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14 mar 2018
¿Por categorías o por colores? Es hora de organizar tus libros
Por: Brenda Valverde
A María Gallay le encargaron trasladar una biblioteca de una familia desde Madrid hasta Málaga. La organizadora profesional, que se dedica a ayudar a la gente a resolver el caos que a veces surge cuando tienes muchas cosas en casa, empaquetó y etiquetó cada libro siguiendo escrupulosamente el orden en el que estaban situados en la biblioteca de origen, sin que nadie se lo hubiese pedido: poetas por un lado, dramaturgas en otra caja, los autores de ficción separados del resto… La sorpresa de la dueña de los libros fue tal al descubrirlo que Gallay lo recuerda como una de las anécdotas más gratificantes de su trabajo.
Los libros son esos compañeros de piso que se van apoderando de tu espacio poquito a poco, aunque lleves años sin mirarlos ellos siguen acumulando polvo en cada una de sus páginas. Quizá a ti mismo te pasa lo mismo, almacenas libros y libros sin ningún tipo de criterio, desde tus obras favoritas, a aquel que te regalaron una vez en una promoción y nunca entró en tus planes leer. Tirar libros cuesta mucho, por eso mantener ordenada tu biblioteca es fundamental para dilatar lo máximo posible ese dramático momento.
“Lo mejor de este tipo de encargos es que por lo menos los libros son rectos, son más fáciles de ordenar que otras cosas”, bromea Gallay, que ya suma 15 años dedicándose a esto. La experta asegura que la complicidad con los clientes es clave para llevar a cabo el trabajo: “Las bibliotecas tienen que ser, sobre todo, prácticas, que el dueño reconozca los libros, sepa cómo buscarlos y, lo más importante, cómo devolverlos a su lugar correcto”.
Aunque cada maestrillo tiene sus pautas a la hora de poner orden a las cosas ajenas, Pilar Quintana, organizadora profesional y creadora de la empresa Ordenarte, nos desvela cuatro pasos básicos para crear un sistema de organización duradero y eficaz.
1. Sacar todo
Pero todo, todo. Según la experta, sólo somos conscientes de lo que tenemos cuando lo vemos en conjunto.
2. Hacer montoncitos
Por un lado, agrupamos los libros que queremos tirar, los que estén muy usados y en mal estado.
Quintana recomienda hacer un segundo montón con libros para donar, dice que la gente se siente bien al saber que sus libros tendrán una segunda vida y que además están ayudando con ello (residencias de ancianos, zonas desfavorecidas…).
A un tercer grupo irían los libros que quieres regalar a alguien en concreto (“pon su nombre”, si no, es muy probable que nunca salgan de tu casa, asegura la experta) y en una cuarta división colocarías los que quieres vender.
El quinto montón es el bueno: los libros que te quedas (¡seguimos!).
3. Establecer categorías y asignar espacios
Una vez tengas claras qué lecturas se salvan de las nominaciones y deben continuar en tu biblioteca, debes separar los libros por categorías (géneros, colores...), tal y como recomienda la gurú japonesa Marie Kondo, y a la vez determinar en qué espacios colocarás dichas categorías. “Un estante por categoría es lo mejor”, recomienda Quintana.
4. ¡A colocar!
Ha llegado el momento cumbre, colocar cada libro en el espacio adecuado… pero ¿cómo? ¿Por colores? ¿Por tamaños? ¿Por orden alfabético? ¿Da igual? (¡Cómo va a dar igual!, llevas un minuto leyendo un artículo sobre cómo ordenar tu biblioteca).
Lo primero que hay que pensar es cómo reconoces tú los libros. Hay gente más visual, personas que saben perfectamente en qué librería compraron cada ejemplar, lectores que se niegan a mezclar poesía con novela…
Priorizando la estética. Los colores de los libros pueden ser un criterio a la hora de organizar tu biblioteca. No es una opción muy práctica pero indudablemente es la más efectiva si eres de los que recuerdas que un libro era amarillo pero no el nombre del autor.
Pablo López Navarro, integrante del estudio de decoración Casa Josephine, nos cuenta que nunca hay que utilizar criterios decorativos para organizar una biblioteca, pero que sí se le pueden introducir detalles que hagan de ese espacio un rincón más cálido. “Elementos textiles, fotografías y plantas” son clave para convivir con nuestros libros, afirma.
Por tamaño. Los expertos del orden desvelan que una de las reglas de oro para organizar libros es que los más altos estén a la izquierda y los más bajitos en el lado derecho de la estantería. La sensación de orden es mayor.
Por género. Distribuir tus lecturas por género (no ficción, novelas, libros académicos…) puede ayudarte a encontrar de manera muy rápida ese libro que necesitas. Quintana recomienda etiquetar las estanterías si tenemos muchos libros acumulados.
Dentro de nuestro orden no es necesario situar todos los libros en vertical, alternarlos con montones horizontales puede ser útil si los espacios no son muy altos.
Una mezcla de las tres anteriores. Si quieres aunar el criterio más práctico sin desligarlo de lo atractivo, comienza por organizar tu biblioteca por géneros, y a continuación intenta agrupar los libros por colores y tamaños sin que desentonen demasiado entre ellos, para lograr una armonía estética y práctica.
Y si después de leer todo esto se te ha quitado las ganas de ordenar tus libros, te dejamos unas cuantas fotos de bibliotecas bonitas para que disfrutes de las de los demás.
Fuente bibliográfica
VALVERDE, BRENDA, E.E., 08 de enero 2018. ¿Por categorías o por colores? Es hora de organizar tus libros. Verne [en línea]. [Consulta: 14 marzo 2018]. Disponible en: https://verne.elpais.com/verne/2018/01/04/articulo/1515084906_945000.html.
25 ene 2018
Ordenar libros
La época
es propicia para hacer todo lo que uno no ha hecho durante el año. Los niños están de vacaciones; yo también, salvo por algunos textos aún pendientes.
Entonces pasamos los días entre visitas, juegos, reuniones familiares y algunos
quehaceres que nos abruman.
El
principal es el de los libros. La parte teórica es sencilla. Nuestros libros
(con algunas restricciones que no siempre han quedado del todo claras) están
acomodados en los libreros en orden alfabético del apellido del autor.
No siempre ha sido así pero ahora lo es para nuestra tranquilidad emocional. Existe, también, una lista en una hoja de cálculo en donde están capturados esos mismos libros: autor, título, editorial y alguna característica extra en la cuarta columna (si está dedicado, si lo prestamos, no mucho más). La lista obedeció, en un principio, a las obsesiones de M pero ahora yo mismo le reconozco su valor. Sobre todo, a la hora de no comprar libros repetidos o de buscar a ciertos autores. Como se puede ver, en realidad, todo parece simple. En la teoría.
No siempre ha sido así pero ahora lo es para nuestra tranquilidad emocional. Existe, también, una lista en una hoja de cálculo en donde están capturados esos mismos libros: autor, título, editorial y alguna característica extra en la cuarta columna (si está dedicado, si lo prestamos, no mucho más). La lista obedeció, en un principio, a las obsesiones de M pero ahora yo mismo le reconozco su valor. Sobre todo, a la hora de no comprar libros repetidos o de buscar a ciertos autores. Como se puede ver, en realidad, todo parece simple. En la teoría.
La parte
práctica agrega complicaciones. De entrada, porque, cada tanto, llegan libros
nuevos a casa. Estos arribos no siempre corresponden a una pulsión lectora que
no acepta desvíos. A veces, uno compra libros para el futuro o porque sabe que
algún día le interesarán. Así pues, uno llega con la bolsa o el paquete de
marras y, lo primero que le viene a la mente, es la idea de sacar la
computadora, abrir la hoja de cálculo, capturar el libro con sus tres o cuatro
columnas y hacerle un hueco en el librero, incluso cuando uno tenga que
recorrer una buena veintena de volúmenes para hacerle espacio. Y esto, claro
está, sucede al mismo tiempo en que uno viene cargando a uno de los niños, la
mochila de la escuela, la sudadera que no trae puesta y la insistencia del
segundo de los críos porque le urge ir al baño…
Impusimos
una mesita de transición. El lugar exacto a donde van a parar todos los libros
nuevos que llegan a casa. Miento, no todos. A veces uno sí trae en las manos la
novela que le urge y ésa se va directo al buró o al escritorio. Da igual. Si
uno la lee con la ansiedad correspondiente, al terminarla también va a dar a la
mesita de transición. Y ésta, con el transcurso de las semanas, va acumulando
torres cuya estabilidad es, cuando menos, precaria.
También
se suman a la mesita libros viejos. Sobre todo, por mi culpa. Se me antoja leer
algo, voy al librero, rebusco entre los títulos, saco uno que alguna vez… lo
leo y no lo regreso a su lugar. Es como en las bibliotecas, mejor dejarlo en la
mesita de transición.
El
asunto, entonces es que, en estos días de vacaciones, nos ocupamos de la mesita
de transición, de la hoja de cálculo, de los libros por acomodar. Es algo que
podría ser monótono pero tiene sus peculiaridades. De entrada, porque varios de
los libros de la mesita de transición llaman nuestro interés.
Entonces corremos
a capturarlos en Excel pero, acto seguido, los liberamos del opresivo acomodo
en el librero para llevarlos al buró o al escritorio. Les hemos ampliado el
plazo. Volverán, sin duda, a la mesita pero, por ahora, son libres. Algo
similar ocurre cuando uno acomoda otro de los libros de la mesita, uno que no
se antoja leer de momento… pero el de al lado sí. Uno lo redescubre cuando hace
funambulismo de sillón intentando encajarlo entre sus pares. Ni hablar, tendrá
que salir el nuevo candidato para sumarse a la pila de libros del buró o el
escritorio.
Es
curioso, para cuando uno ha terminado por despejar la mesita de transición,
todos los libros están capturados, es cierto, pero una buena cantidad de ellos
siguen sin estar en los libreros. Y eso es una maravilla. Porque la limpieza de
libros sólo puede llegar a buen puerto cuando uno descubre todas las citas que
le quedan. Además, uno no puede lanzarse a la lectura de inmediato pues los
niños están de vacaciones y hay reuniones pendientes y demás. Así que esas
pilas sólo auguran que el año empezará en buena forma.
Dicho lo
anterior, dejémoslo como un buen deseo: que el próximo año haya muchos libros
aguardando por ser leídos, mesita de transición o no mediante.
Fuente bibliográfica
HERNÁNDEZ, J.A.G., [sin fecha]. Ordenar libros. SinEmbargo MX [en línea]. [Consulta: 26 enero 2018]. Disponible en: http://www.sinembargo.mx/30-12-2017/3368279.
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