31 oct. 2018

6 movimientos en Internet que no sabes que dejan rastro para que te espíen

Por: HuffpostideasMx


side view on hacker in process with laptop and big digital screen

Afortunadamente los internautas estamos más conscientes de lo importante que es la información que le damos a terceros en un ambiente digital. 

Cada vez está más a la mano el contrato de privacidad de los sitios, y los formularios no son obligatorios la mayoría de las veces.

Pero, ¿qué pasa cuando la información que le dejamos a otras empresas está oculta en pequeños movimientos que dejan rastro? Esto se descubre a partir del análisis de metadatos.

Esta información, al parecer inofensiva, puede crear un perfil impersonal de nuestros gustos y necesidades.

Y tras generar parámetros y encasillamientos, se crean bases de datos que se utilizan en muchos casos para fines comerciales.

Peor aún, este uso sin control puede significar un riesgo para la seguridad de una organización y las personas.

Gran parte de las empresas y las personas no tienen control riguroso de los metadatos y, por lo tanto, ponen en riesgo sus infraestructuras y datos personales permitiendo que delincuentes cibernéticos tengan acceso a información sensible.

Estos son algunos movimientos en Internet que no sabías que dejaban un rastro:
1. HORAS DE CONEXIÓN: Con ella se puede saber desde huso horario hasta localización y horas de trabajo de los empleados.

2. GEOLOCALIZACIÓN: Algunos tweets y publicaciones dicen claramente desde dónde se generaron.

3. BÚSQUEDAS: Todos los intereses, inquietudes y dudas normalmente se encuentran en los términos de búsqueda de Google.

4. NÚMERO DE PERFILES EN REDES SOCIALES: En un perfil público de una red social se informan muchas más cosas.

5. NÚMERO DE SEGUIDORES: ¿Qué tanto publica y qué tanto resuena entre la gente?

6. PUBLICACIONES MARCADAS COMO FAVORITAS: También se pueden rastrear los gustos e intereses del internauta.

Utilizando únicamente los metadatos, se puede identificar a un solo usuario de entre otros 10,000, con una precisión del 95%.


El costo del cibercrimen ya representa un 0,8% de la economía mundial, superando al tráfico de drogas y armas.


Fuente bibliográfica
HUFFPOSTIDEASMX, 2018. 6 movimientos en Internet que no sabes que dejan rastro para que te espíen. Huffington Post [en línea]. 22 octubre 2018. [Consulta: 31 octubre 2018]. Disponible en: https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/10/22/6-movimientos-en-internet-que-no-sabes-que-dejan-rastro-para-que-te-espien_a_23565186/


El malo siempre es el otro

Por: Daniel Molina


Con la difusión masiva de las redes sociales hoy las manifestaciones de odio salvaje alcanzaron una estatura épica. ¿Por qué son más frecuentes en las redes sociales la indignación, la difamación y el acoso que cualquier actitud positiva hacia el otro?

Hablar es donarse al malentendido. No es nuevo: esto sucede desde el origen de la cultura. Ya en los primeros textos, esos que se escribieron hace milenios, hay una escena repetida: un interlocutor dice algo y su oyente demuestra que ha entendido otra cosa. Se lo puede leer en Homero, en Esquilo, en la Biblia, en Jenofonte, en Heródoto, en Shakespeare y en Cervantes. Está en todas partes, en todas las lenguas y en todas las épocas. Jacques Lacan resume este malentendido constitutivo de la comunicación en esta frase: “Usted puede saber qué es lo que dijo pero no lo que entendió el otro”.

Si entenderse ya era muy complicado en el mundo físico interpersonal (en ese diálogo frente a frente entre dos interlocutores que están presentes en el mismo lugar, que se ven y se escuchan, que pueden -si quieren- tocarse) en el mundo virtual la posibilidad de comunicarse tiende a cero. De esto (pero no solo de esto) surge que la violencia sea la forma más común de expresión en las redes sociales. Hace dos décadas, cuando recién habían aparecido las webs de los medios tradicionales, esos primeros foros virtuales se llenaron de comentarios maliciosos: allí surgió la primera alarma. Con la difusión masiva de las redes sociales hoy las manifestaciones de odio salvaje alcanzaron una estatura épica.

¿Por qué son más frecuentes en las redes sociales la indignación, la difamación y el acoso que cualquier actitud positiva hacia el otro? Porque la mayoría de las personas vive frustrada: siente que no tiene lo que merece (este es un sentimiento generalizado, que solo muy pocos logran superar sin hacerlo daño a otros). Como hemos logrado limitar bastante la violencia física, por lo general la violencia que nos permitimos es simbólica (que nos expone a menos derramamientos de sangre, pero que para nada es menos brutal).

Los promotores del odio virtual (pero muy real) son los trolls -que son esas personas que buscan destruir el discurso del otro, de ese al que quieren golpear, cambiando constantemente lo que este dice- y los haters -los odiadores extremos, los promotores máximos de la agresión, por lo general bajo la forma de la difamación)-.

El hater es el discípulo perfecto de Joseph Goebbels, el jefe de propaganda del nazismo, porque es un experto en usar los principios de destrucción del enemigo que tal como se lo hacía en la Alemania de los 30: carga siempre la responsabilidad sobre la víctima de sus ataques y saca de contexto todo lo que hace y dice. Ante sus seguidores, el hater “demuestra” que el agredido es el agresor y que tratar de destruirlo es, por lo tanto, un acto de justicia. El hater es, la mayoría de las veces, anónimo (aunque no siempre: hay algunos haters que son tuiteros famosos, que tienen una vida pública reconocida y un nombre legal en sus cuentas virtuales), pero ataca siempre a gente que pone la cara. Y por eso le es más fácil destruirle la vida.

Uno de los mecanismos típicos del ataque de odio es la reproducción, fuera de contexto, de un tuit (o una frase) de la persona que el troll muestra a sus seguidores, generalmente en un nuevo contexto (que lo desvirtúa completamente). El troll que logra generar gran violencia es una cuenta que tiene muchos seguidores. Cuando estas cuentas “denuncian” -difaman- a tal persona ante sus miles de seguidores logran que una buena proporción de estos seguidores vayan a enloquecer al que los trolls tomaron como blanco de su violencia.

La escena de bullying del Colegio Secundario se repite en las redes sociales pero amplificada al extremo. Literalmente no hay límite a esta violencia virtual. Es habitual que, en los ataques cotidianos de un troll, la persona que es el blanco de su odio reciba cientos de agresiones en cuestión de minutos, pero no es raro que pueda recibir miles y hasta decenas de miles de agresiones. El que no ha recibido el ataque de miles de seguidores de un troll no imagina la violencia que estos son capaces de ejercer sobre una persona indefensa. Es una de las formas más malvadas que existen en la actualidad de ejercer el maltrato social.

La revista de psiquiatría “Personality and Individual Differences” presentó un exhaustivo estudio sobre comportamiento violento en internet y dio pistas sobre la psicología de los trolls: son narcisistas extremos, psicópatas sin ninguna empatía por otra persona, manipuladores hábiles y sádicos.

Los trolls, según este estudio, solo sienten algún placer al causar daño. Un rasgo importante de las personas trolls (muchas son mujeres): fuera de internet, se muestran como personas “normales” (tienen una personalidad muy parecida a la de los asesinos seriales). Los trolls que tienen públicos masivos (los trolls de Twitter con, al menos, decenas de miles de seguidores) escogen a sus víctimas entre personas reconocidas que suelen tener discursos polémicos: políticos, feministas, gays, intelectuales de ideas no convencionales o gente que está luchando por ampliar derechos. El troll se enfoca en ellos y logra liderar una amplia comunidad de resentidos que sienten que el troll los representa.

Hay gente que apoya a los trolls porque no los consideran trolls: esto es más visible cuando atacan a famosos o a políticos. Mucha gente encuentra natural que los famosos o los funcionarios políticos “deban” ser atacados. El troll tiene a su favor que la violencia (incluso, las agresiones extremas) estén naturalizadas en internet: mucha gente (que no las sufre) las toma como una broma o una forma de justicia.

¿Por qué tanta gente apoya a los trolls y se suma en campañas de agresiones y violencia extrema? Los estudios antropológicos de la web demuestran que las campañas de odio son posibles porque hay muchísima gente frustrada, que siente que nunca logrará nada valioso en la vida, y que obtiene en la violencia contra su “enemigo” una satisfacción que jamás podría obtener por ninguna acción positiva que realizase en el acotado marco de su vida cotidiana

Además, es una satisfacción gratis e instantánea que, encima, le permite participar de una comunidad a la que le interesa pertenecer: la de los indignados, los que luchan con sus tuits contra los “malos”. 

Ya lo dijo mejor que nadie, hace 50 años, Marshall McLuhan: “La indignación moral es la estrategia del imbécil para parecer digno”.

El problema es que ahora los imbéciles que quieren parecer dignos se unen por millones para causar daño con sus agresiones a gente que no tiene forma de defenderse.


Fuente bibliográfica
MOLINA, DANIEL, 11.10.2018. El malo siempre es el otro. [en línea]. [Consulta: 31 octubre 2018]. Disponible en: https://www.nueva-ciudad.com.ar/notas/201810/38804-el-malo-siempre-es-el-otro.html
l

27 oct. 2018

Cuándo abandonar un libro sin culpa

Por: Daniel Pasik




Los best sellers, los más dejados

A veces aburre, pero ¿lo mejor vendrá después? Aquí, qué es lo que más se deja y las estrategias de varios escritores.


¿Por qué dejar un libro da tanta culpa? Sin embargo, sucede. O si no, en muchos casos debería suceder. Hay que hacerlo. Se hace. La red social Goodreads es la mayor comunidad de reseñas: allí los lectores son quienes recomiendan y comparten experiencias de lectura. Uno de los ítems más importantes a completar, y que más se consulta al buscar qué leer, es si llegaron o no al final. Porque sí, hasta los lectores más devotos dejan lo que no les interesa.

Sin embargo, abandonar un libro no es tan fácil como se supone. Aunque cueste, aburra o no termine de agradar muchos sienten esa especie de pulsión que los hace seguir hasta el final aunque no la pasen bien. ¿Es la culpa por no terminar algo o la bronca por haber gastado dinero en vano? Sí, esos son dos de los motivos, que pueden combinarse. 

Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.
 Cincuenta sombras de Grey. Entre los libros más dejados.

Los más abandonados
Curiosamente, entre las lecturas más abandonadas de Goodreads figuran varios best sellers, como Una vacante inesperada, de J.K. Rowling, 50 sombras de Grey, de E.L. James, o Comer, rezar, amar, de Elizabeth Gilbert. Entre los motivos, se destaca la poca congruencia entre expectativa y realidad.

Otros en la lista son algunos clásicos, como Moby Dick, de Herman Melville; el Ulises, de James Joyce, o hasta El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien, y la saga de Harry Potter, también de la autora británica que encabeza la lista este año con su primera novela para adultos.

La vida alcanza para cierta cantidad de lecturas, y tiene poco sentido desperdiciar ese tiempo con algo que no funciona. Además, empecinarse en un libro que no interesa lo suficiente termina agotando al punto de que al final, se lee menos. La gran duda, entonces, es ¿hasta dónde se debería forzar la lectura? ¿Cómo saber cuándo es necesario abandonar? Según los testimonios de los usuarios de Goodreads, casi la mitad de los lectores le dan entre 50 y 100 páginas a un libro antes de decirle adiós.

Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas"                                    Betina González. Escritora

Dejar un libro puede ser síntoma de madurez “Para escribir, en cierto momento, hay que obligarse a ciertas lecturas. El lector ‘común’ por supuesto tiene todo el derecho de leer sólo lo que le gusta. Se hacen demasiadas cosas por obligación, la lectura no debe ser una de ellas. Ya le llegará, si cabe, el año en que un libro que dejó de joven lo llame y lo atrape”, dice Betina González, que acaba de publicar la antología de relatos El amor es una catástrofe natural (Tusquets, 2018).

“En mis veintes me obligaba a terminar un libro aunque no me gustara y estuvo bien haber sido una lectora disciplinada, porque se aprende en el insistir y en la dificultad. Incluso si te aburre, aprenderás algo de ese aburrimiento”, cuenta González, autora de novelas como Arte menor(Alfaguara, 2006) y Las poseídas (Tusquets, 2013). “Ahora soy una lectora mucho más hedonista. Un libro tiene que captarme ya sea desde la historia, desde el lenguaje o desde la voz que cuenta. Lo ideal, claro, es que capte desde los tres”.

Si dejo un libro es muy rápido"
                                                                      Ricardo Romero. Escritor

A Ricardo Romero, autor de, entre otras novelas, El conserje y la eternidad (Alfaguara, 2017), le pasa algo similar que a González. Ahora solo leo y releo con gula. Si dejo un libro es muy rápido y, en general con el instinto ya afinado a mis gustos, casi que ni lo empiezo. Ahora soy capaz de leer con mayor intensidad. Leo más despacio que antes, pero con mayor compromiso”, dice.

La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel". Foto de NORA MAZZINI
La chica analógica del tren, casi todos los pasajeros viajan munidos de mirando sus celulares, no es habitual encontrar una persona leyendo un libro de papel".                         Foto de NORA MAZZINI

 Gabriela Cabezón Cámara, autora de La virgen Cabeza (Eterna Cadencia, 2009) y Las aventuras de la China Iron (Random House, 2017), entre otros hits, va a lo concreto y práctico: “No me genera ninguna culpa dejar un libro. Algunos, los pospongo para otro momento. Otros, para nunca jamás. Hay demasiado placer esperándome en la lista de libros por leer, que es una lista orgánica, en constante crecimiento, una especie de serpiente infinita”.

Con Hamlet, el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí"
                                                  Julián López. Escritor

Julián López, autor de la celebrada Una muchacha muy bella (Eterna Cadencia, 2013), dice que deja libros sin problemas: “porque no me hablan, porque mis competencias son exiguas y me hundo, porque me distraigo, por vago. Pero también porque a veces me hablan muy directamente, me complican muy directamente”.

James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".
James Joyce. Las dificultades de su "Ulises".

López, autor de la reciente La ilusión de los mamíferos (Random House), cuenta algo que le pasó con Hamlet, que tuvo que abandonarlo un tiempo hasta que llegó su momento. “Creo que tenía 18 cuando empecé a leerlo, en un momento estaba tan manija que el cuerpo solo pareció expulsarlo y lo tiré, lo arrojé lejos de mí. A veces sostener el fuego no es posible y creo que en mi escritura siempre aparece esa marca: vengar a los muertos o tener vida propia. Tardé bastante en volver, en poder terminarlo”, recuerda.
Intenté entrarle a "El Código Da Vinci"  pero era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página"
                                                                               Gabriela Cabezón Cámara. Escritora

“Me costó mucho empezar a abandonar libros. Soy optimista y tiendo a creer que la página siguiente puede tener algo que me guste o sorprenda. Cuando empecé a abandonar lecturas no fue por haber perdido el optimismo, sino porque se trasladó al siguiente al libro que tenía en mi lista”, explica Romero, que recomienda: “señora, señor, suelte el diario, deje de pavear y lea ese libro que tiene en la mesa de luz hace cinco meses".

Cabezón Cámara dice que a veces ella es la que deja los libros, pero otras son los libros los que la abandonan a ella. “Recuerdo que cuando era un boom mundial intenté entrarle a El Código Da Vinci para ver qué le gustaba tanto a tanta gente. Era tan pobre la prosa, tan mala, tan casi indescriptible de raquítica, que no pude pasar de la segunda página. En el extremo opuesto, me pasó con el Ulises de Joyce que casi me desmayo de embole con algunos fragmentos”.

Tres claves
Betina González, con ánimo de servicio y por si “a alguien le sirve de consejo”, detalla tres “casos fijos” en los que abandona un libro. 

“Uno es cuando en la página dos ya sé todo lo que va a pasar. Otro, si en el primer párrafo descubro tres errores de concordancia verbal o adjetivos que sobran y otros clichés al punto que quiero ir a agarrar un lápiz para corregir. Y, finalmente, cuando el escritor o escritora juega a la ‘falsa dificultad’ porque no ha encontrado el mejor modo -el más simple y elegante que la lengua le permite- para contar lo que quiere y entonces se escuda en un tono pretencioso, en una falsa experimentación”.


Fuente bibliográfica 
PASIK, DANIEL, [sin fecha]. Cuándo abandonar un libro sin culpa - 09/10/2018 - Clarín.com. [en línea]. [Consulta: 28 octubre 2018]. Disponible en: https://www.clarin.com/cultura/hora-dejar-libro-culpa_0_iTyE45k6A.html

17 oct. 2018

La epidemia de la ignorancia, la enfermedad de nuestra época

Por: Alejandro Martínez Gallardo


Resultado de imagen para ignorancia
La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante.                                                                                                     Kierkegaard

Hace 2 años escribí un par de artículos sobre lo que llamé la "era de la ignorancia", siguiendo al poeta Charles Simic, quien en 40 años como profesor universitario notó un progresivo declive en el conocimiento de literatura e historia con el que llegaban los alumnos a la universidad. La primera parte trata sobre la ilusión de que la tecnología nos haría más inteligentes, la segunda es sobre por qué los jóvenes son cada vez más ignorantes

En esta ocasión quiero recapitular estas ideas y enfatizar que la ignorancia es una enfermedad que en nuestra época se ha convertido en una epidemia ayudada por la tecnología digital, que tiene la característica de ser viral (y virulenta). Un ejemplo que me parece ilustrativo de lo que en inglés se conoce como dumbing-down, como promediar a la baja de la cultura que predomina en la era de la información y la corrección política -donde todas las opiniones, se cree, tienen el mismo valor-, es lo que ha ocurrido con el concepto de los memes. Los memes son un interesante concepto biológico, desarrollado por Richard Dawkins en su libro El gen egoísta. Básicamente son "genes culturales", o unidades portadoras de cultura (ideas, símbolos, conductas, etc.), que pueden considerarse vivientes y se esparcen infectando a sus huéspedes. A grandes rasgos, los memes son organismos de una evolución cultural que se desarrolla en paralelo y se interpenetra con la evolución biológica. Ahora bien, la mayoría de las personas, cuando piensa en un meme solamente piensa en los memes de Internet, y particularmente en un tipo de meme, las recreaciones humorísticas de eventos, algunas muy ocurrentes -hasta el punto de llegar a ser "lo mejor de una campaña política"- pero mayormente banales y limitadas a entretener. Estos memes son una caricaturización de los memes y, ya que la cultura es esencialmente memética, la cultura se vuelve caricatura. Los memes abarcan mucho más que esto. Algunos biólogos materialistas creen que las religiones son memes particularmente insidiosos; pero, por otro lado, el concepto del meme fue claramente prefigurado por el concepto de arquetipos de Carl Jung y tiene su paralelo biológico no-materialista en el concepto de campos mórficos de Rupert Sheldrake. El caso me parece emblemático por dos razones. La primera, por cómo un concepto científico e intelectual se vulgariza y es adoptado por la conciencia popular sin tener conciencia de su verdadero significado (o de su significado más amplio, ya que, ciertamente, los memes que se publican en Twitter son memes).

La segunda, como reflejo emblemático de nuestra actividad memética fundamental, es decir, nuestra actividad cultural esencial es postear fotos divertidas, chistes, curiosidades y demás memes de Internet. A esto se reduce la cultura: a entretenimiento. Lo cual es preocupante, pues lo memético es uno de los ejes principales de nuestra evolución, la calidad de nuestros memes es la cualidad que toma nuestra conciencia.

El término que predomina en nuestra cultura es "viral", pues está orientada a la viralidad: el éxito e incluso el valor de un meme, de un contenido y hasta de una persona se mide en si logra tener una distribución masiva o no. Esto es altamente significativo, pues nos habla en términos de una enfermedad infecciosa. Se trata de una infección cultural en la que lo que predomina son las opiniones y la falta de pensamiento crítico-histórico no utilitario, es decir, pensamiento que conversa con una tradición filosófica y artística y es capaz de absorber valores espirituales que no están supeditados a la inmediatez comercial. De la misma manera que la "comida chatarra" (junk food) predomina en buena parte del mundo debido a la expansión de las grandes trasnacionales, predomina en buena parte del mundo la cultura chatarra, con sus efectos igualmente nocivos para la psique.

Ya Aristóteles había identificado que la ignorancia era una enfermedad. "Porque el que sólo tiene opiniones, si se compara con el que sabe, está en estado de enfermedad en relación con la verdad", dice el filósofo en su Metafísica, y agrega que aquellas personas que sólo tienen opiniones deberían dedicarse de lleno al estudio, de la misma manera que el enfermo se ocupa más de la salud que el hombre sano. El budismo, por su parte, considera su dharma, la doctrina del Buda, como una medicina para curar la enfermedad de la existencia cíclica o  samsara -¡la causa de sus innumerables y miserables vueltas no es más que la ignorancia!-. El Buda es el doctor que da la receta para curarse, pero el paciente debe aplicarla y tomarse la medicina por su propia cuenta. 

Algunos seguramente argumentarán que esto suena bien pero es un discurso sin sustancia, en tanto que es necesario que digamos cuáles son las cosas verdaderas o qué es la sabiduría, algo que es relativo y, por lo tanto, hablar de "ignorantes" es sólo darse un aire de superioridad e, incluso, una forma de control y manipulación -en una perpetua búsqueda de poder-. Ante lo cual, diré que más allá del discurso relativista posmoderno existen verdades científicas y verdades éticas (las cuales nos vienen de la filosofía y la religión). Todos nadamos, como si fuere, en el agua de estas verdades, las cuales integramos a nuestras vidas muchas veces de manera inconsciente. Por ejemplo, asumimos que las personas tienen agencia, son individuos que tienen un valor intrínseco. Esto es algo que nos viene en gran medida del pensamiento judeocristiano y su noción de que las personas tienen un alma. Si no pensamos que los otros tienen conciencia y son seres con libre albedrío se desmoronaría el sistema jurídico y, en general, la sociedad dejaría de tener sentido.

Aunque la ciencia materialista maneje hipótesis que mantienen que la conciencia no existe realmente y que los individuos son "robots programados" (en palabras de Richard Dawkins), es una verdad moral valorar la vida individual y asumir que las personas tienen libre albedrío. Asimismo, las normas básicas de la convivencia están basadas en la llamada regla de oro, la cual puede tener ciertas similitudes con la noción hindú del karma (que es una causalidad que no se limita a lo meramente material, sino que incluye lo mental y reconoce una moralidad embebida en el cosmos). El universo está formado por leyes naturales y leyes morales, y aunque algunas personas han teorizado que estas leyes se pueden trascender, para hacerlo -si acaso es posible llegar al estado "más allá del bien y el mal"- deben ser conocidas cabalmente. Dije antes que todos nadamos en esa agua, en una especie de sopa cultural, pero los que saben son los que son capaces de rastrear la fuente: el agua del río es más pura cerca de la fuente. Y más aún, aquellos que saben vivir en armonía con las leyes y los ritmos que rigen los procesos de la vida para, de esta forma, permitir que ésta siga fluyendo limpia y cristalina y llegue hasta el océano.

Aristóteles observó que la ignorancia era una enfermedad y el dharma indio, desde un principio, entendió que la cura al problema de la existencia -fundamentalmente, el sufrimiento- era la sabiduría. El lema de la bandera de la India aún refleja esta noción:Satyameva jayat ("Sólo la verdad triunfa"), lo cual es parte de un verso de las Upanishad que sugiere que no sólo triunfa sino que alcanza la liberación de todo sufrimiento. Lo mismo dice un conocido verso del Evangelio de Juan. El problema es que se suele caer en la literalidad, la cual es la marca del fundamentalismo. Sólo mi Dios libera. Y el nuevo fundamentalismo: Sólo lo que podemos ver y medir es real, lo demás (todo lo subjetivo) es una ilusión. Decir que la verdad no es literal no significa que la verdad sea meramente relativa. Significa que no puede reducirse a una definición única y que la sabiduría tiene que ver con la capacidad de percibir la unidad en la diferencia, los puntos de conexión, las analogías que nos permiten compartir sentimientos. Esto fue entendido por los autores de los himnos del Rig Veda, quienes fueron conscientes de que el Uno tiene muchos nombres, todos son aspectos  de una misma esencia y sin embargo, ninguno alcanza a comunicarla y a conocerla nominalmente. Es decir, la verdad ética-religiosa no puede ser dicha, pero sí experimentada. Lo cual es algo que nosotros experimentamos en la vida cotidiana: una persona no es buena o ama a otra persona porque dice que es buena o que ama, es buena y ama cuando actúa y experimenta un cierto estado de conciencia. Como notó Raimon Pannikar, la filosofía tiene dos aspectos: es el amor a la sabiduría pero también, la sabiduría del amor. Logos y Eros, Prajna y Upaya unidos en un matrimonio sagrado. 

¿Cómo, entonces, liberarse de lo que Aristóteles llama meras "opiniones", la marca de la ignorancia? Platón, el maestro de Aristóteles, distingue opinión (doxa) de conocimiento (episteme). Opiniones son lo que tienen los sofistas, aquellos que sólo aparentan saber. En nuestra época es muy fácil ser un sofista, pues existe fácil acceso a todo tipo de información, especialmente superficial o predigerida. En un artículo reciente, el estadista Henry Kissingernotó, con gran lucidez pese a sus 94 años de edad (o más bien, quizás debido a ellos), que en nuestra época regida por la tecnología digital y su religión -el dataísmo- "la verdad se vuelve relativa. La información amenaza con anegar la sabiduría". Lo que diferencia a quien está informado de quien sabe realmente es que el que sabe entiende, no depende de los datos. Es decir, ha sido capaz de hacer suyos los pensamientos que ha escuchado o leído. Los ha transformado en experiencia. El conocimiento se hace, así, una fuerza vital. Tanto Platón como Aristóteles admiten que el conocimiento se puede alcanzar a través del cultivo de lo que hoy llamamos la razón, como también por medio de la intuición. No obstante, estas funciones cognitivas no se desarrollan mágicamente; son el resultado del estudio de la ciencia y la filosofía y -particularmente en el caso de la intuición, la noesis platónica- de una vida contemplativa. Es decir, de una vida que no se dedica vulgarmente al entretenimiento sino a la interrogación de la realidad, la indagación de los principios y la observación de la propia conciencia o alma. En otras palabras, para ir más allá de la opinión es necesario conversar con y hacerse adepto de una tradición de conocimiento; por regresar al principio de este artículo, de empaparse de buenos memes -memes que han probado su aptitud desde los albores de la historia-, de contagiarse de las grandes mentes de la humanidad, de honrar la tradición. Con lo cual no hay riesgo verdadero -siempre y cuando uno entienda y no sólo repita lo que dicen- de volverse un fanático o perder la propia autenticidad: como mencionamos, la sabiduría tiende naturalmente a la libertad, y no a la utilidad. El conocimiento no es un fenómeno moderno constreñido a la ciencia. Es una tradición viva y el sabio será siempre quien comprende la tradición y la actualiza en sí mismo, de esta manera haciendo que evolucione y brindándole el necesario vigor para adaptarse al cambio sin perder su esencia. Esta es una "era de la ignorancia", creo, sobre todo porque no valora y no es consciente de su tradición. Asumimos que lo mejor es lo último y que todo lo viejo es primitivo y ha sido superado por la ciencia y la tecnología moderna. Esto, en realidad, no un pensamiento científico; es cientificismo. En un comentario a McLuhan, el escritor William Irwin Thompson escribió:

Lo que McLuhan reconoció, pero no afirmó explícitamente, es que nuestros nuevos medios electrónicos altamente avanzados, al ser usados por individuos mortales evolutivamente poco avanzados, nos llevarían a la aniquilación cultural. Estos nuevos medios que operan a la velocidad de la luz requieren una nueva conciencia espiritual de la luz. Son tan fantásticamente eficientes que no pueden funcionar para el bien si nosotros no somos buenos; solamente pueden ser usados sin riesgo si decimos la verdad y vivimos en la verdad.

(Coming Into Being: Artifacts and Texts in the Evolution of Consciousness)
Esa nueva conciencia espiritual de la luz sólo puede encontrarse en la vieja tradición espiritual de la luz. Ese hábito de decir la verdad y habitar en lo verdadero sólo puede sostenerse sirviéndose de la estructura del pensamiento religioso y filosófico de Occidente y Oriente. Aunque un estudio muestra que los fundamentalistas religiosos consumen más fake news, paradójicamente, la religiosidad -es decir, el sentido de conexión con algo sagrado- es el antídoto de las fake news (de la misma manera que un sentido de lo sagrado es la mejor solución al problema ecológico). No se trata de regresar al pasado o de retomar las viejas religiones, sino de continuar su evolución y actualizarlas, de reimaginarlas -la ciencia, en realidad, es consecuencia y resultado de la tradición filosófica griega y de las religiones abrahámicas, y no su antítesis-. A fin de cuentas el transhumanismo, la ideología dominante entre las élites tecnócratas actualmente, es solamente una versión de las ideas religiosas de deificación (theosis), inmortalidad y dicha eterna. Sin embargo, creo que es una forma pobre de concebir estas ideas, pues transfiere su fe del ser humano -y su semejanza con la divinidad- hacia la máquina. Deifica la materia, pero olvida la posible divinidad trascendente de la propia conciencia humana, la cual, a diferencia de la inmortalidad tecnológica, tiene como base y garante un principio moral.

Twitter del autor: @alepholo


Foto: Westend61


Fuente bibliorgráfica
MARTÍNEZ GALLARDO, ALEJANDRO, [sin fecha]. La enfermedad de la ignorancia, la epidemia de nuestros días. [en línea]. [Consulta: 17 octubre 2018]. Disponible en: https://pijamasurf.com/2018/05/la_enfermedad_de_la_ignorancia_la_epidemia_de_nuestros_dias/


16 oct. 2018

Magia, sectas y maldiciones: historias de ocultismo en la literatura

Por: Gonzalo León

Diferentes autores se relacionaron y escribieron sobre las ciencias ocultas
Desde William Blake y Yeats hasta Burroughs y Pessoa, un repaso por los escritores que formaron parte de sociedades secretas o indagaron en la temática en su obra. Las influencias de Madame Blavatsky y Aleister Crowley


La relación entre ocultismo y literatura puede rastrearse con intensidad a partir del siglo XIX. Como bien señala Rosa Sala Rose en la introducción del Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, la segunda mitad de ese siglo fue una época propicia para movimientos teosóficos, ariosóficos, satanistas que desembocaron, según ella, en la cosmovisión nazi. Puede que su tesis sea muy arriesgada, pero lo cierto es que no es difícil encontrar escritores fascinados por el ocultismo o determinadas sectas.

El poeta William Blake (1757-1827) perteneció a la Chosen Chief de la Ancient Druid Order y transcurridos años de su muerte la Ecclesia Gnostica Catholica lo declaró santo. Esta última secta era parte, junto a la Aurora Dorada, de la Orden de los Templarios Orientales. Sus primeros líderes fueron Theodor Russ y el poeta Aleister Crowley (1875-1947). En el Diccionario, Sala Rose señala que Crowley describió a la Atlántida como "un infierno habitado por una raza de magos que puebla las montañas y obliga a trabajar hasta morir a unos esclavos de raza inferior".

Madame Blavatsky y Aleister Crowley
 Madame Blavatsky y Aleister Crowley

Otro poeta que ingresó en una secta fue el poeta dublinés Willam Butler Yeats (1865-1939), quien, como cuenta Matías Battistón en el prólogo de Magia (Interzona, 2018), los escritos sobre ocultismo de Yeats, después de haber fundado muy joven la Sociedad Hermética de Dublín y de renunciar a la Sociedad Teosófica de Madame Blavatsky, ingresó a la Aurora Dorada, donde también participaba Aleister Crowley. La verdad es que el líder de la secta, MacGregor Mathers, que a la sazón era cuñado del filósofo francés Henri Bergson, invitó a ambos poetas a participar.

Sin embargo, lo que pudo haber sido una sociedad literario-metafísica se transformó en una disputa en varios niveles. Crowley, si bien tenía talento para la magia negra y había aprendido rápidamente el uso de las drogas con fines narcomágicos, no se llevaba bien con el resto de la secta. Con Yeats la desconfianza llegó a su punto más elevado, cuando le llevó su libro de poesía, Jephthah, y Yeats demostró poco interés, Crowley entonces interpretó como que él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para "socavar su creciente poder".

Lo que debió haber sido una complicidad se convirtió en una conspiración mágica, que "llega a su punto más peligroso cuando Yeats recluta a Althea Gyles, diseñadora gráfica y miembro de la Aurora Dorada, para ayudarlo a perpetrar el magicidio". Acorralado, Crowley tomó por asalto el templo de Isis-Uranis, que era un departamento de siete habitaciones, y le cambió la cerradura. Al final fue expulsado de la secta, y Yeats declarado Imperator.

“Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo”, de Sala Rose; “Magia” de Yeats e “Himnos de la noche”, de Novalis
“Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo”, de Sala Rose; “Magia” de Yeats e “Himnos de la noche”, de Novalis

No sólo Rosa Sala Rose se ha referido a la presencia del ocultismo en el siglo XIX, también lo ha hecho Glenn Everett, profesor de la Universidad de Tennessee. Él afirma que el espiritualismo, o la creencia de que los muertos se comunican con los vivos, "se puso de moda por toda América y Europa durante la década de 1850", y esto se debió a que muchos victorianos en Gran Bretaña abandonaron la religión convencional buscando otras creencias a las que aferrarse. En esa época cuando un ya adulto Robert Browning (1812-1889) se enteró de que su esposa, Elizabeth Barrett Browning, adhería al espiritualismo, sufrió una gran consternación. Como bien cuenta Borges, "su mujer era más famosa que él". De hecho fue ella la que afirmó: "Los escépticos han dicho: 'Dejadme que vea una mesa moverse y creeré cualquier cosa'. Ahora que la mesa se mueve, toda Europa es testigo".

G.K. Chesterton escribió una biografía sobre Browning, y durante una época él mismo se acercó al ocultismo, interesándose por la teosofía y teniendo habituales sesiones con la ouija. También Yeats, que fue Premio Nobel de Literatura en 1923, escribió sobre Browning, específicamente sobre Parecelsus, su poema dramático en el que describió cómo la gente del pasado continuaba viviendo en la memoria de la naturaleza, "pensando lo que pensaron y haciendo lo que hicieron".

Para Yeats, esta memoria "revela hechos o símbolos de siglos remotos. Místicos de muchos países y de muchos siglos han hablado de esta memoria". El autor dublinés complementa esta apreciación con la que le provoca William Blake, para quien Los era el dios de la imaginación y para quien también existía la memoria de la naturaleza, y las imágenes literarias provenían de allí. Blake dice, según Yeats, "que todos los acontecimientos, 'todas las historias de amor', se renuevan a partir de esas imágenes".

Blake, Yeats y Browning, tres autores obsesionados con el ocultismo
 Blake, Yeats y Browning, tres autores obsesionados con el ocultismo

William Butler Yeats observa que en la práctica y en la filosofía "magia" es tanto la "evocación de los espíritus" como "las visiones de aquella verdad que reside en las profundidades de la mente". Precisamente en Magia relata su iniciación en la Aurora Dorada. Por esa época vivía cerca de Londres y MacGregor Mathers lo invita a él y a un amigo a presenciar una sesión de magia. Este amigo, después de leer una novela de Bulwer Lytton, había quedado tan obsesionado por ella que en ese momento estaba desesperado por creer, además había estudiado geomancia, astrología, quiromancia y simbolismo cabalístico.

La sesión funcionó con Mathers en el papel de evocador de espíritus y Mina Bergson en el papel de vidente. "Llevó a cabo su ritual en un largo salón con una elevación en un extremo, una suerte de tarima, pero con un mobiliario escaso y barato". El evocador se sentó en la tarima, Yeats y su acompañante en medio del salón y su esposa al medio. Mathers, con un cetro de madera, se dirigió hacia una de las tablas de Enoc, que los miembros de la secta usaban para caer en trance, y repitió una fórmula que parecía un conjuro. Yeats entonces empezó a ver imágenes: "Recuerdo haber visto figuras blancas, y haberme preguntado si la mitra que llevaban en la cabeza habría sido sugerida por la mitra en la cabeza del cetro".

Yeats vio las vidas pasadas de su acompañante, pero éste no las vio, porque al tratarse de sus propias vidas no tenía permitido verlas. Pero no sólo estaba lo que conseguía ver el Premio Nobel, sino lo que la vidente le iba contando. Llegó su turno y luego de ver un par de visiones, le pareció que más que ser algo en concreto se trataba de "sombras simbólicas de los impulsos que los causaron". Eran en definitiva "una prueba del poder absoluto de la imaginación, de la capacidad que tenían varias mentes de convertirse en una sola". Y es que él indagaba en el ocultismo los poderes y alcances de la imaginación, porque, decía, "¿acaso la poesía y la música no surgieron de los sonidos que los hechiceros emitían para ayudar a su imaginación a hechizar…?". Sin embargo, no todo estaba al servicio de la poesía, ya que con los años se casó con Georgie Hyde-Lees, que era médium.

“El gran dragón rojo y las bestias del mar”, de William Blake

“El gran dragón rojo y las bestias del mar”, de William Blake

Obviamente, antes del siglo XIX también hubo escritores vinculados no tanto al ocultismo, pero sí a la metafísica, como el poeta alemán Novalis (1772-1801). En el prólogo de la nueva traducción de su célebre Himnos a la noche (Interzona, 2017), Pablo Gianera lo describe como alguien para quien se había vuelto algo natural contemplar lo más próximo como maravilloso, "y lo extraño, sobrenatural, como algo de todos los días". El arranque del poema es la muerte de la amada: "Esa pérdida le sugiera a Novalis una aventura poética que es a la vez filosófica, religiosa y musical". Himnos, en el fondo, es la experiencia de alguien que "respiró el aire de otros mundos".

Durante el siglo XX hay una línea de continuidad con las épocas pasadas. William S. Burroughs (1914-1997) fue otro escritor que practicó el ocultismo, aunque de un modo menos serio que Yeats y Crowley. Le gustaba tirar maldiciones a otros colegas: Truman Capote fue uno de sus blancos habituales. En una ocasión sentenció: "Tu talento acaba de ser oficialmente anulado". Pero también le tiró maldiciones a los propios beatniks, que lo habían acogido como uno de los suyos. En vista de que Tánger se había llenado de beatniks lanzó una maldicioncita: "No quiero matarlos, sólo que enfermen un poco".

Crowley y Fernando Pessoa jugando al ajedrez
Crowley y Fernando Pessoa jugando al ajedrez

El portugués Fernando Pessoa fue bastante particular, ya que demostró ser un gran estudioso tanto de las ciencias ocultas como de la astrología, esto lo llevó a escribirle a Crowley cuando vio las imprecisiones que cometió en su horóscopo personal incluido en sus Confessions. Fue así como se estableció un vínculo de amistad. Pessoa tradujo poemas de Crowley, le ayudó a fingir su suicidio, y pese a compartir su afición por la magia blanca con Yeats, le tuvo animadversión y lo atacó públicamente con uno de sus heterónimos.

El italiano Giulio Evola (1898-1974) fue un artista dadaísta, filósofo y escritor, que también se sintió seducido por la obra de Aleister Crowley. Partidario del esclavismo, la tortura y el nazismo, fue juzgado después de la Segunda Guerra por, como cuenta Rosa Sala Rose, "glorificación del fascismo, aunque no llegó a perder la libertad", porque estaba paralítico desde 1945. Margarite Yourcenar admiró uno de los libros de Evola. El escritor chileno Miguel Serrano se sintió seducido por él, y en su obra hay mucho de esoterismo y trabajo con los mitos; de hecho, algunos de sus libros sólo pueden entenderse si el lector está iniciado en el tema que abordan. Otros escritores que no se fueron por la línea de Evola o Serrano, pero sí se vieron influenciados por el teosofismo de Madame Blavatsky fueron los Premio Nobel Boris Pasternak y Gabriela Mistral.

 â€œLas ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires”, de Arlt y “Las fuerzas extrañas”, de Lugones
“Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires”, de Arlt y “Las fuerzas extrañas”, de Lugones

En Argentina no son pocos los escritores que han escrito o trabajado con el ocultismo. Leopoldo Lugones publicó los cuentos de Las fuerzas extrañas, donde se verifica el choque entre el discurso científico y el no científico interpretado por el ocultismo. Otro fue Roberto Arlt, quien publicó el libro de ensayos Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, en el que da cuenta de los centros teosóficos que pululaban por ese entonces. El más contemporáneo fue Alberto Laiseca quien, como se consigna en Magia, "tenía su propio catálogo de precauciones gualichofilácticas, de medidas y alertas contra posibles daños mágicos".


*Magia, de William Butler Yeats, traducción de Matías Battistón (Interzona, 2018).
Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, de Roberto Arlt.
Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, de Rosa Sala Rose (Acantilado, 2003).
Himnos a la noche, de Novalis, traducción de Pablo Gianera (Interzona, 2017).

Las fuerzas extrañas, de Leopoldo Lugones.



Fuente bibliográfica
 León, Gonzalo 10 de octubre, [sin fecha]. Magia, sectas y maldiciones: historias de ocultismo en la literatura. Infobae [en línea]. [Consulta: 16 octubre 2018]. Disponible en: https://www.infobae.com/america/cultura-america/2018/10/10/magia-sectas-y-maldiciones-historias-de-ocultismo-en-la-literatura/




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...