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27 oct 2018

Cuándo abandonar un libro sin culpa

Por: Daniel Pasik




Los best sellers, los más dejados

A veces aburre, pero ¿lo mejor vendrá después? Aquí, qué es lo que más se deja y las estrategias de varios escritores.


¿Por qué dejar un libro da tanta culpa? Sin embargo, sucede. O si no, en muchos casos debería suceder. Hay que hacerlo. Se hace. La red social Goodreads es la mayor comunidad de reseñas: allí los lectores son quienes recomiendan y comparten experiencias de lectura. Uno de los ítems más importantes a completar, y que más se consulta al buscar qué leer, es si llegaron o no al final. Porque sí, hasta los lectores más devotos dejan lo que no les interesa.

Sin embargo, abandonar un libro no es tan fácil como se supone. Aunque cueste, aburra o no termine de agradar muchos sienten esa especie de pulsión que los hace seguir hasta el final aunque no la pasen bien. ¿Es la culpa por no terminar algo o la bronca por haber gastado dinero en vano? Sí, esos son dos de los motivos, que pueden combinarse. 

Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.
 Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.

Los más abandonados
Curiosamente, entre las lecturas más abandonadas de Goodreads figuran varios best sellers, como Una vacante inesperada, de J.K. Rowling, 50 sombras de Grey, de E.L. James, o Comer, rezar, amar, de Elizabeth Gilbert. Entre los motivos, se destaca la poca congruencia entre expectativa y realidad.

Otros en la lista son algunos clásicos, como Moby Dick, de Herman Melville; el Ulises, de James Joyce, o hasta El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, y la saga de Harry Potter, también de la autora británica que encabeza la lista este año con su primera novela para adultos.

La vida alcanza para cierta cantidad de lecturas, y tiene poco sentido desperdiciar ese tiempo con algo que no funciona. Además, empecinarse en un libro que no interesa lo suficiente termina agotando al punto de que al final, se lee menos. La gran duda, entonces, es ¿hasta dónde se debería forzar la lectura? ¿Cómo saber cuándo es necesario abandonar? Según los testimonios de los usuarios de Goodreads, casi la mitad de los lectores le dan entre 50 y 100 páginas a un libro antes de decirle adiós.

Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas"                                    Betina González. Escritora

Dejar un libro puede ser síntoma de madurez “Para escribir, en cierto momento, hay que obligarse a ciertas lecturas. El lector ‘común’ por supuesto tiene todo el derecho de leer sólo lo que le gusta. Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas. Ya le llegará, si cabe, el año en que un libro que dejó de joven lo llame y lo atrape”, dice Betina González, que acaba de publicar la antología de relatos El amor es una catástrofe natural (Tusquets, 2018).

“En mis veintes me obligaba a terminar un libro aunque no me gustara y estuvo bien haber sido una lectora disciplinada, porque se aprende en el insistir y en la dificultad. Incluso si te aburre, aprenderás algo de ese aburrimiento”, cuenta González, autora de novelas como Arte menor(Alfaguara, 2006) y Las poseídas (Tusquets, 2013). “Ahora soy una lectora mucho más hedonista. Un libro tiene que captarme ya sea desde la historia, desde el lenguaje o desde la voz que cuenta. Lo ideal, claro, es que capte desde los tres”.

Si dejo un libro es muy rápido"
                                                                      Ricardo Romero. Escritor

A Ricardo Romero, autor de, entre otras novelas, El conserje y la eternidad (Alfaguara, 2017), le pasa algo similar que a González. Ahora solo leo y releo con gula. Si dejo un libro es muy rápido y, en general con el instinto ya afinado a mis gustos, casi que ni lo empiezo. Ahora soy capaz de leer con mayor intensidad. Leo más despacio que antes, pero con mayor compromiso”, dice.

La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel". Foto de NORA MAZZINI
La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel".                         Foto de NORA MAZZINI

 Gabriela Cabezón Cámara, autora de La virgen Cabeza (Eterna Cadencia, 2009) y Las aventuras de la China Iron (Random House, 2017), entre otros hits, va a lo concreto y práctico: “No me genera ninguna culpa dejar un libro. Algunos, los pospongo para otro momento. Otros, para nunca jamás. Hay demasiado placer esperándome en la lista de libros por leer, que es una lista orgánica, en constante crecimiento, una especie de serpiente infinita”.

Con Hamlet, el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí"
                                                  Julián López. Escritor

Julián López, autor de la celebrada Una muchacha muy bella (Eterna Cadencia, 2013), dice que deja libros sin problemas: “porque no me hablan, porque mis competencias son exiguas y me hundo, porque me distraigo, por vago. Pero también porque a veces me hablan muy directamente, me complican muy directamente”.

James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".
James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".

López, autor de la reciente La ilusión de los mamíferos (Random House), cuenta algo que le pasó con Hamlet, que tuvo que abandonarlo un tiempo hasta que llegó su momento. “Creo que tenía 18 cuando empecé a leerlo, en un momento estaba tan manija que el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí. A veces sostener el fuego no es posible y creo que en mi escritura siempre aparece esa marca: vengar a los muertos o tener vida propia. Tardé bastante en volver, en poder terminarlo”, recuerda.
Intenté entrarle a "El Código Da Vinci"  pero era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página"
                                                                               Gabriela Cabezón Cámara. Escritora

“Me costó mucho empezar a abandonar libros. Soy optimista y tiendo a creer que la página siguiente puede tener algo que me guste o sorprenda. Cuando empecé a abandonar lecturas no fue por haber perdido el optimismo, sino porque se trasladó al siguiente al libro que tenía en mi lista”, explica Romero, que recomienda: “señora, señor, suelte el diario, deje de pavear y lea ese libro que tiene en la mesa de luz hace cinco meses".

Cabezón Cámara dice que a veces ella es la que deja los libros, pero otras son los libros los que la abandonan a ella. “Recuerdo que cuando era un boom mundial intenté entrarle a El Código Da Vinci para ver qué le gustaba tanto a tanta gente. Era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página. En el extremo opuesto, me pasó con el Ulises de Joyce que casi me desmayo de embole con algunos fragmentos”.

Tres claves
Betina González, con ánimo de servicio y por si “a alguien le sirve de consejo”, detalla tres “casos fijos” en los que abandona un libro. 

“Uno es cuando en la página dos ya sé todo lo que va a pasar. Otro, si en el primer párrafo descubro tres errores de concordancia verbal o adjetivos que sobran y otros clichés al punto que quiero ir a agarrar un lápiz para corregir. Y, finalmente, cuando el escritor o escritora juega a la ‘falsa dificultad’ porque no ha encontrado el mejor modo -el más simple y elegante que la lengua le permite- para contar lo que quiere y entonces se escuda en un tono pretencioso, en una falsa experimentación”.


Fuente bibliográfica 
PASIK, DANIEL, [sin fecha]. Cuándo abandonar un libro sin culpa - 09/10/2018 - Clarín.com. [en línea]. [Consulta: 28 octubre 2018]. Disponible en: https://www.clarin.com/cultura/hora-dejar-libro-culpa_0_iTyE45k6A.html

10 ago 2017

Los libros que olvidarás



La cultura genera ansiedad. O díganme si no se les ha venido a la cabeza alguna vez una de estas frases:

1) No he leído lo suficiente.
2) Los demás parecen haber leído más que yo.
3) Compro libros y luego no los leo.
4) No voy lo suficiente al cine / teatro / museos / exposiciones / conciertos.
5) Este libro / película / cuadro es importante, y no lo estoy entendiendo.
6) Leo, pero luego me olvido de lo que he leído.
A pesar de la carga de agobio y vergüenza que arrastran, estas ansiedades son una buena señal. Su mera existencia demuestra una mentalidad que valora positivamente la cultura, y que nos anima a soltar el móvil y ponernos las pilas con ese libro que lleva semanas acumulando polvo en la mesilla. Pero también demuestran algunos errores de perspectiva sobre los que vale la pena reflexionar, sobre todo ahora que empezamos a preparar esos carnavales bajtinianos que son las listas de lecturas veraniegas.

Tomemos como ejemplo la ansiedad por olvidar los libros que hemos leído. Por un lado, es una tensión sumamente natural: nunca agrada constatar que la inmensa mayoría de lo que hacemos y pensamos se esfuma en el voraz éter del tiempo. Pero, por otro lado, es sospechoso que esta sensación se manifieste fundamentalmente con libros cuyo conocimiento indica un cierto estatus intelectual, ya porque formen parte del canon (Don Quijote, Crimen y castigo) o porque estén de moda (Chaves Nogales, Carrère).

La ansiedad por los libros olvidados suele evidenciar, así, una idea de la lectura como acumulación enciclopédica. Leer un libro sería como cargar un programa en Matrix: cierras el Ulises y murmuras "ya me sé las vanguardias". O sería una inversión en capital social que no ha rendido como debía: encima que uno dedica cuatro meses de su vida a La montaña mágica, lo mínimo sería quedarse con una cita ingeniosa que poder soltar en una cena.
Ante esta mentalidad habría que recordar dos cuestiones. La primera es que parte de una idea equivocada de los efectos de la lectura. Que uno no recuerde ni una sola frase pronunciada por el protagonista de un libro, ni si ese protagonista se llamaba Pedro o se llamaba Pablo, ni si el libro en cuestión era de Flaubert o de Balzac, no significa que no haya alterado de alguna forma nuestra manera de ver el mundo; que es de lo que va la cosa.Habría que tenerle un poco más de fe al aprendizaje subconsciente. Nadie recuerda el momento de la infancia en el que aprendió a tenerse en pie, ni dónde fue, ni qué llevaba puesto, y sin embargo es una enseñanza que ponemos en práctica todos los días.

La segunda cuestión es que la lectura, por encima de todo, es un ejercicio de disfrute del momento. El valor primordial de un libro es hacernos vivir, mientras lo leemos, unos instantes más intensos y especiales de los que nos aportaría ver fotos en Instagram o responder “jajajajajajaja” en el Whatsapp. Sí, la lectura es vehículo de conocimiento y por tanto tiene un efecto a largo plazo; pero su mayor activo es el efecto inmediato. Si dices de un libro "no recuerdo nada excepto que me gustó" no estás constatando un fracaso. Estás glosando una pequeña victoria.


Fuente bibliográfica
JIMÉNEZ TORRES, DAVID, 2017. Los libros que olvidarás. El Español [en línea]. [Consulta: 11 agosto 2017]. Disponible en: http://www.elespanol.com/opinion/columnas/20170714/231356869_13.html. 

21 mar 2017

Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar

Por: Luis Meyer



Nos dicen que hay que leerlas porque son los mejores. Y nosotros, valientes, lo intentamos. Algunos incluso llegamos a la página 30

Ciento treinta millones. Es más o menos el número de obras literarias publicadas a lo largo de nuestra historia. Un dato descorazonador para quien tuviera entre sus planes leérselo todo en vida: harían falta 250 años. Y eso, siempre que uno tuviera la capacidad sobrehumana de devorar cada libro en un minuto.

Tal vez por eso a algunos escritores consultados para este artículo no le duelen prendas en reconocer que acumulan un montón de ejemplares dejados a medias en sus estanterías. Incluso lo recomiendan: "La vida es corta y hay demasiadas cosas interesantes que leer", opina Andrés Barba, uno de los jóvenes escritores más importantes en habla hispana, según la prestigiosa revista británica Granta. Barba reconoce que la única vez que ha logrado acabarse Moby Dick fue cuando le encargaron traducir su última edición en castellano. El filósofo Henry David Thoreau ya lo había dicho un par de siglos antes: "Lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos".

Visto el panorama, conviene no perder el tiempo con lecturas infructuosas. Manuel Astur, poeta, ensayista y cofundador del movimiento artístico Nuevo Drama, aconseja huir de lo farragoso: "Creo que un buen libro es el que logra contar algo complejo con un lenguaje sencillo y ahorrador", y cita: "La broma infinita, de Foster Wallace, es un claro ejemplo de postureo: pocos han conseguido terminarse sus más de mil páginas. Y quienes lo han hecho, jamás reconocerán que no les ha gustado y han perdido el tiempo".


Hay una cantidad ingente de obras malditas que muchos no tienen las tragaderas para leer hasta el final, ni el arrojo de reconocerlo. Ya dimos 10 ejemplos, y ahora vamos con un segundo listado. Antes de afrontarlo, un consejo kafkiano para optimizar el tiempo y no desazonarse ante los millones de ejemplares que jamás llegaremos a hojear y, mucho menos, culminar: "No se deberían leer más que los libros que nos pican y nos muerden. Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué seguir?". Lo dijo un autor, Kafka, prolífico en obras que muchos han dejado a medias.

1. 'Ada o el ardor', de Vladímir Nabókov
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl típico caso de una obra de arte aplaudida por la crítica e incomprendida por el público. El genial autor de San Petersburgo escribía tan bien que facturó su novela más célebre, Lolita, en inglés, y ni siquiera era su lengua vernácula (aunque la dominara desde pequeño, por el empeño de su aristocrática familia y sus maestros de escuela). El germen de Ada o el ardor se le ocurrió tras volverse mundialmente famoso con la historia del profesor viudo obsesionado con una adolescente: justo después de Lolita, se propuso crear su obra maestra (aún no era consciente de que ya lo había hecho), y Ada o el ardor (1969) nació de dos proyectos distintos, dos crónicas vitales que acabaron trenzándose de tal manera que decidió que merecían convertirse en una sola novela.

Tal vez por eso le llevó escribirlo más de nueve años. Nabókov siempre declaró que deseaba ser recordado por esta obra, aunque su enrevesamiento narrativo, plagado de acrobacias semánticas, alusiones y dobles sentidos imperceptibles para un lector de inteligencia media, no encontró el acomodo universal que esperaba. El poeta Manuel Astur vive una contradicción con este libro: "Nabókov es uno de mis maestros, mi gran inspiración para mis libros. Pero esta es una novela que se me resiste, por más que lo intento".

2. 'Rayuela', de Julio Cortázar
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl escritor argentino definió su obra maestra Rayuela (1963) como "contranovela". A través de la historia de su protagonista, Horacio Oliveira, traza, a lo largo de 156 capítulos, una vida completa, pero con estructuras que huyen de convencionalismos para adentrarse en lo surrealista. Y no solo en lo que cuenta, sino especialmente en cómo lo hace. Invita al lector a compartir su caos y le da varias opciones para leer la novela: está la "normal", de principio a fin. También la "tradicional", solo hasta el capítulo 56 y prescindiendo del resto. También la "anárquica", esto es: el orden que se le antoje al lector.

Y, por último, el que propone Cortázar a modo de juego, con una secuencia establecida en el "tablero de dirección" mostrado en la primera página, como una suerte de Excel primigenio. Es una cuadrícula en la que el lector comienza en el capítulo 73, y de ahí va rebotando de uno a otro sin orden aparente, hasta finalizar en el 131. Muchos son quienes aseguran no haber pasado de la página tal o de la página cual. Pero a esa confesión debe seguir la inevitable pregunta: ¿en qué orden te lo leíste? Y es que Rayuela es el único libro que, si se deja por la mitad, puede significar que prácticamente te lo has acabado.

3. 'En busca del tiempo perdido', de Marcel Proust 
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarLa filóloga Josefina Lascaray da un consejo a los intrépidos que se aventuren a terminarse los siete tomos que escribió Proust a lo largo de 14 años: "Llegar hasta la página 80 del primero, y superar la famosa escena en la que Proust rememora su infancia mientras moja una magdalena en té". El escritor parisino levantó esta obra de más de 3.000 páginas entre 1908 y 1922, justo el año que falleció, posiblemente exhausto por semejante odisea.

Muchos recomiendan leer antes la biografía de Proust, porque En busca del tiempo perdido se compone, en definitiva, de reflexiones sobre su vida hechas en vida. Pero volvamos a la página 80: "Es una novela muy complicada por la sintaxis tan propia y compleja de Proust, la ausencia de puntos en pasajes larguísimos en los que va hilando ideas dispares y es fácil perderse. Pero cuando pasas el episodio de la magdalena, el cerebro se acostumbra a su forma de escribir, y ya está preparado para el resto que, si le coges el punto, lo devoras", dice Lascaray. El suyo no es un caso normal. Pocos pueden decir que se han zampado los siete tomos ("es una mis espinas clavadas", reconoce Manuel Astur), y mucho menos dos veces, como la filóloga: "La primera por placer, recién empezada la universidad; la segunda, porque fue mi proyecto de fin de carrera. Y descubrí muchos detalles nuevos. Lo recomiendo". Quien esté dispuesto a secundarla, que se coja un par de meses de excedencia. O mejor un año.

4. '2666', de Roberto Bolaño
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarMuchos de los consultados achacan, a la dificultad para acabarse esta novela, su longitud. No en vano, el genialmente oscuro autor chileno la planteó como cinco libros independientes que se publicarían tras su muerte en 2003,como legado económico para su descendencia. Sus hijos, en cambio, dejaron de lado la intención crematística y prefirieron convertirlos en una única gran novela. El resultado son más de mil páginas con la pluma ágil y turbia de Bolaño recorriendo lo acontecido en la ciudad imaginaria de Santa Teresa, espejo de la violenta Ciudad Juárez de México.

Hay otro factor, sin embargo, que hace que uno encalle más o menos a la mitad del libro. Nos lo cuenta la filóloga Josefina Lascaray, una voz autorizada por la devoción que siente por el autor: "Me dio bajón. Bolaño tiene una escritura espectacular, pero en esa parte describe uno tras otro asesinatos de mujeres, durante páginas y páginas que pasan de lo tedioso a lo angustiante sin interrupción. Es como llegar a un terreno enfangado de horrores, que me impide seguir con lo que viene después".

5. 'Corrección', de Thomas Bernhard
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarAparte de su trama indescifrable, el desprecio absoluto del autor austriaco por los puntos y seguido (por no hablar ya de los puntos y aparte) y su obsesión con las frases subordinadas hasta el infinito, llevan al lector a la claudicación ya desde la tercera página de Corrección (1975).

Los hay que defienden a ultranza su estilo laberíntico, como Andrés Barba: "Hay que interpretar sus textos como obras sinfónicas, con sus ritmos y sus cadencias. Dejarse llevar como lo haces con una melodía". También el joven escritor y crítico literario Jesús Artacho, que sobre Corrección, afirma: "Lo sé, lo tiene todo para no gustar: un argumento poco atractivo y una sintaxis asfixiante en sus más de 300 páginas. Pero hay que leerlo, y después odiarlo o admirarlo sin reservas, pero hay que leerlo".


6. 'Los cantos', de Ezra Pound
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEs un poema largo, larguísimo, más aún por el tiempo que llevó escribirlo que por su extensión. Casi medio siglo, desde 1915 a 1962, se tomó el poeta estadounidense Ezra Pound para culminar sus 116 cantos. Están considerados por la crítica una de las obras más significativas de la poesía modernista del siglo XX, y al mismo tiempo una de las más complejas. Por sus casi mil páginas circulan multitud de ideas atropelladas que saltan de una a otra abruptamente, en las que afloran su admiración hacia Confucio, su antisemitismo, su afinidad con el régimen de Mussolini, referencias geográficas que recorren Europa, Asia, Estados Unidos y África, volteretas temporales y varios idiomas, incluidos caracteres chinos.

El poeta y traductor cubano José Kozer da unas pautas para no cejar: "Leerlo en inglés. El inglés de los poemas de Ezra Pound es fácil de leer. Lo difícil en sus poemas es el griego, latín, chino, japonés, italiano del Renacimiento, imitaciones del habla popular inglesa o de la pronunciación del inglés en boca, por ejemplo, de un hablante alemán. Menos difícil de leer es su francés, italiano y alemán modernos, o su deficiente español, tan defectuoso como el de Hemingway". Y reconoce: "Leer a Pound es adentrarse en una interminable retacería muchas veces inabordable. Una poesía que nos entraña en la dificultad a veces ígnea, a veces tediosa del mundo que heredamos y al que damos en gran medida la espalda por desidia".

7. 'Flash boys', de Michael Lewis
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarSi hay algún índice mínimamente científico que pueda medir qué libros se dejan a medias, es el Hawking Index del Wall Street Journal. Se basa en los datos ofrecidos por Kindle, la plataforma digital, concretamente de su función Highlights: el usuario puede resaltar un párrafo, que luego recogerá Amazon en un listado de los pasajes más exitosos. En función de en qué página se encuentre el promedio de textos destacados, se desprende un porcentaje de lectores que se acabaron cada libro. Este índice de concreción discutible (se deja fuera a los lectores de las ediciones en papel y a los de Kindle que, sencillamente, no usen la susodicha función) tuvo, sin embargo, bastante repercusión cuando se publicó en 2014.

Allí figuraba Flash Boys (2014), que cuenta cómo se amañan los sistemas informáticos de las bolsas para que, al final, siempre gane la banca. Un libro interesante del que solo se leyó, de media, un 24,7% de su contenido. Y es que a pesar de desvelar escandalosos hallazgos, muchos critican su excesivo tecnicismo a la hora de contarlos. Michael Lewis, broker, escritor y periodista financiero, parece exigir tácitamente un máster en macroeconomía para entenderle.

8. 'La casa de hojas', de Mark Z. Danielewski
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarCuando uno pregunta por el género de La casa de hojas (2000), las respuestas de quienes han pasado por sus páginas son dispares: muchos la consideran una novela de terror, otros romántica, algunos creen que hay mensajes existenciales soterrados y los hay quienes, sencillamente, opinan que es un tostón ilegible. La crítica sí ha coincidido en calificarlo de literatura ergódica, neologismo que parte de dos palabras griegas: ????? (trabajo) y ???? (recorrido), y que define, según el estudioso Espen J. Aarsethse, a las obras que requieren un esfuerzo relevante por parte del lector para atravesar el texto.

El lector no se limitará a leer: para llegar a su última página habrá cambiado el libro de posición unas cuantas veces, leído caracteres inversos a través de un espejo, descifrado código morse, interpretado partituras y hasta alfabeto braille. "Cuando cayó este libro en mis manos, pensé que iba a ser un desastre comercial", cuenta un editor que prefiere no dar su nombre. "Al final se vendió muy bien, pero dudo que muchos lo hayan terminado", añade.

9. 'Cristo versus Arizona', de Camilo José Cela
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl Premio Nobel Camilo José Cela fue otro de los alérgicos a los puntos, al menos en este western experimental salmodiado en primera persona: solo tiene uno, el punto final. Se introduce en el salvaje Oeste para tocar, de soslayo, el famoso duelo que enfrentó a los Earp con los Clanton y los Frank, en octubre de 1881, en el O. K. Corral.Todo es una excusa para concatenar pequeños relatos sin rumbo definido.

Los pocos que logran llegar a la página 238 donde espera el añorado punto, eso sí, se ganan una radiografía certera de una sociedad que estuvo marcada por la violencia y el sexo, descrita con esa pátina de humor y desprejuicio que, irrebatiblemente, es Cela en estado puro.



10. 'Finnegans wake', de James Joyce
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarDe James Joyce podíamos haber elegido Ulises, pero nos pareció demasiado obvio. Cuando el lector se queje del esfuerzo que exige leer Finnegans wake (1939), que tenga en mente lo que le costó al autor levantar esta novela, que le llevó casi dos décadas escribir. Lo desconcertante es que la empezó poco después de terminar su monumental Ulises (1922), obra que, en sus propias palabras, lo había dejado "exhausto". Está claro que el escritor irlandés sacó fuerzas de algún lado, porque Finnegans waketiene 628 páginas, para las cuales tuvo que descartar casi 15.000.


Tiró de un leguaje inventado, a base de mezclar unidades léxicas inglesas con neologismos, y lo trufó de calambures que vuelven su compresión realmente difícil. La estructura ayuda poco: no es lineal sino, como él la calificó, "esférica", donde todo lo que se cuenta sobre la familia Earwicker y su entorno es al mismo tiempo principio y fin del relato. Los pocos que han logrado culminarla (y entenderla), como el escritor Anthony Burgess, afirman que se han "partido de risa en cada página". Felicidades, señor Burgess.


Fuente bibliográfica
MEYER, LUISPAÍS, E.E., 2017. Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar. EL PAÍS [en línea]. [Consulta: 21 marzo 2017]. Disponible en: http://elpais.com/elpais/2017/01/20/icon/1484939147_794976.html. 

17 dic 2016

7 libros perfectos para regalar esta Navidad



Los libros son un excelente regalo, ya sea en Navidad o en cualquier otra época del año. Son regalos que perduran toda la vida y pueden convertirse en un auténtico compañero de viaje. Pueden ser best sellers, libros de misterio, aventuras o grandes clásicos.



1. "El Laberinto de los Espíritus", Carlos Ruíz Zafón

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La publicación de ´La Sombra del Viento´ en 2001 dio un vuelco a la literatura española de la época. La novela de Ruíz Zafón se convirtió poco a poco en un auténtico éxito, vendiendo más de 15 millones de ejemplares y ganando un sinfín de premios internacionales. Después de dos secuelas, la última publicada en 2011, el escritor catalán regresa para traernos el esperado desenlace de la historia de Daniel Sempere y el Cementerio de los libros olvidados.



2. "Harry Potter y el legado maldito", J. K. Rowling

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La última novela de J. K. Rowling ya se ha convertido en un auténtico éxito de ventas y puede que muchos ya lo tengan. Aun así, el estreno de la película de ´Animales fantásticos y donde encontrarlos´ resucitará todavía más la saga de Harry Potter y convertirá a este libro en uno de los más demandados esta Navidad.


3. "Todo esto te daré", Dolores Redondo

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Los libros premiados con el Premio Planeta siempre son una buena opción para regalar en Navidad o en cualquier otra época del año, y en este caso no iba a ser menos. Dolores Redondo, galardonada en la edición de este año, presenta en ´Todo esto te daré´ una historia de misterio protagonizada por un afamado escritor.



4. "Falcó", Arturo Pérez Reverte

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Lorenzo Falcó, un hombre sin escrúpulos, agente de los servicios de inteligencia y ex contrabandista de armas, protagoniza la última novela de Arturo Pérez Reverte. Con este personaje el escritor recorrerá la turbulenta España de los años treinta y cuarenta del siglo XX a través de una historia cargada de suspense, violencia y pasión.



5. "El Gran Gatsby", F. Scott Fitzgerald

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Publicada en 1925, esta novela atemporal e imprescindible nos muestra la superficialidad de la clase alta estadounidense de los años veinte a través de la historia de Jay Gatsby, un multimillonario capaz de todo tipo de excesos para recuperar el amor de su juventud. Una novela adictiva de la que poder disfrutar esta Navidad y en cualquier otra época del año.



6. "Los secretos que jamás te contaron", Albert Espinosa

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Albert Espinosa comparte con los lectores sus secretos para encontrar la felicidad en esta vida y todas claves para sentirse vivo que ha ido a descubriendo y aprendiendo a lo largo de los años. ´Los secretos que jamás te contaron´ no está escrito para ser leído sin más; está pensado para que cada lector lo haga suyo.



7. "Cuento de Navidad", Charles Dickens

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Un clásico entre los clásicos. Esta obra de Dickens es perfecta para regalar y leer en esta época del año. Publicado en 1843, ´Cuento de Navidad´ narra la historia de Ebenezer Scrooge, un hombre avaro y egoísta que cambiará por completo cuando tres fantasmas le visiten en Nochebuena.


Fuente bibliográfica
PERDIDOS, E.C. de los L., [sin fecha]. 7 libros perfectos para regalar esta Navidad. [en línea]. [Consulta: 17 diciembre 2016]. Disponible en: http://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/2016/12/7-libros-perfectos-para-regalar-esta.html. 

15 ago 2016

No juzgues un libro por su tapa

Por: Guillermo Piro




Alguien debería tomarse el trabajo de colmar esta inmensa laguna, dedicando un libro entero a la compilación de las banalidades que se dicen alrededor de los libros.


El Diccionario de lugares comunes, de Gustave Flaubert, inauguró un género literario maravilloso: la lista de estupideces, de lugares comunes. Después de Flaubert vinieron Léon Bloy, Karl Kraus, Paul Valéry y Arthur Schopenhauer. Todos ellos, en ese orden, fueron los insuperables catalogadores de la banalidad y de los clichés corrientes.

Y sin embargo, en el libro de Flaubert los lugares comunes que tienen que ver con el libro y la lectura se cuentan con los dedos de una mano. El más directo y aleccionador es éste: “Libro: cualquiera sea, siempre demasiado largo”. Después hay algo sobre el carácter ocioso de los literatos, sobre los beneficios y los daños de la imprenta, y no hay mucho más.

Alguien debería tomarse el trabajo de colmar esta inmensa laguna, dedicando un libro entero a la compilación de las banalidades que se dicen alrededor de los libros. Yo no tengo ni tiempo ni ganas de dedicarme a ese trabajo. (Tal vez lo mejor sería hacer una obra colectiva, en cuyo caso tampoco me gustaría participar, porque detesto las obras colectivas tanto como los lugares comunes.)

Ya lo decía el doctor Frank-N-Furter, el exótico científico travesti de The Rocky Horror Picture Show: “Don’t judge a book by its cover”. El doctor miente, si hay algo que podemos hacer sin temor a equivocarnos es juzgar un libro por su tapa. Estamos en presencia de un caso particular de lugar común más general, aquel según el cual “el hábito no hace al monje”, cosa que todos, incluso los que nunca juzgan un libro por su tapa, saben que no es cierto. Las tapas de los libros son una cantera de información, y es muy raro que nuestro olfato nos traicione.

Evito, por ejemplo, los libros de ochocientas páginas con el título en relieve y, pongamos, la silueta de una gaviota en la tapa, recortada contra el cielo rojo sangre del atardecer; o bien las novelas que tienen en la tapa a una señora estadounidense, dientuda, con un peinado estilo siglo XVIII, quien, según se explica en la contratapa, dirige una escuela de escritura creativa en Wyoming; o bien los libros de adictos recuperados, que llevan en la tapa una foto infantil del autor en blanco y negro, de la época en que era feliz e indocumentado y su único vicio era el chocolate.

O los libros que ostentan una faja donde está escrito “Diez ediciones en dos días”, o “Un clásico de nuestro tiempo”. Otro género del que hay que desconfiar con un simple golpe de vista es el libro-confesión que lleva en la tapa a una mujer con el rostro cubierto por un velo y el título en primera persona del estilo Yo, esclava (o todas las variantes, a saber: Yo fui esclava, La esclava del sultán o, sencillamente, Esclava y basta).

La intuición (llamémosla intuición, pero bien podría ser instinto; o prejuicio, que hoy vendría a ser el instinto pero con características criminales), la intuición, decía, nunca traiciona. Si no me creen hagan un experimento: láncense en una carrera loca a través de una gran librería, un poco como los personajes de Bande à part por las salas del Louvre. Con el rabillo del ojo van a ser capaces de comprender, sin posibilidad de error, dónde vale la pena hacer una parada.

 Redacción de Perfil.com


Fuente bibliográfica
PIRO, GUILLERMO, 2016. No juzgues un libro por su tapa. Perfil.com [en línea]. [Consulta: 15 agosto 2016]. Disponible en: http://perfil.com/noticias/columnistas/no-juzgues-un-libro-por-su-tapa.phtml. 



21 jun 2016

10 libros censurados alrededor del mundo


Por: Alberto Piernas



Aunque en Occidente creamos que la oferta editorial es más democrática que en ningún otro lugar del mundo, la verdad es algo diferente, siendo varios los estados o países del mundo que han cerrado las fronteras a ciertas obras, en ocasiones por motivos más que lógicos y, en otras, no tanto.

Libros que bien en un determinado momento de la historia desafiaban a cierto conservadurismo, si bien otros han sido prohibidos por ser demasiado sexuales o incluso por razones que aún no llegamos a compartir (o entender) del todo.

Alguna que otra sorpresa se cuela en esta lista de 10 libros censurados alrededor del mundo.

Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll

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En 1931, la provincia china de Hunan censuró el libro de Lewis Carroll al presentar animales antropomorfos que actuaban igual que los humanos, lo cual contribuía según las autoridades locales al “desastre y la confusión” entre los más pequeños.

American Psycho, de Bret Easton Ellis

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Publicada en 1990, la sangrienta novela que tenía como protagonista al millonario Patrick Bateman  fue censurada en Alemania hasta el año 2000 debido a su violencia explícita y tono machista. En el estado australiano de Queensland continúa censurada por motivos similares.

Mein Kampf, de Adolft Hitler

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70 años de censura después, Mi Lucha, escrito por el Führer en 1925, quedó a disposición del dominio público en Alemania llegando a venderse hasta 50 mil copias. Una publicación peliaguda emulada por otros países como Estados Unidos o España, si bien Países Bajos sigue considerando la publicación del manifesto nazi como ilegal.

Los versos satánicos, de Salman Rushdie

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El precio de la cabeza de Rushdie aumentó a 3 millones de dólares recientemente casi dos décadas después de que la publicación de Los versos satánicos, novela que reducía la fé musulmana a un mero acuerdo de poder en la antigua ciudad de Jahilia, provocase la persecución del autor de origen hindú por parte de las autoridades de Irán. El libro, obviamente, continúa siendo carne de censura en al menos 14 países musulmanes.

Todo se desmorona, de Chinua Achebe

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Publicado en 1958, la novela más famosa del nigeriano Achebe abarca la vida en los primeros pueblos africanos evangelizados por la Iglesia anglicana a principios del siglo XX a través de los ojos del guerrero Okonkwo. Considerada como una de las mejores novelas sobre la influencia de Occidente en el continente africano, países como Malasia no dudaron en censurarlo por tratar el colonialismo de forma negativa.

El diario de Ana Frank

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Uno de los libros más influyentes del siglo XX, escrito por la inocente niña judía encerrada a esperas de la llegada de los nazis, fue censurado en Líbano en 2009 por beneficiar el apoyo a los judíos. En un colegio de Alabama también fue omitido por resultar “demasiado deprimente” para los alumnos.

El código Da Vinci, de Dan Brown

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Tras su publicación en 2003, el best-seller de Dan Brown se convirtió en motivo de escándalo en lugares como El Vaticano al poner del revés muchas de las creencias católicas en torno al nacimiento de Jesús o la naturaleza de María Magdalena. La oposición en ciertos sectores llegó a tal punto que los círculos cristianos de Líbano lo censuraron en septiembre 2004.

50 sombras de Grey, de E.L.James

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La novela erótica con la que más de una mujer trató de satisfacer sus fantasías sexuales durante el último lustro fue prohibido en Malasia juntos a las otras entregas de la trilogía por su sexualidad y fomento de prácticas “sádicas”.

Lolita, de Vladimir Nabokov

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Escribir la historia de un hombre maduro enamorado de una niña de 12 años en 1955 era, quizás, tratar de adelantarse demasiado a una época que no perdonó la publicación de la obra de Nabokov, la cual fue censurada en países como Reino Unido, Francia, Nueva Zelanda o Argentina.

Ulises, de James Joyce

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La novela de Joyce, publicada en 1922, fue vetada en Reino Unido hasta los años 30 debido a su alto contenido sexual. Por su parte, Australia lo censuró desde el año 1929 has 1953, segmentando la audiencia lectora a mayores de 18 años.

Estos 10 libros censurados alrededor del mundo obedecen a motivos religiosos, sociales, políticos o, simplemente, a una época que quizás no estaba lo suficiente preparada para abordar ciertos argumentos. En el caso de otros el conservadurismo sigue siendo el principal motivo de censura instantánea, mientras alguno que otro (sí, China) directamente pecan de ser demasiado susceptibles.


¿Qué otros libros censurados conoces?

Fuente bibliográfica
PIERNAS, ALBERTO, 2016. 10 libros censurados alrededor del mundo. Actualidad Literatura [en línea]. [Consulta: 19 junio 2016]. Disponible en: http://www.actualidadliteratura.com/libros-censurados-alrededor-del-mundo/. 
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