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5 oct 2017
Larga vida al libro impreso
Por: Jesús Hernández
Todo cambio supone una pequeña revolución. La llegada de los formatos digitales de las diferentes
manifestaciones culturales (música, cine, literatura, arte…) fue recibida hace
unos años con escepticismo y temor. Del mismo modo, los más agoreros aseguraban que el libro impreso estaba herido de
muerte y que las ediciones digitales terminarían con las impresas en
cuestión de un par de años. Nada más lejos de la realidad. Hoy podemos afirmar
que la revolución digital no hace sino abrir otra ventana, ofrecer otra manera
de consumir literatura, que no excluye al producto impreso.
Si bien es verdad que el libro digital ha
ganado adeptos, esto no significa que el libro impreso los haya perdido.
Más bien ambos conviven en un mundo editorial que tras unos años de decadencia,
vuelve a ver cómo sus perspectivas remontan. De hecho, los últimos datos
publicados por el Observatorio de la Lectura y el Libro, dependiente del
Ministerio de Educación, señalan que tras la fuerte caída de 2013 y el
estancamiento de 2014 y 2015, durante el 2016 la producción de libros impresos
creció un 6,4%. Estos mismos datos reflejan que los libros en papel
representaron el 70,7% del total, mientras que la edición electrónica abarca el
29,3%.
Una
primera lectura de estos datos nos hace comprender que el formato digital no
sólo no ha sustituido al impreso sino que éste continúa manteniendo su
hegemonía. Otro marcador que demuestra la buena salud del sector
editorial español es que, en la actualidad, España es el segundo país europeo
con mayor número de librerías, sólo superado por Alemania. Este estudio
realizado por la Federación de Editores Europeos avala la tesis de los que
pensamos que, pese a la omnipresente digitalización, el valor del libro impreso y sus características diferenciales
continúan siendo apreciadas por los lectores.
La
industria del libro impreso cuenta, además, con nuevas herramientas para su
desarrollo. Por ejemplo, las que ofrecen los nuevos sistemas de impresión bajo demanda, que permite tiradas
mucho más pequeñas basadas en las demandas directas de cada consumidor,
eliminando así los costosos stocks y el gasto que éstos suponen tanto para
editoriales como para librerías y puntos de venta.
Además,
este tipo de impresión más flexible permite que las editoriales más pequeñas o
incluso los editores particulares puedan realizar tiradas de manera más
asequible. Así, con la impresión bajo demanda los editores pueden actualizar y
modificar las obras con un coste muy bajo, lo que permite que las editoriales
sean mucho más ágiles y flexibles de lo que eran anteriormente.
Por otro
lado, estas tiradas cortas bajo demanda facilitan
la recuperación de algunos títulos previamente descatalogados, y encuentran su
aplicación ideal en el sector de la educación, pues ahora se pueden
actualizar fácilmente los contenidos en reediciones “a medida”.
El libro impreso aún tiene mucho que
ofrecer, y un público amplio que no está dispuesto a dejar que la
experiencia táctil de la lectura sea reemplazada por la frialdad de la pantalla.
Porque más allá de las palabras, el libro físico ofrece algo que el digital no
podrá: una experiencia sensorial mucho más completa.
De hecho
hay estudios que aseguran que recordamos
mejor los textos leídos en un formato impreso porque el contexto (los márgenes,
las arrugas de la página, el olor, el hecho de pasar las páginas…) nos ayuda a
formarnos una imagen mental más acertada de aquello que leemos. Los
expertos plantean, además, que la lectura en formatos electrónicos suele ser
más superficial, y por tanto la concentración es menor.
El libro electrónico da respuesta al cambio de
hábitos de algunos lectores, y hoy podemos elegir bien el formato digital o
el impreso según nuestros diferentes momentos de lectura y necesidades
concretas. No dejemos que la llegada de una nueva tecnología nos haga olvidar
todas las ventajas del formato impreso y el largo recorrido que aún tiene por
delante.
Fuente bibliográfica
HERNÁNDEZ, JESÚS, 2017. Larga vida al libro impreso. La lectora futura [en línea]. [Consulta: 5 octubre 2017]. Disponible en: https://lalectorafutura.comlarga-vida-al-libro-impreso/.
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17 sept 2014
Recordamos mejor lo que leemos en papel que lo que leemos online
Aunque el proceso pueda parecernos exactamente el mismo, leer en papel y leer online no parece ser lo mismo, al igual que escuchar un mensaje y leerlo tampoco activa las mismas regiones de nuestro cerebro.
Al menos es lo que sugiere una investigación de la Universidad de Houston que señala las diferencias cualitativas entre leer una noticia a través de Internet y hacerlo en los periódicos convencionales, sin entrar a juzgar qué método es tecnológicamente más interesante.
La memoria en el mundo online
El descenso en picado de las ventas de periódicos físicos a favor de los periódicos digitales o los agregadores de noticias personalizados pudiera no ser la panacea de la nueva era de la información, al menos en cuanto a número de noticias leídas, comprensión y memorización de las noticias por parte del lector medio.
Para detectar las diferencias entre la prensa online y offline, Arthur D. Santana y sus colegas de la Universidad de Houston formaron dos grupos de estudiantes universitarios. Un grupo tenía que leer la versión impresa del The New York Times, y el otro debía leer la misma edición online. A ningún participante se le reveló que se le estaba poniendo a prueba su capacidad para recordar noticias.
Después de veinte minutos de lectura, se le solicitó a los participantes que recordaran la mayor cantidad de titulares, temas generales y puntos principales de las noticias leídas. Los lectores offline recordaron un promedio de 4,24 noticias, mientras que los lectores online recordaron un promedio ligeramente inferior: 3,35.
La razón de esta discrepancia aducida por Santana estriba en la propia naturaleza de la Web, que permite escanear las noticias más que resultar metódico en su lectura. Además, en el medio donde leemos suelen producirse toda clase de interrupciones o llamadas de atención en forma de enlaces a otras noticias o juegos.
A ello se suma que la naturaleza de las noticias online resulta efímera, puede aparecer y desaparecer sin previo aviso, incrementando la sensación de que quizá no vale tanto la pena recordar lo leído. También confiamos en que la noticia se encontrará al mismo tiempo en otros lugares de Internet, almacenada electrónicamente, y por tanto resultará fácilmente recuperable, lo que evita sintamos que necesitamos recordarla.
Finalmente, la configuración online no ofrece las noticias con una jerarquía estable que señale las historias más importantes frente a las menos importantes. Las jerarquías online son cambiantes, y además es el propio lector quien las puede establecer, así que el lector medio es menos apto para recordar las noticias más relevantes frente a las más irrelevantes.
Experiencia lectora y vocabulario
Todo ello, pues, no significa necesariamente que debamos conservar esos enormes papales sin grapar en los que vienen impresas las noticias, sino que tal vez debería buscarse una plataforma de lectura que recoja las ventajas de la lectura online unidas a las ventajas de la lectura offline (o que el modelo de negocio de la prensa offline cambie radicalmente para competir en igualdad de condiciones con la prensa online).
Y, si bien el experimento de Santana dista de ser concluyente, y quienes confiamos en la revolución que supone administrar la información online podamos detectar cierto tufillo ludita en sus plantamientos, lo cierto es que la lectura online no parece ser exactamente igual que la lectura offline En 2005, Diana DeStefano y Jo-Anne LeFevre, psicólogas del Centro de Investigación Cognitiva Aplicada de la Universidad de Carleton (Canadá), sometieron a revisión exhaustiva nada menos que 38 experimentos ya realizados en relación con la lectura de hipertextos, tal y como explica Nicholas Carr en su libro Superficiales:
La mayoría de las pruebas indicaba que “las crecientes demandas de toma de decisiones y procesamiento de la lectura”, especialmente en contraste con “la presentación lineal tradicional.” Concluyeron que “muchas prestaciones del hipertexto aumentaban la carga cognitiva, pudiendo exigir mayor memoria de trabajo de la que tenían los lectores.”
Estas diferencias no son tan sorprendentes si comparamos, por ejemplo, el acto de leer con el acto de escuchar. Cuando leemos una frase con palabras que no acabamos de comprender, detenemos un poco la velocidad de la lectura o incluso retrocedemos, porque la lectura no consiste en hacer fotografías del texto, sino que se parece más a buscar el sentido de los grafismos que fotografía el ojo. Tal y como explica Alain Lieury en su libro ¿A qué juega mi cerebro?:
Pero si el ojo lee una frase como “el tiranosaurio surgió de entre los pteridofitos arborescentes para devorar a un triceratops”, varias de las palabras requerirán un tiempo de identificación y de búsqueda de sentido más largo. Por ejemplo, si la duración de la mirada es de alrededor de un cuarto de segundo para una palabra familiar (animal), puede ser el doble (medio segundo) para una palabra compleja o poco conocida como "tiranosaurio". Si la palabra no se conoce, como "pteridofitos" (helechos), ¡hay que hacer un alto para buscar su sentido en el diccionario o para preguntar a papá o mamá!
Esta forma de detenernos, leer más despacio o incluso volver a leer no se produce en la audición, en una clase oral o cuando se escucha una emisión radiofónica, lo cual explica por qué la lectura es un medio extraordinario para entender una explicación porque permite la autoregulación en función de la dificultad del texto.
Estas diferencias entre audición y lectura también pueden producirse de otro modo entre lectura y lectura online. No ya por la propia manera de procesar la información de nuestro cerebro, sino por la forma en que los textos online se suelen presentar para adecuarse a ese procesamiento: es decir, evitar en el medio online los términos complejos o las frases demasiado complejas, habida cuenta de que online hay más distracciones que offline. Ello redunda en un texto más básico, en quizá ideas más simples, tal y como ha puesto en evidencia Mark Bauerlein, profesor de lengua inglesa de la Universidad de Emory, en su estudio al respecto publicado en The Dumbest Generation: How the Digital Age Stupefies Young Americans and Jeopardizes Our Future. Abunda también en ello Jeremy Rifkin en su libro La civilización empática:
Por ejemplo, un periódico contiene 68,3 palabras de uso poco frecuente por cada mil palabras; los libros para adultos, 52,7 palabras por cada mil. Por el contrario, los programas televisivos para adultos más vistos únicamente contienen 22,7 palabras raras. Internet, debido al énfasis puesto en la velocidad, la navegación, la multitarea y la necesidad de establecer referencias rápidas, favorece las construcciones con palabras sencillas y una estructura de frases simples.
http://www.xatakaciencia.com/tecnologia/recordamos-mejor-lo-que-leemos-en-papel-que-lo-que-leemos-online?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29&utm_content=Netvibes
25 jul 2014
Síndrome de Visión Informática
Por: Bertha Sola
Se sugieren descansos continuos,
Hoy
en día los gadgets han ganado popularidad porque facilitan la vida de las
personas. Sin embargo, el uso frecuente de computadoras, smartphones y tablets
se ha asociado a trastornos visuales debido al hecho de pasar muchas horas
frente a estas pantallas luminosas a una distancia muy reducida. Además, estos
dispositivos también hacen que los usuarios adopten posturas inapropiadas que
terminan afectando su salud y calidad de vida.
Según el Dr. José Luis Merino, Miembro de la Asociación Mexicana de Oftalmología Pediátrica, recientemente surgió el concepto de Síndrome de Visión Informática (SVI) para describir un trastorno relacionado con la exposición cercana y prolongada a monitores de pantalla plana, laptops, celulares, GPS y televisores, entre otros dispositivos electrónicos, ya que en su mayoría usan fuentes de diodos emisores de luz conocidos como LEDs.
Si bien son eficaces porque ahorran energía, el principal problema que plantean los LEDs que emiten luz blanca brillante radica en su alto contenido de radiaciones de la banda del azul y ultravioleta[i], la cual es muy nociva para la retina y el cristalino de los ojos, siendo una de las causas de problemas visuales como degeneración macular asociada a la edad, cataratas y ceguera en el mundo civilizado.
El experto indica que 9 de cada 10 de quienes se exponen de forma prolongada a la luz azul brillante (también presente en los rayos solares) suelen desarrollar el SVI[ii], que se caracteriza por visión borrosa o doble, fatiga ocular, mareos, dolor de cuello, espalda y cabeza, síntomas que en algunas personas desaparecen y en otras empeoran por el uso constante de esos gadgets.
“Está comprobado que cuando miramos una pantalla pestañeamos hasta 30% menos que en situaciones normales, causando poca irrigación lagrimal y, por tanto, resequedad de los ojos”, explico el especialista.
El uso de fuentes LED está creciendo de manera exponencial tanto en el campo de la iluminación ambiental como en aparatos de uso personal y doméstico. Por eso, para evitar el Síndrome de Visión Informática, el especialista señala la necesidad de usar lentes adaptables fotosensibles que han sido diseñadas para filtrar de forma selectiva la luz perjudicial y así evitar tanto el deslumbramiento como la tensión ocular.
El Dr. Merino indica que los lentes Transitions Signature, han sido avaladas por el Consejo Mundial de Optometría y la Asociación Americana de Optometría, debido a que bloquean al 100% los rayos UV y un porcentaje significativo del espectro de luz azul, además de adaptarse a cualquier cambio de iluminación en interiores y exteriores, lo que proporciona mayor confort visual para el mundo digital en el que vivimos, trabajamos y descansamos.
En ese sentido, el Dr. José Luis Merino advierte que las amas de casa, estudiantes, usuarios de videojuegos y trabajadores de oficina son quienes están en mayor riesgo de sufrir el Síndrome de Visión Informática, de ahí la importancia de tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:
Según el Dr. José Luis Merino, Miembro de la Asociación Mexicana de Oftalmología Pediátrica, recientemente surgió el concepto de Síndrome de Visión Informática (SVI) para describir un trastorno relacionado con la exposición cercana y prolongada a monitores de pantalla plana, laptops, celulares, GPS y televisores, entre otros dispositivos electrónicos, ya que en su mayoría usan fuentes de diodos emisores de luz conocidos como LEDs.
Si bien son eficaces porque ahorran energía, el principal problema que plantean los LEDs que emiten luz blanca brillante radica en su alto contenido de radiaciones de la banda del azul y ultravioleta[i], la cual es muy nociva para la retina y el cristalino de los ojos, siendo una de las causas de problemas visuales como degeneración macular asociada a la edad, cataratas y ceguera en el mundo civilizado.
El experto indica que 9 de cada 10 de quienes se exponen de forma prolongada a la luz azul brillante (también presente en los rayos solares) suelen desarrollar el SVI[ii], que se caracteriza por visión borrosa o doble, fatiga ocular, mareos, dolor de cuello, espalda y cabeza, síntomas que en algunas personas desaparecen y en otras empeoran por el uso constante de esos gadgets.
“Está comprobado que cuando miramos una pantalla pestañeamos hasta 30% menos que en situaciones normales, causando poca irrigación lagrimal y, por tanto, resequedad de los ojos”, explico el especialista.
El uso de fuentes LED está creciendo de manera exponencial tanto en el campo de la iluminación ambiental como en aparatos de uso personal y doméstico. Por eso, para evitar el Síndrome de Visión Informática, el especialista señala la necesidad de usar lentes adaptables fotosensibles que han sido diseñadas para filtrar de forma selectiva la luz perjudicial y así evitar tanto el deslumbramiento como la tensión ocular.
El Dr. Merino indica que los lentes Transitions Signature, han sido avaladas por el Consejo Mundial de Optometría y la Asociación Americana de Optometría, debido a que bloquean al 100% los rayos UV y un porcentaje significativo del espectro de luz azul, además de adaptarse a cualquier cambio de iluminación en interiores y exteriores, lo que proporciona mayor confort visual para el mundo digital en el que vivimos, trabajamos y descansamos.
En ese sentido, el Dr. José Luis Merino advierte que las amas de casa, estudiantes, usuarios de videojuegos y trabajadores de oficina son quienes están en mayor riesgo de sufrir el Síndrome de Visión Informática, de ahí la importancia de tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:
1. La luz azul es dañina para los ojos, por lo cual
debemos protegerlos con lentes dinámicas Transitions Signature, que permanecen
claras en interiores, ofreciendo la protección adecuada para las extensas
jornadas laborales, escolares y de entretenimiento.
2. La tecnología fotosensible puede solicitarse en
lentes de graduados o sin prescripción, además de ajustarse prácticamente a
cualquier graduación y tipo de montura (armazón).
3. Las tables, laptops y smartphones tienen muchas
opciones para el ajuste de la iluminación y el tamaño de la fuente para su
mejor utilización, por lo que no deben manipularse en posturas inapropiadas
como estar acostado o inclinado.
4. Además de mejorar la visión, el uso de lentes
Transitions reduce la fatiga y el estrés visual al trabajar con dispositivos
digitales y luz de LED.
5. El uso de las lentes fotosensibles reduce la
aparición temprana de padecimientos oculares relacionados a la exposición y
acumulación de rayos UV. De hecho, de acuerdo a la OMS (Organización Mundial de
la Salud) el utilizar filtros avalados por instancias Internacionales puede
reducir el riesgo de desarrollar cataratas o degeneración macular relacionada a
la edad.
6. Se sugieren descansos continuos, idealmente
siguiendo la regla “20-20-20″: cada 20 minutos enfocar la mirada a una
distancia de 20 metros durante 20 segundos.
7. Es esencial consultar a su Optometrista u
Oftalmólogo de confianza acerca de la mejor opción de lentes Transitions que se
adapte más a su estilo de vida.
Finalmente, el especialista indicó
que ante la presencia de cualquier síntoma relacionado con el Síndrome de
Visión Informática, la recomendación es acudir con un profesional de la salud
visual. “Es prioritario acudir a un especialista en cuanto lo síntomas
aparezcan, una visita al especialista puede salvar tu visión”, concluyó.
Fuente:http://cronica.com.mx/notas/2014/836474.html
7 oct 2012
Biblioteca a la mano, un impulso a la lectura digital en el Metro
MÉXICO, D.F., octubre 6 (EL UNIVERSAL).- El proyecto, que permite descargar textos a usuarios del Metro de la ciudad de México a través del escaneo de un código QR, renovará los títulos que ofertan el próximo 11 de octubre. Video: Agencia EL UNIVERSAL
Fuente: http://es-us.noticias.yahoo.com/video/biblioteca-la-mano-un-impulso-034127185.html
4 oct 2012
1983: el día que Steve Jobs predijo el iPad
Un audio rescatado de una conferencia del creador de Apple establece su meta: “Poner una computadora enorme en un libro que puedas llevar a todas partes”
Crédito foto: Gentileza de Arthur Boden
Crédito foto: Gentileza de Arthur Boden
Lo revela un viejo cassette que conservó el diseñador Steve Harberger y que fue colgado por primera vez en junio en el sitio Center For Design Innovation. A horas del primer aniversario del fallecimiento de Jobs, especialistas analizaron la charla, que no hace más que agregar otra prueba -por si hiciera falta- del talento creativo y visionario de Jobs.
“La estrategia de Apple es muy simple. Lo que queremos hacer es poner una computadora increíblemente grande en un libro que puedas llevar a todos lados y que aprendas a usar en 20 minutos”, dijo el fundador de Apple durante una conferencia para diseñadores. Estaba hablando de lo que hoy todos conocen como tableta, o iPad.
Se trataba de un evento llamadoInternational Design Conference Aspen(IDCA), en la ciudad norteamericana famosa por sus centros invernales. La audiencia era escasa. Pero el tema no dejaba de ser atractivo: “El futuro no es lo que solía ser”.
Eso mismo está escrito en el viejo cassettecuyo audio se puede escuchar en este link. Jobs también entreveía las conexiones sin cable: “Queremos hacerlo con un link de ondas de radio en el que no tengas que engancharte a nada y estar en comunicación con las grandes bases de datos y otras computadoras”.
Por si hace falta aclararlo, internet estaba lejos de ser un concepto popular y las computadoras personales apenas existían. Ni siquiera la primera Macintosh había sido presentada, solamente las Apple I y II.
Pero las predicciones del gurú, que en ese momento podrían sonar alocadas y hoy resultan casi obvias, continuaron en la IDCA de 1983. Que habría más computadoras personales que autos, que serían un medio de comunicación, que el software debía transferirse digitalmente y no sólo venderse como discos de música, que el diseño apostaría cada vez más a simplificarse… Jobs no veía límites, y con su empresa logró demostrarlo.
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23 nov 2011
Los nuevos libreros
En un cd en un colectivo o en una tableta de Ipad aparecen conjuntos de textos que aseguran ser libros. Se habla de formas más eficaces para leer. De obras más baratas. De bibliotecas virtuales capaces de abarcarlo todo. Aquí, algunos casos.
Esa puta pastilla de cianuro ya parece no haber cambiado ni una partecita del mundo. Ni el suicidio triste. Ni esa locura. Ni esa imaginación. Ni todo lo perspicazmente sonriente que puede volverse una infancia después de colorear la mirada con esas frasecitas que arman Cuentos de la selva, que narraba Horacio Quiroga. “Diez pesos, sólo diez pesos”, empezó a gritar el vendedor cuando se subió al rojinegro 55 y decidió presentar el producto a gritos: “Todo Quiroga, Borges, Bioy Casares, Cortázar, Soriano, Fontanarrosa, Beckett, Neruda, Cervantes y más de mil libros en un sólo CD. Una gran oferta, en un precio increíble”.
Todos los días, el comerciante deambulante ofrece diez cifras de literatura para leer en la computadora. Sin olor a libro. Sin costuras en las páginas. Con palabras tecnologizadas. Sin el recuerdo imaginativo de las palabras punzadas y transpiradas de un Quiroga que entre sus locuras diseñaba un mundo de tortugas irreales y coatíes. Con el asombro redundante de la tumbas de Miguel de Cervantes y de su Don Quijote.
“Señoras y señores, esta es una oferta increíble: el otro día una mamá me decía que pagó Cuentos de la selva a veinte pesos. Haga la cuenta: acá está pagando un centavo por libro”, explicaba detenidamente, mientras los pasajeros se dividían entre los que se frotaban las manos y disfrutaban de una oportunidad mercantil increíble, y los que esperaban que el vendedor admitiera que se trataba de una broma para la televisión.
“Pero la oferta no termina acá, para que vean que esto es un producto realmente serio, tenemos los libros más pedidos del momento: todo Jorge Bucay, todo lo de Bernardo Stamateas, todo lo que usted necesita en materia de autoayuda”, seguía el monólogo, que en sus repercusiones desafiaba a todos aquellos que planteaban el decaimiento irreversible del consumo de literatura: cada vez que el vendedor entra a un colectivo vende entre tres y cinco cd’s. Un promedio de treinta por día. Trescientos pesos la jornada. A esta altura de su vida, el comerciante deambulante admite que sería igual si ofreciera chupetines, lapiceras o dvd’s: “A mí me da lo mismo, si pudiera trabajar de otra cosa lo haría, pero con esto de los libros virtuales me está yendo muy bien”.
En el medio del colectivo, llegando a la crítica consecutiva número ciento cuarenta y dos a una maestra, en menos de quince minutos de viaje, dos madres de primaria sonríen como si un boleto de lotería a la gloria les hubiera caído. “Con esto nos ahorramos un montón de kilombos”, le dice una a la otra, pero apenas esto les dura un segundo porque ya la circunstancia les da un pie para remontar su conversación y la vorágine de insultos a una profesora rubia y sonriente.
Pero no. Esa es la única oferta. Digamos que esa es simplemente una maniobra de un profesional que hace lo que puede para llevarle de comer a sus hijos. Más complicado, más complejo y –por su magnitud- más tremendo. Porque hace tiempo, antes que el vendedor captara la atención de los colectivos, la empresa Apple sacó el Ipad, una tableta donde se puede cargar libros y leerlos de forma digital. Y no es que es un invento nuevo, ya que hace dos años copó el mercado internacional y ahora, en Argentina, ya comienza a hacer furor, en un comercio que la recibe abonando nada más que entre seiscientos y tres mil pesos.
¿Qué estaría pensando Quiroga si viera esto? ¿Qué diría Borges si se encontrara con semejante situación? ¿Cómo le contaría Cortázar a su axolotl de Bestiario la anécdota? ¿Qué respuesta tendría el Quijote a tamaña aventura? Terminan los veinte minutos de fama del vendedor en el 55. El trayecto del colectivo sigue su recorrido. Los que disfrutan de mirar la ventana, disfrutan de la ventana. Los que duermen, siguen durmiendo. Los que leen, leen en papel.
La historia, increíble y patética y agonizante, se guarda dos confesiones en el ocaso de la contratapa: el periodista no compró el cd porque temía encontrar el cuerpo de Quiroga rodeado de esa pastilla de cianuro que lo encaminó al suicidio; el vendedor, el comerciante deambulante, nunca había leído Cuentos de la selva.
6 oct 2011
Cómo será el libro de texto del futuro....
En esta infografía se hace un análisis de cómo será será el libro de texto en unos pocos años: ¿os parece que puede ser como lo cuentan?
Fuente: http://villaves56.blogspot.com/2011/09/como-sera-el-libro-de-texto-del-futuro.html
Fuente: http://villaves56.blogspot.com/2011/09/como-sera-el-libro-de-texto-del-futuro.html
21 jul 2011
El mundo que se despide junto al libro de papel
Por: Cristian Ferrer
El símbolo de nuestra época ya es la pantalla. La cultura del libro (estilo espiritual más que acumulación y actualización) se diluye en nuevos modos de transmitir e informar.
No hace mucho que el libro electrónico es una realidad y ya puede pronosticársele un largo porvenir.
Habrá quienes seguirán prefiriendo la página de papel, como los tercos y los que anticipan su nostalgia, y una generalidad que se decantará por la tablilla iluminada, a la que se recurrirá a modo de juguete, comodidad o superación de lo ya conocido.
Es extraño que haya habido desacuerdos acerca de las bondades o maldades del “ebook”, es decir del soporte técnico de la lectura, por cuanto no los hubo en torno a la telegrafía con hilos o sin hilos, o con respecto a la recepción de imágenes en aparatos de televisión o de plasma.
Lo que está en juego trasciende a la novedad tecnológica y no concierne tanto al futuro del acto de leer sino a la posible relegación del libro como emblema de una superioridad moral.
En verdad, la mayoría de los libros no vale la pena. O son redundantes o son paupérrimos en significado. No importa si impresos sobre papel o comprimidos en tableta electrónica, no tiene sentido lisonjearlos como si fueran fetiches.
Las bibliotecas públicas, las casas editoras y las librerías de viejo sobreabundan en títulos que a nadie interesaron o que en nada contribuyeron a la sapiencia del público.
Un libro no es un “logro” de la cultura, papel que le cabe al alfabeto , con el cual se hace el zurcido de toda narración y de toda cosmogonía. Ya son demasiados los libros que terminan arrojados al osario común de la industria editora, aunque ahora se les eche un vistazo en productos vendidos por Google, Apple o Barnes and Noble.
Cuando el contenido no da la talla del árbol que fue serruchado para hacer lugar al gozo del autor o a las veleidades estacionales del lector , entoncesno es el soporte técnico el problema sino el nuevo imperio de la información que sustituye al anterior , en el cual la cultura libresca importaba e incluso preponderaba.
Un libro electrónico es, en sí mismo, un estante interminable, de modo que las bibliotecas personales se volverán irrelevantes. También se evaporarán las horas dedicadas a la búsqueda de un libro escondido o a penosísimos trámites para conseguir un documento traspapelado. Habría acceso potencial a cientos de miles de libros, aun cuando a nadie se le concederá tiempo de más para leer, para no mencionar los muchos libros de papel que desde hace meses, o años, esperan su turno en la mesita de luz.
Que el dilema del almacenamiento parezca resuelto no quiere decir que la Biblioteca de Alejandría haya sido restaurada y colmada .
No siempre lo que una época decide archivar es lo que la siguiente está dispuesta a valorar. Hace doscientos años a nadie se le ocurrió que valía la pena hacer registro de las antiquísimas canciones de cuna que aún se cantaban. Fueron olvidadas. Cien años atrás tampoco se resguardó la escritura de los indígenas norteamericanos “dibujada” en pieles de animal. Quedaron muy pocos ejemplares. Hace menos tiempo aún, nadie previó que las películas mudas interesarían en el futuro. Están casi todas perdidas.
El lema de la Feria del Libro local, “Del autor al lector”, habrá resultado premonitorio de un nuevo modo de distribución del libros.
Se eliminarían los intermediarios, del representante literario a la compañía editora entera, y cada autor se transformaría en una pyme , una vuelta de tuerca más a la actual posibilidad tecnológica del “print-on-demand”.
Lo cierto es que el libro ya no es el símbolo de esta época , por más que sea más leído que antes y que se escriba aún más abundantemente y que se sigan publicándose tsunamis de tinta.
El símbolo es la pantalla . Forzosamente, la cultura del libro, que significabaestilo espiritual más que acumulación y actualización, será subsumida en nuevos modos de transmisión y jerarquización de la información, dentro de inéditos estatutos de saber menos inclinados hacia la “República de las Letras” que hacia un régimen populista vagamente desjerarquizado e ilimitadamente interconectado.
Es el triunfo de la opinión pública.
El lanzamiento al mercado del iPad, del Nook, del Kindle – todos con acceso a Internet – acompaña el ascenso de un imperio de la información, así como la imprenta lo hizo con la Reforma Protestante y el discurso científico, y el telégrafo y el servicio de correos con el capitalismo y la implantación de colonias en el África y el Asia.
La Modernidad no es sinónimo excluyente de progreso.
El supuesto de que la red informática, por sí sola, conduciría a la descentralización de todo poder es una creencia entusiasta por demás.
También los comienzos de la radio estuvieron poco controlados, hasta que se metió allí el dinero en grande y los departamentos de censura de los gobiernos.
La llave maestra de las interconexiones lo es del control también. Esa reversibilidad es inapelable .
Después de todo, leer en pantalla o en papel es cuestión de gusto. Por lo demás, ya todo el mundo ha hecho de la computadora su rutina, quizás su alienación . Durante mucho tiempo aún – décadas – convivirán los dos soportes del texto, pero puede avizorarse el día en que no se fabrique un solo libro más en papel. Eso supondrá una gran noticia para los bosques de todo el planeta aunque quizás no para los mineros del África central , a los que se les pagan miserias por deslomarse extrayendo de la tierra minerales “estratégicos” – el cobalto y el tantalio – que son imprescindibles para el funcionamiento de las tabletas electrónicas del hipócrita lector.
13 may 2011
Lo que pasa en nuestros cerebros cuando leemos, en pantalla o papel, una historia
Por: Dolors Reig

“El sentimiento que experimentamos al contemplar un cuadro, no se puede distinguir del cuadro ni de nosotros mismos. El sentimiento, el cuadro y nosotros mismos estamos reunidos en nuestro misterio”

“El sentimiento que experimentamos al contemplar un cuadro, no se puede distinguir del cuadro ni de nosotros mismos. El sentimiento, el cuadro y nosotros mismos estamos reunidos en nuestro misterio”
René Magritte en una carta a P. Colinet en 1975
Hay mucho de la idea de flujo de Csíkszentmihályi en la lectura, uno de los formatos más universales para contar historias unos cuentos, relatos, que son, según múltiples investigaciones, casi vividos a juzgar por nuestra actividad cerebral.
Es probable que esté en ese aspecto, en el hecho de que percibamos la historia en cuestión como si la estuviéramos viviendo, una de las claves del éxito de la aplicación de la perspectiva del storytelling a juegos, compras, lecciones y cualquier otro tipo de narrativa que requiera motivación.
Me ha gustado especialmente la entrevista a Livia Blackburne, autora de From Words To Brain, acerca de qué procesos cerebrales están implicados en la lectura, procesos que ya observábamos en cuanto a los juegos en Digital Nation y que pueden generalizarse a lo que ocurre cuando nos acercamos y nos sumergimos en cualquier tipo de historia.
De este modo, el autor recomienda que al escribir usemos palabras que evoquen emociones, descripciones vívidas y un lenguaje preciso que permita al lector dibujarse una imagen de lo que está ocurriendo. Debemos conseguir que el lector se identifique con los personajes, que empatice con ellos, nos dice. Crear situaciones que guarden similitudes con lo que el lector haya experimentado en algún momento de su vida provocará mayor empatía.
Proceso cerebral de la lectura
Leer una página o pantalla puede activar nuestros cerebros al menos de dos modos distintos. Primero las palabras activarán una red específica para el lenguaje en nuestros hemisferios izquierdos. Después, a un nivel más profundo, los lectores mostrarán actividad cerebral en distintas zonas, dependientes del significado de las palabras. Como decíamos al comenzar, algunas áreas de la imaginación son las mismas que utilizamos para procesar los eventos que efectivamente experimentamos.
Por ejemplo, una descripción visual vívida activará regiones visuales, mientras que descripciones de los pensamientos y motivaciones de un personaje activarán porciones del cerebro relacionadas con el razonamiento social. Y eso de forma parecida a lo que pasa cuando vemos películas, escuchamos una historia, jugamos un videojuego o, añado, interactuamos en redes sociales virtuales (lo explicamos en el enlace).
¿Porqué nos gustan tanto las historias?
Todavía más interesante resulta su explicación acerca de la potencia de las historias, del también llamado “storytelling”, centrada en cómo las vivenciamos, en qué funciones cumplen:
Nuestros cerebros parecen programados para buscar significados, las causas de lo que va ocurriendo a nuestro alrededor. Queremos dar sentido al mundo y las historias siguen esa lógica, la de ayudar a dar sentido y estructurar el mundo.
En segundo lugar, somos animales sociales. Nos gusta pasar tiempo con otros, escuchar acerca de las cosas que les pasan, lo cual crea un interés evidente sobre las historias que nos llegan.
En tercero, tal y como hemos explicado antes aquí al hablar de las neuronas espejo y su función adaptativa, las historias son una forma de traspasar información a los demás, de enseñar. Aprendemos de lo que ocurre a los demás, sobre situaciones que no hemos experimentado.
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