La idea es crear un espacio para el comentario, la información, la reflexión, el conocimiento y la amistad entre los bibliotecarios del mundo. Se incluyen noticias y notas de actualidad relacionada con el libro, las bibliotecas, los bibliotecarios y el desarrollo personal.
El 13 de septiembre se celebra el día del bibliotecario (en Argentina) un saludo a todos los colegas que abrazaron esta profesión.
Para festejar nuestro día comparto con Uds. frases sueltas del libro Conferencia sobre la lluvia de Juan Villoro.
Conozco el color, la textura, el peso, la ubicación y la vecindad que tienen los libros que son míos.
No es fácil prestarle los libros a alguien que los ama lo suficiente para no devolverlos. Entre perder una amistad y perder un libro, cualquier bibliófilo prefiere perder una amistad.
Me eligió como se elige un libro en una biblioteca. Ignoro si me escogió por el título, el lomo, la portada, la tipografía o por mi ubicación entre otros libros. No sé qué clase de texto fui para ella.
Para leer, podemos traer a un notario. Leer es una actividad mecánica.
Puede ser cumplida por un autómata, un autómata ilustrado, eso sí. La lectura no exige tener ideas propias, pero sí seguir el ritmo de las frases, algo más difícil de lo que parece...
He ordenado una biblioteca a lo largo de mi vida y los libros han desordenado mi vida.
Lo más importante de los libros son las manos que los entregan.
Lo mejor de mí eran los libros, no mis opiniones sobre ellos.
Mientras haya necesidad de encontrar otras manos, habrá libros de papel.
Sipnosis
Conferencia sobre la lluvia aborda una situación teatral por excelencia: hablar en público. Un conferencista extravía sus apuntes y el nerviosismo lo lleva a decir cosas impensadas. El tema de la charla es la relación entre la lluvia y la poesía amorosa. En el vértigo de la improvisación, el protagonista habla de sí mismo pero no abandona su propósito original; a su mente acuden los poetas que han cambiado el clima con sus versos. De manera fascinante se mezclan dos formas del discurso: la conferencia y la confesión.
Protagonizado por un bibliotecario, este monólogo escrito por Juan Villoro es una honda y muchas veces irónica reflexión sobre la vida de los libros y las emociones que despiertan. Una biblioteca es una colección de amores, repudios, sospechas y nostalgias, por lo que dicen sus volúmenes, pero también por el modo en que han sido leídos. Conferencia sobre la lluvia depara una sorpresa final: el destinatario de la charla. Si un libro depende del lector, una conferencia depende del público. La voz tiene sentido si alguien la oye. Misteriosamente, también define a quien la oye. Escuchar es ser interpretado. Un conferencista habla en escena. Ha perdido sus papeles y sus palabras se precipitan. Mientras tanto, una presencia sigilosa lo escucha con el azoro que provoca la caída de la lluvia.
Saludo a los colegas en nuestro día, como así también a las Asociaciones de bibliotecarios, Instituciones de formación, a las bibliotecas y centros de documentación donde la mayoría ejercemos nuestra profesión.
Por el día del bibliotecario que se
celebra en la República Argentina el 13 de Septiembre me pareció interesante reproducir
esta nota.
Saludos a todos los bibliotecarios del
país.
Ernesto
Por: Manlio Argueta (director nacional de Archivos y Bibliotecas de la República del Salvador)
Hace
años, cuando estudiaba en la universidad, los únicos que contaban con
calculadora eran los ingenieros, profesores de Ingeniería. Hoy la usan incluso
las vendedoras informales. Y la organización académica se hacía con una
computadora del tamaño de una habitación normal.
Después
de varias décadas lo anterior parecerá caricatura para las nuevas generaciones.
Mi hijo José, doctorado en Biociencias, me dice que cuando era estudiante, hace
20 años, cada estudiante tenía una calculadora para sus exámenes. “Los
problemas de matemáticas los resolvíamos en tres horas, pero de no usarlas, nos
hubiéramos tardado cinco días en resolverlos”. Las ciencias han avanzado en los
últimos 30 años más que en todos los miles de años pasados por la humanidad.
Pero tendemos a apreciar solamente los resultados actuales, sin pensar en el
proceso para lograrlos. Esto pasa con los usuarios jóvenes de la tecnología.
Tener un teléfono inteligente es normal. Para los críticos de la tecnología, lo
negativo es que estamos convirtiéndonos en simples consumidores. Lo admito. Es
problema de desarrollo científico, de cultivar la investigación y la inventiva.
Mi nieto
menor está por cumplir tres años, apenas habla, pero ya juega tomando fotos. Y
otro de seis años y medio descubrió, antes que este mortal escritor, que el
planeta Plutón no existe. Otro niño de los que apoyamos desde la biblioteca a
los ocho años hace videos, para ello entra a programas informáticos y hace poco
se le prohibió por un mes ingresar a ciertas aplicaciones o se le acusaría de
hacker. Y ni siquiera ha terminado el segundo grado de educación básica. Es lo
novedoso de la tecnología digital. ¿Debemos preocuparnos? ¿Qué será dentro de
10 años? En Costa Rica en las escuelas inclusivas usan el cuaderno electrónico
y ya se convirtió en problema social conflictivo el UBER (uso de la web para
tener transporte).
Y en
Uruguay, Argentina y Paraguay se están haciendo talleres de “narrativa digital”
en la escuela, usando formatos tecnológicos. No consiste en digitalizar la narración
sino en interrelacionar creación literaria con programas de internet
incorporando imágenes con textos. Se aplica la cultura digital como acción
pedagógica.
Un amigo
poeta me preguntó si yo colocaba ediciones de mis libros digitalizados.
Respondí que no. “Busca esa alternativa”, me dice. Agrega: “Yo tengo 36 años y
solo compro libros digitales”. Cierto. El actual lector electrónico tiene
precios cómodos y su lectura es amigable. Incluso para quienes les gusta leer
en la cama y subrayar. ¿Cómo leerán nuestros nietos? ¿Cómo haremos para evitar
el aburrimiento en la escuela y evitar que la rechacen?
No se
diga las bibliotecas, en 10 años tendremos usuarios que no se podrán atender si
cerramos los ojos ante un futuro tan presente. Y ni Steve Jobs, ni Bill Gates,
ni los japoneses con sus pokémones o los chinos con sus meseros robots son
culpables de nada. Se trata de apropiarnos de una realidad a la que nos lleva
el contexto tecnológico.
Lo
anterior me hace retomar recuerdos de infancia. Cuando cursaba el octavo grado
fui expulsado de la biblioteca pública. Pese a vivir en una provincia aislada
de la metrópoli, desde temprana adolescencia me informé por mi madre de obras.
Pero me informé por mi madre de obras literarias inexistentes en el mercado provincial.
De acuerdo con José Mujica, los procesos de formación infantil están
condicionados a su formación familiar; yo digo: también por la escuela. El
bibliotecario no pensaba que aquel adolescente podía conocer la existencia de
obras literaria que no se ofrecían en la biblioteca de San Miguel. Veamos mi
programa diario de esa época.
De las
13 a las 17 horas jugaba fútbol, de lunes a sábado, imagínense el calor de esa
ciudad. Cenaba en media hora y así como andaba vestido, iba una hora a recibir
clases privadas de matemáticas y física. A las 19 llegaba a la biblioteca,
sudoroso y despeinado, aún con grama de la cancha futbolera en los cabellos. Mi
error fue pedir obras no adecuadas a mi edad, ni a la imagen que presentaba
ante el bibliotecario, con mi facha de “cipote” que pregunta por libros
extraños: Dostoyevsky, Víctor Hugo, Vargas Vila, Hugo Wast y Jorge Isaacs. El
bibliotecario pensaba que me burlaba de él, pues me ofrecía revistas y
enciclopedias que ya había leído de niño en la misma biblioteca, cuando era
atendida por otro bibliotecario. Mis respuestas negativas las tomó como
ofensas.
Terminó
por acusarme de malcriado, de ser bromista irrespetuoso con los mayores, y fue
el motivo de prohibirme entrar a la biblioteca. Por supuesto que golpeó mis
emociones, aunque mi naciente espíritu crítico ya podía avaluar a aquella
persona como inapropiada para estar en ese puesto. El bibliotecario desconocía
obras y autores que yo mencionaba, y si los conocía, tomaba mis preguntas como
burlas.
Muchos
años después he concluido que mi imagen de joven sudoroso, despeinado y de edad
casi infantil (flacucho, colocho y morenito para colmo) no respondía a alguien
conocedor de esas obras. Yo aún no las había leído, es cierto, pero conocía
todo Salgari; al personaje de la modernidad de esa época, Doc Savage; “Las mil
y una noches”; a Mark Twain, y un menú reducido de lecturas que me permitían
discutir con uno o dos maestros lectores. La asesora era mi madre, obras que
ella había leído en su adolescencia pero inalcanzables para un hogar ya
entonces deprimido y provincial.
Aquel
bibliotecario me creó un trauma porque ya nunca pude leer en una biblioteca;
debe ser libro propio, prestado o donado. Además, leo acostado. Por paradoja
soy el director de la Biblioteca Nacional desde hace 16 años. Y mi deber es
ponerla acorde con nuevos formatos, para lo cual recibo el apoyo necesario pese
a tiempos de austeridad.
La
pregunta me sigue obsesionando: ¿qué será de los menores de edad, como los
infantes arriba mencionados, de quienes un adulto mayor como yo recibe
lecciones de vida? Ellos nos necesitan abiertos a una realidad, informados,
para orientarlos y aceptar sus requerimientos educativos que sean acordes con
la modernidad tecnológica.
Fuente
bibliográfica
ARGUETA, MANLIO, L.P., [sin fecha]. Lo
digital y la tradición. La Prensa Gráfica [en línea]. [Consulta: 4 septiembre
2016]. Disponible en: http://www.laprensagrafica.com/2016/09/04/lo-digital-y-la-tradicion.
Durante 50 años, Robert Morin trabajó como bibliotecario en la biblioteca
Dimond de la Universidad de New Hampshire, donde se había graduado en 1963.
Vivía
modestamente, salía poco, manejaba un auto viejo y comía comidas congeladas.
Adoraba leer, y leyó, en orden cronológico, todos los libros publicados en
EE.UU. desde 1930 hasta 1940, excepto libros infantiles, de texto, cocina y
tecnología. En el momento de su muerte, había leído 1938, una cifra similar al
año de su nacimiento.
También
tenía una pasión por ver películas, y de 1979 a 1997 vio más de 22.000 videos.
Muchos pensarían que era un poco excéntrico, pero nadie pudo imaginarse ni por
un segundo que al morir en 2015 a los 77 años dejaría una herencia de nada
menos que cuatro millones de dólares a la universidad.
De esa
fortuna, Morin sólo especificó que deseaba que 100 mil dólares estuvieran destinados
a la biblioteca donde pasó casi toda su vida.
Ese
dinero “proporcionará becas para estudiantes que trabajan y estudian, apoyará a
los miembros del personal que continúan sus estudios en la biblioteca de
ciencias y financiará la renovación de una de las salas multimedia de la
biblioteca”, indicó la universidad en un comunicado.
"Como
ex alumno, a Bob le complacería saber que la mayoría de su dinero, $ 2,5
millones, ayudará a poner en marcha un centro de carreras ampliado y céntrico
para nuestros alumnos y ex alumnos", señaló Mark Huddleston, presidente de
la universidad. "Estamos comprometidos a proporcionar los recursos
necesarios para asegurar que cada estudiante logre el éxito profesional y el
regalo de Bob jugará un papel importante en este esfuerzo".
Otro
millón de dólares se destinará a apoyar una pizarra electrónica para el nuevo
estadio de fútbol. En los últimos 15 meses de su vida, Morin vivió en un asilo
en el que comenzó a ver los partidos de fútbol en la televisión, así como a
entender las reglas del juego y conocer los nombres de los jugadores y equipos.
Es
inusual que las donaciones de semejante magnitud se produzcan sin condiciones.
"Las
donaciones sin restricciones dan a la universidad la posibilidad de utilizar
los fondos para nuestras más altas prioridades y oportunidades
emergentes", precisó Deborah Hutton, presidenta de la fundación de la
universidad.
"Este es un regalo extraordinario que se produce en
un momento crítico para el lanzamiento de una serie de iniciativas que sólo
podrán lograrse a causa de su generosidad", agregó.
Fuente bibliográficaBibliotecario deja herencia de cuatro millones de dólares a universidad donde trabajó. [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 6 septiembre 2016]. Disponible en: https://player.theplatform.com/p/0L7ZPC/ztJiSNFd5ggr/select/kqNWIprRJyMK?autoPlay=true.
En el día del bibliotecario recordamos a: Alfredo Lovell
Alfredo Lovell y Sainz de Ajá, nació
en Marbella un 26 de Marzo de 1880. Realizó sus estudios de bachiller en
Francia, en el instituto de Bayona, y el bachillerato Español en el instituto
de Guipúzcoa, en San Sebastián. En 1900 se graduó de licenciado en Filosofía y
Letras en la Universidad de Oñate. Cursó durante un tiempo también, la carrera
de Derecho.
Terminó el doctorado en Filosofía y Letras, sección historia, en la Universidad
de Madrid, obteniendo el título el 15 de Mayo de 1907.
En 1909, como alumno libre cursó y aprobó en la Universidad Central de Madrid
todas las asignaturas requeridas para el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y
Arqueólogos.
Fué secretario de la Asamblea Nacional de doctores en ciencias y en filosofía y
letras, reunida en Madrid en el año 1900.
Distinguiéndose Lovell como infatigable estudioso, fué profesor de
Historia Universal de España, de Geografía Comercial, de Estadisticas, de
Economía y de Derecho Administrativo en el Colegio de Segunda Enseñanza de
Irún, incorporando al Instituto de San Sebastián y a la Escuela Superior de
Comercio de Bilbao. Dichos cargos los ocupo desde 1900 hasta 1905.
En 1908 fué profesor del College de L´ Aliance Françaice, en Alicante.
En 1909 se presentó al concurso para cubrir la cátedra de historia de Palencia,
logrando los votos del presidente del tribunal, el académico Vicente Vichau, y
del juez competente.
LLegó a Rosario en el año 1911, fijando su residencia en nuestro barrio, calle
Pavón 5740, entre Arijón y Centenario (esta casa aún se conserva en la
actualidad) , inmediatamente se relacionó con personas del mundo académico, tal
es así que; El 1º de Abril de 1911, el Dr. Juan Alvarez, lo asigna en el cargo
de bibliotecario, o sea que fué el primer bibliotecario que tuvo la
"Biblioteca Argentina" de Rosario. El sr Lovell siguió su
dilatada carrera en este cargo, a pesar de que el 15 de Abril del mismo año, lo
honró el rector del Colegio Nacional Nº 1, Dr. Isidro Quiroga, como
bibliotecario titular de dicho establecimiento educativo, cargo que ocupó hasta
el 31 de Marzo de 1912. Días después cumplió similares funciones en la Escuela
Nacional de Comercio hasta 1923. En ambos establecimientos fué también profesor
de historia y geografía, pero en ninguna circunstancia descuidó su tarea.
En tiempos de huelga, los barrios quedaban incomunicados por falta de trasporte,
pues Lovell llegaba hasta la Biblioteca Argentina, a caballo, desde
el Saladillo.
El 23 de Marzo de 1923, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo nombró
oficial1º del Juzgado Federal de Rosario, actuando en la Secretaría Electoral
hasta 1942, año en que se retiró para acogerse a los beneficios de la
jubilación.
Cabe acotar que este vecino ilustre del Saladillo, ejerció 5 veces la función
de director de la Biblioteca Argentina.
Pablito me acaba de decir
que quiere ser bibliotecario como yo. Eso me ha dicho hoy; antes, quería ser
jugador internacional de fútbol y participar en Masterchef Junior (al
mismo tiempo). Vamos, no tenía las ideas muy claras la criatura.
Yo le digo que ser
bibliotecario en nuestros tiempos ya no es lo que era. Aquella sabiduría que
atesoraban las bibliotecarias y bibliotecarios "enciclopédicos" hace
mucho que brilla por su ausencia. En las bibliotecas del siglo XXI casi tenemos
que ser más gestores informáticos que conocedores de cultura. Los usuarios son
cada vez más autónomos, nos necesitan menos y, por ello, se podría pensar que
nuestro papel en la sociedad es menos importante. Yo no soy de esa opinión.
Tras 20 años de profesión, aún me sigue motivando la sonrisa o un simple
"gracias" proveniente de esa persona a la que auxilias en su afán de
entretenerse o de aprender.
Fuente bibliográfica
VIZ BLANCO, MARÍA JOSÉ [sin
fecha]. Labor bibliotecaria. [en línea]. [Consulta: 7 septiembre 2015].
Disponible en:
http://www.laopinioncoruna.es/cartas/2015/08/25/labor-bibliotecaria/988722.html.
En la actualidad el perfil del profesional bibliotecológico ha evolucionado en consonancia con el desarrollo tecnológico.
Los bibliotecarios cubanos celebran su día el 7 de junio. Foto:Romero Vidal
Tan antiguo como la formación de las primeras bibliotecas de la Humanidad, el oficio de bibliotecario no ha ocupado, muchas veces, el justo lugar que merece en la literatura historiográfica. Aun hoy en día cuando el desarrollo científico-técnico impone nuevos y diferentes retos, quizá pocos imaginen lo esencial que resulta la figura y presencia del bibliotecario para el éxito de cualquier servicio basado en tecnologías de la información.
Si bien es imposible desligarnos de esa imagen del guardián de libros, organizador, proveedor y profundo conocedor de sus contenidos, esta silente y noble profesión también ha tenido que adicionar a su rol tradicional de servicio público, con prácticas profesionales acordes a las necesidades que requiere la sociedad moderna.
En la actualidad el perfil del profesional bibliotecológico ha evolucionado en consonancia con el desarrollo tecnológico, su imagen se ha transformado y es por ello que lo versátil de la profesión hace que se requiera de una peculiar formación y de una no menos peculiar experiencia de vida.
Cuba celebra cada 7 de junio, el Día del Bibliotecario, en homenaje al natalicio de Antonio Bachiller y Morales, conocido como el padre de la bibliografía cubana.
El programa de actividades incluirá un evento científico, talleres, exposiciones, presentaciones de libros, encuentros con personalidades de la cultura, la campaña Libros en Movimientos y E-Books, libros electrónicos para todos, que este año tendrá como novedad la utilización de la red inalámbrica (WI-FI) a través de la cual se podrá obtener 1GB de documentos de las más diversas temáticas en el Museo Numismático y la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena.
La labor de los bibliotecarios cubanos se extiende a distantes zonas de la geografía, así como a escuelas, barrios, centros penitenciarios, entre otros espacios. Las bibliotecas públicas acogen también talleres literarios; organizan círculos de lectura en las escuelas; y diversas tertulias sobre el libro y sus autores. Junto a cada investigador, estudiante, o lector siempre está el bibliotecario. Su oficio, callado pero preciso, también ayuda a conservar la cultura cubana.
Fuente bibliográfica
DUARTE DE LA ROSA, AMELIA 2015. Oficio de bibliotecario. Granma.cu [en línea]. [Consulta: 5 junio 2015]. Disponible en: http://www.granma.cu/cultura/2015-06-04/oficio-de-bibliotecario.
Ante un nuevo Día del bibliotecario quería destacar
que necesitamos Asociaciones de Bibliotecarios fuertes, que se interesen
también en el aspecto gremial y que aglutinen la mayor cantidad de asociados en
las distintas ciudades o provincia de nuestro país; y donde no las hay... instarlos a crearlas. Debemos salir de una actitud individualista, y hacernos tiempo
para colaborar, participar y comprometernos; “nuestra profesión se
enfrenta a retos y desafíos constantes y cada vez más acelerados y radicales”.Por lo tanto debemos estar preparados para actuar
corporativamente por la profesión.
Si no hacemos valer nuestros derechos, nadie lo va a
respectar.
Saludo a los colegas en nuestro día, como así también a las Asociaciones
de bibliotecarios, Instituciones de formación, a las bibliotecas y centros de
documentación donde la mayoría ejercemos nuestra profesión.
Sirva este día de festejo, pero también de reflexión, una ocasión
para reivindicar nuestra identidad, nuestra función, nuestros servicios,
nuestro trabajo.
A lo largo del tiempo
el trabajo del bibliotecario se ha ido formulando y re-formulando al compás de
demandas sociales, políticas, educativas y tecnológicas. El espacio
bibliotecario se ha transformado y se continuará transformando. Puede que
perdamos sentido de ser en un sentido
tradicional, pero ganaremos un nuevo sentido de hacer transformador, innovador,
colaborativo y social.
www.noctunar.con Gracias a Paulina Gamberg por hacerme saber que las palabras de la imagen son atribuidas a Roberto Juarroz.
Próximos a celebrar un nuevo "Día del Bibliotecario" me parece
importante recordar a los profesionales poseedores de una impronta personal que
los hicieron trascender mas allá de la cuidad de Rosario y que a mi
criterio, marcaron de una manera u otra a varias generaciones de bibliotecarios.
El orden no
implica ninguna valoración:
Dimitroff, Demetrio
Dreyer, Olga
Frutos, Raúl A.
Gajates, Clides C.
Martínez de Dimitroff, María I.
Portaneri, Celia
Mª
Tavano, Beatriz E.
Como así también a los que aportaron con su
trabajo y dedicación al engrandecimiento institucional de la Asociación de Bibliotecarios
Profesionales de Rosario
Corengia, Esther A.
Costa, Graciela A.
Martínez, Nilda D.
Por su puesto que en estas listas faltarán, a criterio de los colegas, otros bibliotecarios
con igual o mayor participación en la profesión, pero este es un
pequeño paso para que se escriba la historia de la profesión en Rosario.
Feliz Día!!!... a todos los
que abrazan la profesión, algunos con una vocación determinada, otros se fueron
enamorando con el tiempo, pero todos, aportamos nuestro granito de arena en el quehacer
diario y desde el colectivo profesional, elevar el concepto del trabajo bibliotecario
ante la sociedad.
Ante un nuevo Día del Bibliotecario
es bueno recordar a los que nos precedieron con triunfos o fracasos pero han dejaron una
huella, a los profesores de las distintas carreras que con visión de futuro apostaron y apuestan por la enseñanza,
a los que estuvieron y están en cargos directivos en las Asociaciones de
Bibliotecarios por la magnitud de la obra que enfrentan y a nosotros mismos por el esfuerzo y vitalidad que invertimos en la profesión,
todo esto hace que orgullosamente podamos llamarnos BIBLIOTECARIOS.
Says Daniel Lee, research librarian at Navigator Ltd,
“libraries are buildings and they don’t do anything – it’s the librarians and staff that make things
happen in any library. They are
what’s most useful.”
"Las bibliotecas son edificios y por si
mismas no hacen nada – son los bibliotecarios y el personal los que hacen que
las cosas sucedan en cualquier biblioteca. Ellos son lo más útil”.
Daniel Lee
Quiero aprovechar este nuevo 13 de septiembre para enviar un saludo afectuoso a los bibliotecólogos y a todos aquellos que con el mismo espíritu están frente a una biblioteca, que a pesar de las dificultades y crisis se sienten comprometidos con la profesión, que lo demuestran con en sus acciones cotidianas contribuyendo con el crecimiento de nuestra sociedad.
Trabajemos juntos en pos de un futuro mejor … el desarrollo de la profesión se hace desde el esfuerzo personal, desde nuestro puesto de trabajo y desde las instancias institucionales existentes, por ello es necesaria la "participación de todos". Un campo del conocimiento no lo hace "grande a uno", es “uno” con su esfuerzo y entrega el que hace grande a un campo del conocimiento, y al lograrlo... uno también puede llegar a ser "grande"
Desde hace 66 años, cada 13 de septiembre los bibliotecarios celebran su día.
La fecha fue instituida en 1942 en el Congreso de Bibliotecarios reunido en Santiago del Estero.
La fecha en que se conmemora el Día del Bibliotecario remite a 1810, cuando Mariano Moreno publicaba en la Gazeta de Buenos Aires, un artículo en el que informaba sobre la creación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires y se exhortaba a los vecinos a donar libros. Es la institución que hoy se conoce como Biblioteca Nacional.
Quiero aprovechar este nuevo 13 de septiembre para enviar un saludo afectuoso a los bibliotecólogos y a todos los que están frente a una biblioteca, que a pesar de las dificultades y crisis se sienten comprometidos con la profesión, que lo demuestran con en sus acciones cotidianas contribuyendo con el crecimiento de nuestra sociedad.
Este es un texto que hace tiempo viene circulando el la web, y que muchos de ustedes habrán leído (disculpas) pero creo que viene bien refrescarlo para no caer en estas practicas. Como celebración del “Día del Bibliotecario en nuestro país” Dijo Dios: "funda bibliotecas por todo el mundo, selecciona los documentos de mayor calidad, organiza la información, presta servicios de excelencia y vela por el interés de los usuarios.
Mantén actualizado el catálogo y confortable la sala de lectura, pero no escuches la Voz de las Tinieblas, porque si lo haces te confundirás y desaparecerás como profesional".
El bibliotecario hizo todo cuanto Dios le pidió. Levantó bibliotecas en bellos edificios e incorporó en ellas todo tipo de documento creado por el hombre para registrar la información: tabletas de arcilla, rollos de papiro o pergamino, códices de pergamino o papel, libros, revistas, diarios y boletines impresos y toda la gama de documentos icónicos, audiovisuales, tridimensionales y legibles por computadora, incluyendo aquellos disponibles en Internet.
Inventó y reinventó el catálogo (y con él la recuperación de información), que evolucionó desde las antiguas bibliotecas sumerias hasta las bibliotecas ciberespaciales. Lo mismo sucedió con múltiples herramientas y métodos de trabajo: normas de catalogación, sistemas de clasificación, vocabularios controlados, el análisis por facetas y la indización pre y poscoordinada, el servicio de referencia y el de circulación, incluyendo el préstamo interbibliotecario y la conmutación bibliográfica. Capacitó a las personas en todo lo necesario para acceder a la información. Adoptó normas de calidad y definió indicadores de desempeño específicos para las bibliotecas con el fin de evaluar y mejorar sus procesos, productos y servicios. Para todo ello utilizó la tecnología de punta disponible en cada época y en cada lugar, desde el punzón requerido para la escritura cuneiforme hasta la computadora y las telecomunicaciones del siglo XXI. Alzó su voz en contra de la censura y en defensa del derecho de todos a la información.
Elevó su carrera a los más altos niveles universitarios, convirtiéndola en una profesión útil, noble y digna.
Pero una mañana, mientras el bibliotecario realizaba sus tareas habituales, sintió una voz ronca y tenebrosa que le llamaba: "Ven, acércate". El bibliotecario giró la cabeza y observó, entre incrédulo y sorprendido, la visión de un árbol seco y retorcido, de negro tronco y negras ramas.
La voz insistió: "Ven, acércate".
Temeroso, pero lleno de curiosidad, el bibliotecario se acercó con precaución. Una sensación sobrenatural se apoderó de él y el lúgubre manto de la noche cubrió la zona, en pleno día.
"Pero acércate, no tengas miedo" - volvió a escucharse.
"¿Eres la Voz de las Tinieblas?" - preguntó el bibliotecario con ingenuidad. "Dios me ha recomendado que no te escuche".
"Pero no digas tonterías; dialoguemos y verás que esta conversación te conviene" - contestó la Voz.
El bibliotecario se acercó a la extraña planta, lo suficiente para ver las víboras que arrastrándose por el suelo comenzaban a enroscarse en el tronco.
"¿Quién eres?" - preguntó intrigante la Víbora Primera, al tiempo que mostraba su venenosa lengua de dos puntas.
"Soy el bibliotecario" - contestó éste con seguridad.
"¡Ja, ja, ja! ... Pobre ... ¿Pero en qué mundo vives? ¿No sabes que ahora te llamas documentalista?".
"¿Qué estás diciendo?" - intervino la Víbora Segunda - "lo correcto es especialista de la información o científico de la información".
"Gestor de información, nena, los otros términos ya fueron" - interrumpió la Víbora Tercera.
"Mejor en inglés, information manager" - opinó la Víbora Cuarta - " si eres el jefe chief information officer o CIO".
"Yo prefiero gestor del conocimiento, knowledge manager o chief knowledge officer" - agregó la Víbora Quinta con aires de sabelotodo.
"Pero con esos títulos, nadie va a saber quién soy ni qué hago" - reaccionó el bibliotecario".
"Precisamente, de eso se trata" - le informó la Víbora Sexta - "todo el mundo se preguntará qué es y qué hace esa persona, pero como a nadie le gusta pasar por ignorante, se limitarán a decir ...
¡Ahhh qué interesante!".
"¡Bibliotecario!" - recalcó con desprecio la Víbora Séptima - "¡no existes! ¡Desapareciste con el meteorito que extinguió a los dinosaurios!".
Todavía resonaban en su mente las risas de burla de los reptiles interlocutores, cuando el bibliotecario se dio cuenta de que, repentinamente, la visión había desaparecido. Invadido por el temor, se ocultó entre los estantes del depósito. Desde allí escuchó la voz de Dios que le llamaba:
"Bibliotecarioooooo, ¿dónde estás? ... ¿Qué haces ahí? ... ¿por qué te escondes?".
"Porque me da vergüenza que los demás me vean con esta profesión de murundanga que tengo" - contestó el bibliotecario, sin atreverse a levantar la mirada del suelo.
"¿Quién te ha hecho pensar que es una profesión de murundanga? ¿Acaso le has prestado atención a la Voz de las Tinieblas?" - preguntó Dios.
"Las víboras me llamaron con insistencia y no pude evitarlo..." - lloriqueó cobardemente.
Entonces Dios se enfureció con el bibliotecario y pronunció su severo castigo:
"Por haber escuchado la Voz de las Tinieblas vivirás para siempre en la confusión y la falta de identidad. Te echaré de la Dirección de la Biblioteca que será ocupada por otros profesionales, aunque no sepan nada al respecto, mientras el público será atendido por un empleado administrativo que ganará más que tú. Te ocuparás de los procesos técnicos, pero todos te harán sentir que "sólo sirves para hacer fichas". Cuando solicites un ayudante catalogador, te asignarán personal de maestranza bajo tratamiento psiquiátrico y nunca te comprarán un tesauro actualizado. En promedio ganarás dos sueldos mínimos al mes y nunca lograrás un estatuto profesional que te proteja".
"Cualquiera vendrá y te dirá "no se dice usuario, sino cliente" y tú lo repetirás como un loro, aunque hayas dejado la vida para satisfacer al usuario. O te dirán: "el paradigma de la biblioteca ya no es la conservación sino el acceso" y tú te impresionarás con la frase, aunque hayas pasado siglos facilitando el acceso. Tu lugar de trabajo será llamado centro de documentación, centro de materiales didácticos, centro de información o centro de gestión del conocimiento, y cuando la confusión entre todas estas organizaciones -que en definitiva hacen lo mismo- sea inmanejable, entonces las llamarás unidades de información o UI. Por supuesto, la sociedad no será capaz de diferenciar entre ellas y las seguirá llamando biblioteca".
"Víboras nacionales y extranjeras dictarán cursos inútiles en los que sólo aprenderás que catalogación se dice descripción bibliográfica y que la clasificación ha pasado a ser organización del conocimiento; términos desconocidos para cosas que tú mismo inventaste. Además de confundirte, pagarás estos cursos a precio de oro y saldrás de ellos sabiendo lo mismo que sabías antes de inscribirte".
"Pondré enemistad entre los bibliotecarios universitarios y no universitarios y haré proliferar títulos en Bibliotecología con uno a cinco años de estudios, pero todos accederán a los mismos cargos y salarios; así permanecerán eternamente divididos y frustrados. Jamás te pondrás de acuerdo con otro bibliotecario".
"Hasta que llegue el día en que revalores en serio tu profesión y tu propia terminología, te revalores a ti mismo y a los numerosos bibliotecarios que han ofrecido su creativo aporte para que, ¡durante milenios!, los seres humanos hayan podido acceder a la información. Entonces, si todavía estás a tiempo, te perdonaré".
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