocultas para que haya testigos de la situación; guarda todo documento impreso.
3. Busca apoyo en tus demás colegas. Lo que ella pretende es separarlos, para dominarlos. Si se alían, serán más fuertes para hacerle frente.
4. Protege tu privacidad. No le cuentes de tu vida íntima. Le estarás regalando argumentos de tortura.
5. Mantén la calma. No le des el gusto de perder la paciencia y explotar, porque es exactamente lo que ella quiere lograr.


Y tú, ¿has tenido que lidiar con una arpía en la oficina?

Fuente: Revista Psychology Today (psychologytoday.com).
Fuente:http://ar.mujer.yahoo.com/blogs/consigue/como-lidiar-con-la-arpia-la-oficina-184032081.html

24 nov 2013

Ideología política en el trabajo

Por: Vilma Garcia

Es uno de los puntos que integran el conjunto de derechos consagrados en los tratados internacionales, pero a diferencia de otras materias, éste no es muy específico, y su ejercicio está sujeto a las diferentes legislaciones laborales.

Ideología política


Las sociedades modernas contemplan en sus constituciones una serie de pautas consagradas a garantizar el libre ejercicio de los derechos civiles, pues la evolución y el desarrollo social, se basan precisamente en la participación democrática de los ciudadanos, siendo la política, uno de los pilares de dicha participación.
Toda actividad de índole político debe ser ejercida libremente, sin embargo, existe un marco legal, que como en todo lo relacionado con los deberes y los derechos ciudadanos, estipula límites para garantizar la igualdad y el respeto a todas las personas, incluyendo el pluralismo.
Puede afirmarse que la libertad política o ideológica es el derecho y la habilidad que tiene todo individuo de expresar libremente su voluntad, así como la decisión de escoger una organización social o partidista a la cual pertenecer sin restricciones arbitrarias.
Esta libertad comprende la facultad de adoptar una visión propia del mundo, la posibilidad de enjuiciar la realidad desde esa perspectiva y la facultad última de actuar en consecuencia según las propias ideas, sin tener que aceptar injerencias de ninguna índole ni un trato diferente o discriminatorio.

Derechos políticos en el marco laboral

Desde el punto de vista laboral, existen derechos fundamentales consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como en la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), y el Convenio 111 de la Organización Internacional de Trabajo, OIT.
Las principales garantías se refieren a dos puntos esenciales:
  1. La libertad ideológica sin más limites que los necesarios para el mantenimiento del orden
  2. La prohibición expresa de obligar a los trabajadores a declarar acerca de sus ideologías políticas
Es necesario aclarar que las actividades de índole sindical, si bien suelen estar relacionadas con la política, no son de naturaleza política sino reivindicativa, por lo tanto, su ejercicio y regulaciones no se consideran para efectos de la libertad ideológica.

Límites razonables

No es posible desde el punto de vista de la constitución y las leyes, que una empresa o patrono establezca condiciones a un trabajador para su contratación o promoción, basándose en su afiliación política.
No obstante, la libertad ideológica conlleva actos de carácter verbal y práctico como el derecho de asociación y reunión, la libertad de expresión y la libertad de enseñanza, los cuales pueden chocar en un momento determinado, con la reglamentación de una empresa o patrono.

Todo derecho implica un deber

Las convenciones y tratados internacionales sobre la materia, son menos específicos con respecto a los deberes inherentes a estas libertades y derechos.
El Artículo 29 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que toda persona tiene deberes respecto de la comunidad, y más adelante menciona que existen algunas limitaciones, las que establezcan las leyes, con el fin de "asegurar el reconocimiento y el respeto a los derechos de los demás, y de satisfacer las demandas de la moral, el orden y el bienestar general de la sociedad".
El texto señala, asimismo, que los derechos y libertades "no pueden ser ejercidos en oposición a los principios y propósitos de las Naciones Unidas". Por lo tanto, más que deberes, lo que se plantea son límites en la práctica de estos elementos.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos, en su Artículo 32, plantea derechos para con la familia, la comunidad y la humanidad en general, y el documento que precedió a la Declaración Universal, denominado Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, estableció una serie de deberes individuales, sin embargo, ningún párrafo señala el tema de las ideologías políticas, ni tampoco la manera como esos deberes tienen que ser observados.
Esta serie de ambigüedades han dado paso a que desde algunas organizaciones se apele a una especie de ética global, que haga énfasis en una cultura de la tolerancia, la no violencia y la igualdad, para contrarrestar las lagunas y vacíos presentes en los documentos internacionales sobre derechos humanos, en especial, los referidos a la ideología política.

Fuente:http://coyunturaeconomica.com/leyes-laborales/ideologia-politica

18 nov 2013

Reflexiones acerca del avance de la violencia


Por: Roberto Burad - Primer juez federal al inicio de la democracia.



1. El avance inusitado de la violencia nos incentiva a formular distintos interrogantes. Preguntar, por ejemplo: 


¿Por qué la violencia ha ingresado con tanta rapidez en distintos sectores de nuestra sociedad? 

¿Por qué la agresión de género causa tantas heridas y muertes específicamente a las mujeres? 

¿Por qué la violencia sin piedad contra los niños? 

¿Por qué la agresión física y psíquica hacia ellos?

¿Por qué la violencia escolar entre alumnos de similar edad, empleando la fuerza, las burlas, amenazas y humillaciones?

¿Por qué un conjunto de hinchas deportivos golpea, o infiere puñaladas o mata al seguidor de otro equipo?

¿Por que la violencia se manifiesta entre los seguidores de diferentes partidos políticos?

¿Por qué la violencia laboral, sexual e institucional?

2. No todas las preguntas tienen respuestas y adecuadas soluciones. Pero resulta necesario reconocer que la violencia es impulsada siempre por la decisión de agredir, lastimar, menoscabar, disminuir o suprimir la vida de otros seres humanos.

La violencia individual, social, o institucional tiene que ver con el choque que se produce entre los seres, cuando alientan un sentido de la vida marcadamente diferente. El violento juzga que el otro no resulta necesario para la vida social, es un estorbo, otras veces un ser considerado prescindible o calificado como un enemigo. 

Esta concepción inspira la formulación de una regla perversa, que consiste, en su implementación extrema, en el logro de su aniquilamiento o su desaparición, o su acorralamiento en el silencio y la marginalidad.

En ese escenario, las víctimas de la violencia son instaladas en espacios de indignidad, rebajadas como seres humanos, con horizontes precarios y miserables. Los violentos, a su vez, se ubican como administradores dominantes de los sufrimientos ajenos, de agonías y muertes.

3. La violencia entonces -cualquiera fuere su intensidad, leve, grave o gravísima- constituye hoy uno de los obstáculos más inquietantes de la vida social, por la irracionalidad, los daños, injusticias e inseguridades que se producen en casi todos los ámbitos de la interacción social.

Remarcando lo anteriormente dicho, los actos de violencia configuran exteriorizaciones cotidianas de ese estigma. Los violentos además tienden siempre a suprimir los derechos reconocidos a otros seres humanos.

4. El avance de las acciones violentas también se verifica en las calles de Mendoza; en las canchas de deportes; en las escuelas, colegios y universidades; en el interior de los hogares; en las manifestaciones colectivas, entre otros espacios sociales. La pluralidad de estas acciones, cuando persiste, constituye una invitación a la permisividad y un debilitamiento de la tolerancia y el respeto mutuo.

La búsqueda de las causas que producen los distintos tipos de confrontaciones violentas es propia de una investigación muy profunda, en la que se conjugan diferentes disciplinas. Tienen mucho que aportar los sociólogos, juristas, filósofos, psicólogos y psiquiatras, educadores, religiosos, criminólogos, antropólogos, legisladores, entre otros.

En ese derrotero hacia el encuentro causal caben otros interrogantes: ¿La violencia es una enfermedad; es la ausencia de factores culturales y educativos; es la presencia tardía de la justicia; es el incumplimiento de normas morales y sociales, reglas de conducta que permiten la convivencia social; han fracasado ciertos postulados educativos; los medios masivos de comunicación están a la altura de los tiempos; es el avance del consumo y comercialización de la droga, cualquiera sea la clase social; es la decadencia de principios religiosos y paradigmas espirituales; es la injusticia social con su secuela de desigualdades y falta de oportunidades?

5. La violencia, en su avance, amenaza con estimular la fragmentación comunitaria, que significa no preferir o no tener vínculos cooperativos y solidarios. Pero además observamos que una interacción de frialdad se extiende sobre las relaciones humanas, que tradicionalmente fueron cálidas, puntos de apoyo del respeto y el intercambio de inquietudes, ideas y proyectos. 

Ha declinado en las familias y en los centros educativos el hábito del diálogo, y con él la aceptación de opiniones diferentes; también tienden a aflojarse las normas disciplinarias, tanto como el interés y el respeto por el otro; al propio tiempo se debilitan los acuerdos mínimos de reglas de entendimiento y admisión de opiniones y actitudes diversas.

6. Desde otro ángulo de mira, la No Violencia parece extraña a nuestra cultura; y aun a nuestra historia, que alberga desde 1810 hasta el presente innumerables hechos violentos, que han perseguido en cada etapa la exclusión del otro, su eliminación o exterminio individual o grupal. Pero la No Violencia, la AHIMSA de Mahatma Gandhi, es posible y necesaria en nuestra sociedad.

7. Por otra parte, con el advenimiento de internet, la violencia ha encontrado la ruta cibernética, que posibilita nuevas manifestaciones en red. En las relaciones virtuales entre los seres participa un gran número de personas, que reunidas en la Web, todas juntas en un instante pueden decidir la promoción de actos violentos, que tendrán su efectiva realización en las relaciones sociales verdaderas.

Por supuesto, la tecnología cibernética que ha convertido al mundo en una "aldea global" puede estar también al servicio de justas causas. Pero lo que aquí interesa destacar en el tema que nos convoca es que la dominación, la intolerancia y el odio siempre acompañan al desarrollo de la violencia. La historia ha demostrado que la más cruel de las intolerancias es de orden político cuando el Estado desenvuelve acciones sistemáticas tendientes a la destrucción o exterminio de un grupo social determinado.

A pesar de ello, o más bien a causa de ello, siempre es posible divisar un presente diferente, más humano e integrado, con una renovación de valores y perspectivas, según transcurre inexorablemente la vida.

14 nov 2013

Dime cómo es tu jefe y te diré si asciendes




Los jefes no gustan. No caen bien. Buenos, malos o regulares, lo cierto es que todos los sufrimos y acaparan la mayor parte de nuestras quejas cotidianas en el trabajo. De hecho, “en las organizaciones se suele entrar por un buen proyecto y salir por un mal jefe”, indica el presidente de la firma de cazatalentos Odgers Berndtson, José Medina. Y es que muchos de ellos, en lugar de poner una escalera al ascenso de su equipo, lo que hacen es ponerle la zancadilla.
“El jefe es esencial en el desarrollo profesional de sus colaboradores. En particular, el primer o primeros superiores jerárquicos, son los que marcan el itinerario profesional del trabajador”, sostiene José Ramón Pin, profesor de dirección de personas en las organizaciones del IESE. Por eso resulta tan relevante su modelo de gestión del personal.
Existe mucha literatura sobre liderazgo. Los americanos son expertos en esta disciplina del management. Y aunque todavía está por descubrir el jefe perfecto, sí se han clasificado sistemáticamente los estilos de dirección que practican, determinantes para el progreso de la carrera de cualquier empleado, según coinciden directivos y subordinados consultados.

La crisis económica ha propiciado el retorno del superior autoritario
Pero, realmente, ¿cómo afectan los jefes en el desarrollo de nuestra profesión?, ¿quiénes son los que la hacen prosperar y quiénes los que la paralizan? La catalogación de los tipos de líderes más habituales de Daniel Goleman, psicólogo estadounidense convertido en gurú tras la publicación de su libro Inteligencia emocional, es una de las más extendidas. En el best-seller Líder resonante y disonante habla de seis clases de dirigentes: autoritario, visionario, afiliativo, democrático, limitativo y coach o entrenador. Veamos cómo impacta el método de gestión de cada uno de ellos en los equipos que capitanea. En los trabajadores.

» El mandón. El estilo autoritario ya no está tan extendido como antiguamente, aunque con la crisis económica da más coletazos de los que debiera. Es el peor de todos los modelos que existen porque el ordeno y mando solo deriva en sumisión y pasividad de los empleados. Para ningún experto hay duda.
“El trabajador no va a aprender nada. No crecerá en su carrera profesional porque en un clima autoritario no se desarrolla nadie en el equipo. Ni siquiera el jefe. Por eso lo mejor es cambiar cuanto antes”, recomienda José Medina. “El dirigente coercitivo no se implica en el desarrollo de sus colaboradores y hace que las rotaciones en su equipo sean habituales. Es un estilo trasnochado, impropio de una sociedad avanzada”, abunda Antonio Pamos, consejero delegado de Grupo Facthum, consultora de recursos humanos.
» El timonel. Es el líder limitativo. Para el que las personas son un mero instrumento para su propio logro. Solo se miden los objetivos, cueste lo que cueste porque este jefe no pide a nadie lo que no se pide a sí mismo. Esa es la proclama de “don perfecto”, no quiere problemas ni quiere ideas. Según Medina, este tipo de directivo es un autoritario encubierto, cuyo equipo no se va a desarrollar ni a la de tres. El único que lo hará será él mismo.

Tener un jefe maestro es lo más aconsejable para trazar una carrera
“Cuando tienes un jefe al que solo le importa cumplir los objetivos del departamento para luego apuntárselos él ante la dirección lo que ocurre es que se frena la progresión de las personas, que caen en la desmotivación y la falta de dedicación. Él no crea equipo. Impide que cualquiera adquiera nuevas capacidades, además de paralizar cualquier cambio de departamento. Solo busca su propia promoción y para ello se adjudica todo el presupuesto de formación del equipo. Entonces ves el futuro muy negro”, explica un técnico de calidad de una multinacional que prefiere no dar su nombre. Dice que va con desgana a trabajar, que ha caído en la desidia y que lo único que quiere es cambiar de jefe, de departamento, de país... 
El timonel crea mucha rotación en su equipo, como el autoritario. Son dos estilos que solo retienen a la gente que está bien pagada, mantiene Ignacio Gil-Casares, socio director de la empresa de headhunterSpencer Stuart.
» El brillante. El jefe visionario es otra cuestión; encontrarlo resulta mucho menos habitual que los demás, pues al fin y al cabo se trata de estrellas como Steve Jobs o Bill Gates, cuya personalidad impregna a la marca y cuya fama llega a superarla. Según Gil-Casares, este líder sabe convencer de su visión al equipo, de su estrategia de futuro, que va mucho más allá de lo inmediato, aunque generalmente está acompañada de aciertos en el corto plazo. Este modelo de líder suele rodearse de los mejores profesionales para que puedan cubrir sus flancos débiles.

El director que fomenta 
la iniciativa ayuda a promover
 al equipo
Aunque, en opinión del presidente de Odgers Berndtson, este jefe no se preocupa demasiado por la carrera del subordinado, sí le prepara para mirar hacia al futuro. “Cada cambio del trabajador será un peldaño hacia arriba, consistente y con sentido dentro de la profesión”, agrega.
» El maestro. El líder desarrollador del equipo por excelencia es elcoach o entrenador, según coinciden todos los expertos consultados. Es el tipo de dirigente que llevó a Pedro Ruiz a dar el salto a la dirección general, explica, “le interesan las personas, potenciar las cualidades que tienen y desarrollar las que no tienen. Es el que te ayuda a mejorar”, agrega.
“El jefe desarrollador te impulsa a ser tú mismo, a descubrir lo que quieres y a ser el conductor, no el copiloto, de tu carrera. Con él tendrás responsabilidad y visión a corto y medio plazo de lo que te interesa para tu progresión”, sostiene José Medina, quien advierte de que uno de los peligros que entraña para el equipo este tipo de jefe es que el trabajador se centre tanto en su carrera que se olvide los resultados a conseguir en el negocio.

Los visionarios son los que enseñan a su equipo a pensar de manera diferente
“Este líder fija objetivos, pero deja margen de maniobra o iniciativa al empleado para conseguirlos. Te obliga a asumir responsabilidades y elimina el paternalismo, que es tan perjudicial en el management. Elcoach es muy hábil para detectar a quién puede encargar las tareas complejas y, aunque en principio es duro, eso hace que te pongas alerta, aumente tu dedicación y estés motivado gracias a la autonomía que te da.
» El majete. Se le llama participativo o democrático porque pide la opinión de sus colaboradores y luego decide. Promueve la iniciativa y, en ocasiones, se le acusa de resultar blando porque anima más que corrige. “Es el estilo de liderazgo que más se ha desarrollado en los últimos tiempos y el que más me gusta. 

Al jefe participativo le preocupan las personas y sabe comunicar a su gente lo que quiere conseguir, cómo pretende llevarlo a cabo con cada miembro del equipo y qué es lo que va a ganar cada uno. Es un modelo que funciona porque hace responsable a la gente de su trabajo, al tiempo que la exige”, explica Ignacio Gil-Casares.

Con directores 
autoritarios y limitativos 
no se logra ascender

» El blando. Afiliativo o paternalista, según los expertos, con este modelo de jefe que procura las buenas relaciones personales en el equipo, el peligro es que el departamento se confunda con un club de vacaciones, indica José Medina, olvide el compromiso, la consecución de resultados y el ascenso se vuelva más difícil para cada uno de sus miembros. “Los directivos afiliativos tiran la productividad por la ventana”, sostiene Pilar Jericó, socia directora general de la empresa de recursos humanos Be-Up.
“Apenas tiene ventajas este estilo de dirección para sus colaboradores. Suele estar muy vinculado con las pyme y sus dueños. Los amos, de los que puedes aprender algo, pero poco”, aprecia Pedro Ruiz. A su juicio, es el modelo más seguido en las pequeñas empresas y en las familiares, en tanto que en las multinacionales el liderazgo más desarrollado actualmente es el participativo, que a través de la seducción y el convencimiento logra sacar el mayor partido de los trabajadores.

Y vos que jefe tenes o tuviste?
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