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27 oct 2018

Cuándo abandonar un libro sin culpa

Por: Daniel Pasik




Los best sellers, los más dejados

A veces aburre, pero ¿lo mejor vendrá después? Aquí, qué es lo que más se deja y las estrategias de varios escritores.


¿Por qué dejar un libro da tanta culpa? Sin embargo, sucede. O si no, en muchos casos debería suceder. Hay que hacerlo. Se hace. La red social Goodreads es la mayor comunidad de reseñas: allí los lectores son quienes recomiendan y comparten experiencias de lectura. Uno de los ítems más importantes a completar, y que más se consulta al buscar qué leer, es si llegaron o no al final. Porque sí, hasta los lectores más devotos dejan lo que no les interesa.

Sin embargo, abandonar un libro no es tan fácil como se supone. Aunque cueste, aburra o no termine de agradar muchos sienten esa especie de pulsión que los hace seguir hasta el final aunque no la pasen bien. ¿Es la culpa por no terminar algo o la bronca por haber gastado dinero en vano? Sí, esos son dos de los motivos, que pueden combinarse. 

Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.
 Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.

Los más abandonados
Curiosamente, entre las lecturas más abandonadas de Goodreads figuran varios best sellers, como Una vacante inesperada, de J.K. Rowling, 50 sombras de Grey, de E.L. James, o Comer, rezar, amar, de Elizabeth Gilbert. Entre los motivos, se destaca la poca congruencia entre expectativa y realidad.

Otros en la lista son algunos clásicos, como Moby Dick, de Herman Melville; el Ulises, de James Joyce, o hasta El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, y la saga de Harry Potter, también de la autora británica que encabeza la lista este año con su primera novela para adultos.

La vida alcanza para cierta cantidad de lecturas, y tiene poco sentido desperdiciar ese tiempo con algo que no funciona. Además, empecinarse en un libro que no interesa lo suficiente termina agotando al punto de que al final, se lee menos. La gran duda, entonces, es ¿hasta dónde se debería forzar la lectura? ¿Cómo saber cuándo es necesario abandonar? Según los testimonios de los usuarios de Goodreads, casi la mitad de los lectores le dan entre 50 y 100 páginas a un libro antes de decirle adiós.

Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas"                                    Betina González. Escritora

Dejar un libro puede ser síntoma de madurez “Para escribir, en cierto momento, hay que obligarse a ciertas lecturas. El lector ‘común’ por supuesto tiene todo el derecho de leer sólo lo que le gusta. Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas. Ya le llegará, si cabe, el año en que un libro que dejó de joven lo llame y lo atrape”, dice Betina González, que acaba de publicar la antología de relatos El amor es una catástrofe natural (Tusquets, 2018).

“En mis veintes me obligaba a terminar un libro aunque no me gustara y estuvo bien haber sido una lectora disciplinada, porque se aprende en el insistir y en la dificultad. Incluso si te aburre, aprenderás algo de ese aburrimiento”, cuenta González, autora de novelas como Arte menor(Alfaguara, 2006) y Las poseídas (Tusquets, 2013). “Ahora soy una lectora mucho más hedonista. Un libro tiene que captarme ya sea desde la historia, desde el lenguaje o desde la voz que cuenta. Lo ideal, claro, es que capte desde los tres”.

Si dejo un libro es muy rápido"
                                                                      Ricardo Romero. Escritor

A Ricardo Romero, autor de, entre otras novelas, El conserje y la eternidad (Alfaguara, 2017), le pasa algo similar que a González. Ahora solo leo y releo con gula. Si dejo un libro es muy rápido y, en general con el instinto ya afinado a mis gustos, casi que ni lo empiezo. Ahora soy capaz de leer con mayor intensidad. Leo más despacio que antes, pero con mayor compromiso”, dice.

La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel". Foto de NORA MAZZINI
La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel".                         Foto de NORA MAZZINI

 Gabriela Cabezón Cámara, autora de La virgen Cabeza (Eterna Cadencia, 2009) y Las aventuras de la China Iron (Random House, 2017), entre otros hits, va a lo concreto y práctico: “No me genera ninguna culpa dejar un libro. Algunos, los pospongo para otro momento. Otros, para nunca jamás. Hay demasiado placer esperándome en la lista de libros por leer, que es una lista orgánica, en constante crecimiento, una especie de serpiente infinita”.

Con Hamlet, el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí"
                                                  Julián López. Escritor

Julián López, autor de la celebrada Una muchacha muy bella (Eterna Cadencia, 2013), dice que deja libros sin problemas: “porque no me hablan, porque mis competencias son exiguas y me hundo, porque me distraigo, por vago. Pero también porque a veces me hablan muy directamente, me complican muy directamente”.

James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".
James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".

López, autor de la reciente La ilusión de los mamíferos (Random House), cuenta algo que le pasó con Hamlet, que tuvo que abandonarlo un tiempo hasta que llegó su momento. “Creo que tenía 18 cuando empecé a leerlo, en un momento estaba tan manija que el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí. A veces sostener el fuego no es posible y creo que en mi escritura siempre aparece esa marca: vengar a los muertos o tener vida propia. Tardé bastante en volver, en poder terminarlo”, recuerda.
Intenté entrarle a "El Código Da Vinci"  pero era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página"
                                                                               Gabriela Cabezón Cámara. Escritora

“Me costó mucho empezar a abandonar libros. Soy optimista y tiendo a creer que la página siguiente puede tener algo que me guste o sorprenda. Cuando empecé a abandonar lecturas no fue por haber perdido el optimismo, sino porque se trasladó al siguiente al libro que tenía en mi lista”, explica Romero, que recomienda: “señora, señor, suelte el diario, deje de pavear y lea ese libro que tiene en la mesa de luz hace cinco meses".

Cabezón Cámara dice que a veces ella es la que deja los libros, pero otras son los libros los que la abandonan a ella. “Recuerdo que cuando era un boom mundial intenté entrarle a El Código Da Vinci para ver qué le gustaba tanto a tanta gente. Era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página. En el extremo opuesto, me pasó con el Ulises de Joyce que casi me desmayo de embole con algunos fragmentos”.

Tres claves
Betina González, con ánimo de servicio y por si “a alguien le sirve de consejo”, detalla tres “casos fijos” en los que abandona un libro. 

“Uno es cuando en la página dos ya sé todo lo que va a pasar. Otro, si en el primer párrafo descubro tres errores de concordancia verbal o adjetivos que sobran y otros clichés al punto que quiero ir a agarrar un lápiz para corregir. Y, finalmente, cuando el escritor o escritora juega a la ‘falsa dificultad’ porque no ha encontrado el mejor modo -el más simple y elegante que la lengua le permite- para contar lo que quiere y entonces se escuda en un tono pretencioso, en una falsa experimentación”.


Fuente bibliográfica 
PASIK, DANIEL, [sin fecha]. Cuándo abandonar un libro sin culpa - 09/10/2018 - Clarín.com. [en línea]. [Consulta: 28 octubre 2018]. Disponible en: https://www.clarin.com/cultura/hora-dejar-libro-culpa_0_iTyE45k6A.html

6 ene 2018

Dos heladeras se convirtieron en bibliotecas en plena playa


Llegó el verano y con él las vacaciones para muchos, por ello vecinos y comisión de fomento del balneario canario Cuchilla Alta decidieron instalar bibliotecas móviles en dos bajadas a la playa para fomentar la lectura entre los veraneantes.

La idea es que todo aquel que desee leer se lleve el libro y luego lo devuelva para que otro vecino pueda leerlo. Además, se aceptan donaciones de libros para incrementar el acervo de estas particulares heladeras convertidas en bibliotecas.


Hasta el momento hay dos bibliotecas móviles, una en la bajada 29 en Rambla Julio Castro y la otra en la Bajada 3
El balneario Cuchilla Alta se encuentra al sur del departamento de Canelones, en el km 72 de la ruta Interbalnearia, próximo a su intersección con la ruta 70.




Fuente: http://www.republica.com.uy/heladeras-bibliotecas-playa-cuchilla-alta/

Las heladeras-bibliotecas, un proyecto solidario para fomentar la lectura.
La iniciativa surgió de un grupo de nenes de segundo grado. La propuesta es llevar, leer y devolver los libros. Mirá el video.



Bautizado como El Armario Mágico, el proyecto tuvo en un principio dos heladeras-bibliotecas, pero ahora solo quedó una. La otra debió ser desechada porque fue usada como guardarropa y como baño por quienes viven en la calle. Pero, lejos de desanimarse, los chicos mantuvieron en pie su propósito.
En los estantes hay "libros libres", porque están disponibles las 24 horas, no están custodiados, ni tienen protección. La consigna es “Llevame, disfrutame, devolveme y trae otro”, ya que se pide a los lectores que, en lo posible, donen otra publicación. Hay ejemplares para niños, jóvenes y adultos, distribuidos en los mismos estantes que algunas vez refrigeraron carnes, frutas y lácteos.

La iniciativa se replicó en barrio Jardín de Córdoba. El narrador Rubén López, de la agrupación "Venique Tecuento", instaló tres heladeras con libros de su salón de fiestas infantiles y espacio comunitario. Están en la vereda, a disposición de quien quiera leerlos.


Fuente bibliográfica
Las heladeras-bibliotecas, un proyecto solidario para fomentar la lectura. [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 6 enero 2018]. Disponible en: https://www.clarin.com/sociedad/heladeras-bibliotecas-proyecto-solidario-fomentar-lectura_0_HyZDD4YQZ.html. 

1 ene 2018

Los 10 hábitos de lectura que debes seguir en este 2018




Leer es uno de los placeres que tiene la vida; en especial cuando se trata de un libro que captura la atención y no se puede dejar de ojear porque se quiere conocer el desenlace de la historia.

Para muchas personas la lectura es forzada. Por lo que es mejor abandonar el libro y buscar uno de agrado para no hacer un proceso rutinario y aburrido.

Es por ello que existen hábitos de lectura que es necesario seguir en este 2018 para que sea más amena y divertida. Estos son las 10 principales prácticas:

1. Leer es un hábito que deberá estar asociado con el placer: Los libros por leer deben de ser de interés personal. Es importante no comenzar a leer libros como ser clásicos de la literatura universal. Es mejor empezar con un texto más ligero.

2. Encontrar un lugar cómodo y adecuado para leer: Puede ser un parque, una biblioteca o el camino de regreso a casa. El lugar debe de ser silencioso y con buena luz. Muchas personas crean clubes de lectura para compartir visiones.

3. Leer poesía puede ser un buen principio: Desde los autores más conocidos hasta los clásicos. La poesía es un texto corto de gran profundidad que enriquece el vocabulario.

4. Asociarse a una biblioteca: Las bibliotecas son sitios ideales para buscar textos de interés personal. Además que se pueden conseguir libros prestados de forma gratuita.

5. Compra un diccionario: Es importante tener un diccionario en línea o en físico para que al momento de tener dudas sobre alguna palabra sea más fácil comprender la lectura.

6. Más vale un libro que se disfrute que uno forzado: Leer no es sufrir. La lectura se debe de disfrutar para que sea más divertida.

7. No poner pretextos: Darle tiempo a las palabras y a las historias. Con este método el lector puede tener más visión de lo que hace y disfrutar cada párrafo del libro.

8. Leer cada vez más: Al leer más el cerebro se desarrolla más rápido, además de que se obtiene más conocimiento. Leer ayuda a prevenir enfermedades como el alzheimer.

9. Buscar personas que lean: Las personas que leen tienen más conocimientos literarios por lo tanto pueden sugerir lecturas y aclarar cualquier duda o inquietud que se tenga de la misma.

10. Los libros enriquecen la vida: Los libros abren la imaginación, desarrollan la conciencia personal y la cultura; Conservan el saber, lo difunden y le abren nuevos horizontes.



Fuente bibliográfica
Los 10 hábitos de lectura que debes seguir en este 2018 - Diario El Heraldo. [en línea], 1 enero 2018]. [Consulta: 1 enero 2018]. Disponible en: https://www.evernote.com/shard/s414/nl/70343187/262ca55a-0921-47f7-9426-dc0a2869301c/. 

2 nov 2017

8 sencillos consejos para concentrarse en la lectura

Por: Luis M. Mazón


Seguramente te habrá pasado en alguna ocasión: te encuentras leyendo un libro, o un artículo o una página web, y descubres que no estás prestando atención y que no estás comprendiendo lo que estás leyendo.

A nuestros alumnos puede pasarles algo parecido, y para evitarlo podemos ayudarles si les enseñamos 8 sencillos consejos:

1. Enséñales a visualizar o imaginar qué es lo que están leyendo. Si es una historia, tienen que imaginar a los personajes, el paisaje. Convertir las palabras en imágenes es una manera muy efectiva de disfrutar y de profundizar en la lectura.

2. Leer en voz alta. El refuerzo de la palabra hablada es de gran ayuda para lograr la concentración necesaria para comprender lo que se está leyendo.

3. Aislarse del mundo. Enseña a tus alumnos a buscar un lugar adecuado y a aislarse del mundo cuando estén leyendo. Sencillamente, trata de lograr que durante el tiempo de lectura no presten atención a lo que pueda pasar a su alrededor.

4. Seguir la lectura con el dedo, o con un marcador, o con algún objeto que les permita indicar las palabras que está leyendo. Este refuerzo les ayudará a introducirse más en la lectura y a prestar más atención a los contenidos que está le está trasladando.

5. Enséñales a reflexionar sobre lo que están leyendo y las repercusiones que tiene para su vida.

6. Enséñales también a tomar notas, con sus propias palabras, en el margen de los libros, en tarjetas, etc.

7. Ayúdales a encontrar motivación por la lectura. La motivación puede ser sencillamente porque es un medio para pasarlo bien, pero también puede ser porque les ayuda a aprender, a ser más críticos…


8. Enséñales también a leer en períodos que les permitan concentrarse y a descansar, teniendo esos tiempos de descanso que les permitan refrescarse y volver a focalizarse con éxito cuando vuelvan a la lectura.



Fuente bibliográfica
MAZÓN, LUIS M., 2017. 8 sencillos consejos para concentrarse en la lectura| SMConectados. Blog de educación | SMConectados [en línea]. [Consulta: 2 noviembre 2017]. Disponible en: http://blog.smconectados.com/2017/10/19/8-sencillos-consejos-para-concentrarse-en-la-lectura/. 

12 oct 2017

Cuando los libros nos salen al cruce con cierta violencia

Por: Cristian Vázquez



Hay ocasiones en las que determinados libros irrumpen en la vida de alguien y le crean el “compromiso” de leerlos. En algunos casos, dan lugar a historias que merecen ser contadas.


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Todo lector se ha encontrado alguna vez en esa situación bastante incómoda en la que otra persona —un amigo, un familiar, incluso alguien de menos confianza— lo conmina a leer un determinado libro. Una suerte de exigencia establecida a partir de un gesto concreto: el que recomienda presta (y a veces hasta regala) el libro en cuestión. Lo da sin que el otro se lo haya pedido. Por cortesía, por educación, o quién sabe por qué otro motivo, el otro no lo rechaza, y se ve de pronto en el compromiso de leer un libro que de otro modo ni se le habría ocurrido leer, al menos no en ese momento.

Ante tal coyuntura, el lector afronta dos posibilidades: leer el libro o no leerlo. Si decide leerlo, puede que le guste y lo disfrute, y luego le agradezca al prestador por habérselo hecho conocer. Si, en cambio, el libro lo aburre o le desagrada, vuelven a abrirse dos opciones: que, pese a todo, lo lea hasta el final, o bien que lo abandone sin terminarlo. Si lo lee hasta el final, no tendrá mayores problemas para comentarlo, aunque luego tendrá que elegir si ser sincero con el prestador o no. Si lo abandona a medio camino, o si directamente ni siquiera empieza a leerlo, también tiene dos opciones: ser franco y admitir la verdad, aceptando el riesgo de que tal vez el prestador se ofenda, o recurrir a algunas de las enseñanzas de Pierre Bayard y su magnífico Cómo hablar de los libros que no se han leído.

En cualquier caso, la situación siempre incluye una cierta dosis de violencia. Y es que, de improviso, como un bandolero que intercepta un convoy en mitad de la noche, el libro ha salido al cruce del lector. Es cierto que al final el lector puede enamorarse del bandido y decidir quedarse para siempre con él. Pero eso no quita a la situación su cuota de brusquedad.

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Hay otras situaciones en que los libros también salen al cruce, con cierta violencia, en el camino de quien no los espera. Hace un par de años, la revista National Geographic publicó un reportaje fotográfico sobre personas indigentes que buscan cobijo en bibliotecas públicas de California. En ese estado —según el último informe del Departamento de Desarrollo de Vivienda y Urbanismo de Estados Unidos— viven casi 120 mil homeless, el 22 % del total del país. Dos de cada tres no acceden a refugios, ni a viviendas temporales, ni a ningún otro sitio donde alojarse.

Las bibliotecas públicas los reciben y “llenan el vacío, protegiendo durante el día a los desamparados”, escribió Fritz Hoffmann, autor del reportaje. La biblioteca de San Francisco, de hecho, fue la primera que contrató a tiempo completo a una trabajadora social, la cual afirmó, con mucho tino, que “las bibliotecas son el último bastión de la democracia”.
Parece lógico imaginar que en lo que menos pensaban esos hombres y mujeres la primera vez que entraron en las bibliotecas era en leer libros. Seguramente buscaban evitar el frío, escapar de situaciones de violencia y maltrato, acceder a un poco de calma y silencio. “A veces hay mucho drama allí fuera, en las calles, y es bueno contar con algo de paz y tranquilidad”, dice Jeffrey Matulich, uno de los sin techo retratados por Hoffman. Ya que estaban allí dentro, tenían que hacer algo; y ya que el lugar estaba lleno de libros, por qué no leer alguno…

Buscando libros de Henry Miller, Matulich descubrió la obra de Kurt Vonnegut. “Vengo casi todos los días”, revela por su parte Rebecca Rorrer, una lectora voraz: recorrió las 324 páginas de If I Can’t Have You, de Gregg Olsen y Rebecca Morris —un libro que cuenta el caso real de la desaparición de una mujer y el destino trágico de su marido y sus hijos— en las cinco horas de la tarde de un viernes.

A su manera, los libros también irrumpieron de forma inesperada en los caminos de esa gente. Vivir en la calle suele hacer de la lectura un lujo inaccesible; en este caso, sin embargo, resultó un factor decisivo para que estas personas se convirtieran en lectoras.

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Diego, un amigo, contó días atrás una historia preciosa. Hace años, cuando cursaba en la universidad un seminario de literatura latinoamericana, un amigo suyo le prestó una edición vieja y gastada de El libro de arena, de Borges. Diego había leído a Borges, pero muy poco: era casi como si no lo hubiera hecho. Muchos años después se encontró con su amigo y le dijo que gracias a él, y concretamente a ese libro, había descubierto a Borges. El otro le contó entonces la historia de aquel libro: pertenecía a su madre, quien trabajó durante muchos años limpiando casas en el centro de la ciudad. Viajaba todas las semanas en tren, rodeada de gente que leía. Ella se dijo que no iba a ser menos y se compró El libro de arena para leer en el tren.

“El libro de arena”, el cuento que da título al libro, narra la historia de un hombre que experimenta uno de los modos más violentos en que un libro puede salirnos al cruce, irrumpir en nuestro camino: recibe la visita de un desconocido que se presenta como vendedor de biblias. “No solo vendo biblias —dice el hombre después—. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese”. Se trata de un libro infinito, con infinitas páginas que parecen brotar del volumen: el libro de arena, “porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin”. El desconocido lo había comprado “a cambio de unas rupias y de la Biblia” a un hombre que no sabía leer y que, según su sospecha, “en el Libro de los Libros vio un amuleto”.

El cuento, publicado en 1975, había sido anticipado más de tres décadas atrás, en la nota al pie final de “La Biblioteca de Babel”, el cuento en el que describe una biblioteca infinita. Borges escribió allí que tal biblioteca es inútil, pues “bastaría un solo volumen […] que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas”.

La historia del amigo de Diego termina con una explicación: su mamá, la que había comprado El libro de arena para leer en el tren, no sabe leer. Igual que el anterior propietario del libro de arena, vio en el libro un amuleto. Un amuleto para conjurar la violencia de los libros que le salían al cruce: los que leían los demás viajeros en el transporte público. Del mismo modo que un único libro de arena compendia la biblioteca interminable, se me ocurre que la imagen de esa mujer en el tren condensa la de todas las bibliotecas en las que tantos indigentes californianos hallaron su destino de lectores.

“La imagen no deja de resultarme hermosa —escribió mi amigo Diego en el final de la historia—: la de una mujer analfabeta que lee, aunque no sepa leer, a un escritor ciego y brillante allá lejos, en aquellos trenes del sur”.



VÁZQUEZ, CRISTIAN, 12 octubre 2017. Cuando los libros nos salen al cruce con cierta violencia. Letras Libres [en línea]. [Consulta: 12 octubre 2017]. Disponible en: http://www.letraslibres.com/mexico/cultura/cuando-los-libros-nos-salen-al-cruce-cierta-violencia. 

13 sept 2017

El ingenioso truco de una madre italiana para que sus hijos lean

La nota se ha hecho viral en las redes sociales



Conseguir que los niños lean es cada día una labor más ardua. Debido al acceso que tienen los pequeños a las nuevas tecnologías, muchos prefieren jugar con el ordenador o el móvil que leer un buen libro. Por ello, muchos padres, en su busca por fomentar la lectura, han de inventarse mil y una estrategias para que los niños lleven a cabo esta práctica.

Así, una madre italiana ha ingeniado un sorprendente truco para que sus hijos lean. La mujer dejó una nota en la nevera de su casa con el siguiente mensaje:


«La contraseña del wifi de esta semana es el color del vestido de Anna Karenina en el libro. ¡He dicho el libro, no la película! 
Buena suerte.
 PD: he empezado a leer 'El conde de Montecristo'».




Fuente bibliográfica
El ingenioso truco de una madre italiana para que sus hijos lean. Las Provincias [en línea], 2017. [Consulta: 3 septiembre 2017]. Disponible en: http://www.lasprovincias.es/sociedad/mundo-viral/ingenioso-truco-madre-20170901111914-nt.html. 

8 sept 2017

"Cuando leemos, otro piensa por nosotros"

Leer es una actividad aún más fecunda cuando está acompañada de nuestras experiencias personales



Leer, en efecto, es una actividad noble, provechosa, decisiva para el crecimiento individual y colectivo del ser humano, y aun las personas que no cultivan el hábito de la lectura podrían llegar a convenir en esto.

Sin embargo, como usualmente sucede con las categorías de “bueno” y “malo”, apenas se les escuche es muy conveniente preguntarse por la perspectiva desde la cual se califica algo de una u otra manera. ¿Leer es bueno por sí mismo? ¿No leer es malo? ¿Toda lectura es “buena”? ¿Hay libros buenos y libros malos? ¿Y quién decide?

Para algunos estas preguntas quizá podrían parecer elementales, pero no todos los que se acercan a los libros tienen en su horizonte un faro que los guíe a través de ese mar más o menos infinito de la lectura.

A este respecto compartimos ahora una reflexión de Arthur Schopenhauer sobre la lectura, su utilidad y, más específicamente, una forma muy singular de incorporarla a nuestra vida.

El fragmento proviene del tomo Pensamiento, palabras y música publicado por la editorial Edaf. Veamos:

Cuando leemos, otro piensa por nosotros; repetimos simplemente su proceso mental. Algo así como el alumno que está aprendiendo a escribir y con la pluma copia los caracteres que el maestro ha diseñado antes con lápiz. La lectura nos libera, sentimos un gran alivio cuando dejamos la ocupación con nuestros propios pensamientos para entregarnos a la lectura. Mientras estamos leyendo, nuestra cabeza es, en realidad, un campo de juego de pensamientos ajenos. Y cuando éstos se retiran, ¿qué es lo que queda? Por esta razón, sucede que quien lee mucho y durante casi todo el día, y en los intervalos se ocupa de actividades que no requieren reflexión, gradualmente pierde la capacidad de pensar por sí mismo --como el individuo que siempre va a caballo se olvida de caminar--. Tal es el caso de muchas personas muy cultas. Acaban siendo incultas de tanto leer.

La constante lectura, que se retoma en cada momento que tenemos libre, paraliza el espíritu más que el trabajo manual continuo, pues, en éste, puede uno dedicarse a sus propios pensamientos. Un muelle, bajo la presión continuada de un cuerpo extraño, acaba perdiendo elasticidad, y el espíritu pierde la suya bajo la imposición constante de pensamientos ajenos. Como el exceso de alimento echa a perder el estómago y daña a todo el organismo, se puede también sobrecargar y sofocar el espíritu por exceso de alimento intelectual. Cuanto más se lee, menos huellas quedan en la mente de lo que se ha leído: la mente es un tablero en el que hay escritas muchas cosas, unas sobre otras. Así no se llega a rumiar, y tan sólo rumiando se asimila lo que se ha leído; del mismo modo que los alimentos nos nutren, no porque los comemos, sino porque los digerimos.

Si se lee de continuo, sin pensar después en ello, las cosas leídas no echan raíces y se pierden en gran medida. El proceso de alimentación mental no es distinto del corporal: apenas se asimila la quincuagésima parte de lo que se absorbe. El resto se elimina por evaporación, respiración, etcétera.

A esto hay que añadir que los pensamientos depositados en el papel no son más que las huellas de un caminante sobre la arena: podemos ver la ruta que siguió, pero, para saber lo que vio en su camino, tenemos que usar nuestros propios ojos.

Más allá de que sea bueno o malo leer, en este fragmento Schopenhauer nos invita a pensar en los motivos que nos llevan a hacerlo. Leer es importante y, sin duda, puede resultar muy fecundo, pero más todavía cuando lo hacemos con sentido, acompañando la lectura con las experiencias de nuestra propia vida.


Fuente bibliográfica
PIJAMASURF, [sin fecha]. «Cuando leemos, otro piensa por nosotros»: un fragmento de Schopenhauer sobre la lectura en relación con la vida. PIJAMASURF.COM [en línea]. [Consulta: 7 septiembre 2017]. Disponible en: http://pijamasurf.com/2017/08/quotcuando_leemos_otro_piensa_por_nosotrosquot_un_fragmento_de_schopenhauer_sobre_la_lectura_en_relacion_con_la_vida/. 

28 jun 2017

Hay que leer con gusto

·       Por: Simón Rodríguez Landaeta
  

En "¿Cómo debería leerse un libro?", último ensayo del libro "El lector común" (1926), Virginia Woolf compartió reflexiones sobre el modo de leer y de cultivar la capacidad crítica del lector.



“¿Cómo debería leerse un libro?”, es una pregunta que no se hace todo el que lee. De hecho, poco importa al lector promedio seguir una metodología para la “buena lectura”, mucho menos plantearse la cuestión de la naturaleza de esta metodología. Generalmente, quien lee por afición se enfrenta al libro con la disposición de terminarlo si este lo atrapa o dejarlo si es que las primeras páginas no le parecen suficientemente seductoras. Y si alguien pregunta qué opinión le merece la obra, le basta con dar un simple juicio de valor: me gustó, no me gustó, este libro es bueno, este libro es malo, es fácil de leer, es pesado, la historia es interesante, la historia es aburrida… Ante la parquedad de estas respuestas, una persona más versada en el arte de la lectura pensaría que el otro ha desperdiciado su tiempo, que solo ha paseado los ojos por las páginas sin interiorizar nada de lo que planteó el autor.

Este que se muestra inconforme con esa ligereza, que incluso puede considerarla una ingratitud contra los escritores que se esfuerzan en la producción de un proyecto estético, es a quien puede interesarle la cuestión del “¿cómo se debería leer?”. Es más, realizarse esta pregunta es el primer paso que debe dar todo aquel que se plantea hacer de la lectura un acto productivo, es decir, un acto que genere conocimiento. Solamente haciéndonos esta pregunta podemos entrar en el campo de la crítica literaria.


La primera sugerencia es afrontar la lectura, en una primera instancia, sin prejuicios, exigiéndole a cada libro solo aquello que puede darnos, seguirle el juego al autor y no buscar que nos ofrezca algo que no quiere ofrecernos: “No dictemos al autor, procuremos ser él. Seamos su colega y su cómplice. La indecisión, la reserva y la crítica al principio, nos impiden apreciar plenamente lo que leemos. Pero si abordamos la lectura sin prejuicios, los signos e indicios de excelencia casi imperceptible, desde los giros y matices de las primeras frases nos descubrirán un ser humano único” (pp. 24-25).  Virginia define esto como el primer paso para una buena lectura, “abrir la mente al raudo tropel de impresiones innumerables” (p. 48). Pero esto solo es el inicio del proceso. Las conclusiones que puedan sacarse a partir de estas primeras impresiones serán unas de las que el crítico podría arrepentirse fácilmente; hay que darle reposo a lo leído, dejar que “el polvo de la lectura se asiente” (p.45). Si hacemos esto “el libro volverá, pero de forma distinta. Aflorará como un todo en nuestra mente” (pp. 45.46).

La segunda operación que se debe realizar en una lectura es la de juzgar y comparar, en la cual, según la escritora, el gusto tiene un papel fundamental: “nuestro sentido del gusto, el nervio que nos transmite las sensaciones, es nuestro iluminador principal; aprendemos por percepción, no podemos reprimir la propia idiosincrasia sin empobrecerla” (p.50). El gusto, por más que los académicos quieran suprimirlo, siempre estará presente en el proceso de recepción, así que no tiene sentido negar su influencia en el proceso de reflexión crítica. Por hacer esto, muchos investigadores en sus trabajos terminan cayendo en una parca y falsa objetividad, actitud que poco nos puede hablar de la esencia del hecho literario.

El gusto puede sesgar la visión del lector común, impedirle apreciar ciertos valores de las obras que lee. Pero en una crítica literaria, puede ser conducido por los caminos de la aprehensión del conocimiento, ya que un lector especializado es capaz de  analizar sus impresiones y darles forma de idea gracias al manejo que ya tiene de los procesos de la historia literaria. Un buen lector, que es lo mismo que un lector crítico, no es aquel que suprime su gusto para ver con objetividad, es aquel que sabe cómo encausar sus apreciaciones subjetivas por medio de métodos racionales: “tal vez podamos educar el gusto con el tiempo, tal vez logremos someterlo a cierto control. Cuando se haya alimentado ávida y generosamente con libros de todo género –poesía, ficción, historia, biografía- y haya dejado de leer y buscado amplios espacios en la variedad, la incongruencia del mundo vivo, descubriremos que está cambiando un poco; ya no es tan voraz, es más reflexivo… guiados por nuestro gusto, nos aventuraremos más allá del libro particular en busca de cualidades que agrupen libros; les daremos nombres y así estableceremos una norma que ordene nuestras percepciones (p. 50-51).

Pero ahí no acaba el procedimiento. Si queremos hacer una lectura verdaderamente afilada, apta para ser publicada como crítica literaria, luego de haber juzgado el libro a través de nuestro propio gusto y nuestra propia razón, debemos comparar nuestra perspectiva con la de aquellos que ya han teorizado previamente, las voces autorizadas que siempre ofrecen perspectivas esclarecedoras: “estaría bien recurrir a estos rarísimos escritores que pueden ilustrarnos sobre la literatura como arte. Coleridge, Dryden y Johnson en su crítica ponderada aclaran y consolidan las vagas ideas que han estado agitándose en las brumosas profundidades de nuestra mente” (p.52). Vemos que para Virginia una buena lectura, que podría traducirse luego en una buena crítica, no es solo una mera aproximación gustativa, es un verdadero análisis que se sirve de elementos ajenos al propio texto, la bibliografía crítica que tanto se nos exige en los trabajos académicos. Pero hacer uso de esta bibliografía no significa subyugarse a las palabras de aquellos más afamados que uno. Todo texto crítico debe ser interpelado desde una perspectiva propia; las teorías deben usarse como herramientas, no como camisas de fuerza: “sólo podrán ayudarnos si acudimos a ellos cargados con sugerencias obtenidas sinceramente en el curso de nuestra lectura. Nada podrán hacer por nosotros si nos agrupamos bajo su autoridad y nos echamos como ovejas a la sombra de un seto.” (pp. 52-53)


Si bien no podemos negar que en esta guía que ofrece Woolf hay un carácter metódico, no cae nunca en las pretensiones metodológicas. Son solo sugerencias que permiten hacer una lectura crítica, lectura que se nutre tanto de la subjetivad del autor, como del propio cuerpo de la obra y también de otros textos que sirven de apoyo. De este tipo de lecturas pueden salir textos críticos libres, más no ingenuos; textos que no impongan mandamientos arbitrarios del arte, sino que generen una reflexión en torno a la estética y el contenido de las obras. Lo que Woolf muestra no son solo caminos leer, sino para pensar, para entender verdaderamente el hecho literario.



Fuente bibliográfica
LANDAETA, SIMÓN RODRÍGUEZ, S.R., 2017. Hay que leer con gusto. El Universal [en línea]. [Consulta: 28 junio 2017]. Disponible en: http://www.eluniversal.com/noticias/verbigracia/hay-que-leer-con-gusto_657670. 

30 dic 2016

Cómo conseguir más tiempo para leer durante los feriados de navidad y Fin de Año





Quizá ahora mismo estés resentido preguntándonos en voz alta…¿qué vacaciones? Pero incluso si no has podido cogerte una semanita libre, seguro que sí cuentas con tres festivos fantásticos agrupados en solo quince días (y eso no pasa muchas veces al año). ¿Y para qué hay que aprovechar esos días festivos? ¿Para leer? ¡No! ¡Para estar con la familiacomer hasta reventar y abrir regalos!

Por eso, porque a priori no parece fácil (a diferencia de las vacaciones en verano, que son el paraíso de la lectura) te vamos a dar algunos consejos para que consigas sacar el máximo partido al periodo navideño en lo que a lecturas se refiere. Una solución sería pasar de las reuniones familiares y quedarte en casa leyendo 24 horas al día, pero vamos a presuponer que eres un ser sociable y amigable, al que le gusta cenar, bailar e incluso perder un poco el tiempo en grupo viendo horribles programas navideños. Aún así, podrás encontrar más de un momento que dedicarle a tu afición favorita.

Comenzamos repasando algunas propuestas de un práctico post de Bookriot sobre el tema, en el que hacen hincapié en lo siguiente.

1. Determina cuándo parar (y comenzar a leer)
Estas fechas son las más estresantes del año, entre pensar en regalos, comprar los regalos, preparar postres y entretener a los niños uno no da abasto. Pero hay un máximo de cosas que uno puede hacer por día, y de nada sirve no parar hasta las once de la noche (y después solo cenar y meterse en la cama). Ponte un horario, y  cúmplelo: a partir de cierta hora, no se hacen cosas útiles.

Además, la lectura actúa como relajante, así que hasta es buena para conservar intacto tu espíritu navideño. Y al fin y al cabo, si no consigues comprar todos los regalos puedes decir que te los olvidaste en casa, y si no has conseguido llevar el postre que prometiste, siempre puedes decir que te atacaron unas gaviotas asesinas por el camino. La lectura te ayudará a desarrollar la imaginación y así inventar mejores excusas.

2. Madruga
Si te quedas en casa de algún familiar, (o si simplemente vas a aparecer por allí) probablemente haya una hora que se considere la adecuada para empezar el ritual de abrir los regalos o desayunar o juntarse en el salón para charlar  (y como son vacaciones, probablemente no sea muy temprano). Vale la pena poner el despertador y disfrutar de media horita de tranquilidad en la cama, en compañía de un libro, antes de comenzar el día.

3. Planifica
Lleva un libro a todas partes, si no, corres el riesgo de contar con unos minutillos de espera en cualquier actividad (como esperando que te empaqueten los juguetes en el corte inglés, por ejemplo) y nada con lo que entretenerte. De la misma manera, ten en cuenta que hay trayectos muy largos, y que si solo llevas un libro, lo acabarás enseguida y te sentirás triste y vacío el resto de la jornada. Por no hablar de que lo mejor es que te asegures de cargar tu ebook antes de salir de viaje. Y si te esperan muchas horas al volante…¡consigue un audiobook!
Y continuamos con otras recomendaciones de factura propia.

4. Improvisa
Lo bueno de las Navidades es que vas a estar en varias casas que no son la tuya. Eso te permite echar un ojo a un montón de librerías…¡y conseguir un montón de material de lectura nuevo! Y dirás tú, tener más libros en la pila no quiere decir que haya más tiempo para leerlos… no, pero mientras espías las estanterías ajenas, a nadie le extrañará que pierdas unos minutillos leyendo esta o aquella página.
Además está comprobado que tener los libros físicamente en la mesilla hace que uno lea más que si solo piensa “cuando tenga tiempo se lo pido”.

5.  Vete a la cama más tarde
Una ventaja de tener días festivos en medio de la semana es que uno no tiene que irse pronto a la cama… nunca. La promesa de que habrá un día pronto en el que podamos dormir toda la mañana puede ser suficiente aliciente para mantenernos despiertos lunes y martes hasta la una de la madrugada. ¡Y qué placer, poder acabar un libro sabiendo que al día siguiente no sonará el despertador! Quizá no nos de tiempo a preparar todos esos postres que habíamos prometido, pero me remito al punto 1.

6. Lee en familia
En vez de poner excusas para pasar de la familia, lo que puedes hacer es leer con ellos. Una cosa es ponerte a leer en medio de una interesante conversación (que es antisocial) y otra muy diferente hacerlo mientras estáis viendo la tele o durmiendo la siesta. En ese momento puedes sacar tu libro…¡y verás que muy pronto lo saca alguien más! Hasta podéis convertirlo en una tradición para después de comer.

Si tienes niños, una forma de mantenerlos entretenidos es proponerles momentos de lectura. Por supuesto, ellos que se apañen solos, que tú tienes una novela fascinante a medias, y bastante haces dando ejemplo.

7. Haz un maratón de lectura
Quizá en el día a día navideño estés súper estresado, pero puedes compensar haciendo maratones de lecturas en días como Año Nuevo que, una vez que te has incorporado al mundo, nadie espera nada de ti. Si la resaca te deja, puede ser la tarde ideal para pasar cinco horas seguidas leyendo y ponerte al día con ese libro con que el que llevabas un mes sin avanzar.

8. Aprovecha el tiempo, por poco que sea
No debes tener una hora libre para empezar a leer, bastan esos cinco minutos en los que estás esperando a que tu pareja se acabe de arreglar (y así no te pones nervioso), esos diez mientras se hornean las galletas en el horno, o esos quince de los anuncios. ¡Todo cuenta!



Fuente bibliográfica
Cómo conseguir más tiempo para leer durante las vacaciones de Navidad. Librópatas [en línea], 2014. [Consulta: 30 diciembre 2016]. Disponible en: http://www.libropatas.com/libros-literatura/como-conseguir-mas-tiempo-para-leer-durante-las-vacaciones-de-navidad/. 
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