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3 may 2018

¿Por qué las mujeres leen más libros que los hombres?


Por: Cristian Vázquez 

Foto: PxHere

Las mujeres leen más libros que los hombres. No es arriesgado afirmarlo, ya que todas las investigaciones y estadísticas al respecto arrojan el mismo resultado. El principal es el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros, editado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Según su última edición, correspondiente al año pasado, el 67,9 % de las mujeres leen libros, contra el 63,6 % de los hombres. 

La disparidad es aún más notoria cuando no se considera la lectura de libros por trabajo o estudios, sino que solo se toma en cuenta la efectuada durante el tiempo libre. El 64,9 % de las mujeres lee libros por placer, una actividad practicada por el 54,4 % de los hombres. Una diferencia de más de diez puntos porcentuales.


El género como variable en la formación de lectores

¿Por qué las mujeres leen más libros que los hombres? La investigación parte de la hipótesis de que "determinadas características de la socialización de género femenino favorecen la integración de la lectura en el estilo de vida y en la creación de hábitos lectores". En otras palabras, muchas conductas -entre las cuales se encuentran las actividades de ocio- se consideran "masculinas" o "femeninas" en función de estereotipos culturales ya desde la niñez.

En nuestra sociedad, la lectura de libros estaría más asociada a las niñas que a los niños, lo cual ocasionaría que ese hábito arraigara mejor en las mujeres que en los hombres. Santiago Yubero Jiménez, subdirector del CEPLI y líder de la investigación en curso, ha declarado que, en la forma en que se construyen los roles de feminidad y masculinidad, "la lectura forma parte de un estereotipo femenino".

Foto: PixabayEn este sentido, el apoyo del grupo tiene una importancia enorme: "Las mujeres pueden hablar de lecturas que han hecho con otras mujeres. Los hombres también, pero no todos", señaló Yubero. El especialista aclaró, de todas formas, que la cuestión se equilibra entre los grandes lectores, grupo en el cual "los hombres que leen mucho son igual que las mujeres que leen mucho".

 El trabajo, por otra parte, parece oponerse al prejuicio de que los varones son más apegados a los dispositivos electrónicos que las niñas, dado que -según sus resultados- ellas leen más textos en soporte digital que los niños, mientras que estos leen más que ellas en papel. 


Los libros, una puerta de ingreso al mundo de la cultura

La escritora Esther Tusquets también alude a la importancia de los años de formación. "Estudios realizados en las escuelas muestran que los niños dan menos valor a la lectura, se mueven más, escuchan menos -apunta-. Creo que lo fundamental es esto: escuchan menos. Los varones se interesan menos por las historias de los otros. Nosotras sentimos una curiosidad insaciable por los otros, que puede desembocar en chismorreos de patio de vecinos o en grandes obras literarias, y a veces en ambas cosas a la vez".

La frase de Tusquets forma parte del prólogo del libro Las mujeres, que leen, son peligrosas (Ed. Maeva, 2006), una historia ilustrada, por medio de pinturas, dibujos y fotos, de la relación de las mujeres y la lectura desde la Edad Media hasta la actualidad. En esta obra se cita una frase de la periodista y escritora francesa Laure Adler, autora de un Manifiesto Feminista, que aporta otra explicación posible: "Los libros no son para las mujeres un objeto como otro cualquiera. Desde los albores del cristianismo hasta hoy circula entre ellos y nosotras una corriente cálida, una afinidad secreta, una relación extraña y singular, entretejida de prohibiciones, de aprobaciones, de reincorporaciones".

Por ello, esa es otra opción: considerar que la mayor afición de las mujeres por la lectura de libros es una respuesta a las restricciones y prohibiciones que sufrieron durante siglos. "Es indudable -añade Tusquets- que el acceso a la lectura, que es la principal puerta de ingreso al mundo de la cultura, supuso un gran avance para la mujer, como para cualquier colectivo étnico o social en posición de desventaja y de dependencia".

Foto: Max PixelSin embargo, no todas las miradas ven como algo positivo para las mujeres el hecho de ser más lectoras que los hombres. Al presentar su ensayo Las buenas chicas no leen novelas (Ed. Península, 2013), la italiana Francesca Sarra declaróque "las mujeres son las que más leen pero, también, las mayores víctimas de un mercado editorial machista".

Y esto se debe, según explica en el libro, a que la mujer como lectora es un "instrumento" de ese mercado, no solo porque le permite ganar dinero, sino también "porque es un dispositivo de edificación intelectual, es decir, sirve para construir y elevar la figura del intelectual. Varón, naturalmente". 


Una actividad "improductiva"

Otro posible motivo de que los hombres lean menos quizá también puede buscarse en la idea de que leer libros por placer es una "actividad improductiva", algo que, dentro de los cánones de la sociedad patriarcal tradicional, siempre estuvo más vinculado con lo femenino que con lo masculino.

De hecho, según el Barómetro de Hábitos de Lectura, las mujeres no solo leen más libros, sino también revistas y redes sociales. Los hombres, en cambio, leen más periódicos y sitios web (incluidos blogs y foros), aunque también más cómics. En general, casi la mitad de los encuestados (el 47,7 %) dice que no lee con mayor frecuencia por falta de tiempo.

Parece claro que las explicaciones de por qué las mujeres leen más no tienen que ver, entonces, con factores de tipo psiconeurológicos, como los referidos a la primacía de las niñas sobre los niños en el desarrollo del lenguaje, ni fisiológicos, como los que hablan de un sistema límbico más propenso a la lectura de novelas. Es más bien la cultura en la que vivimos la que promueve esa afición más en las mujeres. La misma cultura la que, a la vez, las margina a un lugar de "instrumento" o de puras "consumidoras". 


Fuente bibliográfica
VÁZQUEZ, C., 2018. ¿Por qué las mujeres leen más libros que los hombres? eldiario.es [en línea]. [Consulta: 4 mayo 2018]. Disponible en: https://www.eldiario.es/consumoclaro/vida_sexual/mujeres-leen-mas-libros-hombres_0_765374557.html.

1 ene 2018

Los 10 hábitos de lectura que debes seguir en este 2018




Leer es uno de los placeres que tiene la vida; en especial cuando se trata de un libro que captura la atención y no se puede dejar de ojear porque se quiere conocer el desenlace de la historia.

Para muchas personas la lectura es forzada. Por lo que es mejor abandonar el libro y buscar uno de agrado para no hacer un proceso rutinario y aburrido.

Es por ello que existen hábitos de lectura que es necesario seguir en este 2018 para que sea más amena y divertida. Estos son las 10 principales prácticas:

1. Leer es un hábito que deberá estar asociado con el placer: Los libros por leer deben de ser de interés personal. Es importante no comenzar a leer libros como ser clásicos de la literatura universal. Es mejor empezar con un texto más ligero.

2. Encontrar un lugar cómodo y adecuado para leer: Puede ser un parque, una biblioteca o el camino de regreso a casa. El lugar debe de ser silencioso y con buena luz. Muchas personas crean clubes de lectura para compartir visiones.

3. Leer poesía puede ser un buen principio: Desde los autores más conocidos hasta los clásicos. La poesía es un texto corto de gran profundidad que enriquece el vocabulario.

4. Asociarse a una biblioteca: Las bibliotecas son sitios ideales para buscar textos de interés personal. Además que se pueden conseguir libros prestados de forma gratuita.

5. Compra un diccionario: Es importante tener un diccionario en línea o en físico para que al momento de tener dudas sobre alguna palabra sea más fácil comprender la lectura.

6. Más vale un libro que se disfrute que uno forzado: Leer no es sufrir. La lectura se debe de disfrutar para que sea más divertida.

7. No poner pretextos: Darle tiempo a las palabras y a las historias. Con este método el lector puede tener más visión de lo que hace y disfrutar cada párrafo del libro.

8. Leer cada vez más: Al leer más el cerebro se desarrolla más rápido, además de que se obtiene más conocimiento. Leer ayuda a prevenir enfermedades como el alzheimer.

9. Buscar personas que lean: Las personas que leen tienen más conocimientos literarios por lo tanto pueden sugerir lecturas y aclarar cualquier duda o inquietud que se tenga de la misma.

10. Los libros enriquecen la vida: Los libros abren la imaginación, desarrollan la conciencia personal y la cultura; Conservan el saber, lo difunden y le abren nuevos horizontes.



Fuente bibliográfica
Los 10 hábitos de lectura que debes seguir en este 2018 - Diario El Heraldo. [en línea], 1 enero 2018]. [Consulta: 1 enero 2018]. Disponible en: https://www.evernote.com/shard/s414/nl/70343187/262ca55a-0921-47f7-9426-dc0a2869301c/. 

11 jun 2017

¿Leer en la escuela? ¿Para qué?

Por: Fernando Avendaño



La lectura, una actividad importante en la vida de las personas, pero también fuente de experiencias.



Relata Daniel Pennac en su libro "Como una novela": "Aquel profesor no inculcaba un saber, ofrecía lo que sabía... Hacía abrir los ojos... Animaba a seguir la ruta de los libros, peregrinaje sin fin ni certeza, marcha del hombre hacia el hombre" .

¿Cómo marchamos del hombre hacia el hombre? ¿Cómo procuramos ese itinerario en la escuela? ¿Cómo construimos lectores auténticos? La idea de partida es bastante simple: las prácticas y usos escolares de lo escrito no tienen que diferir sustancialmente de las prácticas y usos sociales no escolares, ya sea que pertenezcan al ámbito familiar o a otros contextos.

Un lector auténtico es alguien que lee por voluntad propia, porque sabe que leyendo puede encontrar respuestas a sus necesidades de informarse, de aumentar sus conocimientos, de hacer cosas, de resolver problemas, de formarse juicios en torno de la conducta propia y de la ajena, pero también lo hace por gusto, por el puro placer de leer. En otros términos, significa que ha descubierto que la lectura es una actividad importante de su vida, que es una fuente de experiencias y emociones.

No leemos de la misma manera cuando queremos saber el significado de una palabra que cuando queremos informarnos del contenido de una noticia, tampoco cuando queremos realizar o confeccionar algo que cuando buscamos responder interrogantes o inquietudes. No leemos de comienzo a fin la guía telefónica, el diccionario o una agenda, pero sí un texto de estudio. No nos disponemos a leer del mismo modo un texto polémico que coincide con nuestras creencias que otro que las interpela. No a todos nos resultan más difíciles de entender o más significativas las mismas partes de los textos porque no todos compartimos los mismos puntos de vista y las mismas experiencias. No todos realizamos las mismas inferencias cuando leemos.

Además, en la actualidad, nos encontramos ante un proceso de recomposición cultural a nivel global en el que ya no es posible concebir la palabra y la imagen, lo impreso y lo digital, como ámbitos separados. La lectura ha dejado de ser un proceso lineal y completo para convertirse en otro breve, fragmentado e inconcluso. Los lectores actuales realizan múltiples tareas a la vez: chatean, escuchan música en Youtube y tienen abiertas varias ventanas y libros, todo vía Internet, lo que implica necesariamente la adquisición de nuevas competencias lectoras para seleccionar e interpretar la información haciendo uso de íconos, barras de menús y búsquedas por navegadores.

Sin embargo, no siempre las escuelas proveen a los alumnos las herramientas necesarias para que se conviertan en lectores genuinos. Por el contrario, egresan como "huérfanos de la lectura". A marcha forzada tendrán que incorporar las prácticas lectoras que no heredaron, si son conscientes de sus limitaciones, para insertarse en el mundo académico, laboral o para experimentar el placer de incursionar en otros mundos posibles.

Estos huérfanos de la lectura han tenido a su alcance sólo fotocopias de portadores de textos auténticos, han debido leer ciertos textos con el fin de responder preguntas formuladas por el docente o por el propio texto para evaluar si han comprendido, han estado obligados a resolver ejercicios de gramática en fragmentos del texto con posterioridad a la lectura... todavía en algunas escuelas se producen estas situaciones de lectura "ficticias" o artificiales, que atienden más a exigencias curriculares que a necesidades que los alumnos tienen fuera de ella. Para que estos "quehaceres del lector" sucedan, para que los alumnos no egresen aborreciendo la lectura después de verse obligados durante años a medir la adecuación de su comprensión del texto en cuestionarios y resúmenes hay que pensar en cambiar las condiciones didácticas con el propósito de acercar la práctica escolar a la práctica social: leer con distintos y genuinos propósitos, leer con distintas modalidades, leer distintas clases de textos, leer en distintos soportes, respetando la complejidad de la lectura como práctica social.

La "ruta de los libros" exige lectores activos que procesen en varios sentidos la información presente en el texto, aportándole sus conocimientos y experiencias previos, sus hipótesis y su capacidad de inferencia, lectores alertas, enfrentándose a obstáculos y superándolos de diversas formas, construyendo una interpretación para lo que leen y que, si se lo proponen, son capaces de recapitular, resumir y ampliar la información obtenida.

No muy distintos son los resultados cuando para leer literatura imponemos una lectura monológica, un determinado modo de acceder al texto mediante fórmulas y ejercicios estereotipados. ¿Por qué no abrir espacios de democratización lectora, en el sentido de rescatar aquellas apreciaciones generalmente descalificadas en el ámbito escolar porque son personales, intuitivas o no canónicas de los niños y jóvenes? ¿Por qué levantar muros a la lectura literaria silenciando las lecturas invisibles, inaudibles, que son las que construyen los lectores en su experiencia subjetiva con los textos, no consideradas legítimas?. Son esas lecturas rebeldes, heterodoxas e insólitas, las de quienes leen "a contrapelo" de las interpretaciones oficiales, las que necesitan ser socializadas para que los alumnos se reconozcan a sí mismos como lectores y a los otros lectores como sus semejantes.

Nos advierte Vargas Llosa"La literatura...,  a diferencia de la ciencia y la técnica, es, ha sido y seguirá siendo, mientras exista, uno de esos denominadores comunes de la experiencia humana, gracias al cual los seres vivientes se reconocen y dialogan, no importa cuán distintas sean sus ocupaciones y designios vitales, las geografías y las circunstancias en que se hallen, e, incluso, los tiempos históricos que determinan su horizonte. Leer buena literatura es divertirse, sí; pero también aprender, de esa manera directa e intensa que es la de la experiencia vivida a través de las ficciones, qué y cómo somos, en nuestra integridad humana, con nuestros actos y sueños y fantasmas, a solas y en el entramado de relaciones que nos vinculan a los otros, en nuestra presencia pública y en el secreto de nuestra conciencia".

Como afirma Italo Calvino, abramos "... espacios de interrogación y de meditación y de examen crítico, en suma, de libertad; la lectura es una relación con nosotros mismos y no únicamente con el libro, con nuestro mundo interior a través del mundo que el libro nos abre".

Fuente bibliográfica
 AVENDAÑO,FERNANDO, 11 de junio de 2017. ¿Leer en la escuela? ¿Para qué? La Capital [en línea]. [Consulta: 11 junio 2017]. Disponible en: http://www.lacapital.com.ar/educacion/leer-la-escuela-para-que-n1413363.html. 

21 mar 2017

Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar

Por: Luis Meyer



Nos dicen que hay que leerlas porque son los mejores. Y nosotros, valientes, lo intentamos. Algunos incluso llegamos a la página 30

Ciento treinta millones. Es más o menos el número de obras literarias publicadas a lo largo de nuestra historia. Un dato descorazonador para quien tuviera entre sus planes leérselo todo en vida: harían falta 250 años. Y eso, siempre que uno tuviera la capacidad sobrehumana de devorar cada libro en un minuto.

Tal vez por eso a algunos escritores consultados para este artículo no le duelen prendas en reconocer que acumulan un montón de ejemplares dejados a medias en sus estanterías. Incluso lo recomiendan: "La vida es corta y hay demasiadas cosas interesantes que leer", opina Andrés Barba, uno de los jóvenes escritores más importantes en habla hispana, según la prestigiosa revista británica Granta. Barba reconoce que la única vez que ha logrado acabarse Moby Dick fue cuando le encargaron traducir su última edición en castellano. El filósofo Henry David Thoreau ya lo había dicho un par de siglos antes: "Lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos".

Visto el panorama, conviene no perder el tiempo con lecturas infructuosas. Manuel Astur, poeta, ensayista y cofundador del movimiento artístico Nuevo Drama, aconseja huir de lo farragoso: "Creo que un buen libro es el que logra contar algo complejo con un lenguaje sencillo y ahorrador", y cita: "La broma infinita, de Foster Wallace, es un claro ejemplo de postureo: pocos han conseguido terminarse sus más de mil páginas. Y quienes lo han hecho, jamás reconocerán que no les ha gustado y han perdido el tiempo".


Hay una cantidad ingente de obras malditas que muchos no tienen las tragaderas para leer hasta el final, ni el arrojo de reconocerlo. Ya dimos 10 ejemplos, y ahora vamos con un segundo listado. Antes de afrontarlo, un consejo kafkiano para optimizar el tiempo y no desazonarse ante los millones de ejemplares que jamás llegaremos a hojear y, mucho menos, culminar: "No se deberían leer más que los libros que nos pican y nos muerden. Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué seguir?". Lo dijo un autor, Kafka, prolífico en obras que muchos han dejado a medias.

1. 'Ada o el ardor', de Vladímir Nabókov
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl típico caso de una obra de arte aplaudida por la crítica e incomprendida por el público. El genial autor de San Petersburgo escribía tan bien que facturó su novela más célebre, Lolita, en inglés, y ni siquiera era su lengua vernácula (aunque la dominara desde pequeño, por el empeño de su aristocrática familia y sus maestros de escuela). El germen de Ada o el ardor se le ocurrió tras volverse mundialmente famoso con la historia del profesor viudo obsesionado con una adolescente: justo después de Lolita, se propuso crear su obra maestra (aún no era consciente de que ya lo había hecho), y Ada o el ardor (1969) nació de dos proyectos distintos, dos crónicas vitales que acabaron trenzándose de tal manera que decidió que merecían convertirse en una sola novela.

Tal vez por eso le llevó escribirlo más de nueve años. Nabókov siempre declaró que deseaba ser recordado por esta obra, aunque su enrevesamiento narrativo, plagado de acrobacias semánticas, alusiones y dobles sentidos imperceptibles para un lector de inteligencia media, no encontró el acomodo universal que esperaba. El poeta Manuel Astur vive una contradicción con este libro: "Nabókov es uno de mis maestros, mi gran inspiración para mis libros. Pero esta es una novela que se me resiste, por más que lo intento".

2. 'Rayuela', de Julio Cortázar
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl escritor argentino definió su obra maestra Rayuela (1963) como "contranovela". A través de la historia de su protagonista, Horacio Oliveira, traza, a lo largo de 156 capítulos, una vida completa, pero con estructuras que huyen de convencionalismos para adentrarse en lo surrealista. Y no solo en lo que cuenta, sino especialmente en cómo lo hace. Invita al lector a compartir su caos y le da varias opciones para leer la novela: está la "normal", de principio a fin. También la "tradicional", solo hasta el capítulo 56 y prescindiendo del resto. También la "anárquica", esto es: el orden que se le antoje al lector.

Y, por último, el que propone Cortázar a modo de juego, con una secuencia establecida en el "tablero de dirección" mostrado en la primera página, como una suerte de Excel primigenio. Es una cuadrícula en la que el lector comienza en el capítulo 73, y de ahí va rebotando de uno a otro sin orden aparente, hasta finalizar en el 131. Muchos son quienes aseguran no haber pasado de la página tal o de la página cual. Pero a esa confesión debe seguir la inevitable pregunta: ¿en qué orden te lo leíste? Y es que Rayuela es el único libro que, si se deja por la mitad, puede significar que prácticamente te lo has acabado.

3. 'En busca del tiempo perdido', de Marcel Proust 
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarLa filóloga Josefina Lascaray da un consejo a los intrépidos que se aventuren a terminarse los siete tomos que escribió Proust a lo largo de 14 años: "Llegar hasta la página 80 del primero, y superar la famosa escena en la que Proust rememora su infancia mientras moja una magdalena en té". El escritor parisino levantó esta obra de más de 3.000 páginas entre 1908 y 1922, justo el año que falleció, posiblemente exhausto por semejante odisea.

Muchos recomiendan leer antes la biografía de Proust, porque En busca del tiempo perdido se compone, en definitiva, de reflexiones sobre su vida hechas en vida. Pero volvamos a la página 80: "Es una novela muy complicada por la sintaxis tan propia y compleja de Proust, la ausencia de puntos en pasajes larguísimos en los que va hilando ideas dispares y es fácil perderse. Pero cuando pasas el episodio de la magdalena, el cerebro se acostumbra a su forma de escribir, y ya está preparado para el resto que, si le coges el punto, lo devoras", dice Lascaray. El suyo no es un caso normal. Pocos pueden decir que se han zampado los siete tomos ("es una mis espinas clavadas", reconoce Manuel Astur), y mucho menos dos veces, como la filóloga: "La primera por placer, recién empezada la universidad; la segunda, porque fue mi proyecto de fin de carrera. Y descubrí muchos detalles nuevos. Lo recomiendo". Quien esté dispuesto a secundarla, que se coja un par de meses de excedencia. O mejor un año.

4. '2666', de Roberto Bolaño
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarMuchos de los consultados achacan, a la dificultad para acabarse esta novela, su longitud. No en vano, el genialmente oscuro autor chileno la planteó como cinco libros independientes que se publicarían tras su muerte en 2003,como legado económico para su descendencia. Sus hijos, en cambio, dejaron de lado la intención crematística y prefirieron convertirlos en una única gran novela. El resultado son más de mil páginas con la pluma ágil y turbia de Bolaño recorriendo lo acontecido en la ciudad imaginaria de Santa Teresa, espejo de la violenta Ciudad Juárez de México.

Hay otro factor, sin embargo, que hace que uno encalle más o menos a la mitad del libro. Nos lo cuenta la filóloga Josefina Lascaray, una voz autorizada por la devoción que siente por el autor: "Me dio bajón. Bolaño tiene una escritura espectacular, pero en esa parte describe uno tras otro asesinatos de mujeres, durante páginas y páginas que pasan de lo tedioso a lo angustiante sin interrupción. Es como llegar a un terreno enfangado de horrores, que me impide seguir con lo que viene después".

5. 'Corrección', de Thomas Bernhard
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarAparte de su trama indescifrable, el desprecio absoluto del autor austriaco por los puntos y seguido (por no hablar ya de los puntos y aparte) y su obsesión con las frases subordinadas hasta el infinito, llevan al lector a la claudicación ya desde la tercera página de Corrección (1975).

Los hay que defienden a ultranza su estilo laberíntico, como Andrés Barba: "Hay que interpretar sus textos como obras sinfónicas, con sus ritmos y sus cadencias. Dejarse llevar como lo haces con una melodía". También el joven escritor y crítico literario Jesús Artacho, que sobre Corrección, afirma: "Lo sé, lo tiene todo para no gustar: un argumento poco atractivo y una sintaxis asfixiante en sus más de 300 páginas. Pero hay que leerlo, y después odiarlo o admirarlo sin reservas, pero hay que leerlo".


6. 'Los cantos', de Ezra Pound
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEs un poema largo, larguísimo, más aún por el tiempo que llevó escribirlo que por su extensión. Casi medio siglo, desde 1915 a 1962, se tomó el poeta estadounidense Ezra Pound para culminar sus 116 cantos. Están considerados por la crítica una de las obras más significativas de la poesía modernista del siglo XX, y al mismo tiempo una de las más complejas. Por sus casi mil páginas circulan multitud de ideas atropelladas que saltan de una a otra abruptamente, en las que afloran su admiración hacia Confucio, su antisemitismo, su afinidad con el régimen de Mussolini, referencias geográficas que recorren Europa, Asia, Estados Unidos y África, volteretas temporales y varios idiomas, incluidos caracteres chinos.

El poeta y traductor cubano José Kozer da unas pautas para no cejar: "Leerlo en inglés. El inglés de los poemas de Ezra Pound es fácil de leer. Lo difícil en sus poemas es el griego, latín, chino, japonés, italiano del Renacimiento, imitaciones del habla popular inglesa o de la pronunciación del inglés en boca, por ejemplo, de un hablante alemán. Menos difícil de leer es su francés, italiano y alemán modernos, o su deficiente español, tan defectuoso como el de Hemingway". Y reconoce: "Leer a Pound es adentrarse en una interminable retacería muchas veces inabordable. Una poesía que nos entraña en la dificultad a veces ígnea, a veces tediosa del mundo que heredamos y al que damos en gran medida la espalda por desidia".

7. 'Flash boys', de Michael Lewis
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarSi hay algún índice mínimamente científico que pueda medir qué libros se dejan a medias, es el Hawking Index del Wall Street Journal. Se basa en los datos ofrecidos por Kindle, la plataforma digital, concretamente de su función Highlights: el usuario puede resaltar un párrafo, que luego recogerá Amazon en un listado de los pasajes más exitosos. En función de en qué página se encuentre el promedio de textos destacados, se desprende un porcentaje de lectores que se acabaron cada libro. Este índice de concreción discutible (se deja fuera a los lectores de las ediciones en papel y a los de Kindle que, sencillamente, no usen la susodicha función) tuvo, sin embargo, bastante repercusión cuando se publicó en 2014.

Allí figuraba Flash Boys (2014), que cuenta cómo se amañan los sistemas informáticos de las bolsas para que, al final, siempre gane la banca. Un libro interesante del que solo se leyó, de media, un 24,7% de su contenido. Y es que a pesar de desvelar escandalosos hallazgos, muchos critican su excesivo tecnicismo a la hora de contarlos. Michael Lewis, broker, escritor y periodista financiero, parece exigir tácitamente un máster en macroeconomía para entenderle.

8. 'La casa de hojas', de Mark Z. Danielewski
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarCuando uno pregunta por el género de La casa de hojas (2000), las respuestas de quienes han pasado por sus páginas son dispares: muchos la consideran una novela de terror, otros romántica, algunos creen que hay mensajes existenciales soterrados y los hay quienes, sencillamente, opinan que es un tostón ilegible. La crítica sí ha coincidido en calificarlo de literatura ergódica, neologismo que parte de dos palabras griegas: ????? (trabajo) y ???? (recorrido), y que define, según el estudioso Espen J. Aarsethse, a las obras que requieren un esfuerzo relevante por parte del lector para atravesar el texto.

El lector no se limitará a leer: para llegar a su última página habrá cambiado el libro de posición unas cuantas veces, leído caracteres inversos a través de un espejo, descifrado código morse, interpretado partituras y hasta alfabeto braille. "Cuando cayó este libro en mis manos, pensé que iba a ser un desastre comercial", cuenta un editor que prefiere no dar su nombre. "Al final se vendió muy bien, pero dudo que muchos lo hayan terminado", añade.

9. 'Cristo versus Arizona', de Camilo José Cela
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl Premio Nobel Camilo José Cela fue otro de los alérgicos a los puntos, al menos en este western experimental salmodiado en primera persona: solo tiene uno, el punto final. Se introduce en el salvaje Oeste para tocar, de soslayo, el famoso duelo que enfrentó a los Earp con los Clanton y los Frank, en octubre de 1881, en el O. K. Corral.Todo es una excusa para concatenar pequeños relatos sin rumbo definido.

Los pocos que logran llegar a la página 238 donde espera el añorado punto, eso sí, se ganan una radiografía certera de una sociedad que estuvo marcada por la violencia y el sexo, descrita con esa pátina de humor y desprejuicio que, irrebatiblemente, es Cela en estado puro.



10. 'Finnegans wake', de James Joyce
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarDe James Joyce podíamos haber elegido Ulises, pero nos pareció demasiado obvio. Cuando el lector se queje del esfuerzo que exige leer Finnegans wake (1939), que tenga en mente lo que le costó al autor levantar esta novela, que le llevó casi dos décadas escribir. Lo desconcertante es que la empezó poco después de terminar su monumental Ulises (1922), obra que, en sus propias palabras, lo había dejado "exhausto". Está claro que el escritor irlandés sacó fuerzas de algún lado, porque Finnegans waketiene 628 páginas, para las cuales tuvo que descartar casi 15.000.


Tiró de un leguaje inventado, a base de mezclar unidades léxicas inglesas con neologismos, y lo trufó de calambures que vuelven su compresión realmente difícil. La estructura ayuda poco: no es lineal sino, como él la calificó, "esférica", donde todo lo que se cuenta sobre la familia Earwicker y su entorno es al mismo tiempo principio y fin del relato. Los pocos que han logrado culminarla (y entenderla), como el escritor Anthony Burgess, afirman que se han "partido de risa en cada página". Felicidades, señor Burgess.


Fuente bibliográfica
MEYER, LUISPAÍS, E.E., 2017. Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar. EL PAÍS [en línea]. [Consulta: 21 marzo 2017]. Disponible en: http://elpais.com/elpais/2017/01/20/icon/1484939147_794976.html. 

30 dic 2016

Cómo conseguir más tiempo para leer durante los feriados de navidad y Fin de Año





Quizá ahora mismo estés resentido preguntándonos en voz alta…¿qué vacaciones? Pero incluso si no has podido cogerte una semanita libre, seguro que sí cuentas con tres festivos fantásticos agrupados en solo quince días (y eso no pasa muchas veces al año). ¿Y para qué hay que aprovechar esos días festivos? ¿Para leer? ¡No! ¡Para estar con la familiacomer hasta reventar y abrir regalos!

Por eso, porque a priori no parece fácil (a diferencia de las vacaciones en verano, que son el paraíso de la lectura) te vamos a dar algunos consejos para que consigas sacar el máximo partido al periodo navideño en lo que a lecturas se refiere. Una solución sería pasar de las reuniones familiares y quedarte en casa leyendo 24 horas al día, pero vamos a presuponer que eres un ser sociable y amigable, al que le gusta cenar, bailar e incluso perder un poco el tiempo en grupo viendo horribles programas navideños. Aún así, podrás encontrar más de un momento que dedicarle a tu afición favorita.

Comenzamos repasando algunas propuestas de un práctico post de Bookriot sobre el tema, en el que hacen hincapié en lo siguiente.

1. Determina cuándo parar (y comenzar a leer)
Estas fechas son las más estresantes del año, entre pensar en regalos, comprar los regalos, preparar postres y entretener a los niños uno no da abasto. Pero hay un máximo de cosas que uno puede hacer por día, y de nada sirve no parar hasta las once de la noche (y después solo cenar y meterse en la cama). Ponte un horario, y  cúmplelo: a partir de cierta hora, no se hacen cosas útiles.

Además, la lectura actúa como relajante, así que hasta es buena para conservar intacto tu espíritu navideño. Y al fin y al cabo, si no consigues comprar todos los regalos puedes decir que te los olvidaste en casa, y si no has conseguido llevar el postre que prometiste, siempre puedes decir que te atacaron unas gaviotas asesinas por el camino. La lectura te ayudará a desarrollar la imaginación y así inventar mejores excusas.

2. Madruga
Si te quedas en casa de algún familiar, (o si simplemente vas a aparecer por allí) probablemente haya una hora que se considere la adecuada para empezar el ritual de abrir los regalos o desayunar o juntarse en el salón para charlar  (y como son vacaciones, probablemente no sea muy temprano). Vale la pena poner el despertador y disfrutar de media horita de tranquilidad en la cama, en compañía de un libro, antes de comenzar el día.

3. Planifica
Lleva un libro a todas partes, si no, corres el riesgo de contar con unos minutillos de espera en cualquier actividad (como esperando que te empaqueten los juguetes en el corte inglés, por ejemplo) y nada con lo que entretenerte. De la misma manera, ten en cuenta que hay trayectos muy largos, y que si solo llevas un libro, lo acabarás enseguida y te sentirás triste y vacío el resto de la jornada. Por no hablar de que lo mejor es que te asegures de cargar tu ebook antes de salir de viaje. Y si te esperan muchas horas al volante…¡consigue un audiobook!
Y continuamos con otras recomendaciones de factura propia.

4. Improvisa
Lo bueno de las Navidades es que vas a estar en varias casas que no son la tuya. Eso te permite echar un ojo a un montón de librerías…¡y conseguir un montón de material de lectura nuevo! Y dirás tú, tener más libros en la pila no quiere decir que haya más tiempo para leerlos… no, pero mientras espías las estanterías ajenas, a nadie le extrañará que pierdas unos minutillos leyendo esta o aquella página.
Además está comprobado que tener los libros físicamente en la mesilla hace que uno lea más que si solo piensa “cuando tenga tiempo se lo pido”.

5.  Vete a la cama más tarde
Una ventaja de tener días festivos en medio de la semana es que uno no tiene que irse pronto a la cama… nunca. La promesa de que habrá un día pronto en el que podamos dormir toda la mañana puede ser suficiente aliciente para mantenernos despiertos lunes y martes hasta la una de la madrugada. ¡Y qué placer, poder acabar un libro sabiendo que al día siguiente no sonará el despertador! Quizá no nos de tiempo a preparar todos esos postres que habíamos prometido, pero me remito al punto 1.

6. Lee en familia
En vez de poner excusas para pasar de la familia, lo que puedes hacer es leer con ellos. Una cosa es ponerte a leer en medio de una interesante conversación (que es antisocial) y otra muy diferente hacerlo mientras estáis viendo la tele o durmiendo la siesta. En ese momento puedes sacar tu libro…¡y verás que muy pronto lo saca alguien más! Hasta podéis convertirlo en una tradición para después de comer.

Si tienes niños, una forma de mantenerlos entretenidos es proponerles momentos de lectura. Por supuesto, ellos que se apañen solos, que tú tienes una novela fascinante a medias, y bastante haces dando ejemplo.

7. Haz un maratón de lectura
Quizá en el día a día navideño estés súper estresado, pero puedes compensar haciendo maratones de lecturas en días como Año Nuevo que, una vez que te has incorporado al mundo, nadie espera nada de ti. Si la resaca te deja, puede ser la tarde ideal para pasar cinco horas seguidas leyendo y ponerte al día con ese libro con que el que llevabas un mes sin avanzar.

8. Aprovecha el tiempo, por poco que sea
No debes tener una hora libre para empezar a leer, bastan esos cinco minutos en los que estás esperando a que tu pareja se acabe de arreglar (y así no te pones nervioso), esos diez mientras se hornean las galletas en el horno, o esos quince de los anuncios. ¡Todo cuenta!



Fuente bibliográfica
Cómo conseguir más tiempo para leer durante las vacaciones de Navidad. Librópatas [en línea], 2014. [Consulta: 30 diciembre 2016]. Disponible en: http://www.libropatas.com/libros-literatura/como-conseguir-mas-tiempo-para-leer-durante-las-vacaciones-de-navidad/. 

23 dic 2016

Jóvenes de hoy: ¿Una generación sin libros?

Por: José Luis Rozalén


Leer un libro es volver a nacer, es el camino para apropiarnos de un mundo y de una visión del hombre que entrarán a formar parte de nosotros mismos.  En palabras de Álvaro Mutis, una lectura disfrutada con riqueza y plenitud “es la conquista más plena que puede hacer un ser humano en su vida. Un placer que viene de lo más hondo del alma y que ha de quedarse allí intacto y disponible para siempre”.

Leer es el arte de volver a encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, comprender mejor nuestra existencia. La lectura de un libro es un diálogo en el que el libro habla y el alma contesta.

Parte de nuestros males están relacionados con la pérdida de hábito de lectura de las familias y en los programas educativos. Nuestra sociedad, equivocada, no ve ventajas en la lectura.

Maryanne Wolf, psicolingüista de la Universidad de Tufts, teme que se establezca la lectura rápida y digital. Está cortocircuitando nuestro cerebro hasta el punto de dificultar la lectura profunda y crítica. Muchos jóvenes de hoy son incapaces de leer de manera sosegada y gozosa, excitados por cientos de estímulos cambiantes.

Escribe Javier Marías, miembro de la Real Academia Española (RAE) que hemos sufrido una regresión, una huida hacia el mínimo esfuerzo a partir de los años 90. La lectura nos sirve “para convivir sin fanatismos, simplezas ni encontronazos, para comprender en todas sus dimensiones la abigarrada complejidad del vivir”.

No obstante, si se les pregunta, también hay jóvenes que leen y disfrutan con ello. Para Eva, una joven estudiante, es muy importante: “No puedo leer a diario tanto como quisiera por el cansancio, pero no hay nada mejor que dormirte después de leer. Un libro te ilusiona, te hace pensar, reflexionar, tener más empatía con los demás, comprender que hay gente diferente, mundos que, aunque te son ajenos, también son reales y te ayudan a entender y a respetar a los demás”.

Ana María, otra estudiante, afirma que la lectura la enriquece muchísimo. “Somos lo que escuchamos, lo que vemos, lo que pensamos, lo que leemos. La lectura me transporta a otros mundos, a otras vidas, conoces otras maneras de pensar y ser, te vuelves más imaginativa. En definitiva, aprendes a vivir. Además, al leer enriqueces tu capacidad expresiva. Me gusta la novela, y siempre suelo tener un libro encima de la mesita de noche”.

Apunta Pilar que los niños sí tienen interés, pero luego, cuando se hacen adolescentes y jóvenes, lo pierden y les atraen más las redes sociales. Me quedo admirada del desconocimiento total que tiene muchos de ellos de la historia o de la geografía. Los jóvenes necesitan satisfacción inmediata, rápida y breve y eso los libros no lo proporcionan.

Si se escucha a estos jóvenes todavía hay esperanza. Tal vez el desprecio de la lectura, el alejamiento de la inmensa mayoría de la buena ficción literaria, se debe al deterioro del sistema educativo, al deterioro cultural generalizado, al abandono de las bibliotecas, al nulo ejemplo de muchos padres que nunca leen… 

Queda el optimismo en que se haga ver a nuestros jóvenes y a nuestra sociedad que leer produce un inmenso placer, y que no tiene por qué haber una oposición radical entre los actuales medios audiovisuales y la lectura de libros: pueden, y deben, ser complementarios.

Me parecen hermosísimas y verdaderas las palabras de Jorge Luis Borges: “Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua, sin pájaros. Yo soy incapaz de imaginar un mundo sin libros.”


Fuente bibliográfica 
ROZALÉN, JOSÉ LUIS, [sin fecha]. Jóvenes de hoy: ¿Una generación sin libros? | EL DEBATE. [en línea]. [Consulta: 23 diciembre 2016]. Disponible en: http://www.eldebate.com.ar/jovenes-de-hoy-una-generacion-sin-libros/. 


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