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18 ene 2018

La bibliotecaria que escribió un diccionario y se quedó sin palabras




María Moliner representa, sin duda, todo un estilo de "ser mujer en el siglo XX"


María Moliner representa, sin duda, todo un estilo de "ser mujer en el siglo XX", pues pertenece al grupo de las mujeres pioneras universitarias que ejercieron, además, una profesión. Los que la conocieron la definen como claramente inteligente, responsable y generosa para con los demás.

¿Quién es?

María Juana Moliner Ruíz nació en Paniza, Zaragoza, España, en 1900 y vivió 81 años.

20180113113536856_resultEntre 1918 y 1921 cursó la Licenciatura de Filosofía y Letras en la universidad de Zaragoza (sección de Historia) obteniendo sobresaliente y Premio Extraordinario. En 1922 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y obtuvo como primer destino el Archivo de Simancas. Tras una breve estancia en Simancas, María Moliner pasa al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia. Será en esa ciudad donde conocerá al que será su marido. La familia se traslada a Valencia, Fernando, a la Facultad de Ciencias; María, al Archivo de la Delegación de Hacienda de esa ciudad.

A su vez, se ocupaba de la organización de las bibliotecas rurales y escribió unas “Instrucciones para el servicio de las pequeñas bibliotecas” que fueron muy apreciadas y respetadas, tanto en España como en el extranjero. Estas instrucciones fueron un testimonio fehaciente de la fe que tenía María Moliner en que la cultura era el motor principal para el avance de la sociedad. A partir de este momento ocupó importantes puestos de responsabilidad en la organización de diversas bibliotecas populares y hasta llegó a dirigir la biblioteca universitaria de Valencia. La lucidez y capacidad organizativa de María Moliner van a quedar plasmadas en las directrices que redacta como Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado, las cuales se publicarán a principios de 1939. Con el tiempo dicho proyecto se considerará el mejor plan bibliotecario de España.

Al término de la guerra civil tanto María como su marido y amigos sufren represalias políticas. Muchos de ellos se exilian. Su marido es suspendido de empleo y sueldo y María pierde 18 puestos que desempeñaba en el Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios, aunque los recuperará en 1958.

Palabras

En esta nueva etapa de su vida, María Moliner encontrará el tiempo para dedicarse a su interés intelectual más profundo: la pasión por las palabras. Será entonces cuando comience, hacia 1950, el Diccionario de uso del español. Le llevará casi quince años escribirlo pues consta de dos tomos y tiene unas 3000 páginas en total.

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En palabras de Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura, "María Moliner hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana". Y es que el escritor, tal como lo dejó reflejado en una columna del diario El País de España en 1981, admiraba profundamente el trabajo de esta bibliotecaria española del siglo pasado. 

Pero este diccionario no era uno como cualquier otro. Uno de los grandes objetivos que tuvo María Moliner fue crear un diccionario que permitiera ir de la idea a la expresión. Uno más o menos sabe lo que quiere decir pero no encuentra la palabra exacta y el diccionario de María Moliner te lo permite.

Tal es la calidad del diccionario que es considerado como la mejor consulta de los escritores. 

María Moliner fue candidata para ocupar una silla de la Real Academia Española (RAE) en 1972, pero no se la concedieron. Hubiera sido la primera mujer aceptada por la RAE. 


Paradójicamente, un tiempo antes de su muerte, esta creadora de un diccionario muy particular, se quedó sin palabras al sufrir de arteriosclerosis cerebral, que le provocaba pérdida de la memoria.


Fuente bibliográfica
PRESS, E., 2017. Así es el Diccionario de María Moliner, la obra que precisó más el uso correcto de la lengua castellana. europapress.es [en línea]. [Consulta: 18 enero 2018]. Disponible en: http://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-asi-diccionario-maria-moliner-obra-preciso-mas-uso-correcto-lengua-castellana-20170228145926.html. 

6 oct 2014

Diccionario a toda máquina

Por: Carles Geli

La Real Academia Española ultima la encuadernación de la 23ª edición del ‘Diccionario de la Lengua’, que tendrá más de 93.000 artículos



Trabajadores de la empresa encuadernadora colocando en un estuche los primeros ejemplares de la 23ª edición del Diccionario de la lengua española de la RAE. / MASSIMILIANO MINOCRI
“No se nota el olor de la cola porque se aplica inmediatamente la secadora y no da tiempo a desprender nada”, dice con un hilo de voz entre un ruido industrial el hombre de traje azul y camisa blanca impecables, lujoso emblema en la solapa, que contrasta con los trabajadores de camiseta. Algo sabe José Manuel Blecua (Zaragoza, 1939), director de la Real Academia Española, de imprentas porque, de profesor, estuvo vinculado al servicio de publicaciones de la Universidad Autónoma de Barcelona. Se le ve feliz entre la maquinaria, al final ya del proceso de encuadernación de los primeros ejemplares de la 23ª edición del Diccionario de la lengua española (DRAE), quizá después del primero, el de 1780, el más significativo: llega en plena conmemoración del Tricentenario de la institución y quizá, quién sabe, igual sea su última edición en papel. 
Dos meses después de que el pasado agosto terminara un minucioso proceso de corrección de pruebas que empezó el 14 de marzo cuando el texto completo del diccionario (93.111 artículos, 8.680 más que su predecesor y el doble que los que cabían en 1780, con 140.000 enmiendas en 49.000 de esos artículos) llegó a la editorial Espasa Calpe, las tripas del diccionario daban vueltas ayer por complejas máquinas de Color Print Service (CPS-Egedsa), la inmensa empresa encuadernadora que da cuerpo físico al DRAE. Gran guiño para estos tiempos: el diccionario de la lengua española acaba cogiendo forma física en Polinyà, municipio catalán de la comarca del Vallès.
A pesar de ir desnudo, el cuerpo del nuevo diccionario, que costará 99 euros y que llega 13 años después  de la edición anterior, es inconfundible, por majestuoso, y se distingue entre los palés con los pliegos de competidores tan variopintos como el Anuario 2014 de Mingote, el segundo capítulo o entrega de la Costura paso a paso o un nuevo volumen de L’Illustration, enciclopedia en francés.
El director de la RAE, José Manuel Blecua, ante los primeros ejemplares de la 23ª edición del 'Diccionario de la lengua española'. / M. MINOCRI
En apenas un mes saldrán de ahí unos 50.000 ejemplares para que puedan estar en librerías de España y América el día 16, apenas 24 horas antes de la presentación oficial con presencia de los Reyes. Se hace extraño que ese grueso volumen, ahora mismo informe y un punto arrugado, sea al final del proceso un pulcro y notable volumen de 2.376 páginas bellamente encuadernado de azul y blanco. El primer diccionario de Felipe VI… “El problema es que el papel es muy fino, de apenas 28 gramos…; los papeles están vivos y lo cogen todo: humedad, calor, polvo minúsculo…”, habla como de un ser latente Iñaki, uno de los trabajadores de la empresa. Si no lo es, lo parece: las primeras células que se forman son los 33 pliegos de 76 páginas, que reposan cada uno en atriles metálicos que, en parsimoniosa fila india, se deslizan para ser cosidos con hilo vegetal, el bueno. Al entrar en una especie de vitrina, la procesión parece parar: ¿Se ha roto el minitelar? “El problema no es el hilo sino que se rompa la aguja porque eso quiere decir que se ha roto todo el pliego”, cruza interiormente los dedos Iker.
Al visitante, en cambio, le preocupa otro milagro: que las páginas sean correlativas y no se mezclen. “Si falta un pliego o se ha cambiado el orden de alguno, la máquina se para”, afirma taxativo y muy seguro el operario de esa zona. Hay truco: unas células fotoeléctricas instaladas en la alzadora (donde se cogen los pliegos) y en la cosedora guardan grabado en su memoria el esquema del orden de las tripas: si lo que ven no coincide, pues falta algo.
Pasea Blecua entre la maquinaria sin descomponerse un ápice su porte académico, a pesar del calor que obliga a encender ventiladores a los que se arriman los sudorosos trabajadores. La temperatura sube en la nave por culpa de las pequeñas lámparas incandescentes que secan el lomo de la tripa tras su paso por el estrecho conducto que los impregnará con la primera cola. A pesar de ser volúmenes tan serios, saltando de cinta en cinta cual acróbata desembocan en una secadora que, serpenteando, alcanza unos 200 metros; la cola empleada es fría: “Es de la que no cruje y permite sostener bien abierto el libro, a diferencia de la cola caliente”, ilustra.
La nueva edición tiene  8.680 artículos más que su predecesor y el doble que los que cabían en 1780, en su primera aparición 
El golpe seco de la guillotina deja, por vez primera, los bordes perfectos del futuro volumen que, sin descanso, entra en los dominios de la Kolbus Compact 2000 SC Copilat; traducido: desde unas minúsculas ventanas se puede ver cómo se curva milagrosamente el lomo, se le añade una gasa que sustentará todos los pliegos y luego se la embellece con una tira marrón de papel; el contador de la pantalla de ordenador marca el ejemplar 5.122. Lentamente van destino de las manos de algunos de los seis empleados que los introducen en un estuche y luego en cajas: no caben más de cuatro; un gran palé sólo puede llevar 144 ejemplares. “Todo es inmenso con este libro: el volumen que ocupa, las expectativas…”, dice otro trabajador del final de la cadena.
Insiste Blecua en que no sabe si será la última edición en papel porque “la tecnología informática parece haber sido pensada para hacer diccionarios” y recuerda que la versión web del DRAE recibe “unos 500 millones de consultas al año”, enumera mientras desenfunda su móvil para demostrar que también él lo consulta desde ese aparato. E, incluso, tampoco descarta impulsar la edición en bolsillo: “Lo intentaremos porque fue muy bien y es una maravilla práctica”.
Tuit y Tuiter ya estarán con esta grafía en una edición del diccionario del que se han suprimido unos 1.350 artículos pero que cuenta con 195.439 acepciones (de ellas, 19.000 americanismos), extranjerismos en cursiva y que ha debido armonizar sus contenidos con las flamantes Nueva Gramática de la lengua española (2009) y laOrtografía… (2011). También ahí llega la política: contrariamente a lo que han dicho “lenguas viperinas", dice Blecua, la voz sobreReferéndum que se encontrará en el volumen no se ha tocado, “es la misma que se enmendó en 2008” y que incluye la acepción de consulta “con carácter decisorio o consultivo”.
Nada preocupado por el maltrato que recibe la lengua en las pequeñas pantallas digitales (“¿Uso de k por que? En los documentos medievales hay relativos de una q con acento; nunca se escribió tanto como ahora”), el director de la RAE desde diciembre de 2010 sabe que será su único Diccionario de la lengua: “No sabe el veranito que me he pasado con las correcciones; además, no creo que me re-presente al cargo”, dice quien disfruta usando el diccionario de papel: “Tengo todas las ediciones y aunque esté en el ordenador, voy a buscar la palabra al texto impreso… Pero con los jóvenes eso ya no pasará”, dice acariciando un volumen a punto de ser encajado. También habían de desaparecer los discos de vinilo...
Fuente:http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/09/30/catalunya/1412101477_785067.html

6 feb 2012

¿Cómo escoger un buen diccionario para el colegio?

Por: Ángel F. Galindo







Se deben analizar las opciones, para elegir la que más se ajuste a sus intereses y necesidades.

Además de la función básica de ayudar al estudiante a conocer el significado de las palabras, un buen diccionario es también una manera de acceder a la riqueza y complejidad de nuestro idioma.


"Es un continuo repertorio de sorpresas lingüísticas, un conglomerado de enigmas para despertar la curiosidad o el juego de las relaciones entre el lenguaje. Los buenos diccionarios ayudan al estudiante a salir de la reducida habla del argot o del vulgarismo que se ha convertido en muletilla cotidiana", dice Fernando Vásquez Rodríguez, escritor, investigador y educador. (Lea más temas sobre el regreso a clases)



Así, su escogencia no es un asunto del azar, ni del afán, sino que debe responder a un análisis minucioso y a una verdadera inquietud individual.



"Depende de la necesidad del estudiante o de la institución educativa. Porque hay que advertir que existen diversos tipos de diccionarios: los de sinónimos y antónimos, los ideológicos o analógicos, los disciplinares o tesaurus, los de uso del español, los etimológicos", dice Vásquez, director de la maestría en Docencia de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de La Salle.



En concepto de Teresita Hurtado Gamboa, Editora de Panamericana Editorial, en la compra del diccionario se deben tener en cuenta tres cosas (una relacionada con la otra): uso, forma y contenido.



"Uso se refiere a hacerse la pregunta de ¿por qué se necesita?, si será de consulta en casa o más bien en el trabajo, colegio u oficina. Entonces, podremos pasar a la forma: si es de consulta en casa puede ser de gran formato, no importará su peso (pues no tendrá que cargarlo); si es para llevar se debe considerar si será en una maleta de viaje (o una escolar), para mirar la encuadernación y que no sufra daños".



Si es la primera vez que compra un diccionario, revise que tenga una introducción que le diga cómo usarlo, de qué forma está hecho y qué tipo de vocabulario (pues no todos los tienen las mismas palabras o la misma información anexa).



Otro aspecto importante es que sea apropiado para cada tipo de estudiante, ya que cada palabra puede ser utilizada en diferentes contextos, y solo aquellos con suficientes definiciones pueden cubrir el gran rango de posibilidades que la vida académica puede exigir.



"Teniendo en cuenta esto, un diccionario básico no sería el más apropiado para un estudiante universitario y uno especializado podría generar confusión en un nivel educativo más básico", afirma Andrés Pedreros, docente de español e inglés, profesor asistente de español como lengua extranjera en la escuela de Chingford Waltham, Londres (Inglaterra).



Debe pensar también en temas como sello editorial, función o utilidad e incluso en su salud visual. Por ejemplo, si tiene dificultad para ver de cerca, una tipografía pequeña no le sirve; y tenga cuidado con el papel en el que está hecho, pues unos tienen mala vejez o no absorben bien la tinta y se corren o se borran con el tiempo y el uso, o se esponjan con la humedad, etc.

Otros consejos clave
Es importante en un diccionario:


- Si es escolar, que se encuentren sufijos y prefijos.



- Que esté acompañado de información gramatical y ortográfica por cada palabra tiene un valor agregado, ya que permitirá saber usar esa palabra en un texto. Esta información por lo general es género, cómo se hace el plural, si es un verbo transitivo o no, si es irregular, si la palabra es importada de otros idiomas. Algunos diccionarios incluso incluyen las variables ortográficas permitidas por la Real Academia. Siempre más información será mejor.



- Evitar diccionarios que abusen de la autoreferencia, es decir, que la definición de una palabra remite a otra que, a su vez remite a otra y así; con frases como 'perteneciente a...', 'relativo a...', 'dícese de...'. Jamás se debe comprar este tipo de diccionarios para fines didácticos o de uso en el aula.



- Ejemplos de uso: Algunos diccionarios, después de la definición ponen un ejemplo de una oración en la que se use la palabra y la explicación. Esto ayuda mucho a entender el significado tanto a niños como adultos.



- Etimologías: Las palabras tienen una historia que está directamente relacionada con su significado. Las etimologías le permiten al lector identificar dicha historia y relacionarla con otras palabras.



- Apéndices: Para uno de español es mucho mejor que esta información se trate sobre normas ortográficas, aspectos de la morfología o la sintaxis española o vocabulario nuevo sobre algún aspecto de la vida moderna (palabras de uso en la tecnología, íconos, signos, símbolos, señales, entre otros).



- Ejercicios con el diccionario: Algunos traen juegos sugeridos que involucran la búsqueda de palabras. Esto siempre es de ayuda para motivar a los niños en el uso del diccionario.



Fuente: Teresita Hurtado Gamboa, editora Panamericana Editorial.




Fuente: http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/consejo-para-escoger-un-buen-diccionario-para-el-colegio_10977295-4

28 nov 2011

Cómo dar vida a la biblioteca escolar en Secundaria

Por: José Antonio Camacho Espinosa 


La biblioteca escolar ofrece diferentes servicios con el objetivo de satisfacer las necesidades de la comunidad educativa. Por eso, debe mantenerse en un proceso de renovación y dinamismo constante, facilitando a sus usuarios tanto el acceso a sus instalaciones como a los materiales que contiene. También ha de presentarles las posibilidades de consulta y de uso general de sus materiales, además de ayudarles a encontrar la información que demandan de forma autónoma.

Introducción 

Una biblioteca, al igual que el centro educativo del que depende, o es una «biblioteca viva» o no es una biblioteca. No se trata de disponer de un gran local, de los mejores equipamientos, de un magnífico fondo documental o de las herramientas más modernas para el tratamiento y el acceso a la información. Todo eso es necesario para que exista una buena biblioteca, pero la «vida» se la dan las personas que la gestionan y los lectores que hacen uso de ella.
Una biblioteca es, ante todo, un conjunto de servicios que se ofrecen a una comunidad. En el caso de un centro educativo nos referiremos a la comunidad educativa. Alumnos, profesores y familias necesitan este centro de documentación para satisfacer sus necesidades de información y documentación, en unos casos comunes y en otros específicas.

Los alumnos, para llevar a cabo su proceso de aprendizaje global, en cualquiera de las áreas del currículo. Los profesores, para dar respuesta a la didáctica de cada una de sus materias, a los procesos de investigación e innovación, a la formación continua y a la información profesional. Las familias, por su parte, dispondrán de aquella información y documentos que pueden ser útiles en su tarea educativa. Y todos ellos podrán satisfacer sus necesidades de información general, referencial, local, de ocio, etc.

La imaginación será una aliada permanente en la tarea del bibliotecario y de las personas que colaboren con él, de tal modo que la biblioteca se encuentre en proceso de renovación constante, manteniendo su atractivo y dando la mejor respuesta a cada una de esas necesidades.

Por otra parte, una biblioteca escolar debe, ante todo, preparar a los jóvenes para desenvolverse en cualquier centro de documentación y para continuar los procesos de autoformación, una vez terminada la escolaridad obligatoria. De ahí que se plantee en este artículo un proceso que puede ser secuencial o simultáneo, pero en el que se han de contemplar cada una de las etapas que a continuación se describen.

En primer lugar, hay que conseguir que todos los usuarios potenciales se conviertan en usuarios reales. Que los miembros de la comunidad educativa reconozcan en la biblioteca un recurso básico para la formación, la información y la ocupación del tiempo de ocio.

Una vez que los lectores se acerquen a la biblioteca, recibirán información acerca de todo lo que ésta les puede ofrecer a fin de prepararlos para que hagan uso de ella con el máximo aprovechamiento.

Cuando el usuario conozca ya la biblioteca, todo lo que alberga y los servicios que le ofrece, se le enseñará a reconocer y localizar los distintos documentos. Se instruirá al lector en el manejo de las herramientas más adecuadas, sobre todo los catálogos, bases de datos y buscadores.

Conocida la tipología documental y los diversos soportes con que cuenta una biblioteca, es el momento de extraer del documento la información precisa. No todos los documentos ni todos los soportes son iguales; por tanto, también se enseñará a los jóvenes a manejar cada uno de ellos.

Una vez que se han dado todos los pasos para la selección y búsqueda de los documentos y la recogida de la información contenida en ellos, hay que concluir con la extracción y tratamiento de la misma, para presentarla en forma de nueva información capaz de generar en quien la lea nuevos conocimientos.

Lo que se ofrece a continuación es un conjunto de propuestas que permiten al bibliotecario –y al profesorado en general– llevar a cabo este itinerario de un modo atractivo para los alumnos, sin perder de vista los verdaderos objetivos de la biblioteca, transformándola en un verdadero ente con vida propia


Zonas para distintos usos. Aunque el espacio total de la biblioteca escolar sea escaso –algo habitual en los centros educativos– es importante que el alumno tenga claro que la biblioteca no es un tótum revolútum, sino que en ella puede encontrar documentos de formato y contenido diverso y que puede realizar actividades de lo más variado. 


Por eso, conviene diferenciar: zona de información al usuario, novedades y consulta de catálogos; zona de lectura relajada –asociada a las obras de ficción–; hemeroteca; área de consulta y trabajo individual –asociada a los documentos temáticos o de conocimientos–; audiovisuales; zona de acceso a documentos electrónicos y consulta de Internet.


Decorar, informar, atraer. Lo anterior es mucho más atractivo para los lectores si se mantiene una decoración cuidada y renovada. Periódicamente hay que dar un aire nuevo, aprovechando el cambio de estaciones, la celebración de alguna fiesta, la visita de un autor o el tratamiento de algún tema de interés. Al mismo tiempo, se mantendrá un clima acogedor con plantas, grandes ilustraciones, luces indirectas, etc. 


Este ambiente general, hay que completarlo con indicativos que faciliten en todo momento el uso de la biblioteca. Esta tarea se verá complementada con información que se facilitará a los usuarios en forma de tríptico u hoja informativa y que estará permanentemente expuesta en el tablón de anuncios. Un tablón que se situará a la entrada de la biblioteca y hacia el que se atraerá la atención con información actualizada: listas de novedades, programación de actividades, avisos, anuncios de los lectores, artículos de prensa o titulares de interés, programación cultural del barrio o localidad, etc.

Facilitar la localización de documentos. El criterio más adecuado para la ordenación de los libros –y más en un centro de secundaria– es la utilización de la CDU (Clasificación Decimal Universal). Unido a ello, hay que introducir algunos elementos que sirvan para hacer lo más sencillo posible la localización de cualquier obra de interés del lector: símbolos que hagan referencia al género de las obras (en el caso de la literatura) o al contenido de las mismas (en el caso de los libros de conocimientos) y adhesivos de colores para orientarles respecto al nivel lector al que va dirigido un libro determinado. También es habitual emplear tejuelos de distintos colores para resaltar las obras que no se pueden sacar en préstamo de la biblioteca: enciclopedias, diccionarios, catálogos, etc.

Por otra parte, la ordenación siguiendo temas de interés suele dar buen resultado, ya que se reúnen en un estante o armario un conjunto de obras que, independientemente de su género, materia o soporte, se agrupan para que el lector pueda encontrar todo lo que hace referencia a un tema concreto.

Cuando se disponga de colecciones de 20 ó 30 ejemplares de un mismo título para realizar actividades grupales (librofórum, club de lectura...) conviene diferenciarlas también con algún distintivo y guardarlas en depósito.

Dar utilidad a los viejos catálogos. El volumen y las características de la información que se maneja en una biblioteca actual hacen imprescindible el empleo de equipos informáticos y la automatización de la misma. Pero no hay por qué desprenderse de los antiguos catálogos manuales, dado su carácter didáctico y manipulativo, de gran interés para los alumnos en los primeros cursos de la ESO.

Aprender de las librerías. Algo que no puede faltar en una biblioteca es un lugar donde sistemáticamente aparezcan los libros, discos, vídeos o CD-ROM que se van incorporando a la misma. Antes de que una obra pase a su ubicación definitiva, debe permanecer unos días en el expositor para que los usuarios se enteren inmediatamente de su adquisición. Asimismo, se informará de esas compras a todo el centro a través de una lista de novedades. Cualquier acontecimiento, celebración o tema de interés debe ser motivo también para renovar los libros del expositor.

Ayudante bibliotecario. La implicación de los chicos en la biblioteca escolar, no sólo como usuarios sino como colaboradores, tiene un interés pedagógico excepcional. Los alumnos de Secundaria pueden participar a través de talleres o como miembros de la comisión de la biblioteca en tareas de ordenación, devolución de documentos, elaboración de dosieres, preparación de libros para el préstamo, etc.  


Acercarse a la biblioteca 


Vender el producto. Al iniciarse cada curso académico o en momentos significativos, el bibliotecario debe preparar campañas de información o de atracción. Estas campañas pueden ir dirigidas a toda la comunidad educativa o a sectores concretos. Se utilizarán, como en el caso anterior, los recursos más eficaces a nuestro alcance.

El salto al ciberespacio. En estos momentos hay una sentencia que se aplica a rajatabla en cualquier empresa que quiera ser competitiva: «quien no existe en la web, no existe en el mercado». Esto es perfectamente aplicable a la biblioteca. La página web debe ser un instrumento dinámico y renovado que, además de ofrecer la información y los recursos más actualizados, invite constantemente al uso de los mismos: alertas informativas, página de novedades, difusión selectiva de la información, etc. Los documentos digitales forman parte de la vida diaria y esto no se puede ignorar en la biblioteca escolar.  

Conocer la biblioteca 


Juegos de simulación y web-quest. Las TIC permiten desarrollar una especie de viaje a través de la biblioteca, mediante juegos de simulación, web-quest y otros instrumentos digitales. Para ello se fotografían las distintas secciones de la biblioteca con la cámara digital y se propone un recorrido en cada uno de los cuales el lector incorpora indicativos o documentos que se han eliminado y que él tiene que tomar de un depósito o carpeta.

Mucha información y soportes distintos. Uno de los primeros conocimientos con los que debe contar cualquier usuario es la diferenciación de los distintos soportes documentales y su forma de consulta. Para conseguirlo, se prepara un conjunto de tarjetas en cada una de las cuales planteamos una necesidad informativa que se puede satisfacer a través de alguno de los documentos existentes en la biblioteca. 


Por otra parte, en una gran mesa se coloca al menos un documento de cada uno de los tipos con los que contamos en nuestro fondo. A través de estrategias de búsqueda y de dinámicas de grupo, los muchachos tienen que localizar, poner en común y justificar la elección de un recurso concreto. A partir de aquí se pide que localicen el lugar de la biblioteca donde se ubica cada documento para así poder hablar de la organización de los mismos.  


Localizar los documentos 


¿Qué nos dicen los tejuelos? Para que los alumnos se familiaricen con el tratamiento que reciben los documentos antes de ponerse al préstamo, se organizan talleres. En ellos, como se mencionaba anteriormente, los muchachos se convierten en ayudantes del bibliotecario y colaboran en algunas de sus tareas. Uno de los elementos que hay que preparar para cada libro es el tejuelo, que sirve para ubicarlo y localizarlo. A través de algunas actividades de carácter lúdico, conocerán el significado de las distintas iniciales y de los símbolos que se colocan en el mismo.

El álbum de cromos de la biblioteca. Una forma interesante de atraer la atención de los muchachos y facilitar el aprendizaje –aunque a veces demasiado explotada– es la utilización de álbumes de cromos. En este caso se trata de preparar la reproducción de las cubiertas de un conjunto de libros en pequeño formato. Se proporciona a cada uno el álbum y, a través de una dinámica de juego en la que se impliquen los profesores de distintas asignaturas, se van entregando los cromos. 


Cada vez que se entrega un cromo nuevo el alumno debe encontrar en la biblioteca el libro correspondiente mediante unas pistas que se indican en dicho cromo. Una vez que localice la obra, dispondrá de la información necesaria para descubrir la página del álbum donde lo debe pegar.

Cada documento en su lugar. Ahora cada alumno –o cada equipo de alumnos– debe ubicar en el estante, armario o cajón correspondiente el conjunto de documentos que se le ha entregado previamente. Para ello se ofrecen una serie de pistas que le vayan llevando a las diferentes secciones de la biblioteca. En esta ocasión se utiliza una tabla dicotómica de preguntas, cada una de las cuales tiene dos respuestas. Cada respuesta, a su vez, lleva a una nueva pregunta. 


Así hasta llegar al punto en el que se encuentra una réplica de la portada del libro que tiene entre manos. Si coincide la réplica con el libro, la solución es correcta. En caso contrario, tendrá que volver a empezar para ir por otro camino.

¿Todo está en Internet? Los recursos electrónicos son cada día más numerosos, sobre todo en la red. Por tanto, es imprescindible enseñar a los chavales a localizarlos a través de las herramientas más adecuadas. El primer peligro que hay que evitar es el de la dispersión: hay que fijar claramente los objetivos y la trayectoria de una búsqueda para no perderse por caminos laterales. 


En segundo lugar, centrados ya en la búsqueda de un documento propiamente dicho, hay que diferenciar entre aquellos que son visibles en Internet a través de los motores de búsqueda o directorios, por depender directamente de una sede web y aquellos otros que están ocultos y a los que hay que acceder a través de un catálogo o de una base de datos. Por último, hay que aprender a manejar las distintas herramientas que la web ofrece: motores de búsqueda, metabuscadores, directorios, catálogos y bases de datos. 


Se trata de instrumentos, a veces, muy similares, pero que tienen sus peculiaridades y que, conociéndolos a fondo, permitirán búsquedas mucho más eficaces. Para trabajar con ellos es interesante que el bibliotecario prepare una serie de propuestas o estrategias de búsqueda guiadas que vayan introduciendo paulatinamente en cada una de las herramientas hasta dominarlas.
  
Encontrar la información adecuada 





«El tiempo es oro». Tomando como modelo el conocido programa de la televisión, se plantea un reto a través de una serie de preguntas o sentencias que llevan a la resolución de un enigma. Para ello, los participantes tienen que utilizar distintas fuentes de información –principalmente obras de referencia– en las que encontrarán las respuestas.

El viaje a través de... Con la estrategia de la preparación de un viaje, se propone a los participantes elaborar una guía que permita ir paso a paso por una ciudad, un país, un río..., mencionando aquellos lugares de interés o respondiendo a una serie de preguntas que el bibliotecario ha propuesto. Es una actividad muy apropiada para trabajar con los atlas, pero se puede complementar con enciclopedias e incluso con monografías sobre costumbres, geografía, etc. Esa misma propuesta se puede hacer para «viajar por el cuerpo humano», «viajar por el proceso de fabricación de un producto», «viajar en el tiempo a través de la historia»...

Índices, sumarios, glosarios... ¿Sabes orientarte? Con frecuencia, los alumnos de Secundaria, e incluso de Bachillerato, buscan información de forma desordenada y sin criterios en el texto de un libro, haciendo caso omiso de los instrumentos de consulta con los que cuenta la mayoría de las obras. Saber manejar índices, glosarios, bibliografías o gráficos puede ahorrar horas de trabajo. 


Conseguir que los muchachos se familiaricen con ellos no es una tarea complicada, pero hay que contemplarla dentro de la programación de las actividades de formación documental, no se puede dar por sabido. También se pueden presentar a los lectores obras carentes de dichos elementos y que sean los alumnos quienes los elaboren. Serán los primeros pasos para que, cuando tengan que enfrentarse a la redacción de un trabajo escrito, sepan planificarlo y realizarlo correctamente.

Los dosieres de prensa. Mantener operativo a lo largo del curso escolar un taller para la creación de archivos de prensa por el que vayan pasando distintos grupos de alumnos permite, por un lado, crear un fondo temático de gran interés para la realización de trabajos de todo tipo y, por otro, familiarizar a los alumnos con periódicos y revistas. Así después sabrán localizar, de forma autónoma, cualquier información de actualidad que necesiten. Estos dosieres se pueden elaborar en formato electrónico, creando un conjunto de carpetas y subcarpetas en el ordenador de la biblioteca, de donde cualquier usuario pueda tomar una información para satisfacer sus necesidades.  


Transformar la información y difundir nuevos conocimientos 




Murales, carteles, paneles informativos... Una forma atractiva e intuitiva de presentar una información es a través de estos medios, aunque para ello se requiere algo que generalmente resulta difícil de conseguir a muchos lectores: capacidad de síntesis. Por eso, es una actividad de gran interés desde las edades más tempranas, aunque debe plantearse de forma gradual y manejando distintas técnicas expresivas, gráficas y tipográficas.


El periódico de una época o un lugar determinado. Un modo interesante de plantear el manejo de obras de historia, geografía y ciencias sociales en general, es presentar esa información en formato de periódico o revista. Algunas propuestas pueden ser «El periódico de mi ciudad hace 200 años» o «El periódico de una lejana región o país», de tal modo que toda la información se presente siguiendo las secciones habituales de un periódico y redactada con estilo periodístico.


Artículos para revistas y periódicos. Cuando los alumnos hayan adquirido ya cierto nivel tanto en el manejo de las fuentes y del lenguaje escrito como en la organización y presentación de sus trabajos, es el momento de que éstos salgan a la luz, bien a través de las propias publicaciones periódicas de la biblioteca escolar (en formato impreso o electrónico), bien a través de las de difusión general.


Uso de las TIC para que nos entiendan mejor. Los recursos tecnológicos ofrecen dos ventajas a la hora de presentar un tema: el atractivo que tiene para los chicos el manejo de distintos soportes y técnicas, y el refuerzo del mensaje escrito con imágenes y sonidos. Las grandes posibilidades que ofrecen las aplicaciones informáticas actuales permiten realizar trabajos con presentaciones de gran calidad y con acceso a todo tipo de recursos digitalizados: textos, imágenes, gráficos, música, etc. Pero antes de llegar a ese punto conviene emplear otros recursos como grabaciones en casete, dibujos y gráficos realizados en acetato o diapositivas que, como en el caso de las fichas de cartulina, son más manejables e intuitivas para los alumnos de los primeros cursos.

El libro de... El gran reto que se puede plantear un profesor con su grupo de alumnos, con la inestimable colaboración del bibliotecario escolar, es la confección de un libro en el que se recojan los conocimientos alcanzados durante un curso escolar en un tema, un área o en un conjunto de ellas. Se puede decir que es el fin último de todo este proceso en el que se han planteado el conocimiento y manejo de todo tipo de fuentes documentales, y el tratamiento y presentación de la información en otro documento creado por los propios alumnos. Para ello habrá que echar mano de las técnicas y recursos que se mencionan más arriba, a los que se puede añadir todo el proceso de planificación y reparto de tareas, antes de la realización del mismo, así como un taller de encuadernación que permita recopilar todos los trabajos realizados en un solo volumen.


Fuente: http://www.plec.es/documentos.php?id_documento=118&id_seccion=16&nivel=Secundaria
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