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28 jul 2012

“Son solo Frases”


Por:  

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.
En la vida hay frases que hieren y frases que nos levantan el ánimo y nos ayudan a crecer en nuestro vivir diario. He tenido la bendición de leer algunos libros en los cuales se dicen algunas frases que a mí personalmente me han ayudado mucho en los años de vida que tengo que no son pocos.
Hoy quiero compartir con Ustedes algunas frases de un escritor nacido en Argentina, de padre lituano, y de madre ucraniana, el cual ha escrito varios libros, su nombre es José Narosky, quiero decirles que muchas de estas frases han hecho gran impacto en mi vida.
“Y dicen como sigue”:
Todos caminaron. Pero pocos dejaron huellas.
Solo los cuerdos aman con locura.
Cuando leo que se asesinó a un ser humano quisiera ser analfabeto.
Nacer vacío, posibilita todo. Vivir vacío, nada.
La verdadera hermandad no requiere lazos de sangre.
Todos pueden seguir la corriente. Pocos enfrentarla.
Nadie pudo ver el cielo sin elevar la mirada.
Los valientes también temen. Pero siguen avanzando.
Dar con los ojos cerrados. Recibir con los ojos abiertos.
Hay quien arroja un vidrio roto sobre la playa. Pero hay quien se agacha a recogerlo.
Compañerismo no siempre es amistad. Pero amistad siempre es compañerismo
Tengo pocos amigos. Pero cuánta amistad tengo.
Se puede ser feliz sin talento, pero no sin pasión.
El amor es el único idioma que puede prescindir de las palabras.
Todo soñador tiene asegurada una porción de felicidad.
Dicen que la felicidad es un instante, ¿pero acaso la vida no es una suma de muchos instantes?
Puede mentirse con palabras. Pero nunca con los ojos.
Estoy contento de sentir, aunque suelo estar triste por sentir.
El dolor físico lastima. El espiritual, desgarra.
La vida es un laberinto. Pero los iluminados conocen la salida.
La vida es sólo una pequeña luz entre dos grandes oscuridades.
La vida enseña. Pero pocos aprenden
Todas las madres dan el ser. Pero algunas mucho más.
Un cuerpo aloja una vida. Y un corazón la acaricia.
La voz de la sangre se puede oír en el silencio.
Si siento que te quiero, no necesito saber por qué te quiero.
No es amigo quien ríe mi risa, sino quien llora mis lágrimas.
Tantos siglos de civilización y no hemos aprendido a abrazarnos.
Yo espero que estas frases que he compartido con Ustedes les sirvan como me han servido a mí a lo largo de mi vida, pues nunca es muy tarde para aprender.
Los dejo con esta lectura tomada de la Carta a los Hebreos, Capitulo 10, Versículo 24, y dice así: “Que cada uno descubra en los demás nuevos propósitos de amar y hacer el bien.
Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

Solo estoy mirando cuántas cosas existen que no preciso para ser feliz.


Me llegó por correo electronico, y me pareció tan genial que quiero compartirlo:
Al viajar por el Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet, en Mongolia, Japón y China.
Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.
Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la compañía aérea ofrecía otro café,todos comían vorazmente.

Aquello me hizo reflexionar: “¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?”
Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: “¿No fuiste a la escuela?”  Ella respondió: “No, voy por la tarde.”

Comenté: “Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde.”

“No”, respondió ella, “tengo tantas cosas por la mañana…”

“¿Qué cosas?”, le pregunté.
“Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación”, y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada.

Me quedé pensando: “Qué pena, que Daniela no dijo: “¡Tengo clases de meditación!”

Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!
No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que moriremos esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”. “Oh, una maravilla, no tenía nada de celulitis!”

Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo? De lo espiritual? Del amor?
Hoy, la palabra es “virtualidad”. Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado! Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales…

La palabra hoy es “entretenimiento”; el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.

Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: “Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!”

El problema es que, en general, no se llega a ser feliz! Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. O de medicamentos. Quienes resisten, aumentan su neurosis.

El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así, se puede vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.
En la Edad Media , las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.

Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad…

Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquella musiquinha de esperar dentista.

Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.

Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos.
Si debe pagar con cheque post-datado, o a crédito se siente en el purgatorio.

Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno…
Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald…

Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: “Sólo estoy haciendo un paseo socrático”. Delante de sus miradas espantadas, explico: “Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: …”Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser Feliz”!

10 abr 2010

Nacemos como una página en blanco



Martín Castro | Rosario, Argentina
Hola...
Nacemos como una página en blanco y morimos como un libro lleno. Nuestras vidas son nuestras historias y nuestra historia es nuestra vida. No lo que literalmente sucede... sino lo que hacemos con lo que sucede, lo que nos contamos y lo que recordamos.

Desde nuestros asuntos más pequeños hasta los grandes desafíos, hacemos que el mundo "calce" dentro de la historia que ya estamos contando. Este jugar incesante entre nuestras historias y los eventos, es un atributo humano único. Somos los únicos que ponemos la vida en palabras.

Desde que abrimos hasta que cerramos el libro, esta narrativa determina mucho de lo que hacemos. Nuestro vivir es seguro o peligroso, grandioso o limitado, de acuerdo a la interpretación de la vida... que es nuestra historia.

Somos los autores de una historia muy especial: no podemos cambiar los eventos pasados, pero sí cómo los contamos. También podemos escribir nuevos capítulos, diferentes de los anteriores. Nadie sabe cómo termina el libro... aunque de algo estamos seguros: nadie más que nosotros podrá escribirlo.

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